miércoles, 8 de abril de 2020

FALLECIÓ EL EMINENTE CIENTÍFICO CHARLES W. SANDERS, CÉLEBRE AUTOR DE 'MAN IN WALK' (Servando Gotor)


Es lo mismo que cuando uno camina: se alza el punto de gravedad, se le empuja hacia adelante y se le deja caer; pero basta un cambio pequeño, un leve temor o simplemente admiración ante aquel dejarse-caer-en-el-futuro, y uno ya no puede sostenerse más en pie. Es mejor no pensar en ello.

El hombre sin atributos, I.2,34

(R. Musil, 1930)


MEZALOCHA.- El ponderado profesor Charles W. Sanders (1898, Cambridge, Massachussets – 2009, Mezalocha, España) falleció ayer en su casa de Mezalocha por muerte natural, dada su avanzadísima edad. Charles W. Sanders, cuya compleja figura y pensamiento de extraordinaria riqueza y profundidad son todavía poco conocidos en España, dedicó gran parte de su dilatada carrera al estudio e investigación de los movimientos deambulatorios del ser humano. La mayor parte del resultado de su vastas investigaciones quedaron recogidas en los treinta volúmenes que componen su desconocida obra Man in walk (Braga, Portugal 1950). En septiembre de 1938, cuando apenas contaba cuarenta años de edad consiguió una beca de investigación en el United Coast and Goedetic Survey de los Estados Unidos, labor que se dilataría durante treinta años en que, a volumen por curso, consiguió desarrollar y concluir sus extensos trabajos sobre la deambulación humana. En enero del año 1968 abandonó el United Coast como consecuencia de ser expulsado a raíz de la resolución recaída en un expediente que se le incoó acusado de mantener relaciones lésbicas con una joven estudiante de 16 años, Norma Rorty, sin el consentimiento de la amante de esta, la eminente profesora Hilary Houser, instructora por lo demás del referido expediente disciplinario. El Consejo Rector del United Coast, parece ser que aprovechó la tesitura para apartarlo del centro porque llevaba más de veinte años pervirtiendo a los estudiantes y escandalizando al claustro con las exhibiciones impúdicas que acostumbraba a realizar tanto en las aulas como en las salas de profesores.

En todo caso la aportación de Charles W. Sanders a la comunidad científica queda reflejada en la reseñada obra 'Man in wolk', que constituye toda ella el intento de lograr una aproximación a la definición del deambular humano, llegando en la última página del volumen XXX a la siguiente propuesta:

La deambulación del ser humano puede describirse como aquel acto reiterado, voluntario o involuntario, mediante el cual el hombre, en su condición de bípedo, consigue desplazarse venciendo el cuerpo normalmente hacia el frente y evitando su desplome mediante el avance más o menos rápido de una de las dos extremidades inferiores.

En definitiva, Sanders, sostuvo que el andar del ser humano viene a ser un constante dejarse caer, normalmente hacia el frente, evitando el desplome en el último segundo, al adelantar uno de los dos pies hacia adelante. Esto, lógicamente, cuando nos referimos a la deambulación normal, es decir, la que se realiza hacia el frente. El resto de desplazamientos, marcha atrás o laterales, merecen consideración aparte.

Dicha fórmula fue muy discutida en los ambientes académicos provocando fervientes polémicas, lo que obligó al doctor Charles W. Sanders a dedicar el resto de su vida a la defensa de sus formulaciones, empeño que ejecutó con profundo ardor y maestría. Y en ese contexto es famosa la intervención que tuvo en el Grand Tehatre Circo de Berlín en el otoño de 1974 contra la tesis del doctor John T. Perelman de la Universidad de Yale, que –allí presente- decía echar en falta en la definición propuesta por Sanders toda referencia al movimiento de flexión, siquiera sea leve, realizado por la pierna de apoyo; movimiento –argüía el oponente– decisivo para la dinámica del avance. Es lo que denominó: el mínimo efecto de muelle o lanzadera. Para demostrar la refutación, Perelman, se puso en pie y realizó in situ ante los insignes asistentes varias demostraciones de las que se infería con absoluta claridad –siempre según Perelman–la necesidad de una mínima flexión de la pierna de apoyo para el éxito del avance, y lo llevó a cabo con tal pasión que por cinco veces se dejó caer contra la tarima al intentar avanzar eludiendo la flexión. ¿Lo ven ustedes?, dijo Perelman con la nariz aplastada y un enorme moratón en la frente, ¿lo ven? Sin el efecto de muelle o lanzadera resulta imposible avanzar y el cuerpo se desploma. Muy indignado, Sanders, se levantó y demostró que no era necesario movimiento de flexión alguno antes de producirse el desplazamiento, ni siquiera en lo que él denominaba paso inicial desplazatorio ni en los sucesivos. Mantuvo, no sin cierta sorna, que en su condición de bípedo al ser humano le basta lo que señalaba su definición: vencer el cuerpo hacia el frente o, lo que es lo mismo –matizó-: una mera inclinación hacia el vacío. Representó varios ejemplos, y se hizo acreedor, también, de varios aplausos y contusiones.

