sábado, 31 de agosto de 2013

UNA COPA DE BURDEOS (Antonio Envid)


The Vine
Harriet Whitney Frishmuth, 1923  Met, NY
(sgs)



Carraway, el personaje que hace de relator en “El Gran Gatsby”, ha sido invitado por su prima Daisy, que está casada con el rico Buchanan, a cenar en su mansión de Long Island. Carraway es el pariente pobre y Buchanan le muestra los salones de su gran casa, los amplios jardines de estilo francés, la lancha motora. Carraway describe a Buchanan como un prepotente engreído, se ve que no le cae muy bien. En la cena desliza un sutil aguijón, el burdeos es excelente, aunque tenga un ligero sabor a corcho. Es como decir que la mansión, la cena y todo sería perfecto si no fuera por Buchanan. Por cierto que en la versión que leo, la de Anagrama de 2011, que suele cuidar sus ediciones, el traductor ha sufrido un pequeño despiste, pues traduce “claret” por clarete, en lugar de burdeos. En el caso de que el traductor estuviera acertado y no errado, la ironía habría sido de más calado ¡pues, solo a un rico americano ignorante se le habría ocurrido servir un clarete en una cena con invitados! Pero esa malevolencia no sería del todo descartable, pues Scott Fitzgerald escribe su libro en la Riviera francesa, de modo que tendría ocasión de probar los claretes del mediodía francés y, por otra parte, buen conocedor del ambiente elegante neoyorkino de su tiempo, sabe captar en su relato toda la mundanidad y elegancia de las faustuosas fiestas de Gatsby, el rival de Buchanan en el amor de Daisy, y buen amigo de Carraway, llenas de luz, música y “champagne”, propias de aquellos desmesurados años veinte del pasado siglo. El clarete no puede ser nunca excelente, es un vino si es no es, algo ambiguo, como las ancas de rana, que no son ni carne ni pescado. A veces se le confunde con el “rosado”, que no es lo mismo, pues el clarete se obtiene haciendo fermentar el mosto de una mezcla de uvas tintas y blancas –algún desaprensivo lo obtiene directamente de la mezcla de vino tinto y blanco- , y aunque puede resultar agradable en verano, bien fresquito, jamás ningún clarete entrará en la categoría de los grandes vinos.
Asombrado al ver un clarete en la mesa de un magnate he acudido al diccionario Oxford para enterarme de que los ingleses, también los norteamericanos, denominan “claret” al burdeos, tinto, por supuesto, y de paso quedo informado de que la palabra procede, como no, tratándose de vinos, del viejo francés en el que al vino se le denominaba “claret”, y este vocablo, a su vez, del latín medieval “claratum (vinum)”, vino clarificado, esto es, vino de buena calidad, pues el de pasto se tomaría sin filtrar, como todavía se toma en el norte español el vino turbio. La adopción de la palabra por el inglés se produciría en el tiempo en el que el ducado de Aquitania, y con él la tierra de Burdeos, pertenecía a la corona de Inglaterra, ya que hace varios siglos que no se produce vino en la isla británica.


Antonio Envid





viernes, 30 de agosto de 2013

CÓMPLICES DE CONFIDENCIA SUCIA (Javier Iribarren)


sgs

En los malos momentos me desbordan las palmadas, y me nubla la dificultad para distinguir el compromiso de la amistad. Los abrazos presurosos, los mensajes prefabricados, las condolencias vacilantes... Como en todo lo fútil, casi todo me sobra. 

A los verdaderos amigos los reconozco cuesta abajo, en las tardes de baraja, en las noches infinitas o en las resacas del jardín. Cómplices de confidencia sucia, de vaso ancho y pocos hielos, de muchachas compartidas y de órdago a mayor. Alejados de la bruma de velorios y hospitales, también están ahí, aguardándote en la calle, con su auto en doble fila, los amigos.

Javier Iribarren


jueves, 29 de agosto de 2013

TRES VÉRTICES (Baraque)


Baraque

Salud, dinero y amor
lo dice la canción
nunca lo he creído

La prueba
que me da la razón
ha aparecido
tres vértices también
que emergen dentro de los existentes

Irrumpe pequeño
pero devorará al grande
triángulo modesto en su tamaño
ambicioso en su intención
irá ganando terreno
hasta adueñarse
del que ahora le da cobijo

Cuando la metamorfosis acabe
mis ojos, hambrientos de la verdad
contemplarán la gran obra

Tres vértices
los verdaderos
El yo
El nosotros
lo que sobra


Baraque


miércoles, 28 de agosto de 2013

EL REPELENTE HOMBRE DE LA PALABRA JUSTA (Juan Serrano)




Del cielo raso del templo de la ortodoxia llueven a mansalva ínfulas de oro rancio, goteras de fatuidad y engreimiento que dejan sin palabras al auditorio.

De sus labios huecos, siempre el razonamiento ajustado. De su cencerril boca, a todas horas la palabra exacta. Sus sentencias cortan la respiración al oráculo. Se calla el grillo y la culebra sisea mutis por su camisa de mallas. El abominable hombre de la voz cantante habla como muchacho de instituto que se luce haciendo aros con el humo de un cigarro delante de los niños de Primaria. Y mantiene su palabra en el aire, burbujas de jabón inconsistentes, que se deshacen antes de que su efímero brillo endulce mis orejas.
Cuando el repelente hombre del verbo oportuno saca a relucir su mejor léxico, yo bajo la cabeza. No por acatamiento, tampoco anonadado por su excelente oratoria, sino avergonzado por el tocino abarrotado de su oral munificencia. Yo también hablo por boca de ganso, y parloteo como el que hace morcillas por un tubo. Asqueado de su saber siempre a punto, del final de sus enfatizadas eses, de sus adjetivos superfluos, de su retórica ilustrada, contengo mi olfato a los vapores fétidos de su pantagruélica garganta. ¡Es tan difícil apreciar y sonrojarse por la propia pestilencia que se escapa de nuestro púlpito en pompa!
Cansado de tanta verborrea, levanto el cascabel de mi boca, y le digo al sabio ignorante con la misma confianza como si a mi mismo me hablara:
Y en esas estábamos el sabio idiota y un servidor, cuando dime cuenta de que ambos utilizábamos el mismo farfullero y repintado megáfono para arengar a la batalla de la elocuencia a los habitantes de sordolandia.
La palabra fue creada para quebrar con su límpido viento las engreídas chimeneas de la casa de los sabios ignorantes. No se hizo la palabra para adornar el bozo de tu pedantería, ni para restablecer el orden constituido de las cosas. Las cosas para ser no necesitan ser hermoseadas con el potingue de tu campanil y cascabelera prosa. La poesía de su natural sencillez les basta.
Y en esas estábamos el sabio idiota y un servidor, cuando dime cuenta de que ambos utilizábamos el mismo farfullero y repintado megáfono para arengar a la batalla de la elocuencia a los habitantes de sordolandia.

