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DE MI PRESUNTO PLAGIO, 2ª PARTE
En Villamayor de Gállego, 23 de enero de 2012
Al hilo de mi trasnochada anterior, sigo con la historia de mi presunto plagio. Después de mi amarga primavera y culminado un verano lleno imágenes maravillosas, me enfrenté a la cruda realidad. Una realidad dolorosa, ya que presagiaba que aquel presunto plagio iba a ser el final de mi sueño literario, como así ha sido y sigue siendo.
En octubre me entrevisté con la jefa de la agencia literaria: se dignaron a recibirme con el fin de comprobar el alcance de la presunta fechoría. Me abrió la puerta la “chica” -vamos a llamarla así- que me había atendido por teléfono durante todo este tiempo y que yo ya conocía; su cara era la de un funeral de tercera. Sin muchos preámbulos me dijo: Ahora sale Fulanita -llamaremos así a la dueña de la agencia. Apareció Fulanita en el salón con aire de dignidad contrariada, me saludó, se acomodó frente a mí y yo le mostré las páginas en las que había hecho un minucioso estudio comparado, columna a columna, con lo mío y lo de X de Tal Superventas. Leer la primera página le hirió la vista, hojeó por encima el resto y como si le quemaran en las manos dejó los papeles sobre la mesa con mucho cuidado. ¿Y…? - le inquirí. Era evidente lo que había, asintió pero no se desmarcó. A continuación, viendo que la “chica” se acercaba le tendió las hojas para que las ojera y las volvió a depositar sobre la mesa. Fulanita le echó una mirada de soslayo a la “chica” y la chica bajó avergonzada la mirada. Visto lo visto, se quitaron el mochuelo de encima situándose ante una presunta denuncia. Bueno, a nosotras si nos llaman, podemos decir que hemos pasado tus novelas a las editoriales –dijo Fulanita sacudiéndose el muerto. Viendo que yo sabía algunas cosas, Fulanita cogió un Post-it y escribió un nombre y unos apellidos. Yo sabía que no iba a sacar nada de aquella entrevista; pero quería que vieran la chapuza y el alcance que podía llegar a tener, quería que se vieran descubiertas. Pude apreciar que mi presencia les era molesta y que querían que saliera de allí cuanto antes. Me despedí cabizbaja, pero ellas se quedaron inquietas: muchas miradas de soslayo y en especial pude apreciar una de recriminación de dueña a sierva con bajada de cabeza en señal de sometimiento. Esta es mi vivencia, yo no puedo acusar a nadie; pero aquella agencia, los hechos y la entrevista me dejaron y dejan una seria duda respecto a todo lo ocurrido.
Visto lo visto, salí de allí para encaminarme a la editorial, la llamaremos Imperio. Pensé que no me iba a ser fácil que alguien pudiera recibirme, pero me aventuré. A la entrada tenía que decir dónde iba. La señora que estaba para dar entrada a los visitantes, era una mujer saludable y con buen humor. El Imperio a esas horas y en aquel día era un hervidero: regresaban todos con prisa de la Feria de Frankfurt. Me dio la entrada sin problemas y me dijo donde tenía que dirigirme. Ya en la planta, pregunté y me presenté a Fulanito Director de Derechos de Autor y con Fulanita una Editora Ejecutiva de tantas; dos jóvenes muy preparados y agresivos, que seguramente no leerán ni dos novelas al año. Me parecieron meros gestores, vendedores de papel con tinta. Fulanito de Derechos de Autor me dijo que historias como la mía tenía unas cuantas encima de la mesa y que estaba harto: intentaba sacarme las uñas. Pude comprobar que estos dos jóvenes, además de estar muy bien preparados, tenían también capacidad para decir más de alguna idiotez seguida. Por ejemplo, Fulanita Editora Ejecutiva me dijo, con muchas ínfulas, que la X de tal Superventas les mandaba sus novelas escritas a mano. Bueno le gustará hacer caligrafía para justificar de alguna manera que la novela la ha escrito ella -me dije para mis adentros. A esa tontería, la Fulanita Editora Ejecutiva añadió otra, como que la X de tal Superventas tenía castaños de Indias en el jardín de su casa. Le estuve por decir que yo tenía en el mío un níspero y una novela titulada Los Castaños de Indias, pero preferí callarme. Finalmente, estimando como les dije, que yo no quería meter el brazo por la manga a nadie y que no necesitaba de la escritura para vivir bien, me dijeron que querían ver los estudios que había hecho. Les dije que primero tenía que llamar por teléfono a mi abogado. Ahí las cosas se pusieron muy serias. Al darme consentimiento mi abogado, los dos ejecutivos del Imperio leyeron con interés mis escritos y me pidieron que los dejara para poder estudiarlos con su equipo. Accedí y se despidieron de mí, debo decir, encantadoramente.
Aquí termina la segunda parte de mi presunto plagio. (Continuará….)
