sábado, 30 de junio de 2012

UNA JOYITA EN SPANGLISH: POLLITO CHICKEN (Ana Lydia Vega)







I really had a wonderful time, dijo Suzie Bermiúdez a su jefe tan pronto puso un spike-heel en la oficina.

San Juan is wonderful, corroboró el jefe con benévola inflexión, reprimiendo ferozmente el deseo de añadir: I wonder why you Spiks don't stay home and enjoy it.

Todo lo cual nos pone en el aprieto de contarles el surprise return de Suzie Bermiúdez a su native land tras diez años de luchas incesantes.

Lo que la decidió fue el breathtaking poster de Fomento que vio en la travel agency del lobby de su building. El breathtaking poster mentado representaba una pareja de beautiful people holding hands en el funicular del Hotel Conquistador. Los beautiful people se veían tan deliriously happy y el mar tan strikingly blue y la puesta de sol --no olvidemos la puesta de sol a la Winston-tastes-good-- la puesta de sol tan shocking pink en la distancia que Susie Bermiúdez, a pesar de que no pasaba por el Barrio a pie ni bajo amenaza de ejecución por la Mafia, a pesar de que prefería mil veces perder un fabulous job antes que poner Puerto Rican en las applications de trabajo y morir de hambre por no coger el Welfare o los food stamps como todos esos lazy, dirty, no-good bums que eran sus compatriotas, Suzie Bermiúdez, repito, sacó todos sus ahorros de secretaria de housing project de negros --que no eran mejores que los New York Puerto Ricans pero por lo menos no eran New York Puerto Ricans-- y abordó un 747 en raudo y uninterrupted flight hasta San Juan.

Al llegar, se sintió all of a sudden como un frankfurter girando dócilmente en un horno de cristal. Le faltó aire y tuvo que desperately hold on a la imagen del breathtaking poster para no echar a correr hacia el avión. La visión de aquella vociferante crowd disfrazada de colores aullantes y coronada por kilómetros de hair rollers la obligó a preguntarse si no era preferible coger un bus o algo por el estilo y refugiarse en los loving arms de su Grandma en el countryside de Lares. Pero on second thought se dijo que ya había hecho reservations en el Conquistador y que Grandma bastante bitchy que había sido after all con ella y Mother diez años ago. Por eso Dad nunca había querido ---además de que Grandma no podía verlo ni en pintura porque tenía el pelo kinky-- casarse con Mother, por no cargar con la cruz de Grandma, siempre enferma con headaches y espasmos y athlete's foot y rheumatic fever y golondrinos all over y mil other dolamas. Por eso fue también que Mother se había llevado a Suzie para New York y thank God, porque de haberse quedado en Lares, la pobre Mother se hubiera muerto antes de lo que se murió allá en el Bronx y de algo seguramente worse.

Suzie Bermiúdez se montó en el station-wagon del Hotel Conquistador que estaba cundido de full-blood, flower-shirted, Bermuda-Shorted Continentals con Polaroid cameras colgando del cueIlo. Y--sería porque el station-wagon era air-conditioned-- se sintió como si estuviera bailando un fox-trot en la azotea del Empire State Building.

Pensó con cierto amusement en lo que hubiese sido de ella si a Mother no se le ocurre la brilliant idea de emigrar. Se hubiera casado con algún drunken bastard de billar, de esos que nacen con la caneca incrustada en la mano y encierran a la fat ugly housewife en la casa con diez screaming kids entre los cellulitic muslos mientras ellos hacen pretty-body y le aplanan la calle a cualquier shameless bitch. No, thanks. Cuando Suzie Bermiúdez se casara porque maybe se casaría para pagar menos income tax-- sería con un straight All American, Republican, church-going, Wall-Street businessman, como su jefe Mister Bumper porque ésos sí que son good husbands y tratan a sus mujeres como real ladies criadas con el manual de Amy Vanderbilt y todo.

Por el camino observó nevertheless la transformación de Puerto Rico. Le pareció very encouraging aquella proliferación de urbanizaciones, fábricas, condominios, carreteras y shopping centers. Y todavía esos filthy, no-good Communist terrorists se atrevían a hablar de independencia. A ella sí que no le iban hacer swallow esa crap. Con lo atrasada y underdeveloped que ella había dejado esa isla diez años ago. Aprender a hablar good English, a recoger el trash que tiraban como savages en las calles y a comportarse como decent people era lo que tenían que hacer y dejarse de tanto fuss.

El Conquistador se le apareció como un castillo de los Middle Ages surgido de las olas. Era just what she had always dreamed about. Su intempestivo one-week leave comenzó a cobrar sentido ante esa ravishing view. Tan pronto hizo todos los arrangements de rigor, Suzie se precipitó hacia su de luxe suite para ponerse el sexy polkadot bikini que había comprado en Gimbers especialmente para esta fantastic occasion. Se pasó un peine por los cabellos teñidos de Wild Auburn y desrizados con Curl-free, se pintó los labios de Bicentennial Red para acentuar la blancura de los dientes y se frotó una gota de Evening in the South Seas detrás de cada oreja.

Minutos después, sufrió su primer down cuando le informaron que el funicular estaba out of order. Tendría que substituir la white-sanded, palm-lined beach por el pentagonal swimming pool, abortando así su exciting sueño del breathtaking poster.

Mas

--Such is life

se dijo Suzie y alquiló una chaise-longue a orillas del pentagonal swimming pool just beside the bar. El mozo le sirvió al instante un typical drink llamado piña colada que la sorprendió very positively. Ella pertenecía a la generación del maví y el guarapo que no eran precisamente what she would call sus typical drinks favoritos.

Alrededor del pentagonal swimming pool abundaba, por sobre los full-blood Americans, la fauna local. Un altoparlante difundía meliflua Music from the Tropics, cantada por un crooner de quivering voice y disgusting goleta English, mientras los atléticos Latin specimens modelaban sus biceps en el trampolín. Suzie Bermiúdez buscó en vano un rostro pecoso, un rubicundo crew-cut hacia el cual dirigir sus batientes eyelashes. Unfortunately, el grupo era predominantly senil, compuesto de Middle-class, Suburban Americans estrenando su primer cheque del Social Security.

--Ujté ej pueltorriqueña, ¿noveldá?

preguntó un awful hombrecito de no más de three feet de alto, emborujado como un guineo niño en un imitation Pierre Cardin mini-suit.

--Sorry

murmuró Suzie con magna indiferencia. Y poniéndose los sunglasses, abrió el bestseller de turno en la página exacta en que el negro haitiano hipnotizaba a su víctima blanca para efectuar unos primitive Voodoo rites sobre su naked body.

Tres piñas coladas later y post violación de la protagonista del best-seller, Suzie no tuvo más remedio que comenzar a inspeccionar los native specimens con el rabo del ojo. Y --sería seguramente porque el poolside no era air-conditioned-- fue así que nuestra heroína realized que los looks del bartender calentaban más que el sol de las three o'clock sobre un techo de zinc.

Cada vez que los turgent breasts de Suzie amenazaban con brotar como dos toronjas maduras del bikini-bra, al hombre se le querían salir los eyeballs de la cara. Hubo como un subtle espadeo de looks antes de que la tímida y ladylike New York housing project secretary se atreviese a posar la vista en los hairs del tarzánico pecho. In the meantime, los ojos del bartender descendían one-way elevators hacia parajes más fértiles y frondosos. Y Suzie Bermiúdez sintió que la empujaban fatalmente, a la hora del más febril rush, hacia un sudoroso, maloliente y alborotoso streetcar named desire.

Tan confused quedó la blushing young lady tras este discovery que, recogiendo su Coppertone suntan oil, su beach towel y su terry-cloth bata, huyó desperately hacia el de luxe suite y se cobijó bajo los refreshing mauve bedsheets de su cama queen size.

Oh my God, murmuró, sonrojándose como una frozen strawberry al sentir que sus platinum-frosted fingernails buscaban, independientemente de su voluntad, el teléfono. Y con su mejor falsetto de executive secretary y la cabeza girándole como desbocado merry-go-round, dijo:

--This is Miss Bermiúdez, room 306. Could you give me the bar, please?

--May I help you?

inquirió una virile baritone voz con acento digno de Comisionado Residente en Washington.

Esa misma noche, el bartender confesó a sus buddies hangueadores de lobby que:

La tipa del 306 no se sabe si es gringa o pueltorra, bródel. Pide room service en inglés legal pero, cuando la pongo a gozal, abre la boca a grital en boricua.

--Y ¿qué dice?,


respondió cual coro de salsa su fan club de ávidos aspirantes a tumbagringas.

Entonces el admirado mamitólogo narró cómo, en el preciso instante en que las platinum-frosted fingernails se incrustaban passionately en su afro, desde los skyscrapers inalcanzables de un intra-uterine orgasm, los half-opened lips de Suzie Bermiúdez producían el sonoro mugido ancestral de:

--¡VIVA PUELTO RICO LIBREEEEEEEEEEEEEEEE!



 


Ana Lydia Vega
En: Vega, Ana Lydia y Carmen Lugo Filippi.
Vírgenes y mártires.
Río Piedras, Puerto Rico:
Editorial Antillana, 1994.
[pp. 73-80]), 5ª edic. [1977] .




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Más spanglish



viernes, 29 de junio de 2012

EL RITMO (Ángel Ferrer)



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No sé cuál es 
el ritmo ideal, pues quizás
haya una velocidad poeta
o hay que ir, dos pasos por detrás 
del propio ser, mientras éste hace fartlek
contándolos con cuidado
para no caer juntos.

En mi caso siempre me he mantenido
en pie, mirando las heridas.


Voluntad, sin recipiente ni sujeción.






Ángel Ferrer

jueves, 28 de junio de 2012

ETERNO FEMENINO (Juan Serrano)

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"Sabía que la forma que tenía Picasso de quitarse
de encima una mujer tras otra, era pintarlas"
 (Françoisse Gilot)
 
 

El pintor, un obsesivo. Siempre dale que dale con lo mismo. Un autista que se siente seguro embebido en su automatismo circular y rítmico. Hoy quiero quitarle al pintor de sus manos la brocha de sus flores cacofónicas, los azules de sus demoiselles repetidas; y se pone como un basilisco, como si yo quisiera arrancarle de la carne su virilidad arrogante. Y me dice:
 
La base de mi estabilidad emocional consiste en pintar siempre el eterno femenino. ¡Mira el sol, la luna, si no caminaran por sus coordenadas de siempre! ¿qué sería de nosostros?