Juan Serrano
de su blog: blao
25 de mayo de 2013



martes, 27 de agosto de 2013

HAY QUIEN SABE APROVECHAR LAS VACACIONES (Armando Muchabulla)


sgs

Y entonces va Raúl y dice que ellos, Martita y él, en que pueden se van por ahí, por el extranjero, que hay que conocer otras culturas, otras formas de pensar y de ver las cosas, que hay que airearse por ahí fuera, que si te quedas aquí, a la playa y al pueblo, el cerebro se te va reduciendo y va tomando la forma de la boina. Hay que abrir la mente y estar dispuestos a aceptar otras visiones del mundo. ¿Qué entenderá él por otras culturas y otras visiones, aparte de la cultura y la visión de los partidos que dan por la tele? Te acuerdas Martita, dice el tío, aquellas vacaciones en Corea ¡Qué país más bonito y exótico! y qué baratos estaban todos los chismes electrónicos. No nos lo íbamos a creer, pero este móvil que lleva se lo compró allí por cinco dólares. Nada menos que este samsung, con todas las aplicaciones que tiene. ¿Y cuando estuvimos en Turquía? Mirar este frigorífico ¿qué os parece? Turco. Turco de los pies a cabeza, y sin turbante ¿Qué os creéis, que solo tienen alfombras?. Es que hay que salir y enterarse. Es verdad, Martita, que nos pegaron una clavada en la aduana cuando nos lo trajeron, pero aun así, nos salió barato, y funciona perfectamente. Mientras, yo sudando tinta de calamar para abrir la botella con aquel artefacto que habrían comprado en Kamptchatka o en el Katmandú, y sería de asta de reno o de hueso de mono fósil y, además de ser una joya de la artesanía local, les habría resultado baratísimo, pero antes podrían haber probado el chisme éste en los testículos del top-manta que se lo vendió. Pero cuando mencionaron el collar de coral adquirido en una jaima del desierto de Gobi, o en la tundra siberiana, vete tú a saber, me entró una risa floja, que todavía me dura. Es verlo para creerlo. Resulta que una noche que nos fuimos a bailar, la inefable Martita se puso el flamante collar de coral para realzar su gracia natural. Con los bailoteos y los cubatas comenzó la exudación general y de pronto, Marta que lanza un grito, ¡estoy herida, estoy herida! alguien me ha clavado algo en el cuello, ¡me desangro! ¡qué me muero, qué me muero! ¡hacer algo, qué me desangro!. En urgencias le quitamos el collar y los hilillos de sangre que le caían del cuello abajo procedían de aquellos valiosísimos corales que tan baratos le habían costado. Eran unos corales de una clase rarísima, con propiedades sobrenaturales, pues al contacto con el sudor despedían un liquidillo de un color rojizo sanguinolento. Menos mal que no nos había atendido ningún sanitario, como suele ocurrir, y nos fuimos a más de a paso y más corridos que el culo de las papionas del zoo de Barcelona. Y el tío seguía con la barrila de las culturas y lo bueno de respirar otros aires, adquiriendo otros conocimientos, y yo luchando con aquel infernal chisme que me destrozaba los dedos, entonces comprendí la fuerza que tiene el sentimiento de amistad, pues frenaba mi deseo casi irresistible de estamparle la botella en la testa para contribuir, yo también, a abrirle la mente a otros mundos. Como dicen que la venganza es como el gazpacho, que se sirve fría, les aguarda, el próximo viernes que vendrán a casa, hora y media de vídeo por las selvas hondureñas, que los va a dejar calmados por unas cuantas semanas.


lunes, 26 de agosto de 2013

LO QUE CABE ESPERAR DEL JUEZ MÁS HONRADO (Servando Gotor)



Voy a empezar con un chiste.
Un niño está en casa haciendo los deberes de matemáticas y requiere el auxilio de su padre. 
-A ver, papá.
-Dime hijo.
-Ayúdame a resolver esto.
-Dime, dime…
-Se trata de hallar el máximo común divisor de…
-¡¡¡¿Pero aún no lo han encontrado...?!!! ¡¡¡Si lo buscaban ya cuando yo era niño!!! 
Bueno, pues con la Justicia (objetiva y con mayúsculas) pasa lo mismo:  siglos y siglos de Derecho, de Filosofía, de experiencia, de estudios, de saber, de mentes prodigiosas, pero el hombre aún no la ha encontrado, y me temo que no la encontrará nunca.
Claro, se supone que la función del juez es, o debe ser, precisamente esa: la de impartir justicia.  
Pero ya he comentado alguna vez que el fin del Derecho no es la justicia, sino algo mucho más modesto, cercano y humano: la paz social.  Que la sociedad funcione, ese es el objetivo.  Y que funcione de la mejor forma posible para todos.  Un fin mucho más limitado, pero mucho más humano y, por tanto, más real.
En definitiva, pues, el juez, más que impartir "justicia" lo que debe hacer es resolver conflictos de la forma más acertada, contribuyendo así a las máximas cotas de paz social.  Si, además, consigue ciertas dosis de lo que la mayoría entiende por justicia, esa Justicia objetiva y con mayúsculas que todavía nadie ha encontrado, mejor, por supuesto.
No hay deidades que nos visiten para resolver nuestros conflictos con sentencias perfectas, irreprocháblemente justas.  No, no las hay.  No hay sentencias divinas ni dioses que impartan justicia.  En su lugar sólo tenemos -nada más y nada menos- personas.  Y, más difícil todavía: personas que, lógicamente, ni siquiera presenciaron los hechos que han de enjuiciar.  Por lo que, en realidad, ni siquiera enjuician esos hechos sino las "versiones" de los mismos que las partes, mediante las pruebas, le hacen llegar.  Pero es que, aun en el caso de que los jueces tuvieran el don divino de la ubicuidad (espacial y temporal) y en el acto del juicio pudieran trasladarse al lugar y al momento en que se produjeron los hechos para presenciarlos de manera directa y personal…  aún así, la propia interpretación de lo que se ve, se oye, se escucha, se prueba y hasta se huele, es subjetiva, parcial e imperfecta. Y voy a poner el más claro ejemplo de esto: el árbitro de fútbol.  O mejor el de varios árbitros que ven la jugada conflictiva en diversas tomas de vídeo, desde diversos ángulos y perspectivas y con tantas repeticiones como crean oportunas. Bueno, pues ni aún así llegan a veces a la misma conclusión, ni al mismo veredicto. Y hasta a cada uno, a él solo, en su interior, le asaltan serias dudas personales sobre lo que están viendo.

