lunes, 21 de febrero de 2011

CRÓNICA MELIFLUA (Por Azulenca)

MJM

Lady Papada. Perdón, quería decir Leire Pajín. Ha nacido una estrella. Hay que ver cómo se nos puso la Ministra de Sanidad para asistir a la ceremonia de los Goya. Lástima la foto que le hicieron luego mientras escuchaba el discurso de Alex de la Iglesia, luciendo un papo en todo su esplendor que ya quisieran para sí los pavos. Leire, pese a vestirse de largo con un lazo que no le hacía ninguna falta y adornarse la cabellera al estilo reina de las fiestas de cualquier pueblo, pues eso, desfiló por la alfombra roja dejándola reducida a la categoría de felpudo. Esto de tener mentes descatalogadas para cualquier oficio y que encima te nombren ministra de cualquier cosa es lo que se dice tener suerte en la vida. Vamos, que una Ministra para la Igualdad se refiera al cónyugue, que no sepa pronunciar ibuprofeno o diga preveído, esto por poner unos cuantos ejemplos de lindezas Leire; resumiendo, qué puede hacer una tipa así en un ministerio, pues prohibir, prohibir, prohibir. La gente que no tiene dotes de mando por lo general se dedica a castigar.

Sólo ante el peligro. Al dueño del Asador Guadalmina deberían haberle dado el Goya por su versión “Menos humos Caperucita”. Valor se le supone a este hombre, pero eso de echarle un pulso a Lady Papada ha sido demasiado arrojo. Las leyes, en mi opinión, deben respetarse y en caso de no estar de acuerdo uno se asocia a los de su gremio, se piden firmas, se hacen movidas y demás. Así pues, del asunto ya no queda ni el humo.

Hay moscas cojoneras, hormigas laboriosas y abejas reincidentes: Caso Rumasa. Ahora toca el desenlace final. Ya lo dice el refrán, quien mucho abarca… Aunque los que saben aseguran que Nueva Rumasa no ha existido nunca. Entonces estamos hablando de una colmena fantasma con abejas reincidentes.

"No me tenéis cerca, me tenéis a vuestro lado. Codo con codo, hombro con hombro. Ocurra lo que ocurra y haya ocurrido lo que haya ocurrido". Esto es lo que se dice jurar amor eterno, estas son las palabras de Pepiño Blanco ofreciendo su apoyo a los socialistas madrileños. Después se hizo una foto de matrimonio bien avenido junto a Tomás Gómez: el pasivo, según Rubalcaba, por Madrid. Esto de cerca o a tu lado se lo dijo Cascos a Aznar para que lo nombrara vicepresidente del gobierno, este Pepiño se las echa todas al bolsillo; también repite mucho ni está ni se le espera. El Ministro de Fomento tiene poca imaginación y critica mucho a sus adversarios; pero bien que le vienen las frases de históricas de la derecha. ¿Por qué será…?

No me llames Dolores llámame Lola. Pues eso, la Cospedal ya es candidata oficial para la comunidad de Castilla La Mancha. La presentó Mariano, que todavía no ha empezado la campaña electoral y ya está afónico: mal empezamos. Y María Dolores toma la palabra y se permite una cita de El Quijote, una cita imprecisa y que encima no supo leerla. Bueno, ya tenemos una nueva Dulcinea en el Toboso. Yo recomendaría a los políticos que mejor no se acompañen de la cultura en sus mítines, es algo que no va con ellos.

El miércoles al cine. Miel. Película descriptiva, poética y con apenas diálogos en la que, salvo el desenlace final, no pasa nada. No me atrevería a recomendarla abiertamente porque ese tipo de películas sólo me gustan a mí.

Y como la crónica va de miel y abejas reincidentes, ahí va una foto muy dulce: el mostrador de una pastelería siciliana. En primer plano i cannoli, un postre que ha hecho historia.

Azulenca

domingo, 20 de febrero de 2011

AMADO ESPOSO (Narciso de Alfonso)

SGS
Tenía unas tremendas ganas de reír, nunca había visto un muerto con una barriga como aquella.

- Le hubieran podido poner una faja, me dijo Cruda en voz baja.
- Calla, por dios, que no aguantaré la risa.
- Era tan bueno. Una vez le pedí una cebolla y me dijo que no hacía falta que se la devolviera. Para eso están los vecinos, doña Leonor.
- Dios se lleva a los mejores, dijo un tipo delgado que llevaba una chaqueta amarillo chevalier muy poco apropiada para un velatorio.
- Era el mejor mecanógrafo del pueblo; dicen que en sus buenos tiempos llegó a las setecientas pulsaciones por minuto, dijo un señor que se había instalado a los pies del ataúd.
- Y cuánto le gustaban las mujeres, añadió una viejecita que estaba sentada cerca de la puerta y a la que todos miraron reprobatoriamente.
- Y los hombres, y los hombres, dijo un joven de maneras más bien femeninas.
- Creo que la barriga le aumenta cada vez más, fíjate, ya se desborda por los laterales de la caja, me dijo Cruda en voz baja.
- Daba gusto verle comer, nunca tenía bastante, murmuró la esposa del finado, quizá al darse cuenta de que la barriga le seguía creciendo incluso después de muerto.
- ¿Y de qué ha muerto?, preguntó una señora que acababa de llegar.
- El médico dice que de un corte de digestión, pero yo le he dicho: mire, don Prudencio, sólo se había comido los canelones y la sopa, bueno, y las sobras de la cena de ayer, que decía que en su casa no se tiraba comida a la basura. Pues señora, a mí me parece un corte de digestión, qué quiere que le diga, me ha dicho don Prudencio, explicó la esposa del difunto.
- Y cuánto le gustaban las mujeres, añadió la viejecita que estaba sentada cerca de la puerta y a la que todos volvieron a mirar reprobatoriamente.
- Y los hombres, y los hombres, repitió el joven de maneras más bien femeninas.