El pintor se siente perdido si no echa todos los días hacia su estudio del bulevar de Clichy por el mismo callejón del Humo. Siempre pintando a sus amantes, sus viudas, la bravura de su toro dolorido. Y le pregunto:
¿Por qué esta manía tuya de hacer siempre el mismo recorrido, de pintar los mismos senos, el mismo busto, el mismo pelo, el mismo ombligo?
El pintor, como si yo le hubiera puesto en bandeja su respuesta, animado me contesta:
Hasta que no vea en mi tela empapada cómo se desbordan de leche los pechos de mis mujeres, no pararé de pintarlas.



Juan Serrano
(En el blog
Blao
13 octubre 2013)




miércoles, 27 de junio de 2012

BALCONCILLOS, 18 (Narciso de Alfonso)

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Si tu vida ha sido plana hasta el día de hoy, puede que el relieve te aceche en estos balconcillos, de clima suave y ambiente ameno. Puedes hacer las trampas que quieras con el tiempo, pero tus días están contados. ¿Tienes grietas cuando sales a la calle o las cejas crecidas de tanto llorar? ¿puedes mirar al destino directamente a los ojos? ¿está tu vida desecha en una raya de la noche, en ese vidrio que sangra en la ventana? Según lo que hayas respondido a estas sucias y precipitadas preguntas, tendrás que hacer un cursillo acelerado de genuflexión, ay.

Sube a uno de los balconcillos más altos, si quieres, desde el que verás girar las turbinas del crepúsculo. Sentirás la atmósfera estancada (y ligeramente teñida de rosa y de azul), verás el espacio puro donde las flores se abren interminablemente y donde se pueden contar hasta los caracoles en la hierba.

Bien, vamos allá, si te parece, que en la embajada se están poniendo nerviosos. En primer lugar, ¿eres como nosotros? ¿tienes suturas, cicatrices que muestren que has perdido algo? Parece ser que hay un error general, humano, cuyo ángulo no conocemos: eso es precisamente lo que más nos interesa, y tenemos que saber si tú has venido solamente a añadir las trivialidades de tu vida al (ya considerable) dolor de las nuestras. Los demás, que se apañen con la nómina o la falta de nómina, con el vídeo, la coca o la esperanza.

Algunos opinan que la vida es un viaje experimental hecho involuntariamente o que somos algo que sucede en el descanso de un espectáculo –por decirlo así-, una forma de estar en las cosas que no nos quieren o, quizá, como ratones que volvieran de algún infinito que desconocen. Estas explicaciones tienen la suficiente claridad y, también, la deliciosa oscuridad de la armonía, pero demasiada herrumbre, querido, demasiada herrumbre.

Lo que nos importa es poner huevos en el tiempo y no en la eternidad, y no estamos dispuestos a seguir jugando al cierraojos y ábrelos. Don roberto dice que el amor empieza cuando se rompen los dedos. Parece (sólo parece) que los árboles tratan de decirnos quiénes somos. Pero no sabemos ni siquiera a qué hora vendrán con nuestro retrato, ¿nos reconoceremos sin lo que nos sobra? Cuando el aire tiene sabor a tiempo, las fronteras no están lejos, ay.

Sube, si quieres, cuando quieras, a estos amenos y hermosos balconcillos y no te dejes intimidar, por lo menos de inmediato, por lo que oigas o dejes de oír. Mira las suaves laderas del crepúsculo dorado que está virando a negro. Si has estado anudado y te han desanudado con prisa o con violencia y te has quedado (como) depositado en nódulos y silencioso hasta la maldición, entonces ya sabes cómo anuda el amor, cómo alienta sobre el vinagre hasta volverlo azul. Después, más tarde, tal vez, cuando la luz regresa, ya no sabemos ni qué queríamos ser: hasta entonces, habíamos estado siempre atados de amor, sin amor, muertos, respirando un barro cansado, escondidos en sitios negros y dulces, tal vez ocultando los clavos, ay.

Sube y asómate aunque no seas el padre de la jirafilla, aunque no seas el padre de las tórtolas ni de los geranios, aunque no hayas contado los caracoles. Pero no te entretengas (demasiado) oliendo cómo el perfume se separa de las flores y emprende el viaje: si te descuidas, enseguida te meterán en unas meninas, montando caballos muertos, sí, tal como dijo el poeta inglés, tumbado en la hierba, de los tres segadores: un cuarto está segando, y ése soy yo.

Si no te mojas, si no te empeñas, si no te pones firme y serio y exigente, no verás nada preciso: una polvareda que pasa, una nubecilla rosada y tonta. Podrás decir: miraban, no miraban, y distantes distantes. O: me acuerdo de árboles (muy) altos. O: algunas cosas hacían sombra al moverse o al no moverse. O: había algunas columnas rotas y cisnes serios como hombres.

En súmula y ultimidad, una de tus manos se habrá quedado vacía y nunca sabrás cuál de las dos.



Narciso de Alfonso


martes, 26 de junio de 2012

EL AMIGO DE RAFAEL (Antonio Envid Miñana)

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La visita de la exposición que el museo de El Prado dedica a Rafael me ha deparado dos gratas sorpresas. La primera es el descubrimiento de un pintor que hasta ahora me había pasado bastante desapercibido: el amigo de Rafael, Giulio Romano; la segunda, la riqueza de cuadros de Rafael que posee el museo madrileño. Aparte, claro está, del placer de contemplar el despliegue de obras del pintor de Urbino y de sus discípulos, que raramente podrán contemplarse juntas como ahora.

La fama que le deparó a Rafael la decoración de las estancias vaticanas del papa Julio II le acarreó numerosos encargos. Para cumplirlos, Rafael se valió de un nutrido taller, en el que se encontraban sus dos mejores discípulos, Giulio Romano y Gianfrancesco Penni, ambos grandes pintores, hasta el punto de que a los especialistas les cuesta trabajo diferenciar sus obras de los del maestro, y, sobre todo, en aquellas en las que colaboraron, separar el trabajo de cada uno. Pero el discípulo predilecto fue, sin duda, Romano. En la exposición se muestra un retrato del propio Rafael posando protector su mano sobre el hombro de su amigo Giulio Romano. Discípulo y maestro debieron de profesarse auténtica amistad, cosa rara en la convivencia de dos artistas de excepcional genio, que siempre suscita roces y envidias. Para mí este cuadro es uno de los más sugerentes de la colección, pues, tras haber disfrutado de las pinturas de ambos pintores, verdaderas obras maestras, hacia el final de la exposición te encuentras con este extraordinario retrato de los dos amigos, un hermoso canto a la amistad, en el que se respira el cariño entre dos artistas de indudable talento. En él Rafael presenta a su camarada como diciendo: aquí tenéis a un gran pintor, os lo digo yo, que entiendo de esto; y a Giulio que se vuelve hacia su maestro agradecido y dirige su mano al espectador como si apostillara: este elogio es nada menos que del gran Rafael. La posición zaguera de Rafael, dando protagonismo a su amigo, el escorzo de éste y la llamada al espectador dotan al cuadro de gran dinamismo, que compensa la sobriedad de sus colores.

Giulio Romano fue un gran artista, de dibujo perfecto, de espléndido colorido, dominando la técnica aprendida de un gran maestro, pero representa la frustración de quien teniendo talento, poniendo todo el esfuerzo y no ahorrando trabajo no llega a alcanzar la sublimidad de Rafael. Sus cuadros son de una gran calidad, pero les falta esa inefable gracia con la que están tocados los cuadros de Rafael. Pudiera ser el amor que pone el de Urbino en sus madonas y sobre todo en sus niños, lo que les provee de esa aura especial. Yo creo que hasta Rafael nadie supo recoger con sus pinceles la delicadeza de un niño, y después de él, casi ninguno, a no ser Goya. Quizá, solo sea ese estado de gracia que los dioses otorgan a sus elegidos. Pessoa advirtió de que los elegidos de los dioses mueren jóvenes y Rafael murió a los 37 años.

Las obras de la exposición proceden de varias fuentes, pero mayoritariamente de los museos de El Louvre y de El Prado, y la segunda sorpresa es la gran calidad y suficiente cantidad de obras de Rafael que posee nuestra madrileña pinacoteca, producto del fino gusto para el arte de la pintura de nuestros reyes de la casa de Austria, quienes, dominando el reino de Nápoles y ejerciendo una gran influencia en las cortes de los pequeños estados italianos, se hicieron con alguna de las mejores obras del maestro.
Antonio Envid



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Si quieren contemplar los grandes frescos de Rafael no tendrán más remedio que ir al Vaticano, pero algunas de sus más selectas obras de caballete se hallan en nuestro museo de el Prado  (aparte de las que están, justo es reconocerlo, en El Louvre).     Antonio Envid

lunes, 25 de junio de 2012

CRÓNICA AL SOL (Por Azulenca)

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MJM



Hay días en los que me levanto y me siento rodeada de idiotas, cuando le comento los síntomas a mi madre siempre me responde lo mismo: En eso has salido a tu padre, a él le pasa también. Conclusión: lo mío es genético. Y es que librar batallas sin victorias, ni siquiera pírricas, agota; tener varios frentes abiertos sin posibilidad de avance aburre hasta el hastío. Semanas como la pasada dejan cao a cualquiera.

La alcaldesa no apta para alcohólicos y ahora ya no apta para gente que se ducha todos los días, ha tenido una idea genial: los domingos en Madrid no se recogerá la basura. Con esta medida pretende ahorrar. Como decía un famoso emperador romano, el dinero no huele. El dinero no huele pero la basura en verano y en fin de semana ya veremos. Esto de ahorrar a base de acumular basura no sé yo… Así se empieza y se acaba agarrando un síndrome de Diógenes en condiciones. 

Al juez Dívar le han dado la puntilla y se la ha dado entre otros el juez Gómez Benítez, pues como todo suena a taurino le llamaremos a dicho juez El Cordobés. Ahora sólo nos falta que este juez se ponga a hacernos la rana. Todo se andará.

Mariano acudió a México para participar en el G-20. Hubiese estado bien que aprovechado la ocasión le hubiese cantado a la káiser Shrek Merkel esa ranchera tan bonita que dice: Yo sé bien que estoy afuera, pero el día en que yo me… Yo creo que Ángela hasta la habría entendido, lo digo por lo de estar afuera; y con lo romántica que la pone Mariano lo mismo hasta nos hubiese soltado más pasta.

