viernes, 14 de diciembre de 2012

CAMPODELAGUA (Avelino Hernández)

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Estaba empezando a querer amanecer.
Eran aún en El Campo del Agua igual las noches que los días.
Ángela, que ha intentado inútilmente la redacción de una secuencia más, consultó la hora alta de la noche que ya era: estaba empezando a querer amanecer.
Se levantó.
Recogió los papeles. Guardó el disco y desconectó el ordenador. Y retiró la silla.
Apagó la luz del flexo, que era rojo.
Encendió la tulipa malva, que hacía discreta la penumbra en el salón.
Subió, quedo, la escalera de enebro, porque Ricardo dormía.
Y salió al terrado, cerrando tras de sí, firme, la puerta, para que no crujiera.
La leve brisa fría que baja de la Sierra en el estío para anunciar que está llegando el alba le acariciaba el rostro; mientras fue a apoyarse sobre la balaustrada.
En el horizonte del este se adivinaba ya, dibujándose, el albor.
"¡Qué bello este momento único, ambiguo y fugaz; ni de ayer ya ni todavía de hoy!" -está pensando. Y un golpe de brisa le enreda el pelo largo que, reclinada como está, pende sobre sus pechos desde los hombros.

Se está apagando el silbo melancólico de pájaros nocturnos entre frondas que aún no llegan a percibirse.
Seguramente en el bosque vecino la raposa aviva en la oscuridad el paso buscando reganar su guarida.
Y el relente frío habrá levantado de sus camas en la intemperie a las liebres primeras, que andarán ya a buscar refugio en el espesor.
"Ser feliz es cultivar momentos como éste; y tener un nuevo libro empezado", piensa Ángela.
Un musgaño que anda hurgando entre las yerbas secas del ribazo del huerto la distrae.
También un perro lo ha advertido; sale desperezándose desde el alcorque del nogal bajo el que pernoctó; adivinando al ama en la penumbra de la terraza, como saludándola, mueve la cola; y se dirige husmeando hacia donde se oye, agitado, hozar en la yerba el ratón.
La proximidad del perro levanta en los juncos de la orilla del río el estrépito alborotado de un bando de azulones que remonta el vuelo voznando.
Se escucha en el silencio que alguien por la cañada aún a oscuras, se dirige hacia el campo.
Ya mana en el horizonte del este, perceptible, la luz; que es rosa y grana al despuntar.
Ya vuelan, inseguros, los pájaros primeros.
Ya es hora.
Ángela se incorpora; tiene el pelo escarchado de rocío.
Mientras se desnuda, sin luz ni ruido, en la alcoba, Ricardo se remueve.
-¿Qué hora es?
-Amanece.
-¿Has avanzado?
-No. Me bloqueo en el arranque de la secuencia final del primer movimiento. Está en el ordenador. Míralo luego.
Y se acostó a su lado.
Y lo besó.
-Hoy subiré con los campesinos que siegan en la Junta de los Rios. Volveré tarde.
-Estaba el alaba rubia; habrá tormenta. Ten cuidado.




Avelino Hernández
Campodelagua 
(1990)





jueves, 13 de diciembre de 2012

EXCEPTO (Juan Serrano)

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El viento sacude fuerte las moreras. Las hojas desparramadas por el suelo se arremolinan por los rincones airados de nuestro corazón en calma. Es hermoso ver como el oro viejo de las manos caídas de los árboles colorea con sus destellos todo el suelo. Su llanto es belleza para los ojos que sienten este frío seco que saca de nuestros lagrimales gotas de un invierno anticipado. 


Pero mañana tenemos visita. Y en aras a la hospitalidad, he de barrer el otoño, esconder sus encendidas amarguras, y hacer que la huerta, aún a destiempo, parezca primavera. Luego, ya dentro de la casa me pongo también a ordenar carpetas y cajones. Y en una estantería, dentro de una antología editada por la Coordinadora de Presos en Lucha, allá por el 78, Tenemos un minuto... para disolvernos, (poemas del Papi y el Cahue), me encuentro el pasaporte de aquellos años.

