miércoles, 11 de febrero de 2009

Soneto



Niñez en tinta perfumada




Fuiste, Zaragoza, turbio vergel
De una niñez en tinta perfumada
Y, a fuerza de golpes, tan abreviada,
Que en el primer andén dejó el riel.

Retrato en sepia de letra cruel,
Raída sotana y bata rallada,
Escuela azul de gramática astada
Vilmente sellada en amarga hiel.

El olor a lápices afilados,
A tiza y barniz, chicle y regaliz,
Me despierta rostros tan asustados

Que aún bajo, Zaragoza, la cerviz
Al encuentro de curas y prelados.
Obvia señal de abierta cicatriz.

MÁS HUMOR DE JAVI

jueves, 5 de febrero de 2009

CUSCÚS (La graine et le mulet) - María Jesús Mayoral


CUSCÚS (La graine et le mulet)
Una película de Abdellatif Keniche


SINOPSIS
El señor Beiji, un hombre de 60 años, tiene problemas con su trabajo en el astillero. Viendo que no tiene futuro y arrastrando un divorcio con cargas familiares, decide emprender un nuevo negocio con la indemnización laboral. En esta iniciativa le ayuda la hija de la mujer con la que está conviviendo. Una mujer más joven e independiente que regenta una pensión con restaurante cerca de un muelle.
Beiji pone en marcha su proyecto: remozar un viejo un viejo barco y convertirlo en restaurante. Después de superar todas las trabas administrativas consigue abrir el restaurante flotante, con una especialidad, CUSCÚS de pescado; pero ahí no terminará la historia…

FICHA TÉCNICA
Dirección: Abdellatif Keniche
Guionistas: Abdelatif Keniche, Ghalya Lacroix
Productor: Claude Berri
Dir. Fotografía: Lubomir bakchev
Una producción de Hirsch/Pathe Renn, coproducida por France 2 Cinema.
Distribuida por Vèrtigo Films
FICHA ARTÍSTICA
Slimane Beiji Habib Foufares
Karima Faridah Benketache
Rym Hafsia Herzi
Hamid Abdelhamid Aktouche
Souad Bouraouïa Marzoud
Julia Alice Houri
OTROS DATOS
Sonido Dolby digital
Año de la producción: 2007
Nacionalidad: Francia
Duración: 2h. 30 min.
Género: Drama
OPINIÓN
La película es una mezcla de cuento francés bien contado con tintes magrebíes. Todo transcurre con calma, paso a paso, con detalle. Los defectos de la familia de Slimane van surgiendo sobre la marcha hasta que finalmente cada uno de sus miembros se retrata así mismo.
Cuscús revela muchas pequeñas cosas, como la diferencia entre los franceses de Francia y los franceses magrebíes, los prejuicios, las infidelidades, las tradiciones… Pero lo verdaderamente magistral es la puesta en escena de la vida cotidiana, puertas adentro, de una familia magrebí que vive en el sur de Francia, sus problemas, sus miserias.
Slimane actúa según sus propias convicciones, que son las de un hombre responsable de sus hijos. En un segundo plano está su compañera y la hija de ésta. Quizá sean las diferencias entre ambas familias la parte más tierna del drama.
La película es muy descriptiva y como tal se alarga, en mi opinión, demasiado; pero merece la pena sufrir la desesperación final esperando el desenlace.

miércoles, 4 de febrero de 2009

¿EXISTE DIOS? (I)

SGS

Menudo título. Como broma, vale. Pero quien espere una respuesta racional al asunto, va dado. Si yo la tuviera, la patentaría y me largaría a las Seychelles. ¡Al cielo! A vivir como Dios... manda. Porque ni los célebres argumentos de Avicena o San Anselmo convencieron a nadie. Pero lean cómo empieza el del segundo, que me encanta: “Dice el necio: no creo en Dios”. Ahí, sí, ahí lleva razón. Y eso es lo que voy a demostrar: que el ateo es un necio, como lo es quien cree posible probar la existencia de Dios. Y, desde luego, ni la Iglesia, a la que culturalmente pertenezco -me guste o no es tan inevitable como mi edad-, ni la Iglesia, digo, da una respuesta racional (científica) a semejante cuestión considerándola materia de fe. Buena salida: “no se molesten, pierden el tiempo”. Razonable, al menos.

