miércoles, 1 de mayo de 2019

ARTE Y HORROR. LO BELLO Y LO SUBLIME. "ESPAÑA NEGRA" de Regoyos y Verhaeren



Edición de Lecturas Hispánicas



Sí, la manida expresión "España negra" viene de este libro. En él, Darío Regoyos nos traduce y transcribe las tétricas impresiones del gran poeta belga Émile Verhaeren, tras un viaje de ambos por la península en 1888.  Esas impresiones, Regoyos las funde y confunde con las suyas propias trasladadas al texto y a unos magníficos grabados y xilografías que, por supuesto, se reproducen en nuestra edición.
Pero la "España negra", como se ha dicho repetidamente, es mucho más que un libro de viajes, puesto que en sus páginas se vuelcan impresiones artísticas que, además, brotan de un ideario preconcebido y de unos determinados presupuestos estéticos. Porque las impresiones de Verhaeren contienen un singular valor testimonial y antropológico por su contenido, por supuesto; ahora bien, desde el punto de vista artístico, cobra mayor importancia el testimonio de la mirada creadora de ambos y, especialmente, de la mano del pintor, ya que, sin duda, las imágenes que aquí esboza, constituyen el meollo de la obra, y ello sin olvidar el legado que en sí mismo ha comportado para el futuro su propio título, puesto que la expresión "España negra", aunque  ha acabado convirtiéndose en un auténtico lugar común ―nos guste o no―, también ha supuesto un fuerte estímulo para la duda, la reflexión y la introspección de nuestra propia esencia e idiosincrasia.
En definitiva, y como ha constatado Frederik Verbekek, detrás de ambas miradas late el pesimismo finisecular, las experiencias de sus amigos Constantin Menuieer, Théo Van Rysselberghe y Frantz Charlet, durante un viaje por la Península en 1882, y sobre todo los escritores franceses del romanticismo Víctor Hugo y Théophile Gautier.
Pero, ¿qué es la "España negra"? ¿Es real? ¿Existió realmente? ¿Existe?... ¿Seguirá siempre existiendo y, por tanto, habrá siempre una "España negra"? La respuesta a todos estos interrogantes forzosamente ha de ser positiva, como lo sería si cambiáramos España por cualquier otro país. Con una diferencia, al menos, en lo que a las naciones europeas se refiere: que España, como Estado-Nación, es la más antigua de nuestro entorno.
Y así es. Existe, claro que existe la "España negra", como existe la de color rosa, la amarilla, la de charanga y pandereta, y todas cuantas otras españas más se quieran buscar. Porque en escenarios amplios siempre es fácil tropezar con lo que uno busca. 
En todo caso, el caldo de cultivo para constatar en nuestro suelo un especial retraso respecto al resto a Europa está servido. Estamos en la España en la que se fragua el desastre colonial, la España del 98. Cierto que uno podría encontrar igualmente ―y de hecho se encontraron― escenarios "negros" en la España imperial, aquella donde no se ponía el sol y cuyo idioma y cultura reinaban en el mundo.  Pero no lo es menos que la que conocieron Regoyos y Verhaeren fue una España especialmente oscura, vencida y retrasada; una España diferente, por lo demás, como diferentes son todos los pueblos de Europa y todas las naciones del mundo. De hecho Occidente vivía una de sus más graves crisis tras el fracaso de la razón y el positivismo extremo, que esto y no otro era el llamado mal del sigloOtra cosa es encontrar las razones propias de nuestras diferencias y hasta de nuestra idiosincrasia, pero eso es ya algo sobre lo que se ha escrito mucho y se seguirá escribiendo. Bástenos señalar aquí, no obstante, una razón capital no suficientemente destacada: España fue (y de alguna manera lo ha seguido siendo) el muro de contención clave que posibilitó el progreso occidental.  La característica diferencial más acusada de España consiste en que durante los ocho siglos de Reconquista, nuestra tierra fue una tierra en guerra y de fluctuantes fronteras bélicas. España siempre estuvo allí, en el frente, arrostrando en primera línea al enemigo musulmán que luchaba y contra el que luchaba toda Europa, solo que España convivía y guerreaba con él cara a cara, mano a mano, en la "extrema dura", mientras Europa, a salvo y bien protegida, ayudaba, por supuesto que ayudaba, pero su sociedad civil vivía y se desarrollaba en un ambiente de paz cuyas ciudades no necesitaban de especiales fueros como reclamo para ser habitadas. Aquí, sí, aquí había que conceder privilegios muy especiales para poblar los "negros" espacios que se iban ganando al enemigo, plazas en las que el vivir era un sinvivir, un continuo estado de alerta por la proximidad del frente y la convivencia con el infiel.  Por eso se forjaron gentes fuertes, audaces, aventureras y conquistadoras que, vencido y expulsado el enemigo, se lanzaron por los mares ignotos al encuentro de nuevas y desconocidas tierras, gentes distintas y fuertes sensaciones. Pueblo que, con semejantes mimbres, fraguados siempre con el nervio y la pujanza que la adversidad confiere, hizo de su monarquía un imperio, al que no le faltaron miradas asombradas y hasta envidiosas que idearon también una "leyenda negra", avivada por las propias guerras y facciones intestinas que en un territorio guerrero como el nuestro nunca han faltado, pues el enfrentamiento dialéctico, y hasta bélico, nos es consustancial.
"España negra" y "Leyenda negra". ¿Suficiente? No, no del todo. Queda algo fundamental. Porque tenemos también unas "Pinturas negras", que sin duda, tanto ellas mismas como su denominación, constituyen nuestra principal aportación al arte universal y ―paradojas de la vida―, al arte universal más "moderno": las que "iluminaban" los muros de la casa de Goya en Madrid (la Quinta del Sordo), "expresión del alma moderna con todos sus miedos y angustias", en palabras de Muther, su primer valedor, quien destacó la obra del aragonés como factor decisivo para el impresionismo y hasta la "modernidad" de sus encuadres, aspecto este en el que veía el nexo más fuerte con los artistas más modernos.
¿Era negra la España del último Goya, el genio de las pinturas negras?  Por supuesto. Estábamos en el principio del fin de nuestra hegemonía de siglos anteriores. Salíamos de la Guerra de la Independencia, y nuestros intentos por modernizarnos política y socialmente resultarían constantemente frustrados a lo largo de todo el siglo. Pero si leemos otros testimonios de la época y sobre la época, enseguida descubriremos que no era tan fiero el león como lo pintaban, ni España tan diferente como tan contumazmente se ha pretendido.  En 1812  alumbramos la primera constitución liberal. Y no solo eso, hasta la expresión "liberal" (y en español) y el propio concepto son creación nuestra.
No nos engañemos: existe lo negro como existe lo azul, lo rosa y lo amarillo, solo que, como se ha dicho, cada cual encuentra lo que busca, y lo triste siempre ha sido más poético (quizá por más profundo y menos banal) que lo alegre. Porque la felicidad humana está más cerca en el duro autoconocimiento, en la cruel pero auténtica búsqueda del propio yo, que en la huera huida por los yermos campos de carcajadas insípidas o engañosos divertimentos. Que a menudo se confunde diversión con felicidad, cuando precisamente la diversión, la necesidad de lo diverso es reflejo muchas veces de una preocupante y vacía existencia. 
Pero habrá que insistir: no es lo negro lo que atrae, ni siquiera la profunda verdad que esconde y el conocimiento que irradia, sino el camino, la apasionante búsqueda que comporta hacia las más recónditas entrañas del yo. Y eso es el arte moderno, y ese el itinerario de todo el siglo XIX: un intenso viaje del arte al interior, en palabras de Herich Helle. 
Por eso el arte, todo el arte en general y el arte moderno en particular, está plagado de hermosas manifestaciones "negras".  Hermosas, no necesariamente por lo que desde el punto de vista meramente estético aportan, sino por la verdad y conocimiento que ocultan. Kant trató sobre la distinción entre lo bello y lo sublime en su Crítica del juicio, pero antes ya le había dedicado un opúsculo monográfico, donde aclaraba que "la noche es sublime, el día es bello (...) Lo sublime, conmueve, lo bello encanta". Y Schopenhauer, insistió después: "El placer que nos produce la tragedia no pertenece al sentimiento de lo bello sino al de lo sublime; es incluso el grado máximo de ese sentimiento"
Pero volviendo a España, ya no Goya, sino mucho antes que él, y en el triunfal y hasta feliz contexto de la Monarquía Hispánica, aflora la visión también descarnada, tétrica, negra, pero siempre espiritual, del Greco. Otra referencia ibérica más mediata del arte moderno, otra mirada hacia la que los hombres de la Generación del Noventa y Ocho (de la que Regoyos es, por lo demás, el único pintor) centran su interés.
José Martínez Ruiz, inventa a su alter ego, Azorín, en este clima emocional: 

