domingo, 16 de agosto de 2026

UN ESPEJISMO: LA BURBUJA ROTA DEL DEPORTE FEMENINO

Imagen generada con IA (ChatGPT) 

 

El fenómeno social del deporte femenino en España encara su momento más crítico: la confrontación directa entre el fervor político y el frío veredicto de las leyes del mercado. Mientras pabellones como el Príncipe Felipe de Zaragoza baten récords de asistencia con el Casademont femenino, el ecosistema audiovisual ha hecho estallar la burbuja del fútbol femenino, lanzando una seria advertencia que amenaza de muerte el proceso de profesionalización.

 

El último concurso para la adjudicación de los derechos de televisión de la Liga F (la Primera División de Fútbol Femenino) ha quedado completamente desierto. Tras la espantada de la plataforma DAZN —que ha roto su contrato un año antes de lo previsto—, ninguna cadena de televisión ha querido cubrir el precio mínimo de salida de siete millones de euros. Fuentes del sector audiovisual consultadas por el diario digital THE OBJECTIVE califican el escenario actual sin rodeos: «Quieren colocar un producto que no gusta, y eso el mercado no lo admite».

 

 

 

Una burbuja ficticia inflada por la política

 

Este desplome audiovisual destapa las costuras de un modelo que ha crecido a marchas forzadas bajo el amparo de la Moncloa. Al calor de las políticas de igualdad y del tirón del Mundial de 2023, el Gobierno inyectó ingentes cantidades de fondos públicos (incluyendo 16 millones de euros directos del CSD) y presionó para una profesionalización exprés que equiparase estas competiciones a las masculinas.

 

Sin embargo, los datos demuestran que se trataba de una estructura artificial. La audiencia televisiva nunca respondió y, para colmo, la asistencia a los estadios de la Liga F se ha desplomado un 18,6% en la última temporada, concentrándose la mitad de todo el público únicamente en los partidos del FC Barcelona. Fuera de los tres grandes transatlánticos (Barça, Real Madrid y Atlético), la viabilidad económica de las plantillas medias y modestas es insostenible si falla el dinero de la televisión.

 

 

Vasos comunicantes: el coste interno del éxito en Zaragoza

 

La crisis del fútbol femenino contrasta en las formas con la estrategia seguida por el baloncesto, pero el modelo de la canasta tampoco está libre de tensiones internas. En clubes polideportivos o con secciones unificadas bajo una misma Sociedad Anónima Deportiva (SAD), el crecimiento del deporte femenino ha empezado a operar bajo la ley de los vasos comunicantes.

 

El ejemplo más evidente se vive en la capital aragonesa. Mientras el Casademont Zaragoza femenino ("las chicas") no ha dejado de crecer en presupuesto, fichajes de relumbrón y masa social, la sección masculina de la Liga Endesa (ACB) ha experimentado un declive deportivo constante. Las voces críticas señalan una realidad financiera incómoda: en una estructura con recursos globales limitados y recortes en las partidas institucionales, el imparable auge del proyecto femenino se ha logrado, en parte, mordiendo y fagocitando el presupuesto histórico del equipo masculino, que la pasada temporada salvó la categoría en el último segundo.  En suma: vestir un santo para desnudar al otro.

 

 

La implacable ley de la oferta y la demanda

 

A pesar de esta redistribución interna y del músculo de patrocinadores como el Grupo Costa, el baloncesto femenino se asoma al mismo abismo que el fútbol si eleva sus pretensiones salariales fuera de la realidad comercial. Las subvenciones sirven hoy como red de seguridad obligatoria para el Casademont, pero el club no puede fiar su subsistencia futura a un mercado audiovisual que ya ha dado su veredicto.

 

Y es que el mercado no entiende de decretos ni de voluntades políticas, sino de masa crítica dispuesta a pagar por consumir un producto. Y mientras, en fútbol masculino, el Real Zaragoza, en Primera Federación, al margen ya del fútbol profesional, ha superado con creces este año los 20.000 socios, y podrían ser muchísimos más los aragoneses que paguen por ver sus partidos desde cualquier plataforma. Esta abismal diferencia evidencia que el respaldo económico natural e histórico de los aficionados sigue fluyendo de forma masiva hacia los formatos tradicionales del deporte masculino, incluso cuando estos atraviesan su peor crisis institucional.

 

A la Liga F de fútbol solo le quedan dos salidas ante el mercado desierto: rebajar dramáticamente sus pretensiones económicas en la segunda puja del 19 de agosto, o activar "el comodín de la televisión pública". Expertos del sector dan por hecho que RTVE o los canales autonómicos tendrán que acudir al rescate de la competición con dinero de los contribuyentes, ya que las televisiones públicas pueden asumir pérdidas millonarias sin importarles los datos de audiencia.

 

La situación actual deja una lección económica inapelable. Los decretos gubernamentales, las leyes con perspectiva de género y las dinámicas internas de los clubes para potenciar la igualdad pueden alterar las prioridades presupuestarias a nivel local, pero no pueden obligar al espectador a encender el televisor de pago. Sin interés real del consumidor, no hay negocio privado posible; y sin negocio privado, el deporte femenino español seguirá condenado a depender crónicamente de la caridad presupuestaria del Estado o del sacrificio deportivo de sus homólogos masculinos.



De Mis conversaciones con la IA


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