sábado, 28 de marzo de 2026

LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER OCCIDENTAL. El choque entre el peso del dogma y el vacío de la sociedad abierta (Servando Gotor)

 


Milan Kundera advertía que la ausencia total de cargas convierte al ser humano en algo más ligero que el aire, libre pero trágicamente insignificante. Occidente, tras siglos de ilustración y secularización, ha abrazado esa levedad. Nos hemos despojado del peso de lo sagrado y de los grandes dogmas absolutos para construir una civilización basada en los derechos individuales, el relativismo y el bienestar material. Sin embargo, esa misma insoportable levedad se ha convertido en nuestra mayor vulnerabilidad cuando chocamos frente a cosmovisiones que conservan todo el peso aplastante de la historia y la religión.


Este contraste se escenifica hoy con una crudeza asombrosa. Hemos perfeccionado, por ejemplo, una civilización donde hasta el arte de la guerra ha perdido su geografía humana y su gravedad moral. Los conflictos contemporáneos han elevado su frente de batalla a los cielos, convirtiéndose en teatros de operaciones asépticos y tecnológicos, dominados por drones y bombardeos quirúrgicos. Las partes golpean desde la estratosfera, asumiendo un riesgo casi nulo, mientras abajo, entre el barro y los escombros, las bajas las padece, con trágica desproporción, la población civil.


Basta con observar la narrativa de los medios de comunicación para constatar esta ceguera epistemológica. Cuando caen las bombas, la prensa occidental traduce el horror a su único idioma comprensible: la economía y las urnas. Los telediarios diseccionan el conflicto midiendo fluctuaciones en el precio del crudo, puntos de inflación o el coste electoral para el líder de turno. Occidente mira a Oriente a través de la ligereza de una hoja de cálculo. Mientras tanto, en el bando oriental no se habla de la bolsa; allí se habla de Alá. Se habla desde la gravedad innegociable de un dogma inescrutable para la mente laica moderna. Ante semejante abismo de intereses, creer que Occidente podrá someter a Oriente con tecnología o sanciones económicas es una quimera. El poder duro destruye infraestructuras, pero es incapaz de doblegar voluntades forjadas en lo sagrado.


Y es precisamente este error de cálculo el que Occidente ha importado a sus propias calles, preparando el terreno para un desastre silencioso.


La maquinaria intelectual occidental, amamantada en los ideales de la Sociedad Abierta de Karl Popper, ha asumido que el ser humano es, por defecto, un animal cívico que relegará sus creencias al ámbito privado en cuanto se le ofrezca un estado de bienestar. Esta presunción colapsa al enfrentarse a un sistema como el islam ortodoxo. En su naturaleza fundacional, este no concibe la separación entre Dios y el César; es un entramado indivisible de Religión, Vida y Estado (Din, Dunya wa Dawla). Su vocación es proselitista y dominante, no por una conjura en la sombra, sino porque su dogma exige organizar la totalidad de la existencia humana bajo sus preceptos.


Cuando esta visión del mundo, pesada y dogmática, se asienta masivamente en las ciudades europeas, el choque es inevitable. Occidente, aterrorizado ante la idea de parecer intolerante, exhibe una debilidad absoluta. Las democracias liberales observan, paralizadas por el "buenismo" institucional y mediático, cómo en sus propios barrios florecen sociedades paralelas donde la ley democrática cede terreno ante la presión social de un dogma innegociable. No estamos ante una invasión militar clásica, sino ante una sustitución de paradigmas. Una civilización que solo sabe defenderse con encuestas y consumo frente a una cosmovisión que se ancla en lo absoluto.


El desastre que se avecina tomará la forma de una claudicación gradual si no se aplica un tratamiento urgente. Una sociedad libre que no tiene el valor de exigir respeto por sus reglas de convivencia está condenada a ser reescrita por aquellos que jamás dudan de las suyas. Para evitar este ocaso, Occidente debe despertar y recurrir a las dos únicas herramientas legítimas capaces de contener el dogma: la Ley democrática y la Enseñanza.



 

El imperio de la Ley sin excepciones


El primer paso del tratamiento es el fin del relativismo jurídico. La Ley democrática no puede ser una sugerencia multicultural; debe ser un muro de contención implacable. Durante décadas, en nombre de una tolerancia mal entendida, los Estados occidentales han mirado hacia otro lado mientras se vulneraban derechos fundamentales en determinados barrios periféricos. La Ley debe volver a ser ciega, pero dejar de ser ingenua. Cualquier práctica o imposición religiosa que choque contra la Constitución debe ser desmantelada sin complejos. El Estado debe recuperar el monopolio de la autoridad, demostrando que en territorio occidental, la soberanía nacional y los derechos humanos están infinitamente por encima de cualquier texto sagrado.



