Una tarde senté a la Belleza en mis rodillas. Y la encontré amarga. Y la injurié. (A. Rimbaud)
jueves, 17 de marzo de 2011
TRAEN FLORES VERDES A MI MEMORIA (Vladimira Pund)
Áspides ansiolíticas
en procesión nocturna
traen flores verdes
a mi memoria.
Vienen cargadas de verbos mudos,
arrancados del seno de la voz
del habitante de mi memoria
ofídicas y solemnes
pitones, cascabeles y anacondas
portan sobre sus lomos
una gorra sin cabeza
una camisa sin torso
unas gafas sin ojos
unos zapatos que no caminan
objetos inútiles
porque ya no tienen dueño
procesionan espirúlicas
hacia el epicentro de mi alma
hacia el hueco coronario
pero caen una tras otra,
rítmica y espaciadamente
insonoras
porque el abismo no tiene fin.
ÉXTASIS (Vinomio Pañuelo)
Collares, colgantes, perlas, cadenas, cuentas, medallas. Ponte todo, por favor. Cuando fogosa y desnuda cabalgues sobre mi cuerpo adereza bien tu excelso cuello. Vístelo de gemas, de esmeraldas y zafiros. Envuélvelo de alhajas que salten y retocen por el aire bosquejando con tus senos órbitas infinitas de fuego. Que choquen entre sí y contra tus pechos y tus pechos contra el mío y entre ellos. Y que sus fresas besen mis párpados, mi nariz, mis labios, adentrándose en mi boca hasta que al tacto de mi lengua se fundan calor y frío, piedra y pasión, metal y ardor. Y cuando al fin regreses, cuando estés de vuelta ya, reposa sobre mí unos segundos, que nada hay más sublime que tu desnuda imagen bañada de sudor, el collar hundido entre tus pechos y, abajo, más abajo, el entrañable, el lento, el amoroso adiós de nuestros sexos.
Vinomio Pañuelo
miércoles, 16 de marzo de 2011
UNA NUEVA SENSACIÓN (Javi)
“Con este amargor tan extraño no puedo concentrarme”, pensó mientras encendía otro cigarrillo en la penumbra del interior de su coche. Aquella sensación le dejó perplejo. No provenía de su boca, era más bien …., ¿cómo definirlo?, un estado de ánimo que lo desazonaba, jamás había sentido algo parecido. De pronto, seguir a su decimotercera víctima ya no le pareció tan atractivo, así que apagó el cigarrillo, arrancó el coche y volvió a su madriguera.
JAVI
lunes, 14 de marzo de 2011
CRÓNICA RODADA (Por Azulenca)
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| SGS |
Yo no sé. Bueno, en fin… El día que Zp abandone La Moncloa tendrán que exorcizarla, “rugiarla” con agua bendita y esas cosas. Hay algo raro en ese Palacio, casi todos los Presidentes de Gobierno salen “sonaos” de allí. Yo creo que debe haber un ectoplasma rondando por allí y haciendo de las suyas, es más, yo creo que con Zapatero se ha cebado. El día que él y su familia gótica abandone el palacio tendrán que hacer una limpieza en condiciones. Y mientras él se empeña en consolidarse como candidato omnipresente y eterno, va el pasivo Tomás Gómez y de un plumazo lo retira de su campaña, no quiere darse con él el baño final de multitudes en la Plaza de Vistalegre. Hace bien, yo a Zp no lo querría ni para el reparto de una herencia.
Hemos tenido una semana Agustiniana, quiero decir, presidida por el Iluminismo. Rajoy habla de hacer un plan energético como Dios manda y a Zapatero no se le ocurre otra cosa mejor que mandar al líder de la oposición a hablar con Dios. Y Bono, que de no ser político sería por lo menos arzobispo, ha declarado que no está mal invocar a Dios ni siquiera para un Presidente del Gobierno. Yo de todas estas declaraciones deduzco que los políticos y en especial los socialistas buscan el Iluminismo como única solución a la crisis. Ese iluminismo que siempre se ha buscado en los exámenes escolares cuando no se tiene ni idea. Desde luego tiene su gracia que esta casta político socialista sin luces las vean por todas partes.