La polémica, en todo caso, estaba servida. La división de la comunidad científica a partir de tan ardua disputa era también un hecho. Sanders y Perelman continuaron enfrentados hasta el momento mismo de la muerte del segundo, acaecida en 1982. Pero ya desde 1979 ambos habían tenido que continuar sus disputas públicas sin poder mostrar los ejemplos tan gráficos de la primera al acabar ambos en silla de ruedas a consecuencia precisamente de dichas demostraciones. Con su muerte, la escuela de Perelman se vino abajo y, definitivamente, Charles W. Sanders, al frente de la suya, cada vez más sólida, logró imponer su definición, hoy día universalmente aceptada si bien con algunos matices, nunca rectificaciones, en los que parte de la comunidad científica quiere ver, al menos, una influencia del legado de Perelman. En particular los que concretan que la inclinación o vencimiento del cuerpo más que hacia un frente debe hacerse extensiva hacia cualquier espacio que rodea al ser humano, incluída la cenital o vertical en su doble modalidad de picado (descendente) o contrapicado (ascendente), siendo la inclinación más común, eso sí, la frontal.

Ahora, muchos discípulos de Sanders realizan periplos académicos por los foros científicos de mayor prestigio mundial mostrando la deambulación frontal, la deambulación marcha atrás , la deambulación vertical y las diversas modalidades de deambulación lateral. Estas últimas son las que más agradece el gran público que, cada día con mayor fervor, abarrota los teatros en que se representan.

Guste o no guste, debe reconocerse que la formulación de Charles W. Sanders es, en definitiva, la que ha acabado por imponerse y no sólo en los medios científicos, ya que el público en general la tiene asumida y por eso no es extraño hoy día, en cualquier parque norteamericano, ver a los niños imitando los movimientos y caídas que hicieron famoso a Charles W. Sanders e, incluso, al propio John T. Perelman.

En todo caso, hoy, la comunidad científica y la opinión pública en general, desconociendo que ya R. Musil se había adelantado a W. Sanders en su obra inacabada 'El hombre sin atributos' (1933), está profundamente conmovida por la desaparición de Charles W. Sanders y hondamente estupefacta porque la muerte le sorprendiera en la simpática población zaragozana de Mezalocha. Qué hacía allí no se sabe muy bien, aunque todo apunta a que tras su retiro en Sevilla (España) con su joven y hermosa esposa Lucía W., de los W. de Massachusetts, harto de que todo el mundo hiciera chistes sosos (“anda, Lucía”, se ve que le decían), no encontró mejor lugar donde esconderse que en esa pequeña y pacífica localidad aragonesa donde, se dice, Charles W. Sanders, habría cambiado totalmente su famosa tesis en el último momento, alertado por los vecinos del bamboleo de glúteos que producía su joven esposa al andar en el que, hasta entonces, no había reparado. Y mejor así porque también se dice que ello apresuró su muerte. Pero eso es algo que no está escrito y, por tanto, jamás rebasará los límites del mero bulo. Mas para bulo imponente el de Lucía quien, afincada en una hermosa isla en las Antillas desde hace unas semanas en que abandonó a su muribundo esposo, sostiene ardientes y erectos cenáculos sobre el dulce pero sincopado andar de los caribes pretextando seguir los pasos de su malogrado esposo, sólo que con un movimiento de glúteos, según el imponente bulo, hasta ahora inexistente. Descanse en paz.