Por tanto, la primera premisa que debe presidir nuestra relación con un juez es esta: que estamos ante un ser humano y, que como tal y con tales limitaciones, ha de resolver el conflicto que le planteamos.  No esperemos más. Bueno, sí, sí podemos esperar algo más: que, incluso como tal persona, puede incurrir e incurrirá en más de un error.   Como tú. Como yo.

Servando Gotor




domingo, 25 de agosto de 2013

MISTERIOS DE DISNEY (Mercedes)





¡Qué bonito el cuento de Blancanieves, ¿verdad? 
Pues resulta que no lo es tanto cuando en vez de ser la princesa eres un enanito. 
Claramente los pobres enanitos estaban sobreexplotados, pues salían de casa temprano hacia la mina (¡de diamantes!) y volvían al anochecer, lo cual son al menos más de ocho horas. 
Segunda cuestión: seguro que les pagaban un sueldo … iba a decir irrisorio, pero seguro que ni les pagaban ni eran autónomos ni nada, porque no es normal trabajar en una mina de diamantes y vivir en una simple cabaña, con los lógicos roces de convivencia, ¡y más teniendo en cuenta el carácter de Gruñón! Aunque a Gruñón deberíamos apreciarlo más, me parece que era el único de todos que se rebelaba contra la situación en la que vivía, a pesar de que luego llegase una chica y le ablandara con un beso.
En fin, misterios de Disney.

Mercedes



viernes, 23 de agosto de 2013

EN PRO DE LA IGUALDAD DE SEXOS (Antonio Envid)





Dicen que fue en el Cámbrico cuando en las oscuras aguas pantanosas rodeadas de espesos bosques las criaturas comenzaron a distinguirse según su sexo, inaugurando el dimorfismo sexual. Hasta entonces aquellos seres ancestrales iban cada uno a lo suyo, solo había un objetivo, nutrirse, apresar a otro y no ser apresado por el siguiente, en un sistema de egoísmo absoluto. De vez en cuando, aquellos bichos hermafroditas soltaban, como quien se deshace de una pesada carga, otros bichitos hijos suyos igualitos que el padre (o madre, no comencemos a discutir) sin necesidad del concurso de congénere alguno. Pero de pronto, los trilobites descubrieron que había congéneres mucho más graciosos que ellos y apetecibles no solo para ser merendados, sino para otros menesteres también placenteros, eran las trilobitas. De esa era paleozoica deben proceder esos politiquillos que demuestran su progresía repitiendo constantemente, hasta la náusea, aquello de ciudadanos, ciudadanas, vascos, vascas, votantes, votantas. A partir de ahí, esos bichos de alma de piedra comenzaron a realizar maniobras y gestos extrañísimos que no se dirigían a apresar al vecino para el desayuno, ni pretendían camuflarse o huir de una amenaza, sino muy al contrario, su objeto era atraer al congénere de sexo distinto para solazarse juntos. Un rayo de luz cruzó aquellos tenebrosos e impenetrables bosques, había nacido el amor y con él la diversión y la locura y el mundo fue más solidario, o al menos, gregario. Es como si Dios se hubiera asomado a la Tierra, cosa que debe hacer muy de tarde en tarde, y le hubiera sonreído. Con la afanosa y pertinaz búsqueda de la igualdad absoluta de sexos, la sociedad actual puede volver al precámbrico.


Antonio Envid


jueves, 22 de agosto de 2013

HE VUELTO A VER A CHARLES (Narciso de Alfonso)




Miércoles, 5 de agosto 

He vuelto a ver a Charles. No me importa tanto que sea capitán, y el chaleco que hoy llevaba era de raso pajizo, mucho más discreto y elegante. Parece que está mejorando sus modales, ya no escupe el tabaco en la alfombra ni dice me cagüen laputa cada dos frases. Claro que aún tiene que pulirse mucho, pero no está tan lejos de mi amor como el día en que le conocí. 
Cuando ya me iba, me ha dicho: chata, si nos vemos otra vez tendré que enamorarme de ti. No sé que pensar, es un hombre tan caprichoso.



