Víctor Brauner |
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-En qué estás pensando, Warnner, tan
callando?
-En Nastasia Kinsky y en Julia
Roberts, y no me preguntes por qué.
- Como diría maestro Goth en este
trance, más que el porqué importa el cuánto.
- Y el dónde, y el cómo, y el
cuándo?
- Con el cuánto basta, Warnner, hay
que ser materialista dialéctico y buen consumidor. Viva Expaña.
Pero palpo mi bolsillo. No, la
pastillita esa no está, cómo va a estar.
Da igual, habrá otros remedios.
WALKER:
El cuesco es la belleza del cuenco.
WARNNER:
En el cuenco está la verdad.
WALKER:
La feria de las vanidades.
WARNNER: El yo hecho cuesco.
WALKER:
La materialización del cuesco.
WARNNER: La tangibilidad del viento.
WALKER: La esencia del yo.
WARNNER: Todo eso es el cuesco.
WALKER: Y más, mucho más.
SUSAN: Me aburro.
Me voy.
WALKER:
Susan, ¿no estabas en pleno éxtasis?
SUSAN:
Pero con vuestras vacilaciones me habéis jodido, y bien que me habéis jodido. Me subo las bragas.
WARNNER:
Te bajas tus vergüenzas.
WALKER: Cubres tu monte carmelo.
WARNNER: La noche oscura del alma.
(Walker
vierte la pastilla en el vaso de Susan)
WALKER: Espera.
No abandones el Cuesco sin una última libación. Toma, saborea el elixir de la noche.
WARNNER: De la noche oscura del alma.
(Susan
bebe).
SUSAN: Adiós.
(Hace
mutis por el foro).
WALKER: Adiós si te vas, Susan.
WARNNER: Y tú, Walker, qué será de ti sin Susan.
WALKER: Susan ya no está en el Cuesco. Me la tiré.
Me la tiré el día en que Leticia se casó con el SAR.
WARNNER: Se te tiró, más bien.
WALKER: Tanto a mi favor.
WARNNER:
Y tus cuescos. Qué será ahora de tus cuescos.
WALKER: Serán inodoros.
WARNNER: Estás muerto, Walker. Hueles a ciprés.
WALKER: No. La
que ha muerto es ella. Susan.
WARNNER: Susan ha muerto.
WALKER: Viva Susan.
WARNNER: Algo huele a podrido en el Cuesco.
(TELÓN).
-Cudiosho establesimiento, Ozcah.
-A mí no me
gusta, Victor.
-Di a bí. A bi tahpocoh.
Me da mu malaz vibracioneh.
-Huele a cuesco.
-A tubedíaz humanaz.
-Para mí una copa.
-Y pamí doz.
-Tres whiskis camarero.
Y el camarero:
-Los ve,
Sire. Son ellos, Víctor Brauner y Oscar Domínguez. Y anda que el Domínguez
menuda cogorza lleva. Me ha pedido dos
whiskis, Sire. Para él solo.
-Los veo, waiter, los veo. Otra como esta y el próximo en ir al water
seré yo. Aunque tenga que vérmelas con
el universo de todas tus mierdas.
-Pero los ve, Sire.
-Los veo, los veo.
Ernesto Sábato en persona. Joven
muy joven. Encerrado en sí mismo, como
siempre, con su mate. Creo que es el único real. Brauner y Domínguez y el resto de los
surrealistas que pululan por la barra son fantasmas, meros recuerdos de Sábato.
-Y al de las gafas oscuras, ¿ve al de las gafas oscuras,
Sire? Así sería usted de joven. Es ese el tal Sábato, ¿no?
-Walker.
-Dí, Warnner.
-El Braunner ese es el de los cuadros de ciegos.
-Sí, su obsesión son los ciegos, como la de Sábato. Pero mejor que nos lo cuente él.
-Mejor que nos lo cuente Sábato. A fin de cuentas Brauner y Domínguez
están aquí por él. Él es el único real
de los tres.
Y Sábato:
-Muy sencillo
señores. Brauner tenía la obsesión de la
ceguera y en varios cuadros pintó retratos de hombres con un ojo pinchado o
saltado. E incluso un autorretrato en
que uno de sus ojos aparecía vaciado.
Ahora bien: un poco antes de la guerra, en una orgía en el taller de uno
de los pintores del grupo surrealista, Domínguez, borracho, arrojó un vaso
contra alguien; este se apretó y el vaso arrancó un ojo de Víctor Brauner.
-Pues el Domínguez este siempre debe andar así. Borracho.
