martes, 27 de agosto de 2013

HAY QUIEN SABE APROVECHAR LAS VACACIONES (Armando Muchabulla)


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Y entonces va Raúl y dice que ellos, Martita y él, en que pueden se van por ahí, por el extranjero, que hay que conocer otras culturas, otras formas de pensar y de ver las cosas, que hay que airearse por ahí fuera, que si te quedas aquí, a la playa y al pueblo, el cerebro se te va reduciendo y va tomando la forma de la boina. Hay que abrir la mente y estar dispuestos a aceptar otras visiones del mundo. ¿Qué entenderá él por otras culturas y otras visiones, aparte de la cultura y la visión de los partidos que dan por la tele? Te acuerdas Martita, dice el tío, aquellas vacaciones en Corea ¡Qué país más bonito y exótico! y qué baratos estaban todos los chismes electrónicos. No nos lo íbamos a creer, pero este móvil que lleva se lo compró allí por cinco dólares. Nada menos que este samsung, con todas las aplicaciones que tiene. ¿Y cuando estuvimos en Turquía? Mirar este frigorífico ¿qué os parece? Turco. Turco de los pies a cabeza, y sin turbante ¿Qué os creéis, que solo tienen alfombras?. Es que hay que salir y enterarse. Es verdad, Martita, que nos pegaron una clavada en la aduana cuando nos lo trajeron, pero aun así, nos salió barato, y funciona perfectamente. Mientras, yo sudando tinta de calamar para abrir la botella con aquel artefacto que habrían comprado en Kamptchatka o en el Katmandú, y sería de asta de reno o de hueso de mono fósil y, además de ser una joya de la artesanía local, les habría resultado baratísimo, pero antes podrían haber probado el chisme éste en los testículos del top-manta que se lo vendió. Pero cuando mencionaron el collar de coral adquirido en una jaima del desierto de Gobi, o en la tundra siberiana, vete tú a saber, me entró una risa floja, que todavía me dura. Es verlo para creerlo. Resulta que una noche que nos fuimos a bailar, la inefable Martita se puso el flamante collar de coral para realzar su gracia natural. Con los bailoteos y los cubatas comenzó la exudación general y de pronto, Marta que lanza un grito, ¡estoy herida, estoy herida! alguien me ha clavado algo en el cuello, ¡me desangro! ¡qué me muero, qué me muero! ¡hacer algo, qué me desangro!. En urgencias le quitamos el collar y los hilillos de sangre que le caían del cuello abajo procedían de aquellos valiosísimos corales que tan baratos le habían costado. Eran unos corales de una clase rarísima, con propiedades sobrenaturales, pues al contacto con el sudor despedían un liquidillo de un color rojizo sanguinolento. Menos mal que no nos había atendido ningún sanitario, como suele ocurrir, y nos fuimos a más de a paso y más corridos que el culo de las papionas del zoo de Barcelona. Y el tío seguía con la barrila de las culturas y lo bueno de respirar otros aires, adquiriendo otros conocimientos, y yo luchando con aquel infernal chisme que me destrozaba los dedos, entonces comprendí la fuerza que tiene el sentimiento de amistad, pues frenaba mi deseo casi irresistible de estamparle la botella en la testa para contribuir, yo también, a abrirle la mente a otros mundos. Como dicen que la venganza es como el gazpacho, que se sirve fría, les aguarda, el próximo viernes que vendrán a casa, hora y media de vídeo por las selvas hondureñas, que los va a dejar calmados por unas cuantas semanas.


lunes, 26 de agosto de 2013

LO QUE CABE ESPERAR DEL JUEZ MÁS HONRADO (Servando Gotor)



Voy a empezar con un chiste.
Un niño está en casa haciendo los deberes de matemáticas y requiere el auxilio de su padre. 
-A ver, papá.
-Dime hijo.
-Ayúdame a resolver esto.
-Dime, dime…
-Se trata de hallar el máximo común divisor de…
-¡¡¡¿Pero aún no lo han encontrado...?!!! ¡¡¡Si lo buscaban ya cuando yo era niño!!! 
Bueno, pues con la Justicia (objetiva y con mayúsculas) pasa lo mismo:  siglos y siglos de Derecho, de Filosofía, de experiencia, de estudios, de saber, de mentes prodigiosas, pero el hombre aún no la ha encontrado, y me temo que no la encontrará nunca.
Claro, se supone que la función del juez es, o debe ser, precisamente esa: la de impartir justicia.  
Pero ya he comentado alguna vez que el fin del Derecho no es la justicia, sino algo mucho más modesto, cercano y humano: la paz social.  Que la sociedad funcione, ese es el objetivo.  Y que funcione de la mejor forma posible para todos.  Un fin mucho más limitado, pero mucho más humano y, por tanto, más real.
En definitiva, pues, el juez, más que impartir "justicia" lo que debe hacer es resolver conflictos de la forma más acertada, contribuyendo así a las máximas cotas de paz social.  Si, además, consigue ciertas dosis de lo que la mayoría entiende por justicia, esa Justicia objetiva y con mayúsculas que todavía nadie ha encontrado, mejor, por supuesto.
No hay deidades que nos visiten para resolver nuestros conflictos con sentencias perfectas, irreprocháblemente justas.  No, no las hay.  No hay sentencias divinas ni dioses que impartan justicia.  En su lugar sólo tenemos -nada más y nada menos- personas.  Y, más difícil todavía: personas que, lógicamente, ni siquiera presenciaron los hechos que han de enjuiciar.  Por lo que, en realidad, ni siquiera enjuician esos hechos sino las "versiones" de los mismos que las partes, mediante las pruebas, le hacen llegar.  Pero es que, aun en el caso de que los jueces tuvieran el don divino de la ubicuidad (espacial y temporal) y en el acto del juicio pudieran trasladarse al lugar y al momento en que se produjeron los hechos para presenciarlos de manera directa y personal…  aún así, la propia interpretación de lo que se ve, se oye, se escucha, se prueba y hasta se huele, es subjetiva, parcial e imperfecta. Y voy a poner el más claro ejemplo de esto: el árbitro de fútbol.  O mejor el de varios árbitros que ven la jugada conflictiva en diversas tomas de vídeo, desde diversos ángulos y perspectivas y con tantas repeticiones como crean oportunas. Bueno, pues ni aún así llegan a veces a la misma conclusión, ni al mismo veredicto. Y hasta a cada uno, a él solo, en su interior, le asaltan serias dudas personales sobre lo que están viendo.