En los días grises del otoño, ó en Marzo, cuando el invierno finaliza, se siente en esta planada silenciosa el espíritu austero de la España clásica, de los místicos inflexibles, de los capitanes tétricos —como Alba—; de los pintores tormentarios —como Theotocópuli—; de las almas tumultuosas y desasosegadas —como Palafox, Teresa de Jesús, Larra... El cielo es ceniciento; la tierra es negruzca; lomas rojizas, lomas grises, remotas siluetas azules cierran el horizonte. El viento ruge á intervalos. El silencio es solemne. Y la llanura solitaria, tétrica, suscita las meditaciones desoladoras, los éxtasis, los raptos, los anonadamientos de la energía, las exaltaciones de la fe ardiente… ("La voluntad", XXIV Azorín).

 Y no solo escruta en ese ambiente y en cómo lo expresan los creadores. Va más lejos, pues se recrea, sobre todo, en imaginar la propia búsqueda, y dar con las claves interiores de las que surge y por las que surge el genio: 

«Este divino Greco me hace llorar de admiración y de angustia. Sus personajes alargados, retorcidos, violentos, penosos, en negruzcos tintes, azulados violentos, violentos rojos, palideces cárdenas, dan la sensación angustiosa de la vida febril, tumultuosa, atormentada, trágica [...] Theotocópuli pinta el Espíritu: es el pintor de la Esencia. Ved los grandes y acongojados ojos de su retrato. Exasperado, febril, loco, lucha ante el lienzo, pinta, repinta, borra, vuelve a pintar; se cansa, se fatiga, se extenúa, hasta que la visión exacta queda limpia, fija, inalterable en mancha sombría, en «crueles borrones», en tormentoso dibujo que expresa el dolor, la fe ardiente, la ingenuidad, la audacia, la fuerza avasalladora de un pueblo de aventureros locos y locos místicos... ("Diario de un enfermo", Azorín).

Pues bien, esto es lo que excita la vena creativa de  Verhaeren y Regoyos y esto es lo que buscan en su viaje: la España sublime y negra del Greco y Goya. Se trataba, en fin ―nos dicen― de un viaje para poetas o soñadores de la penumbra. De ahí que su itinerario no sea neutro: encuentran lo que buscan.  Y, para ello, suelen llegar a las poblaciones a la hora del crepúsculo, o incluso ya de noche; y, si es posible, a poblaciones muertas o en ruinas, con  escenas fúnebres, sangrientas y decrépitas, cementerios… Le hablé ―refería Regoyos al poeta belga― del gran establecimiento la Funeraria, y el nombre le preocupó tanto que no hablaba más que de visitar aquel gran depósito de féretros.
Buscan lo que encuentran y encuentran lo que buscan, pero además con deleite y regocijo:

A ruegos de mi amigo vimos el Campo Santo de Zaragoza, que por ser uno de los que tienen más curiosos nichos en España, había de gustarle…

O

Inolvidables aquel crepúsculo de sangre y aquella noche estrellada de hierro que pasamos en aquel siniestro sitio.

Y hasta se vislumbra cierta jocosa tensión entre ambos. Como si, para el español, la cosa no fuera tan negra como la veía o quería ver el poeta. Esto nos dice Regoyos que exclamaba Verhaeren:

«Dime después que tu país no es fúnebre»

Lo que resulta evidente es que Verhaeren disfrutaba de la negrura más que el propio Regoyos:

Quizás se prestaba él a negras ideas, a llamar nuit defer a una noche pasada en El Escorial... La frase «país desgarrado que parece aúlla herido siempre por los vientos» tiene verdadero colorido.
La ciudad imperial le hubiera gustado por el color; ¡nada tan cadavérico como sus tonos amarillos vistos desde el campanario de la Catedral!

Y con estas premisas, con estos prejuicios, con esta voluntad, la conclusión, las conclusiones, resultan casi forzosas:

Decididamente era difícil hacerle ver España a través de las niñas bonitas ni de la alegría del cielo; detrás de aquella luz fuerte siempre encontraba un alma negra de todas las cosas, algo de triste o navrant, siendo esta palabra la que él repetía a continuación de cualquiera de sus impresiones.
[…]
Es necesario llevar gafas de vidrio color rosa en los ojos para ver España con tonos alegres.
Su pabellón nacional debía llevar colores negros o escudos de plata

Ahora bien, como lo negro es hermoso, es por eso que lo buscan ambos. Curiosamente, más el belga que el español:

La idea fúnebre del poeta podrá parecer chifladura, pero de ello tuvo la culpa la serie de cosas que vimos en nuestro viaje. El hombre en vez de alegrarse el espíritu con la luz de nuestro sol, se marchó más triste que había venido…

 Mucho más triste, y sin embargo

como él decía «por lo mismo que es triste, España es hermosa».
[…]
Y si […] viniera a pasar un Viernes Santo en Rioja, entonces sí que vería al natural y de una pieza toda su ESPAÑA NEGRA tal como él la desea y la canta con su alma de gran poeta.