Narciso de Alfonso
Cuescos
De Mi aventura con el capitán Preston

miércoles, 21 de agosto de 2013

LÁGRIMAS (Baraque)


Baraque

Lágrimas que no han querido
no han sabido o podido
surcar unas mejillas
resbalar por ellas
hasta dejar rastro
en una mesa, un papel o una tela

Lágrimas introvertidas
incapaces de dejarse ver
han elegido el camino inverso
un interior demasiado dolorido
para soportar su sal



Baraque


martes, 20 de agosto de 2013

JAHANGIR KHAN (Javier Iribarren)


Fotografía: Miguel Herrero

No existe. O no como ella cree. Como el niño indio apadrinado por nosotros, desde luego que no. 
Escogí el nombre para no olvidarlo. 
La idea solidaria partió de Cecilia. El reportaje de unos niños que crecían en los arrabales de Calcuta le llegó al corazón. Quizá apadrinando uno de aquellos desgraciados podríamos paliar nuestras carencias. Hasta la fecha no habíamos contribuido en gran medida a mejorar el mundo. Yo aún, que había autorizado decenas de créditos suicidas, pero Cecilia, funcionaria municipal, todo lo más que podía hacer era no molestar.
Por veinte euros al mes se supone que alimentábamos y escolarizábamos a cualquier trasto hindú. En el folleto de la ONG así lo aseguraban. Cero intermediarios, cero comisiones. Todo para el niño. 
En un principio saludé la empresa con menos reticencias de las esperadas. Con una miserable transferencia bancaria podíamos ponernos la venda y restregar nuestra bondad a todo aquel que quisiera escucharnos. Sin necesidad de visitar hospitales o asociaciones de beneficencia, ni mucho menos acoger saharauis o construir pozos en el desierto. Un simple click, automático el día uno de cada mes, bastaba para alistarnos en el selecto club de los filántropos.
Los veinte euros me la sudaban, así que prometí a Cecilia encargarme de las gestiones. Si nos daban a elegir preferíamos nene. Sospechábamos que también en La India los niños serían más inocentes y tontorrones que las niñas. Una niña de Calcuta con dinero podía convertirse en cualquier cosa. La rima es libre.
El tipo de la primera ONG con la que contacté me pareció un desconsiderado. Mi preocupación por el sexo del crío debió de hacerle bastante gracia: ¿Y lo quieren rubio o moreno? ¿De ciencias?, ¿quizá de letras? A mí su ingenio también me maravilló, así que colgué el teléfono y busque otra ONG. Las había a cientos y más económicas. 
Contacté seguidamente con una de índole cristiana. Puestos a elegir, los mandamientos no hacen mal a nadie. Me atendió un hombrecillo muy cortés, que me habló largo sobre la persecución que sufren las minorías en las zonas fronterizas con Pakistán. Me narró su aventura misionera y las penurias del lugar. No debía de ser fácil para un crío desarrollar su fe cristiana en un entorno de yihadistas. Decidido: allí estaba nuestro niño. 
Al llegar a casa comenté con Cecilia la jugada. Orgullosa de mi iniciativa, su visto bueno me tranquilizó. En cuestión de días se arreglaría el papeleo y nos enviarían información sobre el muchacho. Nos abrazamos sintiéndonos grandes. 
El jueves de esa misma semana cenamos con Abel y Rosa. Tocaba en su casa pero era mi cumpleaños, así que insistimos para que nos visitaran. Trajeron vino, tarta y varios regalos, muchos de los cuales no recuerdo. Sí el jarrón verde, porque nos dieron once euros en el Cash and Converters. 
Bien entrada la cena, tras confesar Rosa que había abandonado el gimnasio, llegó el trueno. “¿Y vosotros qué, alguna novedad?”. Cecilia cogió el guante y nos adelantó que se auguraban cambios importantes en el organigrama del Ayuntamiento. Concejales entrantes, salientes… “De momento todo habladurías, no digáis nada eh”. 
Aprovechando un respiro de Cecilia les revelé lo de nuestro indio. ¿Mayor novedad que aquella? Durante los siguientes quince minutos les expuse los trazos más relevantes del conflicto social y religioso que afectaba a la región, que identifiqué como Cachemira con veracidad nula. Abel y Rosa me seguían con admiración. Mi jerarquía moral se restregaba sobre ellos. ¡Qué instantes, qué gozo! Cuando concluí alabaron nuestra generosidad e incluso me pidieron información de la ONG. Eran enanos. 
Después de aquello la velada continuó, aunque con un perfil más bajo. Tras la despedida recogí la mesa y me senté en el salón, como hacíamos siempre, prestos a despellejar a nuestros queridos invitados. Pero esta vez Cecilia se perdió en el dormitorio. Fui a buscarla y la encontré sentada sobre la cama, lloriqueando y sonándose la nariz. Entonces comenzó el sermón. “¿Para que coño has tenido que contarles lo del niño? ¿Qué les importa a ellos?; y encima te has inventado todo, esos nombres… ¿Para qué? ¿Para hacerte el interesante? No comprendes nada Luis, ¡pareces idiota! Estas cosas se hacen porque sí o si no, no se hacen. No es para ir divulgándolo, en plan qué guay somos. ¡No me jodas! Es que no sabes estar callado. Y encima vas a conseguir que ellos también apadrinen. ¡Igual hasta cogen dos!”. 
¿Apadrinar para no contarlo? ¡Qué parida! Aquello no iba conmigo. Cecilia y la hipocresía. La bondad sin propaganda, lugar de santos. Nuestro sacrificio me parecía tan insignificante que silenciarlo nos situaba en peor lugar. Cecilia podía ver en ello abnegación pero yo no veía más que vergüenza y cinismo. 
Yo no estaba dispuesto a esconder al niño. Mi único fin era mostrarlo. Desde luego mejor eso que guardarse la bala para ocasiones especiales. Porque Cecilia tarde o temprano se vanagloriaría de su indio, y eso era peor. Yo prefería afrontar el nuevo vínculo con normalidad. Como en aquellos quince minutos de gloria, sacudiendo las conciencias de Rosa y Abel, que amortizaban con creces todo el desembolso económico de la empresa. No me importaba en absoluto si el dinero llegaba a destino, o si una vez allí caía en manos de corruptos. Tampoco en gran medida la salud del niño, siendo sinceros. Cada día millones de pequeños sufren violaciones, recorren campos minados o portan armas de fuego. Más cerca, aquí mismo, muchos agonizan en plantas de oncología, a veces solos. Y tampoco hacemos nada. No hay mayor vileza que nacer en occidente y crecer sano. 
El enojo de Cecilia se prolongó tanto, y cómo, que se me hincharon las pelotas. Cuando me hizo jurar que nunca más revelaría el asunto ideé la trama de Jahangir. 
No resultó complicado. De las gestiones del apadrinamiento me encargaba yo y desde la oficina manejaba todas nuestras cuentas. El papeleo de la economía doméstica siempre me ha correspondido. 
Elegí el nombre como un homenaje a mis años de adolescencia, cuando me aficioné a la práctica de squash de la mano de mi amigo Floren. Gracias a él supe del gran Jahangir Khan, el mejor jugador de todos los tiempos. El nombre me citaba con feroces caudillos de imperios lejanos. Jahangir Khan, El Grande. ¿Cómo no triunfar? Mi niño se llamaría así. 
Cecilia cabalgaba por la vida ajena a los entresijos del deporte, así que del squash ni hablamos. La carta de presentación del joven Jahangir le conmovió. Tomé una fotografía de internet y la llevé a plastificar. Se trataba de un niño espigado, con pelazo negro y sombra de mostacho, que sonreía portando un bate de críquet. Calculé que tendría ocho años, tirando por lo bajo. A Cecilia también le pareció que nuestro indio andaba crecidito, pero una vez hubo leído la carta se le olvidaron las sospechas. 
Cada cuatro meses nos llegaban sus historias. Yo las escribía a mano en la oficina, con letra rarísima y en inglés, y de vez en cuando añadía alguna foto graciosa del chiquillo. Todos se parecen. 
Jahangir nos agradecía el esfuerzo y no veía llegar el momento de conocernos en persona. Nuestra aportación le permitía ir a la escuela en autobús, sin tener que caminar los treinta y cinco kilómetros que separaban su orfanato de la ciudad. También comía en diferentes franjas horarias y asistía como monaguillo a unos frailes capuchinos de una misión cercana. Sobre el conflicto religioso no se prodigaba para no hacernos sufrir. Un encanto de crío. 
Cecilia recibía sus palabras envuelta en lágrimas. Nos sentábamos en el sofá y nos abrazábamos con ternura. Jahangir nos devolvió con creces nuestro sacrificio. Nunca nos arrepentimos de apadrinarlo.