Hay tribunales y tribunales. En una crónica hablé de la Sharia Islámica, pero los españoles también tenemos historia a la hora de dar escarmientos ejemplares, no a base de tajos o pedradas; sino a base de leña y fuego, debe ser que nos gusta más la tortura a l ‘ast. Lo digo por la última del Tribunal Constitucional. No voy a entrar en pormenores, porque la cosa tiende a mayores. Yo creo que después de la legalización de Sortu, ese partido con nombre de parásito antropófago; si ETA vuelve a asesinar, lo mismo habría que reconvertir el Tribunal Constitucional en uno del Santo Oficio expresamente para juzgar a políticos con poca sesera. Y es que me temo que después del gran paso adelante que ha dado Sortu, lo mismo le atizan una indemnización económica con carácter retroactivo. Puestos ya… Cuanto más vivamos más veremos. Esto de tener políticos con ideas masticables traerá consecuencias. Ejemplo de políticos con ideas masticables Mariano y su comparsa, donde dije digo… De seguir así los del P.P van a acabar tragándose su ideario, programa y promesas electorales. Es la única forma de que no quede ni rastro de su programa electoral.

Después de la legalización ha venido la comunicación, las opiniones de Erkoreka, por ejemplo. Todo comentario respecto a Sortu, salido de la boca de este hombre con pinta de metodista vendedor de biblias, no deja de ser inquietante. De todas formas y a la marcha que van lo mismo les sale más económico el próximo Lehendakari, lo digo por aquello de hablar euskera. Si todo sigue su curso normal, tal y como va la cosa, vaticino un Lehendakari con chapela o flequillo al cero, según manda el estilismo abertzale. Y es que este Patxi les está costando una pasta gansa, con lo que pagan al profesor de euskera de López podrían vivir tres familias holgadamente.

Ha llegado el verano, el solsticio de verano como dicen ahora; época en la que más prolifera la carne tendida al sol.

El sábado al Auditorio. Il Trovatore. Una producción del Auditorio de Zaragoza, el Conservatorio de Zaragoza y la Escuela de Canto de Nápoles. Bien está que se promuevan espectáculos como éste. A mí, personalmente, me encantó.



Azulenca



 

domingo, 24 de junio de 2012

AUTOINDUCCIÓN DEL SER (Ángel Ferrer)




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La rueda está girando
he nacido en su interior
y abrumado
me siento al fondo
sin saber dónde me encuentro

Su inercia me levanta
sin mi voluntad
hasta colocarme en su centro

Me adelanto y empujo
como el pedaleo en movimiento
y entro y salgo de ella
sin la sensación
de que cambio de ritmo



Ya estoy sincronizado







Ángel Ferrer


sábado, 23 de junio de 2012

BOCAS Y PARLAMENTOS AUTONÓMICOS (Servando Gotor)

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Se propone Esperanza Aguirre (o más bien "dice que se propone") reducir drásticamente el parlamento madrileño y algunos -no sé si muchos pero no pocos- miran al resto de las autonomías para que la imiten.


Bueno, pues a mí no me parece bien que se reduzcan los parlamentos autonómicos. Mejor: me importa un bledo que se reduzcan porque el derroche económico sigue siendo absurdo cuando no contraproducente desde una perspectiva estrictamente democrática.  Yo, por lo que abogo, desde que el estado de las autonomías existe es, sencillamente, porque los parlamentarios no cobren.  Por si alguien lo ha olvidado, se empezó así: el cargo de diputado aragonés -por ejemplo- no era retribuído.


De modo que huelgan cábalas sobre el número de parlamentarios locales.  Basta con que no cobren. Luego ya se plantearán si conviene reducir el número de diputados (que seguramente convendrá porque los equipos resultan más operativos con menor número de miembros).


Ahora bien, aclaro, tampoco les exijo que parlamenteen más que lo justo.  Bastaría con un par de plenos al año.   Que aquí todo lo hacemos a lo bestia: aeropuertos, universidades, cadenas de radio y televisión, parlamentos y oficinas diplomáticas.


Legislar en España lo que se está legislando es antidemocrático porque atenta a la seguridad jurídica y con ella al estado de Derecho, por lo que resulta imprescindible cortar por lo sano.  Nunca debimos llegar a esto. Y aún urge más actualmente por la situación económica que, además, no permite seguir con chorreos económicos similares (y no me hablen del famoso "loro", que  harto de chocolatinas más parece   avestruz torpe y gordinflón).  Que aquí todo lo arreglamos subiendo impuestos con lo que estos inciden en los precios y los precios en el consumo, el consumo en la producción y la producción en el empleo. Ya está bien.


Pero, no: los gobiernos (incluido el actual) van contra los ciudadanos, contra los pensionistas y contra los funcionarios.  Los políticos conservan sus puestos absurdos, nocivos e inoperantes a precio de oro.  Y no puedo dejar de recordar a un político imbécil de los de aquí (comunista para mayor contradicción), que decía que no se quitaba la escolta o el chófer (o ambas cosas, no recuerdo) porque contribuía con ello al empleo.  Bueno, pues por el mismo demencial razonamiento, mejor haría dotándose de un buen servicio doméstico en su casa, mayordomo incluído, y  hasta un buen palafrenero de los de antes.  No se puede ser más estúpido (ni más sinvergüenza).


Volviendo a los parlamentos autonómicos: durante el franquismo se reivindicaba autonomía para evitar el centralismo atroz de Madrid.  Era una cuestión, sobre todo, de gobierno, de descentralización de gobierno y de cuidado y fomento de las cosas genuinamente propias: de idiosincrasia.  Pero jamás se hizo de ello bandera ni una reivindicación legislativa, menos aún independentista salvo, claro está,  por las minorías nacionalistas extremas.  Y hacia ese independentismo nos han venido  arrastrando indefectiblemente aquellas minorías: hacia un independentismo que, por lo demás, -ideologías aparte- es simplemente ruinoso por inoperante en todos los sentidos.  ¿Por qué Europa lleva siglos queriéndose unir? Por motivos "identitarios" (odio el palabro), evidentemente, no.  Por razones puramente económicas.  Que la unión siempre ha hecho la fuerza.  Sí, la economía no lo es todo, se me podrá decir.  Faltaría más, completamente de acuerdo, este sería otro debate, de acuerdo, pero es verdad que, nos guste o no, sin dinero no hay nada. 

Pero explico por qué la hemorragia legislativa atenta contra la seguridad jurídica (amén de resultar inoperante, paralizante y ruinosa desde cualquier punto de vista): sencillamente porque se acaba con tal maraña normativa que el juez más pintado no sabe bien, en muchos casos, qué ley hay que aplicar.  De hecho en la práctica se resuelven algunos pleitos ignorando la legislación autonómica o con interminables y farragosos argumentos sobre la norma que hay que aplicar.  Muchas veces ni los abogados la invocan ni el juez la aplica, simplemente por desconocimiento.  ¿Pero en qué cabeza cabe, por ejemplo, que en Aragón tengamos una ley que regula el silencio administrativo, o que Cataluña tenga su propia Ley de Propiedad Horizontal? Esto nada tiene que ver con esas estúpidas razones "identitarias", nada que ver con la idiosincrasia ni con la defensa de lo nuestro.  Sólo con la defensa de lo de ellos, los políticos sinvergüenzas que nos gobiernan apalancados en este sistema partitocrático que sólo tiene parangón con la peor de las dictaduras caciquil.

Basta ojear el "BOCA".  ¿Saben qué es el BOCA? El Boletín Oficial de las Cortes de Aragón.  Son tan estúpidos que hasta los acrósticos los elijen torpemente, porque no cabe duda de que es una -sólo una- de nuestras bocas más grandes: sólo que esta hasta se llama BOCA.  Bien, pues basta ojearlo para ver las barbaridades que llevan haciendo esta gentuza desde hace un montón de años, solo para justificar la pasta que cobran e incrementar nuestra indefensión. Han legislado de todo:   silencio administrativo, caza, pesca, carreteras, transporte, deporte, voluntariado, sanidad, farmacia, agricultura, cooperativas, carreteras, urbanismo, cultura, consejos escolares, colegios profesionales, consumidores, publicidad, protección civil, turismo, juego, educación, comercio, industria, montes, alimentación…   Además de treinta y tres leyes que crean otras tantas comarcas, con todo su aparataje, personal y presupuesto.  En fin, ya me referí a todo esto en otra ocasión (Idiosincrasia).
Como también dije en otra*, y aquí reitero, que el Estado de Derecho es el imperio de la Ley, no del sinvergüenza de turno.  Y que para que impere la Ley resulta imprescindible que sea clara y concreta. Ante la abundancia y dispersión normativa el racionalismo impuso, para precisar, códigos y recopilaciones: ciudadanos, abogados y jueces debían tener clara la normativa. Elemental. Pero esto no es del siglo XVIII, no, que ya Justiniano en el VI compiló las leyes romanas como garantía para los súbditos (el Digesto). Los visigodos lo imitaron con el Fuero Juzgo, Alfonso X el Sabio, en plena edad media, recopiló las leyes castellanas en las Partidas, Jaime I hizo lo propio en 1247 con los fueros de Aragón... Garantías.  Justo lo contrario que producen esta cuadrilla de degenerados.  De modo que nada de reducir los parlamentos, insisto: que no cobren, que así comenzaron.  Y que trabajen menos, mucho menos: a ser posible, nada. Es lo mejor que podrían hacer. Y así comenzaron también: legislando lo mínimo, lo que verdaderamente atañía a nuestra idiosincrasia que ni es tanto ni todo merece protegerse y menos legislarse. 

En el siglo XIX, Thoureau recordó que el mejor gobierno es el que menos gobierna. Pues bien, la España constitucional del XXI es la que más legisla de Europa, nos gobiernan a golpe de reforma penal y todos tan contentos.

La idiosincrasia se defiende con cultura, lo que ocurre es que la cultura per se tiende a lo universal aun desde lo particular. Justo uno de los errores del romanticismo dieciochesco que siguen los trasnochados nacionalistas. Pero esto abre otro debate que lo dejo para otros o para otro momento. 




Servando Gotor


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(*) Hemorragia legislativa (El comarcal, 13/06/08).

viernes, 22 de junio de 2012

POR SI UN CASO (Juan Serrano)

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Después de ordeñar la vaca me arreo un buen almuerzo. Las faenas de la granja requieren llenar el buche. En esas estoy sentado a la sombra de la parra. Corto un cacho de tocino sobre una buena rebanada de pan. Me acompaña el porrón de vino y un plato de tápenas con unos cortes de cebolla cruda.

