Últimamente, con motivo del cumpleaños de la Constitución, me encuentro con que mucha gente, reflexionando acerca de la Carta Magna, se pregunta y pregunta qué es lo que cambiaría de ella. Ante este tipo de preguntas, es mi opinión que hay que olvidar las respuestas típicas, como sería el contestar que eliminarías la monarquía, porque eso, aunque esté contemplado en la constitución, es muy complejo y pienso que hay problemas más acuciantes a los que hacer frente ahora mismo.
Con estas consideraciones en mente llego a la conclusión de que no cambiaría absolutamente nada del texto constitucional. Y la razón es bien sencilla: porque no creo que la Constitución necesite ser cambiada. Por supuesto no estoy de acuerdo con ciertas situaciones a las que el país hace frente, pero sinceramente, ¿qué puede hacer un texto frente al paro, la crisis, la corrupción…?
Lo bueno de nuestra constitución es que es lo suficientemente abierta, como dicen, y ambigua, como yo diría, como para permitir que la misma no se quede desfasada, ya que la constitución regula en abstracto y deja que sean las leyes de desarrollo las que concreten. [A mi mente viene ahora la vieja frase del Conde de Romanones “dejad que ellos hagan las leyes, yo haré el reglamento”]. De hecho, y por poner un ejemplo, en la actualidad tenemos un sistema de economía mixta, pero no sería contrario a la constitución que el día de mañana todo cambiara y tuviéramos un sistema de economía planificada.
Decía al comienzo del párrafo anterior que esa ambigüedad es lo bueno de nuestra constitución. Pensándolo bien enmendaría mi afirmación anterior y diría que no es algo ni bueno ni malo; se trata más bien de un arma de doble filo. Es obvio por qué es malo: ese “descontrol” que propicia. Por el contrario lo bueno es que esa ambigüedad flexibiliza el texto, lo hace amoldable a las cambiantes circunstancias sociales y así la constitución logra permanecer (cuasi) intacta a lo largo del tiempo. Y ahí está la magia, porque en la conciencia de todos hay una cierta tendencia involuntaria a legitimar aquello que lleva un cierto tiempo instaurado. Es decir, que la constitución en primer lugar está legitimada porque así lo quisieron los españoles y, en segundo lugar, cada año que pasa y la Carta Magna continúa siendo nuestra ley de leyes, la misma se “auto” legitima. Por supuesto esto último es una opinión personal, pero bastante acertada creo; y, como argumento de cargo haría mención como ejemplo a la costumbre y la forma en la que una costumbre pasa a ser jurídicamente exigible.
Claro, una vez estamos de acuerdo en que no hay que tocar nuestra Constitución, ¿dónde está el problema? Puede ser que esté en las leyes que la desarrollan, o en quien las aplica, o en aquellos a quienes se dirigen... Lo cierto es que no solo no lo sé sino que es un tema suficientemente complejo como para tratarlo en otra ocasión.
Mercedes









