sábado, 6 de julio de 2013

CANTO A MI MISMO (2ª PARTE), DE WALT WHITMAN, EN LA VERSIÓN DE ÁNGEL FERRER


sgs


Clara y dulce es mi alma... y claro y dulce es todo lo que no es mi alma.
Si se carece de uno, se carece de ambos... y lo inadvertido es demostrado por lo presenciable, hasta que se vuelve invisible y recibe confirmación a su vez.
Mostrándose lo mejor y dividiéndolo en el peor de los casos, la edad se molesta con la edad.
Conociendo la perfecta adecuación y ecuanimidad de las cosas, mientras ellos discuten, soy silencio... y me baño y admiro a mi mismo.

Bienvenido es cada uno de mis órganos y de mis atributos y los de cualquier hombre sincero y limpio,
Ni una pulgada, ni partícula de pulgada me es vil y ninguno me será menos familiar que el resto.

Estoy satisfecho... Miro, bailo, río, canto;  Como un Dios que llega con amor intimista y duerme a mi lado toda la noche y concluye el día con una furtiva mirada.
Y las hojas para mis cestas cubiertas con blancas toallas, hinchadas de hogar con su abundancia.

Aplazaré mi aceptación y realización y gritaré a mis ojos, que se giren hacia la noche estrellada y el tiempo por venir.
Y codificarme inmediatamente y mostrarme a un ciento,
Exactamete el contenido de uno y exactamente el contenido de dos y ¿lo que está por delante?

Excursionistas e indagadores me rodean.
Personas con las que me encuentro... el efecto sobre mi de mi temprana vida... del barrio y de la ciudad donde vivo...de la nación.

Las últimas noticias... descubrimientos, inventos, sociedades... antiguos y nuevos autores.
Mi cena, vestido, compañeros, semblante, profesión, cumplidos, novatadas
La real o supuesta indiferencia de algunos hombres y mujeres me encantan.

Ni la dolencia de uno de mis amigos, ni de mi mismo, ni los hechos de maltrato, ni la pérdida o la falta de dinero, ni la depresión o el júbilo
Que vengan días y noches a mi y se vayan de nuevo.
Estos, no son yo mismo.



Walt Whitman
Hojas de hierba
(versión de Ángel Ferrer)


viernes, 5 de julio de 2013

LECTURAS DE VERANO. A PROPÓSITO DE DANTE: LONGFELOW, UN PASEO POR EL BOSTON HISTÓRICO Y LITERARIO Y OTRAS POSIBILIDADES PARA ESTAS VACACIONES (Servando Gotor)


Henry Wadsworth Longfellow
La famosa Universidad de Harvard está en Cambridge, al otro lado del río Charles, frente a Boston (Estado de Massachusetts).  Si algún día me pierdo deberían buscarme por allí, pero no se molesten, es sólo un sueño de tantos. El puente que une ambas orillas lleva el nombre de Longfellow, en memoria del gran poeta de Boston, Henry Wadsworth Longfellow, a quien su coetáneo y encumbrado poeta de Nueva York, E. A. Poe, consagrado definitivamente para la Historia de la Literatura por Baudelaire, en atención sobre todo a su "nevermore" (sí, de ahí procede el nunca máis -digo yo-), criticó en muy dudosos términos.



