sábado, 9 de abril de 2011

La excitante y efímera vida de la partícula elemental (ANTONIO ENVID)

AEM

Una explosión de gozo.
La alegría de nacer,
la euforia de vivir
y el éxtasis del aniquilamiento.

Todo en un instante,
desconociendo la miseria de la vida.



A. Envid




miércoles, 6 de abril de 2011

¿EXISTE DIOS? EL EFECTO MARIPOSA, II (Servando Gotor)

SGS*

Hace algo más de dos años (El Comarcal del veintitrés de enero de 2009) reflexioné sobre las teorías que abogan por la existencia de una causa primera generadora del cosmos y alguien echó en falta una mínima referencia a la teoría del caos. Sostuve allí que –científicamente- resultaba tan absurdo afirmar que existe Dios como que no.  Y que, incluso, parecía más aceptable mantener la existencia de Dios desde una creencia religiosa –fe- que negarla científicamente. La ciencia asienta sus bases en la causalidad: toda acción genera una reacción, todo efecto tiene su causa.  Ciencia cuestionada especialmente a partir de Kant: una cosa es el mundo que podemos percibir con nuestros sentidos (el “fenómeno”) y otra bien diferente el mundo real, tal como es: “la cosa en sí”. La ciencia, pies de barro, no se basa en la realidad (“la cosa en sí”) sino en los “fenómenos” que percibimos (versión limitada de la realidad, de esa denominada “cosa en sí”).

Avanzando más, ya el escocés David Hume se había cargado también la firme teoría de la causalidad: nuestros sentidos perciben hechos que se suceden unos a otros en el tiempo (“hechos sucesivos”, no “sucesos causales”).  De esa sucesión temporal que observamos, y –sobre todo- de su machacona reiteración deducimos la ley o principio causal.  Pero este principio no es más que una deducción que no podemos demostrar: observamos que a A sigue B y a B sigue C y de la reiteración de tal observación “deducimos” que A es la causa de B y B a su vez la causa de C.  Sobre esta deducción pivota la ciencia. Y partiendo de ella, pero a la inversa (yendo no del efecto a la causa sino de la causa al efecto) algunos científicos esbozaron la teoría del big-bang: la demostración de una primera causa (una explosión que incluso algunos religiosos podrían acomodar  a sus creencias).  Se trataría de una explicación lógica pero indemostrada. Además, en las “sucesiones” que observamos y a las que tildamos de “causales” (también esto lo observaba Kant) el efecto sufre una modificación meramente formal o accidental, nunca substancial: jamás hemos podido observar que la nada o el no ser fuera causa de algo ni que el ser lo fuera de nada (de aquí arranca el “nada se crea nada se destruye…”).
 
 
Por eso, por esta limitada percepción, creí que la postura del agnóstico (que mantiene que no podemos demostrar la existencia de Dios) me parecía honrada, mientras que la del ateo, que firma contundente y científicamente que Dios no existe, la considero tan falta de consistencia como la del creyente.  Con la diferencia de que el creyente reconoce apartarse de la ciencia para apoyarse en la creencia (la fe).
 
 
Bien, leo recientemente en una novela autobiográfica de Joaquín Leguina que se confiesa ateo, afirmando que ni existe Dios ni una causa primera. Que él cree –precisamente- en la teoría del caos.  Sin embargo, la teoría del caos, no deja de ser una teoría causal por la que -y además con acierto- se ponen de manifiesto la cantidad de elementos que hacen muy complejas y mediatas esas relaciones causales, pero que no por ello dejan de ser causales. Uno de los principales conceptos de la teoría del caos es el denominado “efecto mariposa”, derivado de este hermoso proverbio chino: "el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo".  Precioso y aun posiblemente real.  Pero seguimos enclaustrados en la teoría de la causalidad, remota, compleja, mediata, sublime si se quiere, pero causalidad.  Estamos, pues, en las mismas: o creencia o ciencia causal limitada.  Siempre huérfanos de un sustento mental sólido, privación que nos obliga a mantener una postura agnóstica, por lo demás  perfectamente compatible con buen número de creencias.

