
Una tarde senté a la Belleza en mis rodillas. Y la encontré amarga. Y la injurié. (A. Rimbaud)
martes, 5 de enero de 2010
El verdadero gol de Marcelino (Antonio Envid)

X.- IN TABERNA QUANDO SUMUS
Antón se hallaba ojeando de forma distraída el periódico, cuando un titular le llamó la atención: “EL VERDADERO GOL DE MARCELINO” .
El periodista daba cuenta de cómo uno de los acontecimientos más celebrados en la España de su infancia, repetido hasta la saciedad en todos los medios de comunicación, uno de los mayores logros de la España franquista, una de las mayores ocasiones que viera la historia, la derrota del comunismo ateo por el nacional-catolicismo, hubo de ser amañado para poder ser transmitido por el NO-DO, aquel tedioso noticiario que había que tragarse previamente a la proyección de la película en los cines.
El hecho fue que el 21 de junio de 1964 se disputó el campeonato de Europa de fútbol, en el estadio “Santiago Bernabeu”, entre los equipos de España y la U.R.S.S. Cuando Marcelino marcó el segundo gol, asegurando la victoria para el equipo español, todo el estadio y todo el país se elevó a la más alta cima de su historia. El NO-DO ofreció un reportaje, que se emitió durante meses en todos los cines españoles. En él, Amancio lanzaba el balón desde la banda y lo recogía Marcelino con la cabeza marcando el gol. Cuarenta y cuatro años más tarde se confesaba el amaño chapucero que suponía tal reportaje. Quien despejó desde la banda fue Pereda, pero como no se había grabado ese despeje, se hizo un montaje con otra jugada de Amancio y así quedó inmortalizado para la historia.
No es que le sorprendiera conocer semejante grosero chanchullo en aquella España de burdas mentiras y que se le hurtara al pobre Pereda, que se guardaría muy bien de protestar, la parte alícuota que en la hazaña le correspondía, sino que el secreto fuera guardado durante tanto tiempo y que su país escondiera tantos cadáveres (no solamente morales) en su sentina.
No pudo por menos que evocar aquellas tediosas tardes de domingo releyendo viejos tebeos de El Jabato, mientras su padre, con la oreja pegada en el aparato de radio, lápiz y quiniela en mano, seguía, por aquél programa de radio “Carrusel deportivo”, los avatares de los distintos partidos que se jugaban, con la vana esperanza de acertar los catorce resultados, que le sacaran de la pobreza y le catapultaran, a él y a su familia, a una vida feliz y desahogada, para terminar el día con la amarga decepción de que la suerte había pasado otra vez de largo y volver al domingo siguiente con renovada ilusión.
El periodista daba cuenta de cómo uno de los acontecimientos más celebrados en la España de su infancia, repetido hasta la saciedad en todos los medios de comunicación, uno de los mayores logros de la España franquista, una de las mayores ocasiones que viera la historia, la derrota del comunismo ateo por el nacional-catolicismo, hubo de ser amañado para poder ser transmitido por el NO-DO, aquel tedioso noticiario que había que tragarse previamente a la proyección de la película en los cines.
El hecho fue que el 21 de junio de 1964 se disputó el campeonato de Europa de fútbol, en el estadio “Santiago Bernabeu”, entre los equipos de España y la U.R.S.S. Cuando Marcelino marcó el segundo gol, asegurando la victoria para el equipo español, todo el estadio y todo el país se elevó a la más alta cima de su historia. El NO-DO ofreció un reportaje, que se emitió durante meses en todos los cines españoles. En él, Amancio lanzaba el balón desde la banda y lo recogía Marcelino con la cabeza marcando el gol. Cuarenta y cuatro años más tarde se confesaba el amaño chapucero que suponía tal reportaje. Quien despejó desde la banda fue Pereda, pero como no se había grabado ese despeje, se hizo un montaje con otra jugada de Amancio y así quedó inmortalizado para la historia.
No es que le sorprendiera conocer semejante grosero chanchullo en aquella España de burdas mentiras y que se le hurtara al pobre Pereda, que se guardaría muy bien de protestar, la parte alícuota que en la hazaña le correspondía, sino que el secreto fuera guardado durante tanto tiempo y que su país escondiera tantos cadáveres (no solamente morales) en su sentina.
No pudo por menos que evocar aquellas tediosas tardes de domingo releyendo viejos tebeos de El Jabato, mientras su padre, con la oreja pegada en el aparato de radio, lápiz y quiniela en mano, seguía, por aquél programa de radio “Carrusel deportivo”, los avatares de los distintos partidos que se jugaban, con la vana esperanza de acertar los catorce resultados, que le sacaran de la pobreza y le catapultaran, a él y a su familia, a una vida feliz y desahogada, para terminar el día con la amarga decepción de que la suerte había pasado otra vez de largo y volver al domingo siguiente con renovada ilusión.
(...)
(Antonio Envid Miñana El tenue aroma de la acacia)
lunes, 4 de enero de 2010
Vladimira