Javier Iribarren



lunes, 19 de agosto de 2013

ANTE LAS LLAMAS (Ángel Ferrer)


afs

Normalmente, las personas que arden
han vivido la vida, se purifican
se sienten orgullosos, de su determinación
y quedan como ejemplos del vivir
sin embargo yo solo tengo una lista de renuncias
entre ellas, la de quejarme ante las llamas


Ángel Ferrer


domingo, 18 de agosto de 2013

GENERACIÓN PERDIDA (Juan Serrano)





No llora por aquello que le duele. Tampoco se lamenta por las heridas de las garrapatas que sangran sus costillares, que sin ser suyos, los lleva a cuesta. Pero necesita llorar como todo bebé que viene al mundo. Llora por lo que le es ajeno: sus nietos sin escuela pública, su vecino Musa, sin tarjeta sanitaria. 

En contra del consejo mesiánico Llorad por vosotras, como hija buena de la Jerusalén hipócrita y beata, esta mujer pensionista no revalorizada, llora por cualquier crucificado de turno y sin futuro.

Ha vivido durante mucho tiempo por encima de sus posibilidades. A sus años, su padre ya había muerto de silicosis. Llorar por ella misma, delataría su prepotencia: haber cotizado a la Seguridad Social durante más de treinta años, como limpiadora del Deutche Bank. Una rosa es una rosa hasta que huele.

Llora por la palmera talada, por su vecina interina y despedida, por su marido sin subsidio; llora por sus hijos, la generación perdida.

Su orgullo la ciega, y no quiere verse. Sus ojos necios. Y es tan vanidosa, que no siente el hierro incandescente que rompe el eslabón de la cadena del bienestar y el gusto, sus entrañas traspasadas de dolor. Pero necesita llorar. Y no es piedad ni compasión. Tampoco misericordia lo que siente, al ver los pies descalzos y sin rumbo de sus hijos, sino un desahogo animal, instintivo, parecido a la rabia.



Juan Serrano
de su blog: Blao
18 octubre, 2012



sábado, 17 de agosto de 2013

RUSIA (Álvaro Atance)


MOSCÚ - San Basilio

SAN PETERSBURGO - Iglesia de Nuestra Sra. de Kazán

MOSCÚ - Catedral del Arcángel

SAN PETERSBURGO - Mezquita

SAN PETERSBURGO (M. Hermitage - Sala del Pabellón)
Réplica del de las Termas de Otricoli, cerca de Roma
SAN PETERSBURGO - Catedral San Pedro y San Pablo

MOSCÚ - Catedral de la Anunciación
MOSCÚ - Catedral del Arcángel

MOSCÚ

SAN PETERSBURGO - Mezquita

MOSCÚ - Alejandro II (y el famoso "Carrito de los helados").




jueves, 15 de agosto de 2013

BENDITO CHINO (Juan Serrano)





Hace tan sólo unos días, el cabildo municipal de una determinada ciudad nombraba pregonero de sus fiestas a un prestigioso escritor de la comarca. Y la nota de prensa atribuía la grandeza literaria del pregonero in péctore a las veces que sus originales habían sido arrojados por la ventana de las editoriales a las que había concurrido.

Leía yo a la sazón ese día un cuento de Roberto Bolaño, Sensini. En este texto el autor de Los dectectives salvajes cuenta su relación epistolar con un escritor y sus mutuas confidencias y estrategias a la hora de presentarse a los certámenes literarios convocados por toda la geografía española, a fin de sobrevivir cual cazarrecompensas a la estrechez económica que por entonces ambos pasaban.

Paradójicamente la relación entre calidad y los trofeos conseguidos en concursos literarios no parece corresponderse. Así por ejemplo el mismo Marcel Proust tuvo que pagar de su bolsillo la publicación de En busca del tiempo perdido, una de las obras más emblemáticas de la literatura universal. El señor de las moscas de William Golding, galardonado con el Nobel de Literatura, fue rechazado veinte veces antes de ser aceptado. Otro tanto le ocurrió a El espía que surgió del frío de Jhon le Carre. 

Por eso el otro día cuando me enteré de que había salido el Maldito chino, (¡bendito chino!), libro bien recibido tanto por el público como por la crítica, me acordé de Agatha Christie, que tuvo que esperar más de cuatro años para conseguir que le publicaran su primera novela.

