sábado, 8 de junio de 2013

STARTWAY TO HEAVEN (Narciso y Servando)


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No lo dudó. Murdoc no lo dudó. Hizo examen de conciencia sin propósito alguno de la enmienda. Y de tripas, corazón. ‘Hasta aquí hemos llegado’, protestó al recordar al enano garroso que le había tratado como a una piltrafa. ‘A él, hablarle así a él, al Sire’. Se puso el mundo por montera y olvidó todo lo que tenía que olvidar: los ojos, la nariz y la sonrisa que se ocultaban tras el dorado cabello de una niña cuyo rostro jamás llegó a ver. Todo. Hasta las rencillas con el reverendo, que tan mal había llevado aquello de la fender, cuando Brown se la pidió para un concierto de catequistas y él se negó con el estribillo de la Ronda de las Mozas que le había oído al Fariseo: 

que se me ha roto la prima, 
la segunda y la tercera, 

le dijo. Sí, eso le dijo. Y Brown es de los que ni perdona ni olvida, Pero Murdoc se puso el mundo por montera, cogió su harley davidson, se ciñó la fender estratocaster en bandolera, como si fuera un rifle de caza mayor y, con la cabeza semioculta bajo las alzadas solapas de su chupa de chapa, fue a ver al maldito reverendo, atajando a golpe de acelerador por el corredor de Vasari. 
La puerta de la sacristía, cerrada. Pero el recinto entero retumbaba por los watios del interior. ‘El equipo DJ del cabrón del cura, se dijo’. Y lamentó haberse olvidado su disco de los Zeppelin. Ahora, ahora hubiera sido el momento de escuchar Startway to heaven al revés para oír los mensajes satánicos. Pero había que seguir. Así que golpeó varias veces con los nudillos sobre una estrella de ocho puntas. Se hizo sangre, claro, y se acordó de la madre del maldito mudéjar que diseñó la dichosa puerta. Enseguida comprendió que, con tanto volumen, era imposible que el reverendo le oyera. Y cuando ya estaba a punto de desistir, reparó en el videoportero de la sacristía. La voz del reverendo era como la de Spencer Tracy cuando lo doblan en español:
- Murdoc, qué cojones quieres de mí.
- Es un asunto importante, reverendo. 
- ¿Tiene algo que ver con el XVI Certamen de Boquiñeni?
- Qué certamen ni qué niño muerto.
- El de los juegos malabares.
- No, no tiene nada que ver.
- Pues entonces márchate, Murdoc.
- ¡Reverendo!
- Ya lo has oído, ¡vete!
- Es por lo de la convocatoria.
- ¿La de Boquiñeni?
- No, Brown, no. La de esta noche, a las dos.
- ¿La del Guacamayo Azul?
- Sí, la del Guacamayo Azul.
- Bueno, pasa. 
Se abrió una de las dos hojas de la gran puerta mudéjar. La sacristía, envuelta en incienso y con iluminación de verbena, le pareció a Murdoc el mejor escenario para una jam session en toda regla: El reverendo DJ vs. Murdok Stratocaster, pensó.


Narciso de Alfonso
Servando Gotor









viernes, 7 de junio de 2013

TALLER DE ESCRITURA (Antonio Envid)




Un folio en blanco y un bolígrafo es todo lo necesario para la creación literaria. Pero bueno ¿en que época vive, quién escribe a mano hoy? Ah, pues deberían. Un folio en blanco es una invitación al descubrimiento, a sumergirse por sendas no holladas hacia reinos incógnitos. No solamente la inmensa soledad de su blancura nos incita a internarnos en él, sino que sus dimensiones, la regularidad de su rectángulo, ya son llamadas a la estética. De modo que comenzaremos el curso con esos dos simples objetos, que veremos son bastante más complejos de lo que a primera vista pudieran parecer.

Un folio es el resultado de un elaborado razonamiento. ¿Qué medidas tiene un folio tamaño DIN A4? Unas muy precisas: 210 x 297 cms., y no otras. La proporción entre el lado mayor y el menor: 0,297/ 0,210 es un número irracional: raíz cuadrada de 2, y tiene una particularidad, si doblamos el folio por la mitad de su lado mayor y lo partimos por la doblez, salen dos folios, DIN A5, que son de una superficie la mitad que el anterior, pero semejantes; la proporción entre sus lados, mayor y menor, seguirá siendo raíz cuadrada de 2. Esta singularidad permite normalizar todos los tamaños de papel, partiendo del DIN A0, que tiene una superficie de un metro cuadrado y sus lados mantienen la sabida y sabia proporción raíz cuadrada de si lo doblamos por la mitad, por el lado más largo, y lo partimos, obtenemos dos folios DIN A1; doblando cada DIN A1 por la mitad y partiéndolos, obtenemos cuatro DIN A2, y así sucesivamente, todos ellos guardando la repetida proporción entre sus lados. Luego, no nos tomemos a la ligera el folio, que es el resultado de un largo proceso de civilización y esto nos obliga a estar a su altura.

