jueves, 31 de enero de 2013

LA VIEJA TÍA (Antonio Envid)

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AEM


No solamente por las expectativas de alcanzar su herencia, que también, si he de ser sincero, sino, además, por cierto placer que su compañía me proporcionaba, visitaba a mi vieja tía con alguna frecuencia. De elegantes y algo anticuadas maneras, quizá su distinción le confería ese aire de tiempos ya idos; su conversación transcurría siempre por cauces moderados e inteligentes. 

La vieja sirvienta me franqueó la entrada. Su señora tía le espera en la biblioteca. Penetrar en el inmenso piso del barrio de Salamanca suponía ingresar en otro tiempo, la época de la burguesía feliz y acomodada como clase estamental de los años cincuenta del pasado siglo. Silencio, orden, ambiente encapsulado. Tras el saludo habitual y el relato de sus pequeños achaques en contestación a mi pregunta sobre su salud, la criada sirvió el té, ritual al que se entregaba mi tía todas las tardes, estuviera sola o acompañada. La conversación se desarrollaba sobre temas de actualidad de la que mostraba estar bien informada, siempre de fuentes conservadoras, ABC, Intereconomía, etc., pero sometidas a una objetiva crítica. De pronto expresó, como en un suspiro: ¡A estas horas suele venir Romualdo! Parece que hoy se retrasa un poco. 

Yo no escuché nada, pero ella salió de la habitación con una ágil corridita imprevisible para su edad, exclamando un ¡Ya está aquí!, con alivio. Pasa Romualdo, pasa, mira nos ha venido a visitar mi sobrino, ya lo conoces. Abría la puerta con su mejor sonrisa, bailándole de gozo los ojos en la cara, dirigiendo a su invisible visitante hacía un sillón, ofreciéndole una taza de té. Cuando paso junto a mí noté como un vórtice de aire frío que me produjo cierto desasosiego. Salí de puntillas de la biblioteca dejando a mi tía en amena charla con su amado, haciendo melindres y coqueteos de adolescente. Romualdo, que fue su novio, había muerto muy joven, a punto de que ambos fueran a celebrar la boda.




Antonio Envid

miércoles, 30 de enero de 2013

LA AMÉ (Narciso de Alfonso)


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Le presté una edición bilingüe de los poemas de Catulo,
la miraba a los ojos cuando me hablaba,
la acompañé un par de veces al portal de su casa,
le expliqué con paciencia y entusiasmo la ecuación de Schrödinger,
la llevé a montar a caballo y a ver el mar,
le dejé mi abrigo uno de los días más fríos de invierno,
la invité a cenar ravioli con chianti,
la hice creer en su belleza,
me corté el meñique de la mano izquierda en prueba de fidelidad,
la escondí, la amé, hice que su nombre fuera respetado,
odié a sus enemigos,
soborné a mis amigos para que la dejaran ganar al póker,
la dejé enamorarse de un camarero,
quise para ella lo mejor,
mis abogados la sacaron de la cárcel,
disponía de mi chófer a su antojo,
y cuando se cansó de mí, al despedirse,
sólo me dijo que no soportaba a los enanos.

A mí, que casi alcanzo el metro treinta.



Narciso de Alfonso
Cuescos


martes, 29 de enero de 2013

EL SILENCIO DE UN NÁUFRAGO (Ángel Ferrer)

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Fishermen at sea
JMW Turner, 1796 - Tate Gallery, Londres
sgs


Los recuerdos se hunden
con el barco
transportados al fondo

Permaneciendo inmóviles
los cuerpos flotan
haciéndose uno con el mar

Y la fuerza de su secreto
es la fuerza de las mareas
Involuntaria justicia

Mientras, floto
efervescente y cianótico
buscando el nacimiento del pensamiento

Recorriendo el camino
descubro que lo que emana
subyace


Lo externo como afluente
se agolpa en el cabezal
de las letras del lenguaje
lanzando cada palabra
a golpe de martillo
desde el laboratorio de las emociones

Y su fusión aumenta la potencia
que al pasar por el tamiz del otro, fisiona

Estruendo sordo depositado en el fondo
sedimentado
licuado constructo que por su gravedad
viaja, hasta el centro de la tierra.



Ángel Ferrer


domingo, 27 de enero de 2013

EL DUQUE EMPALMADO (Armando Muchabulla)

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Pues jugando al balonmano
y en pelotas tan experto
a quien extrañará el suceso
de ser un duque empalmado
ya que usó una vieja vía
para adquirir la nobleza
utilizar la bragueta
para tan alta porfía
ascendiendo desde abajo
llegando a la duquería
pasando por la varonía
sin coger ningún atajo



Armando Muchabulla

sábado, 26 de enero de 2013

APAGADA ANTES DE SER ENCENDIDA (Juan Serrano)

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Subo a tientas la escalera de las páginas del libro de Avelino Hernández, Campodelagua (1990). Y como Ángela, me bloqueo. No consigo entender el texto; pero me satisface más que si lo entendiera, pues tras su lectura, me quedo, (me sucede casi siempre con cualquier cosa que leo), casi a las puertas del misterio. Y ese casi es más que el todo. Y por ende las palabras de Avelino, siendo inútiles, (nunca me dicen lo que espero), no son innecesarias, sino bellas, suaves y frescas. No están de más. Día y noche: cadenciosas; pero sin degustar nunca el milagro. El escritor quizá tampoco haya saboreado la gracia que desea transmitirnos. Eso sí, lo barrunta en metáforas vestidas de lino y rica pana, con suave brisa, caricias del alba, con el silbo melancólico de los pájaros.

Mientras Ángela se desnuda, sin luz en la alcoba, yo como Ricardo me remuevo por no encontrarme nunca con la palabra desnuda. La sensación erótica de tener casi a la mano la quinta esencia de la palabra en su sola carne, (y no del todo). Si tal vez el milagro se diera, (toda, entera y desnuda), me quedaría con su dádiva apagada antes de ser encendida. ¡Qué bello este momento único, ambiguo y fugaz; ni de ayer ya ni todavía de hoy! La alborada que se escapa.

Después de haber escalado montañas de libros, y llegar a la cima, es penoso encontrarme de nuevo otro libro como reto, interminable peldaño. ¡Hasta que el cuerpo aguante!


