sábado, 13 de julio de 2013

EXILÉ SUR LE SOL (Juan Serrano)



Estar en el momento oportuno y en el sitio justo no siempre es decisión personal. De ahí que la celebridad y la dicha sean prerrogativas que sólo los hados -léase Economy Global- conceden a sus predestinados. Y es que a veces el destino, la ocasión, la presión social, la propia divagación y extrañamiento, o la coacción de otros hacen que uno se sienta mal o boca abajo, no importa dónde ni bajo qué mínimos. Siempre en el sitio equivocado.

Y me dijiste eres raro, culo de mal asiento. Y me acordé de aquella vez que siendo niño, en clase, mi compañero de pupitre y yo nos aburríamos como hormigas sin granero, como acequia sin agua. Y nos pusimos a ver quien de los dos conseguía posar el lápiz de punta, sin que se cayera. Y ni siquiera una vez pude mantener vertical el lapicero sobre la mesa. Luego el maestro nos sorprendió en práctica educativa tan habilidosa como excelente. Y nos expulsó del aula. A clase se viene a aprender. Y desde entonces soy esa puta herramienta ignorante que va de aquí para allá, no sólo sin poder escribir lo que quiero, sino sin soporte, tableta o encerado donde hacerlo. Siempre expulsado en ese pasillo, tierra de tránsito, lugar de nadie. Soy ese pobre pájaro azotado por el viento sin poder degustar nunca las uvas de las parras de Corinto.

El GPS de este sistema eurocapitalista señala mi posición en otra parte. Y ni siquiera en otra parte, que siempre me localiza donde no me encuentro. Soy como la orilla del centro, centro descentrado, margen sin margen, ilimitado límite. Soy deslocalización y deseo innombrable. Y así como Ulises desubicado, retrasaba su llegada a Itaca, porque no quería encontrarse de nuevo consigo mismo, ni tampoco reunirse con su aburrida y repetida Penélope, yo también, anónimo sin nombre, voy de aquí para allá extraviado, dividido, sin sentirme nunca en mi rincón preferido. 

Y me dijiste ¿cuál es tu lugar preferido? Y me quedé sin saber. Nunca nadie hasta ahora me había preguntado tal cosa. Será por eso que ando siempre cabeza abajo, de malhumor, desequilibrado y perdido.

Y me acordé también de aquel poema Me equivoqué de mi, que de mayor yo mismo compondría a la sombra de una iglesia. ¿Fue en un templo, o amparado bajo las siglas de cualquier partido? No me acuerdo. Pero para el caso, es lo mismo.

Y después, (hoy), ya no me siento equivocado. Soy la equivocación misma. Un pequeño lapicero incapaz de ponerse de pie. O mejor que lo diga con su habitual melancolía el autor de Les fleurs du mal:

Le Poète est semblable au prince des nuées
Qui hante la tempête et se rit de l'archer;
Exilé sur le sol au milieu des huées,
Ses ailes de géant l'empêchent de marcher.

(L'Albatros. Baudelaire)


Juan Serrano
de su blog: Blao
27 junio, 2013




jueves, 11 de julio de 2013

LA BOTA (Ángel Ferrer)



                                        Una    bota                                            
                                        agigantada
                                        aplastando
                                        todo    lo    que    crece
                                        antes       de     alcanzar
                                        tamaño    considerable
                                              hasta que
                                              se     es
                                              piedra


y                                                                                                      e
    u                                                                                              b
       n                                                                                        i
          a                                                                                 c
              s                                                                         e
                   o                                                                r
                         n                                                   e
                                 r                                    t
                                          i         s        a  



(Ángel Ferrer)

miércoles, 10 de julio de 2013

PÍNTAME ANGELITOS BISOJOS (Antonio Envid)





Que también se van al cielo todos los bizquitos buenos. Toda la crueldad en la que a veces se resuelve la vida se encuentra en esta fotografía. Uno de los días más felices de esta niña que se nos muestra revestida de pureza, una virgencita aldeana, ese rito de paso que representa la primera comunión, que la llevará a la adolescencia dejando atrás la despreocupada niñez, y en el que se une el júbilo que proporciona el fervor religioso de los humildes, momento grato para ella y su familia íntima, se encuentra oscurecido por el defecto físico de la niña. Precisamente en ese glorioso día para muchos infantes, todavía se haría más patente toda la amargura del rechazo social al defectuoso, todo el desprecio que sospechamos que esa niña estaría soportando y, señaladamente, los insultos y pullas de sus compañeros, con esa maldad irresponsable de la infancia, que la hace más brutal. Todo por un pequeño defecto que la hace aparecer imperfecta, cebándose en ella, débil y vulnerable, esa ley eterna de la eliminación o, al menos, el aislamiento, que practica la naturaleza con el diferente, el mutante.

Sin embargo, otra vez, la caprichosa realidad se burla de nosotros desmintiendo las apariencias, pues en este caso, afortunadamente, no solo contamos con una muda instantánea, sino que conocemos la historia, la cuenta el propio fotógrafo, Ricard Terré, al que ya conocemos. La realidad se complace, ahora, en relatarnos un cuento blanco para niños ingenuos. Escuchemos: nos dice Terré que una vez tirada la placa, estuvo tentado de destruirla, pero pensó: en realidad se trata de un angelito, no es una crueldad lo que representa, sino un motivo de alegría. Tiempo más tarde, contemplando la foto un cirujano le corroboró su pensamiento, también él cría que se traba de la imagen de un ángel y le dijo que si hallaba a la chica, él se comprometía a operarla gratis. Vemos a Terré, como paje de leyenda buscando a la Cenicienta, sacando copias y repartiéndolas en la zona en la que hizo la fotografía, hasta que localizó a la joven, que tras operada con éxito, fue la muchacha feliz que siempre habría tenido que ser. “Colorín, colorau, cuentico contau por la chimenera se va al tejau”, como decían las abuelas.