De pronto una señora de llamativo porte se me aparece envuelta en una nube de plata como si la leche de la vaca se me hubiese subido a la cabeza y chorreara derramada por la ventana de mis ojos apabullados.

Desde muy pequeño, antes de partear mi primera novilla, antes incluso de que me afeitara el bozo, ya era yo amable con las mujeres. Bastaba con que una hembra se pusiera delante de mis reales, para que este gañán que a trompicones parlotea, se volviera bien hablado y confiado, tierno como manteca de cerdo. Pero me da la espina que no es aceite virgen lo que esta mujer hoy quiere babear sobre mis entendederas atrancadas.

No te espantes, buen hombre, -me dice la dama blanca, al ver que mis ojos tiemblan al resplandor de una guadaña que blande en su mano alzada- no vengo a segarte la vida; ten por seguro que cuando lo haga no seré tan remirada. Sólo una pregunta, cabrero, quisiera, hacerte ahora.

Pues a mandar, señora -le digo- que aquí estoy para lo que se tercie. Que aunque la mismísima muerte fueras, no me asusto yo de espectros, si éstos a mi casa vienen con buenos modales, y el soplo no me arrebatan.

Soy de los que opinan que para palmarla, mejor hacerlo a gusto. Y ahora que me solazo como gato panza arriba sobre esta tierra caliente y fresca, no sería un mal momento. No me importaría morir entre los almohadones de esta tibieza, de este verde, de este libertino instante que tan gratamente, cual Bacantes embriagadas, me acaricia hasta los codos esta mañana. Lo jodido es morir rabiando, como lo hizo ayer mi ternera con esos dolores de sobreparto y sangre que le mataron el alma.

Mis pensamientos refociladores de repente son interrumpidos por la gaseosa visitante inoportuna. ¡Basta!, –me dice cortante la muerte vestida de novia- todos los mortales dejáis escapar la felicidad y la pena por vuestra boca de paja. Estoy aquí sólo para que me respondas en qué ocuparías tu tiempo, si yo te concediera antes de morir una prórroga de un día.

Difícil me lo ponéis mi buena y sutil señora – le contesto a la dama blanca. Si esta misma requisitoria me la hubieseis hecho ayer, cuando la fe aún alumbraba mis pasos ciegos, no hubiera dudado en responderos que me dirigiría a toda priesa a la iglesia a reconciliarme con Dios, y que en silenciosa oración esperaría, casi con regocijo, mi entrada en el paraíso. Pero en estos tiempos de apostasía, mi doña, me pone usted en duro aprieto. El único cielo que ansío es la dulce leche de estas inocentes terneras mías.

¡Ay si yo fuese carismático! terminaría como si nada de sembrar las cinco fanegas de grano para mis pobres rumiantes ávidas. Pero como soy simple pastor de reses que apenas recuerda el padrenuestro, no espere de mí -le digo yo a la estantigua- quehaceres trascendentales.
¡Ay si yo fuese profeta! me pondría de rodillas diciéndole a esta tierra mía “deja que tu siervo se vaya en paz porque ya sus ojos han visto tu copiosa cosecha”. Pero no. Soy un pobre mortal y mis ojos no van más allá de lo que huelen mis enlodadas narices. Así que no espere, mi buena muerte, respuesta más aromática.

¡Ay si yo creyese en la ciencia criónica! presto llamaría a “Congeladores del Polo” para que me acondicionaran una cámara frigomortuoria. Por eso ante su pregunta lo único que se me ocurre es buscarme un buen abogado y denunciarle, mi muerte, por crimen de humanidad. Nadie ni la santa compaña tienen jurisdicción para arrancarle la vida a un hombre, aunque éste sea un simple cabrero. La muerte es el gran delito, el gran pecado del mundo, la mayor injusticia de la historia, y por tanto condenada deberías, mi señora, a cadena perpetua y máxima.

Y aún así, si acabada esta tregua de 24 horas que me otorgas, mi estólida parca, no consiguiera poner mis huesos en la galera, entonces me bañaría en agua caliente, perfumaría mi cuerpo con sales efervescentes, y me cortaría... las uñas de los pies. Es una de
mis manías. Cuando me voy de viaje, me enjabono de pies a cabeza, por si un caso



Juan Serrano
(En el blog
Blao
12 junio 2012)

jueves, 21 de junio de 2012

BUENOS MIMBRES (Narciso de Alfonso)

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Camile está sentada en un bonito sillón, grande y de buenos mimbres, con los muslos desnudos desde la raíz hasta las botas, por encima de la rodilla. Para despejar los muslos se ha recogido la falda del todo hacia atrás, y un babero le cae desde arriba, desde el top o el vestido, poniéndole una púdica franja de tela entre piernas.

Camille nos mira mira con la cabeza ladeada, lo que hace que la abundante y larga melena se le vaya hacia un lado y le caiga en vertical haciendo ondas, junto a un trenzón grueso y poco apretado que le llega hasta el muslo.

La misma tarde pasa una y otra vez ante los ojos de Camille, sobre los muslos de Camille, que llena la ventanita entera de cosas de mujer: una flor, una pulsera, una mirada larga, una boca grande. Ay, amarse y persistir, atreverse a cerrar la quinta ventana, ay, los puntos del amor, a veces contra toda corrección, contra las horas y lo indebido, en el gas ilimitado, como un centro que no gira, que nunca gira.

Camille esconde su apretado nudo de sueños sobre el general plumaje grande, y a veces, sólo a veces, necesita y busca la sutura del placer.




Narciso de Alfonso
del blog

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miércoles, 20 de junio de 2012

HOPPER O LA SOLEDAD (Antonio Envid)

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Dicen que lo extraordinario de Edward Hopper es que sus cuadros inspiran historias, que sus paisajes o personajes insinúan una anécdota que cada espectador ha de desarrollar en su cabeza; que por eso es tan cinematográfico y ha inspirado a tanto director, desde Hitchcock hasta Isabel Coixet. Puede ser, no lo niego, pero lo que a mí me inspiran sus cuadros es una inquietante sensación de soledad. Sus paisajes a menudo deshabitados, sus ciudades vacías, como tras una catástrofe radioactiva, que hubiera aniquilado la vida dejando intactos los edificios, sus huéspedes de hotel -¿hay algo más desolador que una habitación de hotel cuando terminada la jornada encaras una solitaria noche?-, sus gasolineras en carreteras olvidadas. Sus personajes, cuando representa un grupo, no se relacionan entre sí, cada uno parece dirigir sus miradas de modo divergente, aunque, en realidad, están ensimismados, parecen mirarse hacia dentro, aunque dirijan la vista a través de una ventana hacia un paisaje impreciso. Me recuerdan los personajes de El Bosco encerrados en sus capsulas de cristal.

En la melancolía que transmiten sus personajes atacados por una grave enfermedad de incomunicabilidad, tan característica de nuestra sociedad, a pesar de la extensión de las redes sociales, puede estar la causa última de su éxito, de su modernidad desafiando el paso del tiempo; y del espacio, pues sus escenas se desarrollan en un paisaje rural americano muy alejado de nuestros cánones.


He seleccionado el último cuadro pintado por Edward Hopper, en él el pintor y su esposa, a menudo su modelo desde un escenario se despiden de este teatro mundo. Ultimo guiño a la vida de un ojo de visión muy personal. Los dos se hallaban muy enfermos cuando se pintó el cuadro, de hecho, murieron poco después, primero, Hopper, al poco, su esposa. Hasta el 16 de septiembre en el Thyssen.

 

Antonio Envid. 


 

martes, 19 de junio de 2012

UNA TARDE BAJO LA GUARDIA Y ME VOY A UNA EXPOSICIÓN DE EDWARD HOPPER (Servando Gotor)

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Pasan las nubes, pasan las nubes y actúa la lluvia. Subo corriendo a mi buhardilla y comienzo a generar el ambiente que rodeará el sublime momento: farias, una música que encontraré, el ruido de la noche, el sabor de un concreto güisqui y, por supuesto, el soporte de todo aquello: ella, ella, ella...  Por cierto, ¿cuál es su nombre?

Pero los días pasan y pasan sin noticia, sin noción, en el tranvía, en el estanco, en mi ventana… nada.  Desesperado, una tarde bajo la guardia y me voy a la exposición de Hopper, Portraits of America. Todo tenía allí un perfume de misteriosa voluptuosidad imposible de describir.  Recuerdo un sol suave de primavera, acariciador y sobre todo el perfume, ese perfume envenenador… ¿a violetas, margaritas y madreselva? Algo me inducía a pasear sin prisa por las espaciosas salas del Centro de Estudios Americanos, un edificio neoclásico con enormes ventanales que daban sobre la exuberante Plaza Swedemborg, o sobre los suntuosos patios, todos profusamente floridos en aquella época del año.  Subí las enormes escaleras del frontispicio sin prisa y sin esfuerzo. Relajado.  Y, de entrada, Soir blue, una imagen inquietante: un pierrot tomando algo en la mesa de una terraza burguesa y al que yo creo jugando a las cartas rutinariamente.  Creo, porque una jarra de agua y el respaldo de una silla ocultan lo que lleva entre las manos.  Cara blanca, por supuesto, ojos partidos por una espeluznante raya vertical del mismo rojo escarlata de los exagerados labios. ¿Qué me aterra de esa figura? Y entre los labios, relajado, un cigarrillo recién encendido. Sí, es eso, la ruptura, el extrañamiento: un pierrot en la terraza de un bar, aburrido y malcarado, espanta. Y, frente a él, una mujer soberbia, desafiante, con labios y pómulos del mismo rojo que el pierrot, reta incitante.  Sólo la pose tranquila y coherente del viejo lobo de mar sentado a la izquierda, frente a mí, me tranquiliza y me anima a seguir.  Pero la mirada del pierrot, no triste sino despreocupada, me perseguirá.  Aves nocturnas, me siento veinte minutos frente a tanta soledad.  Me inquieta, también.  Pero me gusta.  Como me gusta Luz del sol en una cafetería, porque me recuerda a esa luz distinta y maravillosa que tiene la habitación de un hotel y hasta la recepción cuando lo abandonamos a media mañana presintiendo con anticipada nostalgia que nunca más volveremos allí. Sol en una habitación vacía, no sé, le falta algo, una silla quizá, movimiento...  Y así voy pasando la tarde hasta que llego a Summertime, una muchacha seguramente rubia pero que yo la veo pelirroja reverbera ondas que casi recuperan en mi memoria a la hermosa chica del tranvía. Aquellos labios rebosantes de maldad apenas oculta bajo una tenue sonrisa:


usted… tú…  ¿no eres de Peligros?