Tenemos por Ministro de Industria un maduro que recomienda ruedas verdes para los vehículos; unas ruedas que ni siquiera existen, eso sí, gracias a esta intervención estelar no se van a vender las ruedas que sí están en el mercado. Sebastián, el Ministro Bombilla, otro iluminado a la hora de crear conflictos y no dar soluciones.
La Sibila de Benicasim, Leire Pajín, otra que ha puesto luz al tema, eso declaró en la cadena Ser el Día de la Mujer Trabajadora desde su papel de Ministra para la Igualdad. Estos socialistas entre luces y brotes verdes la llevan buena; bueno, la llevamos buena con ellos. Yo donde más noto la luz es en el recibo. Y Zp que últimamente está sembrado a la hora de dar recomendaciones, les dijo a las mujeres en su Día Internacional que se dieran un homenaje: eso es todo lo que se le ocurre a este hombre en el Día de la Mujer Trabajadora, una sosada más.
¿Y el de la cistitis, qué? A nuestro Rubalcaba ya le han dado el alta y deberá seguir un tratamiento domiciliario. Yo a este le pondría otro tratamiento también domiciliario. Me parece a mí que la cistitis le ha sobrevenido a consecuencia del acojone que le ha entrado con el Caso Faisán.
El ex ministro Caldera ha escrito un libro titulado “Un tiempo para la igualdad”. ¿Y quién estaba apoyando al antiguo Ministro de Trabajo en la presentación de su libro? Nuestra antigua Serrana de la Moncloa. La encontré visiblemente desmejorada, la falta de poder la ha desvitalizado. No sé, la vi reducida, sin ese empaque que tenía cuando iba de Vice más Vice. En fin, nuestra Serrana se ha quedado en pastorcita de la Vega.
El viernes al cine. Destino oculto. Una patochada. Los americanos cuando se ponen a hacer películas metafísicas resultan patéticos.
Azulenca
domingo, 13 de marzo de 2011
jueves, 10 de marzo de 2011
LA ESTEPA PRODIGIOSA (Antonio Envid)
I
Atravesar la plaza de aquel pueblo perdido en la estepa de los Monegros en pleno mes de julio era una inefable aventura. Salir de la casa, preparada por siglos de experiencia para su aislamiento (paredes de adobe, ventanos pequeños, amplio tejado de teja árabe a dos aguas) de la tórrida temperatura exterior, que provocaba un sol justiciero, señor absoluto durante ocho o nueve meses al año de aquel territorio, que no permitía el transito a la más ligera nube, para trasladarse al islote de enfrente en el que radicaba el bar, exigía quebrar las leyes más elementales de la física terráquea y sumergirnos en los arcanos que rigen la celeste. Traspasar el fresco umbral suponía entrar en un mundo de dos dimensiones y el camino hasta el bar, una cinta de Moebius. El implacable sol te aplana hasta reducirte sólo a dos dimensiones, ancho y largo. Pronto se disipa la inquietud que produce la ausencia total de sombras. Tras el viaje hasta el bar y tomarte allí tres o cuatro, o cinco…. quintos (dependiendo del humor de la concurrencia y del tiempo que tomara vencer el temor de repasar el camino para la vuelta), arribabas de nuevo a casa sin saber cual era tu mano derecha y tu mano izquierda, que bien podían haber sido trocadas por el espacio bidimensional recorrido (1).
El bar suponía un territorio neutral, allí las diferencias ideológicas o políticas quedaban depositadas en la percha que se encontraba en la entrada. Como en los míticos salones del oeste, los revólveres. Para las discusiones de teoría política estaban los casinos: el Casino de Labradores y el Círculo de Jornaleros, casi siempre vacíos, salvo en época electoral. En el bar confluía todo tipo de gente y solía estar lleno hasta que la sombra de la torre de la Iglesia comenzaba a escalar el dintel de la puerta del establecimiento, señal inequívoca de que la tarde decaía y ya se podía volver a casa sin que se derritiera la escasa sesera del personal. Esto hasta después de la cena, en que el local volvía a concurrirse.
Boinas caladas hasta las cejas, palillos en las comisuras de las bocas, pequeños gruñidos, que para los entendidos significaban: “envido”, “las veo”, o en la mesa de al lado, “las cuarenta”, “arrastro a la puta de oros” y otros términos de general inteligencia. ¡Ponnos otra ronda, Eustaquio! Soberano y farias ¡qué pagan éstos! Fuera, el infierno. No existía vida perceptible fuera de este microcosmos.
