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jueves, 27 de agosto de 2026

NO VERÉ CAER LAS HOJAS TRAS MI VENTANA (Antonio Envid)

Imagen generada con IA (Gemini)

 
Estoy escuchando Autum leaves mientras escribo esto, por Natalie Cole, sí, la hija, mi alma colmenera tenía que encontrar un refugio ante tamaño naufragio, y qué mejor que una voz femenina. Agosto se despide y se lleva todo lo que podría aliviar la tristeza otoñal: los alegres cantos viñadores, porque el cambio climático ha adelantado la vendimia, al igual que la cogida del melocotón de Calanda; tampoco escucharemos el lamento de las hojas cuando caigan, los árboles ya se desnudaron este verano ante el tórrido calor. Se va y nos deja inermes ante los ataques de la vida en serio, las urgencias cotidianas, esas terribles tragedias, más crueles porque carecen de grandeza y no admiten declamatios. De nada servirán los consejos para ahorrar en los artículos del cole – debería estar prohibido por Ley, que un niño inicie el curso con libros de segunda mano, privarles de la emoción del libro intonso –, ni que en algún sitio se prolonguen las rebajas hasta final de septiembre. Todo en vano. Las urgencias de la vida están prontas a saltar sobre nosotros como lobos hambrientos. Pero nos queda el cielo, aunque las noches ya no sean tan espléndidas, porque no somos jóvenes, como nos ha dicho Dostoievski; esta madrugada se producirá un eclipse de Sol y el mejor sitio para contemplar como el Sol se apaga será en Ceuta.

      Antonio Envid

     

miércoles, 29 de julio de 2026

LOS SEÑORES DE LOS BONSÁIS (Antonio Envid)


Imagen generada por IA (Gemini)

Me entero por los medios de comunicación de que Pedro Sánchez regaló un bonsái al Papa León XIV. Antes había hecho análogo regalo al poderoso, en su día, José Luís Ábalos por su sesenta cumpleaños. Desconozco si es habitual que el presidente haga estos singulares regalos o son hechos aislados y excepcionales, también, si son regalos que encierran algún símbolo o una manera de ir desalojando La Moncloa de esos objetos difíciles de reubicar, como los enseres de otro inquilino o los recuerdos de la abuela.

Estos sucesos me han hecho recordar un excelente artículo que publicó el inefable Sánchez Ferlosio – sí, el hijo de Sánchez Mazas, una de las mentes más sibilinas de mi contemporaneidad – con el título El monasterio Hidaka y el arte del bonsai. En él el destacado escritor hacía una sutil crítica a Felipe González, muy aficionado, como se sabe, a esos arbolillos enanos y deformes a fuerza de artificio.

Se describía la presencia en el complejo gubernamental de un nonagenario monje taoísta que cuidaba la notable colección de bonsáis del presidente y señalaba la paciencia y delicadeza que esa función exigía, así como, que los momentos libres que al gobernante dejaban las tareas de gobierno los invertía en escuchar las enseñanzas de Lao-Tse de boca del venerable anciano y en conocer este arte japonés. No deja de notar el articulista los dos millones y medio de pesetas – estábamos todavía en el reino de la peseta – del sueldo anual del maestro que salían de nuestra tesorería. 

Para tratar de comprender el artículo hay que mencionar el contexto en el que está escrito. Era el segundo mandato de Felipe González y, aunque gozaba de una holgada mayoría de 184 diputados, el entusiasmo que había despertado en el primer mandato, 202 diputados, los había rebajado sensiblemente. El descontento social se palpaba en el ambiente, hasta desembocar ese mismo año 1988 en una huelga general convocada por UGT y CC OO que paralizó España; a principios de ese mismo año se había producido el secuestro de Revilla por los terroristas de ETA. Mientras, Felipe González se embebía en las enseñanzas taoístas y en el cultivo de bonsáis.

Pero el recuerdo de aquel artículo no es casual sino causal, alguna correlación encuentro entre aquella pasada época con la presente. La cultura del bonsái exige que el crecimiento del árbol se limite, se le encorsete y se le dirija hacia la dirección que quiere el cultivador, en lugar de dejar que obre libremente la naturaleza. Ignoro si Pedro Sánchez ha adquirido la afición por estos artificiales arbolitos, pero sus largos silencios de meditación pudieran indicar que trate de ensayar en los cerebros de los españoles las técnicas de dirigismo y falta de libertad del bonsái, minimizándolos para que acepten su relato.

Vizcaíno Casas tituló a Felipe González como El Señor de los bonsáis, y la historia se repite, como nos enseñó Marx, la segunda vez como farsa, pudiéramos estar viviendo bajo el reinado del Señor II de los bonsáis.

                                                                                                                                            Antonio Envid

domingo, 31 de agosto de 2025

EL ÚLTIMO SERENO (Antonio Envid)


(Imagen generada con IA)

Ha muerto a los 98 años el último sereno de Madrid, Miguel Amago, asturiano, como los serenos de los viejos sainetes y zarzuelas.
Con él perdemos la memoria de cientos de antiguas madrugadas, cuando alegres y, tal vez algo achispados trasnochadores tocaban palmas y gritaban, ¡sereno!, para que acudiera solícito a franquearles la puerta de su domicilio. Alguno, que había soplado más de lo conveniente, si no hubiera sido por la ayuda de Miguel, habría pasado al sereno el resto de la noche. También se lleva la fragancia algo marchita de la dama y su galán que vuelven de la ópera o del teatro al refugio del acogedor hogar con un vago recuerdo del romanticismo o la tragedia que acababa de ver representada. O el cansancio y la derrota del que acude a su casa tras el fracaso del día. Qué pensaría de los distintos cuadros de la farsa de la vida que contemplaba todas las noches. Necesariamente sería un filósofo.
Cuántas noches brujas y perfumadas de estío; cuántas frías noches de patear contra el suelo para que reaccionaran las extremidades entumecidas, cuando el gélido viento pela las orejas y adorna con un nimbo azul acerado los luceros; cuántas noches estrelladas con radiantes resplandores o veladas por la niebla. Todas se van con él.
Habrá vivido en los otros, de forma vicaria, miles de noches, gozosas o trágicas, lujuriosas, o meras francachelas, de locura y borrachera, radiantes de luz en elegantes salones, o en sórdidos tugurios, oscuras noches en lugares de vicio, o pulcras habitaciones burguesas, noches de amor, de rencor o de indiferencia, de amistad o de falsedad. Descanse en paz el notario de las noches madrileñas.

martes, 19 de septiembre de 2023

AL ABRIGO DE MOEBIUS (Antonio Envid)




Manolo vuelve a contarme su “aventura”. Me la ha contado varias veces, pero no quiero herir su sensibilidad, algo excitable tras ese suceso, y lo escucho como si fuera una novedad para mí.