El mismo López Mengual nos dice que el original de su novela sería rechazado infinidad de veces. Y es que la excelencia literaria, como casi todo lo que importa en la vida, viene acompañado inter faeces et urinam que diría el obispo de Hipona. O expresado de otra manera no tan encriptada, menos sadoca, y mucho más optimista: No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista.


Juan Serrano
de su blog: Blao
24 de julio, 2013

miércoles, 14 de agosto de 2013

VOY A VACIAR MI ALMA EN UNA SHISHA (Baraque)



Baraque

Voy a vaciar mi alma en una shisha
necesito ver hasta donde se llena
soplaré hasta quedarme sin pulmones
cerraré los ojos hasta que me vacíe
y los abriré con el temor de no encontrar nada

Los abro, observo...me sorprendo
no está vacía
aún queda algo de mí

Ahora que lo sé, he de dosificarlo
no me puedo permitir humos innecesarios

La shisha no se impone, se comparte
no he de pensar con quién hacerlo
la claridad nunca me ha abandonado
no quiero extraños fumándome el alma


Baraque




martes, 13 de agosto de 2013

EL FEMINISMO LLEVADO AL MÁXIMO (Mercedes)





Resulta increíble cómo buscando la igualdad entre sexos hemos llegado a señales como ésta.
Claro, se me olvidaba que todas las mujeres llevamos el pelo largo y falda. Sí, ésta es una imagen muy representativa del sexo femenino de hace cuarenta años. 
No sé cuánto tiempo llevan muchas mujeres luchando por la igualdad, pero seguro que demasiado (y eso sin contar lo que llevan sometidas al hombre). 
¡Y lo que nos ha costado que no nos miren mal por llevar pantalones! Pues no, ahora, para que se note que hay mujeres en España y que somos iguales que los hombres, necesitamos cambiar los simbolitos de circulación.
Pues yo me siento ofendida porque no me representa. De hecho me sentía más representada con el monigote de antes que con el mal chiste que es éste. Antes el muñeco tenía dos piernas, dos brazos y una cabeza, lo que yo; ahora además tiene falda y coletas, y yo no.


Mercedes



lunes, 12 de agosto de 2013

ME CONSTRUYES HABITACIONES DE MIEDOS (Ángel Ferrer)


sgs


Me construyes habitaciones de miedos

con las paredes y los muebles comestibles
mientras me desangro por ti 

Estoy dormido

las puertas del armario golpean la tarde,
mi noche

un instante para aceptar el ruido

y volver al sueño que me atrapa lejos,
del desquiciamiento


Ángel Ferrer


domingo, 11 de agosto de 2013

HOY, EN CASA DE LOS GORDON, ME HAN PRESENTADO AL CAPITAN PRESTON (Narciso de Alfonso)




Lunes, 3 de agosto

Hoy, en casa de los Gordon, me han presentado al capitán Preston, Charles Preston, que acaba de volver de la campaña de guerra contra los cherokees. Es un hombre apuesto, rudo y maleducado, se nota que está habituado a mandar y a que le obedezcan. En cuanto he tenido un poco de confianza con él, después del segundo ponche, le he dicho: Charles, me temo que la larga convivencia con la soldadesca te está estropeando los modales. Él me ha mirado con dureza, pero no me ha respondido. Creo que, en el fondo, es un hombre inseguro, muy inseguro. Podría enamorarme de él si no fuera capitán y si no llevara ese horrendo chaleco de color fucsia con adornos plateados.


Narciso de Alfonso
Cuescos
De Mi aventura con el capitán Preston



sábado, 10 de agosto de 2013

MERODEANDO A... EL PASO DE PEATONES (Narciso de Alfonso)


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Las cosas más difíciles suelen parecer las más sencillas, como puede pasar con una sonrisa, con una distancia o con un paso de peatones, cuando la cebra generosa que dio su piel fue, sin duda, un ejemplar enorme: por el estado de sus rayas tal vez un poco anciana, aunque también puede ser que llevara una vida aventurera y peligrosa, despellejada de heridas y zarpazos. 
La mayoría de las cosas suceden sólo una vez, una ocasión única, pero tiende a parecernos que casi todo se repite o da vueltas y vueltas en la rutina del eterno retorno de lo mismo. Qué desfachatez. Unos cuantos seres humanos cruzan el paso de peatones, pisan la piel de la cebra enorme y generosa, y puede parecernos un asunto múltiple, una cuestión factorial y estupenda, pero se trata de una trivialidad, un puro trance que se está desvaneciendo antes de definirse, una grandísima apariencia sin valor.
Cualquiera, cada uno de los humanos que cruzan, tiene su cabeza y su estatura, su forma hidráulica de caminar, su alboroto. Parecen desganados, como que van o vuelven por hacer algo o por no estarse quietos, sin auténtica necesidad ni urgencia: podrían no estar ahí, no estar absolutamente: ser otros, o haberse quedado en casa viendo la tele. 
Pero son precisamente ellos y no son otros, y han salido de casa, y están ahí, cruzando el paso cebra como electrones o como astros más o menos obedientes, como organismos casuales camino de la cena o tal vez enamorados con una entrega adolescente, enfermiza y fatal.
Muchas veces, las cosas suceden así, con varias versiones de las que sólo una se cumple, y casi siempre es igual, da lo mismo, el clima no cambia ni se levanta un viento frío, sigue habiendo una tortilla de un huevo para cenar, nunca sabremos por qué el viejo Noé dejó entrar en el arca a la pareja de moscas.


