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sábado, 11 de mayo de 2019

20 ANIVERSARIO DE EL COMARCAL DEL JILOCA (I): "Una nube sin Dios" (Javier Peña, "JAVI")



Los años sesenta, setenta y gran parte de los ochenta fueron los de la televisión como medio de cohesión familiar y social. Las familias se reunían en torno al televisor y veían juntos “Noche del sábado”, “Directísimo”, “Un millón para el mejor”, “Un, dos, tres”, “¿Es usted el asesino?”, “Historias para no dormir”, “Reina por un día”, “Eurovisión” y por supuesto el “Telediario” “teledirigido”.
Al día siguiente, en el trabajo, el colegio o en la carnicería, las gentes hablaban del programa o noticiario en cuestión y se creaba una comunión la mar de chula al poder comentarlos y al haber experimentado todos unas emociones similares.
Y lo mismo ocurría en los hogares: los miembros de la familia hablaban del premio del apartamento o la calabaza del “Un, dos, tres”, del tipo que partía nueces con el culo frente a José María Íñigo o de la expectación del “desnudo” de “Historias de la frivolidad”.
Más caspa que el peine de un peluquero, pero unir, unía como el cemento Portland.
Hoy veo pelis, series o documentales de una “app” en la “Smart tv” de mi salón mientras mis hijos se parten la caja viendo youtubers chorras en sus “Smart phones” tumbados en sus camas mientras mi mujer pasa de todos nosotros mientras hace la cena.
A excepción de la gente más mayor, es casi imposible que dos personas hayan visto la misma maldita cosa en la sobremesa o antes de acostarse.
Aunque no me considero un carcamal, soy poco propenso a aplaudir con las orejas todo lo nuevo. Valoro en lo que vale la variedad de medios para conseguir información o entretenimiento, pero en el camino hemos perdido algo valioso y es la capacidad de
conectar con los demás mientras nuestros cacharritos se conectan a ese sin dios que es la nube.



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(*) Artículo y viñeta publicados en la edición especial del periódico dirigido por José Antonio VizárragaEl Comarcal del Jiloca, de mayo de 2019, con ocasión del 20 aniversario de dicha publicación, en la que JAVI colaboró entre los años 2008 y 2010 

jueves, 15 de enero de 2015

GRATIS* DE JUEVES A SÁBADO EN AMAZON: "BATIÉNDOME EN RETIRADA", DE JAVI, EL HUMOR MÁS SUTIL PARA EL LECTOR MÁS MORDAZ


Añadir leyenda

De la ingente y singular obra gráfica de JAVI,Batiéndome en retirada (2014) recoge una magnífica selección de alrededor de trescientos chistes gráficos, repartidos en once secciones: Alucinando un poco, Correctamente incorrecto, C'est la guerre,  Ellas, ellos, ambos dos, y todos ellos,  In the curro, Niños, viejitos y otros seres peligrosos,  Más, y mass media,  Política y econosuya,  Re  flexiones, Seguridasosial y Sollozos de España. Cada una de las viñetas es el resultado de una reflexión/impresión del dibujante, a veces profunda, a veces mero guiño cómplice al espectador, de la que, como ocurre con todo pensamiento artístico, el lector/espectador atento llegará a diversas conclusiones sobre lo que es, sobre lo que somos, sobre lo que son y sobre cuanto nos rodea. Si a ello añadimos el ingrediente del humor, ácido o negro en unos casos, mordaz en otros y crítico en todos, forzoso será concluir que estamos ante un gran libro.  

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Disponible
en Amazón
En versión digital
e impresas (tanto en color como en bn): 


(*) Se ofrece gratis la versión digital, en formato mobi para kindle.

lunes, 28 de julio de 2014

VIEJOS Y VIAJES (Javi)