de ESPLÍN
50 textos contra 
las umbrías tardes de confinamiento


sábado, 4 de abril de 2020

BRUTO Y JULIO CÉSAR. SOCIEDAD E INDIVIDUO (Antonio Envid)



BRUTO. Altes Museum. Berlín (Fotografía: sgs)

Tal como Descartes, “me encontraba por entonces en Alemania donde me había embarcado en una guerra que aún no han terminado… retenido por el comienzo del invierno y no encontrando conversación alguna que me distrajese, permanecía todo el día encerrado solo junto a una estufa”; pues algo así me ocurre, retenido a principios de la primavera por una guerra contra un invisible enemigo, un virus que campea invencible por todo el país, encerrado en mi cuarto, sin encontrar conversación que me distraiga, también yo, como el filósofo francés, me entrego a mis pensamientos. Pero no teniendo el talento de Descartes para crear otro “método”, y no siendo filósofo para elaborar profundas teorías, y dado que mis pensamientos no siempre son agradables, me dedico a lo que los franceses llaman flâner, o sea que dejo deambular mis pensamientos por territorios ajenos a mi realidad.
Hoy me apetece hablar del Julio César de Shakespeare. No del césar romano, sino precisamente del César personaje. Las reflexiones de un mero espectador que una vez disfrutó de su representación.
Ante todo, hay que destacar que la tragedia de Shakespeare sigue siendo una obra moderna sin haber perdido ni un ápice de interés a pesar de los más de cuatro siglos que carga a sus espaldas. La discusión entre la libertad y la tiranía están en el candelero, nunca mejor dicho, tanto ahora como entonces.
Curiosamente, esto ya lo señalaron los críticos casi desde el principio, Julio César no es el protagonista de la obra. Aunque su presencia planea constantemente sobre la representación, creo que son tres breves escenas en las que sale, el verdadero protagonista es Bruto, con sus contradicciones y sus dudas; muy shakesperiano, por cierto.
Shakespeare sigue libremente el texto de Plutarco, pero yo no veo en el viejo escritor romano la exaltación de la libertad contra la tiranía, que encuentro en la obra del inglés. Plutarco afirma que en un primer momento el populacho huyó de la escena del crimen y se refugió en sus casas, y que al día siguiente escuchó a Bruto y los demás conjurados sin mostrar ni aprobación ni reprobación por el crimen, y con posterioridad, con ocasión de las exequias de César, el pueblo se amotinó contra los conjurados. Creo que el mito, convertido hoy en paradigma, de que Bruto y sus cómplices, perpetrando su tiranicidio, se convertían en adalides de la libertad del individuo, sufriendo martirio por ello, ha sido una creación del afamado dramaturgo.
Es cierto que la obra es sutil y juega con la ambigüedad. No se sabe si la derrota y posterior suicidio de los conjurados es un acto de expiación del pecado cometido o una consecuencia del desarrollo de los acontecimientos. La ciudadanía, en favor de la cual pretendidamente se ha cometido el tiranicidio, en un principio tanto aclama a Bruto en su discurso como a Marco Antonio por su elocuente discurso defendiendo al césar asesinado; luego el pueblo permanece ausente de la obra. Pero tengamos en cuenta que la tragedia se estrena bajo el reinado de la reina Isabel I, que era de armas tomar, Marlowe murió acuchillado en oscuras circunstancias, una riña con elementos del espionaje real, y la obra podía entenderse como una incitación al regicidio. El padre de la reina, Eduardo VIII, había dominado a la levantisca nobleza inglesa, incluso había eliminado la influencia del papado, consagrándose como cabeza de la Iglesia anglicana. La hija continuó esta política con mano de hierro, pero los nobles y pueblo católico conspiraban para volver a la vieja religión. Shakespeare debía nadar y guardar la ropa, pero gracias a su creación César quedará como el abolidor de la franqueza y libertad del ciudadano romano durante la república y el tirano que trajo el absolutismo del imperio, y Bruto, Casio y Lépido como los mártires de la democracia, quienes querían devolver al pueblo las libertades republicanas.
Quien esté algo versado sobre la verdadera historia me reprochará que los hechos no fueron así, que el pueblo estaba muy satisfecho con el cesarismo de Julio César, que había devuelto la paz y la prosperidad al imperio, y por eso no prestaron apoyo a los conjurados, que fueron derrotados y muertos. De acuerdo, pero yo cuento lo que he visto en la representación teatral, incluso acepto que otros espectadores saquen conclusiones distintas a las mías.
A pesar del control que la corona ejercería sobre algo tan popular como era el teatro en aquel tiempo, todas las obras de Shakespeare de asunto histórico tratan de regicidios, usurpaciones, intrigas palaciegas. Incluso Hamlet, que es mera ficción, trata de eso. La vulnerabilidad de la corona debía de respirarse en el ambiente.
Al hilo de lo que nos cuenta Plutarco, también hoy el concepto de libertad individual está en decadencia. Nada más hay que mirar como languidecen las democracias occidentales, la crisis política permanente de Italia, la extraña combinación que sustenta el poder en España, un partido tradicionalmente de izquierda moderada, el PSOE, coaligado con un partido de izquierda radical con dejes ácratas, PODEMOS, y sustentado por partidos separatistas poco respetuosos con el Estado y la Constitución, las derivas populistas de gran parte de los países europeos, un régimen dictatorial en Rusia, y el sucesivo descuelgue de la democracia material de algunos países sudamericanos, dejando para el final esa extraña dictadura, marxista en lo político y una mezcla de economía dirigida y capitalismo salvaje en lo económico, que es China.
José Antonio Marina analizaba en un artículo aparecido en El Mundo (22.11.2019) el aprecio actual por la libertad individual, para concluir que la población parece preferir una modesta prosperidad material a la libertad; es muy apetecible un sistema paternalista, que decidan arriba si me cubren mis necesidades a un nivel aceptable, y el sistema no es muy ineficiente. El conocido filósofo basa su apreciación en tres bases:
La tecnología actual, y especialmente la Red, que considera que es un gigantesco modificador (modelador, diría yo) de conductas.
En segundo lugar, la crisis de la democracia liberal, que confunde el liberalismo económico con el liberalismo intelectual, que incluso vería con buenos ojos una dictadura política con un sistema económico liberal, citando el pensamiento de Xavier Sala, “la falta de libertad política no es mala para el crecimiento económico. La democracia es un bien de lujo.” Añado, el paradigma de esta tendencia sería la llamada escuela de Chicago. No hay que olvidar la influencia de Milton Friedman, padre de la escuela, en las políticas económicas de la dictadura de Pinochet en Chile.
La tercera pata para Marina, sería el modelo chino, que según este pensador se ha alejado de Marx y se ha acercado a Confucio y piensa que la obsesión por la libertad ha sido una equivocación de la sociedad occidental, que propugna una cierta prosperidad, pero con la armonía, la unidad y la comunidad compartida como valores fundamentales.
Yo soy muy pesimista en cuanto a que ese modelo que surge en Grecia y que ha impregnado desde entonces todo el devenir de la cultura europea, creando un mundo de individuos libres donde el hombre es la medida de todo, pueda resistir a la bomba de la masificación del planeta. Se impondrá la sociedad sobre el individuo. Se salvará la especie y sucumbirá la persona.