Esa mañana de principios de agosto – me dice – salí al campo con el perro convenientemente atado con la correa, para no molestar la caza. El perro iba de mal talante, como me veía sin escopeta sabía que era una caminata inútil. Yo más bien salí por no quedarme en el pueblo, que ya sabes, terminas en el bar escuchando las mismas cosas de siempre y las bromas sin gracia, aunque la excusa era que iba a comprobar cuántas codornices habían llegado ese año, y cuando comenzaría la media veda. Una excusa como otra cualquiera, porque soy cazador por rutina, por seguir la costumbre, por los almuerzos con la cuadrilla, a ver si me entiendes.

Habíamos salido tarde y el sol comenzaba a caer de plano cuando llegamos al barranco. Es un barranco seco, por estas tierras monegrinas no llueve nunca, pero cuando lo hace, en media hora cae lo de todo el año y entonces el barranco parece el Nilo. Yo, estaba agobiado por el justiciero sol, caía a plomo, como si un puño cruel nos aplastara contra la tierra. El perro me lanzaba miradas suplicantes. Sobre el barranco hay un puentecillo para pasar a la paridera del otro lado cuando el barranco lleva agua, traspasamos el puente y el perro se lanzó debajo de él en busca de algún frescor y una sombra piadosa. Total, que pasamos el puente, descendimos por debajo de él y lo volvimos a traspasar. Recalco esto porque es importante, ya lo verás.

No le interrumpo, me sé de memoria el suceso, sólo cabeceo de vez en cuando en señal de asentimiento y para que crea que lo escucho con atención, ya dije que últimamente Manolo está muy susceptible.

De codornices, no vimos ni una, estarían cobijadas en los tomillares, por la alta temperatura. El perro echaba el bofe, pobrecico, y yo, agobiado por el sol y el calor. Nos dimos la vuelta y para casa.

Hace una pausa, me mira con fijeza para resaltar la importancia de lo que viene a continuación.

- Cuando llego a casa me doy cuenta de que uso la mano izquierda en lugar de la derecha, como si fuera cucho ¿entiendes? ¡Mi mano izquierda es ahora mi mano derecha! El perro, igual, le digo que tire por la izquierda y echa por la derecha, y al revés.

Ahora viene la explicación, me contará lo del maestro.

- Un maestro que estuvo en el pueblo y que era muy leído, me explicó que me había ocurrido el fenómeno de Moebius. Sí, Moebius, me apunté el nombre para que no se me olvidara. El sol nos había aplanado a los dos, al perro y a mí, nos convirtió en seres bidimensionales y transitamos por un mundo de sólo dos dimensiones, como el anillo de Moebius, en el que arriba y abajo, derecha e izquierda carecen de sentido. Si caminas por este mundo, me dijo, terminas por llegar al punto de partida, pero invertido, tu izquierda ahora es tu derecha. Al pasar y traspasar el puente habíamos transformado nuestro espacio en una cinta de Moebius, y al volver a casa, nuestro punto de partida, se había transformado nuestro cuerpo sin nosotros darnos cuenta, y nuestra parte derecha ahora era la izquierda, En fin, un lío. Desde entonces ya no sé qué votar, porque no distingo a los partidos de derechas de los de izquierdas, me parecen lo mismo, no los entiendo. ¡Ahora! Me tranquiliza algo ver que muchos de mis paisanos han debido sufrir el mismo fenómeno de Moebius, ya no se reconocen con estas derechas ni con estas izquierdas, que no son como las de siempre, y votan al buen tun tun.


Antonio Envid

lunes, 24 de abril de 2023

RETROMUERTE (Antonio Envid)

 


El policía, con cara de aburrimiento por esa labor mecánica de preguntar siempre lo mismo y obtener vaguedades, en un asunto que, por otra parte, carece de cualquier interés.

- Veamos señora, con respecto a su vecino ¿conoce usted su identidad, en qué se ocupaba, que parientes tenía?

- ¿Ha sido un crimen? ¿lo están investigando?

- Mire señora, quien hace las preguntas soy yo, pero para satisfacer su curiosidad, no creemos que fuera un crimen, el forense dice que murió de un infarto, pero tenemos que hacer una encuesta para conocer las circunstancias y le agradezco su colaboración. La suya y la del resto de vecinos de la casa.

- ¡Ah, me alegro! Entiéndame, señor inspector, no me alegro de que haya muerto, ¡pobre señor!, sino de que no fuera un crimen. Hay tantos delitos según los telediarios, y tantas habladurías por la vecindad, que yo estaba con algo de miedo. Una señora mayor, cualquiera sabe lo que le podrían hacer esos desalmados….

El agente muestra cierta impaciencia. La señora es de esas que pueden pegarse toda la mañana de cháchara insulsa para no sacar nada en limpio, y él tiene que salir con un compañero a tomar el café. Un moscardón tontaina da vueltas por la habitación pegándose golpes contra las paredes.

- Bueno, bueno. Centrémonos en lo que interesa, que usted tendrá cosas que hacer, y yo, también. ¿Conoció a alguna de sus amistades, algún pariente, alguien que pudiera identificarlo?

- Pues, no, no señor, no vi nunca a nadie que viniera a visitarlo. Nunca me tropecé con nadie que fuera a su piso. Eso no quiere decir que nunca fuera nadie, que una no es una fisgona, que una no está espiando lo que hacen los vecinos. Como decía mi madre, cada uno en su casa y Dios en la de todos…

- Pero sabrá algo de él, algo que él mismo le dijera o comentara, entre vecinos siempre hay conversaciones.

- Pues mire señor inspector…

- Llámeme, agente, por favor…

- Bien, señor agente. Este señor era muy atento y muy educado, siempre te cedía el paso, te abría la puerta, y siempre saludaba. Que hoy, eso no se ve con tanta frecuencia, sobre todo en los jóvenes, que no sé que educación les hemos dado. Yo se lo digo a mi marido, Manolo…

- ¿Pero le contaba algo o no?

- Contar, lo que se dice contar, no, era muy reservado. Siempre, buenos días, buenas tardes, y eso, como mucho si hacía calor o frío o habían dicho que iba a llover. Nada, lo que se dice cunado no se quiere decir nada.

- Bien, ya está, hemos terminado. Muchas gracias, ha sido muy valiosa su colaboración. Buenas tardes.

El agente mete con fastidio la declaración en el expediente, mientras, llega el compañero que esperaba.

¿Qué hay, Matías? ¿Has sacado algo en limpio?

- En el Registro Civil insisten en que es imposible de que se trate de este sujeto, a pesar de la documentación que encontramos en su apartamento que acredita que es él. Les he enseñado el DNI, extractos de la cuenta bancaria, en fin, los documentos personales, pero nada, que no puede ser, que ese individuo murió hace siete años, que ahí está la inscripción de fallecimiento, y la causa, infarto, y la filiación coincide, pero de eso hace siete años.

