La casada infiel, la casada infiel, todas las noches con magia
—y también muchas noches sin magia— uno recuerda a la casada infiel, no sólo por la casada, sino también por sentirse un gitano legítimo y regalarle un costurero enorme, aunque sea de raso pajizo, un color que parece excesivamente discreto, demasiado elegante.
Se apagaron los faroles y se encendieron los grillos, dice el poeta.
Un horizonte de perros ladra, lejos del río.
Con el aire se batían las espadas de los lirios.
Uno, que ha pasado muchos días —y muchas noches— a la orilla del río, sabe que el poeta menciona tres sucedidos que son los que montan la noche: la oscuridad; un viento suave y fresco y rasante que hace sonar los lirios, y la lejanía que ponen los perros ladrando y que va y viene con el viento.
Y es la noche, y no el día, la que tiene esquinas, que además son las últimas, exactamente: en las últimas esquinas toqué sus pechos dormidos.
Bajo su mata de pelo hice un hoyo sobre el limo, sigue diciendo el poeta.
Como tantas veces son los detalles, lo que el poeta nos trae de la realidad real, lo que se queda en nosotros quizá para siempre. La realidad del poeta se nos clava en la piel y en la carne.
Sin en cambio, Lorca, que no podía quitarse a la luna de encima, aquí parece disculparla: hay que buscar —y encontrar— el motivo, porque además nombra la ausencia de la luna: sin luz de plata en sus copas, los árboles han crecido.
En otro poema dijo: cuando las estrellas clavan rejones al agua gris.
Y en otro dijo: y croaban las estrellas tiernas. Y también: en la luna negra de los bandoleros cantan las espuelas. Y: una luna incomprensible que iluminaba por los rincones los pedazos de limón seco.
Claro que omitimos los detalles del embate amoroso: ahora mismo no alcanzamos a decirlos como tienen que ser dichos. Sin embargo, nos queda una duda, que no es una duda absoluta, por supuesto: “no quiero decir, por hombre, las cosas que ella me dijo”. ¿Qué le dijo, en concreto? No queremos de ningún modo saber las palabras que le dijo, sino solamente escucharlas, oírlas, una y otra vez, una y otra vez.