Juan Serrano
(En el blog Blao
16 diciembre 2012)


viernes, 25 de enero de 2013

EL MAR OCULTO (Ángel Ferrer)

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El mar oculto
en lo recóndito de la memoria
que ya es olvido
anhela desatar las poleas
que vierten en el matraz
los límites de mi ser
que arrancan los segundos
de mi atropellada existencia
tras el cristal


Ángel Ferrer


jueves, 24 de enero de 2013

CONFUSIÓN DE CONFUSIONES (Antonio Envid Miñana)

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No puede asegurarse que el repunte al alza de la Bolsa al que estamos asistiendo estos días sea sostenido, pero razonablemente hay que esperar que en algún momento de este 2013 se produzca esa inflexión de subida generalizada de cotizaciones, cambiando la tendencia del mercado de valores español. Entre la economía financiera y la economía real tiene lugar un gap, de modo que la Bolsa se anticipa siempre a la reactivación de la actividad económica. Encarrilada, que no cerrada, la reestructuración de nuestro sistema financiero, el verdadero enfermo de nuestro sistema económico, cuando los grupos internacionales vuelvan la vista a España, país que les ofrece bastante seguridad jurídica, costos relativamente bajos en relación con otras áreas y personal bien formado, adecuadas infraestructuras, el inicio de la recuperación estará próxima, aunque quizá sus efectos no se noten todavía, y la Bolsa anticipará estas perspectivas.

No es muy conocido el hecho de que el primer tratado sobre la Bolsa se escribió en español. Su autor José Penso de la Vega, un judío de origen español, aunque quizá nacido en Portugal, y asentado en Ámsterdam, publicó en 1699 un libro que tituló “Confusión de confusiones”, en alusión a los azarosos negocios que en su ciudad se llevaban a cabo. El libro, aparte de describir el funcionamiento de la primera Bolsa moderna, la de Ámsterdam, es una pequeña joya literaria del judeoespañol. El gran hispanista francés M. Bataillon aseguraba que “Joseph de la Vega maneja con virtuosismo la lengua de Baltasar Gracián” y veía en sus obras el testimonio de la vitalidad de la cultura judeo-española en los Países Bajos en una época en que desaparecía Spinoza dejando una biblioteca bien nutrida de literatura castellana. La diáspora provocada por la expulsión de los judíos de España y luego de Portugal expandió su cultura por toda Europa.

Pero, como ha quedado dicho, a la vez se trata de un interesante libro para conocer cómo se desarrollaba el activo mercado de valores holandés del siglo XVII y conocer, de primera mano, el desarrollo de una de las burbujas financieras históricas. Holanda atravesaba un periodo de floreciente prosperidad en esa época; el comercio con sus factorías en las Indias proporcionaban una abundancia de dinero que buscaba colocación ante pocas alternativas, dando lugar a importantes especulaciones. Entre 1636 y 1637 se desarrolló el conocido episodio de la especulación con los tulipanes, de trágicas consecuencias, y con una duración de casi todo un siglo, el diecisiete, el auge y crisis de su Bolsa. Todo comenzó cuando en 1602 se funda la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, verdadera multinacional con factorías en Indonesia, India y China, que proporcionó a los Países Bajos un volumen inusitado de comercio. Sus jugosos beneficios hicieron que sus acciones subieron de valor rápidamente y ello dio lugar a un activo comercio con sus valores, sobre todo en el mercado de Ámsterdam. José Penso de la Vega nos informa de los tipos de negocio que se practicaban en dicha Bolsa y cómo se desarrollaban, con la sorpresa de que casi toda las operaciones actuales ya se conocían en aquel tiempo: además de las operaciones al contado se realizaban operaciones a crédito y a futuro, se contrataban, de modo habitual, opciones, tanto en la modalidad “call”, como “put”; incluso una curiosas operaciones sobre valores virtuales, que eran las acciones “ducaton”, fracciones ideales de acciones de la Compañía, que al ser su nominal muy elevado, 500 libras, se fraccionaban artificialmente para popularizar su negociación.

No faltaron tampoco los pánicos financieros, así en 1608 las acciones de la Compañía, que habían doblado su valor, cayeron de pronto a un treinta por ciento del mismo, debido a arteros negocios a corto de un grupo de inversores, aunque posteriormente se recuperaron, conociendo un buen ciclo, pero hacia finales de siglo, cuando nuestro autor publica su libro, la Bolsa se había desplomado otra vez, para no recuperarse ya. Por cierto que Penso de la Vega, al parecer, se arruinó en esa debacle y ello le impulsó a escribir su tratado y darle tan sugestivo título.

Puede hallarse este libro en Amazon en versión para Kindle con comentarios técnicos del autor de este artículo que ayudan a la comprensión de las operaciones financieras descritas.


Antonio Envid Miñana
21 enero 2013


miércoles, 23 de enero de 2013

LAS EXPLOSIONES MAMARIAS (Babiluno)

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El día señalado, Don Tomás me llamó a mí, el Administrador de su comunidad, y juntos nos dirigimos a la Comisaría Central. El Presidente se tiró todo el camino recitando el rollo aprendido, como un estudiante a punto de realizar un examen. Cuando entramos en el despacho del Inspector Jefe, no pude evitar un estremecimiento al comprobar que se trataba de una mujer tremendamente pechugona. No es que me disgusten las buenas delanteras, pero en los tiempos salvajes que nos han tocado vivir, lo mejor es no tentar a la suerte. De hecho, llevaba varios días refugiado en mi casa ante el alarmante incremento que habían experimentado las explosiones mamarias. Las imágenes del telediario mostraban la ciudad convertida en un infierno. En el momento menos pensado, cualquier buena señora que sufriera un ataque de risa descomunal, te podía mandar a freír espárragos de un chupinazo mamario. Nadie sabía, a ciencia cierta, cual podía ser el motivo de semejante burrada. Ni siquiera los expertos se ponían de acuerdo en qué tipo de domingas eran las más peligrosas, aunque no había que ser demasiado listo para saber que las gordas, o muy gordas, como era el caso, suponían un riesgo considerablemente más alto que las perillas limoneras de andar por casa. En este delicado asunto, nadie se mojaba oficialmente. Da lo mismo. Mi temor era cierto y no me extenderé más. Sin embargo, no pensaba salir corriendo como una gallina, así que traté de mantener la calma retirando mi vista del escote. Mientras tanto y tras las pertinentes presentaciones, el Presidente empezó su actuación. Como si estuviera en pijama frente al espejo de su casa, explicó con suma naturalidad, que en la urbanización teníamos un bruto que durante un tiempo fue considerado por los propietarios como un dios viviente, pero que ahora causaba un miedo atroz porque tenía la extraordinaria virtud de cicatrizar sus heridas a voluntad modelando sobre su piel unos horribles acertijos que, bien estudiados, podrían servir para esclarecer algunos de los misterios sin resolver que habían terminado poniendo en ridículo la labor de la policía. ¡Con dos pelotas, sí señor! Y dicho esto, el Presidente se calló satisfecho con su exposición. La Inspectora Jefe demostró ser una profesional como la copa de un pino. Aguantó el tipo realmente bien, pero finalmente, dejó de morderse los labios y se rindió. Encanada de la risa, empezó a soltar unos tremendos lagrimones y a pegar puñetazos sobre la mesa del despacho mientras se justificaba de forma entrecortada: “Perdone usted...pero eso que me cuenta…el Energúmeno…no puedo…no puedo…”