Una tarde, una fuerte corriente de aire cálido, como proveniente del infierno, abrió con furia la puerta, para volver a cerrarla de un portazo. La lengua de fuego lamió todos los rincones del local. De pronto, los cafés levitan en el aire y se vacían, las copas trazan una elegante curva en el espacio para vaciarse de inmediato, lo más curioso para mí, el resto del personal no parecía extrañar estos curiosos fenómenos, es que no caía al suelo ni una gota. Algunos farias se elevan desde los ceniceros donde descansaban hasta alcanzar un cierto nivel entre el suelo y el techo, para navegar a continuación por el local echando humo, como curiosos zeppelines silenciosos. Ante mi cara de asombro, alguien dijo: “No ponga esa cara forastero, es el Cucaracha y su banda, que apretaos por la necesidá han bajau de la sierra. Todo lo llevan con paciencia, pero la falta del café, las copas y el fuqmeque….” . “Pero –contradije tímidamente- el bandido Cucaracha ¿no murió envenenado hace casi cien años?” -Y eso que tiene que ver. Sigue con su banda por la Sierra de Alcubierre en forma de espíritus.
En Sisallera, ya lo dije, no regían las leyes de espacio y tiempo terrenas, sino otras cósmicas, pero tampoco las de los hombres, pues los boletines oficiales, convenientemente fajados, fueron amontonándose, desde tiempos de la Gaceta, en un rincón del Ayuntamiento, mientras un temor ancestral impedía que nadie se acercara a ellos, “es la orden del Rey, se obedece, pero no se cumple”. Un día dejaron de llegar y nadie se apercibió de ello.
II
En el reducto del bar se refugiaba la vida durante la mayor parte del día, el tórrido sol omnipresente y cegador no permitía otra cosa. La noche era distinta, pero lo de la noche me costo bastante enterarme, o sea que me harán la gracia de que se lo cuente otro día, u otra noche, como prefieran. Me abrí paso por entre los espesos jirones de humo de cigarro, que semejantes a pesados cortinajes, solo se traspasaban cortándolos con un cuchillo y allí estaban todos los habitantes de Sisallera. Los encontré más inquietos que de costumbre, no se oían solo los habituales gruñidos con que se gobernaban las interminables partidas de cartas, ni el chocar de las fichas de dominó sobre las mesas. Hoy imperaban las conversaciones, no solo en los corros formados en cada velador, si no de mesa a mesa, incluso de esquina a esquina del local.
“Qué si una base de submarinos, dicen que…” “Pero cómo serás tan bruto, Anacleto, ¿cómo van a poner una base de submarinos en el pueblo, si no hay gota de agua en cien quilómetros a la redolada?” “Pos será pa ponerlos a secar, digo yo, que de tanto ir por el agua se llenarán de verdín, a ver donde van a encontrar mejor secadero”. El que había dicho la mazada traspasó de una comisura a otra de la boca el mondadientes, mientras se rascaba la mollera.
-Yo lo que creo es que van a poner una plataforma “areonáutica”, de esas pa echar cohetes a la “atmosfera”.
–Ves, eso ya tiene mejor pinta, porque cielo, lo que se dice cielo, aquí si que hay, todo el año, que echas la vista p´arriba y se te llenan los ojos de estrellas y relumbran como si todo estuviera lleno de gusanos de luz, que a veces tengo que cerrar los ojos, que si no me entran mareos.
-Bueno, a nosotros qué nos importa, que pongan lo que quieran, como si quieren criar grillos, el caso es que dicen que quieren comprar tres mil hectáreas y que las pagan a seis mil euros o más, según la tierra.
–¡Quiá!, no caerá esa breva. Pero si esta tierra no vale ni para esparto. A no ser que sean extraterrestres, porque yo creo que esto es lo más parecido a Marte que pueda encontrarse.
-¡Oye, si son extrarrestres, a ver si nos pagan con billetes marcianos! ¡Habrá que ir con tiento!
