lunes, 4 de febrero de 2013

SAINETE DEL MARIANO Y LA DOLORES (Armando Muchabulla)

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Se celebra la verbena de San Blas, la primera del año, en el Madrid castizo, ancestral y moderno, brillante y absurdo de principios de este siglo, por donde parece que todavía garbea la vieja capa de Valle Inclán. Salen a escena Mariano Rajoy y Dolores de Gospedal vestidos de chulapos. Él, chaquetilla ajustada, botines, pañuelo blanco al cuello y gorra ladeada. Ella, vestido ajustado de percal, mantón de manila y pelo recogido con un rojo clavel. 

Mariano.- Dolores, qué chulapona vienes, hay que ver que garbo tienes, hija. Pareces una rosa de La Guindalera. 

Dolores.- Aparte de lo de la guindalera, que no es el momento, Mariano, no se puedo decir lo mismo de ti, que pareces disfrazado de barquillero de derechas. Además, no me llames Dolores, llámame Lola, no porque en tu boca sepa a amapola, sino porque hay confianza, Mariano. Tú siempre tan circunspecto. 

Mariano.- Es que yo soy gallego y esto de la chulapería no es lo mío. Me he vestido así para despistar a la prensa canallesca. Estoy sobrecogido, Lolita mía. 

Dolores.- Sobrecogidos estamos unos cuantos. Tomate unas porritas con una copita de anís y alegra la cara, Mariano. (En un aparte: Pero que no sonría, que es peor. Cuando sonríe parece que esté bebiendo en porrón). Total, como tú dices, cuando baje la marea quedaran cuatro lapas. 

Mariano.- Pero, qué lapas, Lolita, qué lapas tenemos en el partido, como sobre-nadan… 

Dolores.- Disimula, Marianito, disimula, que veo por allí a los de El País. Vamos a bailar este chotis. 

Se agarran y bailan al son del organillo: 

¡Ay!, Mariano, Mariano, Mariano 
no metas más la mano, no seas dexagerao 
que si no marchas con más comedimiento, 
al primer movimiento ya ves que te han pillao. 

Dolores.- ¡Ay! Mariano, qué me has pisao…. 

Mariano.- Es por los sobre-saltos que me dais, sin salir de una ya estamos metidos en otra. Además, que a mí esto del madrileñismo…. 

Dolores.- Pues habrá que verte, Mariano, vestido de labrego galego y bailando muñeiras… 



Armando Muchabulla

domingo, 3 de febrero de 2013

DIÓGENES (Juan Serrano)

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¿Por qué buscáis entre los muertos
al que está vivo?
(Lc 24, 1-7)

Hace siete años y un día que dejé este mundo. Hoy, aniversario de mi muerte, respetuoso cumplidor de tradiciones y olvidos, me dirijo al camposanto; levanto la lápida de letras de oro donde el nombre y la fecha de mi defunción perviven a pesar del tiempo y la cirrosis... Y me encuentro la tumba completamente vacía. Sorprendido, me toco como ciego que explora un objeto desconocido, como disecador, la cabeza de un toro degollado, como forense, el sexo de una calavera. Y como el Diógenes de la linterna no doy con lo que soy. Pregunto al sepulturero que no me da explicación alguna sobre mi desaparición.

Y sin más demora me encamino al juzgado de guardia ―sección patentes― para presentar una denuncia. No es posible, además de injusto, que mi cuerpo invisible circule por un mercado de cenizas sin su debido código de barras.