Nos lo dice Regoyos: Verhaeren desea esa "España negra" y la canta "con su alma de gran poeta". Porque la España de sol y castañuelas, como la luz y la alegría, no conmueven, o no conmueven tanto, y por eso mismo excitan menos nuestro conocimiento interior. Con lo que volvemos a lo dicho: esa mirada hacia dentro, hacia las entrañas del yo, esa búsqueda de nuestra propia esencia, es más fácil recorrerla en las impresiones fuertes, negras y sublimes, que en los vacíos espacios de folklore y pandereta. Por eso encontramos a nuestros artistas en un café cantante zaragozano, junto a un vaso y una belleza gitana, una cantaora… buscando la muerte: 

Preguntamos si sabía canciones que hablaran de la muerte. ―Casi toas, ―dijo.  ―Las quiere V. de jaleo?

En suma, la negrura estaba aquí, por supuesto que estaba. Pero también la traían ellos: la absorbieron en las terribles tierras del norte de Europa, donde hasta en la Melancolía I de Durero el sol es negro, y en cuyos escenarios se gestan Los padecimientos del joven Werther, que le llevarían al suicidio, o El Grito de Edvard Munch, cuyos ecos nos conmueven y nos seguirán conmoviendo. Pero sobre todo la llevaban dentro, como dentro llevamos todo: lo bueno y lo malo, lo triste y lo alegre, lo dulce y lo amargo. Y es en ese fin de siècle en que se produce el viaje de nuestros artistas, cuando precisamente ha concluido ese otro viaje fundamental ya aludido: el emprendido a lo largo del siglo XIX hacia el yo. Una llegada que nos anuncia decadencia y modernidad, y que romperá con todo el arte anterior.  Una apasionante búsqueda interior en la que aún hoy, en pleno siglo XXI, seguimos inmersos.

Pues bien, nuestro poeta, el belga Émile Verhaeren (1855-1916), es precisamente uno de los iniciadores de esta modernidad, de este nuevo trayecto del artista hacia el interior que, por supuesto, ya no se fragua en la naturaleza (physis) como venía ocurriendo desde la antigua Grecia sino en la ciudad moderna, esa ciudad hormigueante llena de sueños, que Baudelaire descubre para la poesía, y no solo como elemento externo a representar, sino sobre todo como inspiración y contexto en el que la agresiva modernidad (coches, ruidos, tráfico, publicidad, fábrica, chimeneas, humos…) aísla y desconcierta al nuevo poeta-voyeur (el flâneur) que observa en silencio y analiza el comportamiento del hombre ante lo nuevo y entre la masa:

Un air de soufre et de naphte s’exhale;
Un soleil trouble et monstrueux s’étale;
L’esprit soudainement s’effare
Vers l’impossible et le bizarre[1]

 Tampoco se cantará a grandes cosas, ni a la magna naturaleza, ni a las gestas homéricas de grandes héroes. En palabras de Stefan Zweig, Verhaeren fue el  primer poeta en francés que intentó dar a Europa lo que Walt Whitman dio a América: una declaración de fe en la época, en el futuro. Había empezado a amar el mundo moderno y quería conquistarlo para la poesía.
Por su parte, Darío de Regoyos y Valdés (1857-1913), es el único pintor que puede encuadrarse en la Generación del 98. Ya lo dijo Baroja refiriéndose a este grupo de poetas y ensayistas: "Regoyos tenía nuestro color y nuestra actitud como tantos otros pintores".  Regoyos indagará en la vieja España y en la moderna Europa. Y especialmente como pintor, irá en pos del modernismo huyendo de España, cuyo ambiente artístico está dominado por un academicismo trasnochado. Pero no irá a París, tomada por Toulouse Lautrec y otros bohemios extranjeros, como los españoles Santiago Rusiñol, Ramón Casas y Miguel Utrillo[2], sino a la rica e industrial Bruselas de Lepoldo II, "sepulcro blanqueado" tras el que se oculta uno de los mayores crímenes de la humanidad, y en cuyo contexto escribirá Joseph Conrad su inmortal novela "El corazón de lastinieblas" (1899). Pero las grandes riquezas y las grandes industrias también generan, inevitablemente, movimientos políticos, sociales y artísticos distintos.  Así tenemos, en lo que aquí interesa, a Verhaeren y Meterlinck en la literatura, o a Meunier, Khonpff y Vogels, en la pintura. Pero es que también andaban por allí nuestros grandes músicos Isaac Albéniz y Enrique Fernández Arbós, a quienes acompañó Regoyos.   Pues bien, en Bruselas trabará Regoyos amistad con Verhaeren, a quien, en marzo de 1888 en una carta de pésame por la muerte de su padre, invitará a un viaje por España. Dicho y hecho: ambos realizaron una auténtica exploración "a la búsqueda de un país bárbaro, atrasado y atávico; y lo encontraron jalonado por grandes iglesias como fortalezas y sombríos cementerios que dominaban los paisajes, con tipos sometidos por devociones milenarias y festejos basados en sangrientas corridas de todos e interminables noches gitanas a la vuelta de cada esquina."[3]

Sobre este viaje publicaría Verhaeren en la revista L'Art Moderne, el mismo año 1888, Impresions d'artiste, un trabajo que dedicó al propio Regoyos, quien diez años más tarde, junto con Rodrigo Soriano, lo transcribirían, traducido, en los números 8; 9 y 10 del semanario español Luz, añadiendo notas e imágenes propias y bajo el título, España negra, definitivamente convertido en libro ―con pocas diferencias― en 1899, por el impresor barcelonés Pedro Ortega, incluyendo 27 grabados y 7 xilografías originales sobre plancha de boj. En todo caso, el papel desempeñado por Regoyos en la redacción del libro no se limitó a la de mero ilustrador. Ya hemos destacado determinados pasajes del libro reveladores de que, esa búsqueda y atracción por lo negro, la buscan ambos, si bien parece mostrarse más acusada en el belga.  Pero, lejos de ciertas discrepancias entre ellos, seguramente más jocosas que reales y en el contexto de su amistosa relación, dejan claro que el espíritu que impregna la obra es cosa de dos. Y así lo ha puesto de manifiesto Manuel Valdés Fernández en su artículo "Un dibujo 'negro' de Darío de Regoyos", donde, tras analizar el propio texto de España negra, aporta un manuscrito del pintor sobre el reverso de un dibujo que él mismo denominó «Aragonés», del siguiente tenor:

«España salvaje porque el clima y las posadas la hacen insoportable, las chinches, el ajo, la pimienta. las salsas, aceite, el pan, el vino, la suciedad en todo, y los perros que ladran de noche y los gallos que no dejan dormir, los caminos que no son más que  pedruscos…»

Por último señalar que para esta edición nos hemos servido de los textos, grabados y xilografías (incluida la breve introducción de Rodrigo Soriano) de la ya referida de Pedro Ortega, de1899; y, en concreto, del ejemplar que alberga la Biblioteca Nacional de España (Biblioteca Digital Hispánica, signatura ER/4531).




