viernes, 30 de julio de 2010

OUT OF AFRICA (Servando Gotor)

-------------------------------- FOTO: Alfred Eisenstaedt 1945 (*)


"qué hermoso celebrar lo grande con algo tan sencillo y tan enorme como un beso"
Besos, besos. El beso de Johannesburgo. “Yo tenía una granja en África… yo tenía una granja en África al pie de las colinas de Ngong…” Con estas hermosas palabras de Karen Blixen empieza “Memorias de África”, la película de Sydney Pollack.
 

Besos… el beso. Últimamente se ha hablado y escrito mucho de África y de un famoso beso. No me cansaré de repetirlo: jueces y periodistas deben ser objetivos, im-parciales. Políticos y abogados han de ser parc-iales, son part-e y deben tomar part-ido. El fin último en todo caso es hacer bien nuestro trabajo: el magistrado dictando sentencias imparciales, el periodista elaborando noticias objetivas, el político asumiendo el modelo social de sus electores y el abogado defendiendo los intereses de su cliente. Lo malo -y tristemente usual- es cuando uno desconoce la esencia de su profesión y jueces y periodistas se convierten en parte y abogados y políticos descuidan los intereses cuya defensa les ha sido confiada. Por eso toda crítica honrada (im-parcial) debe analizar al profesional sólo por lo que profesionalmente hace. Y, a menudo, el buen resultado es garantía de un buen hacer y de una conducta deontológica irreprochable. Nada más elemental. ¿Con qué fuerza moral puede entonces cuestionarse el trabajo de un deportista (me refiero a Casillas) que en dos años ha contribuido activa y decisivamente en la consecución para España de una Copa de Europa y otra del Mundo –hazaña la primera que sólo se había conseguido una vez hace más de cuarenta años, y la segunda nunca-? ¿Cabe mayor desfachatez? ¿Quién osa semejante crítica? En este caso, además, el trabajo ha sido públicamente difundido: hemos podido verlo. ¿Por qué gritan, pues, esos malditos? Ya, pero el beso… “yo tenía una granja en África…” El beso, el beso: el beso público fue precisamente parte de la celebración del mejor trabajo con el mejor resultado. El beso.

¿Y la periodista? La periodista es una trabajadora a pie de campo cuya labor consiste en informar objetivamente sobre lo que allí acontece. Cierto que según cómo se dé una información puede impregnarse de opinión contaminada y pervertirse. ¿Ocurrió esto? ¿Alguien vio a Sara Carbonero manipular la información favoreciendo a Casillas? ¿Alguien oyó algo parecido? No, ya, pero el beso… El beso fue iniciativa del campeón y ella mantuvo el tipo impecablemente ante las cámaras, el espectador y un emocionado Casillas. Olvidan todos las celebraciones de jugadores y periodistas en los vestuarios cuando la anterior Copa. Nadie objetó nada. ¿Por qué ahora sí?

Oír a periodistas “serios” de información política poner en entredicho a la reportera hasta el punto de decir que su relación con el deportista la inhabilita para su profesión… oír esto referido al ámbito de la información deportiva con la turba de periodistas “serios” y seudoanalistas políticos servilmente partidistas que sufrimos, indigna. Simplemente.

El beso y la Copa. El primero ha supuesto una hermosa celebración de la segunda. La segunda la muestra de un sentir español que parecía muerto pero sólo dormía. Nuestra bandera fue masivamente aireada y no por señoritos de derechas fachas y capitalistas, hijos de papá, sino por jóvenes de todas clases, edades y condiciones: había un proyecto común (como decía Ortega en su “España invertebrada”). Eso, eso necesitamos: proyectos comunes. Cuando los ha habido todo ha ido bien.

Besos, besos. En todas las celebraciones hay besos. Los hubo cuando la caída del muro y acabada la Segunda Guerra Mundial. Siempre. Y qué hermoso celebrar lo grande con algo tan sencillo y tan enorme como un beso. Cuántos más querría ver como éste. Besos, besos… yo tenía una granja en África… Esperaremos, trabajaremos. Pero de momento pervivirán en nuestras memorias la Copa del Mundo y el beso de Johannesburgo. Dos hermosos recuerdos de África.




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(*) EL PAÍS, 23/06/2010: Edith Shain, la enfermera inmortalizada por Alfred Eisenstaedt, fallece a los 91 años

miércoles, 28 de julio de 2010

Los brazos secos del Reverendo Brown

El reverendo Brown, el reverendo Brown, hijo de un lechero. Pocos saben que lo era, pero toda la ciudad conoce la historia de aquel Santi Tartanas, the Milkman. Brown, Jack Brown, en realidad Santiago Moreno. Tampoco la gente adivina el nombre que se oculta tras la sotana del reverendo, la capa que todo lo tapa. Bueno, buen mozo, Brown. A ratos dipléjico. Inescrutables son los designios del Altísimo, los caminos de Dios, las voluntades del Cielo. Con su garnacha Versace y su alzacuellos de Armani, fue maestro de Ferdinand de Saussure, de Jean Piaget, de Severo Ochoa. Sacerdote por vocación tirana, es culto pero chulo como él solo, muy chulo, bebedor y mujeriego, desgarrado y puro, más rebelde que una esquina, enemigo de sus enemigos, insobornable, Brown D.J., buen mozo, dipléjico a ratos, a veces, en ocasiones, sí, los brazos se le quedan secos desde que Maxwell se fue, inescrutables son los caminos del Señor.

‘Llámame Brown, parva, feligresa, que no soy tu padre y menos tu reverendo; llámame Brown. Y tú, cachirulo, ponme una jarra de cerveza de trigo con unas cigalas, que estoy destemplado’. Y Orrios Viamonte, el camarero del Viejo Mandril, le ponía seis señoras cigalas, seis; y un litro de cerveza de trigo que luego meaba leyendo los grafitis del váter: ‘Chupo. 905243092’. El reverendo Brown, en tiempos, fue también castañero en Dublín. Como cuando se miran de frente los vertiginosos ojos claros de la muerte, el reverendo dice las verdades, las bárbaras, terribles, amorosas crueldades, lo dijo el poeta, añade, ya perdonará usted, y se queda tan ancho y tan fresco, que por algo es ministro del Altísimo. Come sin medida, sin conocimiento, con un hambre de años o de siglos, quizá con el hambre de todos sus antepasados a la vez, hay que verlo para creerlo. Y caga más de lo que come, mucho más, él dice que desde niño, sin duda es el hombre que más caga de toda la isla, seguro.

Cuando quiere cocinar, que es sólo muy de tarde en tarde, Brown se pone un inmaculado delantal blanquísimo encima de su negrísima sotana Versace, reúne cacerolas, sartenes, ollas y cazos de todos los tamaños y empieza a freír, cocer y asar. Desde que los brazos se le quedaron secos de pronto, el reverendo no se decide a entrar en la cocina. Los martes lo deja todo, todo, para jugar a la petanca, que en algo se parece al billar, dice, su verdadera pasión de soltero. La petanca, porque le recuerda al billar, es el único de los vicios laicos que ha mantenido, no ha vuelto a montar a caballo ni a conducir deportivos, dejó el backgammon, el paracaidismo, la escalada, el polo, el tenis, el submarinismo y el saxo tenor. Los juegos de malabares, que domina con sabia destreza, son cosa aparte: su segundo oficio, su necesidad, su segunda vocación, tras la del celibato. Y, desde luego, no ha vuelto a pensar, lo que le llevó a enemistarse con Burrhus Frederic Skinner, con Jurgen Habermas y con toda la Escuela de Palo Alto. ‘Ya no soy un hombre soltero’, alegó Brown en su defensa. Chulo, insobornable, a veces con los brazos secos, caídos, como muertos, el reverendo Brown es todo un hombre.

De El guacamayo Azul

martes, 27 de julio de 2010

Balconcillos 8


Un jazmín invertido, una campana de agua, un rubí líquido disuelto en sombras,  una aguja de aire y gas dormido, una piel de carnero tendida sobre el mundo, una hoja de álamo inmensamente dulce. Wow, el bueno de pere gimferrer no nos permite siquiera tomar un poco de aliento al inicio del poema: va directamente al grano, a esas imágenes que cortan la respiración, una detrás de otra, sin cansancio ni descanso.

Pasado el planisferio, la tumba abierta de un niño: venid todos, murió en noviembre y llueve en su piel blanca. Ay, el corazón magnético y el vientre tibio de la noche.

¿Puedes ver desde tu balconcillo esas escenas de goya en las que están amontonados, gimiendo, con bebés y bayonetas, bajo cielos de cemento, en un paisaje abstracto de palos secos, cadáveres y gallos carnívoros? ¿Acaso oyes el galope de los cascos del centauro sobre el duro césped del hipódromo? Mmmm. Como de la viuda de phlaccus o del profesor cheetah -y su esposa- me temo que, en tiempos venideros, solamente recordarán de ti una rodaja de limón y, tal vez, un mordido y ya duro pastelillo de
almendras.