En el peldaño más bajo de la entrada a una casa georgiana, firme, el pie derecho ligeramente adelantado y la mano acariciando el fuste de una columna lisa con ecos dóricos, su sombra se extiende a la espalda por el resto de la escalera adaptándose elásticamente a su quebrado perfil. Lleva un vestido ligero, blanco, ceñido de cintura para arriba, destacando un sinuoso talle y unos buenos pechos, la falda de transparente y seductora gasa descubre a la altura de las rodillas unas tentadoras piernas cuyos pies se recogen en unos sencillos zapatos de tacón.  La cabeza alta en actitud firme pero expectante, incluso soñadora, la cubre un sombrero de paja, que con un toque informal alivia cierta majestad. Alguien va a venir a recogerla. Me siento frente a ella hasta que cierran la exposición y me echan del recinto. Salgo con un folleto: el próximo viernes conferencia de Stefan Gautier.  Iré, sin duda, siempre he seguido sus pasos, siempre… aunque lo odie.  Pero mañana mismo, en cuanto abran volveré aquí. A ver Summertime. Y de regreso ya a mi buhardilla con las manos en los bolsillos, tomo antes el tranvía y hago cuatro trayectos enteros, atento a Noviciado.  Nada. Y cierro los ojos para recobrar el momento perdido, ahora ya con unas facciones que se acercan más a las reales, aunque no termino de fijarlas.  Cierro los ojos y trato de recordar también el perfume fresco a lavanda… no, no consigo concentrarme y el rostro inquietante del pierrot serio con el cigarrillo entre los labios se apodera de mí.  Pero insisto, escarbo en mi recuerdo:


en el estanco,  lo vi un día en el estanco –dijo, como sin darle importancia, como arrepentida de haber empezado a hablarme. 

Sí, Isa, muy hermosa. Imposible ocultar tanta belleza. 

Llegada la noche vuelvo, al fin, a la buhardilla y reanudo mis experimentos, fuegos, tintes y aleaciones, aromas, versos, lecturas, piezas musicales, el ruido de la noche, el sabor de un determinado güisqui y, por supuesto, el soporte de todo aquello: ella. Debo preparar todo para cuando llegue el momento, para atraparlo, congelarlo y poder revivirlo eternamente. Y si no llega, reconstruiré el encuentro en el tranvía, en el estanco, lo vi un día en el estanco, para vivirlo incesantemente, repetirlo eternamente. Al final, agotado, acabo como siempre frente al monitor, Citizens 2084, IV, la mente en blanco, tecleando, hazte con el mundo partiendo de la nada… Pero no puedo, evidentemente, no puedo concentrarme.

En el estanco….

Por cierto, ¿cuál era su nombre?



Servando Gotor
Entre las ruinas del cielo, 2011
desde mi barricada, web



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Ir a la Exposición Hopperen el Museo Thyssen-Bornemisza
pinchando aquí



lunes, 18 de junio de 2012

CRÓNICA TRAGIRIEGA (Por Azulenca)

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MJM


 Ha sido una semana de tontadas, algunas más gordas que otras. Por ejemplo, el tema de las pitadas en los partidos de fútbol. Parece ser que la tocada del pito regional en el fútbol importa más que la crisis, el paro y los escándalos. Siempre he dicho que este país estaba gobernado por falócratas, vamos que aquí todo funciona a base de pelotas… No quiero decir palabrotas. Por otra parte me preguntó qué está pasando en el Congreso, me parece que en los últimos tiempos se ha convertido en un lugar de irreverencias donde cada uno se comporta como le viene en gana, el hemiciclo algunas veces parece un circo. Esto viene a cuenta del que sacó la bandera catalana independentista desde el estrado, pues si la cosa iba de pitos que hubiese sacado el pito. No te digo…

Luego está el rifirrafe entre Rosa Díez y Mariano. Rosa Díez quiso estar elocuente y hacer un juego de palabras pero el resultado no fue el esperado, estuvo un poco sosa: Sr. Presidente, diga conmigo rescate. Eso le dijo a Mariano y Mariano remató a la gallega pero sin pimentón, dejando a la Rosa del Congreso sin pétalos. No me parece de caballeros el trato que Mariano le da habitualmente a Rosa Díez, al fin y al cabo UPyD tiene su representación y sus votantes. Me hubiera gustado ver a Mariano tratando de igual manera a Rubalcaba por parte de madre. Además, Mariano no está como para tirar cohetes, estamos esperando que arregle el panorama y los españoles nos sentimos cada día más desolados viendo que esto no mueve.

Y cuando Mariano se levanta en el Congreso para contestar a la diputada Díez, Lady Halcón, Soraya Sáenz de Santamaría, mira a su amo y señor, Mariano, como si fuera un ave rapaz: mueve el cuello y lo contempla como si estuviera posada en su brazo. Mejor debería rectificar y cambiar el nombre de la rapaz por otra igual sólo que nocturna, me pega más llamarla Lady Mochuelo. Y digo mochuelo porque nuestra Sor Aya está últimamente muy al quite de los puestos para colocar al personal amigo. Caso RTVE. Parece ser que el cargo del su nuevo Presidente ha sido cosa de la Vicepresidenta. Esperemos que este chico tan preparado, Leopoldo creo que se llama, ponga en orden la casa. Quiero decir que se deje de teoría y saque las cuentas, dado los sueldos que tienen algunos presentadores, que encima no son ni profesionales. De hecho algunas están sólo para dar desayunos.

El Juez Dívar. Este hombre que parece estar más gagá que otra cosa, pues mira tú este señor cómo vivía. Cuando contemplo a toda esta gerontocracia de las puñetas, pienso que estos ancianitos estarían mejor en su casita a base de sopitas y siesta. Pues yo quiero saber la misión del Juez Dívar en Marbella, lo mismo guarda alguna relación con la película Torrente en Marbella. Y es que no saberlo me induce a tener malos pensamientos, a tener fantasías raras. Claro que lo mismo iba a esa clínica estética tan cara para recibir un tratamiento, para ponerse en forma. Si se trata de un tratamiento la cosa cambia, aunque también hay muchas clases de tratamientos. Mejor lo dejo aquí.

Recuerdo una época, allá por los ochenta cuando empezaron a salir al panorama cotidiano aquellos jóvenes con indumentaria estilo pegamoide. Un amigo me decía: hay casas y casas, familias y familias, a mí no me dejarían ir así vestido, menos a los postres. Yo me acordé de esta frase viendo a Botín del Santander en bermudas recibiendo al rey de España, fue en Brasil hace unas semanas. Lo cierto es que tener dinero da concesiones, más a un tipo como a Emilio; pero este estilo Simpson no es propio de un banquero, al menos por estatus. A este hombre deberían asesorarle, ya que la educación y el saber estar le falla. ¿A qué colegio iría?

Grecia por siempre. Ahora ya no toca papaloquesea, las urnas han dado un nuevo nombre, la saga ha cambiado y se llama Samaras que no sabemos. Esperemos por el bien de todos que el tema griego se arregle y no precisamente a la griega. 

El sábado al Museo Thyssen. Hopper. Ya sabía yo, yo ya sabía que esta exposición no me iba a gustar. Pero a pesar de todo hay que verla, aunque sólo sea para opinar.


Azulenca




 

domingo, 17 de junio de 2012

EL TELÉFONO DE PARED (Ángel Ferrer)

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sgs



El teléfono antiguo
cual confesionario
frío y orgulloso
sólo nos permitía escuchar
en la distancia mínima
acercándonos sumisos
para hablarle al oído



Ángel Ferrer

sábado, 16 de junio de 2012

APRENDA ECONOMÍA LEYENDO NOVELAS (Armando Muchabulla)

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Hay gente que huye de los manuales de economía al toparse con un enigmático aparato de fórmulas, bastante inútil por cierto, y cree que es cosa de matemáticos. Nada más lejos de la realidad, la economía es una ciencia social y se basa, en último término, en las acciones de los individuos; con quien está emparentada es con la sociología.



Los grandes novelistas suelen ser excelentes observadores de la sociedad que les rodea y saben plasmarla en sus escritos. Son los casos de Galdós, Tolstoi o Zola. Ya he dicho en otra parte que yo he aprendido más economía de los novelistas e historiadores que de los profesores de la materia.



Empecemos por “Almas muertas” de Nicolás Gogol, que para muchos supone el inicio de la gran novela moderna rusa. En esta novela se encuentra toda la tensión social que llevaría a Rusia sesenta años más tarde a la revolución de octubre. En ella se nos muestra la Rusia agraria y medieval del siglo diecinueve y el surgimiento de una burguesía ilustrada en las ciudades, que terminarán colisionando. En aquella Rusia feudal de propietarios de la tierra y de siervos, los impuestos se cobraban por el número de siervos que se poseían, según un censo que se realizaba cada cierto tiempo. Entre censo y censo muchos siervos morían, de modo que el terrateniente pagaba un exceso de impuestos. Chichikov se aprovecha de esta circunstancia para comprar “almas muertas”: compra los mujics (“almas”) que han muerto por un precio ridículo y los inscribe a su nombre, de este modo, figurando como un gran propietario de siervos reclama tierras al Gobierno y además obtiene del banco un gran préstamo con el respaldo de sus “almas”. No me dirán que esto no es el nacimiento del capitalismo especulativo utilizando ya artimañas modernas.



Zunzunegui en su ciclo “Las novelas de la quiebra” (Ramón o la vida baldía y Beatriz o la vida apasionada) nos muestra con bastante detalle el nacimiento de la Banca con el desarrollismo industrial vasco a principios del diecinueve, su auge durante la primera guerra europea, y su decadencia. Cuenta con detalle los avatares de un pequeño banco y su quiebra final. Blasco Ibáñez en “Arroz y tartana”, su primera y mejor novela, nos invita al surgimiento de la especulación en Bolsa en España y la estafa perpetrada por un broker local. Ignacio Agustí en sus novelas que componen el ciclo “La ceniza fue árbol”: “Mariona Rebull”, “El viudo Rius”, “Desiderio”, nos lleva, de la mano de la familia Rius, al desarrollo industrial catalán con todas sus vicisitudes de auge, proteccionismo, tensiones sociales, etc. etc. hasta la guerra civil española. Para acercarnos a otro hito de la historia económica española, el de la especulación inmobiliaria, aconsejo leer “Crematorio” de Rafael Chirbes.