Era práctica habitual entonces esconder muy bien este salvoconducto. En cualquier registro la Brigada Político Social podía incautárselo. El pasaporte era nuestra última oportunidad para atravesar la frontera, escapar de la Dictadura en caso extremo de persecución y acorralamiento. 

Y hoy el viento me devuelve el recuerdo de un ayer reprimido junto al verso eres mi cárcel sin barrotes en este documento que dice:

Paises para los cuales este pasaporte es válido: Todos los del mundo. Excepto: Abania, Bulgaria, China, URSS, República Democrática Alemana... 

Palpo ahora con la yema de mis dedos contentos el matasellos de los empinados muros que ayer derribamos. Y también mañana quisiera pasar mis ojos felices por las muchas batallas a ganar que aún nos quedan.



Juan Serrano 
(En el blog Blao
29 de noviembre, 2012)



miércoles, 12 de diciembre de 2012

DESNUDO RECLINADO 6, de Modigliani (Narciso de Alfonso)

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Desnudo reclinado 6 (Amedeo Modigliani, 1918 – Metropolitan Museum)



Una mujer longitudinal cruza el cuadro, nadadora de noche, nadadora. Merodeando, uno piensa –y propone- que el pintor descubrió a la mujer binaria o la forma binaria de ver, de mirar a la mujer, a las mujeres, que nos muestra como criaturas simples o elementales –no sencillas-, como criaturas hermosísimas con sólo dos posiciones, con dos alternativas, descubrimiento que no facilita las cosas, sino que, más bien, las complica, las dificulta. 

Modigliani leyó dentro de la mujer –que eso es la inteligencia- y se encontró con un esquema salvajemente simple, como ya a Leibniz le pasó con las matemáticas de la realidad: sólo el 0 y el 1: espléndido, asombroso, pero abismal y terrible. Los ojos vacíos, sin mirada, sólo una luz negra: no sabemos si ella nos ve o nos mira, pero con los ojos sólo nos dice una oscuridad, una noche rasgada. 

Una mujer larga en casi todas sus medidas cruza el cuadro: estilizada, elegante, pero no despojada: sus nalgas son redondas y los muslos ahusados y el vientre terso y sus pechos son glándulas para hacer leche y dar de mamar a un niño vivo. 

Tal vez terriblemente binaria en sus resortes interiores, pero también, además, tremendamente erótica y deseable y curvada en su natación nocturna, nadadora de noche, nadadora.


Narciso de Alfonso
Retratos de mujeres desnudas
El merodeador (Serie II)
Narciso de Alfonso

lunes, 10 de diciembre de 2012

EL MAESTRO (Antonio Envid)



sgs


Conozco demasiado de la vida para que ésta me interese. No, no digo que haya llegado a comprenderla, sino que ya no me interesa. Waiter, póngame otro güisqui, hágame el favor. Como siempre, tres dedos con tres hielos; exactamente eso: tres y tres. La perfección se encuentra en el número tres, el trinum platónico, el fundamento de la divinidad. Cuando se domina esta ciencia alcohólica es tiempo de despedirse, ya nada puede esperarse de la vida, se precisa mucha soledad y mucha reflexión íntima para dominar esta ciencia. Ya ve, he llegado a ser un experto. Eso es lo grave, que nada de la vida me interesa, como digo, y sin embargo estoy pegado a ella sin remedio. Estoy agarrado a las cosas, estas cosas que a fuerza de serme familiares no guardan ningún misterio, y a las gentes, que de tanto tratarlas carecen de secretos para mí. Sí, se que pronto mirará el reloj y me dirá con cara de sorpresa ¡caray, que tarde se ha hecho! con su interesante conversación el tiempo pasa sin darnos cuenta. Me esperan para una reunión. Ha sido una agradable charla, pero, he de irme, la continuaremos en otro momento. 