Pero héteme aquí que en estos tiempos de “tanta” lectura y reflexión, en que proliferan y predominan mentes vacías como la de algún cantantillo que se calza una kefia (pañuelo palestino) -qué irresponsabilidad, oiga- indicando a miles de jóvenes el lado a situarse en el conflicto de Oriente Próximo, ahora, digo, en estos tiempos, aparecen reclamos para cierta militancia atea. Reivindican hasta un “Día del orgullo ateo” (esto me suena). Lo dicho: afirman taxativamente que Dios no existe. No “dudan” sobre su existencia: la “niegan”. Categóricamente. Y lo curioso es que estos maximalistas son los mismos que tildan de fundamentalistas a los meros “creyentes” católicos. (Ojo, quede claro: estoy hablando de convicciones íntimas, no de posturas interesadas, individuales o colectivas).

Pero vamos al toro: creencia y agnosticismo son dos respuestas ante la imposibilidad humana de conocer “la causa última” del mundo que palpamos. Porque si la existencia del universo y del propio ser humano se nos revela incuestionable ante nuestros sentidos, lo que nos está vedado es conocer la causa, el “por qué” están ahí. Conocemos el efecto, ese “estar ahí”, pero la causa nos resulta impenetrable. (Ni la teoría del Big Bang la explica, pues la propia explosión exige otra causa).

Y ante tamaña incapacidad, dos opciones: la racional, que sólo puede llevar a la duda (agnosticismo) y la sobrenatural: la fe, la “creencia” (religión).

La humilde aceptación de nuestras posibilidades de conocimiento, la “duda”, siempre será una postura honrada e inteligente. Esto es lo que diferencia al agnóstico del ateo.

Por su parte, también es honrado el “creyente” porque, en cuanto tal, no constata ni certifica la existencia de un Dios o un más allá sino que se limita tan sólo a “creer” en ese Dios, relegando al ámbito de la fe lo que sabe nunca alcanzará con el conocimiento (ciencia).

Lo dicho: ante el indicio, duda o fe. Dos opciones humanas, inteligentes y honradas. Pero, además, compatibles y hasta inseparables pues, a veces, la fe se nutre de agnóstica duda.

En cambio el ateo, soberbio y categórico, aun teniendo ante sí el enigma del universo y de su yo interior (otro universo), es decir, el efecto –el indicio-, niega la posibilidad de una causa última. Desconociendo la sustancia de los sueños pontifica sobre el origen del universo. Pura necedad. Como la del religioso que pretende sustentar racionalmente la existencia de Dios. A ambos exijo pruebas. Alguna causa habrá, ¿cual?, se ignora. Mientras, a falta de fe, seguiré humilde con las dudas que forjan mi barricada.

Hay agnósticos que yerran al proclamarse ateos. Así, Luis Buñuel, que no era idiota, afirmó “soy ateo gracias a Dios”. Quería decir “agnóstico”. Porque a renglón seguido mantuvo que “el ateísmo, por lo menos el mío, conduce necesariamente a aceptar lo inexplicable. Todo nuestro universo es misterio” (“Mi último suspiro”, 1982).

Insisto: hablo de convicciones internas. No de posturas externas, individuales o colectivas, mantenidas por notos intereses.


(El Comarcal del Jiloca, 23/01/09)

martes, 20 de enero de 2009

JAVI '09

EL RUIDO Y LA FURIA


EL RUIDO Y LA FURIA

Uno no quisiera ser agorero pero hay lo que hay: poco y malo. Como el chiste de aquel que protesta por la mala comida de un restaurante y además le parece escasa.

¿Las causas de lo que hay?: incultura galopante, inmoralidad, costumbres relajadas y, sobre todo, evaporización de mitos (la caída de los dioses) ahora suplidos por una escoria de famosetes. Y una sociedad sin mitos es como un hombre sin cabeza: sólo engendra violencia, puesto que la violencia tiene mucho que ver con la ausencia de la identidad, del referente, que todo mito comporta.