Sube a estos balconcillos y asómate para mirar el río, la luz del sol, el verano o  la nada de la conciencia. Puedes ver (detenidamente) a todos los que han venido este domingo por la tarde a la orilla del Sena, en la isla de la grande jatte: despreocupados, como si estuviesen libres del tiempo y de la tumba. Es domingo para siempre, y verano.

Mientras tanto, el topo avanza en sus ensueños subterráneos hasta donde comienza la región de las brumas: ciudades congeladas, catedrales de sal y el oro viejo del sol decapitado.

Si estás atento, verás cómo se encoge el fumador de universal ceniza, o al lunes sujeto por seis frenos, los secretos caracoles y la punta donde se agarra uno con guantes.

Lo diré, como el poeta, de otra manera: tal vez puedas ver a los caminantes suegros, a los cuñados en misión sonora o a los yernos por vía ingratísima: en suma: toda la gracia caballar andando.

Todavía, como el poeta, se puede decir de otra manera: ni cuadrada pólvora ni letales plátanos, sino comer de memoria buena carne y un pedazo de queso con gusanos hembra, gusanos macho y gusanos muertos. Espero que, con tantas oportunidades para entender, lo hayas conseguido, porque, en esta ocasión, al poeta no podemos pedirle más.

Loqasto

lunes, 26 de julio de 2010

Olga Guillot (Antonio Envid)


Barrenando la espesa capa del tiempo, desde una época mítica, ya abolida, nos llega la noticia de que Olga Guillot acaba de fallecer. Hay un tiempo, el nuestro, lleno de minutos, de horas, de meses, de años, que hemos visto transcurrir, y otro, anterior, que es un amalgama de hechos, cosas, sensaciones, que nos resulta incomensurable, que nos ha sido transmitido. A ese magma de tiempo pertenece, para mí, Olga Guillot, aunque me entere, con sorpresa, que en gran medida ha sido mi contemporánea. Procede de una época fascinante en la que triunfaba el bolero y los sones cubanos, en la que el amor o era pasión o pecado o no era nada, en la que la mujer era un objeto inaprensible, lleno de misterio. Entonces un amor podía ser el vicio de la piel, que ya no se podía desprender, era lo prohibido, era la fiebre del ser, una noche de placer y también el castigo. En ese tiempo inmemorial existía el pecado. Hoy solo hay delitos. En él era preferible el beso de la mentira a la ausencia. Mundo de mujeres fatales y de amantes ingratos que desprecian a quienes les han entregado alma y cuerpo, de amores que mueren pero no se olvidan, de desgarro y de pasión.
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En esa época mitológica, alguien podía llegar sutilmente como una tentación y abrirte una puerta a un mundo extraño. Mundo raro, que una vez explorado ya no tenía vuelta atrás y hacía insoportable el vulgar y cotidiano.

Olga Guillot, con su voz grave y profunda, fue y será por siempre la reina del bolero, ese poema que a menudo roza peligrosamente lo cursi para alcanzar cimas de alta sensibilidad y que, como ella misma, nació en Cuba para lograr su plenitud en Méjico y unir luego a toda la hispanidad como la mejor argamasa de nuestra cultura latina.

domingo, 25 de julio de 2010

PARA QUERERTE (Narciso de Alfonso)

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Querida, amada, luz de mi vida, fuego de mis entrañas, pecado mío y alma mía:


Para quererte, mi corazón se hace un larguísimo hilo rojo que anuda y enreda muchas cosas: un aburrimiento, un dolor leve, un país en guerra, una desconocida canción, un cálculo infinitesimal, una última suerte, un oculto desprecio, una piel suave, una cálida oscuridad.


Para quererte, necesito y utilizo un aluminio feroz; un barquito de vela; una soledad cabreada; unas grandes ganas de morder cualquier cosa; una esperanza con unas buenas zarpas rapaces; una curiosidad especial por averiguar en propia carne cuantas heridas se soportan antes de morir; una querencia torera por lo central y por lo marginal; una gran capacidad para desmemorizar sin olvidar; una vida llena de agujeros, desgarrones, costuras y parches y, quizá, un pájaro minúsculo y chino, de esos que pueden vivir dentro del pecho.


Para quererte soy desmemoriado y disponible, soy muchas mesas al sol preparadas para merendar, soy muchas butacas a la vez cuando va a empezar la película, acogedor y exigente como un atraco amoroso, amable y duro como un viejo boxeador, tierno y firme como una mujer policía, extenso y breve como el vuelo de una sábana. Tomando apuntes, desapareciendo de pronto, concertando y desconcertando; natural y lento y rojo como una flor; natural y veloz y peligroso como un rayo.


Para quererte, soy un pueblo en fiestas, una biblioteca municipal y enorme, mucha gente a la vez cobijándose de la lluvia en un pequeño porche, una manada de caballos en celo, un improvisado equipo de fútbol, todas esas cosas que reúnen y acogen sin premeditación.
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De El guacamayo azul

Una semana agotadora (JAVI)


-Por cierto, ¿hoy es domingo?-, se preguntó. Nadie podía contestarle como bien sabía. Lo cierto es que estaba muy cansado, había sido una semana agotadora. Miró su obra que a todas luces era imperfecta y decidió que ya bastaba. Esas dos indefensas criaturas, su última creación, se las tendrían que apañar en el futuro como mejor supieran.



JAVI

sábado, 24 de julio de 2010

THE MISERICORDIA SQUARE

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Toma, tu Marca.
- Joder, Anacleto, que no, que no puede ser.
- Como lo oyes: el cura a hombros del matador.
- ¿Dígame? Como lo oyes, por la mismísima praça do Comércio.  Todo Zaragoza los ha visto. Perdón, sí, dígame.
- Pol favol ¿il bien pol aquí pala San Yoan de Letlán?
- Sí, pelfetamente. Mire ¿ve allí, al fondo?
- Sí, al fondo, señol.
- Bueno, pues esa es la plaza de España, ¿eh? Es-pa-in-Es-cua-re.
- Plasa de España, sí.
- Allí cogen ustedes el Paseo de la Independencia, hasta el final. De-In-de-pen-dans-Pro-me-na-de, ¿okey?
- Hahta el final, okey.
- Exacto. Y luego ya, en la plaza Paraíso... En la plaza Paraíso vuelvan a preguntar.
- Mushias glacias, señol.
- Ya lo verán, no tiene pérdida. En la plaza Paraíso ya les indicarán. No obstante, una vez allí, tiren a la izquierda por el Campo de Marte.
- Campo de Malte, sí.
- Desde allí, desde el Campo de Marte, verán la torre Eiffel y detrás el Trocadero. Bueno, pues en el Trocadero ya están ustedes a un paso de Brooklin. Luego, de Brooklin a San Juan de Letrán, pasando por el Coliseo, nada. Ya le digo, un paso.
- Muy bien, señol, mushias glasias.
- De nada, hombre, de nada.
- Pol sielto, señol, ¿ha habido colida hoy?
- ¿Colida…? Ah, ya, jé. Toros, sí, sí que ha habido toros esta tarde, sí. En De-Mi-se-ri-cor-dia-Es-cua-re, jé, ¿por?
- Nosotlos vel a matadol con un cula soble los homblos. Matadol abaho. Cula, aliba, ¿entendel, señol? Aquí, aquí al lado. ¿Sel costumble aquí?
- Jé, no, no, esto verá...  El cabrón del cura a hombros... esto, esto..  Jé, sí, claro, claro. Bueno, ya, es que... Es que... No, no es costumbre, pero aquí, aquí pasan cosas de estas.
- Glasias, señol. Mushias glasias. Jé. Un matadol, je. Olé, ¡olé matadol!
- Hay que joderse, lo que les gustan a los extranjeros las cosas nuestras: La Ópera, el Partenón, la Grand Place, las piscinas de Pamukale...
- Y los toros, Anacleto, los toros lo que más.
- Sí, además a los chinos estos... No te digo nada, a los chinos. Hay que joderse. Pero bueno, ¿has visto como era verdad? ¿Tenía yo razón, o no?
- Joder, ya lo veo, ya. Hasta los chinos los han visto. Manda güevos, el reverendo Brown a hombros del Cherubino.
- Como lo oyes. Por aquí mismo, dónde tú estás. Por aquí han pasado los dos hace diez minutos.
- Sin embargo, al hotel han entrado al revés, como han salido de la plaza: el Cherubino a hombros del reverendo...
- Coño, como que se habrán turnado. Son tontos los dos, sabes. Sobre todo el cabrón del cura.
- Lo que no pase aquí…
- Pero si encima está el reverendo de por medio, entonces ya... Para qué decir más.
- Sí, busca a otro igual.

El guacamayo Azul

jueves, 22 de julio de 2010

LAS CINCO MENTIRAS (Vladimira Pund)

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¿Me engaña la verdad?

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¿Se disfraza la mentira?
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¿Cómo distinguiré la verdad entre miles de mentiras disfrazadas?
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Es un juego grotesco este baile de engaños.
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-¿Estoy bailando con la verdad?

