sábado, 6 de abril de 2013

MERODEANDO A... Fumando espero (Narciso de Alfonso)


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La novedad que es la crisis está dentro del sistema que ya no es sistema porque la novedad lo ha desorganizado, dejándolo en una serie despedazada que no funciona porque ha perdido las conexiones, lo que viene a ser como si la novedad hubiese cortado todas las líneas telefónicas. 

A estas alturas de la crisis crítica, tal vez a la novedad le viene a dar igual que nos preguntemos o preocupemos por los cambios que pide y necesita: quizá actuará por derribo, hasta llegar a las ruinas o a las ruinas de las ruinas. Suicidados aparte, parece que la población civil sobrevivirá a la falta de alimentos a través de un método simple: dejándose esclavizar por los hombres del frío, que tal vez al final nos utilizarán como mano de obra barata a cambio de unos bocatas de jabuguillo. 

Mientras tanto, hemos desplegado las antenas más largas y estamos en régimen de vigilancia, más que nada porque quisiéramos ver como la novedad empieza a vestirse, aunque no sea de seda, y empieza a repintar las paredes, sucias de sangre negra. Con todo, lo que más nos interesa es, naturalmente, ser testigos de cómo reorganiza la cosa, a qué instituciones les enrosca las mangueras más gordas, dónde planta los girasoles y cómo distribuye el sucio asunto del poder. 

Si se trata de sustituir –gradualmente- la mercancía que llevan los camiones de mercado en mercado por esos otros asuntos que todavía nos suenan a ciencia ficción –la comunicación, la información, el diálogo- nos conviene interesarnos por las redes informáticas y por las redes sociales y por el comercio digital. 

Así que, de momento, no nos comeremos el ordenador, como teníamos previsto, sino que intentaremos que hasta la abuela, sorda como una pared de piedra, se meta con faldas y a lo loco en las redes más sociales, a montar pollos, que es lo suyo desde que vino al mundo, hace ya demasiado tiempo. A ver si consigue un liderazgo o, por lo menos, hacerse con una buena zona de influencia, si es estratégica mucho mejor.


Narciso de Alfonso
El Merodeador, III



viernes, 5 de abril de 2013

LA MEJOR GUÍA DIGITAL DEL PRADO






Seguramente la mejor guía digital del Prado para el visitante neófito, en su primer contacto con el Museo. Un libro versátil que puedes utilizar como tal guía de mano en tu visita o tranquilamente en casa, como una lectura de introducción, amena y sistemática, a la mejor pinacoteca del mundo. 








El Museo (continente)


Isabel de Braganza, la joven esposa de Fernando VII,
señalando con su mano derecha el edificio diseñado
por Juan de Villanueva; y, con la izquierda, los planos del mismo,
que acabará siendo sede principal y definitiva del Museo del Prado
 (por Bernardo López Piquer. Sala 75, planta 0)



Sólo una breve referencia histórica. En palabas de José Manuel Pita Andrade, a Fernando VII, que fue mal hijo, mal esposo, mal padre, mal rey y mala persona, no debe regateársele el mérito de haber jugado un papel decisivo, no sólo en la fundación del Museo sino en la elección del edificio de Juan de Villanueva, concebido en su origen (1785) como peculiar sede de las Ciencias y tal vez de las artes asociadas a ellas. 