Y para que no os suene a ciencia ficción lo que os he contado, os voy a dejar dos enlaces. Uno es un artículo relativo al plagio de Cela y en qué momento se encuentra, pues aún no se ha dicho la última palabra; el otro es un audio, una entrevista muy interesante que se hizo en el programa El Planeta de los Libros al abogado e hijo de Carmen Formoso, escritora y víctima del plagio de Cela. En dicho programa también expone su caso un escritor plagiado, un testimonio impresionante; al menos para mí que no lo conocía.

Su manuscrito es bueno y original, pero la parte que es buena no es original y la que es original no es buena.
ResponderSuprimirSamuel Johnson
He elegido esta cita como comentario de la trasnochada. Me parece muy sabia y curiosa.Puede que encierre una gran verdad,tal y como yo la entiendo. Es posible que algunas de las obras literarias consideradas buenas o reconocidas sean plagios...en todo caso nos estan timando continuamente.Y es que todos los escritores hasta los mas reconocidos se quedan sin ideas.pero esto no implica que tengan que cometer un delito.
Tu historia podria ser la historia de un nuevo libro, No te parece?.Family.
Eso una novela, pero mejor que lo cuente la otra como castigo. Esa sería la novela, el novelón. Pero la que sabe lo que hizo con mis libros, soy yo. Y estas historias, a la corta o a la larga, se acaban sabiendo.
ResponderSuprimirMJM
Un novelón sobre un plagio escrito por una persona que ha cometido plagio...Sería una ironia.Y probablemente también se tratará de otro plagio, el ser humano es el ser que cae dor veces en la misma piedra...family.
ResponderSuprimirYa está en otra fase de la terapia, la de la palabra
ResponderSuprimirContar, contar lo que le sucedió, bien narrado : con las palabras precisas, con claridad, los pensamientos ordenados, los sentimientos identificados es bueno (como lo hace).
Usted sabe dar vida a las palabras
Nos lo recuerda con sus libros, sus queridos libros.
Sabe del mundo luego no espere que todos sientan lo que le ocurrió.
Por ese saber, uno/una tiene que decirlo, contarlo, si hace falta gritarlo, hay que vomitarlo
Está en la linea inclusiva del tiempo de su vida, ¿por qué silenciarlo si a nadie beneficia?.
Vuelva a escribir o le habrá ganado esa gente por doble, triple, múltiple partida. No les dé ese gusto.
L.P.
La Cruz de San Andrés tiene que ser necesariamente un pagio porque es una novela mala. Cela debía ir tieso por esas fechas, pero su nombre vendía, de modo que Lara le prometió el premio a cambio de un original caulquiera que fuese.
ResponderSuprimirCualquier plagio devalúa la idea original, más, cuando el escritor está acabado. Los escritores tienen fases, fases de creación, de plenitud, de madurez y de decadencia; Cela estaba en esta última. Lo importante, para mí, es la idea: lo demás se engorda y lo engorda cualquiera; a veces ni siquiera es el autor el que hace el plagio sino un negro pagado.
ResponderSuprimirEn cuanto a que La Cruz de San andrés es una novela mala, diré, que a mí me la regalaron, que no me gustó en relación con el resto de la obra de Cela que conocía. Sin embargo a mi amiga Carmiña, gallega por los cuatro costados, licencianda en filología francesa por la Sorbona y una erudita por nacimiento y casta, le encantó; le encantó porque era una historia de la Costa da Morte y esa era la idea, lo demás se engorda y cuando se engorda a toda prisa, como fue el caso, por fuerza se pierde todo. Y Cela, para colmo, era un autor lento, muy lento, entonces le puso dos florituras y la firmó sin más.
María Jesús Mayoral
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ResponderSuprimirNo he leído La cruz de san andrés, pero acabo de bajármela y he empezado
por donde empieza... no sé si es buena o mala novela, pero las primeras líneas
son cela, que no digo que las escribiera él, sino que el que las escribió imitó
la escritura de cela... lo cual, complica el presunto plagio.
No creo que cela -pero no pondría la mano en el fuego por él- se aviniera
al plagio en ninguna de sus formas... era demasiado excesivo, demasiado
orgulloso. Aparte de que era un escritor de raza y un gran narcisista.
A ver si transcribo esas primeras líneas:
I
Dramatis personae
AQUÍ, en estos rollos de papel de retrete marca La Condesita, escribiendo con bolígrafo no se corre la tinta verde, ni la azul, ni la roja, no se corre la tinta, aquí en este soporte humildísimo se va a narrar la crónica de un derrumbamiento, ni la mansedumbre ni la fiebre hacen temblar la silueta ni el trasluz de nada, yo aguanto mucho, lo único que pido a Dios es que no me mande todo lo que puedo aguantar, yo soy capaz de aguantar más que un eunuco turco bien alimentado con carne de toro de Karabuk, las patronas de las pensiones de estudiantes dicen papel higiénico, yo sé que nadie es culpable de que nada ni nadie se derrumbe silenciosamente o con estrépito, eso es lo mismo; el gladiador que va a morir saluda al César con un corte de mangas porque también él juega y juzga y se ríe a carcajadas del César y de quienes van a escupir sobre su cadáver, …...