¿Lo hago con una de tantas mentiras?
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La danza de la realidad es siempre la misma.
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La mentira puede ser auténtica pero nunca única.
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(La señorita pelirroja puede teñir su pelo de rubio, moreno, castaño, verde o azul.
Y sin embargo, la verdad es que es pelirroja y las cinco mentiras el resto).
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La verdad tiene una capacidad multiplicadora de la mentira,
Aparece escoltada por un séquito de ellas,
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¿Por qué no sales a mi encuentro?

¿Por qué permites que siga ciega?

¿Por qué no acudes presurosa a mi rescate antes de que me decapite?
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Lo sé: porque es mejor morir que vivir así.

Es mejor morir de tropiezos que vivir de un rescate.
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Aprender a distinguir es un camino plagado de minas silenciosas,
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…………escondidas bajo el suelo que piso.
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Vladimira Pund
sin título

2 de julio de 2010

Balconcillos

miércoles, 21 de julio de 2010

ESTO DEL CURRO SIEMPRE HA ESTADO CHUNGO (Antonio Envid)

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Mientras se cala los quevedos y se acomoda la gorguera, con gesto cansado le dice al joven que espera con sumisa actitud: Siéntese vuesa merced, hágame la gracia.

El joven toma asiento en el duro escaño castellano, revolviéndose un poco para encontrar acomodo.

-¿Se siente cómodo? ¿nota duro el asiento?

- ¡Oh! No. No. Es…… confortable.

- El detalle del banco es importante, aunque ahora no se lo parezca. Le comunico que ha superado las pruebas físicas. Bien, comencemos con el currículo académico: estudios en la Universidad de Alcalá; bachiller en artes y doctor en cánones. No son los estudios más apropiados, pero le servirán a vuecé para comprender bien el reglamento del centro de trabajo. Somos muy estrictos en esto. El reglamento hay que conocerlo bien y cumplirlo a rajatabla. Bien continuemos… bla, bla, bla… Bueno, un currículo corrientucho, como hay tantos.

- También tengo un libro de rimas publicado.

- Poeta tenemos. Es la peste de hoy en día. Puede ser conveniente para que entretenga a sus compañeros mientras trabajan. Podrá recitarles sonetos para que mantengan el ritmo. Bien, bien, sin embargo no lo anoto en su ficha, por si acaso.

-Veamos las pruebas psicotécnicas. Serio. Responsable. No propenso a plantear conflictos. Esto es fundamental en este trabajo. Vamos bien. Obediente y responde bien a los estímulos físicos. Bien, bien… Tolera la presión, pero no mantiene la calma en situaciones límite. ¡hum!...

- Las pruebas teóricas... Aquí hay algunos fallos. Vamos a ver, si se aplica una libra de fuerza a una palanca de diez varas… hay un pequeño error, pero no es importante. El semicírculo que traza un brazo… bueno, no está mal. La velocidad, en cambio, que usted obtiene de veinte nudos a la hora, es en realidad de veintidós….

- Es que soy de letras, sabe…

- No me interrumpa, que estoy haciendo el computo de resultados.

Moja la pluma en el tintero, escribe unas líneas y mientras echa las cenizas secantes con la salvilla y se quita los quevedos esboza la primera sonrisa.

-Enhorabuena, joven. El puesto de trabajo es suyo.

El muchacho da un respingo en el escaño, sonríe abiertamente.

–Gracias señoría, no sabe lo mal que está esto del trabajo. Lo necesito. Mil gracias… Por cierto, ¿de qué trabajo se trata? Al servicio del Rey, sueldo seguro, viajes frecuentes con todo pagado…Es lo que decía el Diario de Avisos…

- Un trabajo honrado y útil a la república. Al servicio de la Armada real. Galeote.





MI GERANIO EN PRIMAVERA (Mariano Berdusán)

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En la terraza de mi casa tengo dos macetas: una con un rosal esbelto que sólo me da una rosa cada año y otra con un geranio, que esta primavera, me ha obsequiado con una espléndida florada. Con esa abundancia de flores del geranio casi me siento compensado por la ausencia de flores del rosal.
Pero no era de flores de lo que quería comentar. Sino de esto otro: Me cuentan que, a un conocido compañero del trabajo, le han tocado en la Primitiva, o no sé en qué, nada más y nada menos que un montón de millones, no sé si de las antiguas pesetas o de los modernos euros. En cualquier caso, me dicen, le ha tocado ( y lo de tocar nunca mejor dicho) un montón de millones.
Lo de tocarle a uno algo, se puede entender en muchos sentidos. Un coche, en marcha, toca a otro también en marcha o parado y según como sea el “tocamiento” te puede sacar de la carretera. Un boxeador, en un combate, “toca” a su contrincante y según como sea el tocamiento, te deja sin saber dónde estás. Hay ráfagas de viento que, si te tocan, te pueden dejar sin la gorra, sin el árbol de al lado y sin las tejas de tu tejado.
¿Cómo ha sido de fuerte el “tocamiento” de millones a mi amigo?. Por lo que cuentan, creo que bastante fuerte. De momento ha dejado el modesto y creo que también feliz trabajo que tenía en la Empresa. Ha dejado, creo también a unos amigos y compañeros que con él “sudaban la camiseta”. Ahora tendrá, creo yo, otras ocupaciones. Otros amigos que, seguramente, casi seguro, no sudarán la camiseta.
Ha dejado la felicidad y la tranquilidad que dan el poder levantarse uno cada día, sonreír a la familia y sin miedos y sin temores y sin sustos acudir a la cita diaria del trabajo, pero luego, al anochecer, poder acostarse y dormir a pierna suelta. ¿Será ahora mi amigo más feliz que antes en estos andares cuajados de temores de su vida actual? No lo sé.
Desde ahora le deseo lo mejor y buen éxito y acierto en cuanto emprenda.
Yo que no tengo millones ni espero tenerlos ya a estas alturas de la vida, yo que no tengo ni siquiera un palmo de tierra o un sencillo huerto como dice Fray Luis de León que tenía cuando dijo:
Del monte en la ladera
Por mi mano plantado
Tengo un huerto
Que el viento orea
En esta ladera última de mi vida, a mí que no poseo nada de todo eso, sólo me quedan tres cosas: mi familia, una mesita a mi lado cubierta de libros para leer, repasar y soñar y, sobre todo, mi geranio en primavera. ¡Cuánto me gustaría que a mi amigo, el de los millones, no le faltasen ahora ninguna de estas tres cosas. Sobre todo, que no le faltase un hermoso geranio en la terraza de su casa. Quizás, con unas sencillas flores a la vista, lo vería todo de otro color... Quizás.

martes, 20 de julio de 2010

LA PRIMERA PERCEPCIÓN (Servando Gotor)


Dormía con la tranquilidad del deber cumplido. Con la paz del honrado. Con la profundidad de un alma limpia. Ay, Stanton, nadie diría que aquella misma noche habías segado dos vidas, dos. Y yo te había ocultado aquí, en mi casa, prestándote mi cama y mi pijama. Hasta las babuchas grises, algo desgastadas ya, habías usado de madrugada cuando te desvestías y paseabas entre la cocina y el baño. Entre la nevera y el retrete. Porque tenías sed, mucha sed, insaciable, insoportable, casi dolorosa. Y ganas de mear. ‘No sabía que matar diera tanta sed’, me dijiste antes de acostarte. Y ahora te tenía aquí, durmiendo. Como si nada. El cuchillo con el filo embadurnado de sangre negra, coagulada. El mango tibio todavía, como la temperatura de tus manos. El metal frío, brutalmente frío, como tu temple. Y yo allí, frente al televisor, contemplando tu rostro. Mayor ya, claro. Pero el mismo del niño, del hermano que tantas noches durmió junto a mí. Y me preguntaba cuánto había tenido que vivir, qué había tenido que vivir, para dormir así después de matar. Y entonces comprendí la absoluta impenetrabilidad de lo ajeno, por muy cercano que nos resulte.  Cada día, cada momento, mengua nuestra inocencia. Qué idiota. Excusas, excusas para un hermano homicida. Posiblemente. ‘O tú respetas las normas o las normas te respetan a ti’, le gustaba repetir a Stanton.