Y es cierto que Fernando VII, en el ambiente ilustrado europeo imperante (en Francia ya se había creado el entonces envidiado Louvre) fue el responsable de su creación en noviembre de 1819. Pero atendiendo a la personalidad, gustos y ambiente en que siempre vivió y se movió el deseado rey indeseado, no deja de ser cuando menos sospechosa esta loable iniciativa. De hecho, otras voces comienzan a vislumbrar en sus causas justo lo contrario: una decisión política basada precisamente en el desprecio del monarca por las pinturas reales en favor de una nueva decoración de sus palacios, "en la línea pequeñoburguesa —según Alfonso E. Pérez Sánchez— del modo francés, con papeles pintados, menudos cuadritos de género, colgaduras de París y otros elementos que nos constan constituían su gusto más inmediato" De modo que los grandes cuadros heredados de sus antepasados no eran para el rey sino "antiguallas por las cuales su esposa y ciertos cortesanos mostraban una inexplicable admiración" —reitera el mismo autor— queriendo quitárselos de en medio con la excusa de crear un museo que, más bien, sería en la mente del monarca, un almacén de aquellas pinturas que no quería en las paredes de las residencias reales. 

En definitiva, podría sostenerse que las verdaderas causas de la creación de nuestro museo hay que buscarlas más que en unas sinceras motivaciones del monarca en la situación de la época, su pésimo gusto y, sobre todo, en la verdadera iniciativa de su esposa Isabel de Braganza quien, con diversos cortesanos de su entorno, es la verdadera creadora del Prado. Y así parécelo reclamar ella misma en el retrato de López Piquer, que podemos admirar en la sala 75 (planta 0), donde vemos a la reina señalando con su mano derecha el edificio de Villanueva y con la izquierda los planos. 

En 2007 se lleva a cabo la principal ampliación del Museo del Prado, obra de Rafael Moneo, mediante una construcción anexa al de Villanueva que integra y recupera, además, el claustro del Monasterio los Jerónimos. Este proyecto —en los términos de la propia web oficial del Prado— forma parte de un programa continuado de expansión que prevé la incorporación al Prado de distintos edificios de su entorno como son el Casón y el Salón de Reinos, últimos vestigios del antiguo Palacio del Buen Retiro. El Museo del Prado —se insiste en la web— conforma así un Campus museístico original que refuerza extraordinariamente la rica oferta de uno de los distritos de arte y cultura más importantes del mundo como es el "Paseo del Arte" en la capital de España.


Mi guía del Prado,

jueves, 4 de abril de 2013

LA ESPALDA DE LA BELLEZA (Antonio Envid)



AEM


Que yo sepa el único desnudo femenino que pintó Velázquez es la Venus del espejo. Una adorable espalda femenina, pintada con deliciosas carnaciones, que esconde, misteriosamente, su identidad, pues aunque el pintor la representa mirándose en un espejo, éste solo nos refleja un borroso reflejo del rostro, que nos deja en la inopia. Es en la carnación de la pintura y el que nos hurte su rostro y el frente de su cuerpo, en la insinuación, donde radica su sensual erotismo. Un efecto mucho más logrado que si el artista la hubiera retratado frontalmente.

Su contemporáneo Rubens se encargaba, mientras tanto, de repartir carne por aquí y por allá. Ubérrimos senos, matriciales vientres, ebúrneas y mantecosas carnes. Hay una sala del Museo del Prado que a mí siempre me recuerda a una carnicería mostrando con descaro su mercancía.

Desde esta invención de Velázquez toda la pintura posterior se nutrió de tan feliz hallazgo. Muchos pintores imitaron, con mayor o menor fortuna, esa representación del desnudo femenino: el dorso de una joven en su intimidad en despreocupado escorzo. Man Ray fotografía repetidamente la espalda desnuda de una mujer hasta transformarla en un violoncelo, invitando al espectador a arrancarle una dulce melodía. Sin embargo Goya, un discípulo de Velázquez (don Francisco aprendió con Luzán, ya sé, y con Bayeu, también, al menos eso nos dicen los libros, pero lo que aprendió copiando los cuadros de Velázquez para grabarlos, fue su mejor lección) se atreve a dar la vuelta a esa Venus del maestro para convertirla en la Maja desnuda, y, no obstante, no le quita ni un ápice de misterio. Otra bella desconocida, cuyo misterio la hace sublime. Solo la genialidad de Goya ha sido capaz de esta hazaña, teniendo en cuenta que, también, pintó un solo desnudo femenino.