El pobre Don Tomás se quedó petrificado como si le hubiera mirado un basilisco, mientras la mujer se descoyuntaba de risa. Las carcajadas se fueron convirtiendo en un puro histerismo hasta que comenzaron a resonar extrañamente cavernosas. Pude comprobar horrorizado como sus enormes pechos se hinchaban peligrosamente. La mecha del petardo se había encendido. Desesperado, le hice toda clase de señas y aspavientos para avisarla, pero la insensata continuó riendo de forma descontrolada. Faltando al mínimo decoro exigible, pegué mi hombro contra las pechugas de la hembra y empecé a empujar con todas mis fuerzas, pero la presión me fue desplazando hacia atrás. Cuerpo a cuerpo, los chicharrones siguieron creciendo hasta que dejé de ver la cara a la autoridad. Aquellos pelotones de playa estaban a punto de estallar. No se podía hacer nada más. Tocaba ponerse a cubierto. Agarré al Presidente y lo saqué del despacho a empujones. Segundos después, la risotada se cortó de cuajo y un estampido hizo temblar los cimientos del edificio. Aunque el sistema automático de seguridad puso a tope la relajante música ambiental para aeropuertos, nadie pudo evitar que el pánico se extendiera como la pólvora. En estos casos, las normas aconsejan no utilizar el ascensor, así que una masa humana descontrolada colapsó las escaleras de bajada. Casi todos iban más despistados que un sordo en un baile mientras, los más listos, seguíamos mirando a nuestro alrededor no fuéramos a cruzarnos con la tonta de turno a la que siempre le da por echarse a reír como una loca en las situaciones más inconvenientes. ¡Ni se me ocurriría bailar con alguna así!


El Presidente no había recuperado el color de la cara, cuando cientos de nudillos llamaron a su puerta. Eran los vecinos de la “Asociación Pacífica con Antorchas” que había llegado para pedir explicaciones. La promesa no se había cumplido y el Energúmeno siguiera paseándose en tanga por la urbanización con su habitual tono amenazante, así que el Presidente, resignado, abrió el balcón del unifamiliar 37 sabiendo que iba a escribirse la última página de su biografía.



Leer completa
esta apasionante 
narración en
El blog de Babilunio





martes, 22 de enero de 2013

LA CASITA PAREADA (Antonio Envid)

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AEM


Con desgana se internó en la bruma del alba en la que las primeras luces del día, débiles y tristes, acompañando a las agrias emanadas de unas moribundas farolas trataban de conseguir, con escaso éxito, quebrar la oscuridad, dejando atrás su casita pareada, de fachada gris como todas las casitas uniformadas que con ella se alineaban . Atravesaba las calles de la urbanización, cortas y rectas, flanqueadas por casitas pareadas todas iguales y grises, sumidas en un silencio de hospital, roto por el ladrido de los perros. Un perro por cada casa, dos o tres ladridos por cada perro, al pasar. Sería un saludo, porque sabían que puntualmente cinco días a la semana y a la misma hora, salía de su casa y seguía siempre el mismo camino hasta la parada del autobús de empresa que lo llevaba al trabajo. No era un desconocido, ni, mucho menos, una amenaza. La vista baja, ¿para qué alzar la vista a las viviendas?, las tenía muy vistas, siempre le parecieron una columna de obreros esperando a que el capataz diera la voz de marchar. Si no rechazaba con determinación la imagen, le recordaban la foto de una fila de prisioneros de un campo de concentración alemán, vestidos con un uniforme de rayas grises y blancas, vista en un magacín dominical. Al menos, los restos del poblado o barrio que había ido retrocediendo ante las excavadoras de la constructora de la urbanización, eran de un polimorfismo inverosímil, de arquitectura caótica, pintadas con los colores más diversos, según el gusto de cada vecino o la pintura de oferta que su bolsillo le hubiera permitido adquirir, lo que les prestaba un aire humanizado y atractivo. Su mujer lo tildaba de loco cada vez que le proponía cambiar su moderna casa por una vieja de aquellas y mudarse al barrio suburbano, abigarrado y alborotador.

Poco a poco se abrían y cerraban las puertas de las casitas y gentes tan parecidas a él que podrían ser clones se subían las solapas del abrigo y con la vista al suelo comenzaban a caminar. De cada casa gris y uniforme salía una persona. En cada casa gris y uniforme se escuchaba el ladrido de un perro. En cada casa comenzaba a alumbrarse una luz. De cada casa salía un débil humo por su chimenea. De cada casa se desprendía la misma tristeza gris y uniforme.

Tenía que atravesar un descampado o solar que la crisis había convertido en un pedazo de tierra ambigua, ni era un campo, aunque crecían hierbajos, ni era solar, aunque amontonara desperdicios de construcción. Una luz lo cegó. Una especie de capsula espacial aterrizó a pocos pasos de él. Del artefacto se desprendió una rampa y comenzaron a deslizarse por ella unos extraños seres. ¡Por fin!, se dijo, “ya han llegado” y una sonrisa iluminó su cara.