Lo cierto es que, al margen de los méritos literarios de Longfellow como poeta (apenas conocido en nuestra lengua, por lo demás), una de las buenas cosas que hizo fue traducir al inglés y, por tanto, introducir en Norteamérica, la Comedia de Dante.
Ahora, precisamente, recién publicado en España el último best-seller (porque lo será): Inferno, relacionado con Dante, recobra importancia otro libro (también récord de ventas) sobre el autor de la Comedia: El Club Dante, escrito en 2003 por Matthew Pearl,   donde se narran las intrigas y andanzas de un grupo de insignes intelectuales de Boston empeñados en sacar adelante aquella traducción de Longfellow.
Evidentemente, Dante era católico, rara avis en el Harvard protestante y militante. Y por su puesto, se trataría de evitar por todos los medios que "los venenos extranjeros se extendieran bajo el disfraz de la literatura".  Era una cuestión de principios para el claustro de Harvard ignorarlo todo en materia de lenguas vivas, a salvo la inglesa, claro está.
De modo que desde la famosa universidad se urde una trama criminal moteada de signos dantescos para evitar semejante traducción.  Los eruditos de lengua inglesa ya tenían, además, El Paraíso Perdido de Milton y, por supuesto, ni necesitaban ni admitían los valores de aquella Comedia que Bocaccio elevó al grado de "Divina": "Longfellow y su círculo están tan aquejados de la enfermedad toscana, que se atreven a clasificar a Milton como un genio de segundo rango en comparación con Dante", se recriminará desde Harvard.  La marginada comunidad católica (italianos e irlandeses, ya se sabe) sí estaba por la labor: "Leemos El Paraíso perdido como un poema, pero la Comedia de Dante la leemos como una crónica para nuestras vidas interiores".  
Lo cierto es que Mattehw Pearl, aprovecha todo esto para novelar una historieta de intriga que, al menos, nos acerca a aquellos míticos personajes norteamericanos que animan y participan la introducción del católico Dante en Estados Unidos: nada menos que Oliver Wendell Holmes (padre), James Russell Lowell,  J. T. Fields, el propio Longfellow y George Greene, entre otros.



Hombre, por mi parte, para quienes prefieran profundidad y seriedad sobre la forja de aquellos hombres y, sobre todo, de aquellas ideas que se instalaron en Estados Unidos y, desde allí -con los matices oportunos, por supuesto-, han sido exportadas al resto de occidente, les recomendaría mejor la lectura de "El club de los metafísicos"(2001), un imponente ensayo de Louis Menand .  Estamos hablando, lógicamente del pragmatismo y del capitalismo, sistema éste cuyo origen ya situó Max Webber en el protestantismo y, por tanto, inicialmente, en Lutero y Calvino: "El trabajo duro forma parte del plan divino del Señor, y eso es lo que Él espera de nosotros”.  
Webber destaca que en el contexto de la Reforma, la ganancia no era un mero medio para la satisfacción de las necesidades materiales sino el fin de la propia vida.  De aquí a la afirmación de Benjamin Franklin de que el tiempo es dinero, no media ni un paso.  Pero no todo es tan asqueroso como parece: la ideología "liberal" (término, por cierto fraguado en la España de principios del XIX) también genera un contexto en el que aparecen mentes como Emerson, con su fe en el ser humano o, aún mejor, Thoreau padre de la desobediencia  civil; o todavía mejor: los poemas de Walt Witman, impregnados de ese amor por el individuo, lo humano, con su "Canto a mí mismo", faltaría más.
Pero si prefieren seguir con Dante y con algo más ligero -no por ello menos profundo-, los Nueve ensayos dantescos  de Borges (pinchar aquí), resultan apasionantes, curiosos y entretenidos. 

Hablo, pues, de cinco interesantes lecturas:

1º Por supuesto, la Divina Comedia (recomendable especialmente en la traducción y notas introductorias del poeta y experto que fue Ángel Crespo -Seix Barral 1973-1977, aunque puede echarse una ojeada pinchando aquí, en todo caso hay en Wikisource otra versión completa en español-). Ya se sabe: un poema profundo y tan entretenido al mismo tiempo (si se tiene paciencia y voluntad) como el mejor parque temático para este verano. 

El club de los metafísicos, de Louis Menand, nos introduce en el pragmatismo: Cuando nos sentimos felices con una decisión, no nos resulta arbitraria, nos parece la decisión que debíamos tomar. Primero decidimos, luego deducimos (Henry James).   Un recio ensayo que -como todo lo bueno- exige también fuerza y voluntad para sacarle el debido provecho y disfrute e introducirnos en las raíces del pensamiento norteamericano (nos acostamos como anticuados conservadores y nos despertamos como rabiosos abolicionistas) y de aquellos padres del pragmatismo: Holmes, James, Peirce y Dewey. 