A mediodía despertó entre bostezos como tantas veces lo había visto despertar cuando niños. Y entonces sí, entonces vi por vez primera el horror en su rostro, cuando me miró extrañado, cuando divisó el entorno insólito. Sólo unos segundos, porque enseguida se tranquilizó.
- Sabes, Murdoc, lo tengo comprobado, aunque escasísimas veces logro experimentarlo con verdadera intensidad: hay un momento al despertar en el que tu cabeza, o tu memoria, sí, más bien tu memoria... Hay un momento en que tu memoria sigue dormida. Tan sólo un par de segundos. O menos. Quizá menos.
- No te entiendo, Stanton.
- Tampoco creo que sepa explicarlo. No sé. Imagínate la primera percepción.
- ¿La primera percepción?
- Sí, la primera. Supongo que ya en el vientre de la madre, de nuestra madre. No sé, pero tiene que haber ese primer momento, esa primera percepción. El momento novedoso de la existencia, del ser.
- Ah, ya, sí. Ya veo. Eso es lo que ahora mismo te preocupa.
- Debe de ser monstruoso.
- Tú sí que me das miedo, Stanton.
- Monstruoso, sí. ¡La primera percepción! Como la primera vez que ves a un ser humano. ¿Te imaginas, Murdoc, te imaginas? La primera vez que ves el rostro de un ser humano: dos bolas blancas con una diana negra; dos teloncillos con pelos, como dos peines, que se abren y se cierran sin cesar, como abanicos; un matojo de pelo encima y, debajo, dos horrendos agujeros con aletas. Más abajo, dos carnes con unos filos blancos en su interior.
- Qué cosas piensas.
- Y no te digo nada si además llevas gafas.
- Jé. Como yo ahora, ¿no?
- Sí, como tú.
- Y luego, miras a tu alrededor... Colores. Sonidos. Olores.
- Sí, desde luego, estamos acostumbrados, pero la primera experiencia debe de ser extraña.
- ¿Lo ves? Aterradora.
- Sí, quizá.
- Eso es la vida, Murdoc. Horror. Lo que pasa es que nos acostumbramos, nos habituamos. Y el hábito, el sedante hábito, aparta esas sensaciones extrañas, las asimilamos y luego, incluso, hasta encontramos el lado hermoso que también tienen. O, no sé. Quizá el lado hermoso lo inventamos. Lo ponemos nosotros. Sí, seguro. Seguro, porque la primera percepción es de horror. Pero, de un modo absurdo, ese horrible rostro es el que después nos parece insoportablemente hermoso en las preciosas facciones de una mujer.
- Y a qué viene ahora, precisamente ahora, todo esto.
- No, nada, sólo para explicarte lo que te decía. Pues eso, no sé. Que lo tengo experimentado.
- Pero por qué ahora.
- Porque ahora mismo, al despertarme, lo acabo de sentir. ¿No has visto mi expresión de horror?
- Sí, claro que sí. Claro que la he visto. Pero yo pensaba...
- No. No era por lo de anoche. Era por lo que te digo, por esa primera percepción.
- Ahora sí que me horrorizas, Stanton. O sea, que por lo de anoche... tan tranquilo.
- No hablemos de fruslerías, ya te contaré luego. Deja que termine. Lo que quiero decirte es esto: que ahora, al despertarme, he sentido con fuerza esa cosa extraña. Al abrir los ojos y verte, sí. Las gafas lo primero de todo, agrandando como lupas los ojos, esas cosas tan extrañas que parpadean, vibran, palpitan espasmódicamente... dos bolas blancas con una diana negra; dos teloncillos con pelos, como dos peines, que se abren y se cierran sin cesar como dos abanicos… un matojo… y debajo dos horrendos agujeros con aletas. Luego, el resto de ti, todo lo demás: pelo, labios, manos. Después el entorno: colores, una ventana, libros, discos. Qué coño son todos esos objetos. Mejor: qué coño es eso, puesto que ni siquiera tengo el concepto de objeto, de persona, de nada. Vuelvo de nuevo la vista a ti porque, sin duda, eres lo más curioso que tengo a mí alrededor. Lo más terrorífico. Y entonces... ¿Quién coño, qué coño soy yo? Noto mis manos, las muevo; mis pies, todo mi ser. Y de repente, el cerebro, más bien la memoria, hasta entonces apagada, se conecta, plas. Ya está todo en su sitio. Yo soy yo. Tú, Murdoc, mi hermano, humano como yo; esto es una casa, la tuya; aquello una mesa; lo del fondo, libros... Todo en orden. Estoy aquí, sí, estoy aquí porque anoche...
- Anoche, sí.
- Pero deja que termine. No sé… quiero decir… que hay como un momento al despertar, o en algunos despertares. Un momento aséptico. La memoria limpia, o desconectada. Un momento en el que ves la vida como realmente es. Libre de toda influencia, propia y ajena.
- ¿Y...?
- Pues eso. Que la vida, realmente, con la mirada inocente de una cabeza limpia es horrorosa.
- Vale. Pero ahora háblame, de una puta vez, de lo de anoche, Stanton.
- Fruslerías. Ya te digo.
- Fruslerías, sí. Pero ¿y eso?
- ¿Eso? Ah, ya, el cuchillo.
- Pudiste haberlo limpiado, al menos. O, no sé. En las películas se deshacen de él, lo tiran a un río, por ejemplo... Lejos, lejos, con una mezcla de rabia, miedo y asco.
- También tú pudiste limpiarlo, o deshacerte de él, y no lo hiciste. Míralo ahí, manchado todavía.
- Yo no tengo nada que ocultar, nada que limpiar.
- Todos tenemos algo que ocultar.
- Yo no.
- Cómo que no. Me tienes que ocultar a mí. De hecho lo estás haciendo. Y con ello te implicas. Me encubres.
- ¿Y quién te ha dicho que no he llamado a la policía?
- Tus ojos, Murdoc. Tus ojos me lo dicen.
- Pero podría hacerlo ahora.
- Tampoco. Tampoco lo vas a hacer. Está en tus ojos. No, no lo vas a hacer.
- Bueno, venga, déjate de fruslerías, como tú dices, ¿qué coño ha pasado?
- Pues eso. Ya lo sabes: me harté y me deshice de ellos.
- De los dos, me dijiste.De África y del chico.
- Sí, de los dos.
- Pero por qué. ¡Es terrible!
- Porque estaba harto.
- Haberte ido, Stanton, haberte ido si tan harto estabas. Haberlos dejado. No hacía falta matarlos.
- ¿Pero es que no te das cuenta? Ya lo había hecho. Los había dejado. Varias veces los dejé. Eran ellos, ellos, quienes no soportaban que los dejara. Y tuve que optar. Al final tuve que optar: o ellos o yo.
- Hay muchas formas de huir de las personas, de las situaciones, Stanton.
- No te entiendo. No sé a qué te refieres.
- A si de verdad los habías dejado. A si de verdad habías dejado aquello.
- Me marché. Lo sabes.
- Sí, pero ¿era suficiente? ¿Bastaba con marcharte?
- Qué quieres decir Murdoc.
- Nada, Stanton, nada.
- Ya, ya. Ya te voy entendiendo, sí. El suicidio.
- No sé, tampoco quería decir eso, pero ahora...
- Eso es lo que hubieras querido, ¿verdad? Eso es lo que hubiérais querido. Tú y mamá. Todos. Que me quitara de en medio. Ya. Ya entiendo. Comienzo a ver todo claro. En realidad estábais deseando que me quitara de en medio hace mucho tiempo, ¿no es cierto, Murdoc? Siempre tan unidos. Os sobraba, claro.
- No he dicho eso, Stanton. Quería decir que... No sé. Estoy hecho un lío. Pero, no sé. Había otras fórmulas. Seguro que las había.
- Dime una. Tan sólo una. Aparte de esa, claro.
- No sé. No lo sé. Pero tiene que haberlas. Tiene que haberlas, Stanton.
- Yo no las vi.
- ¿Y esa?
- ¿El suicidio?
- ¿Pensaste en él?
- Sí, Murdoc, sí. Claro que pensé en eso.
- ¿Y...?
- La descarté.
- Evidente.
- Ya veo, ya veo. Hubieras preferido que yo me quitara del medio. Ya veo.
- No sé, a fin de cuentas... Y después del rollo que me has metido. Ese de que la vida es horrorosa, de la primera percepción.
- Un favor que les he hecho. Visto así...
- Pues eso es lo que digo, que el favor... bien te lo podrías haber hecho a ti mismo.
- ¿A mí?
- Me aterra tu cinismo, Stanton. Sobre todo en un momento así.
- Y qué, qué piensas hacer, entonces.
- No, no te preocupes. No seré yo quien descuelgue el teléfono. Pero si tan horrenda te parece la vida…
- Tranquilo Murdoc, tranquilo. Ya llegará mi momento. Y cuando así sea tendré toda la eternidad para no ser.
- Toda la eternidad.
- Sí. La vida es horrible, pero nos aferramos a ella. Todos. Incluso ellos. Por eso, por eso mismo. Por eso. Sabes, Murdoc, quiero experimentarla sin ellos.
- No, no podrás. Los llevarás aquí, en la cabeza, Stanton, en tu cabeza. Siempre.
- ¿A ese par de hijos de puta? Ni una pizca, ni una pizca de remordimiento, Murdoc, te lo aseguro.
- No, no. Ya veo. Ya veo. Me aterras. De verdad que me aterras. A fin de cuentas, qué coño te hicieron. Qué pudieron hacerte para acabar haciendo lo que has hecho.
- Amargarme la vida, Murdoc.
- ¿Sólo eso, amargarte la vida?
- Sí, amargármela más. ¿Te parece poco?
- Todo el mundo, todo lo que nos rodea, todo, nos amarga la vida. Te tendrías que cargar a un montón de gente y no acabarías nunca.
- Bueno. Quizá sea sólo el comienzo de una apasionante aventura de asesinatos. Aunque la vida sea horrible, me gustaría pasar a la historia.
- ¿El comienzo?
- Sí. Sí, porque no creo que esto acabe aquí.
- Me horrorizas, Stanton. No me dejas otra opción.
- ¿Qué haces, qué vas a hacer?
- El teléfono.
- No, no lo harás.
- Cómo que no.
- Porque no te voy a dejar.
- ¿El cuchillo? No, no me asustas. A mí, no. Conmigo no lo harías.
- Si me obligas, sí, Murdoc. Deja el teléfono.
- No, no pienso colgar.
- No se te ocurra marcar.
- Por supuesto que lo voy a hacer. He encontrado al enemigo y eres tú.