Pero volviendo a la Venus de Velázquez. Resulta que la espalda de la belleza es igualmente bella. No es lo mismo el que la belleza nos vuelva la espalda, ¡eh!, algo sé yo de eso y puedo asegurarles que es cosa bien distinta. Que el dorso de lo bello sea también hermoso desafía las leyes de la física y la teoría del equilibrio de los contrapuestos, echa por tierra todos los conceptos de la cara y de la cruz, del yin y el yang taoísta y del pecado y el perdón cristiano.

Post escriptum (que don Mariano Berdusan, me enseñó, que significa “después de escrito”). Todo esto dicho con permiso de Servando Gotor y Narciso de Alfonso, doctores en esta materia después de haber publicado su reciente libro “Merodeando el desnudo femenino”, a cuyo inapelable juicio me someto.

Antonio Envid


miércoles, 3 de abril de 2013

MERODEANDO A... Los hombres del frío (Narciso de Alfonso)

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A los hombres del frío es que solamente les crece el frío, y eso los pone como hostiles, como cabreados, y les genera por dentro aquella secuencia fea que ya describió el bueno de Nietzsche: envidia, resentimiento, venganza. No pueden dar crédito –o sólo con unas cláusulas leoninas- a que en los países calientes, marginales y periféricos, en vez de frío nos crezcan los trigos y los olivos y las vacas, pero lo que de verdad no soportan porque ya les resulta intolerable, es que, encima, no sólo sigamos vivos, sino mucho más vivos que ellos, con una vida mucho más rica y cachonda, mucho más despreocupada e intensa.


Los hombres del frío es que confunden la vida con la producción, funcionan con el principio del resultado, que es del todo contravital: quieren estar vivos sin gratuidad, sin generosidad, sin el desperdicio de la abundancia, sin el sentido de la fiesta. 

A estas alturas ya no sabemos si rescatan país tras país para que el euro no se les vaya por el desagüe o porque, sádicamente, disfrutan torturando a los países que ya han convertido en sus reservas, en sus colonias, en sus granjas inhumanamente humanas. Torturan a los chipriotas para que digan que sí o que no a la esclava esclavitud, y cuando va a ser que no, alegan que la quita no es un impuesto y todos de rodillas y callando, que aquí mandan los amos de la cosa, coño, aunque sólo les crezca el frío por dentro y por fuera del alma. 

Los hombres del frío tienen las pestañas heladas y las cejas más heladas, y sólo ven ese humo siniestro que sale del hielo y sólo respiran un vapor frío que los acartona por dentro y les llena el corazón de témpanos, qué frío, que hasta el fuego de las hogueras se les queda tieso, congelado, y se les quiebra entre las manos como una lámina de cristal.

Los hombres del frío son gente que no vale la pena, sin gracia, sin sustancia, sin atractivo, a los que basta con verlos pasar desde lejos, siempre ocupados en sacarse la escarcha de las orejas, de los agujeros de la nariz, de las crenchas del pelo. Afortunadamente, alguna vez estornudan, y eso los hace parecer menos inhumanos, quizá hasta algo más humanos. Quizá. 


Narciso de Alfonso
El Merodeador, III






MODOS DE VIVIR QUE NO DAN DE VIVIR (Antonio Envid Miñana)

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Leo o releo, no sé muy bien (hay cosas antiguas que vuelvo a releer y me parecen nuevas y leo cosas nuevas que me saben a viejas), uno de los artículos de costumbres de don Mariano José de Larra, que con el título que encabeza este escrito publicó en 1835 y, salvando, claro está, la gran diferencia entre su época y la nuestra, me suena a algo actual. En aquel tiempo la sociedad española se hallaba en crisis, un orden antiguo que Fernando VII trataba de apuntalar por todos los medios, agonizaba, mientras que la modernidad pugnaba por ocupar su sitio, y Larra, puntual notario de su tiempo, relata la oposición que a este Estado nuevo ejercían las fosilizadas estructuras del país y la cerrilidad de algunos españoles. ¿No nos encontramos en la actualidad en una encrucijada parecida? El mundo camina y nos está dejando atrás, todo nuestro modelo social, de gran éxito en los últimos cuarenta años, quién lo duda, está haciendo aguas, pero nadie, ni el sector financiero, ni los partidos políticos, ni los sindicatos, ni el grueso de la población, quiere darse cuenta.


