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| MJM |
En Villamayor de Gállego, 12 de junio de 2011
Esta es una trasnochada muy especial, la quiero contar a mi estilo y dedicarla a la gente de mi pueblo que sigue este blog y por supuesto a todos los que quieran leerla.
Existen sentimientos con hondas raíces, querencias atávicas que nacen ya con nosotros porque el árbol de la vida nos las otorga como un privilegio: una elección previa antes de venir mundo, por eso yo nací en Villamayor de Gállego. Pero esta elección de nada hubiera servido, si mis padres y mis abuelos no me hubiesen enseñado a amar la tierra que me vio nacer. Y amar y pertenecer al pueblo en el que uno se cría no es otra cosa que sentirse identificado con el entorno, con las tradiciones y en el trato cotidiano con sus gentes.
Soy una ritualista nata. Cuando salgo de casa por la mañana para ir a trabajar, cierro la puerta y vuelvo la mirada hacia El Carasol para saludar a los chopos de casa Casellas; subo calle de San Pedro arriba, tuerzo a la derecha y cuando llego a la calle de San Gregorio echo la vista al campanal, con suerte a veces lo acompaña el crotorar de las cigüeñas, aquí apunto mentalmente todos los días: primera referencia. Sobre las siete y media de la mañana veo revolver la esquina de Domeque a Valero llevando de la mano su bicicleta y me digo: hora punta en Villamayor de Gállego. Cuando nos cruzamos en el camino me pregunta por mi padre. Yo le contestó: Se acaba de ir a la viña en bicicleta. Él se ríe. Mi padre tiene ochentaiún años. Sigo mi camino y en la rutina diaria, me siento arropada entre las antiguas casas palacio de la calle Carnecería, dependiendo de los matices de luz en sus fachadas, hasta llego a sentir cierto embeleso. Ya en la carretera, el sol lanza su resplandor de fondo desperezándose sobre Los Monegros, apunto mentalmente: segunda referencia.
Mañana lunes me levantaré y haré lo mismo, pero más contenta, feliz. El sábado veintidós de mayo se puso final a una lucha que duraba veinte años. No hablaré del cansancio, del agotamiento, de las decepciones, de las esperanzas, de los sueños… Tampoco quiero hablar de la política, sino del sentimiento. Del sentimiento de los que hemos querido con el alma y la vida a nuestro pueblo, de los que lo hemos defendido, de los que se han ido sin ver cumplido este sueño, de los que han sufrido la persecución por pensar de distinta manera, de los que han sido sentados en el banquillo… Ha habido tanto sufrimiento en los últimos cuatro años, que ahora estamos alterados por habernos liberado de una amenaza que ensombrecía nuestros días. El sueño de la segregación empezó hace veinte años y a partir de ahí vinieron los tira y afloja con el Ayuntamiento de Zaragoza, después vinieron las sentencias a nuestro favor, después la segregación y el nacimiento de nuestro municipio, a continuación la fractura social al no aceptar parte de su población la Sentencia del Supremo, después llegó el desencanto ante la pérdida en las urnas a favor de la mayoría absoluta de un partido que defendía la Agregación a Zaragoza. Y esto ha sido así hasta el pasado 22 de mayo, día en que se volvía a mascar la tragedia si los que habíamos sido defensores de la segregación fracasábamos de nuevo en las urnas. Y mientras nos retorcíamos de los nervios en casa de Serrate escuchando el escrutinio que hacían los nuestros por teléfono, inevitablemente pensábamos en que existía el mismo peligro de la vez anterior y esto nos ponía al límite, porque la pérdida supondría más decepción, más sufrimiento y más castigo. Porque el festival de la Democracia consiste para algunos en ir a votar y lo que diga una sentencia del Tribunal Supremo es poco o nada, y lejos de acatarla como sería lo justo; para darle la vuelta uno se ampara en la política madre pasándose por el forro una sentencia del Supremo y volvemos a lo de antes, al sufrimiento.
Pero el sábado 11 de junio se puso fin a la pesadilla de los últimos cuatro años, por fin el sueño es ya una realidad: José Luis Montero es alcalde de Villamayor de Gállego por Chunta Aragonesista. Explicar que el Partido Popular ha apoyado a José Luis Montero porque como dice su concejal, Javier Díez: Aunque las ideologías sean distintas, nos unen más cosas que nos separan. Lo que une a estos dos partidos políticos, CHA y PP, es Villamayor de Gállego. Y aquí viene mi primera referencia: el campanal, la torre. Así hemos estado todos: codo con codo, apoyando, relevando a los que se cansaban, sujetando para que no se nos cayera nada, firmes e inalterables ante lo que pasara como nuestra torre mudéjar. Y a la hora del desaliento nos sostenía el sentimiento, nuestras raíces, hondas y viejas como las de nuestra Sabina. Y mientras el tiempo transcurría nos abandonábamos a la esperanza, nos amparábamos echando la vista a nuestro Santuario. Estas son nuestras referencias.
Por último decir lo que he dicho siempre: Villamayor de Gállego debe servirse de la Política, pero no estar al servicio de ella. ¡VIVA VILLAMAYOR DE GÁLLEGO LIBRE!