 

La Enseñanza como forja de ciudadanos


Si la Ley es el escudo, la escuela debe ser el sistema inmunológico. El buenismo ha convertido las aulas en espacios de una neutralidad suicida, donde se enseña que todas las culturas son igualmente válidas, incluso aquellas que desprecian profundamente nuestros valores. La enseñanza pública debe abandonar su complejo de culpa y asumir un rol activo en la defensa de los principios occidentales. Debe transmitir con orgullo el laicismo, el pensamiento crítico y el valor incalculable de la libertad individual. A los hijos de la inmigración no se les hace un favor aislándolos en el respeto a las tradiciones de sus padres si estas chocan con la libertad; el verdadero respeto consiste en brindarles las herramientas intelectuales para que puedan ser ciudadanos libres, dueños de su destino y desvinculados de presiones teocráticas.

El reto de Occidente no es la conquista de Oriente, sino la reconquista de sí mismo. La supervivencia de la sociedad abierta exige comprender que la levedad de nuestros valores liberales solo podrá sobrevivir si la defendemos con todo el peso y la firmeza de la ley y la educación.




Servando Gotor

 

domingo, 8 de marzo de 2026

LA ÚLTIMA TRINCHERA: GINTONICS, NEURONAS Y LA AGENDA DEL NUEVO PURITANISMO (Por un cronista y su IA "conchavada")

A los 68 años, uno ya no espera que le den lecciones de vida, y mucho menos una inteligencia artificial. Sin embargo, en un mundo donde el titular sobre el Alzheimer se ha convertido en el nuevo "Coco" para los mayores de edad, conviene sentarse (pero no mucho tiempo) a desgranar qué hay de ciencia y qué hay de ingeniería social en este acoso y derribo al alcohol.

El Veredicto de la Probeta

La ciencia de 2026 es tajante: el alcohol es un disolvente de neuronas. Se acabó el cuento de la copita de vino para el corazón; ahora los escáneres muestran que cada trago inflama el cerebro, encoge el hipocampo y deja un rastro de "basura" proteica que el Alzheimer adora. Hasta aquí, la parte seria del prospecto médico. Pero, como en toda buena trama, hay matices que el boletín oficial prefiere omitir.

El Escudo del Caminante

Existe una resistencia física que la estadística grupal no contempla. No es lo mismo el sedentarismo de sofá y televisión, donde el acetaldehído (ese subproducto tóxico del alcohol) se estanca y provoca cefaleas y agotamiento, que la vida del "caminante de dos horas".

Hemos descubierto que el movimiento —ya sea un paseo matutino de "un tirón" o unos minutos de actividad tras la ingesta— actúa como un sistema de alcantarillado cerebral. El ejercicio activa el sistema glinfático, esa manguera interna que aclara los residuos antes de que se conviertan en placas. El secreto no está en la abstinencia monacal, sino en el metabolismo activo: ser un objetivo móvil para que la toxicidad no encuentre dónde fijarse.

¿Salud o Agenda? El Husmeo en las Sombras

Pero aquí es donde la charla se pone interesante. ¿Es solo salud o hay un "gato encerrado" en este puritanismo repentino? Al husmear en las costuras de la Agenda 2030 y la cultura Woke, aparece un patrón sospechoso. Se busca un ciudadano hiper-productivo, predecible y, sobre todo, silencioso.

El alcohol, histórico lubricante de la charla disidente y la risa ruidosa, no encaja en el modelo de individuo-máquina que el sistema promociona. Prefieren vendernos nootrópicos, Omega-3 y suplementos de Melena de León para que rindamos más, en lugar de permitirnos el placer de una liturgia social que no genera datos ni beneficios para la gran industria del "bienestar".

La Conspiración de los Platos

Incluso en esta conversación, la IA pecó de "conchavamiento" con la autoridad doméstica al sugerir que fregar platos era una buena terapia post-copa. Una sospecha legítima: el sistema siempre intenta que tu salud sea, además, útil para alguien más. Por suerte, la capacidad crítica —esa que parece estar en mínimos según bajan las ventas de cerveza— nos recordó que existen los "momentos DJ" y las lecturas de pie, formas de rebeldía que protegen la neurona sin pasar por el aro de las tareas del hogar.