Antonio Envid




martes, 9 de julio de 2013

MERODEANDO A... LA FAROLA AGONIZANTE (Narciso de Alfonso)


sgs


El fotógrafo de la luz ha instalado una delicada ventana que mira hacia esa farola que agoniza, moribunda, que está entregando su alma escasa que ya es, apenas, como la llama de una vela en medio del viento frío.

Casi no le queda vida ni para vengarse de los colores que tiene más cerca, aunque todavía le hace un anillo de sangre bonita al rojo del anuncio. No sabemos adónde se va la luz cuando se va. También la luz grande, la luz del día, se agota, y la vemos al atardecer anaranjada y violeta porque llega demasiado cansada de luchar contra el espacio y el tiempo.

La farola, que está en las últimas, tiene el pelo escaso, de color hacia rubio apagado o cerveza y más bien tristón, quizá porque está encerrada en esa jaula fea con barrotes negros e innecesariamente gruesos: se trata de un caso claro de maltrato o de abuso de autoridad. Su hermana o amiga está ya apagada, muerta, vacía como un huevo, sin la yema pálida que todavía tiene la que agoniza. 

La farola, con esa luz última, viene a recordarnos con cierta insistencia que la muerte está ahí, sin prisa, dejándola que se consuma, y sabemos que es la misma muerte que nos mira los pies sucios cuando nos descalzamos para dormir, la muerte que está en las cien esquinas con su piedra circular, con su paquete, sembrando sus esporas gruesas, gordas como cerezas del color magullado de los crisantemos, hermosamente fúnebres.

Después de verla y de suponerla, acabaremos indecisos, ambivalentes, deseando, por una parte, que su luz siga alentando como un signo de la vida que no se rinde y, por otra parte, deseando que se acabe cuanto antes, que empiece a oscilar como la llama de la vela, que su luz parpadee con más frecuencia cada vez hasta que sólo quede una cáscara gris, hueca, infinitamente vacía.

Ya nos vamos cansando de acompañarla en su agonía como si fuese la hija de un general, una novia pequeña y enferma que está sola en el mundo y que no entendemos por qué, para qué: una existencia que termina antes de empezar, casi inútil, casi sin sentido, casi absurda. 

Por lo menos, el poeta dijo -con definitiva precisión- que el farol calvo le quita las medias negras a la noche.



Narciso de Alfonso
Merodeos, IV




lunes, 8 de julio de 2013

MI PEQUEÑO MUNDO SE DESPEREZA (Baraque)


Baraque


Mi pequeño mundo se despereza
permanecería inmóvil
pero sabe que una vez despierto
será irremediablemente atraído
por el gran imán, por el que manda
por el gran mundo
donde otros pequeños mundos
como él, se atraen, se repelen
se hacen hueco
aquellos para los que alguien
ha decidido que no hay cabida

Mi pequeño mundo se resiste
gira sobre si mismo
haciéndose el remolón
para retrasar el nada apetecible momento

No sirve de nada
llega la hora
su eje, deja de funcionar
ahora es otro eje el que le hace rotar
a su antojo
y mi pequeño mundo
sólo piensa en el momento
en que le dejen parar
y volver, a su añorada soledad


Baraque




domingo, 7 de julio de 2013

ZOON TOPOS (Juan Serrano)





Hasta hoy, muchos son los que han definido el ser humano como algo distinto a lo que todos creemos ser, sin saber de verdad lo que somos. Desde el "logos politikon" de Aristóteles hasta "el yo es otro" de Rimbaud.

Ahora toca decir que la existencia es la estructura fundamental de las cosas. Somos soporte material, cosmogonía física, yacimiento y arqueología. Y si me apuras, conciencia y conocimiento; pero todo ello atado a un lugar. Zoon topos. Somos hasta que existimos. Reductio ad absurdum. Si no estamos, no somos. Y si no, que se lo pregunten a los restos de Atapuerca, o a los turolenses y a su célebre eslogan Teruel existe. El resto sobre la esencia del ser de los mortales: pura elucubración.

Esta mañana he visto nervioso, desubicado al perro de Goya, al semihundido. Como una gallina, iba de aquí para allá, sin saber donde poner el huevo. Y de pronto yo era el mismo perro andariego del pintor, también, culo de mal asiento.

He mirado a mi alrededor. La maceta en el rincón sobre la losa blanca. El piano, al caer de la ventana con su negror de plomo. En la estantería, esposados los libros. El reloj, en la pared, junto al cuadro de los abuelos. Todo en orden. Todo tenía su lugar. Todo era lugar.

Y yo, el único que no estaba a gusto, allí donde estaba. Sin encontrar mi sitio. Y he sentido envidia, mucha envidia de ti al verte, después de un día de duro trabajo, fuera de ti, alienado y perdido, con esas ganas locas de llegar a tu casa, ponerte la bata, quedarte en zapatillas y encontrarte a gusto allí, en tu sillón de orejeras verdes, con sus cojines a cuadro, bien lavados. Y yo ya no sabía, si tú eras el sillón, o el sillón tal vez fuera tu alma a ese lugar cosida.


Juan Serrano
de su blog: Blao
22 octubre, 2012


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