Antonio Envid. 


lunes, 21 de enero de 2013

VERICUETO MULLIGAN LLEGA A LA ISLA (Servando Gotor)

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Vericueto Mulligan llegó a la isla como un turista cualquiera, pantalón corto de franela, sansonite, mochilita a la espalda, gafas de sol, gorra de tenista y una guía Berlitz de Budapest. El AVE lo dejó en la estación de Delicias a las nueve en punto de la mañana. Zaragoza le recibió con una buena bofetada de calor. Y al tomar un taxi ni se enteró de que el conductor había rechazado previamente a su compañero de asiento, el joven aquel tan educado y tan serio que parecía un juez del Mississipi. Además debía de ser melómano perdido porque se pasó el viaje con los auriculares en los oídos. 
- Al Royal Augusta Metrodoro Building, plís. 
- Buen hotel, vive dios. 
- No admiten perros y lo anuncian en la tele. 
- Ah, mire, eso no lo sabía yo: que lo anunciaran en la tele.
- Me lo recomendó mi turoperador, ¿sabe? 
- Su turoperador, ya. Entiendo. 
- Buen tiempo tienen por aquí, ¿eh? 
- Ayer, sin embargo, tuvimos un día muy malo. Y es que cuando sopla el cierzo, cuando le da por soplar al cierzo... En esta isla ya se sabe. Pero no se fíe, no se fíe, mire arriba, esa nube alargada con forma de gatos siamés. Ya veremos, ya veremos si no nos cae un buen chaparrón. 
- Ay, qué maravilla, ¿no es eso el zoco? 
- Sí señor, el Zoco de Matalascañas: Mudejar tardío, siglo XVIII con lazos y labores de Mahoma Rami. Ahí lo tiene. El mismísimo Zoco de Matalascañas. 
- Aquí lo pone, sí; mire, aquí lo dice: de lunes a sábado en horario comercial. Visitas guiadas todas las mañanas de 10 a 12. Imperdible. 
- ¿Imperdible? ¿Para qué quiere un imperdible? 
- No, por dios, lo dice la guía: Imperdible la visita al taller de abanicos digitales donde podrá degustar el conocido revuelto, bebida típica de la isla. 
- Ah, sí ¿eh? Hablan del revuelto, qué cosas. 
- Estas guías son muy buenas. 
- ¿Y del Mahoma Rami, hablan del Mahoma Rami también?
- ¿Del Mahoma...? A ver déjeme que lo mire. Hmmm... se visita la fábrica de porcelanas... donde recomendamos... un descanso reparador con un café brulé o carajillo... hmm... encontrará de varios precios tamaños y color... y sólo en pocos minutos... los famosos diamantes de Amberes... allí podrá admirar las fabulosas alfombras de… donde también puede adquirir... hmmm... Pues no, no hablan del tal Rami. Pero mire, mire, el Puente de las Cadenas sí que sale. 
- Ya me lo parecía a mí, ya. Fíjese, esto es el Coso. Aquí, a la izquierda, el Edificio Adriática. No, no se moleste, seguro que no viene en su guía. A la derecha, el Palacio de los Luna, actual sede del Tribunal Superior de Justicia de Aragón. Renacimiento, Siglo XVI, merece la pena fijarse en el patio, los azulejos y la portada, de gran similitud, aunque ésta más majestuosa, con la del palacio de los mismos Luna en Illueca. Ya en el interior, diversos artesonados producen escalofríos a todos, se sienten en el banquillo o no. No, no, déjelo, seguro que en su guía no hablan de los artesonados. Y al fondo, ¿ve al fondo ese edificio antiguo? Son los escolapios. 


Narciso de Alfonso
Servando Gotor






sábado, 19 de enero de 2013

LA MUERTE DEL ESCRITOR (Juan Serrano)




Si escribir es morir, como decía Maurice Blanchot, ¿acaso no es también resucitar?

El otro día, con motivo de la presentación de Molínea 33, un contertulio decía que a él más le importaba su obra, que su autoría, y que por tanto el escritor debía desasirse, desaparecer, morir en sus letras. Y yo entonces me acordé de Lacán, cuando dice que el goze es la castración. Y así, nos afanamos en huir de la realidad, para encontrarnos en la representación, en la palabra, en el concepto, como idea de lo universal frente a lo perecedero.

Los que, como mi amigo contertulio, afirmamos altruista y modestamente, que el escritor debe autoinmolarse en aras de su libro, ¿acáso no nos engañamos y mentimos disfrazándonos de superhombres humildes? Pues como muy bien comentaba otro compañero en la tertulia, nadie escribe para no ser leído. Y al no poder perpetuarnos y trascendernos después de muertos, lo que hacemos es desearle al menos la suerte de la inmortalidad, si fuera posible, a algún escrito nuestro.

Y al hilo de la muerte-resurrección del escritor, pienso que, si de las tantas cartas que me enviara mi madre, los años que en mi juventud estuve alejado de la casa familiar, hubiese guardado siquiera alguna de aquellas sencillas, queridas y espontáneas epístolas, hoy, al poder releer, aunque sólo fuese su firma, la tendría a ella misma en persona, aquí ahora a mi lado, eternizada en este instante.

Y otro sí final. Recuerdo aquel día en clase de Literatura que me preguntaron por el año de nacimiento del autor de La Divina Comedia, y no supe que decir. Sin embargo aquella su inmortal frase a la puerta del infierno, Lasciate ogni speranza, voi ch'entrate, nunca se borrará de mi memoria. Que llevo a Dante resucitado dentro de mí hasta que muera. E incluso, muerto yo, en sus letras, como en el nogal de mi huerto, seguirán posándose las palomas de mi vecino en este invierno de primavera.



Juan Serrano
(En el blog Blao
9 enero, 2013)



viernes, 18 de enero de 2013

QUIERO... (Narciso de Alfonso)

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Quiero mi armonía, mi longitud, mi astro, pero sólo encuentro ríos enemigos, minutos verdes, rastros de cianuro. 

Quiero mi referencia, mi nombre, mi calor, pero sólo encuentro minerales crudos, individuos sin mirada, líneas nocturnas. 

Busco mi pasión, mi mente, mis medidas, pero sólo encuentro uralitas rotas, plásticos sin velocidad, cráneos sin dueño. 

Quiero mi hueso central, mi argumento, mi cifra, pero sólo encuentro seres difuntos, gatos abandonados, pieles polvorientas. 

Busco mis ojos, mi tiempo, mi alma, pero sólo encuentro aves derribadas, alambres fríos, colores con miedo. 

Busco mi clima, mi edad, mi fuego, pero sólo encuentro energías mortales, vientos amarillos, manchas enfermas. 

Quiero mi sosiego, mi carne pura, mi elección, pero sólo encuentro sustancias dolorosas, extensas heridas, kilómetros vacíos. 