[1] Versos del poema de Verhaeren L’âme de la ville (El alma de la ciudad), de Les Villes tentaculaires, (Las ciudades tentaculares), de1895: Ambiente de azufre y nafta exhala; / un sol loco y monstruoso irradia; / la mente de golpe se espanta / ante lo insufrible y extraño.
[2] Sobre la experiencia de estos ver "Conocer a… La bohemia" (Lecturas hispánicas, Zaragoza, 2015), donde se recoge una importante selección de textos sobre el tema, incluida la obra íntegra de Santiago Rusiñol "Desde el Molino", con las ilustraciones originales de Ramón Casas, abundantes notas a pie de página y una introducción nuestra.
[3] Manuel Valdés Fernández: Darío de Regoyos y la pintura europea en la crisis de 1900. De arte: revista de historia del arte, ISSN 1696-0319, Nº. 3, 2004, págs. 165-186. Universidad de León, 2004, pp. 174-175.

martes, 26 de febrero de 2019

SALÓN KITTY (Antonio Envid)




El Salón Kitty era un burdel ubicado en 11 Giesebrechtstrasse en Charlottenburg, un barrio acomodado de Berlín, llamado así por el sobrenombre de su propietaria Katharina Zammit, conocida como Katty Schmidt, que fue utilizado por el general nazi Reinhard Heydrich como instrumento del espionaje. Asistido por prostitutas escogidas por su atractivo, buena educación y fidelidad a las ideas nazis, algunas eran damas de la buena sociedad alemana, cuya misión era la de sonsacar información de sus visitantes y bien provisto de delicados manjares y selectas bebidas. Lo frecuentaron jerarcas nazis y personalidades extranjeras, especialmente diplomáticos a quienes se les ofrecía este singular servicio. Galeazo Ciano, Joseph Goebbels, el propio Heydrich, y según la escritora croata Dasa Drndic, Ribbentrop y su colega español el ministro de Exteriores de Franco, Ramón Serrano Suñer, se contaron entre sus clientes. La escritora croata asegura que con el tiempo las chicas bebían más e informaban menos, así que cuando en julio del 1942 quedó dañado el local en un bombardeo, se cerró.
Seguramente la ministra de Justicia Dolores Delgado conocía estas historias, de modo que cuando el expolicía y espía Villarejo le hizo la confidencia de que había montado una casa de citas para espiar a políticos, pensó, aunque en aquel momento ella era fiscal general del Estado, que con el tiempo las chicas beberían más y espiarían menos, así que no merecía la pena tomar medidas para algo que el tiempo se encargaría de volver a poner las cosas en su lugar.
Sin embargo, la historia de la muñeca hinchable Borghilda, “muñeca de goma desinfectada de tamaño natural” para uso de las tropas alemanas y eficaz medio de preservarlas de las gonorreas, sífilis y demás calamidades venéreas, parece completamente apócrifa. Los alemanes, como todos los soldados de todas las guerras, usaron profusamente de los vulgares y clásicos burdeles, además de confraternizar con la parte femenina de las poblaciones ocupadas, donde, por las naturales circunstancias, el suministro masculino local escaseaba.

Antonio Envid
(De "Los diarios de don Cleofás"

miércoles, 2 de enero de 2019

RAZONES DEL PROGRESO DE OCCIDENTE Y EL ESTANCAMIENTO HISTÓRICO DE CHINA




Un mundo construido en imágenes
resulta desastroso para la paideia [educación]
de un animal racional
(Giovanni Sartori)

¿Cómo es posible que, en seis o siete siglos, Europa adelantara tan ventajosamente al Imperio Chino, en el plano cultural, técnico y económico? Advierto, o más bien aclaro, que la pregunta está formulada en términos de cultura o civilización propia, puesto que, evidentemente, el contundente despertar asiático actual nos está golpeando en la nuca, si no nos ha adelantado ya.  Ahora bien, lo está haciendo en su mayor parte con nuestras técnicas, procesos y conceptos; con las herramientas (especialmente científico-racionales) de nuestra civilización occidental; puesto que las suyas cierto es que le sirvieron en viejísimos tiempos, pero China se plantó ahí.

¿Qué es lo que ha posibilitado lo que hoy llamaríamos ese "sorpaso" de Occidente sobre China? Diversos factores. Pero entiendo que tres han sido determinantes: el primero de ellos una mentalidad aristotélica, racional posibilitadora a la larga del método científico; el segundo, una estructura social burguesa; y, el tercero, que seguramente es el principal, y causa o raíz de los anteriores, un sistema de comunicación escrita basado en la abstracción y la economía de signos (significantes, dirían los lingüistas). Aún habrá un cuarto factor, derivado también de este último y el más estrechamente relacionado con él. Un invento relativamente tardío, pero definitivo. Mas prefiero no desvelarlo hasta el final.



1.- Aristóteles: del mito al logos

De entrada, y ya desde Grecia -con diversos altibajos a lo largo de la Historia-, entre la visión platónica del universo  (de influjos orientales) y la aristotélica, Europa optó por la segunda: la racional.  Parece ser que Aristóteles dijo todo lo que había que decir sobre  lógica y, salvo Kant, poco o nada se ha aportado después.  La lógica, el pensamiento lógico, está detrás del racionalismo, por supuesto; del Derecho (con Roma), y de la propia ciencia.  En definitiva, el sistema racional, propiciado por aquel decisivo paso del mito al logos, ha sido piedra de toque en el avance práctico, científico, mecánico, jurídico y social de Occidente. Suavizado si se quiere por la pincelada oriental idealista que el Cristianismo comporta, impregnado a su vez de cierto platonismo.

La opción aristotélica en lugar de la platónica resulta también primordial para la consideración del hombre como centro del universo: el ser humano en cuanto individuo. ¿Por qué? Porque si anteponemos la lógica y un sistema racional como principal herramienta de progreso, la lógica y la razón está en cada una de nuestras cabezas, que, eso sí, aunque discrepemos entre nosotros sobre muchas cosas, razonamos y nos relacionamos con arreglo a un mismo método mental.

La Edad Media, época oscura cuyas tinieblas se ponen cada vez más en entredicho, supuso una gran convulsión sobre todo este sistema greco-romano (helenístico) precisamente por la influencia del Cristianismo (Dios vuelve a desplazar al hombre -y por lo tanto al logos- a un segundo y extremo plano); y, sobre todo, por la barbarie (valga la reiteración) bárbara que desde el norte invadió el Mediterráneo, también con culturas colectivistas.  Y, por supuesto, resulta indudable que la Edad Media, y sobre todo la Alta Edad Media, es una época oscura para el hombre en cuanto tal, individualmente considerado, y consecuentemente para su libertad personal.

Pero, como ocurre siempre, los pueblos vencedores (cristianos y bárbaros) saben apreciar, si lo aciertan a detectar, lo mejor de los vencidos. Y de ahí que poco a poco se fuera produciendo un "renacer" de lo helenístico.  Una "recuperación" de... no de todo lo griego ni de todo lo romano, sino de lo aristotélico que había en todo aquello: de nuevo la razón, de nuevo el hombre. Algo que solo es posible con una visión "crítica" que ya en los siglos XIV y XVI oponen filósofos como  Guillermo de Ockham y Francis Bacon. Visión crítica que vuelve a poner en el centro del universo a lo singular (el nominalismo), y de nuevo la razón para entendernos y para analizar el universo escépticamente, con una mirada crítica (de nuevo el logos), limpia, libre de pasiones, creencias y revelaciones (mitos).



