jueves, 21 de noviembre de 2013

W. CARLOS WILLIAMS En la versión de Ángel Ferrer: Tener hambre es ser grandioso



La pequeña, amarilla hoja de cebolla
primaveral comienzo verde precursor
de los suelos de Manhattan, cuando
arrancada como en manojos
lavada, troceada y pochada dentro de
una cazuela, aunque propensa a estar
un poco viscosa, si bien cocinada
y servida caliente sobre pan de centeno
es para una cerveza un perfecto aperitivo
y lo mejor
de ella es que crecen por doquier*



W. Carlos Williams
To be hungry is to be great*
(Traducción: Ángel Ferrer)







_______

*TO BE HUNGRY IS TO BE GREAT

The small, yellow grass-onion,
spring's first green precursor
to Manhattan's pavements, when
plucked as it comes, in bunches,
washed, split and fried in
a pan, though inclined to be
a little slimy, if well cooked
and served hot on rye bread
is to a beer a perfect appetizer-
and the best part
of it is they grow everywhere.



miércoles, 20 de noviembre de 2013

MERODEANDO A... El taxi de Londres (Narciso de Alfonso)

sgs

El fotógrafo del tráfico rodante y empedernido nos ha dejado abierta una ventana llena con un vehículo automóvil, con un taxi de Londres que, como los demás, es impúdico, obsceno, con los zapatos negros y lustrados y con un techo demasiado alto que lo hace fúnebre, como cuando lo fúnebre era una carroza negra tirada por mil caballos.

Parco y sin crisantemos, el taxi fúnebre y funeral de Londres, feo como un bulto feo, es un asunto anacrónico que debería estar muy prohibido por la cantidad de despropósitos que reúne, tan ajeno al sol y al amor, tan destartalado de proporciones, con esa solemnidad convencional de lo negro, con esa sonrisa de caballo listo.

Lo sucio, lo siniestro del taxi de Londres es que alude a la apariencia, a la representación, a lo funeral de la muerte pero sin que haya muerto, sobre todo porque la muerte no está en el ataúd, ni en el coche fúnebre, ni en las coronas, ni siquiera en el muerto. No sabemos dónde está, solamente, si acaso, que ha pasado por un tipo que estaba vivo y lo ha dejado tieso, para enterrar: ya no se puede contar con él para nada.

Los taxis de Londres vienen a ser una agencia funeraria que trabaja sin muertos, sin esperar a que la gente se muera, en una especie de anticipación de lo que será el entierro del que se sube al taxi, en un ensayo de oscuridad. 

Lo que nos viene a importar del taxi de Londres -o de cualquier otra ciudad- es, más bien, el taxista mortal que conduce la máquina automóvil, que se llama taxi porque lleva incorporado un aparato taxímetro, que es un mixto de tiempo y dinero, como el alma o el destino. 

Cabe suponer que el taxi –y tal vez el taxista- tiene unos deseos semejantes a los del barco ebrio: que los pieles rojas utilicen como blanco de tiro a los pasajeros, clavándolos desnudos en postes de colores.

El taxista, sentado en su carricoche fúnebre, echa en falta los caballos de la carroza que nunca tuvo y con los que, a veces, todavía sueña: cuatro caballos cuatro, del color de los caballos del Apocalipsis: blanco, rojo, negro y pálido –no bayo, ni palomino, ni cuarto de milla-. 

El taxista es, naturalmente, un hombre humano, mortal, dos veces sapiens, es decir, como todos los demás pero en taxista, lo que significa vivir la vida como si importara o como si no importara, depende. Quizá, por la tremenda cantidad de sedentarismo al que su actividad le obliga, es un hombre que ha dejado que se oxide todo el hierro que hay en él, y se ha ido quedando duro, masivo, como un matadero al amanecer o como si estuviera siempre escuchando un sermón sobre la muerte.


Narciso de Alfonso
El Merodeador, IV


lunes, 18 de noviembre de 2013

ALMÍBAR DE CHANCACA (Servando Gotor)




(Norah.
Los sueños de Norah.
Norah sueña mucho y luego interpreta sus propios sueños y a veces se realizan y se nos ponen los pelos de punta.
Norah tiene fuego en sus labios rojos.
Norah esconde en su sonrisa ecos de espuma del Orinoco, porque Norah nació a la orilla del Orinoco, claro.
Pero Norah no sabe nada del Orinoco porque se crió en las reposadas corrientes de una princesa raptada. 

Norah: síntesis de magia y enciclopedias.

Norah soñaba a menudo que estaba embarazada hasta que Esmeralda White, una santera americana de origen cubano, negra prieta, gruesa y remolona, le dijo que pusiera bajo su almohada tres rosas blancas.
Y desde entonces Norah fríe en sueños croquetas de atún sin parar y luego se despierta cansada y empachada.
Pero en sus sueños ya no está embarazada.
Gracias a las tres rosas blancas bajo la almohada, en sus sueños ya no está embarazada.
Norah soñó de niña con un príncipe azul, pero hubo de conformarse con Trebor.
No era su príncipe pero insistía tanto, tanto, tanto...