El club Dante, de Matthew Pearl, una novelilla que sirve para matar el tiempo y poco más (Los americani de Boston habían construido una Cartago, una tierra atiborrada de dinero pero vacía de cultura).  Al menos nos sitúa en aquel curioso Massachusetss de Longfellow and company y emula  las novelas de Agatha Christie en que todos son sospechosos y, respetando las reglas del género, al final el malo acabará siendo Fermín, el mayordomo.  Pero no se preocupen, no desvelo nada: en aquella sociedad había muchos mayordomos; esclavos, no: mayordomos, sólo mayordomos. Además, en este tipo de novelas, qué importa quién sea el asesino: todos son sospechosos y el autor juega con nosotros (como la propia novela juega con él mismo) y al final elige al asesino por azar, no vayan a creer. 

Inferno, de Dan Brown.  Esta noveleta sí que sólo sirve para matar el tiempo, sin aportar nada de nada. Bueno, sí: al curioso analista de las trastiendas (los backstages, se dice ahora) de productos comerciales, en este caso de best-sellers, sí.  Él comprobará, una vez más, que tampoco los ingredientes del thriller cambian: los protagonistas, chico y chica guapos, aguerridos, valientes y "superlistos"; el antagonista, alguien que quiere causar un tremendo mal a la humanidad; una serie de persecuciones interminables y tensas entre unos y otros (buenos tras malos y malos tras buenos) que, faltaría más, se desarrollan en atractivos escenarios (esto ya lo había utilizado magistralmente don Alfredo Hitchcock): Florencia, con su corredor de Vasari incluido (yo creo que Narciso y un servidor ya le sacamos a ese corredor bastante más partido, y más lírico que el conseguido por el jeta este del Brown, en nuestro Guacamayo Azul, pero qué le vamos a hacer él es él y nosotros nosotros); Venecia, con sus palacios, puentes, canales y góndolas; y Estambul, sus pobladas calles, sus mezquitas y, cómo no, su Basílica Cisterna, con la misteriosa cabeza de medusa.  La fórmula, no falla: un cuarenta por ciento, material para una guía turística mala; otro cuarenta por ciento: persecuciones a lo Indiana o Tadeo Jones; y el veinte por ciento restante elucubraciones pseudocientíficas y tremendistas, en este caso sobre la catástofre malthusiana que se nos viene encima.  Una mierda, vamos.  Eso sí: al menos no hay ni amor ni sexo (vaya con el Brown, qué original); sólo un extraño beso al final, absolutamente raro, ficticio e irreal, que nos deja a todos con cara de poker: ¡anda, mira, mira tú: al final...  al final resulta qué! En suma: matar el tiempo, asesinarlo más bien.  Nada más.  

Nueve ensayos dantescos, de Borges (de 1982, pueden conseguirse en Alianza Editorial, 2002, o simplemente pinchando aquí).  Nueve miradas incisivas a la Divina Comedia con esos ojos insondables y aparentemente muertos de Borges, quien desde muy joven la leyó ya, en el tranvía, en una edición bilingüe inglesa, que le introdujo en el italiano del Quattrocento (yo no sé italiano, dice, nunca estudié ese hermoso idioma.  Pero con Dante aprendí mucho italiano).  Como botón de muestra de tales miradas, baste reseñar esta reflexión del escritor argentino sobre la última sonrisa de Beatriz, en el ensayo que lleva este mismo título (una sonrisa, por cierto, que ha dado lugar a ríos de tinta sin que nadie dé con su significado, si es que lo tiene). Dice ahí Borges: Yo sospecho que Dante edificó el mejor libro que la literatura ha alcanzado para intercalar algunos encuentros con la irrecuperable Beatriz.


Todo esto sobre Dante y los pragmáticos. 