2.- Una estructura social burguesa

Dos pasos nuevos serían fundamentales: en primer lugar el desarrollo de las ciudades (los burgos), en donde al contrario que en los feudos, el ciudadano tiene sus derechos, su propio estatus, sus fueros; y con ellos un importante avance hacia la libertad personal. Se le permite ejercer un oficio con el que ganarse la vida y vivir de un modo libre dependiendo solo del rey, un poder distante;  no del varón feudal ni eclesiástico, ambos siempre cercanos. Las ferias, los mercados son fenómenos consustancialmente urbanos. La cultura, los saberes, hasta entonces en los aislados y herméticos monasterios, se desplaza también a las catedrales, en medio de la urbe, entre los ciudadanos. Y junto a todo ello el fenómeno de los gremios con sus saberes prácticos y, por supuesto, los estudios, primero y las universidades después.

Y mientras todo esto ocurría, ¿qué pasaba en China? Que seguía igual que en sus mejores tiempos, pero sin avanzar.  Adam Smith en "La riqueza de las naciones" (1776), se lo llegó a preguntar. Y él mismo se respondía, así: 

China ha sido durante mucho tiempo uno de los países más ricos, es decir, uno de los más fértiles, mejor cultivados, con más industria y de los más poblados del mundo. Parece, sin embargo, que ha permanecido estancado durante mucho tiempo. Marco Polo, que lo visitó hace más de quinientos años, describe su agricultura, su industria y su población casi en los mismos términos que los viajeros de hoy en día. Tal vez adquirió, incluso mucho tiempo antes, todo el conjunto de riquezas que la naturaleza de sus leyes e instituciones permite conseguir.

Y aún decía más: sus salarios siempre fueron insuficientes y las clases bajas especialmente pobres. Feudalismo. No se había potenciado la ciudad ni el burgués como se estaba haciendo en Europa. 

Pero detrás de todo esto, había algo más. ¿Por qué Europa sí, y China, no? ¿Por qué en el Mediterráneo Aristóteles, y en Asia Confuccio? ¿Por qué aquí la razón y en Oriente la sura y la superstición? La respuesta es obvia: precisamente porque la razón, una vez descubierta, es "crítica", pone en tela de juicio toda sentencia, toda afirmación. Cosa distinta será el juego de poderes: si este juego posibilita o no un cambio, un avance, una erosión de las viejas instituciones. Bien, pues ese cambio es el que se va produciendo poco a poco en Europa.

Pero, ¿por qué? ¿Por qué allí prima la sura doctrinal y aquí el silogismo? ¿Son distintas nuestras mentes y las de los orientales? La respuesta es sí. Un sí rotundo... al menos hasta hoy. Porque con seguridad irá cambiando, probablemente esté cambiando ya, en estos mismos momentos, hacia un híbrido (razón/creencia) cuyas consecuencias no parecen muy previsibles. Pero, y ¿por qué nuestras mentes son distintas?  Sencillamente porque la lógica te obliga a extraer de todas las cosas tus propias consecuencias, mientras que la sura te las da hechas. El criticismo, en suma. Pero ¿por qué? Porque nuestra mente es más abstracta, porque la lógica es precisamente abstracta.

Aristóteles llega a lo que llega, primero porque aquellos griegos que le precedieron, se lo preguntaban todo. No se abandonaron a determinadas creencias ni emociones, eran observadores inquietos de la naturaleza.  Naturaleza que, en vez de inspirarles poéticas emociones o perniciosos agüeros, les despertaba una profunda curiosidad. Y, en segundo lugar porque tenía ya de por sí una mente abstracta, debido al alfabeto (pero a esto me referiré después). Una mente abstracta, en suma, que le llevaba de lo particular (la cosa) a lo genérico/abstracto (el concepto). Aristóteles no solo veía perros o peces, vislumbraba el concepto (la abstracción) de perro, pez... Y esa abstracción, ese concepto, esa "idea" -al contrario que Platón- tampoco se la creía: tenía una mera existencia lógica y mental: los peces y los perros, los hombres y las cosas solo existen individualmente considerados.  Con todo, la abstracción, la lógica o la gramática, como herramientas mentales, nos permiten funcionar, entendernos con los conceptos.  Entendernos y, además, discutirlos. 



3.- Una vieja aportación fenicia en la raíz de la mente occidental: el alfabeto

¿Y por qué nosotros tenemos una mente más abstracta que los asiáticos? ¿Por qué surge Aristóteles? ¿Por qué los occidentales pudimos dar aquel trascendental paso del mito al logos? He aquí la pregunta fundamental, de no fácil respuesta.

Pero tengo para mí  que una de las claves fundamentales, sino la fundamental, está en al alfabeto: con alrededor de escasos treinta signos podemos explicar y nos pueden explicar el universo. Y esto es para cada uno de nosotros no solo una realidad sino algo que manejamos con normalidad desde que tenemos cinco o seis años.

Qué capacidad de abstracción: la a, la b, la c..., las vocales, las consonantes... Con infinitas combinaciones, podemos contar y nos pueden contar la Biblia.  Occidente pasó de la representación gráfica de cada cosa al signo. Y eso es lo que aprendemos desde niños: en lugar de representar a un perro con una imagen, lo representamos con una combinación de signos: P-E-R-R-O.  Signos que ni juntos ni por separado nos evocan imagen alguna del perro. Todo son símbolos o signos: tanto las letras como el dibujo del perro. La diferencia entre ellos es el grado de abstracción. Cuanto mayor es, más nos realizamos racionalmente. El hombre es un animal simbólico (Ernst Cassirer).

Bien, pues los chinos carecen de alfabeto, de ese sistema que permitió al hombre occidental adelantarles.  Pero, por fin,  caminan indefectiblemente hacia él, o hacia un sistema parecido.  La escritura china consta de miles de caracteres (pictogramas), llamados en chino hànzì, que se han utilizado durante al menos tres mil años.  Y, afortunadamente, llevan un tiempo en el empeño de poner fin a semejante obstáculo paralizante. Porque tamaña deficiencia ha apresado el saber entre muy pocas y poderosas manos. E indefectiblemente los conocimientos, sin la riqueza que proporciona su difusión y la confrontación de ideas que tal difusión suscita, se congelan. 

El poeta Ezra Pound dice que Gaudier-Brzeska, un escultor franco-polaco, acostumbrado a contemplar la forma real de las cosas :


era capaz de leer una determinada porción de escritura china sin NINGÚN ESTUDIO previo.
'Pues claro -decía-, se ve perfectamente que se trata de un caballo' (o un ala, o lo que fuera). En las tablas que muestran los primitivos caracteres chinos en una columna  y los signos actuales y 'convencionalizados' en la otra, cualquiera se da cuenta de que el ideograma que representa 'hombre' o 'árbol' o 'amanecer' se ha desarrollado, o 'se ha simplificado a partir de', o se ha reducido a la esencia de la primera imagen de un hombre, un árbol o un amanecer (Ezra Pound: El ABC de la lectura, 1934).