Y una noche de verano, en oscuras calles, la besó.

No era lo que ella había soñado, no.
Pero aquel beso le supo a almíbar de chancaca)


Servando Gotor

domingo, 17 de noviembre de 2013

"NIEBLA", NOVELA NO APTA PARA EL VERANO (Juan Serrano)




Desde el momento en que Augusto Pérez, en los mismos comienzos de Niebla, dice no hay nada más elegante que un paraguas cerrado, me reafirmo en mis desavenencias con don Miguel de Unamuno. Para mi, un paraguas abierto es mucho más bello y vistoso que una sombrilla plegada.
El que viaja mucho va huyendo de cada lugar que deja. Leí esta nivola en pleno verano, tiempo de giras y desplazamientos. Mi grado de concentración en aquellos días de asueto estival no era por tanto el más propicio para sacar todo el jugo literario, trágico y existencial que don Miguel en este libro tal vez vertiera. Y así, cual picaflor impaciente, ajeno a las profundidades filosóficas de la vida, me dejé llevar más de la trama que como comedia de enredos Niebla me sugería.
Y mientras leía la niebla de la vida rezuma un dulce aburrimiento, el sol de la playa, el agua refrescante, el ocio y la brisa del mar aletargaban mi ánimo y me conducían tras los pasos de cualquier muchacha que delante de mis ojos pasara. Y entonces, ¡sí!, no disentía en nada del profesor cuando decía: Todas las mujeres no son sino remedos de la una, de la única, de mi dulce Eugenia.
Y cuando de nuevo el filósofo bilbaíno cual hábil práctico, entre escollos y marejadas de amores y celos, volvía a la carga con sus pensamientos de trascendente trashumancia: nos movemos en dos direcciones: del pasado al mañana y del hoy al ayer, yo me levantaba al momento de la tumbona y me servía otra paloma de anís. Y de nuevo me sumergía, frente a la isla del puerto de Mazarrón, donde yo a la sazón pasaba unos días de descanso, en la placidez de la monotonía, esa acaramelada eternidad sin porvenir ni deseo, que se parece lo más a la muerte.Lo más liberador del arte es que le hace a uno olvidar que existe.
A don Miguel y a Augusto, con tanto bebercio fresco y aquellos calores del verano, yo a los dos confundía. Y de nuevo volvía malhumorado el protagonista preguntándome: ¿pero el otro no es el novio de Eugenia? Y al instante él mismo se contestaba poético, colérico, mefistofélico, cual Rimbaud desde Abisinia: ¡el otro soy yo! Y disfrutaba de ver a Unamuno, un señor tan serio, barbudo y excéntrico, hasta las cejas enamorado en la persona del joven Augusto. Y me alegraba ver al señorito Pérez, tan madrero, encorsetado e impermeable a los sentidos, convertido también al amor: Esa mujer me ha vuelto ciego al darme la vista. La producción literaria de un autor suele compensar lo que en la vida le falta. Un escritor triste y reservado escribirá en claves de humor. Y así es como el autor logra su equilibrio emocional, escapando, gracias a su imaginación, de su yo insociable y misántropo.
Si en lugar de haber leído Niebla en plena canícula de agosto, lo hubiese hecho desde el balcón de este otoño abstemio, estación de sombras y grises, lluvias y vientos, tal vez su lectura hubiese alimentado esos deseos de eternidad por los cuales me desvivo, sobre todo ahora, cuando veo que los días de luz se acortan y las noches alargan mis miedos. Y al igual que Augusto, yo también escaparía de las páginas del libro de mi vida para decirle al demiurgo de mis fantasías que no deje morir mis sueños. Y así no acabar reconociendo como Unamuno mi mortalidad cantada:
Yo soñé luego que me moría, y en el momento mismo que soñaba dar el último respiro me desperté con cierta opresión en el pecho.


Juan Serrano
de su blog: Blao
12 noviembre, 2012





sábado, 16 de noviembre de 2013

ERA YA DE MADRUGADA Y QUISE VER SI ELLA DORMÍA SOLA (Propercio, en la versión de Mariano Berdusán)


(A finales de octubre hizo dos años del fallecimiento de nuestro amigo, don Mariano Berdusán. Desde aquí, como siempre, nuestra admiración y cariño)


ELEGÍA 29.B: Era ya de madrugada y quise ver si ella dormía sola

(Propercio quiere vigilar y controlar a Cintia y ésta le reprende ofendida).