Por tanto, la primera premisa que debe presidir nuestra relación con un juez es esta: que estamos ante un ser humano y, que como tal y con tales limitaciones, ha de resolver el conflicto que le planteamos.  No esperemos más. Bueno, sí, sí podemos esperar algo más: que, incluso como tal persona, puede incurrir e incurrirá en más de un error.   Como tú. Como yo.

Servando Gotor




domingo, 25 de agosto de 2013

MISTERIOS DE DISNEY (Mercedes)





¡Qué bonito el cuento de Blancanieves, ¿verdad? 
Pues resulta que no lo es tanto cuando en vez de ser la princesa eres un enanito. 
Claramente los pobres enanitos estaban sobreexplotados, pues salían de casa temprano hacia la mina (¡de diamantes!) y volvían al anochecer, lo cual son al menos más de ocho horas. 
Segunda cuestión: seguro que les pagaban un sueldo … iba a decir irrisorio, pero seguro que ni les pagaban ni eran autónomos ni nada, porque no es normal trabajar en una mina de diamantes y vivir en una simple cabaña, con los lógicos roces de convivencia, ¡y más teniendo en cuenta el carácter de Gruñón! Aunque a Gruñón deberíamos apreciarlo más, me parece que era el único de todos que se rebelaba contra la situación en la que vivía, a pesar de que luego llegase una chica y le ablandara con un beso.
En fin, misterios de Disney.

Mercedes



viernes, 23 de agosto de 2013

EN PRO DE LA IGUALDAD DE SEXOS (Antonio Envid)





Dicen que fue en el Cámbrico cuando en las oscuras aguas pantanosas rodeadas de espesos bosques las criaturas comenzaron a distinguirse según su sexo, inaugurando el dimorfismo sexual. Hasta entonces aquellos seres ancestrales iban cada uno a lo suyo, solo había un objetivo, nutrirse, apresar a otro y no ser apresado por el siguiente, en un sistema de egoísmo absoluto. De vez en cuando, aquellos bichos hermafroditas soltaban, como quien se deshace de una pesada carga, otros bichitos hijos suyos igualitos que el padre (o madre, no comencemos a discutir) sin necesidad del concurso de congénere alguno. Pero de pronto, los trilobites descubrieron que había congéneres mucho más graciosos que ellos y apetecibles no solo para ser merendados, sino para otros menesteres también placenteros, eran las trilobitas. De esa era paleozoica deben proceder esos politiquillos que demuestran su progresía repitiendo constantemente, hasta la náusea, aquello de ciudadanos, ciudadanas, vascos, vascas, votantes, votantas. A partir de ahí, esos bichos de alma de piedra comenzaron a realizar maniobras y gestos extrañísimos que no se dirigían a apresar al vecino para el desayuno, ni pretendían camuflarse o huir de una amenaza, sino muy al contrario, su objeto era atraer al congénere de sexo distinto para solazarse juntos. Un rayo de luz cruzó aquellos tenebrosos e impenetrables bosques, había nacido el amor y con él la diversión y la locura y el mundo fue más solidario, o al menos, gregario. Es como si Dios se hubiera asomado a la Tierra, cosa que debe hacer muy de tarde en tarde, y le hubiera sonreído. Con la afanosa y pertinaz búsqueda de la igualdad absoluta de sexos, la sociedad actual puede volver al precámbrico.


Antonio Envid


jueves, 22 de agosto de 2013

HE VUELTO A VER A CHARLES (Narciso de Alfonso)




Miércoles, 5 de agosto 

He vuelto a ver a Charles. No me importa tanto que sea capitán, y el chaleco que hoy llevaba era de raso pajizo, mucho más discreto y elegante. Parece que está mejorando sus modales, ya no escupe el tabaco en la alfombra ni dice me cagüen laputa cada dos frases. Claro que aún tiene que pulirse mucho, pero no está tan lejos de mi amor como el día en que le conocí. 
Cuando ya me iba, me ha dicho: chata, si nos vemos otra vez tendré que enamorarme de ti. No sé que pensar, es un hombre tan caprichoso.



Narciso de Alfonso
Cuescos
De Mi aventura con el capitán Preston

miércoles, 21 de agosto de 2013

LÁGRIMAS (Baraque)


Baraque

Lágrimas que no han querido
no han sabido o podido
surcar unas mejillas
resbalar por ellas
hasta dejar rastro
en una mesa, un papel o una tela

Lágrimas introvertidas
incapaces de dejarse ver
han elegido el camino inverso
un interior demasiado dolorido
para soportar su sal



Baraque


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