Viene a cuento de todo esto, y como un ejemplo de lo que digo, la apuesta que se está haciendo por los emprendedores, neologismo éste que nadie sabe muy bien que significa en realidad, pero que suena más a emprendedores de aventuras que a sólidas empresas. Esta sospecha queda corroborada por el análisis de medidas que acaba de aprobar el Gobierno para “apoyo al emprendedor” (RDL 4/2013). Nada encontramos en ellas dirigido al mantenimiento y fortalecimiento de la empresas que todavía sobreviven, por el contrario, van encaradas a estimular el autoempleo y a la creación de nuevas micro-sociedades, y se reducen a algunas ventajas fiscales y bonificaciones en la seguridad social. En una economía global dominada, aunque nos pese, por grandes multinacionales capaces de poner en un proyecto todo el capital y los medios humanos que precisen, capaces de hablar de tú a tú con los gobiernos y doblegarlos a sus intereses, de largarse de un país de la noche a la mañana y aterrizar en otro que les ofrece mejores condiciones, nosotros apostamos por el bravo emprendedor, que con su sola voluntad y, seguramente acompañado de una buena idea y una buena preparación personal, sin apoyo financiero, sin medios para poner en pie su proyecto, ni mucho menos, nternacionalizarlo, se le envía a retar a Goliat con una piedra (me dirán, hombre, precisamente en este caso David derribó al gigante, pero convendrán conmigo que esto ocurría en aquellos tiempos de la Biblia en los que pasaban cosas bien extrañas).

Relata Larra como en el Madrid de su tiempo existía una población dedicada “más bien a pretextos de existencia….en una palabra, modos de vivir que no dan de vivir”. ”Esos mismos que en noviembre venden ruedos o zapatillas de orillo, en julio venden horchata; en verano son bañeros del Manzanares; en invierno cafeteros ambulantes; los que vendían agua en agosto, vendían en carnaval caretas y garbanzos de pega, y en Navidades motes nuevos para damas y galanes”. La cita quizá sea larga, pero la castiza prosa de don Mariano lo merece. Pues bien ¿qué puede conseguirse animando a los jóvenes españoles a que junten el dinerillo propio y de sus familias y con una capitalización del paro, si lo tienen, y unas bonificaciones fiscales, se lancen al proceloso mundo de los negocios? Algunos triunfarán, sin duda, aquellos que emprendan un negocio que conocen muy bien y tengan bastante suerte, pero una gran mayoría verán frustrados sus esfuerzos, comprobarán lo difícil que es conseguir un crédito con solo presentar un proyecto y comprometerán la firma de padres y allegados en un avatar.

Desengañémonos, las Pymes y los autónomos pueden crear empleo, pero en ellos solos no puede sustentarse una economía moderna, las creadoras de empleo son las grandes compañías, las grandes fábricas, que a su vez son las que dan trabajo a aquellas pymes de las que tanto nos enorgullecemos (sin duda, fundadamente, ya que suelen estar bien gestionadas y ser muy eficientes), pero que solo puede sustentarse a la sombra de un tejido industrial y de servicios de grandes empresas que son las que les dan trabajo. No podemos pretender que una pequeña empresa sea capaz de conquistar y mantener mercados internacionales cuando el nuestro no les da suficiente trabajo, ni que encuentren financiación, cuando nuestros bancos no les prestan ni un euro. En fin, apostemos otra vez por los empresarios y dejémonos de subvertir las palabras.