- Pues, asunto concluido, lo mandaremos todo al fiscal y que haga lo que tenga que hacer, nosotros hemos terminado. Anda, que se nos hace tarde para tomar café.

- Hay quien se muere y no se entera, ni él ni los demás, y lo entierran siete años más tarde.

 


Antonio Envid

sábado, 28 de enero de 2023

LA ÚLTIMA SONRISA DEL DÍA (Antonio Envid)



Inopinadamente, en estos fríos días, han vuelto a aparecer en nuestro cielo los estorninos. Al atardecer despliegan su fabulosa danza, una universal fiesta en homenaje al día que se despide. Sus locos y coordinados giros dibujan sobre el apagado celaje abstractas y fugitivas formas. Vuelan a cientos sobre los magros sotos de la ribera del Ebro a su paso por Zaragoza con un enigmático objeto cuyo secreto sólo ellos conocen. ¿Quién dirige este ballet sin coreógrafo? El espectáculo dura unos minutos para disolverse con la misma rapidez con la que se ha iniciado. Belleza de lo efímero.

Espero cada día su representación y los contemplo ensimismado como un niño. Es un último regalo del día que agoniza. La noche aguarda con su sombría presencia. Ahora que sabios japoneses dicen que el núcleo de la Tierra se ha parado y volvemos con angustia a preguntarnos si el sol volverá a salir día tras día, estos alegres heraldos nos confirman del eterno ciclo de la vida.

Con igual desaliento que Pessoa en Tabacaría miro por mi ventana una calle inaccesible a todos los pensamientos, una calle imposiblemente real, con el misterio por debajo de las piedras y las cosas.



miércoles, 28 de diciembre de 2022

EL RINCÓN DEL FILÓSOFO O EL FILÓSOFO EN SU RINCÓN (Antonio Envid)



Al declinar su edad madura a todos los miembros varones del pueblo se les trataba de “tío”. En esa pequeña comunidad casi todos sus habitantes se hallaban emparentados en mayor o menor medida, de modo que el familiar apelativo no andaba lejos de la realidad. Sin embargo, a Andrés, no, nadie lo llamaba “tío”, era el señor Andrés, muestra del respeto y de la buena consideración que por él sentían. No muy alto de estatura, de constitución robusta sin llegar a grueso, de trato franco y amable.

Vamos a un sitio más tranquilo – me dijo – Antes pasaremos por casa para coger alguna cosa.

Al rato salimos del pueblo para tomar un sendero pedregoso que ascendía por un cabezo calcáreo.  Entre aliagas y ralos tomillos el sol arrancaba destellos a los cristales de yeso que afloraban en el suelo. Toda la ladera estaba horadada por cuevas cerradas con toscas puertas de madera. Era la zona de las bodegas, desde allí contemplamos el pueblo, de aspecto terroso, como todos los del secano aragonés, por los cerros y alcores que lo rodean, almendros y viñas, cerca del barranco, algo de cereal.

- Esta es mi bodega. Aquí, con una gavilla de sarmientos y unas costillas de cordero, pasamos muy buenos ratos de vez en cuando.

Al lado de la puerta un rudimentario hogar, cuatro piedras, mostraba restos de una fogata. Empuñando una llave propia de doña Brígida y tras algún empentón abrió la puerta de la cueva. Tomando un candilón que se encontraba colgado de un clavo en la pared, prendió la mecha.

-Esto es más útil que una linterna. Por si hay tufo. ¿Sabes?

Algo sé de bodegas y de vinos. En una bodega-cueva como esta podría, al fondo, haberse acumulado dióxido de carbono, producto de la fermentación de los vinos allí almacenados. De haber expulsado este gas al oxígeno, la llama del candil se apagaría, advirtiéndonos del peligro.  Este amplio y profundo conocimiento de la naturaleza que tiene el campesino, me ha admirado siempre.

Sentados en unos taburetes ante una simple tabla, Andrés desenvolvió y extendió el pañuelo de hierbas que había traído de su casa con algo de queso, jamón, longaniza y medio pan.

– Nada. Para echar un bocadico y unos vasos de vino. A ver, aquí tengo vino viejo, rancio, bueno para unas laminerías, magdalenas y mantecados, pero para estas tajadas, pienso yo que estará mejor el vino del año. Bueno, es del año pasado, pero sigue siendo joven. ¿Qué te parece?

A la indecisa luz del candil, que expandía en las paredes de la cueva unas sombras vacilantes y danzarinas, confiriendo al lugar un ambiente fuera de la realidad, fuimos despachando la merienda, alegrada con tragos de un caldo de garnacha honrado y noble. La conversación discurría fluida y grata.

El señor Andrés, en el ambiente de confianza creado, me explicaba que cuando tenía que resolver algo complicado, o tomar una decisión no fácil, la luz del día, esa cruda luz que hay por aquí – decía – me emborrona las cosas, me embarulla las ideas y no me deja discurrir. Entonces, me meto en la bodega, y tomando un vaso de vino, en esta oscuridad, se me enciende como una luz, una claridad con la que veo las cosas como son de verdad, comienzo a discurrir y una cosa me lleva a otra, hasta que encuentro la solución.  A la luz del día las cosas no son como en realidad son.

Yo escuchaba con atención a este Platón rural explicándome el mito de la caverna, pero en una versión muy distinta a la del filósofo griego, tal vez, inversa, pero para mí, más sugerente.



Antonio Envid

domingo, 25 de septiembre de 2022

UN DOLOR EN EL PIE... (Antonio Envid)