Dicho esto, mi postura personal es agnóstica y órfica, a pesar de o precisamente porque -como decía Mallarmé- un golpe de dados jamás abolirá el azar- con lo que...


El Comarcal del Jiloca
01/04/2011

Ir a "¿Existe Dios? (I)

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(*) En la fotografía dos obras de Fernando Sinaga: Oscillum y Solve et coagula (Museo Pablo Serrano - Zaragoza-)










lunes, 4 de abril de 2011

CRÓNICA LLORONA (Por Azulenca)

MJM
Zp nos ha dicho adiós, aunque yo no me lo creo. Mientras hay vida hay esperanza. Este hombre de cejas circunflejas que se caracteriza por hacer lo contrario de lo que dice, pues eso, a ver quién es el ingenuo que se cree que se va. Pero, bueno, por otra parte me deja algo más entretenida la lucha por el poder que se va a desencadenar entre sus colegas. La Chacón hasta gimoteó en un mitin apoyando a su jefe en la hora del adiós: teatro y lágrimas de cocodrilo. En el fondo todos sabemos que por el mero hecho de ser mujer se perfila como sustituta de Zp. En fin… Todo es susceptible de empeorar. Y no lo digo porque sea mujer; sino por tener sólo ese requisito y ninguno más.
¿Y Pepiño? Está ahí, en la sombra, pero ahí; está nervioso, se trafuca. El otro día no daba una en el clavo a la hora de dar los nombres de los candidatos a la Comunidad de Madrid, es más, se le fue la olla y nombró a Simancas. Lo peor fue acusar a los demás de confundirle, esto es lo que han hecho siempre los malos estudiantes.
A propósito del Faisán y de Rubalcaba, Mariquita Pérez (Soraya Sáenz de Santamaría) ha dicho que el Faisán conducirá a Rubalcaba a su dimisión. Y yo añado que esta chica es una ingenua. En este país nadie dimite y si dimite es por aburrimiento o por agotamiento sexual. Si Rubalcaba dimite será a consecuencia de alguna cistitis fantasma. Y esta chica, Soraya, ¿todavía no se ha enterado que Rubalcaba tiene tragaderas suficientes como para comerse un faisán relleno y todavía le queda sitio para el postre?
No había visto a Leire dirigirse desde el banquillo azul a sus señorías, el otro día tuve la ocasión de ver las imágenes de la ministra proponiendo una de las suyas y debo decir, que estaría mejor detrás de un mostrador pesando cuarto y mitad. Yo a la Sibila de Benicasím le auguro un futuro prometedor en alguna de esas cadenas que echan cartas y vaticinan el porvenir.
¿Y Trini? Pues nuestra Dora La Exploradora dice que lo de Libia no es una guerra sino el cumplimiento de una resolución de la ONU. Yo añado que esta guerra por resolución no va a ser resolutiva. Lo más probable es que Libia acabe sumida en una guerra civil, vamos, lo de siempre: una guerra siempre es negocio.
Valeriano, nuestro Ministro de Trabajo, dice que el paro no le quita el sueño. Con la seguridad que da el cargo y el dinero, yo me pregunto cómo le van a quitar el sueño los casi cinco millones de parados a este elemento que ha llegado a ministro después de pasar por sindicalista. Y además, llamándose Valeriano qué problema podría tener. Y eso que ya comenté que me lo imagino mejor envuelto en un guardapolvo de ferretero que en un manto púrpura y con laureles en la cocota.
El quirófano que inauguró el otro día Marcelino Iglesias, en fin, una maravilla; aunque todo fue una ilusión: tal y como se inauguró, desapareció. ¡Marcelino dedícate al ilusionismo! Yo creo que es lo tuyo, después del esquí. Porque desde luego la política no es lo tuyo aunque hayas triunfado en ella. Los hay con suerte en esta vida y tú eres uno de ellos. Está claro que las urnas electorales cambian el destino de las personas destinadas al fracaso. Zp y Marcelino son dos casos a tener en cuenta, hay más, pero con estos dos ya nos vale.
El miércoles al cine. Bienvenidos al sur, la versión italiana de la película francesa Bienvenidos al norte. Vistas las dos películas me quedo con la versión francesa, aunque en la italiana también me reí.