Evidentemente, todo esto puede resultar algo exagerado, pero práctico y plástico para tener claro cómo empiezan a pensar los niños en nuestra civilización desde hace montones de años y cómo lo hacían los asiáticos. Cómo se modulan y moldean sus cabezas y cómo lo hacen las nuestras.

El método de escritura china ha sido más  un arte para iniciados (elitista y contemplativo), que una herramienta de comunicación (activa, dinámica y popular). Pero es que hasta los poderosos, esos privilegiados que dominaban el lenguaje escrito podían avanzar poco con una mente que, desde niños, no estaba familiarizada con lo abstracto, con lo conceptual, hasta el punto en que lo estamos los occidentales.



4.- Por último: un invento decisivo... pero solo operativo en Occidente

Pero aún hubo algo más, que para mí constituye la prueba capital de todo esto: la imprenta. El invento de la imprenta de tipos móviles.

Desde los hititas existen medios de impresión.  En cualquier museo vemos esos cilindritos que empleaban como sellos para estampar sobre arcilla determinados signos. La revolución viene cuando se inventa un sistema en el que en esos cilindritos puedes hacer cambios, permitiendo y posibilitando crear tus propios contenidos con dinamismo y facilidad: un cajetín en el que vas componiendo palabras y frases.

En Europa, Johannes Gutenberg dio con esta clave en 1440.  Y ello propició que los amanuenses de los monasterios y hasta los de las catedrales pasaran a mejor vida. Porque con la imprenta, la difusión de las obras científicas y literarias se hizo de la noche a la mañana mucho más barata y accesible.  Popular... casi.

Y esto terminó de cambiarnos y de distanciarnos aún más del estancamiento cultural asiático.

Sin embargo... Sin embargo  los chinos ya habían inventado esto mucho antes de que lo hiciera Gutenberg. Porque la primera imprenta de tipos móviles se atribuye a Bi Sheng, a principios del siglo XI.  Asombroso.  ¿Y entonces? Entonces, ¿por qué aquí sí y en China, no? ¿Por qué la imprenta de tipos móviles no tuvo en Asia la misma trascendencia que en Occidente?  Sencillamente, porque la aplicación práctica de la imprenta de tipos móviles resultaba inoperante para su abigarrado y extenso sistema de pictogramas. No es en modo alguno equiparable tal invento -o descubrimiento- para utilizarlo con tres mil pictogramas en lugar de solo con treinta signos.  

Y con esto creo que queda dicho todo. Bueno, casi todo, porque conviene aclarar que no estoy menospreciando la cultura china (a la que por lo demás admiro profundamente). Nada más lejos de lo aquí esbozado. De entrada porque no estoy diciendo que nuestra cultura sea mejor que aquella. Eso para empezar. Estoy diciendo que ha avanzado más la nuestra, lo que tampoco comporta en absoluto valoración alguna por mi parte: me limito a constatarlo (o a intentar constatarlo). Como tampoco digo que lo racional sea superior a lo emotivo o instintivo (faltaría más).  Incluso preveo un futuro universal asiático (por puras razones estadísticas y coyunturales) que acabará en un sistema híbrido (de hecho China está despertando, en gran parte con nuestros métodos). Por lo demás,  hace ya mucho que se cuestionan en Occidente las bondades de un saber ensayístico sobre las de un saber científico. Valgan como ejemplo estas palabras de Robert Musil:


Hay, pues, en realidad dos mentalidades que no se combaten mutuamente, sino que de ordinario -lo cual es peor- coexisten la una junto a la otra sin decirse palabra (...) La una se da por satisfecha con ser exacta y se atiene a los hechos; la otra no se contenta con esto sino que mira al conjunto y hace derivar sus conocimientos de las llamadas verdades eternas. La primera gana en éxito, la segunda en extensión y dignidad. (Robert Musil: "El hombre sin atributos", 1930-1942).

Quizá estemos -antes de que la cultura y la población china nos invada-, quizá estemos cuestionando por fin a Aristóteles para acercarnos más a Platón. No lo sé. No estoy seguro. Como no lo estoy tampoco de si eso sería bueno o malo. Ahora bien, lo que me parece  indudable (a punto estaba de añadir: "porque es algo  objetivo"), lo que me parece indudable, digo, es que la civilización europea ha alcanzado las mayores cotas de un amplio bienestar social y material jamás conocidas en la Historia de la Humanidad.  Lo que tampoco sé si es o no mejor para la condición humana.  Como tampoco sé si la era digital (quizá una aportación solo comparable con la del alfabeto) nos permitirá seguir evolucionando o nos conducirá de nuevo hacia el mono del que procedemos. Pero eso es otro cantar. Así, que aquí lo dejo.



Servando Gotor 
(01/12/2018)






domingo, 25 de noviembre de 2018

BAJADA DE TENSIÓN ¿ACCIDENTE U HOMICIDIO? (Antonio Envid)