Hombre, a uno, en esta última inmersión en la Divina Comedia, le hubiera gustado acceder al monumental estudio La poesía de Dante, de Benedetto Croce (pinchar aquí).  Y hasta estuvimos a punto de traducirla con Narciso para Lecturas hispánicas...  Ay, pero Croce está muy reciente todavía y los derechos de su obra vigentes, de modo que hubimos de desistir del empeño. De todos modos, resulta sonrojante que no se haya hecho hasta hoy (al menos yo no la conozco) ninguna edición en castellano.


Qué se le va a hacer.  Pero hay más cosas, muchas más, afortunadamente.  Precisamente aquí, en nuestro blog acabamos de iniciar una serie de entregas de aquellas "Hojas de hierba", de Walt Witman, que incluyen (¿cómo no?) su "Canto a mí mismo"  (hablando de aquellos norteamericanos emersonianos tan seguros de sí), en -nada menos qué- la versión de Ángel Ferrer




En última instancia, siempre nos quedarán  los Merodeos de don Narciso  ahora que han provocado cierto debate en nuestro blog. Los Merodeos lo tienen todo:
 prosa poética de primera calidad, entretenida, graciosa, imágenes, música y humor, bastante humor de calidad.  Ni siquiera es necesario arremangarse para
entregarnos a su lectura. 
Te atrapan a primera vista.

 Los merodeos - dice Ángel Ferrer- son una cuestión tan peligrosa, como asomarse tontamente a los balconcillos. Si uno se pone serio y lo ve todo preciso, puede llevar su coste en muerte mortal (¿se dice así?), sólo en algunas ocasiones claro, en otras, en las que uno agacha la cabeza repetidas veces para reverenciar a un recién descubierto grifo, por poner un poner (¿se dice así?), hay que saber acercarse y alejarse vilmente, frotándose las manos y ladeando la cabeza
Eso sí: hay que leerlos bien: a poder ser en voz alta. Recitándolos, por supuesto.  ¿Cuanto hubiera dado yo por oírlos en la voz de Vittorio Gassman por... por poner un poner (¿se dice así?). 
También podemos irnos de copas con gichos y gichas de ayer, hoy y mañana, de la mano de Antonio Envid.  O de sueños.  De sueños, sí: de esos que encierra la personalísima y estupenda prosa, muchas veces lírica, muchas veces agria,  siempre hermosa, de Juan Serrano.  
Ah, y si este verano nos queremos introducir en el Museo del Prado (¡qué escándalo, qué escándalo, en Madrid hay un Museo!), les aseguro que mi guía es bastante más entretenida que la subrepticia guía turística del Inferno ese del tal Brown (¡vamos, hombre!).



De todos modos, para quien quiera hacer footing con su mp3 y ya esté harto de oír toda la música gratis de la que ahora disponemos (ya sólo nos faltaba Spotify) tiene un par de recientísimas conferencias de Rossend Arqués sobre Dante y la Divina Comedia en la fundación 
Juan March (pinchar aquí).

Más y con esto termino: el que no tenga un e-reader, que se lo compre.  Es lo más barato del mundo. De hecho todos los libros mencionados (salvo, quizá, El club de los metafísicos -qué cosas, el más duro, el menos comercial) todos, pueden encontrarse fácilmente en la red de forma gratuita (sí, incluso los bestsellers más recientes como Inferno, sí). ¿Dónde? Pues, por ejemplo, en Papyrefb2 (pinchar aquí).  

Bueno, pues eso: vaya verano que nos espera. Comer no sé si nos llegará para comer, pero en música y libros hemos llegado al fin a ser millonarios.  Qué cosas. 
Oiga.

¡Feliz verano!






Servando Gotor
Desdemibarricada


jueves, 4 de julio de 2013

JOE COCKER: I come in peace...





