Villamayor de Gállego, 14 de febrero de 2011
En la trasnochada cerrando los ojos sigo viendo esa alfombra roja salpicada de actrices, modelos y modelitos en la vigésima quinta edición de los Goya. Personalmente no me gusta la ceremonia de los Premios Goya, ni siquiera me gusta que hayan puesto por trofeo la cabeza del insigne y genial pintor aragonés. Qué no diría él al verse entre las manos de según quien; sobre todo cuando lo cogen del cuello para elevarlo al cielo como si el premiado hubiese ganado una copa jugando a la petanca.
Este año ha sido una edición especial gracias a la Ley Sinde, con más expectación ante la renuncia del Presidente de la Academia de Cine Española. El recibimiento a la Ministra fue apoteósico: internautas furibundos fueron los encargados de darle la bienvenida, a ella y al resto de los artistas. Artistas se denominan ellos, porque en mi opinión, en España artistas con mayúsculas van quedando pocos. Debo sincerarme y decir que me niego a ver cine español: yo no pago dos veces la misma película, ya tienen más que suficiente con la subvención que reciben de Cultura como para encima pagar por una entrada de cine. Un cine español que cada año baja más en audiencia. Bueno, si reciben subvenciones estaría bien que dejasen ver gratuitamente esas películas españolas. O al menos que oferten las entradas a mitad de precio, yo creo que sería una solución más justa.
Aparte de no pagar una película española dos veces, debo añadir que hace tiempo que dejé ver cine español; aunque reconozco que hay notables excepciones que se salvan. Tengo mis motivos. Encuentro al cine español repetitivo, con los viejos temas de siempre: República, Guerra Civil, Dictadura, rojos, fachas, curas, hijos de curas, marginación, historietas sacadas de la Historia y de su contexto, mujeres maltratadas… Temas que aburren y confunden; si a ello le añadimos ciertas interpretaciones, es ya para morirse de asco. Hay una cosa que se llama interpretación, existe la dicción, la declamación y hasta la respiración. Algunos de esos que se proclaman artistas deberían aprender a hablar, se tragan las palabras, las ahogan; cuando gesticulan lo hacen con tal afectación que acaban matando la espontaneidad. Y es que no se puede hacer un cine serio donde los artistas están relacionados familiarmente con los productores o los directores de cine, gente que no ha tomado una lección de interpretación; y si las han tomado ha sido sin aprovechamiento.
Esta es sólo mi humilde opinión, pero las cifras de audiencia del cine español están ahí. En lugar de tanta ceremonia, tanto felpudo rojo que no alfombra, tanto modelito, tanta pose; mejor sería hacer de vez en cuando una buena película que se catapultara a nivel internacional, mejor sería hacer una gala de los Goya más dinámica, más divertida, sin tanto agradecimiento a progenitores con lágrima incluida. Pero para hacer todo eso se necesitan pedazos de artistas, directores como la copa de un pino y showmans de lujo. ¿Con cuántos podemos contar? ¿Con Buenafuente o la Sardá, quizá? En España carecemos en estos momentos de gente con talento, estamos en punto muerto. El mundo de la cultura está al servicio de la política, de una política y así no vamos a ninguna parte. Por otra parte están los que ponen la pasta y descubren talentos; pero para qué van a descubrir talentos si venden el producto en función del apellido. Al producto se le pone la cara de un famoso y ya está vendido.
En esta Trasnochada entre tanta fotografía de los Goya me quedó con una en especial, en ella están los cinco magníficos: la minista Pajín, la ministra Sinde, Alex de la Iglesia cineasta y todavía Presidente de la Academia de Cine, la ministra Salgado, y el ministro Sebastián. Posan todos de etiqueta, luciendo modelito que no clase. Yo creo que darían más juego para una charanga. Después de todo esto que he soltado, dormiré mucho mejor.