Narciso de Alfonso
El Merodeador, IV





viernes, 9 de agosto de 2013

BUSTO AL ÓLEO (Juan Serrano)




"Lo amó en sus tres estados:
Lo amó muerto.
Lo amó vivo.
Lo amó resucitado.
Magdalena, la santa amante de Jesús"
(Anónimo s.XVII)

Ya en otra ocasión, que ahora muy bien no recuerdo, había tenido yo esa misma sensación; me parece que fue el día en que mi madre me ayudó a salir de su vientre.
Aquella tarde no tenía nada que hacer. Se me ocurrió visitar el Museo de la ciudad. Me detuve en una de las salas donde a la sazón un pintor de fama exponía sus mejores obras. Recuerdo que la colección se llamaba El busto al óleo. Su autor: un manierista, de colores oscuros y fríos. La mayoría de sus cuadros eran rostros de muchachas salidos de su imaginación artificiosa; más parecían retratos de señoritas bobaliconas en posición un tanto ridícula y teatrera. Ante ellas la admiración retórica del artista se arrastraba como cocodrilo que pierde un huevo entre las escamas de su entrepierna. Y este incidente de mi agenda no programada en un día robado al determinismo, fue el inicio de una relación amorosa que me llevó a las ingles apinceladas de Carolo, un pintor napolitano de la primera mitad del siglo XVII.
Ahora, igual que que cuando mi madre me dio a luz, pero de manera distinta, un hombre, desde la distancia de su virilidad ansiosa, me manipula como una muñeca, un tótem, su objeto. Y siento en mi carne las agujas clavadas que obligan a comportarme conforme a las predicciones vuduístas de alguien o de algo ajeno a mi libre decisión. 
Lo que viví durante los casi cuatro siglos que estuve con este pintor cuyo nombre ya he borrado de mi árbol genealógico, no fue fruto del espontáneo devenir de los acontecimientos. Nunca pretendí escabullirme de la horma con la que el destino tan fervorosamente me calza y me mima como asidua expendedora y clienta del placer y el infortunio. Mi ilusión como núbil adolescente ha sido siempre amar y ser amada de manera libre por un hombre que me quiera de igual modo. Nunca a contracorriente. Y mucho menos casarme de por vida con quien dentro de treinta y tres años será tan solo una descarnada calavera en el Gólgota de mis amores rotos . Siempre blanco vivo quise ser de las flechas caprichosas de un amor siempre por resucitar. A lo largo de mi secular coyunda tiempo tuve para darme cuenta que en cualquier contrato carnal yo nunca fui parte, más bien desgraciada contrapartida siempre sin compensación alguna.
El determinante de nuestra ruptura fue casual. Pasó lo mismo cuando nos conocimos por vez primera en el Museo de Capodimonte. Las cosas importantes suelen suceder de manera inesperada, por sorpresa. Ocurrió un día de san Valentín. Un catorce de febrero, tal día como hoy. Salimos a celebrar nuestro día de enamorados a una trattoria de la bahía de Nápoles, frente al Vesubio. La cena y el chianti superiore se prestaban a confidencias íntimas. Yo colgada de sus saurios ojos en celo le pregunté al pintor:
Querido, ¿y qué es lo que viste en mi para, nada más aparecer aquella tarde por tu exposición -El Busto al Óleo-, me pidieras que nos casáramos? 
Y fue sincero Infantino al decirme:
Vi en ti, Magdalena, la mujer de mi cuadro perfecto. Su mismo mirar lánguido en tus ojos de encanto. El cabello desordenado de la muchacha pintada era tu pelirroja melena protectora de mis salidas y llantos. Te vi saltar de la tela de mis pinceles al corazón de mi encuentro. Fuiste el grial que tanto tiempo llevaba pintando sin éxito.
Y como ninguna mujer quiere ser ninguneada frente a la mujer que anima inerte los colores impasibles de un cuadro, tu estúpida sinceridad me llevó a romper para siempre contigo en aquel momento.



Juan Serrano
de su blog Blao
14 febrero, 2012


miércoles, 7 de agosto de 2013

CULOS: LECCIÓN DE ANATOMÍA APLICADA AL MUSIC HALL (Armando Muchabulla)




El music hall, señores, no morirá nunca. Que agoniza lo vengo oyendo desde que en mi juventud entré de ayudante de ayudante de tramoyista en el Lido, y, ya ven, me he jubilado trabajando en el mismo sitio. Cambiará de nombre, mudará de piel, se reinventará a sí mismo, aparecerá como “music hall” en Londres, como “revista” en España, como “cabaret” en Berlín, como “vaudeville” en Nueva York, como “varietés” en todas partes, y cuando todos lo dan por desaparecido mutará a “musical” para triunfar en Broadway. 
Yo sé de lo que hablo, desde que siendo un imberbe tuve la fortuna de entrar de ayudante de ayudante de tramoyista, como ya les he dicho, nada menos que en una de las catedrales del género, el Lido, a base de años de trabajo, esfuerzo e inteligencia, llegue a ayudante de director de escena. Entonces no era como hoy, que cualquier muchacho salido de una dudosa escuela de actores de Boston o Nueva York da comienzo a su carrera como ayudante de director de escena. Hoy se hacen generales a soldados bisoños con unos cursillos de risa. Así nos va. Muchos de estos comenzarán de ayudantes de director, o, incluso de directores de escena y terminarán de ayudantes de ayudantes de tramoyista, tiempo para ver. El caso es que con tantos años de profesión me he convertido en uno de los mayores expertos mundiales en culos femeninos, he dado clases de esta materia como profesor visitante en instituciones tan importantes como el Berklee College. En Atenas me proclamaron como hierofante del culto a la Venus calipigia.
En el musical tan importante como la voz y las dotes para el baile es el trasero de las chicas. Unos culos discordantes o demasiado homogéneos pueden arruinarte el mejor espectáculo. Hay que tener buen gusto y sentido estético para seleccionar a las chicas de acuerdo con esta parte tan delicada de su anatomía. Mi lección de hoy espero que les sea muy útil en esta materia para su vida profesional, o sea que les ruego la máxima atención. Gracias a mi larga experiencia he podido extraer dos caracteres base para los traseros con que la naturaleza dota a estas deliciosas criaturas. Estos caracteres son la forma y su convexidad. Por su forma podemos clasificarlos en: culo redondo, forma de cereza picota, hendido, claro está en dos hemisferios, pero rotundamente redondo, muy estimulante; culo en forma de pera o “periforme”, muy bello, por cierto; culo cilíndrico, en forma de una manzana, aunque se ensancha ligeramente por el ecuador, básicamente mantiene sus dimensiones desde la cadera hasta el arranque de las piernas, aunque resulta algo viril, es el que priva actualmente (lo dicho, cualquier chiquilicuatre provisto de un master de una escuela de dudoso renombre ocupa hoy en día un puesto destacado en la dirección). Por supuesto, cada una de estas formas estándar presenta infinitas variedades, pero ahí está la inteligencia para extraer los parámetros comunes a esa infinita heterogeneidad. Puedo asegurarles, que a pesar de haber visto miles de traseros de chicas, nunca vi dos iguales, son tan personales como las huellas dactilares.
El otro carácter base es su mayor o menor concavidad, de acuerdo con ella, esta pieza anatómica con que la naturaleza dota a estas deliciosas criaturas puede clasificarse en otras tres categorías: culo respingón, ya me entienden, es característico de la raza negra; culo plano o “culo panadero”, propio de las razas latinas, por algo en la vieja Roma se inventó el zapato de tacón, que ayuda a disimular esta condición; por último, y en el presente caso por justicia, está el culo escurrido, poco estético, pero podría mencionarles una larga nómina de vedettes que padecían de esta falta sin que ello afectara a su fama, para remediarla están los pon-pones, los lazos, las plumas, no hay nada que un buen vestuario no pueda arreglar, eso si ese “derrier” hay que saberlo mover muy bien. En el caso de la convexidad es conveniente establecer tres grados para cada tipo, ligera, normal y extrema,  de modo que esta característica nos da nueve variedades.
Calculen ustedes, tres formas básicas por nueve grados de convexidad, dan nada menos que veintisiete formas estándar. Les aseguro que cualquier culo, por raro que sea, puede encajarse en cualquiera de estas formas elementales. Veamos, culo redondo y respingón, en sus tres grados, ligeramente respingón, moderadamente o exageradamente respingón; culo redondo panadero respingón……… En fin, dejo como ejercicio para casa el que ustedes desarrollen las veintisiete variedades e imaginen alguna chica que responda a cada una de ellas. Para no agobiarles más, damos fin a la clase, espero para el próximo día que traigan los deberes hechos y cientos de preguntas. Buenos días.