jueves, 26 de marzo de 2020

EL BECARIO (UNA FÁBULA POLÍTICA) - Don Cleofás



Monumento a las Cortes de Cádiz. Detalle.
(Modesto López Otero y Aniceto Marinas,1912)
Fotografía: SGS


Juan había emprendido con entusiasmo el encargo del ayuntamiento de su ciudad de catalogar la biblioteca de un ilustre prócer, que yacía en los sótanos de la casa consistorial desde que los últimos herederos no sabiendo que hacer con ella, el libro viejo ha perdido mucho valor en el mercado a no ser ejemplares escogidos, decidieron donarla al consistorio. El importe de la beca no era mucho, aunque no le irían mal unos dinerillos, pero lo importante es que se trataba de su primer trabajo tras su graduación en Historia, una forma de iniciar currículo para ir abriéndose paso en el difícil mundo de su profesión, y ¿quién sabe? podría encontrar alguna rara obra sobre la que realizar algún estudio. Sin embargo, hoy se le ve inquieto, mirando el reloj constantemente, como si la jornada se le hiciera pesada y tuviera deseos de que llegara la hora de dar de mano. Mientras, cataloga unos volúmenes impresos en el siglo diecinueve, que no parecen tener más valor que el de sus bellas encuadernaciones en piel. 