Tras despedir con un gruñido a su secretaria en el andén, el anónimo viajero se dirigió rápidamente al vagón. Viajaba con frecuencia y le horrorizaba volar, así que siempre que lo necesitaba hacía reserva de un compartimento completo en primera clase. Le costaba un ojo de la cara, pero podía permitirse ese lujo. El empleado del ferrocarril tuvo que aplastarse contra la pared del vagón para permitir que aquel enfurruñado señor siguiera su camino sin arrollarlo.
Su pesada anatomía alcanzó el compartimento. Con gesto brusco empujó hacia un lado el tirador. Quedó sorprendido e inmóvil por unos instantes. Un enjuto anciano de aspecto enfermizo le miraba con astuta sonrisa por encima de sus lentes. Airado, el viajero extrajo su billete del interior de su americana y comprobó su numeración: no se había equivocado, sin dura aquel anciano se había colad por error en su compartimento. No quiso iniciar una fatigosa discusión con el viejo, le limitó a proferir varias voces para llamar la atención del empleado que en ese momento abatía la puerta de acceso al vagón. Se trataba del mismo hombre uniformado que estuvo a pnto de derribar un minuto antes. Este dirigió al cliente la mejor de sus sonrisas:
-¿Algún problemas, señor?
El impetuoso viajero contestó con furia mal contenida:
-Haga el favor de decir a este caballero que abandone inmediatamente mi compartimento.
El empleado, servicial, sonrió de nuevo:
-Disculpe señor, pero su acompañante es un regalo de la compañía.
El rostro del cliente enrojeció visiblemente al tiempo que escupía sus palabras:
-Pero, ¿qué estupidez está diciendo?, ¿es que no hay una persona cuerda en este tren?
El hombre uniformado sonrió ámpliamente, sin ofenderse:
-Permítame que me explique, señor. La compañía desea ofrecerle un servicio especial en este viaje sin que tenga que abonar cantidad alguna de más. Usted es un cliente de excepción, y como tal se le obsequia con la presencia de su propia persona, veinticinco años mayor, pero en definitiva se trata de usted mismo, … una hora antes de fallecer. El servicio incluye la reserva de todos los apartamentos de este vagón, y en ellos, usted podrá encontrar sus recuerdos, temores, fantasías y perfidias, y ahora, le sugiero que se acomode y disfrute del viaje. Cualquier cosa que necesite no tiene más que llamarnos.
El empleado, tras despedirse con una ligera inclinación de cabeza, se encaminó de nuevo hacia el vagón contiguo. El atónito viajero cerro la boca. Cabizbajo entró en su departamento y miró a su acompañante.
-¿Qué locura es esta? –preguntó más para sí mismo que al anciano.
Su compañero, que no había abandonado un momento la maliciosa sonrisa, habló con voz pausada:
-Hace mucho tiempo que viajo en este tren con la esperanza de encontrarte, pero no me ha sido permitido hasta hoy, a sólo una hora del fin de mis días. Dispongo de ese tiempo para mostrarte algo que te vas a negar a reconocer: a ti mismo. Es algo que llevo muchos años deseando. Quiero que sepas todo el asco que me das y compartir contigo mi nauseabunda presencia. Quiero que te odies tanto como yo te he odiado.
-¡Basta! –su voz sonó autoritaria, pero la perplejidad de la que era objeto le obligó a permanecer en silencio durante unos instantes. –Usted no es más que un viejo estúpido, y no voy a permitir su desvarío senil por más tiempo.
Dio media vuelta y salió del compartimento, pero al intentar cruzar a otro vagón, la puerta no cedió. Golpeó con fuerza los cristales, pero fue en vano. Desconcertado volvió sobre sus pasos y abrió la puerta de otro compartimento para quedar paralizado ante la visión de una de sus pesadillas: ante sus ojos se abría un oscuro abismo frío y silencioso. Cerró la puerta, pálido, los labios temblando. Volvió a su compartimento. El anciano reía por lo bajo:
-¿Qué te ha parecido?, ¿crees que vas a librarte de mi tan fácilmente? Parece que no has comprendido una sola palabra de todo cuanto acabo de decirte. Yo, por repugnante que te parezca soy tu propia obra. El resultado de toda una vida de maldades, pero no te equivoques, no estoy aquí para reprochártelas, solo deseo que recuerdes las pasadas y adivines las futuras.
El viajero se dejó caer pesadamente en el asiento y miró la oscuridad del exterior deslizándose a 150 kilómetros por hora. La apremiante voz de su acompañante lo sacó de su ensimismamiento:
-¡Mírame! ¡Reconoce tus ojos en los míos, tu lujuriosa boca en este arrugado pliegue sin color, tus arrugas en los surcos de mi piel, mira en mis pupilas y verás centuplicado el malévolo brillo de las tuyas!- La cascada voz del anciano acabó en una carcajada sonora que le hizo estremecer. Tenía que ser otra pesadilla, pero el viejo continuaba su perorata: -No, no te estás volviendo loco: ¡te estás volviendo viejo!- añadió comenzando a reír de forma demente como hiciera antes.
El viajero abrió desmesuradamente los ojos y se abalanzó sobre él, sus manos rodearon la garganta del anciano al tiempo que los dedos se crispaban alrededor del frágil cuello, pero el anciano seguía riendo con el poco resuello que le permitía el estrangulamiento. –¡muere cabrón!, ¡muere!, ¿jódete y muérete!, las manos seguía apretando el estrecho cuello, pero sin saber como, comenzó a aflojar la presión, y el azulado rostro del anciano comenzó a tomar un color más humano.
-¿Por qué no has acabado? - preguntó entre toses el viejo. -¿Acaso sientes miedo de condenarte eternamente?, en cualquier caso mi muerte llegaría demasiado tarde, nada habríamos ahorrado a la humanidad, tu futuro y mi pasado se han preñado de iniquidades.
Aquél calculador hombre de negocios miraba al viejo mientras éste le refería meticulosamente una sarta de fraudes, sobornos, cohechos, estafas, abusos y otras lindezas perfectamente conocidas a las que añadió una no menos numerosa de otras desconocidas y que supuso realizaría en el futuro. Le abrumó la larga enumeración. No se sentía orgulloso de ninguno de aquellos actos, pero era consciente de que de haber actuado de otro modo a lo largo de su vida, jamás hubiera alcanzado el nivel social y económico del que disfrutaba, y a él le gustaba el dinero, sabía que éste movía el mundo del mismo modo que la locomotora del tren en que viajaba arrastraba tras de sí los vagones. Había tenido que elegir hace mucho tiempo si quería ser el lobo o su presa, y había decidido que sería el lobo. Volvió a prestar atención a la voz del viejo debido a un cambio en la inflexión en ella: ya no era tan potente ni irónica, más bien se había convertido en un susurro, lo miró y vio como se masajeaba el pecho y boqueaba para tomar aire al tiempo que sus ojos se abrían desmesuradamente. El viajero saltó de su asiento y salió al pasillo del vagón y corrió a la puerta que antes había golpeado. Volvió ha hacer lo mismo gritando:
-¡Se está muriendo, el viejo se está muriendo!
-No me estoy muriendo, aún no. -la voz llegó débil pero clara desde el compartimento. El viajero volvió junto al anciano que se desabrochaba el nudo de la corbata -¿Porqué has ido a buscar ayuda?
-Porque creía que le estaba dando un infarto o algo parecido.
El anciano sonrió:
-Puede que después de todo yo no sea tu, después de todo.
-¿Por qué?
-Porque no dejé morir a un hombre en circunstancias parecidas, simplemente esperé a que dejara de respirar, y entonces llamé al revisor.
El viajero se empezaba a sentir mal, una nausea subió desde su estómago hacia la misma boca acompañada de una presión en el pecho que le recorrió el hombro y el brazo izquierdo.
Descubrieron el cadáver a primera hora de la mañana. Nadie recordaría a aquel anciano que se bajó en la primera estación sonriendo.


