Clara y dulce es mi alma... y claro y dulce es todo lo que no es mi alma.
Si se carece de uno, se carece de ambos... y lo inadvertido es demostrado por lo presenciable, hasta que se vuelve invisible y recibe confirmación a su vez.
Mostrándose lo mejor y dividiéndolo en el peor de los casos, la edad se molesta con la edad.
Conociendo la perfecta adecuación y ecuanimidad de las cosas, mientras ellos discuten, soy silencio... y me baño y admiro a mi mismo.
Bienvenido es cada uno de mis órganos y de mis atributos y los de cualquier hombre sincero y limpio,
Ni una pulgada, ni partícula de pulgada me es vil y ninguno me será menos familiar que el resto.
Estoy satisfecho... Miro, bailo, río, canto; Como un Dios que llega con amor intimista y duerme a mi lado toda la noche y concluye el día con una furtiva mirada.
Y las hojas para mis cestas cubiertas con blancas toallas, hinchadas de hogar con su abundancia.
Aplazaré mi aceptación y realización y gritaré a mis ojos, que se giren hacia la noche estrellada y el tiempo por venir.
Y codificarme inmediatamente y mostrarme a un ciento,
Exactamete el contenido de uno y exactamente el contenido de dos y ¿lo que está por delante?
Excursionistas e indagadores me rodean.
Personas con las que me encuentro... el efecto sobre mi de mi temprana vida... del barrio y de la ciudad donde vivo...de la nación.
Las últimas noticias... descubrimientos, inventos, sociedades... antiguos y nuevos autores.
Mi cena, vestido, compañeros, semblante, profesión, cumplidos, novatadas
La real o supuesta indiferencia de algunos hombres y mujeres me encantan.
Ni la dolencia de uno de mis amigos, ni de mi mismo, ni los hechos de maltrato, ni la pérdida o la falta de dinero, ni la depresión o el júbilo
Que vengan días y noches a mi y se vayan de nuevo.
Estos, no son yo mismo.
Walt Whitman
Hojas de hierba
(versión de Ángel Ferrer)