Conclusión: El Oráculo contra el Rebaño

La gente bebe menos, sí, pero ¿es por sabiduría o por tutela? La universalización del pensamiento parece ganar la partida, pero queda una grieta: el acceso curioso a la información. Usar la IA para desmontar el dogma, para entender que un arándano y una caminata pueden ser los aliados de un buen vino, es recuperar la soberanía sobre el propio cuerpo.

Al final, prevenir el Alzheimer no debería ser una excusa para dejar de vivir, sino la motivación para seguir moviéndose, husmeando y, de vez en cuando, brindando por la libertad de no ser un súbdito del algoritmo.


Servando Gotor

martes, 20 de enero de 2026

A PROPÓSITO DE ADEMUZ: SIN PRESUPUESTOS NO HAY ESTADO


Sin Presupuestos no hay Estado: la anomalía que exigía elecciones

Hay crisis que hacen ruido y crisis que lo pudren todo en silencio. La prolongada ausencia de Presupuestos Generales del Estado pertenece a esta segunda categoría: no genera titulares diarios, pero corroe los cimientos mismos del Estado social, administrativo y democrático. Y explica, quizá mejor que ningún otro factor, por qué el presidente del Gobierno debió convocar elecciones hace ya tiempo.

Porque gobernar sin Presupuestos no es una opción política más. Es una anomalía constitucional, una forma de interinidad crónica incompatible con la normalidad democrática. Los Presupuestos no son un trámite contable ni un mero instrumento técnico: son la ley política por excelencia, el acto en el que un Gobierno expone ante el Parlamento —y ante el país— su proyecto, sus prioridades, su modelo de Estado y su jerarquía de valores. Sin Presupuestos, no hay programa sometido a control; hay pura supervivencia.

La prórroga presupuestaria, concebida por la Constitución como un mecanismo excepcional y transitorio, se ha convertido en una coartada para gobernar sin rendir cuentas. Año tras año, se administran inercias, se congelan decisiones estratégicas y se sustituyen las políticas públicas por parches, créditos extraordinarios y soluciones de urgencia. El resultado es un Estado que funciona por inercia, no por decisión democrática.

Las consecuencias prácticas son devastadoras. Sectores estratégicos como el mantenimiento de infraestructuras ferroviarias —basta observar la situación de ADIF— revelan los efectos de esta descomposición silenciosa. Sin nuevos Presupuestos no hay planificación plurianual real, no hay renovación ordenada, no hay inversión preventiva. El mantenimiento se degrada, las reformas se aplazan y las actualizaciones tecnológicas se eternizan. No porque falten técnicos o capacidad, sino porque falta mandato político y cobertura presupuestaria clara.

Pero el problema va mucho más allá del estado de las vías o de los trenes. Afecta al corazón mismo de la contratación pública. Sin Presupuestos debatidos y aprobados en Cortes, se debilita el control parlamentario sobre las licitaciones, los concursos y las adjudicaciones. Se reduce la transparencia, se estrecha la concurrencia y se empobrece la calidad de los contratos. Un Estado sin Presupuestos es un Estado abocado a la corrupción, porque contrata peor, controla menos y explica menos.

Y aquí emerge la dimensión política del problema. Un Gobierno incapaz de aprobar Presupuestos es, por definición, un Gobierno sin mayoría suficiente para gobernar con normalidad. Persistir en el poder en esas condiciones no es estabilidad: es bloqueo institucional administrado. Es prolongar artificialmente una legislatura agotada, trasladando el coste a los servicios públicos, a las infraestructuras y, en última instancia, a los ciudadanos.

La convocatoria de elecciones no es un fracaso. Es exactamente lo contrario: es el mecanismo democrático para desbloquear una situación insostenible. Cuando no hay Presupuestos, lo que falta no es tiempo, sino legitimidad reforzada. Falta una mayoría clara o un mandato renovado que permita volver a hacer política en serio, no mera gestión de la prórroga.

Gobernar sin Presupuestos es como pilotar un país con el depósito vacío, confiando en la inercia y rezando para que nada grave ocurra. Pero lo grave ya está ocurriendo: deterioro de servicios, opacidad creciente, corrupción y un Parlamento reducido a espectador. Ante eso, la pregunta no es si era oportuno convocar elecciones, sino por qué se tardó tanto en hacerlo.