Me estaba incomodando un dolor en el pie, tenía que descansar un rato. El único lugar libre en la plazuela estaba en un banco parcialmente ocupado por una señora. De acuerdo con la cortesía hipócrita que solemos usar los ciudadanos le pedí permiso para ocupar el lugar libre, con la seguridad de que lo concedería. En caso contrario, me sentaría igualmente, el pie me molestaba realmente.
- Desde luego, caballero, puede sentarse aquí, pero cuide en no pisar a mi marido.
Eché un vistazo a mi alrededor y no vi a ningún marido a quien pudiera pisar. Ante mi gesto de asombro, ella señaló con un ademán de cabeza hacia sus pies, y allí estaba, quieto y acurrucado, un pato.
- Es Manolo, mi marido, aunque parezca un pato no lo es. Le explicaré, porque el caso es un poco extraño. Resulta que yo soy muy aficionada a los trucos de magia, y en el teatro anunciaron la actuación de un afamado mago. A mi marido le aburren esas cosas, pero por complacerme acudimos a verlo. Uno de los números consistía en hacer desaparecer a una persona, que luego aparecía en un palco o en otro lugar de la sala. El mago anunció que el experimento – así lo denomino, experimento – se combinaría con un fenómeno de transformismo, y pidió la presencia de un voluntario. Manolo se prestó de inmediato como voluntario. Yo le tiré del faldón de la chaqueta para que se sentara. No hagas el ridículo, Manolo – le dije – Déjame, así descubriré el truco – replicó.
En fin, subió al escenario, el mago pidió un aplauso para el valiente voluntario que se prestaba a tan peligroso experimento y lo introdujo en una especie de armario. A los pocos segundos, abrió el armario y de allí salió un pato caminando con esos pasos tan graciosos que tienen. Luego introdujo el pato en el armario y en aquel momento, el mago llevó sus manos al pecho y cayó redondo al suelo. La gente no se movía esperando que continuara el número, pero pasaba el tiempo y nada sucedía, hasta que unos empleados llegaron, y tras observar y auscultar al mago, se lo llevaron en una camilla. En la sala se escuchaba un creciente rumor. Alguien desde el escenario anunció que lamentablemente el mago había sufrido un percance y rogaban que se abandonara la sala con tranquilidad y orden, quien quisiera recobrar el dinero de la entrada que pasara por la taquilla. Nada se dijo de recobrar a un marido. Fui a la contaduría y me entregaron el pato pidiéndome mil disculpas y explicaciones, que tuviera algo de paciencia que cuando el mago se repusiera arreglaría el desaguisado. Y aquí estamos, esperando que el señor mago deshaga lo que hizo. Aquí está acurrucado y deprimido, yo lo saco a pasear para ver si se anima algo.
Ante mi manifestación de que pudieran acudir a un médico, acercándose un poco y en voz baja, me aseguró que esos trucos de magia solo los conoce el mago que los practica, que además no se revelan a nadie, y que, por otra parte, no había prisa, nunca se había llevado tan bien la pareja como ahora, desde que ocurrió el accidente.



jueves, 4 de agosto de 2022

LA “POLITICAL CORRECTNESS” O LA INQUISICIÓN MODERNA (Reflexiones de don Cleofás. Antonio Envid)

 


El Buscón don Pablos, maquinando para hacerse con un pollo, amenaza a su hospedera, “¿No os acordáis que dijisteis a los pollos, pío, pío, y es Pío nombre de los papas, vicarios de Dios y cabezas de la Iglesia?”. La pobre mujer asustada por lo que pudiera derivarse de una denuncia a la Inquisición le entrega al bribón Pablos los dos pollos para que los lleve a un familiar de la Santa y los queme. El pícaro y sus amigos hacen con ellos una buena merienda. Con esta sátira Quevedo evidencia el pánico que provocaba en la gente de su tiempo cualquier mínima incorrección que pudiera echarles a la Inquisición encima.

Los que vivimos la excitante época de los ochenta en nuestro país sabemos lo que es la verdadera libertad. Fue la fiesta de la democracia, los periódicos vertían todo tipo de opiniones, desde las de la izquierda extrema, pasando por el centro, hasta las de la derecha más montaraz; se produjo una explosión de literatura, Muñoz Molina, Llamazares, Almudena Grandes, Vargas Llosa, por citar algunos de los muchos escritores que florecieron; la movida madrileña era referente de creatividad; en las Cortes escuchábamos intervenciones, a menudo, llenas de mala uva, pero ingeniosas, que nunca alcanzaban el exabrupto ni el insulto grosero. Todos expresando su opinión sobre todos los temas, la gran gala de la libertad de expresión.

Ese estallido de luz se fue oscureciendo poco a poco, fue emergiendo la “political correctness”, que aquí llamamos lo políticamente correcto, para ir poniendo orden en tanta conciencia extraviada, y, sobre todo, vigilar en lo que se decía y como se decía, hasta llegar a la asfixiante situación actual. Cuidado con lo que se dice – no, con lo que se hace, eso importa menos – si no se ajusta a lo políticamente correcto. El escritor, el autor, el dicente en cualquier medio, todos han de escoger muy bien los temas sobre los que hablan, sin traspasar las numerosas líneas rojas que ha trazado la sociedad actual. Ojo con los temas ecologistas, feministas, de diversidad sexual, las minorías étnicas o confesionales, o el trato a los animales, son terrenos muy resbaladizos en los que una contradicción con los dogmas impuestos por los popes de cada una de estas religiones puede hacerle a uno perder pie con facilidad y caer en el abismo, empujado por hordas mediáticas sin piedad. De hecho, algunas de las obras literarias de la década de los ochenta del pasado siglo no se habrían producido hoy, bien por medrosidad de sus autores, bien porque habrían sido calificadas como inadecuadas y condenadas al ostracismo de inmediato. Una pregunta que no he podido responderme: ¿quién dicta los dogmas sobre estas cuestiones que parecen intocables? ¿qué anónimos Moisés han traído desde las alturas estas nuevas tablas de la ley? Dogmas que luego se repetirán machaconamente por los medios de comunicación de masas hasta que queden incrustadas en la conciencia de los ciudadanos.

También hay que tener cuidado de cómo se dice, no me refiero a defectos de ortografía o de sintaxis, que estos ni serán apreciados en la mayoría de los casos, y de ser observados serán disculpados con facilidad, si no por el uso inadecuado del lenguaje inclusivo y del elusivo, esos que están destrozando el español llevándolo a situaciones lamentables, llenando el vacuo discurso con inútiles repeticiones de género cuando se refieren a colectivos, a pesar de que es obvio que en esos colectivos conviven personas de los dos sexos – y aún de tres o cuatro, según las modas actuales – o con enfadosas perífrasis, o dotando de género a los tiempos verbales. En fin, para qué seguir, un español medianamente leído puede leer “El Quijote” tal y como lo escribió Cervantes, el del mañana quizá tenga que leerlo traducido a un extraño idioma inclusivo.

Hemos pasado de la época de la ética a la condenable etapa de la moral. No es que en la época de los ochenta aceptáramos todo lo que se decía, yo no estaba de acuerdo con mucho de ello, pero imperaba un ambiente de tolerancia, de verdadera igualdad, cada uno tenía su criterio y cuando escuchaba algo discordante, o bien lo atribuía a ignorancia de quien lo profería y trataba de sacarlo del pretendido error, o bien continuaba su camino sin hacer caso. Hoy no, hoy contra el discordante, sobre todo si se sale de lo políticamente correcto, se lanza la jauría de oponentes con una crueldad que llega hasta el linchamiento moral. Estamos, como digo, en una época dominada por la moral social. Cualquier moral adoptada por una sociedad, la victoriana, la puritana, la luterana, la islámica, cualquier otra, es opresora del individuo, exige que este se disuelva en la comunidad, la moral se convierte en norma de obligado cumplimiento, su vulneración está castigada con la exclusión social, convierte al quebrantador en un paria social, y, desde luego, es frustrante para el creador artístico. Por eso también afirmo que hemos abandonado la época de la ética, las normas éticas son recomendables, es una aspiración a vivir en un mundo mejor, alcanzar un ideal aristotélico, pero no serán nunca coercitivas, el castigo se lo infiere el propio infractor, que se priva de vivir de manera más saludable para su conciencia. Paul Ricoeur nos lo ha explicado.