Busco mi luz, mi suelo, mi sabor, pero sólo encuentro valles sin tamaño, cambios de sitio, líquidos de la tierra.



Narciso de Alfonso
Cuescos


miércoles, 16 de enero de 2013

MIENTRAS EN LO PROFUNDO DEL MAR... (Ángel Ferrer)

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Mientras en lo profundo
del mar
el mayor pesar descansa
en sus playas inmóviles
que la luna
intenta mover

Las silenciosas lágrimas
de la madre tierra
son ríos ocultos
en grutas ignoradas
que al desembocar
son rescatados por el sol
que los convierte en lluvia
atravesándonos
deteniéndose así
su eterno llanto


Ángel Ferrer

martes, 15 de enero de 2013

REFLEXIONES DE UN PROSTÁTICO.- SOBRE MÚSICAS Y OTRAS MURGAS (Armando Muchabulla)






“He aquí, el sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno. El que tiene oídos para oír, oiga”. (Mateo, 13) 


Inicio aquí una serie de reflexiones que Dios sabe por qué veredas me llevarán. De momento comenzaremos con la parábola del sembrador, pero no salgan corriendo, que nos soy cura de aldea ni tengo vocación de predicador, lo que ocurre es que viene aquí como pedrada en ojo de boticario. Es cierto que de esta levítica ciudad cesaraugustana han salido Eva Amaral y Juan Aguirre, Enrique Bunbury y sus Héroes del Silencio, y hasta alguno más de los que no quiero hacer el esfuerzo de recordar ni de olvidar. Junto a estas rutilantes estrellas ¡cuántos grupos musicales, cuantos cantantes y músicos con verdadero talento, que habrían fructificado de haber caído en buena tierra! Cuánta semilla caída en pedregales o agostada o ahogada por una atmósfera nada propicia para prosperar. Quien tenga oídos, que oiga. 


Viene a cuento todo esto porque he visitado la muestra de fotografías y recuerdos de una vetusta Zaragoza retrotraída a los años sesenta y setenta, del pasado siglo, claro, ¿de qué otro iba a ser? Maldita nostalgia, esa es enfermedad del alma que la envenena, la desgarra y la deja como un estropajo usado, de modo que no suelo usar de esta droga, pero, a veces, la tentación es un abismo que nos empuja a él y nos queda otro remedio que dejarnos despeñar por él. Se muestran allí fotos de Gavy Sander´s, Rocky Kan, Chico Valento. Verdaderos genios que se ahogaron en esta tierra carente de profundidad. Oh noches de Corinto y de Pigalle, perfumadas noches de cubalibres y rock and roll, noches intensas de Oasis y Capri. Profundas y abismales noches sin orillas de Orquídea donde todo era posible, Pepe de Zaragoza observándonos a través de sus gafas de escafandra de Nautilos mientras tocaba dos guitarras a la vez o a Chico Valento cantando el último rock, calentito, recién salido de la base americana. 

Gavy Sander´s, Rocky Kan, Baby, Chico Valento, el rey del twist. Padres fundadores de una nueva religión, el concierto para jóvenes que se creían rebeldes y que tenían causa. Debeladores de ñoñeces y banalidad, de chiclés duos dinámicos, karinas y marysoles, de copla y botijo. Heraldos de otros mundos, que habitaban entre nosotros aunque no los reconociéramos. Ventanucos abiertos a un aire fresco que entraba en esta mansión cerrada, de ambiente enrarecido. ¿No es increíble, que en esta provinciana ciudad, sumida en una larga siesta algodonosa amparada por la boira del Ebro, en un clausurado país, la España de los sesenta y setenta, se abrieran una tempranas flores que nos traían el perfume del mejor rock que triunfaba en el este americano? Con imposibles equipos de sonido, con un inexplicable inglés de acento maño, o con tempranas traducciones, sonaban “El rock de la cárcel”, “Popotitos”, “Ahí viene la plaga”, “Speedy Gonzales”, “Blueberry hill”……. Todo lo clásico, todo lo inmortal, el rock grande. Toda nuestra esperanza cabía en unas horas de rock y cubata, el resto era plomo y cenizas de cuaresma. 


Armando Muchabulla    




lunes, 14 de enero de 2013

SERAFITA, LA NOVELA MÍSTICA DE BALZAC EN LA VERSIÓN DE NARCISO DE ALFONSO

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Lecturas hispánicas edita la novela mística de Balzac en una traducción exclusiva de Narciso de Alfonso, en versión digital y en libro de bolsillo (tapa blanda).





De las noventa y cinco obras que componen la monumental "Comedia humana" de Balzac (1799-1850),  Serafita (1835),  encuadrada en el apartado  de los "Estudios filosóficos", constituye sin lugar a dudas la novela mística por antonomasia.

Precisamente Honoré de Balzac que, con su magna obra se proponía, entre otras cosas, retratar la Francia de la Restauración borbónica creando así un mundo paralelo al real (todo un registro civil que reflejara exhaustivamente los tipos, clases, costumbres y paisajes de la época), fue tildado por ello de excesivamente realista, cuando no incluso de sensualista.  En el fondo de todas sus narraciones, sin embargo, late una espiritualidad que alcanza el misticismo con la obra que aquí presentamos.

Pero nadie mejor que el propio autor para defenderse —si es que por ello habría de hacerlo— de semejante suerte de acusación —si es que de acusación se trata— en un párrafo de la breve introducción que él mismo hace a su "Comedia humana":

Al referir tal cantidad de hechos y pintarlos tal y como son, con la pasión por elemento, muchos han pensado, erróneamente, que pertenecía yo a la escuela sensual o materialista, dos caras de un mismo fenómeno: el panteísmo.  Pero andan muy equivocados. No comparto la creencia en el progreso ilimitado de la Sociedad.  Creo en el progreso del hombre. Y se equivocan por tanto quienes ven en mí la intención de tratar al ser humano como a una criatura finita.   Serafita, la doctrina de Buda en versión cristiana, me parece la respuesta más acertada a esta acusación, tan superficialmente difundida.

Es Serafita el poema de la transformación que todo ser humano con ansias de plenitud es capaz de alcanzar hasta convertirse en un verdadero ser celestial de aquellos que con tanta naturalidad describió Swedenborg, quien por cierto, según la propia novela, se manifestó en Jarvis el día que nació Serafita...  O Serafitus, según el género gramatical que le otorguemos, porque en definitiva se trata de un ser inmortal y, por tanto, asexuado; es decir: carente de la necesidad de reproducirse para salvar —al menos— su especie.

