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| AEM |
Una tarde senté a la Belleza en mis rodillas. Y la encontré amarga. Y la injurié. (A. Rimbaud)
lunes, 7 de octubre de 2013
domingo, 6 de octubre de 2013
EN EL ESPEJO DE UN SILENCIO (Ángel Ferrer)
nos mece en contínuo abrazo girando sobre si misma
lloviéndonos, mostrando el arco iris
¿Cuál es el límite necesario de sufrimiento
que le da sentido a la vida?
La luna y el mar lo saben y guardan el secreto
Entre los silencios esquivos algunos se llenan
copando las sensaciones
hacia adentro con los ojos cerrados
hacia afuera con los ojos abiertos
Con el reflejo de los actos en el espejo de un silencio
se extiende la comprensión
dejando atrás hasta dejar el cuerpo
y el tren de la voluntad imparable
un día parte victorioso hacia el infinito
Ángel Ferrer
sábado, 5 de octubre de 2013
LA PORRISTA (Armando Muchabulla)
Cuando vimos aparecer a la mamá de Ander, el base, al primer ensayo de las porristas, nos quedamos todas ojipláticas. ¿De qué iba la abuelita? Pero pronto nos convenció de que solo venía a hacer ejercicio, para estirarse y mantenerse en forma y tal, que no nos molestaría en nada, que la dejásemos hacer nuestros ejercicios, los sencillitos, claro, y, la verdad, a la mayoría nos cayó simpática. Solo a la Marga y su cuadrillita, que son unas crujidas, les rallaba el que estuviera ahí dando saltitos detrás de nosotras. ¿Qué mal hacía? Cogía sus pompones y trataba de seguir nuestros movimientos, además, a la salida nos invitaba a cocacolas y a las que le caían de paso las llevaba a casa en su coche. La pobre terminaba “escangallada”, como ella decía, pero se la veía contenta, y a nosotras nos daba igual, no se metía en nuestras conversaciones ni en nada, o sea que pronto su presencia nos pareció algo normal. La cosa se complicó cuando comenzó a pensar que, quizá, podía salir a la pista, como una más, entonces comprendí que no rulaba, que se le habían cruzado los cables, y que la cosa terminaría mal. Cuando tras un gran bronca con el entrenador, éste le dijo: “para salir tendrás que pasar por encima de mi cadáver”, y ella sacó del bolso una pistola y contestó, “eso no es obstáculo” y se lo cargó tranquilamente, entonces, pasé verdadero miedo.
Armando Muchabulla
viernes, 4 de octubre de 2013
HOY EN BALCONCILLOS... Súcubo (Leopoldo María Panero)
y le dije: no tengo pelo, soy un pez
.

Súcubo
.
Y me encotré una mujer frente a mí,
y le dije: no tengo pelo,
soy un pez. Y ella me dijo:
conocerás el mar, esa ancha tumba
en que nada el Kraken
y se pierden los barcos.
Y era como descubrir en un barco, de noche
a la luz de las estrellas
que está uno abrazado al diablo,
a esa mujer, esa limosna
que sólo él puede ofrecerme
y cuya mano acaricia torpemente
las cuencas vacías de mis ojos
en ese albañal que tengo por juguete,
y por figura; y le diré entonces:
he tenido comercio con la nada..
y le dije: no tengo pelo,
soy un pez. Y ella me dijo:
conocerás el mar, esa ancha tumba
en que nada el Kraken
y se pierden los barcos.
Y era como descubrir en un barco, de noche
a la luz de las estrellas
que está uno abrazado al diablo,
a esa mujer, esa limosna
que sólo él puede ofrecerme
y cuya mano acaricia torpemente
las cuencas vacías de mis ojos
en ese albañal que tengo por juguete,
y por figura; y le diré entonces:
he tenido comercio con la nada..
Súcubo
de Piedra negra o del temblar, 1992
Poesía completa 2000-2010
Visor libros
Madrid, 2013
jueves, 3 de octubre de 2013
DORADO HASTA MUY LEJOS (Servando Gotor)
―Un tipo llamado Adolfo.
―Quiero decir: de dónde es, qué hace...
―Bueno, bueno, ya veo que empiezas a comprender. Verás, una vez me dijo que había estudiado en Oxford... Pero, la verdad, no termino de creerlo, como tampoco me creo que matara a un hombre, cosa que también se dice de él.
Todos habrían aceptado sin la menor objeción, la noticia de que Adolfo surgiera de los pantanos de Louisiana o de los barrios más bajos del East Side de Nueva York. Era comprensible. Pero en la provinciana experiencia de todas las mentalidades, no cabía que un hombre atractivo y misterioso pudieran surgir así, bruscamente, de la nada, y comprarse un piso de trescientos metros en el centro del barrio de San Valero.