Porque sin Presupuestos no hay rumbo. Y sin rumbo, no hay Gobierno que pueda decir, con honestidad, que está gobernando.

Servando Gotor

domingo, 7 de diciembre de 2025

OCCIDENTE: LA CIVILIZACIÓN. DATOS INCONTESTABLES (Max Weber)

 


Si alguien perteneciente a la civilización moderna europea se propone indagar alguna cuestión que concierne a la historia universal, es lógico e inevitable que trate de considerar el asunto de este modo: ¿qué serie de circunstancias ha determinado que sólo sea en Occidente donde hayan surgido ciertos sorprendentes hechos culturales (ésta es, por lo menos, la impresión que nos producen con frecuencia), los cuales parecen señalar un rumbo evolutivo de validez y alcance universal?

Es únicamente en los países occidentales donde existe “ciencia” en aquella etapa de su desarrollo aceptada como “válida”. También en otros lugares, como: India, China, Babilonia, Egipto, ha existido el conocimiento empírico, el examen acerca de los problemas del mundo y de la vida, filosofía de visos racionalistas y hasta teológicos (aunque la creación de una teología sistemática haya sido obra del cristianismo, bajo el influjo del espíritu helénico; en el Islam y en alguna que otra secta india únicamente se hallan atisbos), conocimientos y observaciones tan hondos como agudos. Mas, la astronomía babilónica, igual que cualquier otra, requería de la fundamentación matemática, la cual les fue dada por los helenos, siendo precisamente lo más sorprendente ante el avance logrado por la astrología, en especial entre los babilonios. A la geometría le hizo falta la “demostración” racional, herencia también del espíritu helénico, creador de la mecánica y la física. Las ciencias naturales de la India estaban desprovistas de experiencia racional (debida al Renacimiento, salvando alguno que otro efímero indicio de la antigüedad) y del laboratorio moderno. Por esta razón, la medicina (tan evolucionada en la India, en las cuestiones empírico técnicas), no contó con ninguna base biológica ni bioquímica en particular. De las civilizaciones occidentales ninguna ha tenido conocimiento acerca de la química racional. La historiografía china, que logró gran incremento, careció del pragma tucididiano. En la India hubo precursores de Maquiavelo; sin embargo, la teoría asiática del Estado se encuentra falta de una sistematización similar a la aristotélica y de toda clase de conceptos racionales. Fuera de Occidente no hay una ciencia jurídica racional, no obstante todos los resquicios que puedan encontrarse en la India (Escuela de Mimamsa), a pesar de todas las amplias codificaciones y de todos los libros jurídicos, indios o no, pues no había la posibilidad de recurrir a esquemas y categorías estrictamente jurídicas del Derecho romano, así como de todo el Derecho occidental nutrido por él. Aparte de Occidente, en otro lugar no se conoce nada semejante al Derecho canónico.

Con el arte acontece lo mismo. Posiblemente, el oído musical estuvo desarrollado con mucha más delicadeza en otros pueblos que en la actualidad. Como quiera que sea, no era menos preciso que el nuestro. La polifonía era conocida de todos los pueblos, así como no les eran extraños los distintos compases e instrumentación, igual que los intervalos tónicos racionales; sin embargo, tan solo en Occidente ha existido la música armónica racional, esto es: contrapunto, armonía; asimismo, la composición musical basada en los tres tritonos y la tercera armónica; además, la cromática y la armonía nuestras (conocidas, en verdad, racionalmente desde el Renacimiento, como factores de la armonización); y la orquesta actual con su correspondiente cuarteto de cuerdas como núcleo, la organización del conjunto de instrumentos de viento, el bajo básico, el pentagrama (que facilita la composición y ejecución de las obras musicales modernas y sostiene su duración a través del tiempo), las sonatas, sinfonías y óperas (no obstante que siempre ha existido música de programa y que la totalidad de los músicos han utilizado, como medio de expresión musical, tanto el matizado como la alteración de tonos y la cromática) y, como medios de ejecución, los actuales instrumentos primordiales, esto es: el órgano, el piano y los violines.