Juan Serrano
del blog Blao
16 diciembre 2009


BENITO BONITO (Servando Gotor)


sgs

- Y le dices que ya vale, que quién coño se ha creído que es. Que si voy yo la voy a armar gorda, no te jode. Ah, y recuérdale, recuérdale a ese hijo de puta, lo de la otra vez. Ya sabes: aquello, lo del restaurante. Pero bueno, ese cabrón qué se cree, que nos vamos a quedar así, tan tranquilos. Anda que si voy yo... ¡más vale que no vaya yo! Si voy yo, se va a enterar, se va a enterar el muy canalla de lo que vale un peine. Díselo, eh, díselo: que tiene suerte de que no vaya yo. Será cabrón. Ah, joder, y lo del martes. No te olvides de decirle lo del martes, mecagüen los cantimpalos de Alfamén. Le dices que ni loco se piense que lo del martes va ha quedar así. Que ni se le pase por la cabeza. Y que nos pida disculpas ya. Y por escrito, díselo así, que ya tarda. Que le exijo, que el Benito le exige, una rectificación inmediata y por escrito. Y entonces, sólo entonces, reconsideraré la cuestión, ¿de acuerdo? Pero que no se crea que con la disculpa vale, eh, díselo así. Que reconsideraré la cuestión, que el Benito reconsiderará la cuestión y entonces ya veremos. Bueno pues eso, ve ya. Ah, espera, que se me olvidaba lo mejor, no te jode. Lo principal. Lo del coche, coño, no se te olvide decirle lo del coche. Le dices que es un cabrón y un sinvergüenza, de mi parte, eh, que se lo digo yo, el Benito. Así de claro, no te cortes ni un pelo: un cabrón y un sinvergüenza. Y que lo del coche... le dices que se prepare, que lo del coche va a traer cola, que no se piense que se va a ir así, de rositas, el muy cabrón. Hala, venga, ya puedes irte. Y ni una mala cara ni un mal gesto, eh, no le admitas ni un mal gesto. A ver quién se ha creído que es. 

- Oye, Benito, valiente... 
- Qué.
- Y digo yo que... que, por el mismo precio, vas tú, das la cara, y se lo sueltas así, tal cual lo acabas de decir, si tienes güevos. Que te ha quedao, no sabes cómo te ha quedao. Y eso, que, de paso, me dejas a mí en paz. ¿Eh, Benito, bonito?


Servando Gotor
Cuescos





viernes, 1 de febrero de 2013

SI YO FUERA RAJOY... (Truhán)

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Mala papeleta Rajoy y mala papeleta España.

Ahora bien, si yo fuera él y estuviera, de verdad, libre de culpa, lo que haría hoy sería exactamente esto:

1º Defender, por supuesto, mi inocencia. 
2º Presentar aún así la dimisión y consecuente adelanto de elecciones.
3º Prometer y llevar a cabo en un plazo máximo de un mes, antes de las elecciones anticipadas, una catarsis plena en mi partido.
4º Volverme a presentar a las elecciones con un equipo absolutamente limpio y a poder ser distinto.
5º Contemplar en mi programa -por fin- lo que el pueblo pide a gritos.  A vuelapluma: cambio de sistema electoral implantando listas abiertas e incluso una segunda vuelta; reforma estructural del Estado; independencia real de la judicatura y fin de las subvenciones a partidos y sindicatos.

Si en estas condiciones sale, nos salvamos. Porque -entonces sí- podrá gobernar no sólo con la mayoría de ahora sino, por fin, sin los frenos que la corrupción general (propia y ajena) ha venido imponiendo a todos nuestros gobiernos. Si no sale y vuelve la izquierda retomando el asunto donde lo dejó, nos terminaremos de hundir del todo.

De lo malo, pues, lo menos malo.

Claro, que si fuera Rajoy y no tuviera limpias las manos... en ese caso igual nos da: también estaremos hundidos y, desde luego, no dimitiría, porque los corruptos no dimiten sino que los cesan. ¿Y quién -sables al margen- puede cesar a un Presidente del Gobierno?

Truhán


jueves, 31 de enero de 2013

LA VIEJA TÍA (Antonio Envid)

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AEM


No solamente por las expectativas de alcanzar su herencia, que también, si he de ser sincero, sino, además, por cierto placer que su compañía me proporcionaba, visitaba a mi vieja tía con alguna frecuencia. De elegantes y algo anticuadas maneras, quizá su distinción le confería ese aire de tiempos ya idos; su conversación transcurría siempre por cauces moderados e inteligentes. 