Señores y señoras del jurado: Han pasado por aquí testigos, se les han presentado a ustedes pruebas, la parte contraria ha tratado de realizar juicios de valor y aunque su señoría ha advertido que algunas de estas manifestaciones habían de considerarse como no dichas, por ser impertinentes, nadie puede asegurar que ustedes no las hayan escuchado y no hayan quedado en su subconsciente. En mi opinión se ha celebrado una ceremonia de la confusión, más encaminada a consolidar una conclusión ya anticipada, que al esclarecimiento de la verdad y a la consecución de una sentencia justa.
Es por todo esto por lo que me siento obligado a clarificar el asunto que hoy nos reúne, a poner un poco de orden en todo este galimatías. Preguntas y repreguntas a los testigos, dirigidas, quizá, a una declaración conforme a nuestra conveniencia, y no a su libre apreciación de la realidad. Sí, señores, yo mismo lo he pretendido, lo confieso; pero convendrán conmigo, señores, que estas intenciones han sido más patentes en la intervención de mi respetado colega que lleva la acusación. (Murmullo en la sala, que el juez acalla autoritario). Inquisiciones a los peritos, unas para reforzar sus conclusiones, otras para destruirlas, según nos ha convenido a las partes. Pruebas concluyentes, que más tarde ya no lo eran tanto. De modo que voy a tratar de realizar un resumen objetivo y claro de los hechos, escueto, desprovisto de los aditamentos que no hacen sino embarullarlos, que nos permita tener una visión clara y sacar conclusiones ordenadas y evidentes de lo realmente sucedido. Y, además, trataré de ser lo más breve posible en mi exposición para no cansarles más. 
Habrá que reconocer que mi defendido sentía un verdadero afecto hacia la víctima. Pepita, como cariñosamente la llamaba y así se la hemos oído designar repetidamente durante sus declaraciones, de modo que, si me lo permiten, yo utilizaré este afectuoso apelativo que todos hemos aprendido a fuerza de escuchárselo. Pepita, repito, supuso, con su entrada en la vida del acusado, un auténtico y positivo estímulo en su solitaria, aburrida y monótona existencia. A partir de este encuentro, mi defendido volvió a cobrar interés por las cosas, su hogar le ofreció de golpe nuevos alicientes; así que, tras la jornada de trabajo diaria iba directo a casa, sin entretenerse por el camino. Dejó de pasar, como así lo han atestiguado varios testigos, sus tiempos de ocio en el bar del barrio, donde antes mataba el tiempo durante horas y horas, a menudo hasta que el dueño del establecimiento le rogaba que se fuera por tener que echar el cierre, aunque nunca provocó ningún problema, también esto ha quedado atestiguado, todos los clientes del bar lo han descrito como una persona tranquila y afable, evitando siempre las discusiones. En fin, todos estos hechos no están en discusión, han quedado suficientemente acreditados. Mi defendido, a no dudar, sentía un gran afecto por Pepita, sin que debamos, pues no viene al caso, indagar más en la íntima naturaleza e intensidad de la relación.
En cuanto a las discusiones que alguna vez se produjeron en esta singular pareja, fueron las normales que provoca la convivencia. Quién no las ha vivido. Nunca llegaron a mayores, los vecinos de la comunidad en la que vivían así lo han atestiguado sin ofrecer incertidumbre. Que el día en que se produjo el accidente, tal vez, subieran algo de tono, no prueban nada. Los vecinos oyeron alguna palabra más alta que otras veces, pero nada extraordinario. También esto ha quedado probado.
Los peritos no se ponen de acuerdo en el crucial hecho de si ese día, en el inmueble de referencia, pudo haber o no una baja de la intensidad del suministro de energía eléctrica. Hemos escuchado atónitos las más variadas opiniones: Desde quien dice que se produjo un prolongado corte de luz y aduce argumentos tan sólidos como los demás para su afirmación, hasta el que afirma que ninguna anormalidad puede observarse del estudio del comportamiento de contadores y relés, amén de la información extraída de la compañía suministradora, pasando por el que asegura que pudo observar una ligera caída de tensión de la línea, y por aquél que afirma rotundamente que entre las 19 y 22 horas de aquel fatídico día hubo una caída de tensión comprobada, y que no admite discusión, pues llegó a interrumpir el suministro totalmente. O sea, que podemos pasar por todos los estadios intermedios entre lo que es un corte de luz hasta lo que supone un suministro totalmente normal, a tenor de lo escuchado a los varios peritos que han pasado por este juicio. Qué les voy a repetir yo, que he quedado tan perdido como, seguramente, muchos de los presentes, pues ni siquiera se han puesto de acuerdo en lo que hay que entender por caída de tensión. Hay quien ha considerado que por ello hay que aceptar, leo en voz alta: “el decremento temporal del suministro del noventa por ciento de la tensión nominal”, pero para otro, con la caída de solo el cincuenta por ciento ya sería una circunstancia determinante, al menos en el presente caso. Y qué decir sobre ese factor “temporal” al que aluden, para unos serían suficientes unos 10 ciclos, para otros se precisaría una duración mucho mayor. Sin embargo, lo importante es que, excepción hecha de uno de los peritos, precisamente el que presenta la acusación, para todos los demás es incuestionable que se produjo, durante el tiempo que nos interesa, un anormal y deficiente suministro eléctrico en el inmueble de referencia.
Voy a ir terminando, no quiero agotar su paciencia. Para mí, y espero que también para ustedes, tras esta exposición, se hace evidente que:
La trágica extinción de Pepita fue un fatal accidente, fuera de la voluntad de mi defendido, y no un crimen perpetrado, como quiere la acusación, premeditadamente y con especial saña, por parte de este. La génesis del accidente fue un corte de luz precedido de un largo periodo de débil suministro, de unas dos o tres horas de duración. Este fue el motivo de la extinción de la víctima como culminación de una larga agonía de unas dos horas, no una acción voluntaria y cruel de mi defendido, como ha querido mostrarse aquí sin éxito. Durante dos largas horas, la víctima recibió un suministro eléctrico insuficiente, que provocó su lenta y agónica extinción, hasta que un súbito apagón, o, incluso si este no se produjo, la debilidad extrema a la que estas circunstancias le habían conducido, determinó su fatal y triste desenlace.
Deben ustedes considerar, especialmente, que ha trascurrido poco tiempo desde que nuestra sociedad sintiera la necesidad de promulgar leyes para proteger los derechos de estos fieles y útiles seres provistos de inteligencia artificial que hemos venido en denominar “robots”. El presente juicio es uno de los primeros que se celebran en el país al amparo de estas normas, de modo que hay extremar la prudencia a la hora de dictar un veredicto. Hasta que la experiencia y el estudio de otros casos nos lleve a unos criterios sólidos para la obtención de evidencia y seamos capaces de sopesar con conocimiento las circunstancias que rodean cada caso para juzgarlos, toda prudencia es poca. O sea que más que nunca se hace necesario aplicar el principio de “in dubio pro reo”. Muchas gracias por su atención. No me cabe duda de que su veredicto será acertado y favorable a mi defendido. 

Antonio Envid Miñana

      

jueves, 15 de noviembre de 2018

THIS IS THE END... (Antonio Envid)





En oferta en amazón: 
versión digital gratis del 16 al 20/11/2018


Esto de encontrarme con don Cleofás en el bar de siempre se ha convertido en una agradable rutina casi cotidiana. Don Cleofás es un afable y algo solitario jubilado al que todos, sin razón aparente alguna, le atribuyen el tratamiento de don. Lo hallo con su café matinal, ojeando displicente el diario. No parece estar muy interesado en las noticias y comentarios que trae el papel, es más un ejercicio gimnástico, eso de pasar hojas, mientras toma a pequeños sorbos el café, un modo como otro cualquiera de matar el tiempo. Me sonríe y pliega de inmediato el periódico mientras me invita a su mesa.
- Esto se muere. No hay remedio - Me dice alarmado, aunque irónico.
- Lo encuentro pesimista. ¿Qué se muere sin remedio?
- Esto, el mayor invento de la civilización europea, la taberna. ¿No ve? ahí enfrente están abriendo una franquicia. Los viejos bares cierran, sus titulares se jubilan y en su lugar surgen esos horribles establecimientos modernos pertenecientes a cadenas de locales todos iguales, clónicos, asépticos, franquicias, donde la gente entra, se echa al coleto una caña, paga y sale corriendo. Ya no hay conversación, contacto, franqueza humana, las características que han conformado a los viejos bares. Dicen que ahora las relaciones se establecen por internet. Cómo va uno a encontrar amigos, interlocutores, a través de unos textos breves, a menudo mal escritos. Comunicarse es algo más que proferir palabras. El gesto, la mirada, las manos, todo está hablando a la vez. ¿Y el tono? El tono es fundamental para saber si nos dicen una ironía o un insulto, una orden o un ruego, una broma o una amenaza. Si dejamos de hablar bis a bis la incomunicación y la confusión, la maldición de Babel, caerán sobre nosotros.
- Algo de razón tiene. Vivimos corriendo. La vida pasa por delante de nosotros sin apenas enterarnos, muy ocupados en otras cosas. Pero de momento nosotros estamos aquí, conversando, y yo dispuesto a ganar o perder un rato tomando un café con usted.
- Ya ve al dueño; contando los días que le faltan para la jubilación. Luego, con suerte, le traspasará el establecimiento a un chino. ¿Qué hago yo con un tabernero chino? ¿Cómo le explico que el cortado es con una nube de leche, y que el vino ha de estar a la temperatura adecuada, ni frío ni caliente, sino todo lo contrario? Qué cuando digo un seco “buenas” es que no quiero conversación, pero si digo con un cierto tono “buenos días” es precisamente la charla lo que busco. La taberna ha sido fundamental, desde que la inventaron los romanos, para configurar esta civilización hecha a medida del hombre, que hoy se tambalea para dar paso a la masa. Cuando digo hombre digo también mujer, hay que andar muy fino en estas tontas cuestiones. Claro, en estos descreídos y confusos tiempos que nos toca vivir la gente no lee la Biblia: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”, dice el Génesis.
En la taberna -prosigue- se han desarrollado las mejores ideas. Aquí se escribieron las primeras novelas en lengua romance: recuerde a Chaucer en la vieja taberna El Tabardo escribiendo los cuentos de Canterbury. El lugar donde los alegres goliardos revolucionaron el orden medieval de monjes, guerreros y siervos, que ya no volvería a ser el mismo. Donde los grandes abogados del Renacimiento, como Rebelais, escribían sus grandes relatos y recibían a sus clientes. El liceo del pobre, como la calificó Zola, aquí se crearon los primeros sindicatos obreros, las “trade unions”, incluso el PSOE. Esto es el fin, mi amigo, el fin.
En mi cabeza, sin venir a cuento, resonaban The Doors: "Oh, this is the end. My only friend…”