CON EL SILENCIO... (Ángel Ferrer)


sgs

Con el silencio

construyo el presente
hundiéndome
saliendo de esta superficie
adentrándome en el ser
hablando en parcial existir
omitiendo la negrura
resaltando floral
lo cotidiano del vivir



Ángel Ferrer


miércoles, 3 de julio de 2013

LA MOSCA de Ricard Terré (Antonio Envid)




Tan absorto se encuentra el portador de la obscena calva que no siente la mosca que, tras lo que el insecto habrá creído un viaje intersideral, se ha posado en su inmensa superficie, colonizando un nuevo planeta ignorado. Su arrobo al contemplar como lo aureola un nimbo materializado en una invulnerada lápida marmórea de velador de modesto bar es tan intenso que nada inquieta su serena calma. ¿No encontraba Velázquez a sus filósofos griegos en los figones y bodegas, porqué los sabios estoicos actuales han de habitar otros mundos que no sean tabernas y bares?. Cualquier orientalista sabe que el piadoso Bhudda ha de ser representado con un aura de seis codos de extensión y algo menos, según su rango, a sus discípulos, de modo que nuestro amigo, con semejante halo, ha de estar dotado de un alto nivel de conocimiento de las cuatro nobles verdades que conducen por el sendero dhármico, como lo demuestra su estoicismo al soportar como la hermana mosca chupa golosa los grasosos humores que su piel resguarda, en un sincera muestra de franciscano amor a todo ser vivo. El ascetismo de que hace gala el personaje se ejemplifica en su sobriedad: ni siquiera un sncillo vermú con aceitunas se permite. Incluso su atuendo, a pesar del deportivo swter, nos revela, disfrazado de modesto bancario, a un practicante de la serena quietud que impide entregarse a lúdicos juegos, más bien parece aconsejarnos que nada se alcanza por correr tras vanas metas, para encontrarnos unos miles de metros más allá, cubiertos de sudor y echando el bofe, sin haber llegado a ningún sitio. Estamos dispuestos a afirmar que tras concentrado esfuerzo de meditación ha logrado que su karma se haya materializado en el insecto que corona su testa. No nos engañe, pues, su apariencia de contable hacia finales de mes al que no le llega la paga y que a continuación estallará en un acceso de ira y de un certero manotazo derribará al molesto insecto que corona su testa. Que las apariencias engañan, es indudable.

La irónica cámara de Ricard Terré supo captar todo el surrealismo que se esconde tras la vida cotidiana y una amplia exposición de su obra puede contemplarse en la Lonja zaragozana hasta el uno de septiembre.


Antonio Envid.


martes, 2 de julio de 2013

MERODEANDO A... NEW YORK, NEW YORK (Narciso de Alfonso)



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El fotógrafo de la calle nos ha dejado delante de una ventana excesiva, saturada de mujeres y de alcohol, que a uno, que merodea con sencillez y porque sí, le trae desde el olvido las palabras apócrifas del poeta: ‘entre neón y neón vi dos palomas oscuras, la una era la otra y las dos eran ninguna’. 

El letrero, el cartel rojo sucio, la publicidad pública que hay debajo de la chica, nos dice que vayamos a pasar un día que nunca olvidaremos. Como si olvidásemos alguno de nuestros días, infinitos o desahuciados, tiesos como un embalaje de cartón o azules como bombones de chocolate azul. 

‘Vecinitas, les dije, dónde está mi sepultura’-dijo también el poeta, que estaba un poco rarito porque los dos pieses ya le apestaban a muerte, que no se podía ni respirar a su lado, como a queso manchego curadísimo o a tortilla de alcachofa con mucha cebolla.

Por el suelo, o sea, por el asfalto de la calle y por las aceras, pasan coches y gente, todos haciéndose los suecos unos a otros, como si no se conocieran de nada, como si no fueran de la misma especie y cada uno de ellos no supiera de qué pie cojean todos los demás, ‘en mi garganta, dijo la luna’ –se lo dijo al poeta, que ya estaba mareado de muerte y no reconocía a sus seres queridos. 