La vieja sirvienta me franqueó la entrada. Su señora tía le espera en la biblioteca. Penetrar en el inmenso piso del barrio de Salamanca suponía ingresar en otro tiempo, la época de la burguesía feliz y acomodada como clase estamental de los años cincuenta del pasado siglo. Silencio, orden, ambiente encapsulado. Tras el saludo habitual y el relato de sus pequeños achaques en contestación a mi pregunta sobre su salud, la criada sirvió el té, ritual al que se entregaba mi tía todas las tardes, estuviera sola o acompañada. La conversación se desarrollaba sobre temas de actualidad de la que mostraba estar bien informada, siempre de fuentes conservadoras, ABC, Intereconomía, etc., pero sometidas a una objetiva crítica. De pronto expresó, como en un suspiro: ¡A estas horas suele venir Romualdo! Parece que hoy se retrasa un poco. 

Yo no escuché nada, pero ella salió de la habitación con una ágil corridita imprevisible para su edad, exclamando un ¡Ya está aquí!, con alivio. Pasa Romualdo, pasa, mira nos ha venido a visitar mi sobrino, ya lo conoces. Abría la puerta con su mejor sonrisa, bailándole de gozo los ojos en la cara, dirigiendo a su invisible visitante hacía un sillón, ofreciéndole una taza de té. Cuando paso junto a mí noté como un vórtice de aire frío que me produjo cierto desasosiego. Salí de puntillas de la biblioteca dejando a mi tía en amena charla con su amado, haciendo melindres y coqueteos de adolescente. Romualdo, que fue su novio, había muerto muy joven, a punto de que ambos fueran a celebrar la boda.




Antonio Envid

miércoles, 30 de enero de 2013

LA AMÉ (Narciso de Alfonso)


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Le presté una edición bilingüe de los poemas de Catulo,
la miraba a los ojos cuando me hablaba,
la acompañé un par de veces al portal de su casa,
le expliqué con paciencia y entusiasmo la ecuación de Schrödinger,
la llevé a montar a caballo y a ver el mar,
le dejé mi abrigo uno de los días más fríos de invierno,
la invité a cenar ravioli con chianti,
la hice creer en su belleza,
me corté el meñique de la mano izquierda en prueba de fidelidad,
la escondí, la amé, hice que su nombre fuera respetado,
odié a sus enemigos,
soborné a mis amigos para que la dejaran ganar al póker,
la dejé enamorarse de un camarero,
quise para ella lo mejor,
mis abogados la sacaron de la cárcel,
disponía de mi chófer a su antojo,
y cuando se cansó de mí, al despedirse,
sólo me dijo que no soportaba a los enanos.

A mí, que casi alcanzo el metro treinta.



Narciso de Alfonso
Cuescos


martes, 29 de enero de 2013

EL SILENCIO DE UN NÁUFRAGO (Ángel Ferrer)

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Fishermen at sea
JMW Turner, 1796 - Tate Gallery, Londres
sgs


Los recuerdos se hunden
con el barco
transportados al fondo

Permaneciendo inmóviles
los cuerpos flotan
haciéndose uno con el mar

Y la fuerza de su secreto
es la fuerza de las mareas
Involuntaria justicia

Mientras, floto
efervescente y cianótico
buscando el nacimiento del pensamiento

Recorriendo el camino
descubro que lo que emana
subyace


Lo externo como afluente
se agolpa en el cabezal
de las letras del lenguaje
lanzando cada palabra
a golpe de martillo
desde el laboratorio de las emociones

Y su fusión aumenta la potencia
que al pasar por el tamiz del otro, fisiona

Estruendo sordo depositado en el fondo
sedimentado
licuado constructo que por su gravedad
viaja, hasta el centro de la tierra.



Ángel Ferrer


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