jueves, 6 de agosto de 2009

CRÓNICA JULIANA (Por Azulenca)


A la gran sacerdotisa del templo de la Moncloa (Tere Fdez. de la Vega) no le ha gustado el corte que han dado los jueces a los trajes de Camps. La gran sacerdotisa que vela la llama eterna del poder socialista ha dicho desde Costa Rica, que echará el tema a la Fiscalía. Otra socialista ilustrada, la Pajín, habla de “código ético”, de actuar contra la corrupción, de depurar responsabilidades y de fortalecer el Estado de Derecho. Vamos, que la sacerdotisa y la ilustrada defienden la Democracia, pero por lo que se desprende de sus declaraciones la Justicia no forma parte del Sistema, pues siempre acaban diciendo que acatan las sentencias pero buscan la forma de revolverse contra ellas. Y no entraré a opinar si con buenas artes o de malas maneras, pero todos los políticos que cuestionan o intentan darle la vuelta a la Justicia demuestran su intolerancia y su prepotencia. Por mi parte le recomendaría a Leire que, ya que es la política mejor pagada en este país, gastara un poquito más en champú y en peluquería. No se puede estar de cabeza presente en todos los telediarios con esos peletes. Y que conste que esta recomendación se la hago de corazón, ya que siempre se cuestiona cómo es lo de dentro en base de lo que se ve por fuera. Y claro… en el caso de Leire cabría preguntarse si debajo de los “peletes” habrá un presunto “cerebrete”. La humedad crea mucho moho, mucho hongo y esto puede dar lugar a ideas funguinosas o directamente pasar a la oxidación cerebral.
En este país no pasa nada. Se quema España, la ETA retorna, el paro y la crisis hacen mella y sólo se habla de los regalos institucionales, del caso Gürtel y de las regatas: España va bien. Y es que este verano pasará a la historia por la nueva nomenclatura vocálica: Plan E, Gripe A. Los tiempos han cambiando una barbaridad, antes se ponían nombres más populares a las enfermedades: el moquillo, el tabardillo, el garrotillo… Creo que esta nueva forma de rebautizar las enfermedades con vocales crea menos alarma social, porque claro qué otro nombre podríamos dar a esta nueva pandemia, ¿el tocinillo/a?
Camps se felicita, Rajoy lo felicita, el P.P entero se felicita por haberse liberado de los trajes y el sastre; pero qué va a hacer la oposición de cara a septiembre. En verano todos se van de vacaciones, todo se para; pero España lleva ya mucho tiempo parada. ¿Nos felicitamos con una mascletá? Pues no están las cosas como para hacerse fotos de familia con sonrisas Profident.
El que trabaja mucho es el sumo sacerdote de Fomento, Pepe Blanco. Quizá me quede corta y deba ascenderle a la categoría de faraón, que le va más con el cargo. Y es que se ha tomado a pecho ser ministro de Zp y está que no para de recibir a gente; recibe hasta los presidentes de las Comunidades Autónomas del P.P. Eso dice mucho a favor de su talante. Me llama la atención lo serio que se pone a la hora de firmar acuerdos y de estrechar manos. Otra cosica es, pues la anterior inquilina de Fomento en lugar de tender la mano a Esperanza Aguirre prefería verla colgada de una catenaria, por lo menos algo hemos avanzado. Debo reconocer que no me imaginaba a un Pepe Blanco tan ceremonioso y tan conciliador, además de tan callado. ¡Felices vacaciones, Pepe!
¿Y el sastre de Camps qué dirá de todo esto? Se nos ha terminado el cuento, al menos, por el momento.

lunes, 27 de julio de 2009

"Balconcillos", un soberbio rincón literario

Narciso de Alfonso, poeta y a-poeta, a-migo á-crata y a-social a-mancebado con el buen gusto, cumpliendo una vieja promesa brutalmente morosa para quienes, como yo, esperábamos su ejecución con sangrante impaciencia, se ha marcado un blog de antología poética que nos va a venir muy bien a quienes anhelamos lo exquisito. Para los ya iniciados supondrá revivir momentos sublimes; para los novicios, descubrirlos. En todo caso, chapeau para este blog de noble sobriedad en el que a la sencillez del diseño se une la magnífica elección no sólo del material literario sino también de los retratos de sus autores.

“Balconcillos” –tal es su nombre- nos va a proporcionar el disfrute de una literatura brillantemente escogida y, además, a distancia y en cualquier momento, esa paz que personalmente transmite Narciso no sólo a sus pacientes sino también a sus amigos. Porque tras su rebeldía social (de una solidez radical) existe un montón de calor innato atizado por una eminente formación humana.

Bien-venido y ben-dito (bien-dicho) “balconcillo” como complemento de esta barricada (o ésta de aquél) que se nutre sólo de material original con inestimables aportaciones: las crónicas de Azulenca, el humor de Javi, las creaciones de María Jesús Mayoral y del propio Narciso, las perlas de Arcadio y Fabiola –no por escasas, brillantes- y las imágenes curiosas de reciente ingreso de Juan Isidro (por cierto, en breve disfrutaremos también de la colaboración de José Antonio Vizárraga y algún que otro genio más).