Antonio Envid Miñana
29 marzo, 2013


martes, 2 de abril de 2013

MERODEANDO A... Lo que nos pasa (Narciso de Alfonso)

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Lo malo malo de esta interminable historia de la crisis es la modorra que nos da, que nos pasamos las horas de los días bostezando como palanganas, atontados de sueño y de aburrimiento, sin ganas ni de ver la tele porque el pantallón nos hace bostezar más.

Nos decimos –por no callar- que lo que nos pasa es que no sabemos lo que nos pasa, que este asunto de la crisis pochola no tiene ni pies ni cabeza, pero de tanto bostezo tonto ya tenemos un andar como de plástico, tieso, como las muñecas de famosa que se dirigen al portal, tropezando con las esquinas, zombis y estorbados de la cosa psicomotriz. 

Vamos por el domicilio de la casa papando moscas, como con un marcapasos de estupidez y flojo de pilas: el careto largo como de comer con demasiado vinagre y la glándula amarilla, la de la viscosidad, pompona como una tortilla de tres huevos. 

Si el asunto sigue así, con esos bostezos como la taza del váter, habrá que pasarse por el ambulatorio, porque el dolor es eterno pero mal repartido. 

Lo malo malo de esta crisis que no acaba es que ya nos la trae flojísima, es como un tornillo cuando no entra recto, ya no hay ni desafío, ni chispa, ni color, sólo grietas y sombras en la pared, y nos sentimos como unos grandes zascandiles: con más ojos que mirada y más dientes que mordisco y más orejas que oído. 

Nos vestimos cada día y salimos a la calle como si aún fuéramos normales: el cielo delante y el mundo detrás, con las manifestaciones en medio. Pero cansados de afeitarnos, vacíos y sin llama, sólo bostezando como la boca de una fregadera, todas las horas de todos los días, como subidos a una flor, atados a un amapolón de Estambul, agarrados a un girasol sumiso y amarillo. 

Y la memoria como llena de ranas o de alcachofas, y todos los días derramamos el vaso de leche en medio de un bostezo. Y las muñecas de famosa que se dirigen al portal, coño. 




Narciso de Alfonso
El Merodeador, III


lunes, 1 de abril de 2013

DESENAMORADO (Juan Serrano)





Si pudiera, la palabra escrita sería más sincera que el habla. Pero ambos, texto y voz, se quedan a medio camino en su intento por nuestro conocimiento pleno. Porque hablar de justa correspondencia entre el verbo y su sustancia, tu cuerpo y mis ganas, es como comparar a Dios con un calé. Y que me perdone, no Dios, sino el gitano y tú mi amor, por símil tan homófobo y mal traído. 

Mi sinceridad es más cierta, menos engañosa, cuando escribo, cuando no estoy contigo. La verdad de lo que digo se diluye en la espuma del lenguaje aéreo, humo azul entre los cielos cómplices, tu carne contra mi carne, sin más absolutos. Preferiría ser mudo de palabras indecibles, pero no analfabeto de amores escribiendo. Ser sincero y agotar la verdad, es ser también prisionero de la mentira, de nuestro goce pasajero.

La comunicación, cuanto más virtual, más completa, profunda y abierta se nos muestra. La comunicación total es aquella capaz de traspasar nuestro soporte material, físico, olvidando la presencia de dos interlocutores salidos mintiéndose cara a cara como dos mármoles sin alma. 

A mayor abstracción e inconcreción, mayor interrelación infinita. El cuerpo limita la comunicación; al satisfacerla y abarcarla, la debilita. Eso sería lo que el otro día, después de hacer el amor contigo, me llevó a dejarte encima de la mesita esta nota en la que escrito te decía:

En la medida en que te voy conociendo, más me desenamoro del amor que me llevó a conocerte.


Juan Serrano
de su blog: Blao
21 marzo, 2013


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