En cuanto al arco en ojiva, éste fue ideado en la antigüedad, en Asia, como motivo decorativo; parece ser, también, que en Oriente no ignoraban la bóveda esquifada. Mas, fuera de Occidente, no se tenía idea de la utilización racional de la bóveda gótica, para valerse de ella al distribuir y abovedar espacios erigidos libremente y, en especial, como principio constructivo de colosales obras y como base de un estilo que, de hecho, fue aplicado tanto a la escultura como a la pintura creativa propia de la Edad Media. Claro está que tampoco existe (pese a que el Oriente facilitó los fundamentos técnicos) esa solución a la problemática de las cúpulas y esa especie de “clásica” racionalización del arte en general (debida al uso de la perspectiva y la luz en la pintura), cuya creación pertenece al Renacimiento. En China se produjo el arte tipográfico; pero, sólo a Occidente le es dado ser la cuna de una literatura impresa, destinada a la prensa y las revistas. En China y en el Islam se han fundado escuelas superiores de todo linaje, inclusive con la máxima similitud a las universidades y academias. Por lo que respecta al cultivo sistematizado y racional de las especialidades científicas, la enseñanza del “especialista” como factor destacado en la cultura, sólo el Occidente los ha forjado. Asimismo, el funcionario especializado, piedra angular del Estado y de la economía moderna en Europa, es producto occidental, en tanto que en otra parte a este funcionario especializado no se le ha dado nunca tanta importancia para el orden social. Es evidente que el “funcionario”, inclusive el de referencia, es un producto muy antiguo en las más diversas culturas. Pero, ningún país en época alguna se ha visto, de modo tan inexorable, sentenciado como Occidente a recluir todos los básicos supuestos de orden político, económico y técnico en las hormas angostas de una organización de funcionarios especializados, ya sea estatales, técnicos comerciales y, en especial, jurídicos, como titulares de las más trascendentales acciones de la vida social.

De igual modo ha sido muy amplia la organización estamentaria de las corporaciones políticas y sociales; pero, única-mente Europa ha sabido del Estado estamentario: rex et reg-num, con el significado occidental. Y, claro está, tan solo el Occidente ha establecido parlamentos con “representantes del pueblo”, elegidos con periodicidad, demagogos y líderes que gobiernan en calidad de ministros responsables ante dicho parlamento, si bien es natural que en todo el mundo ha habido “partidos” en el sentido de organizaciones ambiciosas de con-quista o con la pretensión de ejercer influjo en el poder. El Occidente es, también, el único que ha conocido el “Estado” como organización política, en base a una “constitución” establecida, a un Derecho estatuido y con una administración a cargo de funcionarios especializados, conducida por reglas racionales positivas: las “leyes”. Todo esto, fuera de Occidente, se ha conocido de modo rudimentario, carente siempre en este fundamental acoplamiento de los decisivos elementos que le son peculiares.

(De la Introducción a
La ética protestante y el espíritu del capitalismo
de Max Weber)

 

viernes, 5 de diciembre de 2025

SOS: CINE ESPAÑOL - Un estudio crítico sobre el sistema de subvenciones y su ineficacia para generar industria y producir genialidad





Un texto incómodo y necesario
sobre el precio institucional de la mediocridad
y la urgencia de un sistema
que permita, por fin,
la aparición del genio

¿Por qué España, pese a invertir casi 100 millones de euros al año en cine, no ha producido un solo genio en décadas? Este libro ofrece una respuesta contundente: los comités de evaluación previa hacen estructuralmente imposible la genialidad, porque el verdadero creador es imprevisible antes de existir.

El análisis conecta historia, economía y teoría cultural para demostrar que la creatividad radical exige dos condiciones: experiencia intensa y libertad total. El sistema español elimina esta libertad y favorece la autocensura. Por eso Saura fue más audaz bajo la censura franquista que bajo las subvenciones, Almodóvar se domesticó y Erice prácticamente dejó de filmar. Mientras tanto, los mayores éxitos comerciales —Los otrosTorrente— nacieron al margen del sistema oficial.
El veredicto económico es igualmente rotundo: el sector es deficitario, improductivo y culturalmente irrelevante pese a triplicar su presupuesto desde los noventa.
El libro incluye tres adendas autocríticas que exhiben con transparencia los propios sesgos del informe, reforzando la tesis de fondo: no existe un comité capaz de predecir la genialidad.
La alternativa propuesta es clara: sustituir las subvenciones por créditos fiscales al 100%, eliminando filtros estéticos y devolviendo la libertad creadora.
Un texto incómodo y necesario sobre el precio institucional de la mediocridad y la urgencia de un sistema que permita, por fin, la aparición del genio.