Terminada por fin la jornada, desperezándose ligeramente, coge su abrigo y bufanda y abandona el trabajo con premura. Espera impaciente el autobús que lo llevará a casa. Se despoja rápidamente de las prendas de abrigo y se arroja literalmente sobre su mesa de trabajo en el pequeño estudio. Allí, entre algunos diccionarios y algún otro libro, se encuentra un mazo de fotocopias sobre las que trabaja. Ahora descubrimos su impaciencia por terminar la jornada laboral, no se debía, como alguno pueda pensar, por la cita con alguna chica, o por haber quedado con los amigos para tomar unas cervezas, ni por haber perdido el entusiasmo inicial por su trabajo, sino para enfrascarse en el desciframiento de esas fotocopias. Resulta que lo improbable ha ocurrido y entre los volúmenes de la biblioteca ha descubierto un viejo manuscrito que parece interesante. Sacó fotocopias de él y las tiene en casa para su examen. Nadie había reparado en el original hasta ahora, por lo visto. No es extraño, los libros se encontraban almacenados en el sótano del ayuntamiento desde que la nieta del antiguo propietario falleciera y sus herederos realizaran la donación, una encantadora viejecita no muy leída, pero sí pagada de ser la descendiente del insigne filólogo, aunque la gente le hiciera repetir el nombre antes de exclamar ¡Ah, ese ilustre conciudadano nuestro!, más por cortesía que por saber a quién se refería. La anciana se había erigido en guardiana y conservadora de la residencia y enseres de su sabio abuelo, y a su muerte sus herederos se precipitaron a vender lo que tuviera algún valor y a deshacerse de tanto cachivache. 

El manuscrito en cuestión recoge una colección de leyendas y cuentos tradicionales, es difícil de fechar y está escrito en una lengua antigua, aunque Juan no es filólogo, sabe que no es castellano medieval, ni tampoco catalán, una lengua intermedia, tal vez un viejo dialecto aragonés. Juan tiene alguna dificultad en su lectura y tiene que echar mano de un par de diccionarios lexicográficos. Tras un primer examen le llama la atención un cuento que parece una primitiva versión del conocido “La bella durmiente”, pero difiere bastante de la redacción de Perrault, y aun más de la de los hermanos Grimm. Esto promete, quizá haya tenido la suerte del principiante y pueda dar al público una versión patria anterior y desconocida hasta la fecha de estos cuentos tradicionales. 

El sentido de la narración ya lo conoce, aunque su traducción le llevará algún tiempo y seguramente tendrá que consultar a algún experto, él no es filólogo, es historiador. El cuento se presenta aquí de modo distinto al popularizado, la princesa y todo el pueblo se sumergen en un profundo sueño, pero en la corte no todo el mundo duerme, el rey permanece despierto y hay una siniestra camarilla que tampoco se ha sumido en el sopor. 

Mientras el pueblo permanece recogido y traspuesto en sus casas, los cortesanos intrigan y maquinan activamente. Constituyen un tribunal ante el que llevan al rey acusándolo de ser el causante de la calamidad que aflige al país. Lo juzgan sumariamente deponiéndolo y condenándolo al exilio. No pudiendo reunirse el parlamento de la nación, por falta de miembros, que dormitan plácidamente, modifican la constitución, derogan leyes, aprueban otras, trasforman el país en una república, nombran un presidente vitalicio y un gobierno republicano, modifican las leyes electorales que les asegurarán un futuro con escasa competencia, destruyen los símbolos de la vieja monarquía y los sustituyen por emblemas cívicos, cambian himno, banderas y escudos. Cuando el pueblo despierta ve cómo sus tradicionales derechos y libertades ciudadanos han quedado suprimidos, como ya no les rige una monarca sino un presidente de la república, y como todos los puestos públicos han sido ocupados por la camarilla que ha permanecido despierta, sus parientes y adictos. 