Armando Muchabulla


martes, 6 de agosto de 2013

TIEMPOS (Ángel Ferrer)


AFS


La vida nos pasa, a través
Es, la que más se mueve, nos mueve
no se puede viajar y hundir la mano en la arena
y movidos a regañadientes
como por la ventolera de un camión, a su paso
luchamos con las cabezas abiertas
nos atravesamos, moviéndonos
entre campos de egoísmo egosensible
mientras, el viento juega con las hojas
Las que caen, se funden con la tierra
y la lluvia nos regala su fresco aroma
las que se quedan
esconden a los amantes, en la sombra
los descubren al sol, en su final abrazo
ajenos a la sincronía de la naturaleza
siempre ajenos, a sus caprichosos actos

Distantes, en la distancia... y su tiempo
vivimos, en distintos tiempos que son uno
y al acallado mar que nos une, nombramos
con palabras que alteran los relojes
poniéndolos en conexión de ideas
como red emocional sin araña
rota y vuelta a construir, interminablemente
ideas que unen, ideas que destruyen
nosotros, estáticos portadores
cuando...todo estaba hecho
para su contemplación y alabanza



Ángel Ferrer



lunes, 5 de agosto de 2013

MEMORIAS DE UNA PLUMA (Mercedes)





Rodeada por un montón de botellas esparcidas de forma casual por mi cama, intentando juntar dos palabras para hacer un trabajo de lengua y dejando que el sol que traspasa el frío cristal de la ventana me caliente, me pregunto qué habré hecho yo para encontrarme en tal situación. La disyuntiva de esta ventosa mañana de noviembre era ir a ver un partido de hockey; sin embargo en mi fuero interno me digo la frase que tantas otras veces se ha dicho con actitud estoica: “el deber me llama”. La verdad, ya me había llamado mucho antes, pero hoy era la última oportunidad que tenía para abrirle la puerta y, ante todo y espero que por siempre, yo soy una persona responsable. Así que aquí me encuentro, pasando el rato, escribiendo estas líneas. Cualquier cosa menos ponerme al trabajo, ¡qué pereza!
En fin, bonito discurso para decir que una vez más me ha pillado el toro y hago un trabajo el día de antes. Con estas palabras me despido, toca ya ponerse a trabajar.


Mercedes


domingo, 4 de agosto de 2013

MERODEANDO A... LOS COMEDORES COMPULSIVOS (Narciso de Alfonso)


sgs

El fotógrafo de la vida y de la muerte ha puesto su indiscretísima ventana sobre un padre y su clónico hijo, que comen como si el mundo se fuera a acabar, o como si ya se hubiese acabado. No hay nada –casi nada- comparable a satisfacer las necesidades con prisa, con mucha prisa, y hasta con violencia. 
Los dioses no nos han puesto las cosas demasiado fáciles, así que una opción muy útil es hacerse usuario y no planear nada: afiliarse al sindicato de la humanidad: ir siempre con el piloto automático y no detenerse nunca a pensar. 
Siempre habrá personas que nazcan con la tragedia en la sangre, además de carrilanos, eventuales, postergados, perpetuos y vagabundos, pero la gente siempre se fija –y recuerda- a la cantante. 
Parecemos más felices de lo que somos en realidad, aunque las cosas no tengan sentido y sólo nos quede el miedo. Si no hay mañana es igual: hoy ya no lo ha habido. Han cambiado los tiempos, y ahora podemos decir con orgullo: todo lo humano me es ajeno. 
Algo así les pasó a los comedores compulsivos de arroz: un día se despertaron y se dieron cuenta de que ya sabían cómo iba a ser el resto de sus vidas. Como el hijo clónico parecía dudar, su padre tuvo que darle una colleja y se acabaron las tonterías.
Con alguien que pedalee y alguien que frene, la vida es pan comido. A veces, sobre todo en torno a los quince, todavía tenemos muchas ganas de que nos pasen cosas, pero enseguida nos anestesiamos, enseguida. 
El padre comedor compulsivo de arroz mantiene aún su rebeldía, su punto de transgresión, su ramalazo disocial, su último inconformismo: sigue llevando su pulsera de bolitas, aunque sean del color triste de la madera. 


Narciso de Alfonso
Merodeos IV


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