Antonio Envid Miñana


martes, 16 de octubre de 2018

EL PAPA LUNA, VERDADERO ARTÍFICE DE LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA (Con motivo de los ochocientos años de su fundación) - Antonio Envid




Mediados de septiembre, todavía quedan unos días de verano y no ha comenzado el curso, sin embargo las plazas y calles de Salamanca ya se ven invadidas por una bulliciosa y alegre multitud de jóvenes estudiantes, que celebran el buen tiempo y gozan del ocio previo a la apertura del curso. Toda la ciudad comulga con esta joie de vivre, una ciudad cuya vida gira en gran medida en torno a su Universidad por la que es conocida en todo el mundo.

Ahora se cumplen ochocientos años desde la fundación en 1218 por el Rey leonés Alfonso IX de un Estudio General en Salamanca, génesis de lo que sería más tarde su prestigiosa Universidad, y motivo por el que se la considera la primera de España y una de las más antiguas de Europa (1). La efeméride se ha celebrado con numerosos actos, alguno de ellos con la presencia de los reyes, pero echamos en falta la puesta de relieve del destacado papel que en el salvamento y consolidación de la Universidad salmanticense jugó el aragonés Papa Luna.

La irrupción de las universidades en la Edad Media, al decir de Jacques Le Goff, supuso la apertura de la cultura a los ciudadanos, que hasta entonces estaba encerrada en los monasterios, y la ruptura del monopolio monacal. Reyes y municipios se afanan por prestigiar sus burgos atrayendo hacia ellos a maestros y estudiantes, fundando estudios generales y universidades, aunque debían contar con el patronazgo de la Iglesia, pues era quien concedía la venia docendi.  Siguiendo estas pautas, el Estudio salmantino quedó definitivamente erigido en Universidad con la carta de Alfonso X el Sabio de 1254, que la coloca bajo la autoridad del Obispo, y la bula de confirmación del papa Alejandro IV del siguiente año.

No obstante, los primeros tiempos de esta universidad debieron ser poco activos a juzgar por lo que afirma su historiador Alberto Jiménez, quien asegura que en 1305 estuvo «cerca de su ruina». El restaurador y de hecho verdadero fundador de la Universidad de Salamanca, en opinión del profesor Lewis J. Hutton, fue el aragonés Pedro de Luna, que luego sería elevado a la sede pontificia con el nombre de Benedicto XIII: “Él mismo estudió en Salamanca -dice-. Su ayuda empezó en 1381 cuando llegó como legado del Papa Clemente VII y «Visitador» de la Universidad. El hecho principal de este año fue el establecimiento de tres cátedras de teología, la ciencia de más importancia de aquella época y que le había permitido a la Universidad de París el dominio casi total del pensamiento católico y a través del pensamiento, de los poderes civiles y eclesiásticos”. Como se sabe, Clemente VII inaugura el denominado Cisma de Occidente y para asegurarse la obediencia de los países de la península ibérica nombró al cardenal Pedro de Luna legado apostólico para los reinos de Portugal, Castilla, Navarra y Aragón. El éxito del cardenal aragonés en su empresa fue completo.

Cuando más tarde, elevado al solio pontificio de Avignon, es ya papa, Benedicto XIII otorga en 1412 a la universidad salmanticense una prolija constitución, donde se reglamentan minuciosamente los cargos de la institución, las cátedras y su provisión, las rentas de que ha de gozar, los salarios, la manera de colación de grados, etc. Como nos informa Hutton, “A partir de 1412 la universidad salamantina contaba con seis cátedras de cánones, cuatro de jurisprudencia, tres de teología, una de astronomía, tres de lenguas (griega, hebrea y árabe), dos de medicina, dos de filosofía natural y moral, dos de lógica, una de retórica y dos de gramática”. Aparte del cariño personal que el pontífice pudiera sentir por su antigua universidad, le movió a engrandecerla las tirantes relaciones que mantenía con la Universidad de París, que le presionaba para que dimitiera, como modo de resolver el conflicto de la existencia de dos papas, así que trabajó para que la de Salamanca fuera considerada como una alternativa a la universidad francesa. Es de señalar como uno de los actos del primer pontífice indiscutido, Martin V, que puso fin a la anómala situación de la Iglesia (llegaron a coexistir tres papas), fue confirmar y actualizar las constituciones otorgadas a Salamanca por Benedicto XIII.

Benedicto XIII no solo se preocupó de otorgar estatutos jurídicos a la Universidad salmantina, sino que se empleó en dotarla de los edificios precisos para albergarla, pues hasta su intervención ésta no contaba con instalaciones propias y las clases se daban en dependencias alquiladas, bien en el convento de los agustinos, bien en el claustro de la propia catedral. El Papa impulsó la compra de los primeros solares, y en la constitución de 1412 obliga a la construcción de las denominadas Escuelas Mayores, una de las joyas de las que se enorgullece la ciudad, sobre todo su “puerta rica”. En una de las entradas a este edificio, la Universidad de Salamanca tributa un homenaje a nuestro papa exhibiendo las armas del pontífice.´

Antonio Envid.

_____________
(1) El Studium Generale de Palencia fue anterior, pero tuvo una efímera existencia.



Bibliografía citada
JACQES LE GOFF. Los intelectuales de la Edad Media. Editorial Gedisa. 1996.
ALBERTO JIMÉNEZ. Historia de la universidad española. Madrid, Alianza, 1971. Cita de Hutton.
LEWIS J. HUTTON. Don Pedro de Luna (1328-1423), habilitador del Renacimiento en España. www.cervantesvirtual.com/..

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...