JAVI

domingo, 2 de marzo de 2014

DÍA "D", HORA "H" (JAVI)



Cuando Pablo se despertó aquel sábado, dulcemente exhausto por doce horas ininterrumpidas de sueño y buscó con su brazo la cálida presencia María, solo encontró una tersa sábana fría en su lugar. Abrió los ojos y la luz que se filtraba por las cortinas le hizo entornar los párpados. Escuchó con atención los esperados signos de actividad matutina : ¡silencio! Llamó expectante :
-¿María?
El silencio contestó. Poco a poco fue tomando dolorosa conciencia de lo sucedido la velada anterior. El se había ido a la cama dejándola con los ojos arrasados por las lágrimas. Le había dicho que la quería, pero eso no había sido suficiente para arrastrarla al lecho. Demasiadas decepciones suponía, demasiados engaños.
Se levantó de la cama y registró el pequeño estudio. Primero el cuarto de baño : corrió las cortinas ahuyentando la imaginaria y fugaz visión de María mirándole con la fijeza inexpresiva de un cadáver con el cuello roto que rápidamente fue reemplazado por la imagen de la loza desportillada de la bañera. Entró en la cocina, pero no la vio tumbada en el suelo electrocutada por el tostador. En el cuarto de estar tampoco la encontró colgada del cuello en la lámpara “art-déco”.
–Te estas poniendo melodramático, piensa racionalmente-, se dijo. Marcó su número de teléfono y salió el buzón de voz. Tras unos instantes de duda, se puso una camisa limpia y salió a buscarla en los sitios habituales: mercado, bar, rastrillo…
Estaba empezando a alarmarse. ¿Realmente habría sido capaz de dejarlo? Tenía que comprobarlo, así que volvió al piso. Su ropa seguía en el armario. Respiró más aliviado. Pero, entonces, ¿Dónde se había metido? No tenía sentido especular con las razones del comportamiento de una mujer, simplemente la esperaré, se dijo. Preparó la cafetera y conectó el pequeño televisor de la cocina. El noticiario mostraba la surrealista imagen de decenas de personas abriéndose paso en la entrada de unos grandes almacenes. Prestó solo una atención fugaz, pero algo hizo que volviera la cabeza de nuevo al televisor: allí estaba María, su cara oculta por unas grandes gafas de sol, pero era ella sin duda. Claro, ¿como podía haberlo ignorado?, ella siempre iba de compras cuando se deprimía, y hoy era el día “D”, hora “H” de las rebajas. Solo esperaba que volviera de mejor humor, quería reconciliarse con ella. Volvió a mirar el televisor. Era ella, sin duda, solo que no entendía qué hacía en la sección de caza y pesca con aquel gran paquete bajo el brazo.


sábado, 8 de febrero de 2014

MISERIAS Y GILIPOLLECES (Javi)



Nos empeñamos en reproducir nuestra capacidad adquisitiva hasta el el huerto de los callaos. En la foto: pisitos, chaletitos y casoplones. La naturaleza humana es así de gilipollas, qué le vamos a hacer. En otro orden de cosas, vease también una foto curiosa alegórica a la "paz" que desean los salvapatrias. 
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