Personalmente, me apropio del “balconcillo” y lo instalo en nuestra “barricada”, a la que favorecerá esa brisa perfumada, conseguida a fuego lento por el enorme poeta y doctor en alquimia don Narciso de Alfonso.

Sea.

Servando Gotor

miércoles, 22 de julio de 2009

JAVI

CRONICA CON MORRALLA (Por Azulenca)



Santa Rita, Rita, lo que se da ya no se quita. Esto lo debe saber muy bien Rita Barberá, que ha montado en cólera cuando se ha visto en una foto con un regalo de esos institucionales que tan de moda están ahora. Yo, en el caso de Rita, toda una señora con perlas en las orejas, no llevaría ese bolso tan rojo aunque me lo regalaran. Podrá ser de firma pero es de un rancio aplastante.
Ahora resulta que todos nuestros políticos llevan regalos caros, bueno, más que caros inasequibles para el españolito de a pie. Todavía no hemos terminado con los trajes del sastrecillo indiscreto que empezamos con la historia del bolso de Rita. A ver si con un poco de mala suerte resulta ser el bolso Mary Poppins.
Estos politicastros que lucen regalos institucionales tan caros, me da igual su signo -bien sean de la gaviota o de la rosa-, quedan reducidos a oportunistas de tres al cuarto que van de caro cuando ellos no pagan. Estos regalitos inducen a pensar mal y lo mejor sería que estos detalles no superaran una cuantía determinada, de cien euros por ejemplo; todo lo que supere esta cantidad deberían devolverlo. Además resulta frustrante que los que no tenemos poder no tengamos regalos pagando como pagamos los impuestos. Si Blasco Ibáñez levantara la cabeza reescribiría Arroz y Tartana. Me imagino en la tapa a Rita vestida de fallera mayor sin bolso junto a Camps con el traje regional de huertano bebiendo horchata.
Bibiana me obsesiona, sólo verla me crea inquietud. El otro día pasaron unas imágenes de ella en el Telediario y sus pendientes me llamaron la atención, tenían una forma caprichosa y pensé: lo mismo son unos dispositivos intrauterinos en plata. En fin, yo creo que esta mujer me mueve la fiebre.
Desde que en este país se institucionalizó la política en los cargos y sólo los ocupan los afines a un régimen o a otro, capullo o gaviota, la gente válida está castigada en un rincón y al mando los más incapaces e irresolutos. Estoy hablando del caso Rayán. No quiero ni soy quien para culpar a nadie, pero creo que debería haber responsables. Vamos… que a nivel político deberían rodar cabezas y no estoy hablando de la de Esperanza, sino las de los responsables que ella ha nombrado. En este país nadie da la cara, se pide perdón y uno se queda en el sitio, en la poltrona. El año pasado la tragedia del avión siniestrado de Spanair. ¿Por qué despegó un avión presuntamente averiado? Y no pondré más ejemplos porque podría remontarme a ejemplos más sangrantes. Desde que todo es política y la política manda estamos en manos de incompetentes e irresponsables. La política está “discapacitando” a una España que ya no se mueve.
Tanta física y química, tanta escuela sin armarios, tanta escuela sin crucifijos y tanto hablar de la píldora del día después y del aborto da como resultado salvajes indocumentados capaces de violar a menores y discapacitadas. No sé cómo no se les cae la cara de vergüenza a esas cadenas de TV, que desde luego tendrán mucha audiencia pero ningún escrúpulo a la hora de dar porquería en imágenes a los adolescentes. Deberían premiar a toda esta bazofia televisiva que se dedica a pervertir y adocenar las mentes de los menores. Yo les otorgaría “El vómito de oro”.
La culpa de estas dos barbaries sexuales cometidas en Andalucía no sólo la tiene la permisividad televisiva, este mal viene ya de lejos y los políticos con sus leyes son los que más han contribuido a crear estas salvajadas. Añadir que los responsables de los actos de sus hijos, cuando son menores, son los padres. Cualquiera puede comprobar cómo se ponen los niños los fines de semana a las tantas a base de litrona y demás… ¿Dónde están los padres?
Tristemente tengo que decir, que si esta España que ya no se mueve se muere, quizá vuelva a resucitar lo peor de la España Negra.

lunes, 20 de julio de 2009

Cuando la lánguida esperanza muere (Arcadio Muñoz)


Apenas había cruzado el umbral del patio cuando de repente me encontré con ellos. Eran dos: un matrimonio de esos de antaño, octogenario, solos. Su vida había estado dedicada al olvido, a la sinrazón, al ahorro, a la supervivencia. El corral por donde transcurría su vida era lúgubre sin apenas luz, un olor a muerte prematura atravesaba los viejos muros de la casona, la descendencia brillaba por su ausencia, en su lugar los melancólicos gatos hacían las veces de aquellos hijos que nunca llegaron, las habitaciones jamás habían tenido vida, unos viejos juguetes rotos con caras malévolas colgaban del viejo granero, más bien asustaban cada vez que en tardes de tormenta subían para ver de cerca el lejano monte. El chaparrón se difuminaba por entre las nubes, ellos apenas podían oír el estrepitoso ruido de los truenos, los sentidos a estas edades juegan malas pasadas haciendo ver lo inverosímil.