Por último, y por no cansar, pues es innumerable la relación de novelas con trasfondo económico, citaré a un americano, Tom Wolfe, que en “La hoguera de las vanidades” nos relata el nacimiento, auge y fracaso de la sociedad yuppie basada en la especulación bursátil, que quedó arrasada totalmente por el hundimiento de la Bolsa en los ochenta.



Armando Muchabulla

viernes, 15 de junio de 2012

"BOD DYLAN ESTUVO EN MI CASA", DE JOAQUÍN CARBONELL, (leyenda urbana sobre una especie en extinción: los mitos)

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BOB DYLAN ESTUVO EN MI CASA

La historia es muy sencilla y comienza con dos cartas. Una carta dentro de la otra. Recibo una carta de un desconocido que de forma directa me suelta: “Estimado amigo Joaquín. Bla, bla, ba...” Es decir, que hace tiempo que me conoce y me admira. Exacto, por mis viejas canciones, mis nuevos escritos, mi trabajo en el periódico... Que desea que yo sea la primera persona que descubra esta noticia. Su noticia. Su bomba. Que no me va a creer, pero un día nos veremos y me mostrará fotos. Así que me pide que lea y juzgue.

Yo leo y no puedo juzgar. Es increíble.

Les permito que ustedes lean y juzguen. A lo mejor lo creen.


Sin más rodeos:

“¿Carta desde Francia? Sí, desde Toulousse.

Será de mi amigo Jean Pierre.

“Señor Lázaro: soy el padre de Akira Takahassi, ¿lo recuerda? No sé si la adress será aún el mismo o quizás cambiaron. Quiere decir que estaré en Saragossa próxima semana y si es posibla mi gustaría verle. ¿Posible? Llego 18 viernes tren talgo de Barcelona 15 horas. Mi acudirá a casa suya. ¿OK? Cordialos saludos. Albert Cooper”

Extraño. Imposible. ¿Cómo un tal Albert Cooper va a ser el padre de Akira Takahassi si Akira es japonés y este señor tiene un apellido inglés-americano?

A las 15.20 horas llaman al timbre y efectivamente se presenta ante mí un tipo sesentón de aspecto americano. Me abraza. Me dejo abrazar. Pasa dentro. Sólo unos minutos para explicarme el enigma de su apellido y su parentesco: “Soy el padre de Akira, que estuvo con usted en este piso durante tres años...”

(Cómo no recordar a Akira, al que no veo desde hace 25 años. Un chaval japonés que apareció por Zaragoza con la intención de practicar español y hacer fotografías que enviaba a Japón, y le ayudaban a sufragar su estancia en España. ¡Dios mío, Akira, hace veinticinco años que no nos vemos! ¿Qué ha sido de ti?”)

Albert me explica que cuando tenía 18 años se enamoró de una muchacha japonesa, hija del cónsul de aquel país en Los Angeles... ¡Vaya, yo no sabía que el abuelo de Akira era cónsul!

El resto es fácil de deducir. La muchacha quedó embarazada y al cabo de un año regresó con su padre a su país, donde nació Akira. (Sí, ahora que lo pienso, Akira tenía rasgos de occidental. Poseía un extraño bello rostro, que conservaba lo mejor de su raza japonesa con una ligera entonación de piel más clara de lo habitual, y unos cabellos sorprendentemente claros).

Albert me cuenta que hace algunos años que no ve a su hijo, aunque a menudo ambos se encuentran en Estados Unidos o en algún desplazamiento que el padre hace a Japón. Akira es ahora un encumbrado director de arte de una prestigiosa revista de fotografía e informática. Que hace años que no me escribe porque supone que nosotros cambiamos de dirección.

- Pues ya ha visto que la dirección es la misma –le digo-. Bueno, esta casa es la casa que mis padres tienen aquí en la ciudad. Yo vivo en otro barrio y cada dos días paso a por la correspondencia. Pero este piso es el mismo en el que Akira y yo convivimos tres años juntos cuando éramos estudiantes...

- No sabes cómo me alegro –me dice en un español muy respetable, aunque comete algunos errores gramaticales que nosotros obviamos para mejor apreciación del lector.

- Albert, si no te importa vamos ahora a mi casa y allí te puedes instalar sin problemas. Conocerás a mi mujer y a mis hijos. ¿Cuántos días te vas a quedar?

No sabe cuántos días permanecerá en nuestra ciudad. Viene sin planes preconcebidos, sin calendario fijo. Está de vacaciones, intentando conocer Europa y España es el final de etapa. Aún le restan diez días.

Albert es ligeramente rubio, con el cabello bastante corto y pronunciadas entradas. Posee una boca estrecha pero ancha y unos ojos oscuros muy alertas. Lleva perilla y usa unas gafas de ver, redondas, lejos de cualquier catálogo de moda. Su figura es extremadamente delgada y desgarbada pero se le nota un dominio de su cuerpo superior a lo que podrían indicar esos 60 años que aparenta. Se encuentra en forma Albert, no hay duda. Fuma a menudo tabaco rubio y de su rostro destaca una nariz aguileña, que a mí me recuerda a alguien y no acabo...

Nuestros dos primeros días en su compañía transcurren apresurados, hablando sin cesar de su hijo Akira, del trabajo que desempeña Albert en la editorial Albert; hablando de su familia (tiene varios hijos aunque ahora está separado), visitando algunos de los monumentos y rincones más atractivos de Zaragoza...

Parece un tío cojonudo este Albert. Simpático y generoso. El segundo día se paró ante una tienda de bicicletas y regaló a mi pequeño Gabi la más espléndida y cara del escaparate. ¡Te has pasado, Albert!

Fue al tercer día cuando saltó la bomba. Nos encerramos en mi despacho, en la habitación donde guardo mis libros, mis discos, donde paso buenas horas del día encerrado con mis historias; me encanta leer y escuchar música para olvidar un poco mi monótono trabajo de profesor en el instituto.

- ¿Aún sigue tocando la guitarra Akira? -le pregunté.

- La ha dejado mucho. Apenas tiene tiempo. ¿Tocaba bien, verdad?

- Muy bien. Y le encantaba el flamenco.

- ¿Sabes que ha hecho varias portadas de discos? Son discos japoneses, claro...

- ¿A ti te gusta la música, Albert?

- Un poco. Pero me he quedado en los clásicos; ya sabes rock&roll y esas cosas.

Albert repasaba mis estanterías, ojeando los libros, preguntándome de vez en cuando por algún poeta español, Alberti, Lorca, “a muchos de ellos los he editado en inglés”, me cuenta.

- ¿Dónde tienes los discos? –me pregunta.

Le muestro los armarios donde se esconden los viejos ejemplares de vinilo y observo que se le iluminan los ojos. Los va repasando en silencio, soltando de vez en cuando alguna palabra en inglés que yo no comprendo.

- Vaya –me comenta- tienes varios de Taj Mahall...

- Me gusta mucho...

- Y este de Champion Jack Dupree es muy raro...

Me vuelve a señalar sus preferencias: Leonard Cohen, Van Morrison, Eric Clapton, Burrito Brothers, Beatles...

- Te gusta el country, eh –le pregunto complacido.

- Me encanta. A mi edad... ¡Vaya, tienes a Paolo Conte!

- ¿Lo conoces?

- Un poco. Es extraordinario. Ha sabido impulsar la música italiana hacia terrenos del jazz muy interesantes. Vaya, tienes Aquaplano...

- Casi nadie conoce a Conte en España. Es una pena, ¿no?

Albert saca un cigarrilo y me pasa otro. Nos sentamos en el sofá notablemente más próximos gracias a la música. Me comenta que le hubiera gustado ser músico, que incluso intentó en una época abrir una sección discográfica en su editorial para grabar artistas desconocidos. Lo dejó por falta de dinero.

- ¿Te gusta Dylan? –me suelta de sopetón.

- Claro, ¿a quién no le gusta Dylan?

- A mí. Cada día me gusta menos. Estoy un poco harto de él. ¿No crees que su obra se prolonga demasiado, que ha grabado demasiados discos?

No lo había pensado. Es probable. Pero le confieso que lo vi en abril, hace unos pocos meses, en Zaragoza, y lo encontré vitalista, juvenil, enérgico y gran músico.

- Yo también lo vi en esa gira europea. Sí, es verdad, ahí estuvo bien.

- ¿Tú lo viste? –le digo sorprendido.

- Sí, estaba negociando la publicación de unos libros en Alemania y Francia...

Ahí quedó la cosa. Tras la cena, Albert pidió café, algo que no había hecho en estos días. Nos sentamos frente al televisor y cuando acabó la película mi mujer nos pidió permiso para retirarse. No podía más de sueño.

- Quédate un poquito más, Rosa. Mañana es sábado –le invitó Albert.

- Perdonadme, pero me caigo. Quedaos vosotros. Sin problemas.

- Me gustaría hablar contigo, Carlos –me comentó entonces-. Me gustaría contarte algo. ¿Te parece?

- Cojonudo. Nos ponemos unos whiskies y apagamos la tele. ¿Tenemos tabaco?

Teníamos. Teníamos tabaco y alcohol. Y una noche serena y silenciosa. ¿Se puede pedir más?

Albert llenó los vasos que yo había preparado con hielo. Poco a poco se le iba destapando una sonrisa extraña, maliciosa, que a mí me hizo albergar algunas dudas. ¿No me irá a salir este tío maricón a estas alturas?

- ¿Estás bien sentado? –me preguntó.

- Perfectamente.

- Quiero confesarte algo. No te lo vas a creer pero..., en fin, que es muy fuerte.

- Eres gay...

Rompió en una sonora carcajada que apagó de pronto para no despertar a mi mujer y mis hijos.

- ¡¡Has dicho gay!!

Me sentí embarazado, corrido y estúpido. Inmensamente imbécil. ¿Por qué le había dicho semejante cosa?

- Es que en España cuando nos empiezan con grandes misterios siempre pensamos lo mismo: que el tipo es maricón. Perdona.

- No, hombre, lo mío es mucho más extraño.

- ¿Ah, sí?

¿Qué puede ser más extraño que un padre de familia descubra que es homosexual? Efectivamente, lo suyo fue mucho más extraño. Fue increíble.