¡Libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre!, exclamaba Manon Roland ofreciendo su cuello a la guillotina.


Antonio Envid

 

lunes, 4 de julio de 2022

¿TENEMOS UNA POLÍTICA ECONÓMICA? (Antonio Envid Miñana)



(Fotografía: sgs)


La lectura del cacareado decreto anticrisis aprobado por el gobierno el pasado sábado me hizo rememorar la imagen del emperador romano repartiendo trigo al pueblo para ver de acallar su descontento. Según ha dicho el presidente, el decreto representa un gasto de nueve mil millones, cantidad nada despreciable con la que se podrían levantar muchos proyectos creadores de riqueza y empleo. No ignoro que hay muchas personas en España a quienes no les llegan los dineros a fin de mes y es obligación ayudarles, pero como dice el conocido dicho: dale un pez a un hambriento y le resuelves una comida; dale una caña y enséñale a pescar, comerá todos los días. 
Escucho a la ministra Calviño y lamento no participar de su optimismo cuando asegura que nuestra economía es sólida y su crecimiento firme. Veamos, la economía española apenas creció un anémico 0,2% entre enero y marzo, según el dato revisado INE, publicado cuando escribo esta nota, y la inflación en mayo se situó en 8,7 % interanual, aunque llegó al 9,8% en marzo; si esto no es una estanflación se le parece mucho. El consumo de los hogares, uno de los factores que estaba tirando de nuestra economía, descendió un 2% entre enero y marzo, y las exportaciones, que en la anterior crisis fueron las que nos sacaron del atolladero, sólo crecieron 1,1% en el primer trimestre del año. Como cosa positiva se destaca la creación de casi un millón de puestos de trabajo en el último año, pero, paradójicamente, aunque se trabajaron más horas, su productividad cayó 1,1%, o sea, que se produce menos con más trabajadores, clara muestra del deterioro de nuestra competitividad. Quizá, la explicación la encontremos en el destacado protagonismo que el aumento del empleo público ha tenido en esa creación de puestos de trabajo. 
Aunque todo el mundo espera que en el segundo trimestre mejoren esas cifras, no lo harán de modo suficiente para que se cumplan las previsiones del gobierno. La situación económica es muy preocupante, pero todavía lo es más ver como se carece de una política económica, de una hoja de ruta clara. Se gobierna improvisando, a golpe de decreto según digan las tendencias electorales, buscando remedios de corto plazo a problemas que requieren proyectos serios y de largo alcance. 
En estos momentos, con una inflación fuera de control, aumentar el gasto público en donativos es pan para hoy y hambre para mañana. Las doctrinas clásicas keynesianas aconsejan combatir la recesión con presupuestos expansivos, pero no incrementar cualquier gasto público, sino inversiones que multipliquen su efecto, creando empleos y riqueza futura. Por otra parte, si se aumenta el gasto público se aumenta la demanda y se anima la economía, pero al aumentar la demanda suben los precios de los artículos, o sea, se crea inflación. Por eso es tan temido por los economistas el estado de estanflación, estancamiento económico con inflación, porque los remedios para un mal perjudican al otro.
Es urgente trazar una política económica para el presente y los próximos años para nuestro país y para ello no hay otro medio que crear una concertación entre todas las fuerzas sociales y políticas. Un pacto de rentas que reparta los sacrificios entre la Administración, las empresas y los trabajadores. Meto a la Administración porque es quien administra, en estos momentos, el cincuenta por ciento del gasto nacional y son varios los estudios que afirman que el presupuesto contiene gastos totalmente improductivos y perfectamente prescindibles, que pueden ir desde los 14.000 millones que dice la AIREF hasta los 60.000 millones que sostiene el Instituto de Estudios Económicos. 
El gobierno gasta sus esfuerzos en leyes que reclaman tan poca urgencia como la de dar más facilidades para abortar o la que regula los cambios de género (¿o de sexo?, que ya no sabemos distinguir uno de otro) mientras hay asuntos que piden urgente atención. Como ejemplos, el 30 de junio vencen dos de las medidas que se pusieron en marcha para salvaguardar las empresas: finaliza la moratoria concursal, que obligará a muchas empresas a solicitar el concurso, sin que esté a punto la nueva ley concursal; y acaba el periodo de carencia negociado con las entidades para aquellos que han solicitado créditos avalados por el ICO. También desaparece el fondo de COFIDES destinado a recapitalizar empresas con problemas financieros.

 
20 de junio de 2022




jueves, 31 de marzo de 2022

PARAGUAS DE RONDA (Reflexiones de don Cleofás. Antonio Envid)



Que los objetos tienen una vida secreta independiente de sus dueños ha sido motivo de cuentos infantiles y muchos otros relatos, pero don Cleofás ha podido comprobar que esto no es sólo producto de la imaginación de los artistas, sino que se trata de una realidad contrastable, su paraguas se lo ha mostrado.

El paraguas de don Cleofás es un buen ejemplar, es un clásico inglés, con mango de whangee y tela de seda, propio de un gentleman de la city tocado con bombín y armado de portafolio de cuero. Aunque el paraguas en cuestión pueda parecerle al no avisado un tanto trasnochado, cualquier persona de buen gusto sabrá apreciar su buena calidad y valía.

Pues bien, este paraguas es un objeto de lo más rebelde que podamos pensar, es caprichoso y amante de su libertad y gusta de tener una vida propia, de modo que nunca está en su sitio. Saca de sus cabales a su dueño cuando lo precisa y no lo encuentra. Al principio cuando notaba su falta se afanaba en buscarlo por toda la vivienda, pues su pérdida suponía un auténtico disgusto, el recuerdo de tiempos mejores, cuando encargaba en Londres sus camisas y sombreros, pero con el tiempo ha comprendido que cuando no se encuentra en el paragüero es que el tipo se ha largado a una de sus correrías.

Habitualmente lo halla en la cafetería de su propia calle, pues el paraguas gusta de visitarla y hasta se ha hecho amigo de los camareros, así que cuando don Cleofás llega un tanto azorado le guiñan un ojo con una sonrisa cómplice diciendo: “Aquí está, don Cleofás, no se preocupe, aquí lo hemos recogido”. Pero otras veces sus aventuras son de más alcance, así lo ha encontrado viendo una película en un cine cercano, en el restaurante que suele frecuentar, en la farmacia, incluso en la consulta de algún médico. Este artilugio trotacalles ya es conocido en todo el barrio y los vecinos acostumbrar a ver a don Cleofás visitando los más variados lugares preguntando por él para volverlo a casa. En una ocasión se le oyó decir, advirtiendo a su paraguas con enfado: “Si no cesas en tus aventuras terminarás teniendo un fortuito encuentro con alguna máquina de coser en una mesa de disección. Allá tú”.




 

lunes, 7 de marzo de 2022

POEMATEMÁTICO (Antonio Envid)


Los números, ¡ah!, los números.