Llegó a casa a punto de amanecer. Se preparó un johnny walker con abundante hielo y lo saboreó despacio con un cigarrillo inglés, Benson & Hedges, dorado hasta muy lejos. Era la mejor forma de disfrutar del saxo de Ben Webster, cuyo aliento suave y apacible se fugaba por los enormes baffles del maravilloso equipo HI-FI, único en la ciudad, imprescindible para recoger los mínimos matices del viento, un viento que en Webster sonaba a brisa.
El ritual de cada madrugada. Lo mejor del día. Su momento. El resto de la jornada para los demás, para todos. En beneficio propio, dicen. ¿Propio? Es posible. Y algunas mañanas, rayando el medio día porque se levanta tarde, lee un par de horas. Nunca menos porque si no, no merece la pena. Pero las madrugadas, para pensar. A veces sobre lo mismo que ha leído. Con música, buena música, güisqui y cigarrillos rubios. Claro que a veces los problemas se imponen a la meditación. Muchas. Más de las convenientes.
Servando Gotor
La ciudad sin faro
miércoles, 2 de octubre de 2013
LA NIÑA ENFERMA (Juan Serrano)
Atada de pies y manos
su boca apenas movía.
Me dijo no sé que cosa
que jamás yo entendería.
Con sus ojos me miraba
sin saber si ella veía;
sólo sé que no ví nada
en sus pupilas vacías.
Sus labios de catañuelas
agradecidos reían:
nunca pude adivinar
la razón de su alegría.
Al rozar su tierna cara,
mi beso en su cara ardía
sin percibir nada a cambio,
tan sólo su piel muy fría.
Los colores de su rostro
crujientes como sandía
mancharon pepitas negras,
negras de sal y acedía.
Los vecinos de su cama,
la enfermera que allí había,
¡ay! algo todos notaban
que la niña no tenía.
En orden todo se hallaba.
La comida se servía,
pero todos bien supimos
que a dolor su pan sabía.
La muñeca que a su lado
con ella se divertía,
tenía bastante claro
lo que la niña escondía:
la inocencia de su infancia,
del sonreír su manía,
el reposar de sus ojos
verdes como la bahía.
¿Por qué los dioses permiten,
ay niña, mi niña mía,
que las estrellas de noche
no brillen a pleno día?
su boca apenas movía.
Me dijo no sé que cosa
que jamás yo entendería.
Con sus ojos me miraba
sin saber si ella veía;
sólo sé que no ví nada
en sus pupilas vacías.
Sus labios de catañuelas
agradecidos reían:
nunca pude adivinar
la razón de su alegría.
Al rozar su tierna cara,
mi beso en su cara ardía
sin percibir nada a cambio,
tan sólo su piel muy fría.
Los colores de su rostro
crujientes como sandía
mancharon pepitas negras,
negras de sal y acedía.
Los vecinos de su cama,
la enfermera que allí había,
¡ay! algo todos notaban
que la niña no tenía.
En orden todo se hallaba.
La comida se servía,
pero todos bien supimos
que a dolor su pan sabía.
La muñeca que a su lado
con ella se divertía,
tenía bastante claro
lo que la niña escondía:
la inocencia de su infancia,
del sonreír su manía,
el reposar de sus ojos
verdes como la bahía.
¿Por qué los dioses permiten,
ay niña, mi niña mía,
que las estrellas de noche
no brillen a pleno día?
Juan Serrano
de su blog: Blao
27 julio, 2013
martes, 1 de octubre de 2013
¿PANDERETAS O TOROS? (Mercedes)
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| sgs |
De diez cabezas, nueve
embisten y una piensa.
Nunca extrañéis que un bruto
se descuerne luchando por la idea.
Antonio Machado
Qué curioso, pero la rabia que me da que nos llamen “país de panderetas”, cuando la realidad es todavía peor. Ser un país de panderetas implica alegría y fiesta. Y sin embargo Antonio Machado, casi hace ya cien años, lo vio claro. Según él somos un país de brutos. Y en estos momentos me pregunto cuánto de verdad hay en ello. En este momento y al hilo del poema me viene a la mente la imagen de un encierro taurino, uno en el que los mansos van delante, guiando a los toros bravos hacia la plaza. Quizá, y solo quizá, es posible que nuestras tradiciones y fiestas no queden tan ancladas en el pasado como algunos alegan, sino que muy triste y probablemente, quizá, y siempre quizá, es posible que nos sigan representando.
Mercedes
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