Luego, sí. Luego lo entendí. Entendí que durmiera con la tranquilidad del deber cumplido. Estaba ahí tumbado, sobre mi cama, con mi pijama y mis babuchas grises, algo desgastadas. La expresión de calma, de paz. Stanton tenía razón, la vida es terrible. Y yo. Yo, sin embargo, extrañamente tranquilo. Con la tranquilidad que da el deber cumplido. Con la paz del honrado. Con la profundidad de un alma limpia. Nadie diría que lo acababa de matar ahora mismo. Pero Stanton quería matar a más gente. Y al primero a mí. Quien no encuentra ningún fallo en si mismo, necesita una segunda opinión. Defensa propia, sí. Lo entenderán, yo creo que lo entenderán. En fin, ahora sí. Voy a llamar. 091 ¿no? Sí, voy a marcar. Pero. Estoy cansado. Me he agotado con la tensión, no la de la muerte. La de la conversación, sí. La tensión de la conversación. Y tengo sed, mucha sed, sí. Se ve que esto de matar da sed, mucha sed, insoportable, insaciable, casi dolorosa. Y ganas de mear, muchas ganas. Ya he ido dos veces al baño. ¿Y si no llamo? ¿Limpio el cuchillo? Qué absurdo, limpiarlo, de qué. ¿De la sangre? Menuda estupidez. El cuerpo está ahí, las heridas hablan por sí mismas. El puño, el mango, sí. Eso es lo que hay que limpiar. Mis huellas. Pero está aquí, en mi casa, con mi pijama, mis viejas babuchas grises. ¿Y si...? No. Sería peor. Sacar el cuerpo de aquí, deshacerme de él. No tengo fuerzas. No, ni valor. Joder, en vaya lío que me he metido. Ni siquiera noto el dolor por el hermano muerto. Con lo que siempre lo he querido. Con lo que siempre nos hemos querido. Tenía razón. Sí, la tenía. La vida es horrorosa. Me puedo quitar de en medio. Sería una solución, sí. Lo más fácil. No. Jodo, lo más fácil no sería. En absoluto. No, no. Lo que tengo que hacer es marcar y afrontar el asunto. Agua, más agua, qué sed. Defensa propia. Sí, defensa propia, está claro. Los mató a los dos y luego vino a por mí, sí. Y no sólo eso, que me dijo que luego pensaba matar a más. Sí, sí. Afrontaré el asunto. Mamá me apoyará. Mamá siempre ha creído en mí. Lo afrontaré. Aunque podrían pensar que... No, no, cómo van a creer que yo maté también al niño y, a su madre. Dios mío, qué sed. No, no, seguro que no. Cómo van a creerse que yo maté también a los otros. Si… El puñal. Limpiando el mango desaparecerán mis huellas, pero también las de él. Y está aquí, en mi casa. Joder. Qué coño hago. Qué puedo hacer. En qué lío me he metido. Tenía razón. Sí, la tenía. La vida es horrorosa. No sé. De momento voy al baño otra vez. No, no. Antes beberé un poco más de agua. Joder, qué sed. Últimamente está muriendo mucha gente que no se había muerto antes. Pobre Stanton, no sabía que para conseguir un poco de paz interior hay que renunciar al puesto de gerente general del universo. Los cocodrilos vierten lágrimas cuando devoran a sus víctimas, he ahí su sabiduría, es algo que Stanton nunca tuvo en cuenta.

De El guacamayo azul

sábado, 17 de julio de 2010

SE HALLABA MUY PÁLIDA (Antonio Envid)



Se hallaba muy pálida
y tenía una flor entre los muslos.
Entonces comenzó el deseo
a tocar su ronco violín


Oh, su flor abierta entre los muslos


Toda la noche bailamos
el eterno y viejo vals
a su enervante son,
el siempre repetido vals

Oh, su flor abierta y palpitante

Hasta que ambos, lívidos,
nos asomamos al pozo infinito
de la pequeña muerte
en la agonía del aniquilamiento


Oh, pulsión de su cáliz estremecido.

jueves, 15 de julio de 2010

ETERNA NACHA (Antonio Envid)


Fugazmente, una sola actuación, pasan por Zaragoza Nacha Guevara y Alberto Favero. Nacha, con más años y más sabiduría, sigue espléndida. Su buena salud y mala memoria, como ella dice, la mantienen plena de aptitudes. Dos horas de poesía, canción, buen humor y…. nostalgia. Nuestro querido y provinciano teatro Principal se llenó con su presencia (diva y cercana a la vez) y su voz, sin olvidar el excelente piano de su compañero Alberto Favero.

El grueso del programa recae en canciones sobre poemas del no hace mucho desparecido Mario Benedetti, tanto tiempo amigo de la pareja. Canciones de “Poemas de la oficina”, aquella en que la vida transcurría simplemente, goteando como un aceite rancio, otras escritas ex profeso para la diva y otras de los varios libros del llorado poeta. Pero también Boris Vian, Jacques Brel……, en fin, algo de lo mejor de ese terrible siglo veinte, siglo de poetas y generales, que se empeña en alejarse de nosotros dejándonos un aroma lírico y nostálgico. Pudimos saborear la espuma de los días de esa convulsa centuria a la que pertenecemos sin remedio y en la que Europa floreció en una verdadera edad de plata.

Hasta con Bécquer se atreve Nacha, y en su voz “volverán las oscuras glondrinas…” no suena manida y cursi, sino como lo que es, una entrañable canción de amor; sin embargo, los cantos de libertad de Neruda, a pesar de la bella interpretación de la gran cantante, están rancios y apolillados. La ideología y la poesía casan mal. Hay un Neruda poeta, delicado y lírico, el de las “Odas elementales” o íntimo, el de las canciones de amor, y otro grandilocuente, que pone su pluma al servicio de una doctrina y resulta falso. No Afecta eso a su grandeza, siempre que olvidemos lo olvidable, también Antonio Machado incurrió a veces en ese error, pero todos se lo hemos perdonado, porque nunca dejó de ser humano.

Esta Zaragoza de nuestros pecados, como la amante esquiva, cuando piensa que nos está aburriendo demasiado, nos hace un pequeño regalo. Por eso la amamos con un incondicional amor, como Nacha a su Buenos Aires.


miércoles, 14 de julio de 2010

DESDE EL ESTANCO DE HARPER (Servando Gotor)

--------------SGS

A Stocovick no le gusta la ciudad en coche. Le parece muda, insípida y, sobre todo, o quizá por muda e insípida, le parece irreal. Prefiere las mañanas en que directamente a pie se sumerge en la tormenta de luz y bullicio hartándose de ruidos y colores. Pasear por el supermercado Hermes, comprar anacardos fritos, el magnesio es bueno para los huesos, el anacardo resulta vital para asimilar bien el calcio, y fundirse en el tumulto.

Pero nada como una mañana lluviosa. Si llueve, se refugia en el viejo estanco del caduco Harper, siempre agazapado al mostrador y a la prensa deportiva, bajo el talle sinuoso de Érika, ABSTENERSE ESTUDIANTES, fija presencia ausente, y siempre discutiendo con Lonny Menoyo, el viejo inspector de la comisaría de distrito. Los dos, estanquero y policía, echando humo como locomotoras,  Mal juego del Cotswold el domingo, duramente vapuleado por el Taurus. Boby Gay asegura, no obstante, que con un empate contra el Dicon el título estará asegurado.