Llegan en bandadas sobre mí

Revolotean, se posan en mi cabeza,

en los hombros

Me abruman con su cuchicheo

de vieja máquina de calcular.

Hormiguean sus negros cuerpecillos

por mi cerebro.

Se sacuden la tiza de mi pizarra infantil

Danzan a mi alrededor

formando cadenetas

Me traen fechas,

fechas de acontecimientos

Unos felices, dolorosos otros,

que el tiempo ha borrado,

pero los números recuerdan

Evocan cifras de deudas

por pagar y por cobrar,

de facturas de escondidas claves.

Sumas y restas del balance de mi vida.



Antonio Envid

sábado, 19 de febrero de 2022

EN COVID... NI BEBAS, NI VIVAS (Cuentos para después de una pandemia, Antonio Envid)

 

Borrachos ellos (José Ramón Costa)


-Ponme otra, Tomás, que me estoy quedando seco.

Comenzaba uno de esos episodios que más fastidiaban a Tomás, cuando el cliente se pone molesto y soporífero y tiene que tratar de echarlo sin que se organice ningún follón.


-Es que hay que cerrar, que es la hora.


Entonces otro de los que no se sueltan de la barra para no caer, interviene.


-Cagaus, que sois unos cagaus, con la hora de cierre, que ya no hay ley para cerrar, que se han terminau las restricciones.


Los ojos se le iluminan al primero, ha encontrado un aliado, un colega.


-Tiene razón aquí el amigo, unos lacayos del gobierno. Anda, ponle aquí al señor también otra, que lo convido.


Finalmente, Tomás puede sacarlos de la tasca y echar el cierre, se muere de sueño y de cansancio.


-Vámonos a lo del Manolo, que ese es un tío legal, y no atiende a leyes y horarios. Vamos, que es amigo mío y nos servirá las últimas.


También el tal Manolo, tras aguantarlos un rato, los pone en la calle. Son altas horas de la noche, todo desierto, solo se escucha la risita triste de los dos beodos y sus vacilantes pasos.


-¿Por qué el ayuntamiento hará las calles tan estrechas? Pudiéndolas hacer anchas para que dos ciudadanos puedan pasar por ellas tranquilamente. ¡Eh!, la puerta, que te la cargas. Ves, todo cerrado, con lo temprano que es. Anda, vamos a mi hotel a dormir, no vayas a tu casa.


-Gracias, hermano, porque ya no me acuerdo donde está mi casa, y si me despego de ti, igual me caigo, que esta calle está muy empinada.


Al día siguiente se encontró en una extraña habitación, parecía una clínica, su amigo de circunstancias, que lo había invitado a su hotel, dormía pesadamente a su lado. Le dolía terriblemente la cabeza y sentía la lengua saburral y gruesa y las heces del alcohol revolviendo todavía en el estómago. Se vistió rápidamente para abandonar esa ajena habitación.


-¡Oiga usted! ¿Dónde va? No se puede salir sin autorización del doctor.


Lo pararon en seco cuando iba a ganar la salida.


-Pepe, ayúdame con este interno, para devolverlo a la habitación. Esto no parece un psiquiátrico, si no un hotel de cinco estrellas. Aquí los internos hacen lo que les da la gana. Ayer se escapó uno y no sabemos dónde se habrá metido.


-Me dicen que está durmiendo en su cama echando un pestazo a alcohol. Debió entrar anoche por una puerta de emergencia, que no se sabe cómo estaba abierta. Cuando venga el director nos espera un buen broncazo. ¡Ah, oye, si se resiste ponle un calmante!



Relatos para después de una pandemia

Antonio Envid, 2022

 




jueves, 20 de enero de 2022

HEIDEGGER: EL SER ENTRE LA NADA Y EL INFINITO (Don Cleofás)

 

La Belle Société. René Magritte, 1965-1966
(Fotografía: SGS).


Martín Heidegger en un artículo publicado por “Cruz y Raya” en 1933 se pregunta por la nada. Mientras en Alemania el partido nazi asaltaba el poder, suplantaba al Parlamento y clausuraba la democracia, Heidegger en su gabinete de la universidad de Friburgo se preguntaba por la nada.

El artículo, en versión de Zubiri, es un inteligente y delicado recorrido por el camino del razonamiento lógico hacia el reino de la nada, territorio incognito tras las fronteras de la divinidad, para responder: “La nada es la posibilitación de la patiencia del ente, como tal ente, para la existencia humana”. Advirtamos que la palabra que utiliza Zubiri, patiencia, procede de patente, o sea, lo que es manifiesto, eso es, hacerse patente.

He dicho más allá de la frontera de la divinidad porque para Heidegger el Dios cristiano es un ens increatur, negando la proposición de la antigua metafísica, “de la nada nada adviene”, ex nihilo nihil fit.

El filósofo alemán nos dice que al hacernos la pregunta ¿qué es la nada? partimos de la base de “la nada” como algo que “es” de algún modo, es decir, como un “ente”, con lo cual la pregunta se despoja de su propio objeto.

Si no he entendido mal al filósofo, cosa harto probable, que lo haya entendido mal, quiero decir, el ente está como flotando en la nada, y nosotros formamos parte del ente, pero, tal vez, escapemos del ente cuando alcanzamos un grado de indeterminación tal que nos conduzca a la angustia creada por la imposibilidad de ser determinado, y esa angustia se halla penetrada por una especial tranquilidad. ¿No es esto, precisamente, lo que decía el Maestro Eckhard de la divinidad? Que se hallaba en un retiro eterno e inconmovible, pues en el acto de creación ya estaba todo creado y todo previsto, todo lo que sucedería y surgiría. Hay que recordar que Eckhard vivió a caballo entre los siglos trece y catorce.

Seguir los razonamientos de Heidegger es un bello ejercicio acompañándolo por los vericuetos del razonamiento nada fáciles de seguir, pero aunque nos perdamos en esa intrincada selva no por eso pierde su belleza. Es como contemplar sentados en la grada las hábiles cabriolas y corbetas de un experimentado jinete, más bellos aún porque nos sabemos incapaces de imitarle.

No cabe sino rememorar a Descartes en la obligada, por el invierno, tregua de la guerra de treinta años, sentado junto a la estufa en su refugio, tratando de encontrar un punto de arranque que lo llevara a comprender el mundo y en último término la existencia de Dios.