- Te lo voy a decir sin rodeos. Yo soy Bob Dylan.

Se me cayó el vaso al suelo que en esos momentos tenía en mi mano. Causó un pequeño estropicio, que por fortuna no despertó a nadie. No recuerdo qué gestos hice con los ojos, sé que mi lengua comenzó a girar en la boca sin control (¿por qué?), que mis labios se estiraron hasta dibujar una sonrisa completamente boba. La mantuve ahí una eternidad sin poder soltarla. Más o menos eso es lo que recuerdo.

¿Me ha dicho este tío que es Bob Dylan? Efectivamente, lo suyo es más extraño: ¡¡Está loco!! Y sobre todo: ¿¡Será peligroso!?

- A... a... qué Bob Dylan te refieres? –le pregunté como un estúpido imbécil idiota. ¿A qué Bob Dylan se puede referir? ¡Sólo hay uno!

- A Bob Dylan. A Robert Zimmerman. Perdona que te lo haya dicho así de golpe. Pero efectivamente, soy Bob Dylan. Sí, el cantante.

- A ver si me aclaro –le dije con síntomas de oscuridad-. Tú no pareces Bob Dylan, joder. Sí, tu nariz es parecida, pero, coño, ¡si estás calvo!

- Bueno, eso se arregla con una buena peluca, ¿no? Siempre la llevo. Tengo que cuidar mi imagen.

- Vamos a ver, vamos a ver, Albert, joder, no me líes. Me has metido un susto que te cagas...

- ¿Qué te cagas?

- Un gran susto. Tus ojos son oscuros y Dylan los tiene claros.

- Efectivamente. ¿No conoces las lentillas de colores? Mira, siempre que quiero pasar desapercibido me disfrazo así. ¿No comprendes que sería inhumano estar siempre en el papel de Bob Dylan? ¡Me volvería loco, Carlos!

Seguía sin cuadrarme nada. Era imposible que esa estrella mundial de la música, ese genio del siglo XX estuviese aquí en mi casa, ¡en Zaragoza, coño! Tomándose un whisky conmigo, hablando como viejos amigos. ¿Hablando?

- Sí, aprendí español hace muchos años, pero casi nadie lo sabe. No lo utilizo. No quiero que se sepa. Es un instrumento que yo puedo usar sin que lo sepa nadie a mi alrededor. Y no creas, te enteras de muchas cosas que los demás creen que no entiendes.

- Albert, mira eres un tío cojonudo, eres, supongo, el padre de mi amigo Akira...

- Sí, lo soy. Claro. Por eso estoy aquí...

- Vale, vale, te creo. Pero, entiéndeme a mí: ¿tú, si fueras yo, creerías toda esta historia? Anda, dímelo.

Bebió de su licor y tragó humo de su Marlboro. Y me miró sin dejar de sonreír un momento, sin olvidar ese rictus que le surgía mirando mi cara. Seguramente era un poema bufo. ¿Qué cara tendría yo en esos momentos?

- No, no te creería –me contestó al fin-. Pero no te miento, soy Bob Dylan.

- Vale, Albert. Perdona que sea tan desconfiado, pero ¿puedo ver tu pasaporte?

- Ja, ja. ¡Pero tú te crees que voy a viajar con un pasaporte que diga Robert Zimmerman, músico! Hombre, que no soy tan gili... gili...

- Gilipollas. Se dice gilipollas.

- Eso. Gilipollas. ¿No ves que no podría moverme? Llevo un pasaporte falso, claro. Lo consigues en cualquier parte. Con dinero, por supuesto.

- Ya entiendo. Pues me lo pones difícil, Albert. O Bob. ¿Cómo debo llamarte?

- Prefiero que me digas Albert. Así no habrá problemas...

- ...vale. Tú mismo has dicho que no te creerías una palabra si fueses yo, ¿no? Tienes que comprender que necesito comprobar más cosas. ¡Ya lo tengo! ¿Recuerdas el concierto que diste en Zaragoza el 21 de abril de este año?

- Sí...

- ¡Joder, es que no me lo puedo creer lo que oigo! ¡Mira que si de verdad eres Bob Dylan! Bueno, a lo que vamos. Dime dónde lo diste...

- Bueno... no recuerdo mucho porque era dentro de una gira loca, que me llevaba de una ciudad a otra. Recuerdo Zaragoza porque ya mi hijo me había hablado de ella. Y de ti. Y te aseguro que estuve tentado de localizarte. Pero en esas circunstancias comprendí que no era lo oportuno, ¿entiendes? Bueno... a ver... creo que toqué en un pabellón cerrado, muy grande. Y te aseguro que ese día me esforcé por hacer un buen concierto...

- Fue cojonudo. Lo hicieras tú o Bob Dylan.

- Recuerdo que salí a dar un paseo por la ciudad...

- Sí, sacaron una foto en El Periódico de Aragón. Ibas con dos gorilas...

- ¡No! Me refiero que salí a dar una vuelta con esta imagen, con la que utilizo para pasar desapercibido. Tal como me ves ahora. Tengo una foto. La he traído precisamente para que me creas... Mira, aquí está –dijo sacando una foto polaroid del bolsillo de la chaqueta que tenía aparcada en la silla del salón.

Sí, era él. En la puerta del Gran Hotel. Sonriendo como un turista yanqui y levantando los dos dedos de la victoria.

- Me la hizo mi ayudante. Mi secretario.

- ¿Y esa perilla?

- Es postiza. Tócala tú mismo.

Eso hice. En efecto, se notaba que podía ser arrancada de un tirón.

Estaba desconcertado. ¿Y si fuese cierto? ¿Y si este loco fuese Bob Dylan? ¡¡Bob Dylan!! Bueno, todo cuadraba, pero...

- No entiendo, Albert. ¿Por qué has venido a Zaragoza?

- Ya te lo dije –me repitió sin dejar de sonreír con una mueca que señalaba que estaba disfrutando de lo lindo con esta historia y con el asombro de mi cara-. Es la verdad. No hay ninguna razón. ¿Por qué no? Aquí vivió mi hijo Akira. ¿Sabes? Durante un tiempo estuvimos alejados, apenas nos veníamos. Él vivía en Japón con su madre, estaba enfrascado en su fotografía, apenas quería saber nada de mí. ¿Para qué? Su padre era un cabrón que no se había preocupado por él...

- ¿Cuando Akira estuvo en Zaragoza ya sabía que tú eras...?

- Claro, nunca se le ha ocultado.

- ¡Joder, no me dijo nada! ¡Me lo podía haber dicho! ¡Mi padre es Bob Dylan!

- Ya te digo que no quería saber nada de mí. Y duró así hasta hace cinco años. Un día me llamó y me dijo que su hija de quince años estaba enferma. Una cosa relativamente grave, algo de la sangre. Y el tratamiento costaba mucho dinero. Le jodía decírmelo, pero necesitaba mi dinero...

- Una putada, Albert...

- Sí, una putada que él se viese forzado a pedirme un favor si no lo deseaba. Le suponía una humillación pedirme dinero. No sólo se lo envié; fui yo a llevárselo en mano. Y allí, nos conocimos por primera vez. Nos enfrentamos, nos odiamos. Pero al cabo de una semana las cosas cambiaron. Su chica es preciosa, ¿sabes? Comprendí que no había sido responsable, que uno no puede ir abandonando hijos por el mundo. Bueno, sólo te puedo decir que acabamos muy unidos...

- Me alegro.

- Tuvimos tiempo para repasar muchas cosas. Y así surgió su etapa en España. Y salió Zaragoza. Y me contó que aquí fue feliz, que aprendió castellano, que descubrió un pueblo admirable... Yo le dije que era posible que fuese a Zaragoza a cantar. Ya había estado otra vez. Y me dio tu dirección y me pidió que te localizase. Y, bueno, ya sabes el resto. Y me pidió otra cosa.

- ¿Ah, sí?

- Que si venía a verte tenía que ser con la condición de permanecer al menos una semana en la ciudad. Un viaje rápido no me lo toleraba. Y, bueno, ¿por qué no venir? He aprovechado un mes de vacaciones para visitar algo de Europa y ya sabes... Ya que estaba aquí tuve curiosidad por conocer la ciudad donde vivió mi hijo. Eso es todo.

No dormí esa noche. No pude pegar ojo. ¿Será posible que el músico más cabrón del mundo, el tipo más odiado por la prensa, el ser más soberbio del planeta, fuese este caballero americano de buenos modales, de trato afectuoso, que lleva dos días en mi casa? ¿El genio del siglo XX que revolucionó la música moderna se ha tomado unos wiskys conmigo? Si lo cuento por ahí me pueden detener...

Al día siguiente amanecimos tarde. Yo me levanté primero y me encontré a mi mujer trasegando por la cocina. Era sábado y ambos teníamos fiesta. El chaval mayor se había ido a jugar no sé qué campeonato de basket; Rosa, la mediana, había dormido en casa de su prima y el pequeño Gabi andaba por su cuarto. Estuve tentado de decírselo todo a mi mujer, pero supuse que no era el momento. Y además, no me creería.

Albert apareció bien duchado a la media hora. Traía buen apetito y nos propuso comer por ahí. Aceptamos la invitación y acudimos a un restaurante especializado en paellas y mariscos. A Albert le chifla el marisco español. Al finalizar, mi mujer nos sugirió que prefería ir a casa de su madre con el chiquillo. Hacía varios días que no la veía. Nos encantó la propuesta. Así tendríamos tiempo para continuar nuestra charla.

Decidimos ir a casa. En realidad lo decidí yo. Ardía en deseos de continuar con el interrogatorio. ¡Si este tipo era Bob Dylan no podía perder ni un minuto!

- Vamos a hacer una cosa para eliminar cualquier duda, Carlos –me propuso nada más sentarnos en el salón-. Mira, subo a mi habitación y me disfrazo de Bob Dylan. Y dejamos claro el asunto para siempre. ¿Te parece?

Qué coño me va a parecer. ¡Me parecía genial! Dejémonos ya de mariconadas y pasemos al asunto. ¡Venga, quiero ver a Bob Dylan en persona!

Impresionante, amiguetes. Sí, era Robert Zimmerman. ¡¡Es Dylan en persona!! ¡¡Sí, no hay duda!! ¿O hay alguna duda? Chico, soy aragonés, no me fío un pelo...

- Vale, tío. Eres Bob Dylan. No me pongo de rodillas porque te ibas a reír.