Sólo el tintineo del hielo en el vaso me parece un sonido agradable, todo lo demás suena a ruido y confusión. Le decía, que ha llegado el momento en que yo, si fuera un esteta de verdad, como quiero hacer creer a la gente, me despediría con un elegante mutis por el foro, diciendo, continúen apurando sus copas, no hay prisa. Me resulta insufrible vivir una larga decadencia, cada vez más vulgar, entre los derribos de mi inteligencia. Ya no me preocupa la inutilidad de existir, la he asumido sin hacer preguntas. En un tiempo inquirí en su porqué, llegué incluso, en su búsqueda, a experimentar su destrucción. No se nos ha dado crear, luego hay que recurrir a destruir para poder llegar al conocimiento, como el muchacho que destripa un juguete para ver sus secretos mecanismos. Quise descubrir el secreto de la vida en el fondo de las pupilas de una niña en el instante en que mis manos quebraban sus tiernas vertebras cervicales. Ese instante de suprema verdad. El límpido fondo de los ojos de una niña sin ensuciar, todavía, por los despojos que va dejando la vida, unos ojos para los que todo es nuevo, hasta el horror. El fondo de un estanque sereno. Nada encontré se lo aseguro. 

Abandoné el sanatorio con el alma arrugada de ver a mi maestro, mi guía en tantas perturbaciones vitales, sumido en semejantes desvaríos. Una mente tan poderosa, que ha creado tantas obras dignas de consideración, naufragando en un mar de confusiones. Pase porque confunda al enfermero con su mayordomo y a la pócima que inútilmente trata de sanar su enfermo cerebro con un vaso de güisqui, puede ser hasta una piadosa defensa, pero lo de las niñas…. No me atrevo a decirlo, pero hace unos años la localidad se vio convulsionada por unas misteriosas desapariciones de niñas de corta edad, de las que jamás se supo nada, ni tampoco de sus posibles captores. Fueron uno de esos casos que la policía se ve incapaz de resolver y terminan por archivarse.




Antonio Envid 

domingo, 9 de diciembre de 2012

¿QUÉ LIBRO SE LLEVARÍA A UNA ISLA DESIERTA? VENTAJAS Y POSIBILIDADES DEL LIBRO DIGITAL (Servando Gotor)

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Asistimos ahora al principio del fin (uno más) de la industria editorial tradicional.  

Todo el sector está en plena reconversión.  Pero, además, preparándose no sólo para la edición en formato digital sino, lo más impresionante: se dispone a competir con la denominada auto-edición.  Porque ahora el mismo autor puede editar sus propias obras sin contar con ninguna editorial ni mediador alguno y va a poder colocar su libro en las estanterías de las mejores librerías del mundo junto a los productos de las mejores editoriales, sin necesidad alguna de un editor ni siquiera de un distribuidor. 

Pero tampoco es tan fácil la cosa.  Ni para unos ni para otros.  Todos tenemos más posibilidades, cierto.  Pero también ―y precisamente por eso mismo― vamos a ser más quienes concurramos en competencia.  Somos más, podemos ser más, y ello quiere decir también que competimos más.   Por eso todos, todos, pero especialmente las editoriales tradicionales están obligadas (y lo están haciendo) a redescubrirse, a recrearse, a renovarse.  Porque ahora todo está más cerca de todos.  Tanto, que hace sólo quince años no es que resultara impensable, es que era inimaginable lo que se nos está viniendo encima.

También es verdad que el libro digital no tiene (ni supongo tendrá nunca) la presencia del libro de papel.  Y esto hará, posiblemente, que el libro de papel jamás desaparezca.  Siempre habrá en el mercado un espacio para él.  Pero acabará por ser un  mercado minoritario en cuanto a los productos (más limitados) y en cuanto al precio (siempre más alto): un mercado suntuario.

Un artículo de lujo, sí: eso acabará siendo el libro tradicional. Y tendrá por supuesto su propio mercado, como lo sigue teniendo el del disco de vinilo en el ámbito de las grabaciones musicales.  Lo cierto es que la batalla del gran mercado del libro puede decirse, desde ya, que se ha decantado en favor del libro digital.

Y es que las ventajas para el lector de un libro digital sobre el de papel son inconmensurables:

  • Subrayas lo que quieres marcando simplemente con el dedo la frase que te interesa, teniendo además un acceso cómodo, rápido y directo a todo aquello que has subrayado.