Al día siguiente, pasada la fiebre del descubridor de la pepita de oro, Juan reflexiona sobre lo extraño del caso. ¿Y si se tratara de una mixtificación? un manuscrito dejado con intención por alguien. ¿Y cuál sería esa intención? una burla para dejarlo en ridículo. Pero también podría estar ante un fenómeno más sofisticado, que el autor del apócrifo hubiera buscado este medio para dar a conocer la fábula, que se le diera publicidad como un importante descubrimiento, y de esa manera advertir a la población sobre algún peligro que se cerniera sobre ella.



sábado, 22 de febrero de 2020

LAS BUENAS GENTES (Don Cleofás)



Pericles (foto: sgs)


España está llena de buenas gentes. Personas que respetan las normas y las leyes, no por miedo al castigo si las infringen, sino porque consideran que las leyes son justas, son buenas para todos, hay que observarlas. Son gentes que acuden todos los días a sus trabajos y ocupaciones y tratan de desarrollarlos de la mejor manera que saben, no para recibir ningún premio o distinción, sino por ser su obligación. Gentes que respetan la autoridad. Las autoridades velan precisamente para que se cumplan las normas, están al servicio de todos. Gentes que sienten un gran respeto por quien ostenta la autoridad. No solo se le respeta, sino que un simple apretón de manos por parte de un político supone una deferencia hacia ellos, simples plebeyos. Cuando llega uno de estos regidores, van corriendo a vitorearlo, a aplaudirlo y si consiguen hacerse con él una foto, levitan de gozo. Estos ciudadanos ven normal que quienes se ocupan de lo público gocen de numerosos privilegios y preferencias. Son gentes que ven y escuchan la televisión y la radio públicas y se sienten incapaces de pensar que quienes le están informando lo hagan torticeramente, sesgadamente, faltando a la verdad. Gentes que piensan que los cargos institucionales están ocupados por personas bien preparadas, dispuestas a resolver los problemas de los ciudadanos, que su principal prioridad es anticiparse, incluso, a cualquier emergencia, desarrollando planes para acometerla.
Las buenas gentes son muy nocivas para la sociedad, son las que permiten que prosperen los logreros, los que se aprovechan de sus cargos para sus propios intereses, los que retuercen las leyes o las hacen a su gusto, los que disfrutan los bienes públicos convirtiéndolos en sus bienes exclusivos.


jueves, 20 de febrero de 2020

DE CALENDARIO, o Amor en el Parque Grande (Servando Gotor)

WIFRIED FITZENREITERI: Tres muchachas y un chico - Berlín (Foto sgs)



La Charito Rosales es buena chica, no se merece que la tratemos mal ni que murmuremos ni la insultemos, a media noche te lleva al parque grande y a la luz de la luna descubre orgullosa su desnudez, sus buenos pechos de chica playboy, sus caderas a juego y, bajo el ombliguito, su conejito peluche; también te hace posturas estirando los brazos hacia el cielo para que las tetas, sin perder su voluminosa redondez, aparezcan más firmes y puntiagudas, ladea la cadera en escorzo hacia ti y luego te empuja al suelo hasta que te caes largo, se te sube encima y cabalga y cabalga, primero al trote, un trote suave, luego una locura y al final un galope ligero como volando dulcemente por el cielo. Si vas con la Charito Rosales al parque, si ella te lleva al anochecer, no hace falta ni que vayas preparado porque tiene condones en el bolso que para eso se los quita a su madre de la mesilla, porque sabe que no lleva la cuenta. La Charito Rosales sueña con ser algún día modelo de calendario, así, ¿eh? ¿te gusta? ¿a que no tengo nada que envidiarlas?, no Charito más quisieran, tú estas mejor, mucho mejor, dónde va a parar pero sigue por favor sigue, no te pares; los camioneros llevan calendarios para masturbarse, claro son muchas horas solos, de viaje, sí Charito, sí, los calendarios llevan camioneros para masturbarse pero no pares, por lo que más quieras. Charito Rosales quiere salir en los masturbos que llevan los calendarios para camionarse para que se miren masturbándole a ella, y no sólo los camioneros, le gustaría que todos los hombres del mundo se calendaran camionándola así con los brazos en alto y la cadera avanzando en escorzo. Charito Rosales va a la Kühnel dos veces por semana para aprender francés pero no le gusta y como a su madre le da lo mismo, que la manda para tenerla ocupada, Charito Rosales pasa del francés, de su madre y de que la suspendan, ella sólo sueña con ser modelo de calendario o, mejor aún, con llegar a ser algún día playmate. A Charito Rosales no le gusta estudiar, ni ser dependienta, ni siquiera de Galerías Preciados ni de una boutique del Coso o de la calle Alfonso.