Otro luminoso, también rojo como una cereza, dice regalos, entre gentlemen y electronics, quizá es una extraña ciudad donde la gente se regala cosas, antes de morir, aquí todo se hace siempre antes de morir o, como muy, muy tarde, en el trance, tal vez porque de lo que pase luego, después, más tarde, al día siguiente, no sabemos nada; antes, cuando entonces, se acompañaba al muerto en su primera noche en la muerte, para qué, si la muerte está llena de nieve como un paisaje nevado, no por el frío sino por el color, que es el de la nieve cuando hay mucha nieve, cuando está todo cubierto de nieve, no por el frío sino por el silencio afelpado y el resplandor acuchillado de la luz.

‘Por las ramas del laurel vi dos muchachas desnudas’ –dice ahora el poeta, definitivamente traspuesto, quizá ya muerto o sólo dormido o durmiendo una siesta sabrosa. Qué ciudad más hermosa, qué impura, qué sucia y excesiva.


Narciso de Alfonso
El Merodeador, IV


lunes, 1 de julio de 2013

TOLERANCIA CERO, INTOLERANCIA PLENA - Las ventanas rotas (Truhán)

Colgado por Eon Array en youtube

Represión, represión, la que yo conocí en el internado de curas (en realidad eran frailes, pero nosotros, con una connotación peyorativa larga de explicar, les llamábamos, curas).  Había dos tipos de curas, los que como el padre X te sacudían palizas periódicas (mensuales, semanales o incluso diarias a los más "incorregibles") u otros como el padre Y, más práctico, más inteligente y seguramente con menores heridas psíquicas, que llegaba el primer día, se ponía morado de sacudirnos a todos y allí ya no se movía ni... (lagarto lagarto): ya no se movía "nadie". Tal era el miedo que se le cogía al padre Y por aquella puesta en escena del primer día que el resto del curso andábamos todos como la seda. En cambio, con el padre X, ya podía pegarnos todas las palizas del mundo que nosotros nos mostrábamos cada vez más incorregibles.  Es más, pienso que cuanto más nos pegaba, menos caso le hacíamos.  Así de cabrones éramos nosotros y así de infeliz era el padre X.  Claro que en estos tiempos tanto el padre Y como el padre X hubieran ido a la cárcel por mucho menos y, lo que es peor, los hubieran acribillado mediáticamente.  Lo que no sé es si nosotros seríamos tan anormales como hemos salido o seríamos más políticamente correctos...  (Oiga, y eso, eso de "políticamente correctos!... ¿es bueno o malo?).  

Bueno, a lo que iba.  Y a lo que iba era que el ejemplo de comportamiento del padre Y es lo que a principios de los 80, en la prestigiosa revista de Boston, The Atlantic,   unos avispados universitarios (James Q. Wilson y George L. Kelling) consagraron como la Teoría de las ventanas rotas ("Broken Windows").  ¡Tóma ya!  y nosotros, aquellos pobres conejillos de indias, sin enterarnos.  Estos listillos de Harvard venían a decir que si dejas un coche con aspecto abandonado, ya sea en las peligrosas calles neoyorquinas del Bronx o en las lujosas avenidas de Palo Alto, en California,  siempre -más tarde o más temprano- habrá cafres (o no tan cafres) que terminarán por desvencijarlo, destrozarlo y arrancarle hasta el mando del intermitente (como si hubiera algo de malo en darle una patada a una lata abandonada). Lo mismo ocurre con un edificio cuya ventana rota denota un estado de abandono: pronto aparecerá rota otra, luego otra, y el edificio será ocupado y destrozado. Otro ejemplo: si el árbitro de fútbol consiente entradas fuertes al inicio del partido, el encuentro acabará como el rosario de la aurora.  No, lo que tiene que hacer el árbitro es lo del padre Y: al primer atisbo de violencia tarjeta al canto y, hala, a jugar todos al fútbol. O sea: que actúe la policía con mano dura para dar una sensación de seguridad y -para decirlo claro- miedo y represión, de modo que a nadie se le pase por la cabeza alterar el orden. Disuasión manu militari. Tolerancia cero.