Pudiera ser que los verdaderos sabios fueran aquellos capaces, aún en el fragor de los cantos guerreros, de mantener la calma y discurrir serenamente sobre el ser y la nada.



viernes, 29 de octubre de 2021

UNAS GAFAS PARA EL SOL (Antonio Envid)

Foto: sgs

Era el último día de estancia en Berlín, un domingo por la mañana, casi todos los congresistas habían marchado ya. Tras las intensas sesiones del congreso de optometría decidimos pasar unos días de estancia en la capital sin tener especiales ocupaciones. Esa mañana la empleábamos en curiosear por el mercado de pulgas de Mauerpark, nos habían dicho que allí podríamos encontrar verdaderas gangas. En uno de los puestos se vendían gafas de todos los precios, épocas y estilos, desde ejemplares del siglo diecinueve, incluso anteriores, hasta modelos de ayer, todo un paraíso para un óptico profesional, de modo que olvidando al grupo me sumergí rebuscando en ese maravilloso universo. Una tentación ineludible, poder contemplar y manosear tantos artilugios y comprobar como un simple instrumento para corregir un defecto de visión había adoptado, en el trascurso del tiempo, formas tan variadas, monóculos, quevedos aprieta narices, lentes que se plegaban ingeniosamente para ocupar un espacio increíblemente reducido, sencillas y funcionales gafas, otras, en cambio, escandalosamente lujosas luciendo piedras preciosas incrustadas en monturas de metales nobles.

Desgraciadamente mi presupuesto era limitado, pero de pronto me llamaron la atención unas viejas gafas de la casa Zeiss. Para el profano no aparentaban tener especial interés, pero para un experto se revelaban como unos ejemplares de los años treinta del siglo pasado cuando esa era la mejor marca de lentes del mundo. Unos espejuelos tintados sobre una montura de concha, se hallaban en muy buen estado y hasta conservaban el estuche original con los anagramas del fabricante. Un breve regateo con el vendedor y las lentes eran mías por un precio muy razonable.

De vuelta a casa me faltó el tiempo para contemplar mi hallazgo, aprecié detenidamente el estuche de suave y excelente piel y observé con detenimiento la montura de carey, no presentaba grietas ni escoriaciones, hoy es difícil encontrar monturas de carey auténtico, han sido sustituidas por las de pasta sintética, que aunque logran un gran parecido y son más prácticas y resistentes al paso del tiempo no son del material orgánico original.

Cuando salí a la calle mostrando cierta coquetería de proteger mis ojos con una pieza de colección observé atónito como el paisaje cambiaba, a través del tinte de estos anteojos la calle aparecía como en una película en blanco y negro, algo sepia, pero, además, mi conocida avenida se había trastocado en una calle totalmente ignorada por la que transitaban una multitud de personas de triste aspecto y desanimados movimientos en un ambiente angustioso, algunas eran apaleadas por quienes parecían guardias del orden, que con garrotes trataban violentamente que aligeraran el paso, se veían cuerpos de enfermos o moribundos en el suelo ante la indiferencia de los concurrentes, seres famélicos, niños solitarios que lloraban desconsoladamente, un ominoso paisaje urbano. 



jueves, 5 de agosto de 2021

REFLEXIONES DE DON CLEOFÁS: Mentalidad y lenguaje (Antonio Envid)



The Passion of the Western Mind de Richard Tarnas, que ha sido traducido al español como “La pasión de la mente occidental”, es un manual de la historia del desarrollo del pensamiento de la cultura occidental y es de lectura obligatoria en varias universidades norteamericanas. En una amplia nota, el autor trata de explicar por qué no puede usar el lenguaje inclusivo (pretendido lenguaje, digo yo) en su libro, ya que desnaturalizaría el pensamiento de los autores que cita, incluso haría la obra ininteligible. Comienza diciendo en su nota: “Puesto que la cuestión del género es hoy especialmente significativa y afecta al lenguaje de este libro, resulta pertinente un comentario introductorio”. Continúa asegurando que considera injustificable que un escritor use en nuestros días la palabra “hombre” para referirse a toda la especie humana, ya que ello implica la exclusión de la mitad femenina de la especie, pero que resulta necesario usarla para exponer el pensamiento occidental desde los griegos hasta hoy, ya que la tradición intelectual ha sido inequívocamente patrilineal; que todos los lenguajes importantes en los que se ha desarrollado la tradición intelectual se ha desarrollado sobre palabras masculinas, y pone varios ejemplos como anthropos en griego y homo en latín. En fin, tras muchas lucubraciones reconoce que cada lengua tiene sus propias convenciones gramaticales, que diferentes palabras en diferentes contextos sugieren distintos grados de inclusión, pero el autor continúa su larga perorata para disculparse de la utilización de términos como “hombre”, “hombre moderno”, “el puesto del hombre en el cosmos” para referirse a toda la humanidad.

Algo muy importante está ocurriendo en EE. UU. con la destrucción de muchas de las convenciones de su idioma para que este filosofo vea necesaria una nota tan larga para disculparse por seguir usando las expresiones tradicionales sin ser acusado de machismo. Acusación tan grave hoy, como en tiempos la de herejía, que puede arruinar la más brillante carrera y arrastrar al acusado a una pira intelectual.

El sustantivo inglés “gender” se usa hoy con el significado de enunciar a los dos sexos (hombre y mujer), especialmente cuando se refiere a sus diferencias sociales y culturales por razón del sexo, según creo leer en el traductor de Google, que por lo demás es un traductor francamente bueno. Por otra parte, el diccionario de Oxford informa de que no ha sido hasta mediados del siglo veinte que el término “gender” haya llegado a tener el significado de “estado de ser hombre o mujer”, o sea, un sentido biológico y no su tradicional sentido gramatical. Ese término, nos dice, proviene del francés antiguo “gendre” y no se introdujo en el inglés hasta el siglo XIV, pero con un uso gramatical, para designar, como en otros idiomas, latín, griego, alemán y otros, el carácter masculino, femenino o neutro de una palabra.

Por imitación de esta corriente norteamericana, aquí, los políticos (¿debería decir los políticos y las políticas?), sobre todo una izquierda muy moderna y muy ignorante ha introducido con fervor un ininteligible “lenguaje inclusivo”, que terminará con la desigualdad secular contra la mujer por “razón de género”. Esta progresía, que elude los graves problemas reales que padece nuestra sociedad y se ocupa de defender “valores imaginarios”, en expresión de un ministro lituano, atormenta nuestros oídos con machaconas repeticiones en sus hueros discursos: “compañeros y compañeras”, “ciudadanos y ciudadanas”, y así hasta el infinito, y lo que es más irritante, cambia los sustantivos referidos a las personas terminados en “o” por una terminación en “a” cuando se refieren a las mujeres, llegando a situaciones que mueven a la risa, como cuando una ministro comunista –ministra comunista, me suena tan mal como, ministro comunisto – Yolanda Díaz, la musa de esa izquierda casposa, nos incita a que dejemos de usar la palabra “patria” y la sustituyamos por “matria”. Olvida la culta ministro la arraigada y patriótica expresión de “madre patria”, con que venimos designando a nuestra querida España.