  • Puedes poner las notas que te interesen allá donde quieras, también con un acceso y localización posterior cómodo, rápido y directo a todas y cada una de ellas.

  • Cuentas con variados diccionarios para consultar sin moverte del propio libro. De modo que tropiezas con una palabra que no entiendes, en tu propio idioma o en otro, y sólo tienes que mantener el dedo sobre ella para que aflore o emerja inmediatamente su significado o su traducción.

  • También tienes a mano la mayor enciclopedia del mundo: Wikipedia.  Sin moverte. Basta posar el dedo sobre la palabra que nos interesa: una ciudad, un río, un personaje, una hecho histórico, una palabra científica…  Y de inmediato aparece la voz de Wikipedia que viene en nuestro auxilio apara alumbrarnos e ilustrarnos sobre el evento, el sitio, la cosa o el personaje que nos interesa.

  • Cuentas igualmente con el sistema de índices más completo: desde el índice general de la obra hasta la posibilidad de buscar cualquier palabra, en el apartado “Ir a…” o “Buscar…”  Escribes allí: “Napoleón” y el buscador rastrea el libro y te saca todos los “napoleones” que alberga.  ¿Quién da más?  ¡Y todo esto no ya sin levantarte de tu asiento, sino sin siquiera salir ni cerrar tu libro! 

  • Más: pero es que, además, tu libro no es sólo un libro sino que encierra miles de títulos. 

  • Aún más: aunque te quedes dormido leyendo, no te preocupes porque nunca pierdes la página (el punto de lectura) en que estabas. La tuya, tu página, porque tienes memorizados tus propios marcadores, de modo que aunque tus familiares o amigos compartan tu e-reader contigo, cada uno tendrá marcada la página del libro que está leyendo, y aunque lea el mismo, en el mismo dispositivo, cada lector tendrá marcada la página en que se quedó.

  • Y mucho, mucho más. Pero acabaremos por decir que, además de todo lo dicho, cuentas en la red con cientos de títulos gratuitos (y por supuesto, hablamos siempre en términos de legalidad) que puedes descargar en tu lector digital. 

Por eso ha dejado ya de tener sentido la manida pregunta sobre qué libro elegirías para llevarte a una isla desierta.  ¿Qué libro?  Mi lector digital, por supuesto.  Porque ni la gran biblioteca de Alejandría albergaría tantos títulos ni tanto contenido como el que mi dispositivo de lectura es capaz de acoger.

Evidentemente, todo son ventajas.  Pero, ay, en cuanto a la presentación, es verdad y hemos de reconocerlo, no creo que un e-reader acabe nunca por igualar la de un libro tradicional. Reconozcámoslo.

Pero reconozcamos también que la presentación no quita ni añade nada a la calidad del contenido de un buen libro que, en definitiva, es lo que cuenta.  Y eso queda incólume en el e-reader. Incluso con los  sistemas de búsqueda o localización (índices) y consulta (diccionarios, traductores y enciclopedias), gestión bibliográfica y posibilidad de modular el tamaño de fuentes,   etc. el dinámico libro digital, no cabe duda que supera al estático libro de papel.



Servando Gotor






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Manual para la creación de libros digitales
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sábado, 8 de diciembre de 2012

EL SILENCIO MIENTRAS TE MIRO, 4 (Ángel Ferrer)

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sgs

Te remonto hacia tu principio
muriendo
viviéndote

Y tú, sola
temerosa de las miradas
que son cincel y memoria
esperándote en la estación del sentir
supervisas tu corazón

Voy a acercarme a ti decidido
atravesando, mudo y ensangrentado
la alambrada que rodea tu corazón
para besarte fría
mientras muero cuando me nombras
en mi existencia paralela
mientras vuelan los tontos y confusos cuervos
que nos acechan
y en el reencuentro
comprenderás las cicatrices de mi pecho
y quedaremos en paz
con el viento
con el fuego
descansando en lo profundo
arena
mar


Ángel Ferrer


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