¿Me dejo la crisis económica? No. Esta crisis no sería tan nefasta si no viniera acompañada de los vacíos apuntados. Es más, incluso creo que los malos tiempos materiales pueden abrir brecha en la mente de esta sociedad deforme y amoral y forzarnos a la reflexión, esa reflexión de la que andamos huérfanos desde principios del pasado siglo (lo del materialismo histórico y el glorioso mayo del 68 resultaron, de hecho, auténticos fiascos, ¿todavía hay quien lo duda?).

Lo cierto es que con el advenimiento de la sociedad de la imagen y el consecuente desvanecimiento de todo mito, hemos retrocedido mentalmente en proporción inversa al avance técnico logrado. Y esto es tan peligroso como armar a un simio. Por eso hemos alcanzado el cénit en lo que al cotidiano roce con la violencia concierne.

Jamás convivió el ser humano con la violencia como hoy: nos desayunamos, almorzamos y acostamos con las imágenes de las más variadas agresiones, muertes y mutilaciones. El brutal rostro de la barbarie resplandece omnipresente en la radio, en internet, en cine y televisión, en quioscos de prensa, en carteles publicitarios, en el pda o en el iPod, en el móvil y en el vídeo, en el cd o en el dvd, en la música y el verbo, en los videojuegos y en los juegos de ordenador, en el colegio, en la oficina, en la política, en los sindicatos, en los estadios, en la calle, al volante... Jamás vio el ser humano tanta violencia como nosotros: muertos, tullidos, sangre, agua, fuego y bombas. Lo que antes era lejana referencia oral hoy es banda sonora de lo cotidiano. Ahora vemos palizas en directo. Algunos no sólo las propinan o se las propinan sino que disfrutan grabándolas con el tangible premio de su difusión inmediata, ocupando en el caro tiempo de los “mass media” mayor espacio que la mejor exposición artística. Luego, nos llevamos las manos a la cabeza. Pero, ¿qué esperábamos? ¿Qué podíamos esperar de semejante amoralidad –no hablo de religión-, de esa ausencia de principios, de ese aplauso al sinvergüenza, de ese elevar al maleante, vitorear al millonario sin escrúpulos y admirar al ladrón de guante blanco, yuppie sinvergüenza tan de moda en los 80? Estaba cantado.

Es lo que hay. Insisto: quizá sea precisamente la crisis económica -la penuria material- la que nos lleve de nuevo a la reflexión. Aunque sea una reflexión perturbada por la imagen, el ruido y la furia, por esta nuestra lerda civilización que ha sustituido a los mitos por payasos de colores. Porque ya no hay sitio para mitos, cuya forja exige sombra y silencio, justo lo contrario de hoy en que hasta al más sublime lo “oímos” roncar y lo “vemos” en pijama. El sonido y la imagen, el micrófono y el objetivo siempre “on” cierran leyenda y mito. Y sin mito, adiós referencia de nuestro pensar, base del obrar.

Aún así tengo la esperanza de que el hambre, siempre rebelde, nos espabile imponiendo cordura y reflexión que alivien este “cuento absurdo de ruido y furia contado por un imbécil” que es la vida. Dijo Shakespeare.

Alerta, pues. Y ya saben: cuenten siempre con mi barricada. Es la suya.

(El Comarcal 26/12/08)

jueves, 1 de enero de 2009

Diálogo con un langostino (nocturno)

Descubrí mi avanzado estado de locura cuando pregunté a un langostino
(cocido) (el langostino) por qué las personas nos obsesionábamos tanto
con medir las cosas. Con medir los días. Qué tiene hoy de nuevo y de
vieja la noche de ayer; qué diferencia hay para que ahora, de repente,
todos nos deseemos felicidad.

El muy capullo, guardó silencio. Yo no me atreví a comérmelo. Para él,
hubo una diferencia importante.

No hay duda de que, a veces, callar es la mejor opción...
Pero sin que sirva de precedente, diré que feliz año nuevo.

(Los que me conocen dicen que por qué me complico tanto para decir las
cosas... yo lo encuentro "origenial").

Fabiola A.M.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...