Contiene esta novela un lirismo tan elevado que sólo un buen poeta, y Narciso de Alfonso lo es, es capaz de trasladarla a nuestro idioma con toda su fuerza y frescura, de forma que podamos disfrutarla en su enorme magnitud.










SERAFITA



"La infancia de esta criatura predestinada siempre estuvo acompañada de extraños fenómenos en nuestro clima. Durante nueve años, nuestros inviernos fueron más suaves y nuestros veranos más largos que de costumbre. Este fenómeno provocó muchas discusiones entre los sabios; pero si sus explicaciones bastaron a los académicos, hicieron sonreír al barón cuando se las comuniqué.

"A Serafita nunca se la vio desnuda como están a veces los niños; nunca fue tocada ni por un hombre ni por una mujer; vivió virgen en el seno de su madre y nunca gritó. El viejo David os lo puede confirmar si le preguntáis por su señora, por la que, además, sentía una adoración similar a la que tenía por el Arca de la Alianza el rey cuyo nombre lleva.

"Desde los nueve años, la niña comenzó a introducirse en estado de oración: la oración es su vida; la habéis visto en nuestra iglesia, en Navidad, único día en que ella viene; está separada de otros cristianos por un espacio considerable. Si este espacio entre ella y los hombres no existe, sufre. Por eso se queda la mayor parte del tiempo en el castillo.

"Los acontecimientos de su vida, por otra parte, son desconocidos ya que apenas se deja ver...


Honoré de Balzac



viernes, 11 de enero de 2013

MIS VIÑETAS (Antonio Envid)

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INVIERNO, TIERRA DORMIDA (Juan Serrano)




Invierno, tierra dormida.
Helores, lumbre y ceniza.
Sudores de escarcha herida.
Diciembre, luz que agoniza.

Silencio de Dios y vida.
Abismo, deceso y sima.
Vigilia de anhelo henchida.
Espera, ¡cuán desasida!

Rescoldo y brasas en la cocina.
Y allá en la huerta, la luna llena
guarda del frío la tierra quieta,
sueño molido, plata cernida.

Virgen en cinta.
Labrado y yermo,
violado el campo
aguarda casto
la sementera.
 





Juan Serrano
(En el blog Blao
27 diciembre de 2012)





jueves, 10 de enero de 2013

MONOS VERDES, GRISES, AMARILLOS... (Servando Gotor)

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jgs


Monos, verdes, grises, amarillos, invadieron la casa del abogadillo azul horas antes de su muerte. Monos grandes que lo miraron como a un bulto sospechoso, como a un bicho raro y molesto. Y en medio del atroz espectáculo un pajarillo gris revoloteaba perdido por la casa, con mirada extraña, con ojitos tristes, con tierna sonrisa. 

Por el cincuenta de Conde Aranda. Don Florentino Gil, abogadete de pleitecillos baratos llegó reventado a casa. Poco antes de las dos. Toda la mañana bregando con una separación de mierda. Hasta recogió de la acera un pajarillo, un poyuelo, que andaba perdido entre la canícula Deshidratado, pensó. ¿También los pajarillos se deshidratan? Ningún charco. Ninguna fuente. Nada en que pudiera remojarse un poco, picotear unas gotitas de agua. Y el pobre bichito apenas si movía un poco la mínima cabeza. Se lo llevó a casa. Se repondrá con un poco de agua, seguro; estos pobres animalitos... Le pasa lo que a mí. Un pequeño descanso y por la tarde como nuevo. 