Azulenca

Imágenes de JAVI

JAVI

viernes, 1 de abril de 2011

LA MARIPOSA DE LA MUERTE (Antonio Envid)

¡Qué hermosa noche para el amor! exclamó abriendo la ventana y dejando que la luz de la luna llena lo bañase. Oh noche, mi alma sobrecogida te pregunta desesperadamente a ti por el metal que necesita. Callada noche, desde la majada llega hasta aquí el silencio de los corderos. Su pálido rostro a la lustral luz adquiría un espectral aspecto. En medio de trémulos movimientos y emitiendo un lastimero grito comenzó a metamorfearse: las faldas del frac se tornaban alas de insecto, cubiertas de escamillas de tonos metálicos, verde frío y azules cortantes, polvorientas alas de una enorme polilla; mientras sus piernas se tornaban zancos avarillados, se alargaba su abdomen sobrepasándolas largamente; en tanto que su torax era ya el de un peludo insecto y en el dorso se dibujaba netamente una calavera. Se había transformado en una abominable esfinge de la muerte.
La mariposa de la calavera, borinot de la mort, volvoreta da morte, farfalla testa di morto, polilla nocturna de gran tamaño, ha sido siempre temida por el campesino porque la conoce y por el urbanita porque la desconoce. No lleva dibujada en su espalda una calavera sin motivo.
Terminada su metamorfosis al convertir sus ojos en ucelos y su nariz en una larga y filamentosa trompa chupadora que se enrollaba en espiral, como cuerda de reloj, lista para saltar instantáneamente, emitiendo un sordo zumbido echó a volar sumergiéndose en la noche oscura. Salió sin ser notada, estando ya su casa sosegada.
Penetró con su silente zumbido en la alcoba donde reposaba la adolescente. La cara de la muchacha se extasiaba en ese rictus que tan difícil es de precisar si es de gran placer o de sumo dolor. Gemía y se revolvía en el lecho convulsa. Bajo los parpados cerrados sus ojos giraban en rápidos movimientos. Soñaba, sin duda, un sueño agitado y estremecido. La esfinge había hallado precisamente su presa buscada. Voló con un monótono zumbido, hipnótico, hasta la nariz de la joven, cuyas aletas palpitantes se abrían ostensiblemente, y lanzando su larga trompa con movimientos expertos la introdujo por la nariz hasta llegar al cerebro y una vez conectada, absorbió, absorbió con avidez los sueños de la doncella. A medida de que el aberrante insecto sorbía los sueños con su trompa, el rostro de la joven se distendía hasta adquirir una expresión hierática, los espasmos de su cuerpo fueron apagándose hasta quedar rígida y los jadeos fueron cesando. La Acherontia Atropos la empujaba en la noche lentamente por el río Aqueronte hacía el olvido.
Dueño de su presa el enorme insecto voló otra vez en la noche emitiendo aquellos gritos dolorosos, que una vez escuchara Edgar Allan Poe y que le sobrecogieran como un toque de difuntos. Llegó a su recóndita cámara cuando el alba amenazaba y se refugió en su ataúd, mientras un criado cubría con tupidos cortinajes la luz de los ventanales y todo se sumergía en una diurna noche. Tenía todo un día para vivir, aunque vicariamente, la única forma en que podía gozar de las pasiones humanas, la tórrida noche de amor de la adolescente con su entrenador de básquet.



Antonio Envid.
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