El bolígrafo es otra cosa preciosa, muy sofisticada. Es el resultado de una lenta evolución desde el estilete a la pluma de ganso, y de ésta, a un adminículo que combina en un solo objeto el tintero y la pluma, pero para ello hubo que imaginar que la pluma podía sustituirse por una bolita de acero y conseguir una tinta con la viscosidad justa. En fin, todo un prodigio que habría maravillado, sin duda, a todo un Cervantes, pongamos por caso, que el pobre, a pesar de su manquedad, hubo de ir por plazas, posadas, mesones e incluso cárceles, cargado con los primitivos adminículos de escribanía, siempre temiendo que el vuelco de uno solo de sus tinteros arruinara parte de su obra con tanto esfuerzo elaborada. El boli, permítaseme emplear el diminutivo, hace que las ideas discurran desde el cerebro al papel sin solución de continuidad, de manera que fluyen a través del brazo y de la mano hasta el folio sin interrupción y sin contaminarse con lo circundante. Verbo puro.

Bien, conscientes de nuestro deber pongámonos a la excitante tarea de crear. Internémonos por procelosas selvas, por incógnitos mares, por secretas estancias de nuestro cerebro, cuyas llaves tan difíciles son de conseguir y sus cerraduras tan trabajosas de ser abiertas, venzamos los temores que nos acongojan y penetrando en ellas, avancemos por estos mundos tan inexplorados, encomendémonos a nuestra dama como caballeros andantes para salir airosos de tanta aventura…

(Si alguien se siente con ánimo, tras esta “Introducción”, de continuar leyendo el manual de “Taller de escritura”, que me lo haga saber, para continuar escribiéndolo).



Antonio Envid



miércoles, 5 de junio de 2013

OTRO DESPERTAR (Baraque)


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Otro despertar

me asomo a la mañana
inspiro
puedo olerlo
aire puro, sano, limpio
olor a vida tal como es
sin complicaciones, sencilla
huelo a lo que en una mala noche
estuve a punto de renunciar
Aún nada entorpece
olor a café
y sigue la sensación
Suena una alarma
empieza el día
ahora si empieza...
Un día más
Un día menos

Baraque


martes, 4 de junio de 2013

LOS ÁNGELES DE GOYA (Antonio Envid)

  


A la ermita de San Antonio de la Florida hay que ir dando un paseo, bajar con recogimiento por la cuesta de San Vicente y con ánimo peregrino continuar por el Paseo de la Florida, preparándose para irrumpir en un espacio sagrado. No precisamente religioso, si por religioso entendemos un lugar donde se residencia el símbolo de un santo o de la propia divinidad, o si pensamos en la cualidad que se atribuye a la adoración popular hacia ese símbolo y que a menudo se despacha con un rezo de corrido para cumplir. No, no me refiero a ese sentimiento religioso, sino, precisamente, a la veneración o reverencia que nos inspira determinadas cosas o personas que las convierte en sagradas.

Lo que queda del cuerpo de nuestro más universal pintor, tan asendereado en vida como llevado y traído tras su muerte, descansa al fin en uno de las tumbas más hermosas que pueda haber. En la humilde ermita, rodeado de los hermosos frescos que el mismo pintó, sin sospechar que lo acompañarían en un largo tránsito, esperan la resurrección los restos de Goya.
Del variado mundo que en las paredes y bóveda de la ermita representó el pintor, yo, cuando puedo ir, que son pocas veces, me quedo embelesado contemplando los femeninos ángeles con que adornó las jambas y el ábside. Esas muchachas madrileñas con alas, que el pincel de Goya vistió con delicadas sedas de suaves colores, para gloria suya y nuestra, esas aladas jóvenes de gentil cuerpo e inocente mirada pero dotadas de una especial sensualidad, carnal y espiritual a la vez, femenina y divina, me suscitan un gran sentimiento de latría, pero también  un fuerte deseo de ser acariciado por tan celestiales manos, o sea, una sensación de voluptuosidad difícil de expresar.
He dicho lo que nos queda del cuerpo de Goya, un montón de huesos, por los varios traslados que ha sufrido, y aún esto mezclados con los de su consuegro, pero, como se sabe, su cabeza no está, ni se conoce donde pueda parar, de modo que el pobre Goya deambulará palpando las celestiales carnes de sus ángeles doncellas, sin poder oler sus fragantes cuerpos, ni mucho menos besar sus sensuales labios, ni percibir los dorados y plateados destellos de sus  sedas. Toda una tortura, bien mirado, para quien tanto veneró la belleza femenina 
Cada uno tendrá el cielo que se merece y el de Goya no puede ser otro que una celeste pradera de San Isidro concurrida por el pueblo madrileño representado en la bóveda de la ermita. Por ella paseará, recobrada su cabeza, requebrando a las bellas y alegres mozas y bromeando con los paisanos y, sobre todo, rodeado de una corte de garbosas ángeles-doncellas llenándolo de atenciones y mimos. Si es necesario me vestiré de chispero, aunque muestre desgarbada figura, sobornaré al portero, si es preciso, pero yo me tengo que colar en ese paraíso. Es la única eternidad que me parece deseable.


Antonio Envid 
  

lunes, 3 de junio de 2013

NENA, LEVANTA (Juan Serrano)




Que temprano esta mañana
la luna se ha despertado,
la levantó de la cama
la noche con desenfado:

Salta, niña dormilona,
que los hombres del planeta
necesitan de una dona
alegre, sana y coqueta

para arreglar un problema
costoso de remediar:
es tanta su grande flema
que ya no pueden amar.

Así que, nena, levanta,
aprisa, corre sin falta,
que los blancores de alba
se apagan, ¡Ay, Dios nos valga!


Juan Serrano
de su Blog: Blao
25 enero, 2013



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