Aquella tarde tuve el presentimiento de que aquel mundo recreado alrededor de los umbrales de esas potentes paredes estaba a punto de sucumbir, un aliento de esperanza llegaba demasiado tarde, la vida había ido languideciendo con el paso de los años, la entrada se había cambiado, las caballerías habían dado paso al progreso, aquellos hijos que en su día no vinieron seguían en el limbo, demasiado tiempo dedicado al trabajo, al día a día. Quizá se habían olvidado de la esperanza. El tono amarillento de las paredes denotaba cierto aire a dejadez, al igual que las viejas sillas de anea que sujetaban sus decrépitos cuerpos con esas manos arrugadas por el sol de tantos veranos segando la mies de los campos baldíos.

Al salir tuve el presentimiento de que ya nada sería igual, el espejismo me hacía ondear en la soledad que recorría mi imaginación, la escena había transcurrido años antes, lo supe al cerrar para siempre el féretro que portaba sus cuerpos.

SAN ALOYSIUS DE FILADELFIA CON SOMBRERO DE PAJA (Servando Gotor)


En estos tiempos en que a costa de una pretendida “igualdad”, retrógrada, imbécil y enajenante, se están recortando libertades individuales elementales -y no me refiero sólo a España, sino a las democracias occidentales en general-, me viene a la cabeza la denominada “leyenda dorada de un hombre que sacó su sombrero de paja antes de temporada”. La cuenta un personaje de John Dos Passos en las últimas páginas de “Manhattan Transfer”: “¿Has leído la historia de ese hombre de Filadelfia al que mataron porque salió con sombrero de paja el catorce de mayo? Es para desternillarse… Ese hombre tuvo la temeridad de defender su sombrero de paja. Alguien se lo había abollado, él empezó a pelear, y en medio del jaleo uno de esos héroes de esquina se acercó por detrás y le rompió la crisma con un tubo de plomo. Lo recogieron con el cráneo roto y murió en el hospital… ¡Y que hablen del soldado desconocido…! Ese sí que es un héroe.

No cabe duda que el soldado desconocido puede luchar por dignos y heroicos ideales, pero también puede hacerlo obligado (lo que, según cómo se mire, podría tener incluso más valor) o movido por otros muchos intereses, como –poniendo un poner- el hambre, que tampoco está mal como épica motivación. Otras veces acude al frente para ganar unos buenos duros o una eminente situación (algo muy común en la Edad Media como forja de aristócratas). Bueno, pues el señor del sombrero de paja murió nada menos que por defender su personalísimo derecho a hacer lo que le daba la real gana.

Y es que el sagrado derecho a la libertad lo impregna todo. Henry James, comienza su novela “Washington Square” constatando que en Estados Unidos la profesión médica ha gozado de gran reconocimiento reclamando para sí con el mayor éxito el epíteto de "liberal". Pero ¿qué es eso de “profesión liberal”? James la reivindica especialmente para los médicos; yo, por antonomasia, para los abogados. En todo caso, la exijo para todo oficio o profesión. Especialmente en tiempos de receso de libertades que (¡casualidad!) siempre coinciden con sociedades inmaduras, ociosas e incultas como la nuestra.

¿Qué es, pues, eso de “profesión liberal”? Simple y llanamente la que se ejerce de modo independiente sin sujeción a otras consignas que no sean las propias de su arte, ciencia u oficio. Pues bien, en estos tiempos, abundan (incluso están de moda) los artistas y profesionales que anteponen a los dictados de su ciencia los de un poder del que dependen. Resultado: un médico no puede curar bien si desde el poder se le imponen restricciones ni un artista puede crear por encargo, máxime si el encargo conlleva –además- un mensaje ideológico concreto. Y no digamos nada del periodista que, en lugar de informar, manipula, también por encargo; o del abogado que antepone al interés de su cliente cualquier otro. Insisto: la libertad profesional consiste en hacer bien tu trabajo sin sujeción a otros imperativos que los propios del oficio (“lex artis”). Y esta libertad, hoy, como el resto de libertades atraviesa una crisis profunda.

Por eso reclamo libertad para curar bien, para informar bien, para defender bien, para construir bien, para pintar bien. Libertad, en suma, para hacer nuestro trabajo, sea el que sea, bien. Y en todo lo demás: libertad para hacer lo que me venga en gana. Y para eso, para todo eso, sobran consignas. “Si fuera pintor –piensa el protagonista de “Manhattan Transfer”, al final de la novela- pintaría a San Aloysius de Filadelfia con un sombrero de paja en vez de aureola; y, en la mano el tubo de plomo, instrumento de su martirio, y yo, pequeñito, rezando a sus pies.”

("El Comarcal del Jiloca", 10/07/09)
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