Reventáo, sudando, hundido por el calor, por el cansancio, con el pajarillo entre las manos, llegó al portal. El ascensor averiáo, vaya. Hala, con todo el sudor, con todo el calor, con la ropa mojada. Súbete nada menos que cinco pisos. Cinco hermosos pisos, cinco. Como cinco miuras, igual. Y ahora a ver cómo se lo toma la Gumer. Esos pajaritos los comía mi abuelo fritos. Eso, eso es lo que dijo la Gumer al verlo entrar. Le importó un comino su aspecto demacrado, roto, destrozadao. Pero ella, remangada y con los brazos en jarra: Esos pajaritos los comía mi abuelo fritos, no te jode. Y enseguida: ¿no pensarás tener ese bicho aquí, verdad? A mí no me jodas que bastante tengo contigo como para tenerme que ocupar de otro boca más. “Otra boca más”, nos ha jodido pensó el Florentino. “Otra boca más”. La boca, tu boca, tu pico, eso es, tu pico, que no hace más que berrear lo llenan mis pleitos de mierda, pensó. Pero mujer, el animalito estaba en las últimas, ¿no lo ves?. ¿En las últimas? En las últimas vas a estar tú porque me parece que se te ha olvidado algo. ¡Coño, los huevos! Se me han olvidado los huevos, Gumer. Pues mira que te he insistido esta mañana, eh, pero tú, has sido tú el que te has empeñado en traerlos del sitio ese que hablas siempre, que no se qué pueden tener esos huevos que no tengan los del Sabeco, así que tienes dos opciones, Floren, o bajas o no comes. Decidido, no como. Y mientras el pajarillo se iba reponiendo en el lavabo, don Florentino se bebió casi un litro de agua y con la tripa hinchada, se tiró en su orejero. Voy a ver el parte y descanso un rato. Y la Gumer escojonándose, con su pico diabólico: lo que más te va a durar, Floren, ¿no te acuerdas que se estropeo la tele anoche? Ostia, sí, y ¿cuándo venía el técnico? Ahora, a las dos y media. Gumer, yo me encierro en el dormitorio, que necesito descansar. No, Floren, tú no te encierras en ningún sitio ni vas a poder descansar. La tele es cosa tuya, yo no pienso atenderlo. Además, a la misma hora viene el fontanero. ¡Coño, el baño, es verdad! A Florentino le entaron unas repentinas, intensas, inmensas ganas de mear. Qué cosas, los cuerpos. Hasta que no me lo ha recordao ella, ni putas ganas de mear. Y ahora, ostia ahora no aguanto ni un segundo. Pues mira, Floren, matas dos pájaros de un tiro (lagarto lagarto, pensó él acordándose de poyuelito): bajas, compras los huevos y te echas una meada o una cagada, o lo que te pida el cuerpo, en el bar de abajo. Pero a las dos y media, aquí, como un clavo. Si no, no abriré al técnico ni al fontanero. Y Florentino como un rayo por las escaleras. Bajándolas de tres en tres.. Ya en la puerta del bar, de su bar de cabecera: “Cerrado por asunto familiar”. Coño, es verdad, que se les casa la Nati. Joer, tó al reves. La tripa le pesaba y le bailaba, bolínbolónbolínbolón, de un lado a otro, llena de agua. La vejiga apretando, a punto de reventar. Y me tendré que ir hasta el Cuesco, o... Pero cómo voy a entrar a esos bares que no me conocen, que no entrado en mi puta vida, hala, directamente, al water, hola buenos días que me cago. Sí porque todos piensan que te cagas cuando entras a un water. Además, además, es verdad, parece que hasta se me mueve el cuerpo ... por adentro, sí. Que lo que es por fuera, menuda la movida que estoy llevando. Y, venga, aunque no me entre, me tendré que tomar algo. Hay que dejar gasto, al menos, ¿no?. ¿Y qué, qué cojones me tomo con la tripa esta que llevo? Además, no sé, no creo que llegue. No, no creo que aguante hasta ninguno de esos bares de mierda que nunca me han interesado. No pudo, no pudo aguantar. Se metió en la callejuela de Miguel de Ara y allí, en un rincón se puso a mear. Punto. Mirando a un lado y a otro. La calle vacía, menos mal. Y quién coño va a ver más que un mierda abogadillo y, además, meando, como un indigente, como un desvergonzáo. El pajarillo se estará recuperando, el pobre. ¿O se habrá muerto ya? Coño, otro imbécil como yo por la calle, no te jode, qué coño hace a estas horas y con este calor. Mecagüen la puta, y yo que tengo aquí por lo menos para un minuto u medio más. Era Sito Fons, el barrendero, que se retiraba ya para casa. Oiga qué hace usted, sinvergüenza ¿es que no hay sitios públicos para mear? ¡Degeneráo, más que degeneráo!. Y el pobre Floren como como un tomate. Hasta se le cortó el pis. Se abrochó la bragueta y salió corriendo hacia Conde Aranda. Hala, a por los huevos. Por el 120, ya en el Portillo, la meada se descortó y se pringó calzoncillos y pantalones. Ya en casa, de vuelta, exhausto, a las tres menos cuarto, con ganas de cambiarse, de ducharse, se encontró a la Gumer, al técnico de la televisión y al fontanero, todos con los brazos en jarra frente a él, contra él. Se había ido la luz. ¡También la luz! Con el cuarto de baño a oscuras, el fontanero ni flores. Y sin corriente, usted dirá, dijo el técnico de la tele. Y don Florentino, demacrado, envuelto en sudor, los muslos escocidos por la meada, la migraña con sus primeros aguijonazos: Anda, Gumer, acércame las páginas amarillas que dicen en la tele que lo solucionan todo. ¿Para qué, Floren, para qué las páginas amarillas? Coño para llamar a un electricista. No te molestes, el teléfono no va. ¿Tampoco el teléfono? Tampoco. ¿Entonces? Pues eso que arreando, arreandito, si quieres, claro. A mí igual me da, por mí se puede caer la casa. Yo esta noche me cogeré lo imprescindible y me iré a dormir a casa mi hermana. 

Se cuenta por Conde aranda que don Florentino, no se sabe cómo, consiguió que su casa, aquella tarde, fuera un fluir de monos. Monos, verdes, grises, amarillos, invadieron la casa del abogadillo azul horas antes de su muerte. Monos grandes que lo miraron como a un bulto sospechoso, como a un bicho raro y molesto. Y en medio del atroz espectáculo, un pajarillo gris revoloteaba perdido por la casa, con mirada extraña, con ojitos tristes, con tierna sonrisa. 

Los enormes monos corrían por la casa como locos, porque hasta dos persianas se jodieron aquella misma tarde. Y él, allí, sobrando. En medio de todos. Él, en su casa. Un bulto sospechoso. Apartándose de aquí, de allá y de acullá. 

Por supuesto no fue al despacho, lo que terminaba de matarlo. Sí, matarlo. 

Pero lo peor llegó a la noche. Seguía sin funcionar nada. Si quería hacer mayores tenía que irse a un bar desconocido. Lo hizo. Pero sobre las once, o sobre las once y media, cuando exhausto quiso tirarse por vez primera al orejero, no para ver la televisión que no la pudieron arreglar porque no sabían lo que tenía, sino sólo para descansar tranquilo, una fuga de agua inundó el salón. En medio, flotando el pajarito, el pobre poyuelito, muerto, ahogado. 

No pudo superarlo. Y no, no lo superó. 

“Un abogado se suicida en Conde Aranda”, titulaba el Heraldo del día siguiente.



Servando Gotor
Cuescos


miércoles, 9 de enero de 2013

GIOVANNA DEGLI ALBIZZI TORNABUONI (Antonio Envid)

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Aparte de su belleza formal, algo misterioso tiene el retrato de Giovanna degli Albizzi que fascina al espectador. Hacia finales del siglo XV el maestro Ghirlandaio representó a esta joven florentina. Hay muchos retratos de la época, pleno renacimiento italiano, tan buenos como el presente, pero esta pintura, por alguna razón, atrae de forma especial y la convierte en la joya del museo Thyssen.


El maestro usó de su mejor técnica, pero también de un gran amor, se nota, para realizar el retrato. Presenta a la joven de perfil, canon poco usado, salvo en el arte egipcio y en la medallística, en ambos casos para mostrar dioses, faraones, emperadores y reyes. Esta postura realza los rasgos faciales y confiere cierto porte mayestático, pero sobre todo, en este cuadro pone de manifiesto dos cualidades que con otra pose pasarían más inadvertidas: el largo y flexible cuello de la joven, uno de los atributos de la belleza femenina (ya el Arcipreste elogiaba el largo cuello de garza como seña de donaire), y sus rubios cabellos recogidos en artístico y laborioso peinado en una adorable nuca. El rico brocado de su vestido y unas perlas que penden de una delgada cadenita son los únicos atributos que se permite el pintor para mostrar que la dama pertenece a una rica familia. Sencillez en el atuendo, aunque lujoso, para que nada distraiga la serena belleza de la joven, rasgos proporcionados y nobles, artístico peinado, seno breve. 