La ciudad sin faro, pág. 222


miércoles, 5 de febrero de 2020

AD ETERNUM - Microrrelato (Antonio Envid)


Afrodita. Museo Nacional de Atenas (sgs)


Como es archisabido, Juan Rulfo se ha convertido en un clásico de las letras españolas por haber publicado una novela corta, “El llano en llamas”, y unos cuentos. Augusto Monterroso es mundialmente conocido por su microrrelato del dinosaurio. A Pepín Bello, ni siquiera se le atribuye nada de especial interés, recibió la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes, solo por haberse codeado en la Residencia de Estudiantes con sus amigos Dalí, García Lorca, Buñuel, y haberse corrido más de una juerga con ellos. De modo que, como yo no he alcanzado especial mérito por toda una vida de trabajo, voy a probar suerte con la pereza. He ahí mi obra literaria:


De pronto, el reloj de la funeraria quedó parado.




martes, 3 de diciembre de 2019

CÓMO CONTRIBUYE EL PEDO AL CAMBIO CLIMÁTICO (don Cleofás)




La población del planeta actualmente estará sobre los siete mil millones de personas. Como consecuencia de los procesos digestivos, cada uno de nosotros emitimos de media unos 600 ml. de gas por persona. La composición química de estos gases es compleja, pero predominan en ellos el dióxido de carbono y el metano, ambos causantes del efecto invernadero. De modo que 600 ml x 7.000 millones es igual a 4.200.000 litros de gases contaminantes lanzados a la atmósfera diariamente. Eso sin contar con el dióxido de carbono que emitimos por la respiración. Aparece claro por qué el peo (tal como lo recoge el diccionario de la R.A.E.), flato, ventosidad, o más coloquialmente, pedo, es un término tabú en nuestra civilización occidental, por su peligrosidad para el género humano. Se trata por todos los medios de ignorar el peligro.
A pesar de ser púdicamente ocultado, existe un principio universal: cada uno se solaza de los suyos y abomina de los de los demás; por otra parte, este fenómeno neumático ha dado lugar a sustanciosas anécdotas. Aquí algunas:
Mozart escribía frecuentemente a su prima Maria Anna Thekla. Ambos eran jóvenes de parecida edad y se expresaban con la total libertad que les proporcionaba su parentesco. Mientras Mozart le escribe una de sus cartas, expele uno de estos vientos, que suelen huir de nuestro cuerpo con alguna alegría. Sin embargo, Mozart, genio y figura…, expresa a su prima su sensación así: “¡qué nota tan larga y tan triste!”
La reina Victoria de Inglaterra, ya anciana, en una audiencia, perdido ya, por razones de edad, el perfecto control de su cuerpo, deja escapar un pedo. El embajador francés haciendo gala de unos extraordinarios reflejos, envuelto entre los regios gases y poniendo cara de circunstancias, exclama ¡Pardon! Cuando por segunda vez se pronuncia la popa real, suenan otra vez los “mille pardons”. Cuando, por tercera vez se pronuncia el regio trasero, el embajador alemán adelantándose a todos los presentes, manifiesta, “¡Majestad! ¡En nombre del gran Imperio alemán asumo este pedo y los cinco siguientes!”.
Cuenta Péter Esterházy que el hijo, un niño, de un antepasado suyo, con ocasión de agradecer junto a su padre el nombramiento de teniente de la guarda imperial, al arrodillarse ante Catalina II dejó escapar una ventosidad. La emperatriz murmuró: ¡Por fin, señores, una palabra honesta!

Don Cleofás


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