En esta teoría, Wilson y Kelling no hacían sino rescatar la filosofía que impregnaba la denominada Ley de Barrios Limpios y Seguros de Nueva Jersey, de 1973.  Algo así como nuestra famosa Ley de Vagos y Maleantes aprobada (¡anda!) en plena República y mantenida con Franco, que en el 54 la modificó -entre otras cosas- para incluir a los homosexuales y  en el 70 la derogó sustituyéndola por una Ley sobre Peligrosidad y Rehabilitación Social, que no sería totalmente abolida hasta 1995.

¿Y qué tienen de malo o negativo este tipo de leyes? Sencillamente, que imponen castigos no por haber cometido delitos sino por considerar a ciertas personas (o grupos de personas) "peligrosas" o simplemente "perjudiciales" para una convivencia "sana y pacífica".  ¿Y en qué suelen traducirse en la práctica? Simple y llanamente en convertir un Estado de Derecho en un Estado Policial, porque en definitiva dan a la policía carta blanca para abordar a cualquier ciudadano y, como el árbitro de fútbol o los curas aquellos, maltratarlo.  Así de claro.  Evidentemente hoy no tenemos en España ninguna ley de este tipo.  Pero -y aquí es a donde quería llegar- sí que abunda una mentalidad que ya ha terminado por cuajar en las cabecitas de los estólidos ineptos que lideran nuestra sociedad.  Y qué cosas, quienes mayormente enarbolan esta "tolerancia cero" son justo los más progres, y hasta el lobby homosexual.  !Manda napias!

¿Qué me ha sugerido esto?  Pues que andaba yo buscando la canción del vídeo que encabeza esta entrada -que lo había conocido por un anuncio de TV sobre un casino virtual o algo parecido- y he dado con ella en youtube.  ¿Y con qué me encuentro?  Primero con un tipo que, con su sensibilidad musical -en este caso hermana de la mía- conoce la canción y la comparte con todos, lo que permite que yo la localice.  ¿Y con qué más me encuentro? Con que, como esta canción se ha hecho conocida por un anuncio de un casino, enseguida han llovido críticas de esos intolerantes de la tolerancia cero, porque -según ellos- se promueve el juego.  Sí, esos mismos que no tienen ni puta idea de qué sea la tolerancia cero, y que dicen lo mismo que dicen nuestras cadenas de TV más "modernas" y más "progres" (o sea, casi todas): que se rasgan las vestiduras por el proyecto de esas vegas de Madrid y, sin embargo, con anuncios como en el que se escucha esta canción y como toda la programación publicitaria que enchufan a deshoras, te meten las vegas, los casinos y las ruletas, en el mismísimo salón de nuestra casa.  Y hay una diferencia muy importante entre "esas vegas" y "estos programas/anuncios": que a esas vegas irá el que quiera mientras que estos programas se meten en nuestras casas a traición, sin consideración alguna a personas que, precisamente, pueden tener graves y serios problemas con el juego.  Personas que huyen de los casinos, que nunca irán a "esas Vegas", manteniéndose alejadas del grave peligro que para ellas suponen.  Sí, esta es la puta realidad hipócrita, sinvergüenza y degenerada, en la que estamos sumergidos.

Es maravilloso: unos cuelgan una hermosa canción, otros las buscamos y... otros... ¿qué buscan y que cuelgan otros? Intolerancia a la que llaman tolerancia cero.

Bueno, pues muy bien: ¡Viva la música!  ¡Viva el blues! ¡Viva el rhythm&blues!, con la voz rasgada de Louis Armstrong o Joe Cocker, o este joven Randal Breneman que tan bien suena.  ¡Viva la libertad! Mientras yo disfruto, otros sufren odiando.  ¡Pobres desgraciados! 

¿Crisis?  ¿Corrupción? ¿Cómo no va a haber crisis ni corrupción, si al final...  -como decía Groucho Marx- desde la nada hemos llegado a alcanzar las más altas cuotas de miseria?


Truhán
desde  mi barricada

   
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