miércoles, 2 de diciembre de 2020

LA BELLEZA ES VERDAD (Servando Gotor)

 

Helena de Esparta. La belleza legendaria.
(Foto: sgs)

Lo diré claramente y de una vez por todas: el verdadero amo del mundo ha sido y es una joven hermosa. Y nuestra eterna y fracasada lucha consiste en atenuar los graves efectos de su eterna y dolorosa ausencia. 
Dicho lo cual, miró el móvil, comprobó la hora y señaló al maître algunas copas vacías. Su mirada perdida acabó por fijarse en el vaso griego que tenía enfrente. Una muchacha desnuda bebía y le miraba insensible. Nada de esto era casual, porque las casualidades no existen ―pensó―. Además, el vaso griego estaba allí por encargo suyo, al igual que los versos de Keats vinculados a dicha imagen: cuando el tiempo nos destruya, tú permanecerás en medio de otro dolor que ya no será el nuestro. 
Y con los ojos humedecidos, imploró: 
―¿Ubi sunt? 
Entonces, como si todo estuviera minuciosamente ensayado, como si de una interpretación dramática se tratara, apareció ella apuntándole con un revólver. Al principio se extrañó. Pero cuando reconoció el colt python su sorpresa se tornó terrorífica. Y no precisamente porque presintiera cabalmente su segura e inmediata muerte. 
Con todo, quiso asegurarse: 
―¿Tú? 
―Sí, yo. 
―Entonces… ¡Hazlo! 
Y ella le disparó a bocajarro sin que nadie pudiéramos evitarlo.




lunes, 23 de noviembre de 2020

LO ÚLTIMO DE ANTONIO ENVID. Un bellísimo canto a la soledad y la España vaciada; y un divertimento que nos lleva por la Italia del siglo XVIII.


"La estación maldita", es un bellísimo canto a la soledad y la España vaciada. Protagonizada por el jefe de una estación sin tráfico ferroviario, por la que pasa el tiempo sin que ocurra nada, salvo la visita de algunos personajes entrañables -que no se sabe muy bien si son reales, o fantasmas forjados por su propia soledad y recuerdos-. "La estación maldita" es, seguramente, la mejor prosa de Antonio Envid, y un texto de una gran altura literaria. "El duque y su máscara", es un divertimento, pleno de humanidad y con un personaje que tiene mucho en común con el jefe de "La estación maldita". Ercole, un noble que hereda sin querer un ducado italiano, se olvida de sus deberes aristocráticos y recorre la Italia del siglo XVIII con una compañía de comediantes, legando sus asuntos nobiliarios, en manos de la familia de comerciantes adinerados de su esposa. Aprovechando la trama, Envid nos esboza un fiel retrato de esa apasionante Europa en la que "todo un mundo antiguo se desvanece poco a poco a pesar de que Italia, sumergida en un profundo sueño, no parezca enterarse", lo que ejecuta con maestría y todo un bagaje de conocimientos de la época que el lector interesado siempre sabrá saborear y agradecer.


 
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martes, 20 de octubre de 2020

"EL COLOR DE LOS DÍAS", último libro de Juan Serrano



Nuevo libro para conocer mejor a Juan Serrano, uno de mis autores favoritos, y del que me honro en haber sido editor de una de sus magníficas obras: Esa sombra no es mía.

Va aquí la interesante reseña editorial:


El color de los días empieza con la muerte del Che y la revuelta del mayo del 68, hasta llegar a la exhumación de los restos de Franco del Valle de los Caídos. (2019). Este libro es una recopilación de viejos escritos reorganizados durante los meses del estado de alarma. Por los principales momentos de la historia de nuestro país, (Dictadura, Clandestinidad, Transición, Democracia...), El color de los días transcurre en forma de diario. Una historia convulsa y, a la vez, rica en cambios y posibilidades para toda una generación de la que he tenido la dicha de formar parte.

Una historia convulsa y, a la vez, rica en cambios y posibilidades para toda una generación de la que he tenido la dicha de formar parte. El color de los días está escrito en forma de diario.

Reconozco que este datar y fechar experiencias y acontecimientos durante tan largo periodo de tiempo ha sido una tarea, no sólo engreída por su osadía, sino ambiciosa, por los muchos años que abarca.

He intentado trascender estas vivencias personales, proyectarlas a un contexto más generalizado, sacarlas de su individualismo, desvestirlas de su fatua vanidad, e intentar hacerlas extensivas a tantos y tantos hombres y mujeres que fueron los verdaderos protagonistas de las conquistas de las libertades.