-O será una casualidad, Walker.
Y me acerco a la barra.
-Permitanme, señores. Mi nombre
es Walker y soy el creador del cuesco.
-¿El cuesco?
-Como lo oyen. Lo acabo de
inventar aquí mismo, hace unos minutos.
-Ha meluolía yo, ¿vezda Vistoz?..
-Es usted ciego o se lo hace.
-Lo soy, lo soy. Puede usted
tocarme Mr. Brauner. Pero no, no soy un
ciego de esos que tanto le impresionan, no crea. Está usted frente a la ceguera
inteligente. Tóqueme, tóqueme si quiere,
soy de carne y hueso. Vamos, tóqueme,
tóqueme. Si quiere hasta puede retratarme.
¿No son su obsesión los ciegos?
-Váyase a la mierda.
-No, eso no. No sabe Vd. lo que pasa cuando me acerco a ella. Por
cierto ahora que estoy cerca de Vd. presiento que puede pasar algo raro. - Lo huelo como un perro - Hmm...
Estoy con ella, amigo. Usted no
tiene ni puta idea de lo que es un ciego.
-Déjeme en paz.
-Déjeme en paz usted que yo estoy en mi casa. El Cuesco es mi casa.
-Udtéh no tiene fuehza modal pa metedse con mamigo Victoz.
-Waiter, échalos a la calle. A
todos. A todos. Como tú sabes – le señalo el water.
-¡Cuidado Walker! ¡Cuidado!
- Joder Warnner si no es
por ti me clava el vaso en la cara el cabrón ese del Domínguez.
He visto el vaso de Domínguez volar.
Con güisqui, cubitos, agua. Lo he
visto volar por el aire. Por encima de
mi cabeza. Lo he visto dibujando curvas,
haciendo elipses. Lo he visto como una
gaviota ebria. Como una paloma
borracha. Borracha, como todas
las palomas blancas. Domínguez borracho. El vaso borracho. El güisqui borracho. La paloma borracha. Pero cada cosa en su sitio. A su sitio.
Hacia el ojo de Víctor Brauner.
Y Sábato:
Aviso a
los ingenuos:
¡NO
HAY CASUALIDADES!
de Cuescos
Narciso de Alfonso
Servando Gotor
Está muy bien ese enlace a Víctor Brauner y Oscar Domínguez, contextualiza muchas o algunas cosas.
ResponderEliminarPersonalmente algunos pueden o podemos llegar en un momento de nuestra vida a que se valore o valoremos en su ¿justa? medida las opiniones de los otros.
Cosa siempre difícil, en el fondo nos pasamos la vida buscando el aprecio de los otros.Convencer al otro de la bondad de nuestras cosas
Un poco blindados, tal vez decimos: ¡que entiendan lo que quieran! (pero en el fondo del corazón te sigue doliendo que no lo comprendan. El enlace en Víctor Brauner y Oscar Domínguez, puede ayudar a que ellos comprendan).
El artículo de V. Verdú "Besuqueos del saber" (en la prensa de hoy) pone de mánifiesto una preocupación compartida por muchos. "Ahora, saber es algo equivalente a sorber. O menos todavía, similar a catar. Los más jóvenes aprenden de aquí y de allá en pequeñas porciones que apenas lamen, informaciones fragmentadas que una vez en su mente no siempre son metabolizadas para adquirir musculatura intelectual...
La cultura se hace atmósfera o medio ambiente, se desvanece en lo intangible del entorno y hace imposible la reverencia en peregrinación hacia santuario alguno. De ese modo, puede decirse que no se tiene destino o no se tiene cultura, teniéndolos, al referirse al estado de la juventud digital. No tienen, efectivamente, una cultura que densa, que se aprese o se adore pero la disfrutan aunque físicamente, no la posean..."
-Ellos se lo pierden- Esperemos que algunos de ellos se cansen de tanta realidad líquida o gaseosa .
(Sé que todos no se lo pierden, pero algunos fuimos ambiciosos en nuestros sueños, lo quisimos para todos. Ahora tendremos que aprender a valorar, mimar a estos últimos. Parte de la medida de nuestros engaños estuvo en la pasión que le pusimos a nuestros sueños)
Buen día
isabel
"El yo echo cuesco" o "El yo hecho cuesco", ya se nos advierte que "no hay casualidades"
ResponderEliminarQue el cuesco sea "la esencia del yo" es una greguería digna de don Ramón.
Un texto lleno de felices descubrimientos.
Antonio