Salí un momento al cuarto de los trastos y volví con la prueba del nueve. Una guitarra española, vieja, pero guitarra y afinada.

- Canta, cabrón –le dije pasándole el instrumento-. ¿Qué tal una facilita?: Blowind in the wind.

Es curioso. No dijo nada. Tomó la guitarra, miró si estaba afinada (no lo estaba y la afinó) y se arrancó sin hacerse de rogar. ¡¡¡Síiiii!!!

Allí estaba su pelo de siempre (peluca en este caso), sus ojos de siempre (originales en este caso)... ¡¡y su voz de siempre!! (inmortal por los siglos de los siglos).

- Estoy..., estoy... Joder, tío. ¡Es que estoy ante un genio del siglo XX!

Bob sonríe, deja la guitarra sobre una silla, se mete un lingotazo de whisky y me dice que va a quitarse el disfraz. Que prefiere estar cómodo...

- ¡¡Espera!! Espera un momento. No puedo dejar escapar una oportunidad como ésta. Tenemos que hacernos unas fotos.

No le parece mal. En realidad se lo está pasando bomba. Disfruta como un niño jugando conmigo. Nos hacemos unas fotos con la cámara instantánea colocada sobre la mesa y con el disparador automático. Bob nunca puso mejor cara de Dylan que hoy. Yo nunca mostré un rostro tan desconocido. ¿Ése gilipollas soy yo?

- Preferiría que no lo contases por ahí... –me comenta tras retornar a su imagen de yanqui ejemplar.

- Joder, macho. Esto es como follar con Claudia Schiffer y no poder decirlo.

- Bueno, tú mismo. En realidad me da igual...

- ¿Puedo hacerte una pregunta? –le digo mientras le lleno el vaso de licor.

- Puedes preguntarme lo que quieras. Le prometí a mi hijo que sería amable contigo, que en realidad me comportaría como si estuviera con él. Vosotros dos fuistéis grandes amigos y eso me encanta. Te aseguro que estoy muy feliz de haberme reencontrado con Akira. Creo que me estoy haciendo viejo... ¿Qué querías saber?

- Bueno, no sé cómo decirlo... Quizás no te gusta... Pero, ¿por qué tienes esa fama de... intratable?

--Lou Reed me dice que soy un grandísimo cabrón.

- Si lo dice Lou... ¿Ves? Él saca un disco y se pasea por el mundo haciendo promoción. Recibe a la prensa, va a la tele... Tú nunca has hecho nada de eso.

- Sí, es cierto –reconoce olvidando su mirada en la pared de al lado-. No me gustan los periodistas. Me han jodido muchas veces...

- Eso es verdad. Quizás es que no te han entendido...

- No. Me han sepultado. Y los mismos que me han hundido, me han considerado más tarde un genio vivo. No soporto ese trato. La prensa en el mundo es una mierda. No le interesa la verdad. Sólo tratan de vender ejemplares al precio que sea. No quieren analizar las cosas, sólo aspiran a que las cosas sean lo suficientemente atractivas como para vender el periódico. Y cuando las cosas no son atractivas ellos las transforman.

- Si no recuerdo mal eso ya lo decías a los 24 años. Bueno, lo dices en la película Don’t look back. Vaya bronca que le montas al periodista aquél...

- Sí, lo recuerdo. Y no he cambiado mi forma de pensar en todos estos años... De ahí nace esa fama mía –me dice dándole una calada a su Marlboro y agitándose en la butaca.

Esos gestos sí me recuerdan al Dylan juvenil de aquel documental maravilloso que yo grabé de TVE...

- ¿Pero sueles ser así también con la gente? Con tus colegas, quiero decir...

Se para a meditar. Probablemente conoce de sobras la respuesta, pero da la impresión de que está buscando las palabras precisas. Al fin arranca.

- No me gusta la gente, ¿sabes? Quiero que lo entiendas. No me gusta la gente con la que puedo tratar. Músicos, empresarios de discos, periodistas, aficionados... No me gusta la gente que me recuerda constantemente que soy Bob Dylan. ¡Es enloquecedor! Intenta ponerte en mi sitio por un momento. Intenta averiguar lo que puede suponer vivir años y años en el cuerpo de alguien a quien todo el mundo define como a un genio. Es posible que sea un genio, no lo sé, es posible que sí. Pero yo, ¡Robert Zimmerman!, necesito también respirar, comer, pasear, dormir, ¡cagar, tío! ¡¡Bob Dylan también caga!! ¿Cómo puedo sobrevivir con este peso, cuando todo me recuerda que soy un genio digno de adoración? ¡¡Tengo que huir!!, ¿Entiendes?

- Es posible...

- ¿Tú te imaginas? Estoy con Georges Harrison, joder, ¡un beatle! ¡Es una personalidad mundial! ¡Pues Georges me adora! Lo veo a mi lado y creo que de un momento a otro se va a tirar al suelo a besarme el zapato. ¿Qué puedes hacer con un tipo así? ¿De qué puedes hablar? Seguro que le encantaría que me tirara un pedo. ¡Lo encontraría genial!

Nos reímos a carcajadas los dos. Tiene razón. Espero que mi cara no denote también mi admiración de fan imbécil. ¿Pero qué cara pone uno delante de Bob Dylan, eh? Yo no lo sé...

- ¿Y lo de esta nueva personalidad de cuándo es?

- Hace años que la uso. Si no lo hiciera me volvería loco, de verdad. Piénsalo. Siempre que puedo cambio mi imagen y salgo a la calle. Es lo que te decía. Claro que me encanta la gente. Pero la gente que no sabe que soy Bob Dylan. Voy a los bares, hago viajes, paseo por las ciudades, entro en las librerías. ¡Es maravilloso ser anónimo! ¿Cómo crees que podría componer si no conociese al ser humano?

- Claro. No lo había pensado. Tienes letras que demuestran que captas perfectamente el sentir de la gente de la calle...

- Me encanta la gente, Carlos –me dice con absoluta sinceridad en sus palabras-. A menudo entro en los bares donde hay jóvenes tocando y disfruto descubriendo su música. ¿Sabes? Alguna vez les pido que me dejen tocar con ellos. ¡Ellos se ríen! ¡Mira el abuelo cómo toca!, te dicen. ¡Y cuando estoy verdaderamente cachondo, me imito a mí mismo! ¡Les canto canciones de Bob Dylan! Joder, tío, te dicen, no lo haces mal. ¡Lo clavas! ¿Cómo haces esa voz de pato Donald?, me dicen.

Nos partimos de risa. ¿Así que el mismo Dylan sabe que se dice que su voz es como la de un gato rabioso, como el graznido del pato Donald? Nos descojonamos comentándolo. Y confieso que me olvido que estoy con uno de los hombres más desconocido de estos tiempos. No quiero ni pensar (bueno, lo pienso y me mareo) lo que darían todos esos periodistas modernos por estar aquí, ahora, sentados en mi butaca frente a esta gloria mundial. Escuchando sus palabras, tomándose una copa con él. ¡No es tan hijoputa este tío como pensábamos!

- Ahora quiero otra foto, Albert. Bueno, Bob. Otra foto juntos –le comento balbuceando. El alcohol ya nos va haciendo efecto.

Nos hacemos una colección. Siempre alguna de ellas con el periódico del día y de la ciudad, para constatar que este tipo que parece Bob Dylan estuvo en mi casa.

- Oye, Bob, ¿conoces algo de la música española? ¿De la cultura española? –le pregunto por preguntar algo, pensando que soy un periodista de la tele.

- Sí, muy poco. Conozco a los poetas españoles, sobre todo. Claro, te mentí. No poseo ninguna editorial. Pero algún día la montaré. Y editaré a Lorca, Neruda, y Alexandre. Y Dalí, me gusta mucho el Dalí escritor. Me encanta Buñuel. Era un genio. Tengo algunas de sus películas en vídeo. Es muy inquietante El ángel exterminador. No conozco nada de la actualidad realmente. Bueno, me gusta mucho Camarón de la Isla. No entiendo nada de flamenco, pero ahí hay sentimiento puro. Paco de Lucía es único, ¿no? Me lo recomendó Akira y me compré algunos de sus discos. ¿Cómo se puede tocar así la guitarra? Un día en la radio escuché un cantante que me interesó y pedí el disco. Tiene un nombre muy raro... a ver... José Antonio... ¡Canta!

- ¿José Antonio Canta? ¿Quién es ese?

- No sé. Sus canciones eran muy raras. Lo poco que entendí era espléndido. Completamente surrealista. Lo escuché en España, en un coche y mandé que me lo comprasen, pero no se vendía, no sé qué pasaba, no estaba en las tiendas... Al final alguien lo encontró en una gran tienda... Es muy interesante.

Es increíble pero este tipo viaja en tren. Le gustan los trenes. Se lleva la maleta llena de libros y de discos. El día anterior a su partida fuimos a unos grandes almacenes y llenamos las bolsas de autores españoles. ¡Tendrán que agradecerme que Bob Dylan conozca algo más de la cultura española!

Mi mujer y mis chicos se despiden en casa, pero yo le acompaño a la estación. Desde Madrid tomará el vuelo para Nueva York. Yo sé que nunca más volveremos a vernos. Bueno, quizás si vuelve por Zaragoza podríamos pasar un rato en el hotel. No sé. Me dice que piensa tomarse unas largas vacaciones. Que su corazón le dio un gran susto y no quiere darle facilidades. Se va a dedicar a componer. Y a viajar. Embutido en su nueva personalidad quiere descubrir aquellos lugares por los que pasó como un fantasma con su guitarra. Lugares de los que sólo recuerda una habitación de hotel semejante a otra habitación de cualquier hotel de cualquier ciudad del mundo.

Nos hacemos la última foto en el andén, delante del tren que va a tomar. Está sonriente. Dentro de un mes volverá a ver a Akira y le contará nuestro encuentro. Se le ve feliz a este cabrón. Me ha dado sus señas en Nueva York. ¡Su teléfono directo!

- Puedes contar lo que quieras de esta visita –me dice dándome un gran abrazo-. Pero yo no lo haría. ¿Tú crees que alguien va a creer que Bob Dylan...

- ...estuvo en Zaragoza?

- No. Eso es posible. Que Bob Dylan no es un gran hijo de puta.

- Es cierto. Eres un gran hijo de puta.

- Claro. Nadie te creería”.






Joaquín Carbonell
de su web

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