Sin la lectura de otros, la obra del escritor quedaría inconclusa. Por El color de los días pasan cantidad de amigos, enemigos, instituciones y credos, filósofos, escritores y teólogos, poetas y comentaristas, políticos, santos y profetas, mujeres y niños, maestros y herejes, utópicos y tradicionalistas y, sobre todo gente sin nombre, sencilla, trabajadora y sufrida, entre los que te incluyo a ti, mi querido lector, si es que tienes la oportunidad de leer estas memorias.

Historia, circunstancias, personas y situaciones, a veces diversas y hasta contradictorias, que han ido moldeando esta frágil y transitoria vasija de barro de la que estoy hecho. Pues tal como escribiera Erasmo de Rotterdam en su Ensayo Stultitiae laus:

¿Acaso no somos todos una comedia, donde unos aparecen en escena con las máscaras de los otros y representan su papel hasta que el director del coro les hace salir de las tablas?


sábado, 15 de agosto de 2020

UNA ESCENA UNIVERSAL EN EL IMAGINARIO OCCIDENTAL (Servando Gotor)

 Foto: Heraldo de Aragón

La escena es una de tantas que se producen en todas las épocas, y especialmente en esta que nos toca vivir. Una imagen humana y universal. Sin embargo, el fotógrafo, en el encuadre y la perspectiva, que eso sí que lo añade él, tiene en mente (consciente o inconscientemente) toda la imaginería occidental sobre la piedad y el dolor. Las concretas representaciones de la Piedad en todas sus variaciones por supuesto que también están ahí, pero quizá fue El Greco quien, en un ejercicio de soberbia intertextualidad (que mucho bruto confunde con plagio) supo concentrarlas en esa su gran obra de arte de la estructura, composición, perspectiva y encuadre, que es El entierro del Conde de Orgaz.
Por lo demás, esta sublime imagen silenciosa, vale más que todos los aplausos del mundo como agradecimiento a estos sanitarios y voluntarios, que tanto han hecho y siguen haciendo por todos en estos terribles tiempos. 
Vaya aquí, especialmente, mi más sincero reconocimiento a todos ellos, personificado, en mi caso, en el voluntario de la derecha, Andrés, de cuya amistad me honro y beneficio hace ya bastantes años.


sábado, 4 de julio de 2020

LOS SAFARIS DE HEMINGWAY (Antonio Envid)




Hubo una vez un reino mágico en el que todos los sueños tenían cabida. Unas veces se extendía por las calles de Nueva York, o visitaba las guaridas de las “gang” de Chicago, o incluía las selvas de África o de Indochina. Ese reino se llamaba Hollywood y uno de sus reyezuelos, John Huston. “Las raíces del cielo” es una de las consideradas como películas menores de Huston. Es una de esas películas imposibles, pero que ha quedado en la historia del cine. Vista hoy suscita mucha curiosidad y muchas preguntas. El tema es conservacionista, un alegato contra la caza de elefantes. En 1958 cuando se estrena la película, precisamente, estaban de moda los safaris por África, para quien podía pagárselos, claro, como la esposa de Hemingway, Puline Pffeifer, cuando en 1933 el popular matrimonio realizó su conocido safari, y a ello habían contribuido grandemente las versiones cinematográficas de las novelas de este escritor, ”Pasión en la selva” (The Macomber Affair, 1947) y "Las nieves del Kilimanjaro" (1952), protagonizadas ambas por Gregory Peck. De modo que una película que no exaltaba este tipo de aventuras africanas, muy al contrario, censuraba la cruel caza de los elefantes para comerciar con el marfil, no era precisamente lo que esperaba el público. Pero para que resulte de más actualidad, ese tráfico de marfil se realiza para financiar la guerrilla que opera en el país.
Se dice que Huston aceptó de mala gana el encargo y lo hizo porque se iba rodar en África. Seguramente, porque él mismo pretendía cazar algún elefante. Hay que pensar el escaso entusiasmo con que el director emprendería el rodaje de un film tan contrario de sus propias aficiones. Aunque lo de la caza de los proboscídeos también se dice del rodaje de su película “La reina de África”, sobre lo que Clint Eastwood realizó una excelente película “Cazador blanco, corazón negro” en 1990, contando los incidentes del mismo, que fue bastante accidentado.
Dos últimas palabras. Juliette Greco es el auténtico exotismo en “Las raíces del cielo”, resulta más atractivo recordarla sumergida en la atmosfera de angustia vital de una cave de Saint Germain des Prés, escuchando a un trio de jazz, o cantando ella misma; y Errol Flynt, haciendo el papel de sí mismo, o sea, de alcohólico, en este su último trabajo en el cine, está patético.
Hemingway, como hemos dicho, un día se va a África a cazar. Tras un día perdido porque el camión de un granjero ha espantado los kudús, que el escritor quería abatir, sin enojarse, Hemingway invita al granjero a cenar y ambos se pone a hablar de literatura. El granjero es austríaco y se muestra interesado por los novelistas americanos, aunque confiesa no conocer nada de ellos. Para Hemingway no había grandes escritores en EE. UU. "Los buenos escritores estadounidenses son Henry James, Stephen Crane y Mark Twain ". Que no tuviera una elevada opinión de sus colegas es algo que ocurre a menudo en el mundo literario. Así comienza “Las verdes colinas de África”, donde el escritor asegura que lo que relata es real. Un comienzo que no se le ocurriría a otro que no fuera él, por el escaso interés que habría de tener para el hipotético lector, que se esperaría más interesado en los lances venatorios, o en el exotismo africano, que en una conversación más propia de una tertulia literaria neoyorquina, degustando unos güisquis.
El austríaco es un antiguo granjero de cuando el África Oriental Alemana y asegura haber luchado a las órdenes de Von Lettow durante la Primera Guerra Mundial contra las tropas inglesas. Al parecer perdió sus tierras con el armisticio. Este inmenso territorio de un millón de quilómetros cuadrados, que rebasaba los límites de la actual Tanzania, fue defendido con soldados nativos y escasas tropas alemanas por Von Lettow de manera bastante eficaz contra los ejércitos de Gran Bretaña y Bélgica, que tras la derrota alemana se repartieron la colonia.
En fin, esa charla sobre literatura y sobre las condiciones que ha de tener un buen escritor -en el relato abundan las referencias a autores y reflexiones literarias- para un lector norteamericano en una tranquila tarde contemplando el césped recién cortado desde el salón de su casa, debió ser sugerente e invitarle a continuar la lectura de ese libro de aventuras africanas, que hoy horrorizaría a todo ecologista.
Alguien, no recuerdo quien, algún escritor surafricano, ha dicho que Hemingway nunca puso sus dos pies en África, yo creo que nunca puso sus dos pies en ningún sitio, quizá, en su nativo Illinois, o en París, desde luego, no los puso en España. Es el viajero que siempre viaja con todos sus muebles encima.