Mi vida es una habitación a oscuras.
Sin luz no veo.
Aún así me oriento:
Grito
y cuando rebota sé que puedo avanzar.
Y si algún lugar lo absorbe
No me dirijo a ese Agujero Negro lleno de gritos que no
vuelven.
Porque ya estoy allí.
Huyo de ese Vacío que soy yo.
Si enciendo la luz
No veré Nada.
-
sin título 29/12/2009
sábado, 2 de enero de 2010
O tal vez ayer (Paula Parcial)

o tal vez ayer
-
Hoy ha muerto mamá, o tal vez ayer. No lo sé.
Me costó más de diez años darme cuenta de que realmente era estúpida.
Y papá ha elegido uno de los ataúdes más baratos.
Cuando íbamos a patinar, ella siempre se quedaba sentada
fuera de la pista: ‘A mí me gusta mucho patinar, pero por el otro lado
del hielo’, ¡dios mío, lo decía de veras!
-
La echo tanto de menos.
Y aquella navidad en la que me regaló papel de regalo
envuelto en papel de regalo envuelto en papel de regalo.
‘Sorpresa de Moscú’, me dijo. Estuve varias semanas intentando
averiguar el presunto mensaje profundo del fascinante obsequio.
-
Después del funeral, al salir de la iglesia, el ataúd se ha desfondado:
y mamá rodando por las escaleras, con los muslos a aire
y un crisantemo en la boca.
Ella, que no soportaba que la vieran despeinada.
-
Se sentaba en su sillón preferido, mirando al jardín, y así se pasaba
toda la tarde, sin moverse, sin parpadear: ‘Me gusta ver cómo crecen
las rosas’, decía siempre: ¡y hablaba en serio!
-
Cuando vio el tatuaje que Lorna se había hecho en la nalga izquierda,
mamá se empeñó en que quería un tatuaje ¡de sí misma! y de cuerpo
entero, pero ¡siete centímetros más alto que ella!
-
La echo tanto de menos, la odio tanto.
Cada cierto tiempo nos contaba la anécdota del coche de su padre,
del abuelo: decía que le puso un motor nuevo, pero olvidó sacarle
el viejo y… desde entonces corría a más de trescientos por hora:
¡para mamá no era ninguna broma!
-
Le gustaba tanto la historia de aquel vecino que le había puesto
a su perro una lentilla en el ojo derecho con la silueta de un gato,
¡y se pasaba el día entero corriendo en círculos!
-
Mamá, mamaíta, te odio tanto, te hecho tanto de menos.
-
-
-
Hoy ha muerto mamá, o tal vez ayer. No lo sé.
Me costó más de diez años darme cuenta de que realmente era estúpida.
Y papá ha elegido uno de los ataúdes más baratos.
Cuando íbamos a patinar, ella siempre se quedaba sentada
fuera de la pista: ‘A mí me gusta mucho patinar, pero por el otro lado
del hielo’, ¡dios mío, lo decía de veras!
-
La echo tanto de menos.
Y aquella navidad en la que me regaló papel de regalo
envuelto en papel de regalo envuelto en papel de regalo.
‘Sorpresa de Moscú’, me dijo. Estuve varias semanas intentando
averiguar el presunto mensaje profundo del fascinante obsequio.
-
Después del funeral, al salir de la iglesia, el ataúd se ha desfondado:
y mamá rodando por las escaleras, con los muslos a aire
y un crisantemo en la boca.
Ella, que no soportaba que la vieran despeinada.
-
Se sentaba en su sillón preferido, mirando al jardín, y así se pasaba
toda la tarde, sin moverse, sin parpadear: ‘Me gusta ver cómo crecen
las rosas’, decía siempre: ¡y hablaba en serio!
-
Cuando vio el tatuaje que Lorna se había hecho en la nalga izquierda,
mamá se empeñó en que quería un tatuaje ¡de sí misma! y de cuerpo
entero, pero ¡siete centímetros más alto que ella!
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La echo tanto de menos, la odio tanto.
Cada cierto tiempo nos contaba la anécdota del coche de su padre,
del abuelo: decía que le puso un motor nuevo, pero olvidó sacarle
el viejo y… desde entonces corría a más de trescientos por hora:
¡para mamá no era ninguna broma!
-
Le gustaba tanto la historia de aquel vecino que le había puesto
a su perro una lentilla en el ojo derecho con la silueta de un gato,
¡y se pasaba el día entero corriendo en círculos!
-
Mamá, mamaíta, te odio tanto, te hecho tanto de menos.
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Paula Parcial
O tal vez ayer
De Cazador de faisanes, R. y P. Parcial, ‘Las Parcialas’
Ediciones Inéditos Definitivos, Zaragoza, 2008
De Cazador de faisanes, R. y P. Parcial, ‘Las Parcialas’
Ediciones Inéditos Definitivos, Zaragoza, 2008
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