La Real Academia no ha sucumbido todavía a aceptar esta moda tan destructiva para nuestro idioma –todavía podemos leer a Cervantes en su escritura original, sin necesidad de traducir a la lengua moderna como les ocurre a los ingleses con su Shakespeare– y sigue diciendo que ´para designar la condición orgánica, biológica, por la cual los seres vivos son masculinos o femeninos, debe emplearse el término sexo´, y reservar “género” en su sentido gramatical, para referirnos a la ‘propiedad de los sustantivos y de algunos pronombres por la cual se clasifican en masculinos, femeninos y, en algunas lenguas, también en neutros’ y considera inadmisible el uso de esta palabra como mero sinónimo de sexo (Diccionario panhispánico de dudas). Esperemos que siga imperando el sentido común en esta venerable institución frente a tanto ignaro para conservar la salud de nuestro idioma.

“El Gobierno nombra a la segunda general del Ejército, muy ligada con Zaragoza”, titular del Heraldo de Aragón de hoy. Estos “moñas”, sin embargo, desechan el uso arraigado de la forma femenina para determinados oficios o profesiones, como la palabra “poetisa”, prefiriendo hablar de “poeta”, aunque se refiera a una mujer, y tampoco aceptan “generala” cuando este puesto es ocupado por una señora, sin embargo, modifican el participio activo del verbo presidir, “presidente”, cambiando la e por una a, cuando quien preside es una señora, olvidando que los tiempos verbales carecen de género.




viernes, 4 de junio de 2021

EL SOLOMILLO AMENAZA LA SALUD DEL PLANETA (Antonio Envid)

 



Me encontraba charlando con un amigo, divagando aquí y allá, mientras saboreábamos sendas copas de uno de esos espléndidos garnachas que cría esta bendita tierra de Aragón, cuando la conversación recayó en los estudios que se están realizando sobre las grandes cantidades de metano, que echan a la atmósfera las granjas de vacuno. Estos bóvidos expulsan, en su desmedida afición por rumiar, toneladas de gases de efecto invernadero que, según estos sesudos estudios, pueden poner en peligro la salud del planeta.
Es chocante que se divulguen estos informes ahora, pues algunas universidades americanas llevan años haciéndolos a la chita callando, cuando los asiáticos han aprendido a comer todos los días, y lo que es peor, han descubierto que hay más alimentos que el astringente arroz -una vez escuché a alguien que explicaba los ojos rasgados de los orientales como consecuencia de determinados esfuerzos que realizan para librarse de sus residuos- y los insulsos fideos, cuando comienzan a pillarle el gusto al solomillo y al jamón serrano. Coincide, también, con amplias campañas de propaganda sobre lo sabrosos que son algunos insectos tostaditos y crujientes, o las bondades de las harinas obtenidas de los cuerpecitos de estos animalillos.
Está claro, dice mi amigo, no va a haber filetes para todos. Para acallar las protestas de los que se quedarán sin su entrecot se apelará a la nueva religión conservacionista: hay que reducir el consumo de carne para conservar el planeta. ¿Quiénes seguirán zampándose los solomillos de ternera gallega? Los de siempre. Para los demás, deliciosa y sana hamburguesa de proteínas de coleóptero.
Somos siete mil millones de gente, mientras escribo esto, alguno más, y todos, desde la princesa altiva, hasta la que pesca en ruin barca, fabricamos el mismo metano en nuestros intestinos que los mansos bóvidos, de modo que lo que se predica de las vacas puede decirse de nosotros mismos.
En este punto de la conversación, y como el vino propicia la confidencia, mi amigo bajó la voz y acercando su cabeza, me dice: voy a contarte lo que me sucedió ayer, me da vergüenza y risa a la vez, pero en fin, a ti te lo puedo contar, hay confianza. Bajaba en un ascensor completamente solo, de pronto un meteorismo comenzó a recorrerme las tripas, era uno muy activo y rebelde, pues por mucho que yo lo reprimiera, él pugnaba por hallar la libertad. Por fin, se salió con la suya. Un efluvio nada agradable se expandió por el breve espacio de la cabina. Bueno, yo estaba solo en el ascensor, no importaba. Ya sabes, la teoría del pedo. Sí, esa que asegura que abominamos de los de los demás y nos regodeamos con los nuestros. De pronto, el ascensor se para en una planta para recoger a una sonriente y agraciada joven, que pronto trocó su sonrisa por unos arrugamientos de su delicada naricilla. Yo rojo como el carmín de sus labios. Terminé dando saltitos en un estúpido intento para que el artilugio descendiera más de prisa. La joven me miraba entre aterrada y confundida. Cuando pude, salí corriendo del habitáculo, alguien pensaría que acababa de robar una cartera. Qué neumático bochorno pasé.
Apostilla. No busquen en el diccionario de la RAE el verbo peder, no lo encontraran, aunque según su etimología este verbo en castellano derive del latín “pedere”, en su innoble acción pierde la d, quizá por el esfuerzo, y aparece en el venerable repertorio como “peer”, eso sí, con la advertencia de que se conjuga como el verbo leer.
Otra apostilla, esta vez económica. Sudamérica es el mayor productor de proteínas (además de su riqueza en cobre, oro, plata, hierro) y China, con su insaciable demanda, la está colonizando, desplazando a EE UU y Europa como socios comerciales e inversores. Así que vayan tomando gusto a los grillos churrascaditos y a la harina de dípteros y ortópteros.


Antonio Envid

lunes, 24 de mayo de 2021

LA ESPAÑA ENSIMISMADA (Antonio Envid)

 


Imagen: ctxt contexto y acción


Los artículos que publicaba en su tiempo Julio Camba tenían la apariencia de ligereza y frivolidad, pero sólo la apariencia, pues la corrosiva ironía gallega del autor los dotaba de peligrosas cargas de profundidad. En uno de ellos* el periodista relata cómo estando cenando con unos amigos en un café de la Puerta del Sol se ausentó, asegurando que volvía al poco rato. Ese rato se dilató durante siete años, durante los cuales el periodista estuvo rondando por varias capitales europeas. Al volver, entró de nuevo en el café y halló a sus amigos en la misma mesa y con la misma conversación que mantenían cuando él había marchado. Las mismas ideas, las mismas caras. El camarero le sirve una paella y alguien observa que es la misma del día anterior, al periodista le parece que es la misma de hace siete años. Nada había cambiado en España mientras Europa vivía acelerados cambios.

El celebrado periodista podría haber hecho el mismo experimento en junio del 2016 cuando en aquellas elecciones generales el PP ganó los comicios, pero se encontró con la feroz oposición del resto de la Cámara. Volvería hoy y se encontraría con la misma paella de entonces. Durante estos cinco años España ha vivido ensimismada en las ensoñaciones independentistas de algunos catalanes, sumida en eternas discusiones ideológicas de izquierdas y derechas, sufriendo el tremendo azote de una pandemia, mientras gentes de variadas pelambres y procedencias se hacían con las múltiples poltronas y sillones que ofrece la política de este país. Nada se ha hecho en cinco años, al menos, nada a derechas. El mundo gira velozmente mientras tanto.



_____
(*) Artículo de Julio Camba

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