sábado, 20 de junio de 2020

JULIÁN JUDERÍAS: ARTÍFICE PRINCIPAL DE LA EXPRESIÓN "LEYENDA NEGRA". UN ANÁLISIS RIGUROSO Y DOCUMENTADO






Cuando en periodismo se trata un asunto de forma interesada transmitiendo la información de modo partidario, decimos que el periodista es partidista. Si, además, pretende calificar a su información ya manipulada con el calificativo o la vitola fundamentalista de ser la única cierta, decimos que es sectario. Es verdad que todo acontecimiento es poliédrico y que cambia según la perspectiva desde la que es observado.  Relatividad que aumenta exponencialmente cuando, además, el observador contrasta su percepción con otras. Y no digamos cuando careciendo de esa contemplación directa o personal, el periodista cuenta tan solo con visiones/versiones ajenas, que es lo que le ocurre siempre al historiador con la dificultad añadida de que, además, su mirada pertenece a otra época y, por tanto, a otra sensibilidad.
La verdad, en definitiva, es una entelequia, ya que la realidad, como decía Ortega, se ofrece en perspectivas individuales. Así, pues, su percepción resulta siempre compleja y todo dogmatismo respecto a ella habrá de calificarse, cuando menos, de temerario (no digamos si, a mayor abundamiento, tal dogmatismo se pretende imponer por ley que es lo que hasta ahora solo ocurría en las dictaduras). 
Si,además, esas conclusiones temerarias llegan a calar en diversos colectivos y se emplea para desprestigiar a otros, alcanzaremos la injusticia y con ella aflorará el conflicto.
Por eso, historiadores y periodistas juegan con material extraordinariamente sensible, y la exigencia de honradez en su cometido debiera alcanzar las cotas más altas. Algo que, por desgracia ocurre cada vez menos. Deontológicamente, tienen la obligación de proporcionar una información lo más veraz posible, exenta de toda manipulación y opinión. Las valoraciones, en  periodismo, deben quedar relegadas a las secciones de opinión que les son propias; y, en la historia, al ensayo. En todo momento claramente delimitadas. No siempre es fácil, cierto, porque para eso son necesarios ciertos niveles mínimos de categoría profesional y personal. Y este es el mayor problema que hoy padecemos: la nula calidad de muchos periodistas e historiadores. Quienes, por cierto, son los primeros que se quejan de las informaciones no profesionales que circulan por las redes, cuando debieran ser ellos quienes velaran por mantener esa distancia a base de altura. Porque cada vez resulta más difícil distinguir al profesional del que no lo es.
La célebre "leyenda negra" de la que tanto hemos oído hablar, nace del sectarismo propio de las naciones enemigas de la imperial Monarquía Hispánica y de su calado en la propia España. Ni todos sus contenidos son falsos ni, mucho menos, ciertos. Se trata de una campaña nacida de plumas y lenguas muy concretas, unas veces a conciencia, otras por error y la mayoría por inercia. Pero todas faltas del rigor propio del concreto relator o historiador. Aunque la expresión arranca de muy antiguo, tomará carta de naturaleza con esta obra de Julián Juderías (Madrid,1887-1918). De 1914, la primera edición, y de 1917 la ampliada y definitiva que aquí presentamos.
El propio autor nos ofrece esta definición: 