De vez en cuando Harper asoma la piel desnuda y brillante de su cabeza por entre las tiras de la vieja cortina con cuentas de plástico, azules, amarillas, verdes y rojas, y eleva la mirada taciturna al cielo

¿parará o no parará?
parará, Harper, parará, a las doce siempre escampa
que Dios no te oiga, Menoyo, que el agua siempre es buena.
lo que tú quieras, pero parará, ya verás
y luego fuerza sus pupilas hacia las cejas, constatando que la ausente presencia de Érika, ABSTENERSE ESTUDIANTES, puede saborearse, arriba, por encima del techo del estanco, a sólo unos centímetros de su calva. Pero sin mayor problema, tarde o temprano Érika siempre acaba por materializarse:

hola Harper
qué hay Érika
tres marlboros
(Harper, de pascuas a ramos, pero siempre antes de comer, cerrado ya el estanco, se da alguna vueltecilla por el apartamento de Érika ABSTENERSE ESTUDIANTES)
Luego, más tarde, toc, toc, toc, toc, toc, aparece Machado, la suerte, para hoy llevo la suerte. Y el Menoyo, como siempre, haciéndose el orejas. ¿La suerte?, se preguntará en voz alta Stocovick. Suerte la que tenemos nosotros de verte todos los días, Machado. Anda, trae, dame dos cupones. Y Machado, qué, qué os pareció ayer el Taurus, ¿eh? Os aguó la fiesta, ¿verdad? Pues a joderse, amigos, a joderse toca, quién coño os creíais que erais, ¿eh? Toma, Alex (Machado le llama siempre Alex), y cuatro hacen diez. Ya os lo dije, ya os lo advertí. (Machado ve el porvenir, como Tiresias; y como Tiresias sus vaticinios suelen cumplirse siempre, pero con lo que no juega es con los cupones que vende, no, no, no, eso es otra cosa –dice-). Y después, una hora más tarde, cuando Machado cree que Érika ABSTENERSE ESTUDIANTES, no baja ya a por tabaco, seguramente porque se le ha adelantado, toc, toc, toc, toc, toc... cuando Machado cree que Érika ya no baja a por tabaco, Machado se irá.

(Machado casi todas las tardes hace una visita a Érika, ABSTENERSE ESTUDIANTES.
La penumbra que caracteriza siempre al dormitorio de Érika sólo se rompe por la luz de unas velas -a que son románticas- Pero a Machado le da igual, porque Machado es ciego y no ve ni la luz de las velas ni la sonrisa de Érika.
Machado se conforma con oír su voz, acariciar su piel y… poseerla brutalmente. Machado es muy conformado.
 A veces, en sus fantasías, cree estar haciendo el amor con la señorita Frieling. Otras incluso cree que las dos tienen idéntica voz. Cuánto daría, cuánto daría Machado por hacer el amor con la señorita Frieling, aunque fuera una sola vez, una sola en la vida. Hasta renunciaría a Érika para siempre. Pero en sus presagios, por más vueltas que le da al asunto, no aparece ese capítulo. Y él sabe que sus presagios nunca fallan. Qué le vamos a hacer. Lo cierto es que sí, renunciaría a Érika para siempre.
 Amar, amar a la señorita Frieling y después, morir)

(Lonny Menoyo, el inspector, de vez en cuando, si sus ahorrillos se lo permiten, sube al apartamento de Érika, ABSTENERSE ESTUDIANTES.
El inspector Menoyo, siempre que tiene entre manos un asuntillo morboso, aunque sus ahorros no se lo permitan, sube al apartamento de Érika ABSTENERSE ESTUDIANTES.
 El inspector Menoyo rara vez tiene asuntos que no sean morbosos)

(Alejandro Stocovick, el padre de Trebor, o lo que es lo mismo: Lionel French, una sofocante noche de verano en que la soledad le apretó aún más que de costumbre telefoneó a Érika ABSTENERSE ESTUDIANTES, pero, mala suerte, a quién se le ocurre, no estaba, porque Érika por las noches trabaja en una barra americana y como al día siguiente el sofoco de Stocovick no sólo no se había calmado sino que arreció, Stocovick consiguió franquear por fin el umbral del apartamento de Érika ABSTENERSE ESTUDIANTES.
 -Ocurrió a la hora violeta-
 Érika sólo conoce a Stocovick de vista. Le parece mayor y para sus adentros cuando habla consigo misma le llama “el abuelo”.
Cuando Érika ABSTENERSE ESTUDIANTES, habla mucho para sus adentros, se cuenta cosas a veces graciosas y entonces se ríe sola.
 Los que ven reírse a Érika sin causa aparente porque desconocen sus diálogos internos piensan que Érika está loca, pero no suele importarles: se acuestan, le pagan y luego aquí paz y después gloria.
El día que Érika ABSTENERSE ESTUDIANTES, vio en el umbral de la entrada a su apartamento a Stocovick, la sorpresa fue tan grande que no pudo evitar que una de sus impresiones internas se escapara entre sus labios y sin querer se oyó a sí misma decir: “anda, el abuelo”.
A Stocovick cuando consiguió franquear por fin el umbral del apartamento de Érika ABSTENERSE ESTUDIANTES y la oyó decir “anda, el abuelo”, le dio un escalofrío porque Érika es de la edad de Paulina, su nuera, y Paulina también le llama “abuelo”)

(Stocovick, Harper, Lonny Menoyo y Machado nunca han hablado entre ellos de sus visitas a Érika ABSTENERSE ESTUDIANTES, si bien, y por lo que a veces en sus conversaciones se les escapa, todos las conocen. La mayor duda está en Stocovick. Incluso alguna vez Machado le ha lanzado alguna indirecta a Harper:

oye Harper
qué, Machado
y tú no crees que Stocovick...
anda, ciego, cabrón, dame dos cupones y vete a la mierda)

Servando Gotor
de El olor de tu pelo entre la niebla

PAN ET ESPECTACULUS CIRCENSIS

Estaba yo en Saturno, jodido de frio pero contento, cuando me llegó el lejano pero aún así audible sonido de una palabra: "goooool". Intenté concentrarme en la lectura de mi libro, pero fue imposible. Las ondas sonoras de la multitud enfervorizada que cruzaban el espacio  hacían imposible la lectura, así que conecté mi telescopio y lo dirigí hacia el ruidoso planeta. Cuando conseguí enfocar, vi un edificio circular abierto donde unos seres luchaban entre sí mientras eran animados por otros a seguir destrozandose con primtivas armas. -Extrañas gentes estos terrícolas reflexioné-. En ese momento no caí en la cuenta de que lo que estaban viendo había transcurrido hacía algunos miles de años, y que por tanto el sonido todavía tenía que ser más antiguo. Los ciclos culturales seguían repitiéndose en la tierra inexorablemente: -pobres terrícolas, reflexioné mientras me arrellanaba en mi sillón de orejas y volvía a tomar mi reconfortante lectura.

Javi

martes, 13 de julio de 2010

EL GOL DE INIESTA (Antonio Envid)


---------------SGS

En una táctica de ataque, la mejor defensa es el ataque, el balón llegaba continuamente a Iniesta, pero éste, sujeto a un duro marcaje por parte de los jugadores de Holanda, no acertaba a la portería, hasta que, finalizando la prorroga, se produjo el gol. Iniesta, por fin, acierta en su disparo y el balón se introduce en la portería. España campeona mundial de fútbol. Del Bosque había mostrado dudas iniciales respecto a Iniesta, pero luego le otorgó su confianza sin reservas, lo cierto es que finalizando el partido retiró al goleador oficial Villa y mantuvo a Iniesta. El jugador ingresa en la nómina de grandes héroes de la patria, junto a Pelayo, al Cid y Marcelino. La expectación ante la final, las ilusiones de un pueblo puestas en una competición de fútbol, la necesidad de que un triunfo aportara un poco de ilusión a una sociedad alicaída, a la que no parece irle nada bien las cosas y que internacionalmente está siendo tratada con cierta displicencia, cuando no con declarado desprecio por parte de organismos y gobiernos foráneos. Cómo me recordaba todo ello a alguna etapa histórica en la que las únicas alegrías que recibía el pueblo español se las proporcionaba el fútbol, y más concretamente, el momento del triunfo contra Rusia, el gol de Marcelino. Hace más de cuarenta años y hay algo en el ambiente que recuerda aquella época. El intento de enmasacarar los fracasos económicos y sociales con espurios triunfos deportivos. La insatisfacción social que no se muestra abiertamente, pero se intuye como un mar de fondo, como un runruneo que presagia una galerna. La sensación de que no caminamos hacia ninguna parte, que estamos dando vueltas sobre nosotros mismos. Por lo demás, nada es comparable, esta sociedad no tiene nada que ver con aquella, su economía se ha expandido de forma notable, hoy hay una generación de españoles que se han educado en libertad, que se han formado en la universidad, que han viajado, que tienen un concepto totalmente moderno de la vida. Solo es esa sensación de desorientación que a todos nos embarga.

Hoy, el día de después de la gran hazaña, ha bajado la Bolsa española.



Doce de julio de 2010



lunes, 12 de julio de 2010

CRÓNICA SIN CRESTA (Por Azulenca)


El pulpo Paul le ha quitado la patente a nuestra sibila Leire, Pajín, se entiende. El pulpo alemán con sus no sé cuantos cerebros y no sé cuántos tentáculos acierta más en sus vaticinios que nuestra Leire; Paul es un verdadero oráculo a la hora de hacer pronósticos a base de comer mejillones, no sabemos si cebra... Y es que nuestra sibila está en franca desventaja porque ella sólo tiene un cerebro y no sabemos si le gustan los mejillones.