Vosotros mismos.
Gracias
Narciso
Narciso, el plagio no se ve sólo de una parte, hay que ver la otra. No has oído el enlace de audio que he dejado, debes oírlo primero y opinar después. Yo me he leí el libro, me sé muy bien todo lo que ha ocurrido con el caso de Cela y te digo que Cela plagió. Yo, al igual que todo el mundo, no quería creerme que Cela era un copión, pero lo es, está demostrado, han peritado la obra de la Formoso y coincide todo el mundo. Debes escuchar el audio que he dejado de El Planeta de los Libros.
SuprimirCela es un copión con Premio Nobel.
María Jesús Mayoral
Es duro crear algo y que te lo roben por amor al arte. Yo que me sé tu historia te animo a que te pongas en contacto con otras personas de tus mismas circunstancias y lo denuncies, o cuanto menos que lo divulgues a los cuatro vientos. Es una forma de vomitar todo lo que una ha digerido malamente. Un besico guapa.
ResponderSuprimirFelicidad
Gracias Feli, esperemos que los nombres y apellidos de todos estos copiones se puedan escribir en un muro para que la gente se entere de lo que hacen y a lo que se dedican.
SuprimirMaría Jesús
Narciso, el plagio no se ve sólo de una parte, hay que ver la otra. No has oído el enlace de audio que he dejado, debes oírlo primero y opinar después. Yo me he leí el libro, me sé muy bien todo lo que ha ocurrido con el caso de Cela y te digo que Cela plagió. Yo, al igual que todo el mundo, no quería creerme que Cela era un copión, pero lo es, está demostrado, han peritado la obra de la Formoso y coincide todo el mundo. Debes escuchar el audio que he dejado de El Planeta de los Libros.
ResponderSuprimirCela es un copión con Premio Nobel.
María Jesús Mayoral
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ResponderSuprimir-
En un momento dado, Marisa Pascual le pregunta: «¿Qué ocurrió con La cruz de San Andrés?». El nobel la mira a los ojos y dice sin titubear: «Todos cometemos errores en esta vida». Seguidamente apoya el vaso sobre la mesa y continúan conversando sobre diversos asuntos.
«Todo este grotesco cambalache, toda esta canallada la urdieron, presuntamente, la que entonces era directora general de ediciones del Grupo Planeta, Ymelda Navajo, la esposa de Cela, Marina Castaño, la agente literaria Carmen Balcells y el propio Lara», explica Jesús Díaz Formoso. «Y el que transformó la novela de mi madre para convertirla en La cruz de San Andrés fue presumiblemente Mariano Tudela, uno de sus habituales 'negros'». Y añade: «Cela también metió la cuchara, y además muy bien metida, porque tuvo la genialidad de contar, entre líneas, el propio plagio, además de ciscarse en todos los que intervinieron en él».
El abogado de Carmen Formoso se refiere a un párrafo de La cruz de San Andrés escrito por el propio Cela que dice: «En estos rollos del papel higiénico La Condesita se va a narrar la crónica de un derrumbamiento El gladiador que va a morir saluda a César (a la editorial Planeta se lee entre líneas) con un corte de mangas porque también él juega y juzga y se ríe a carcajadas del César y de quienes van a escupir sobre su cadáver, sería espantoso imaginarnos a la humanidad demasiado sumisa, suenan los clarines porque ya empieza la misa negra de la confusión, el solemne acto académico de la más turbia de las confusiones».
María jesús:
Okis, parece que Cela hizo lo que quiso,
como en muchas otras cosas.
Gracias.
Narciso
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Eso es, perfectamente, esa es la dinámica del plagio entre agentes, editorial, negro y autor.
SuprimirHay plagios de primera y de cuarta. El de Cela es de primera, porque va a pasar a la Historia de la Literatura. El mío es de cuarta y de risa, porque a la presunta siempre le han recriminado y le recriminan que nunca ha hecho literatura.
Además el plagio de Cela es un plagio codificado admitiéndolo en el propio libro por el propio Cela. Por supuesto Cela metió la cuchara y lo hizo con su genuino estilo de siempre, se reconoce al primer golpe, en cuanto habla de papel de retrete marca la condesita. Está claro. Pero la idea, la historia de la familia se la apropió y como consecuencia la machacó. Probablemente el original tuviese mucho más valor, más frescura. Apropiarse de una idea con fines lucrativos, trabajar y escribir sobre lo ya escrito, devalúa la obra. Estoy segura. Sin embargo, Cela corona la historia machacada con ese alarde magistral que él hacía del lenguaje. Por eso esa novela es justo la que menos gusta de Cela.
Por supuesto, Cela hizo lo que quiso, como siempre; pero se vendió al mercader como un Judas y como tal, tuvo los suficientes remordimientos como para dejarlo escrito.
Gracias por vuestros comentarios.
María Jesús Mayoral