-Yo con las perras, mecagüen el alcalde, me compro un jáguar. ¡Buá! ir por estos caminejos, levantando una polvareda que se verá desde Bujaraloz, con un jáguar ¡Qué gozada! -Pues yo, me pondré un yacuci, para cuando tengamos agua. – Mientras, lo llenas de vino, jua, jua…
¡Que legiones infernales se habían apoderado de las almas de estos sisallenses! Cuando digo que aquí imperan leyes cósmicas, no lo digo a humo de pajas, sino por pura convicción. Aun a riesgo de que se me derritiera el poco seso que me quedaba tras oír semejantes despropósitos, franqueé el umbral del bar y me aventuré por la impía plaza, huyendo de la colectiva locura, que amenazaba por contagiárseme. Aquí, lo que pasa, es que hay un agujero de gusano. Sí, hombre, eso que dicen los científicos, que puede que en algunos sitios haya un agujero en la dimensión espacio-tiempo, una especie de atajo que comunica una dimensión con otra, de modo que puedes trasladarte de un espacio o de un tiempo a otro en un instante. ¿No han oído hablar de “el empuje hiperespacial de Alcubierre? Pues, la sierra de Alcubierre está a un tiro de piedra de aquí ¡En fin!, que es evidente que el único cuerdo de este pueblo soy yo.
III
Tocado con un quepis legionario con cogotera, que había comprado al efecto en el mercadillo que se celebra los miércoles en la villa, atravesé la plaza hacia el bar, mi refugio habitual. A pesar de lo temprano de la hora una larga fila de sisalleses, que salía del Ayuntamiento, aguantaban impávidos los irascibles rayos de un sol que iniciaba ya su diario recorrido celeste. Al paso, no me quedó más remedio que escuchar las animadas conversaciones “ …pues yo pienso pedir, además del precio de la tierra, un Ipad…” “ a mí me tendrán que dar, además, una play esténsion para mi nieto, que lo tengo en Barcelona…”
Maldiciendo el día que nací y sospechando que las conversaciones del bar serían igual de emocionantes, di media vuelta y volví al frescor del zaguán de mi casa, donde pasé el día agarrado al botijo y a la botella de anís, leyendo viejos libros de Isaac Asimof, procedentes del stock que no pude devolver cuando el fracaso de mi intento de montar una tienda de libros en el pueblo.
Era ya de noche cuando me aventuré a salir otra vez, tomando el camino del puticlub en la carretera que atravesaba el pueblo. La débil iluminación del local no permitía ver lo ajado de sus butacas ni de sus chicas. La animación habitual. Algún camionero mortalmente herido de soledad y sus ojos llenos de la negrura inmensa de la noche, invitaba a una de las chicas. “Ponle otra copa a ésta y a mí otra cocacola. Maldita profesión ésta del volante, ni una copa te puedes tomar…..después me corren las tripas que parezco un concierto de fontaneros”. Alguno del pueblo mirando con aburrimiento a las requetevistas y requetecatadas chicas. Alguna de ellas, subida a increíbles botas con plataformas y tacones de treinta centímetros, con medio cuerpo enfundado en negras mallas y una especie de tanga cubriéndole la pélvis, trataba de recorrer el salón con contoneos de funanbulista. Dos, allí, a la espera de improbables clientes se contaban sus cuitas.
Dos lugareños hablaban animadamente en la barra sin notar mi presencia. “Que sí, que lo ha dicho el chico del Damián, ese que es tan leído, el que quiso montar una librería aquí en el pueblo y como no vendió ni un libro, se los leyó él todos. Sí, está un poco majara, pero es muy instruido el chico. Que son extraterrestres, de otro planeta, pero que como aquí hay un agujero que comunica un mundo con otro, como si fuera un atajo….un agujero de gusano, creo que dijo…… “Chica, déjanos, que estoy hablando con aquí unas cosas muy importantes”. Anda, Ivanov, ponle una copa a ésta, pero que se largue”. “¿Qué te decía? a si, pues que pasan de allá para aquí y de aquí para allá tan anchos, como mi gato cuando sale a la calle por la gatera, igual. Bueno, pues que quieren comprar todo el término, para criar grillos. Qué más da, grillos o langostos. Que esta tierra es muy buena para eso y es lo único que comen estas criaturas y parece que su planeta lo tienen ya agotau”
Antonio Envid
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(1) El conocido y enigmático anillo de Möbius o Moebius produce un mundo de sólo dos dimensiones. La hormiga que dibujó Escher puede recorrerlo infinitamente, pasando de una cara a otra de la cinta sin traspasar nunca el borde de la misma. Cuando al dar una vuelta llega a la posición de partida su parte derecha se ha trocado en la parte izquierda.
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