El muerto se pegó un buen pedo, largo, muy largo, parecía que nunca se iba a acabar.

- Uy, serán los gases de la muerte, dijo la viuda. O el alma. Sí, el alma que por fin se separa del cuerpo...
- Ay, la muerte siempre nos sorprende cuando menos la esperamos, dijo el hombre de la chaqueta amarillo chevalier.
- Bueno, él estaba avisado, el médico le había dicho que si seguía comiendo así cualquier día reventaría, aclaró la viejecita que estaba sentada cerca de la puerta y a la que nadie pareció oír.
- Y los hombres, y los hombres, repitió el joven de maneras femeninas.
- Qué peste, dijo el señor que se había instalado a los pies del ataúd.
- Puf, añadió la viejecita, debía de tener el alma muy manchada... y no precisamente de lo mucho que tragaba, no.
- Vamos a rezar un rosario por su alma, dijo la viuda.
- Eso, eso, que falta le hace; falta le hace con ese alma tan sucia que le acaba de abandonar; dijo la viejecita que estaba sentada cerca de la puerta y a la que nadie quiso oír.
- Vaya, ahora se está cagando, gritó el señor que se había instalado a los pies de la caja. Qué pestazo.
- Ay, Damián, que aún parece que estás vivo, dijo la viuda para suavizar la situación.
- Qué almas, qué almas tan sólidas tienen los grandes pecadores, concluyó la viejecita.

Cuescos

sábado, 19 de febrero de 2011

JAVI

ENTRE VUELCOS Y REVOLCONES. SU MAJESTAD EL COCIDO (Antonio Envid)

Tras haber sido invitados por la mafia en su mesa y recorrer los montes y chimeneas de Galicia de la mano de Cunqueiro y Castroviejo y rendir culto a Brillat Savarin, nos resta homenajear a nuestro plato más genuinamente español: el puchero, que hoy conocemos como “cocido”.

El cocido ha sido siempre plato popular, que no populachero. Su impacto visual, excitante de papilas y jugos gástricos, sus untuosos garbanzos de oro viejo, el rojo caroteno de sus hortalizas, el sorprendido temblor de su tocino, la tersura virginal de la pechuga y la prieta, casi pecaminosa, carne de la vaca, presentado en bandeja de plata, ha brillado con intensa luz en las mesas de la más rancia aristocracia española. Incluso ha sido recibido con pleitesía en la mesa imperial, pues al decir de Prosper Mérimée, en Las Tullerías Napoleón III degustaba este hispano menú , en homenaje a su bella esposa Eugenia de Montijo, Parece que la emperatriz combatía sus nostalgias aspirando el suave aroma de la sopa del cocido y engullendo sus garbanzos y acompañamiento. Aunque, puntualiza el creador de la inmortal Carmen, este afrancesado puchero con garbanzos no podía compararse con el que el autor tenía el gusto de paladear en casa de la madre de la emperatriz, la condesa de Montijo, en la madrileña plaza del Ángel.

También alegraba el famoso cocido de tres vuelcos las mesas burguesas, pero, a pesar de la leyenda, no baja a las tabernas proletarias, como quiere don Pío Baroja, hasta bien entrado el siglo veinte. De esto estaba más enterado Galdós (no en vano Valle Inclán, con su habitual mala baba, lo llamaba “don Benito, el garbancero”). “Más de una vez, para evitarnos ir a la compra y la molestia de encender la lumbre, bajábamos a comer a la taberna, donde nos servían platos de judías, de “batallón”, tajadas de bacalao y otros condimentos pobres”, nos informa Galdós en una de sus novelas.

Tampoco era habitual que el sustancioso puchero adorne la pobre habitación de los hidalgüelos madrileños de la época, cesantes, viudas dejadas con poco haber, estudiantes de pensión, solicitantes en corte…..

----------------Tanto vestido blanco, tanta parola,
----------------y el puchero a la lumbre con agua sola

canta el coro de niñas al son de la música de Chueca en “Agua, azucarillos y aguardiente”.

Muchos restaurantes madrileños cultivan la tradición del cocido, pero ninguno como el Lhardy, que se precia de ser el restaurante más antiguo de Madrid y cuyo cocido ya era alabado por Galdós. Comer un cocido en Lhardy es un acto de afirmación de españolidad, casi litúrgico, pues no en vano su magnifico comedor decimonónico fue testigo de los devaneos amorosos de Isabel II, la reina castiza, con Serrano, el general bonito. Al comienzo, melindres y languideces, pero tras los tres vuelcos del cocido, que nunca la niña reparó demasiado en el diámetro de su talle, revolcón con el apuesto general, para luego reposar en un dulce deliquio en los brazos de tan cortés caballero. Basta, que lo poco agrada y lo mucho empacha, más tratándose de cocidos.

Antonio Envid.

viernes, 18 de febrero de 2011

jueves, 17 de febrero de 2011

HERMANOS (José Antonio Vizárraga)


SGS

Desde que tengo turno de noche apenas coincidimos en casa. No me jodería tanto si no fuera por el regreso. Me importa poco ir a esperarla allí con la comida. Los recuerdos junto a mi hermana se soportan mejor. Ella lo nota. Lo malo viene luego. No es la soledad. Vuelvo siempre dando un rodeo para evitar el Instituto. Es la tristeza. O la cabeza. Mi hermana no lo sabe todo. La ausencia estaba ya dentro de mí cuando vivían. Es mejor que mi hermana no lo sepa todo…

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...