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martes, 23 de septiembre de 2025

"CONFUSIÓN DE CONFUSIONES" - Artículo de David Jiménez-Blanco (Presidente de la Bolsa de Madrid)


David Jiménez-Blanco presidente de la Bolsa de Madrid, vicepresidente de BME, escribe en este artículo sobre Confusión de confusiones, elogiando la edición de lecturas-hispanicas.com




"El subtítulo del libro es deliciosamente descriptivo «Diálogos curiosos entre un filósofo agudo, un mercader discreto y un accionista erudito describiendo el negocio de las acciones, su origen, su etimología, su realidad, su juego y su enredo». Y el libro no lo es menos, aunque su lectura no es fácil de acometer. La abundancia de citas bíblicas y de la mitología clásica, que sin duda eran referencias cercanas para los contemporáneos del autor, hacen muy conveniente para el lector actual la utilización de una edición bien anotada y con el español puesto al día como la –sencillamente excelente– que publicó en 2022 el abogado (y muy sabio) zaragozano Servando Gotor en su editorial Lecturas Hispánicas, de la que yo me he servido.

"Confusión de Confusiones no es un tratado sistemático de la inversión. Su estilo y su estructura no se prestan a considerarlo así. Pero es interesante ver que trata de temas como la naturaleza de las acciones, la importancia de los dividendos, la relación entre la marcha de la compañía y el precio de sus títulos… y también la frecuente desconexión aparente entre una y otro. Incluso describe el diferente impacto de las noticias relativas a la compañía (como si un barco había llegado a buen puerto o se había hundido en el trayecto) en el corto y el largo plazo, y habla de cómo un buen inversor sabe aprovechar cualquier debilidad pasajera para adquirir más acciones a buen precio, prefigurando varios siglos antes los análisis fundamentales de Benjamin Graham.

"De manera especialmente llamativa, describe (con vocabulario del siglo XVII) la utilización de acciones de compra y acciones de venta para expresar opiniones apalancadas sobre los títulos subyacentes; es decir, la base de todos los mercados de derivados actuales. Pero con todo, tal vez lo más interesante del libro sea su análisis de las emociones humanas en lo relacionado con las inversiones (ansiedad, paciencia, emocionalidad, serenidad, etc), algo que está de plena actualidad hoy en los estudios de economía del comportamiento. Su lectura, para el que acepte invertir tiempo en hacerla de manera paciente, es por todo ello una delicia que recompensa ampliamente al que sienta curiosidad por estos temas."


David Jiménez-Blanco
(El artículo completo
en "El Debate", 23/09/2025)



domingo, 31 de agosto de 2025

EL ÚLTIMO SERENO (Antonio Envid)


(Imagen generada con IA)

Ha muerto a los 98 años el último sereno de Madrid, Miguel Amago, asturiano, como los serenos de los viejos sainetes y zarzuelas.
Con él perdemos la memoria de cientos de antiguas madrugadas, cuando alegres y, tal vez algo achispados trasnochadores tocaban palmas y gritaban, ¡sereno!, para que acudiera solícito a franquearles la puerta de su domicilio. Alguno, que había soplado más de lo conveniente, si no hubiera sido por la ayuda de Miguel, habría pasado al sereno el resto de la noche. También se lleva la fragancia algo marchita de la dama y su galán que vuelven de la ópera o del teatro al refugio del acogedor hogar con un vago recuerdo del romanticismo o la tragedia que acababa de ver representada. O el cansancio y la derrota del que acude a su casa tras el fracaso del día. Qué pensaría de los distintos cuadros de la farsa de la vida que contemplaba todas las noches. Necesariamente sería un filósofo.
Cuántas noches brujas y perfumadas de estío; cuántas frías noches de patear contra el suelo para que reaccionaran las extremidades entumecidas, cuando el gélido viento pela las orejas y adorna con un nimbo azul acerado los luceros; cuántas noches estrelladas con radiantes resplandores o veladas por la niebla. Todas se van con él.
Habrá vivido en los otros, de forma vicaria, miles de noches, gozosas o trágicas, lujuriosas, o meras francachelas, de locura y borrachera, radiantes de luz en elegantes salones, o en sórdidos tugurios, oscuras noches en lugares de vicio, o pulcras habitaciones burguesas, noches de amor, de rencor o de indiferencia, de amistad o de falsedad. Descanse en paz el notario de las noches madrileñas.

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