Era ya de madrugada y quise ver si ella
dormía sola: y Cintia estaba sola en el lecho.
Me quedé sobrecogido: nunca ella me había parecido
tan hermosa, ni cuando se vistió con túnica púrpura
y fue, después, a contar sus sueños a la casta Vesta,
por si a mí o a ella pudieran hacernos daño.
Tal me pareció verla recién salida del sueño.
¡Ah, cuánto vale por sí misma una espléndida belleza!

“¿Qué haces tú aquí, dice, tempranero indagador de tu amiga?
¿Piensas acaso que mis costumbres son semejantes a las tuyas?
No soy yo así de fácil: me basta con haber conocido a uno solo,
seas tú o sea otro, si alguno puede ser más fiel.
En mi ordenado lecho no aparece rastro alguno,
ni señales de deseo por haber dormido dos en él.
Mira cómo de todo mi cuerpo no emana olor alguno
que te haga pensar que haya cometido adulterio. ”
Dijo y, rechazando con su mano derecha los besos que le ofrecía,
saltó del lecho apoyando sus pies en las sueltas sandalias.

Así, por haber querido proteger tan casto amor, fui yo rechazado.
Desde entonces no ha habido para mí una noche feliz.



Propercio. 
(Versión de Mariano Berdusán Cabellos)







viernes, 15 de noviembre de 2013

LA ÉTICA EMPRESARIAL (Mercedes)


sgs

Hay quien dice que la ética empresarial está desapareciendo, y es que cada vez más nos sorprendemos por nuevos casos de corrupción, de vulneración de los derechos humanos o de daños al medio ambiente. A pesar de todo esto, no debemos engañarnos, pues los empresarios han buscado siempre lo mismo: maximizar beneficios, obtener mayor rentabilidad. Es triste, pero el ser humano es codicioso hasta el extremo. El problema ahora es que es la sociedad quien ha cambiado. Demandamos todo lo que no teníamos en el pasado, hemos trabajado para progresar y queremos ver los resultados de tantos años de sacrificios. 
Allá por el siglo XIX, durante la I Revolución Industrial, no importaban aspectos relacionados con los derechos humanos, ni siquiera éstos existían. Los niños trabajaban durante largas jornadas laborales, los obreros no tenían derecho de huelga, ni de sindicarse, ni posibilidad de negociación colectiva con el empresario; seguía existiendo la esclavitud, la marginación estaba al orden del día, y, por supuesto, el medio ambiente era entonces lo menos importante. Sí estaba presente, como hoy en día, la corrupción y el desarrollo de nuevas tecnologías, pues ambos eran aspectos que favorecían al empresario.
Como ya he dicho, la sociedad avanza y adquiere una mayor calidad de vida, y como consecuencia, empieza a preocuparse de lo que le rodea, intenta hacer que su nivel de vida sea mayor en todos los sentidos. Ya los primeros movimientos obreros pedían cosas para nosotros básicas, como una jornada laboral de ocho horas, un salario mínimo, unas buenas condiciones para el trabajador… Con el pasar del tiempo se conseguiría excluir a los niños del trabajo. Más tarde, con la incorporación de la mujer en el mundo laboral nacería la petición de igualdad, algo por lo que aún hoy se sigue luchando.
Finalmente llegamos a nuestro tiempo, donde se acaba de incorporar una nueva materia a la ética empresarial: el Medio Ambiente. Ahora las tiendas te dan bolsas de papel, los políticos se ponen verdes y todas las empresas (unas más y otras menos) te dicen lo maravillosamente bien que se portan con el medio ambiente.
Para regular cuestiones relacionadas con el tema que nos ocupa, las Naciones Unidas, mediante el Pacto Mundial, establecen diez principios básicos mínimos que las empresas deberían cumplir. Son: apoyar y respetar la protección de los derechos humanos, asegurarse de no ser cómplices en la vulneración de los derechos humanos, apoyar la libertad de afiliación y el derecho a la negociación colectiva, apoyar la eliminación de toda forma de trabajo forzoso o realizado bajo coacción, apoyar la erradicación del trabajo infantil, apoyar la abolición de las prácticas de discriminación, favorecer al medio ambiente, fomentar las iniciativas que promuevan una mayor responsabilidad ambiental, favorecer el desarrollo y la difusión de las tecnologías respetuosas con el medio ambiente, trabajar contra la corrupción en todas sus formas, incluidas extorsión y soborno.
A pesar de todo esto, ésta es sólo una cara de la moneda, por el otro lado nos encontramos con el Tercer Mundo, con todo lo que para nosotros no queremos (y que no repetiré una vez más). Así, vemos cómo en estos paraísos empresariales residen grandes y prestigiosas multinacionales y, lo peor de todo, es que nosotros, los que tenemos el poder, somos conscientes de lo que sucede y no hacemos nada, seguimos consumiendo y seguimos favoreciendo a esta multinacional y seguimos dándole cuerda a la corrompida economía, “porque ése ya no es nuestro problema”.


Mercedes



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