Los socialistas se han puesto redondos analizando la Presidencia de la E.U. La Salgado con la cresta caída -se le ha desviado el flequillo con tanto análisis- dice que ha habido un antes y un después. En los orinales también hay un antes de… y un después de… El que se aplica a base de bien es López Garrido, hay que ver cómo trabaja en su escaño mientras habla Zp en Estrasburgo. Aunque yo creo que es una forma de esconderse porque se le cae la cara de vergüenza oyendo las gansadas de nuestro Presidente.

Otra a la que se cae la cresta es a Bibiana contraceptiva, sin ir más lejos salió el otro día llamando a la responsabilidad. La cosa iba por lo del aborto en las CC.AA que se niegan a practicarlo. Y llama a la responsabilidad, ella, la niña Bibiana, la mujer “más turbadora” de toda España, la que necesita un mapa para situarse en el centro del placer, la que más fomenta la contracepción. Bibiana se atreve a llamar a la responsabilidad, ella, una cabeza sin hemisferios, sin polos, sin meridianos. Y a mí que me gustaría que salieran en televisión los profesores/as que llevaron en parvulitos/as a Leire y a Bibiana para que nos contaran el desarrollo e infancia de estas dos sujetas. ¿Qué harían en el recreo? Visto el resultado final.

Mariano se ha atrevido por fin a opinar sobre la sentencia del Estatut. Como siempre Mariano habla a destiempo. A este gallo del gallinero, cuando está entre Soraya y Dolores, también se la ha caído la cresta. Y qué decir de su entrevista con Urkullu. No, no se trata de ningún apoderado o representante de boxeadores, sino del presidente del PNV. Ambos tuvieron un acercamiento de ideas que me deja no sé...

Un espectáculo bárbaro ha sido el que ha montado en Orihuela la Guardia Mora de Rubalcaba. Ha mandado un séquito de policías para hacer un registro sin precedentes y a lo bestia en la casa de Ripoll, el presidente del P.P alicantino. Yo no soy adivina, pero cuando Alfredo Rubalcaba se retire de la política le auguro un feliz futuro como faquir en cualquier circo. Desde luego da la talla y la figura: después de las que monta se queda tan ancho. En cuestión de temple tampoco se queda atrás: lo mismo me lo imagino tragando fuego que dormido sobre una cama de pinchos, también haría un papelón tocándole la dulzaina a una cobra.

El que me gusta cada vez más es Montilla cuando hace declaraciones ante una cámara de TV, me parece enteramente un alienígena recién caído de un ovni. No ve, no gesticula, no parpadea; se parapeta tras las gafas y mueve los labios sin rasmia. Yo creo que a la manifestación que hicieron en contra de la sentencia del Constitucional el sábado en Barcelona deberíamos haber ido todos los españoles. Yo soy tan generosa que hasta les regalaría el Ebro, total aquí sólo utilizamos para echar barquitos.

Y mientras a unas y a otros se les caen las crestas, a la Vice (Fdez. de la Vege) más Vice, se le remanga el labio superior a consecuencia, debe ser, del botox. Lo tiene claro a la hora de sostener un cigarro, si es que fuma, claro.

El miércoles al cine, Io sono l’amore. El director Luca Guadagnino nos regala una película con bellas imágenes, algunas al más puro estilo de Visconti. En cuanto al argumento, lo clava. Los ricos de tercera generación son insulsos y al final se ven en la necesidad de recurrir a los pobres para divertirse y centrar sus vidas.




sábado, 10 de julio de 2010

IF (R. Kipling en versión de Vladimira Pund)

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Si puedes conservar tu cabeza cuando todos a tu alrededor
Están perdiendo la suya y te culpan por ello;
Si puedes confiar en ti mismo cuando todos los hombres dudan de ti,
Pero eres también comprensivo con sus dudas;
Si puedes esperar y no cansarte de esperar,
O, siendo engañado, no pagas con mentiras,
O, siendo odiado, no das paso al odio,
Y, sin embargo, no pareces demasiado bueno, ni hablas con demasiada sabiduría;
-

Si puedes soñar – y no haces de los sueños tu guía;
Si puedes pensar y no haces de los pensamientos tu objetivo
Si te encuetras con el triunfo y el fracaso
Y tratas a esos dos impostores del mismo modo;
Si soportas escuchar la verdad que tú mismo has dicho
Retorcida por los villanos para hacer una trampa para idiotas,
O ves cómo se rompen las cosas de tu vida,
Y te agachas y las reconstruyes con desgastadas herramientas;
-
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Si puedes hacer un montón con todas tus ganancias
Y arriesgarlo en una jugada a todo o nada,
Y perder, y empezar de nuevo desde el principio
Y nunca mencionar una palabra sobre tu pérdida;
Si puedes forzar tu corazón y tus nervios y tendones
Para que cumplan tu turno mucho después de que te hayan dejado,
Y así resistir cuando no te quede nada
Excepto la voluntad de decirles: ‘Resistid’;
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Si puedes hablar con las gentes y conservar tu virtud,
O caminar con reyes – sin perder el sentido común
Si ni enemigos ni íntimos amigos pueden herirte;
Si todos los hombres cuentan contigo, pero ninguno demasiado;
Si puedes llenar el inexorable minuto
Corriendo una distancia que valga los sesenta segundos-

Tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
Y – lo que es más- tú serás un Hombre, hijo mío!
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If
Rudyard Kipling
Versión de Vladimira Pund

Balconcillos
Nuestras versiones
8 de julio de 2010

JAVI

JAVI

UN ATROZ DESATINO (Servando Gotor)

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Jorge Semprún, combatiente de la Resistencia francesa durante la ocupación nazi, dirigente comunista expulsado del PC por Carrillo en 1964 (a Carrillo lo expulsarían a su vez en el 1985) y Ministro de Cultura con Felipe González, tiene dicho en su novela “Autobiografía de Federico Sánchez” (premio Planeta 1977), refiriéndose al régimen de Stalin, que “un sistema de este tipo necesita rehacer constantemente la historia, reescribiéndola, para ajustarla a las necesidades tácticas del momento político. Por ello, el peor enemigo de ese sistema es el testimonio verídico. Una memoria lúcida y crítica es la peor enemiga de esa pragmática y arbitraria historia de los desmemoriados. Al asesinar a Trotsky (…) Stalin no sólo asesinaba a un adversario político peligroso. Asesinaba también la memoria de la revolución”.

Hablar de memoria colectiva es lo mismo que hablar del sexo de los ángeles: una fantasía cuando no una auténtica falacia. Porque la memoria colectiva no existe. La memoria es una facultad personalísima del ser humano, del “individuo” y, como tal, algo esencialmente “individual”. Además, como “humana” es también “falible” (susceptible de error), “subjetiva” (interesada) y “parcial” (no abarca más allá de uno mismo). Tan personalísima es la memoria que sin ella el individuo no sería consciente de su propia existencia como tal: “somos” porque recordamos. En cuanto la memoria falla dejamos de ser, “nos enajenamos”.

¿Y la Historia? La Historia es (debe ser) un intento de aproximación objetiva al pasado con todas las limitaciones propias del ser humano, del individuo. Una reconstrucción objetiva a base de datos e indicios objetivos. Sirve para satisfacer la insaciable curiosidad humana, para hacernos una idea (siquiera difusa y hasta confusa) de nuestros orígenes y, sobre todo, de instrumento para conocer errores pasados y aprender de ellos. La Historia, desde el punto de vista práctico, es algo meramente instrumental: volvemos la vista atrás –decía Ortega- porque lo primero es mirar hacia adelante.

El más grave error –desde esta perspectiva pragmática- de nuestro Gobierno ha sido su obsesión por la Historia. Haber hecho del instrumento un fin. Y hasta tal punto ha sido y está siendo así que sólo piensa en cerrarla, en hacer de ella algo con entidad y vida propia con un principio y un fin perfectamente delimitados, un todo único y coherente. Y esto, insisto, es una fantasía cuando no una auténtica falacia. Y como tal fantasía obliga –para que resulte creíble- a invenciones conceptuales absolutamente absurdas y carentes de contenido: enjambre de adjetivos que ocultan la total ausencia de ideas y conceptos. El propio concepto “memoria histórica” es en sí mismo contradictorio. Pero esto no es algo nuevo, como hemos oído a Semprún. Hacer de la Historia un fin en lugar de un medio constituye una antigua tentación: desde los Reyes católicos hasta Hitler Franco o Stalin. Detrás suele haber una concepción colectiva del universo cuyas referencias filosóficas andan por Heráclito, Platón, Duns Scoto, Berkeley, Hegel y Marx.