¿Qué es, a todo esto, la leyenda negra? ¿Qué es lo que puede calificarse de este modo tratándose de España? Por leyenda negra entendemos el ambiente creado por los fantásticos relatos que acerca de nuestra Patria han visto la luz pública en casi todos los países; las descripciones grotescas que se han hecho siempre del carácter de los españoles como individuos y como colectividad; la negación, o, por lo menos, la ignorancia sistemática de cuanto nos es favorable y honroso en las diversas manifestaciones de la cultura y del arte; las acusaciones que en todo tiempo se han lanzado contra España, fundándose para ello en hechos exagerados, mal interpretados o falsos en su totalidad, y, finalmente, la afirmación contenida en libros al parecer respetables y verídicos y muchas veces reproducida, comentada y ampliada en la Prensa extranjera, de que nuestra Patria constituye, desde el punto de vista de la tolerancia, de la cultura y del progreso político, una excepción lamentable dentro del grupo de las naciones europeas.
En una palabra, entendemos por leyenda negra, la leyenda de la España inquisitorial, ignorante, fanática, incapaz de figurar entre los pueblos cultos lo mismo ahora que antes, dispuesta siempre a las represiones violentas; enemiga del progreso y de las innovaciones; o, en otros términos, la leyenda que habiendo empezado a difundirse en el siglo XVI, a raíz de la Reforma, no ha dejado de utilizarse en contra nuestra desde entonces y más especialmente en momentos críticos de nuestra vida nacional.

La obra se estructura en cinco partes conceptual y perfectamente delimitadas. En primer lugar un estudio sobre España (Libro Primero), que vendría a analizar lo que somos; esto es, el ser; la realidad de la que el autor parte. Le sigue un análisis sobre cómo nos ven o nos quieren ver: visión lejana y más o menos distorsionada que de aquella realidad se tiene en el extranjero sobre España (Libro Segundo). En el Tercero se analiza cómo quieren que nos vean; o lo que es lo mismo: aquello que en el extranjero se ha escrito y difundido sobre España; para después analizar la influencia de todo ello en nosotros mismos; es decir: cómo han conseguido que nos veamos (Libro Cuarto). Y, por último, el Libro Quinto nos transmite cómo son ellos: un análisis sobre el comportamiento del resto de Europa en los dos principales asuntos tan graves como sensibles sobre los que se forjó la leyenda negra de España: la tolerancia religiosa y el trato con las tierras conquistadas (la colonización).
De lo que haya de verdad o falsedad en esta leyenda, el lector juzgará. Y contará para ello con todos los elementos necesarios en orden a forjar su propia opinión. El libro de Juderías es el fruto de un trabajo serio, propio de su época, de una personalidad como la suya ―hombre erudito y viajero, conocedor de más de quince idiomas―, y en el que quedan claramente definidas tres voces: la personal y subjetiva de su honrado autor; la de los testimonios expresos y literales debidamente entrecomillados y bibliográficamente identificados; y la que alude a otras muchas obras debidamente reseñadas en el casi un millar de notas consigandas a pie de página. Ya solo por la antología de opiniones vertidas sobre España, merece la pena tener siempre a mano este genial estudio, cuya solidez bibliográfica en nada obstaculiza una lectura sencilla, fluida y por supuesto, apasionante. Un libro que, por lo demás, constituye todo un clásico imprescindible en la materia.  


jueves, 11 de junio de 2020

CONVERSACIONES DE ENAMORADOS (La náusea, Jean Paul Sartre)

El beso. Rodin, 1881 (Tate Modern, Londres)


No los escucho más: me irritan. Se acostarán juntos. Lo saben. 
Cada uno sabe que el otro lo sabe. Pero como son jóvenes, castos y decentes, como cada uno quiere conservar su propia estima y la del otro, como el amor es una gran cosa poética que es preciso no espantar, van varias veces por semana a los bailes y a los restaurantes a ofrecer el espectáculo de sus pequeñas danzas rituales y mecánicas... 
Después de todo hay que matar el tiempo. 
Son jóvenes y robustos, todavía tienen para unos treinta años. Entonces no se dan prisa, se demoran y no están equivocados. Cuando se hayan acostado juntos, habrá que buscar otra cosa para ocultar el enorme absurdo de la existencia. 
Con todo... es absolutamente necesario engañarse?


La naúsea
Jean Paul Sartre, 1931
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