
En estos posos que nos ha dejado Quinita Fogué, en estos posos que la vida le ha ido dejando a ella, el murmullo del silencio daña. Pero es sobre todo el gemido de la soledad el que más duele. Ahora bien, el óleo en el que ese silencio y esa soledad se palpan de manera más explícita (aunque no más intensa) es en el Sin título II (de 2006). Jamás había visto una luna igual. Jamás había visto una noche tan noche ni una soledad tan triste. Y como hay sensaciones imposibles de describir, las que estas pinceladas me suscitan sólo acierto a esbozarlas con unos versos poco conocidos de Faulkner:
Caminó a lo largo de la calle fantasma
e hizo sonar el hueco
pavimento con sus pies.[4]
…
La luna es un pájaro
luminoso, en vuelo golpeado contra el cristal
y Pierrot es una falena en
lo oscuro, solo,
una falena cuyas alas, abrasadas por el hielo,
se arrugan
por los bordes como manos sin huesos.[5]
Servando Gotor
[1] Sin título III, 2006
[2] Sin título I y Sin título IV, 2006
[3] Sin título V y Sin título VI, 2006
[4] Interludio. William Faulkner – Obras completas. Aguilar, 2005
[5] El mundo y Pierrot. Nocturno. William Faulkner – Obras completas. Aguilar, 2005
[6] “Reglas y consejos sobre investigación científica. Los tónicos de la voluntad”. Santiago Ramón y Cajal. Colección Austral. Espasa Calpe, Madrid, 1968.