No es malo que el poder se preocupe por la Historia como no es malo que el poder se preocupe por cualquier manifestación cultural. Lo peligroso es cuando esa preocupación deviene en obsesión. Porque cuando así es, cuando el poder se obsesiona con la Historia, acaba por manipularla en su propio beneficio olvidándose del futuro y hasta del presente. Y nuestra situación actual no puede ser más patética: políticos profesionales sin mundo, formación ni experiencia; una administración hipertrofiada, una inaceptable hemorragia legislativa, una prensa y unos sindicatos serviles, unas cifras de paro espeluznantes y un déficit alarmante. Y, por supuesto, atiborrados de deudas. Hasta de “deudas históricas”. Un atroz desatino.




El Comarcal del Jiloca
09/07/10

jueves, 8 de julio de 2010

GUIA PARA PERPLEJOS (Antonio Envid)

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Me cuentan que una conocida puede tener un tumor maligno y que los servicios de obstetricia le han dado más de un mes de plazo para hacerle unas pruebas determinantes. Espero por su bien que dichas pruebas arrojen un diagnóstico favorable, pero en caso contrario la operación debería ser inminente. Supongamos que en la lista de espera también se encuentra una joven que al límite de las catorce semanas de plazo legal ha decidido abortar. ¿Cómo se decide la prioridad? Una oscura maquinaria burocrática se sitúa en el lugar de los dioses para decidir sobre la vida o la muerte. Si se inclina por la vida, esto es, procede a la extracción del tumor, resulta que la vida despliega todo su poder de creación y la apuesta es doble, pues la vida del adulto supone que la joven ya no podrá abortar dentro del plazo legal y por tanto el nonato verá la luz con probabilidad de poder reproducirse en el futuro. Por el contrario, si la decisión es la muerte, en este caso una potencia oscura desarrolla todo su maléfico poder de destrucción, el nasciturus dejará de existir, cortando para siempre sus posibilidades de generación, a la vez, por no actuar con la diligencia necesaria en el adulto, quizá el tumor se haya extendido y ya no pueda hacerse nada para salvar su vida (*)

En tiempos, las señoritas de buena familia españolas eran enviadas a Londres para corregir devaneos con consecuencias no deseadas. Hace tiempo que cambió el asunto, hoy es España la que recibe muchachas de toda Europa que, ante una de las legislaciones más libres del mundo, deciden abortar aquí. No menos de setenta mil abortos se practican anualmente en España, dando lugar a un siniestro turismo de muerte que proporciona pingües beneficios.

En otro orden de cosas, España es el segundo país del mundo en número de adopciones en el extranjero, después de EE. UU., si tratamos cifras absolutas, y el primero, si nos atenemos a cifras relativas contando con el número de habitantes. Las parejas españolas son capaces de atravesar selvas, escalar montañas, sortear un piélago de legislaciones y autoridades arbitrarias, si no corruptas, para llegar hasta un niño susceptible de ser adoptado.

Como no soy ni biólogo, ni médico, ni moralista, no emito juicios, me limito a ser un observador perplejo de una realidad que se me antoja desconcertante. Lo único que puedo hacer es mostrar mi extrañeza ante una sociedad que acepta estos hechos sin formular ninguna pregunta. Recuerden que decía en un anterior artículo que contestaciones sí que obtenía, lo que no encontraba era a qué preguntas se referían. Esta es una sociedad que no pregunta, que se limita a aceptar muchas cosas como hechos consumados sin inquirir el porqué. Nuestros gobernantes encuentran soluciones para problemas que nadie o solo una minoría plantea y esperan que los auténticos problemas, aquellos que afectan en menor o mayor medida a una abrumadora mayoría, se resuelvan solos. Una sociedad que no plantea preguntas o es perfecta o es de esclavos.

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(*) Mi ingenuidad es limitada y se que este supuesto no llegará a producirse: el enfermo de cáncer tendrá que esperar su turno, en cambio la joven será derivada rápidamente a una clínica privada para practicarle la intervención. ¿Se llegará a saber la cantidad de dinero que genera esta próspera actividad abortiva?
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miércoles, 7 de julio de 2010

EN LA TRASNOCHADA 28 (María Jesús Mayoral Roche)

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Villamayor de Gállego, 5 de julio de 2010

En la trasnochada continúo con las imágenes del Orgullo Gay pegadas en la retina. No es que me escandalice ver todo ese desfile de carnes: flojas, prietas, mórbidas, flácidas, celulíticas, musculosas… En fin, es lo que hay. Vivimos en la era del despelote, todo el quisqui se despelota. Se despelotan los ciclistas, los anti taurinos, los bomberos, los de la tercera edad… Algunos lo hacen por una buena causa, otros por… por exhibicionismo puro y duro, en cualquier caso exhibicionismo: enseñar, mostrar, presumir de. A decir verdad, los españoles deberíamos haber evolucionado. ¿Recuerdan aquel sarampión pornográfico en plena Transición? Pues bien mirado seguimos en las mismas, sólo que ahora no lo hacen las actrices por exigencias del guión; ahora lo hace el pueblo llano para manifestarse, para nada. Se ha dejado a un lado la pancarta para mostrar un cuerpo reivindicativo. No entiendo ni comprendo que mostrar un cuerpo desnudo, algo que debería ser tan natural, se convierta en algo subversivo. Para mí no tiene sentido, salvo de exhibirse. Y es que para despelotarse no hay que pensar; si fuese necesario pensar la cosa cambiaría.

Cuanto más vivamos más veremos, dice mi madre. Hay algunos que no ven más allá de sus narices y no me estoy refiriendo a los invidentes. La causa de la falta de visión en las personas videntes es la ceguera existencial, un mal común que aqueja a la gente que no desarrolla, que no piensa, que no evoluciona. La ceguera. Se han escrito muchos tratados sobre ella, pero no la comprendemos y quienes menos la comprendemos somos los que vemos.

En mi época madrileña trabajaba en la Calle Prim, frente a la sede de la ONCE. Todos los días veía a mucha gente invidente acercarse por allí, me llamaba la atención lo jóvenes que eran algunos: unos llevaban bastón, otros se acompañaban de sus perros lazarillos. Ver al perro guiando a su amo a la boca del metro me encogía un poco el alma. Y pensaba cómo puede valerse una persona en la oscuridad. Si para mí,  que veía, coger el metro era un obstáculo, me preguntaba cómo sería para un ciego la tarea de meterse en aquel hormiguero. Los admiraba. También admiraba al ciego que cantaba los números de los cupones en la estación de Moncloa, que con su voz de barítono convocaba a los usuarios para venderles estampas para que la diosa Fortuna les asistiera. Tenía buen humor y cantaba. Las señoras lo rodeaban para alabarle la voz y de paso comprarle un boleto. El tenía buenas palabras y bromas para todas. Un día una de ellas, muy emocionada, le comentó: Hoy hace veinticinco años que me casé. Él, muy socarrón, se lo puso en bandeja: Que cumplas muchos más. Ella se apresuró a decir: Y tú que lo ve… Él soltó una sonora carcajada: ¡Dilo, dilo! Y tú que lo veas. ¡Ojalá lo viese! El ciego sintió que la mujer se había quedado cortada y riendo a mandíbula batiente le dio ánimo: No te preocupes, mujer. Es lo que se dice siempre y bien dicho está.

Ciudades sin barreras. Está bien tener en cuenta a los discapacitados a la hora de hacer proyectos para las ciudades que quieren renovarse, está bien facilitarles los accesos, quitar escaleras, quitar obstáculos. Es más, esto no tiene ningún mérito, pues de paso nos beneficiamos todos. Pero hay algo que los ciegos existenciales hacemos continuamente: poner barreras. Hacemos ciudades sin barreras para luego ponerlas nosotros mismos, con nuestras propias manos. ¿A qué viene esto? Pues viene a cuenta de que en la sede de la ONCE en la madrileña Calle Prim, los coches y furgonetas los aparcaban en doble fila. ¿Se pueden figurar Vds. lo que tiene que hacer un ciego para cruzar la calle? Recuerdo que un día vi a uno desesperado, desorientado por completo, tal era su cabreo que daba bastonazos al aire. Crucé la calle para ver qué pasaba, lo encontré detrás de una furgoneta intentando seguir adelante, dando bastonazos a diestro y siniestro sin saber cómo seguir. No hace mucho, aquí en Zaragoza, me encontré con una ciega que estando en un paso cebra quería cruzar la calle y un coche mal aparcado se lo impedía. ¿Quieres pasar? Le pregunté. Ella me contestó enfadada y con chispa: Han puesto un coche en el paso cebra y no puedo pasar, además, si no me equivoco me parece que es de la Policía Municipal. Yo no me daba cuenta de la hazaña, pero la mujer estaba en lo cierto. ¿Qué hace un coche de la policía aparcado en un paso cebra? Le respondí que estaba en lo cierto y me dijo: Lo mismo lo denunció. Me eché a reír y me pidió que la cruzara a la otra calle. Riéndome le dije: A tu izquierda tienes a los municipales.

Y esta trasnochada con las imágenes del Orgullo Gay pegadas en la retina, viendo a tanto ciego existencial, me acuerdo de los que viven en la oscuridad.


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