Sin embargo, a pesar de la belleza y juventud de la retratada, las ricas sedas del traje, un halo de tenue tristeza envuelve el cuadro. El secreto quizá se encuentre en que cuando Lorenzo Tornabuoni encarga hacia 1489 al maestro Ghirlandahio el retrato de su esposa Giovanna degli Albizzi, ésta ya había muerto. De este detalle se informa en la cartela que se encuentra en el fondo del cuadro. El pintor había conocido, necesariamente, a su modelo, pertenecía a una de las mejores familias de Florencia e incluso recordaría las faustuosas fiestas de su boda dos años atrás, cuando ambos contrayentes de dieciocho años parecían encarnar el colmo de la felicidad, y se esfuerza en representarla en su espléndida juventud, pero sobre él pesa el sentimiento de su ausencia, de que tanta felicidad y hermosura ha sido arrebatada cruelmente, de ahí esa serenidad, más allá de los azares vitales, quizá ya en el puesto de las diosas, ese aire de intemporalidad que desprende el cuadro y lo hace misterioso.


Conociendo la historia, la pintura todavía aumenta nuestra fascinación. Apenas dos años atrás, Giovanna resplandecía de felicidad, se unía en matrimonio con Lorenzo Tornabuoni, vástago de una de las familias más ricas de Florencia, emparentada con los Medici. Ambos eran jóvenes y bien parecidos y durante tres días, que duraron los festejos de su fastuosa boda, fueron los protagonistas de la vida florentina. Al año, el matrimonio se vio fructificado con un nacimiento, que colmaría, sin duda, los anhelos de la pareja. Sin embargo, otro año más y la vida les torna la espalda mostrando su faz más dura, la bella Giovanna muere de las complicaciones de un nuevo embarazo, cuando todo eran promesas de ventura y se desplegaban ante ella muchos años de buena fortuna. Los amados de los dioses mueren jóvenes, para que quede de ellos una bella imagen.



Antonio Envid




martes, 8 de enero de 2013

HAY COSAS PEORES QUE ESTAR SOLO (Bukowski en la versión de Narciso de Alfonso)

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Hay cosas peores que
estar solo
pero a menudo toma décadas
darse cuenta de ello
y más a menudo
cuando esto ocurre
es demasiado tarde
y no hay nada peor
que
un demasiado tarde



Bukowski
En la versión de
Narciso de Alfonso

(pronto en Balconcillos-Desde mi barricada)



sábado, 5 de enero de 2013

DE DONDE DERIVA EL NOMBRE DE AMSTERDAM Y OTRAS LINDECES

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Portada de Confusión de confusiones
en la edición de Lecturas hispánicas
anotada por Antonio Envid Miñana



MERCADER: El lugar y el modo con que se forman estas ruedas y se ajustan estas partidas, quisiera saber, sino sirviera á nuestro amigo de fatiga para que ya que aprendimos la origen, el inventor, y el enredo, no ignorássemos el modo del combate y el lugar del desafio. 

ACCIONISTA: Es tan continuo y incessable el negocio que apenas hay lugar fixo que pueda intitularse su palestra; sin embargo, son el Damo y la Bolsa los que mas se frequentan, empeçándosse á luchar en el Damo desde las diez hasta las doze y en la Bolsa desde las doze hasta las dos. 

Es el Damo una plaça que tiene el Palacio (á que llaman Casa de la Villa) por frontispicio, y llámanle los Flamencos Dam que significa en su lengua Un terrapleno que se haze contra el ímpetu del agua por haverse hecho en esta plaça uno destos terraplenos para defença del Amstel que es el rio de que toma esta ciudad de Amsterdam el nombre, corrumpido de Amstel-Dam en Amsterdam. 

Aqui empieça las mañanas el juego que dura hasta que se cierra la Bolsa á medio dia, donde acuden todos en chusma, por no pagar lo que se suele, despues de estar cerrada; y vá prosiguiendo en ella la batalla, sin que se suspendan las armas en los mayores cansancios, ni se propongan las treguas en los mayores ahogos. 

Es la Bolsa una plaçuela circundada de pilares (aunque si hay algunos de los que se arriman á estas colunas que son como la del fuego por lo que luzen, no faltan otros que sean como la de nube por lo que recatan la necessidad y encubren el estado) y llámasse Bolsa, o ya por encerrarse los mercaderes en ella como en una bolsa, o ya por las diligencias que haze cada uno por llenar la suya en ella, tomando el nombre de las causas, á imitacion de las tres mas decantadas Academias de la Grecia que unas lograron el nombre por el author, otras por el lugar, y muchas por los efectos*


________
(*) Como nos ilustra el autor, curiosamente la Bolsa se celebraba al aire libre. Después de haberse contentado durante unos diez años con un pequeño edificio provisional de madera en el centro del "Dam", la Bolsa se instalo en septiembre de 1845 en el edificio llamado la "Bolsa de las Columnas”.




de José Penso de la Vega
con anotaciones de Antonio Envid

LAS LETRAS DE TU BOCA (Juan Serrano)

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Cierro los ojos. Como un ciego cierro los ojos, y toco una a una las letras de tu boca para hacerla mía. Y no siento su volcán en mis dedos, ni el rojo de tus labios inflama los rastrojos de mi sensibilidad apagada. No nace en mis manos la cara de la mujer que quiero. No veo tus ojos de pantera, apasionados; ni los míos miran cual cíclope, hambrientos. Son mis dedos analfabetos, son tus letras mudas a sediento bocado de sandía. Cuando sigo con la yema del índice aplicado la sinuosidad jugosa de tus bordes reventones, tampoco tiembla la luna, ni cantan los juncos del río. No leo ni palpo tu caliente, tu discente boca.

No es que no me guste la poesía, que a veces con algún poema hasta brotan lágrimas alegres por el desierto de mi sequedad boscosa. Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Pensar que no te tengo. Sentir que te he perdido. Y me he sentido tierno con Neruda, translúcido con Juan Ramón Jimenez, azul con Rubén Darío. Y hasta yo mismo he tenido la osadía de amasar algunos versos en atardeceres fucsias con el llanto de las mañanas rotas.

Aunque sinceramente pienso, (y que me perdone Cortazar), que detrás de un poeta, hay siempre un hombre de capa caída, frustrado y resentido. El poeta, cansado de ver la realidad truncada, acude al poema, por ver si allí la sustancia de las cosas emana y flora.



Juan Serrano
(En el blog Blao
15 de agosto de 2012)



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