lunes, 30 de abril de 2012

CRÓNICA EN CUEROS (Por Azulenca)

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MJM

«Os toca mover la red, la calle y pintar escenarios en los que la rebeldía pueda ser practicada. Movedlo porque nos han hecho cosas intolerables» Esto ha dicho Elena Valenciano en su nuevo papel de “arenguera” de la juventud. No deja de ser esta una propuesta constructiva, y la hace la Vicesecretaria General del PSOE, una colaboracionista en el hundimiento y la ruina que sufrimos en estos momentos los españoles. Esperemos que de esta incontinencia verbal la Valenciano no pase a la urinaria, por si acaso que se vaya preparando una Tena Lady para la próxima arenga.

El triunvirato de este viernes estuvo compuesto por Fátima, Soraya y De Guindos+IVA. De Guindos está cambiando de aspecto, a puro de recortes y subidas de impuestos se le está quedando cara de secanero. Mucha escenificación tenemos los viernes, demasiada, total para darnos malas noticias, cada vez peores. Yo desearía, más que esta patochada de fin de semana, una aparición mariana de Rajoy. Y me explicaré. Tal y como está el asunto echo de menos una aparición del Presidente del Gobierno en TVE, un primer plano de esos que utilizaba Adolfo Suárez con gesto grave para decir lo que tocaba. Que nos diga Rajoy de una vez lo que vamos a padecer y sufrir los españoles en los próximos años. Yo me voy a poner a dieta un día de estos, más que nada para ahorrar. Porque después del recorte viene la puntilla. A este paso nos van a dejar con una mano delante y otra detrás, vamos, en cueros.

Y mucha culpa de lo que nos pasa la tiene la Niña del Exorcista, entrada en carnes y años, Angela Merkel. Ahora la “germanuca” ha ideado una agenda de crecimiento. Estos alemanes, cuando no declaran una guerra mundial, se les ocurren cosas como agendas de crecimiento y mandar deberes. El caso es imponer.

Otro que ha cambiado de actitud ha sido el Dalai Lama de CiU, Durán y Lleida. De pacífico y conciliador ha pasado a representar el papel de Pepito Grillo cabreao. Y es que no han contado con su partido para los Presupuestos Generales. Pobres catalanes, pobres catalanistas…

Y el que ha estado inmenso esta semana ha sido el elfo doméstico, Montoro. Creo que también existe Tena For Men para la incontinencia urinaria masculina. ¡Hay que ver qué defensa se ha zumbao de los presupuestos! Más que un Ministro de Hacienda y Administraciones Públicas me ha recordado al Don Cicuta del “Un, dos, tres…responda otra vez”; concurso, que por cierto, ha cumplido cuarenta años. Lo dicho, Montoro me ha parecido un Supertacañón. Mucho recorte, pero su casa la sigue teniendo manga por hombro. Cristóbal: quita cargos, reduce el gastazo de algunas instituciones que no sirven para nada, suprime lo que sobra y no sablees al contribuyente.

 En Aragón también nos han llegado los recortes en Educación; aunque no van a ser muchos. Los adelantó la Mamá Luise Chica, la Consejera de Educación, que es como Mamá Luise Rudi sólo que en chiquitica. No sé por qué estas dos me recuerdan Barrio Sésamo.

No sé lo que se está cociendo en los suburbios de Interior, no sé qué están tramando con ese plan de reinserción de presos; pero quiero decir que los asesinos deben cumplir sus penas. 

El miércoles al cine. La pesca del salmón en Yemen. Una tontería sin pretensiones.


Azulenca


 

domingo, 29 de abril de 2012

DE VINOS POR AHÍ CON BOLAÑO (Antonio Envid)

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AEM


Aquella tarde sí que fue interesante la sesión del taller de poesía. Lo normal era una güevada: leíamos poemas y Álamo, según estuviera de humor, los alababa o los pulverizaba; uno leía, Álamo criticaba; otro leía, Álamo criticaba, otro más volvía a criticar. A veces Álamo se aburría y nos pedía a nosotros que criticáramos también lo que los otros leían, y entonces Álamo se ponía a leer el periódico. No sé muy bien porqué acudía al taller, seguramente no tenía nada mejor que hacer y por poco dinero llenaba un buen rato. Pero esa tarde Álamo nos dijo: aquí un joven poeta chileno; y dirigiéndose a mí: un paisano tuyo; se llama Roberto Bolaño, nos va a leer algún poema suyo.


Cuando Lisa me dijo que había hecho el amor
con otro, en la vida cabina telefónica de aquel
almacén de la Tepeyac, creí que el mundo
se acababa para mí. Un tipo alto y flaco y
con el pelo largo y una verga larga que no esperó
más de una cita para penetrarla hasta el fondo.
No es algo serio, dijo ella, pero es
la mejor manera de sacarte de mi vida.
Parménides García Saldaña tenía el pelo largo y hubiera
podido ser el amante de Lisa, pero algunos
años después supe que había muerto en una clínica psiquiátrica
o que se había suicidado. Lisa ya no quería
acostarse más con perdedores...


Entonces comprendí lo útil que me había resultado aquel taller. El poeta no se hace en talleres, ni fábricas de poetas; el poeta se hace en la calle, en las tabernas, en los talleres y en las fábricas de verdad, trabajando el hierro y sudando y escribiendo con las tripas, además de poseer una genética de poeta. Así que me hice la firme decisión de no volver a escribir más, a no ser algún romance para una boda o un bautizo.

Traté de esquinar a la basca, a la salida, y llevarme a Bolaño a cheliar, como decimos nosotros, de cervecitas por ahí. Recalamos en primer lugar en el Texas, lugar de refugio de todos los náufragos que se perdieron hace años en un mar antiguo que se llamaba El Tubo con un espléndido archipiélago de cutres bares habitado por limpiabotas y lumis, estudiantes sin plata y viejos rijosos, que se hundió en el tsunami de la especulación inmobiliaria, como singular Atlántida, y del que solo se conserva algún islote aislado. Allí, entre arrugadas iguanas salvadas del desastre y antediluvianos galápagos, que tomaban sus cañas de cerveza y vasos de vino con una paz bíblica, acompañando a una ración de bravas, muy elogiadas por Bolaño, nos pimplamos un par de botellas de tinto. No es como el vino de Chile, aseguró Bolaño, pero pasa bien.

No es que anduviéramos con mucha plata, pero encontrarse dos paisanos en esta recóndita ciudad era ocasión notoria. De modo que paramos por el Pascualillo, allí, al aroma de unas cigalas de huerta, cayeron otras dos botellas y aproveché para hablar de poesía con el joven maestro, él me relató cómo unos huevones milicos lo detuvieron nada más volver a Chile y el miedo que pasó hasta que un antiguo amigo, que era pinochista lo liberó. Yo quería hablar de poesía y él me hablaba de la vida; no hay ninguna diferencia entre ambas, me aseguró. Seguían los tragos hasta que de pronto me dijo: chavo, vamos a un carrete a encular alguna mina. Cómo explicarle que aquí, en esta ciudad provincial y pacata, eso no era fácil. La noche iba ya muy corrida cuando lo dejé en la barra de un asqueroso cuchitril mientras una mina acariciándole el pelo quedaba arrobada y le saltaba alguna lágrima escuchándole: “Cuando Lisa me dijo que había hecho el amor con otro…..”



Antonio Envid 

sábado, 28 de abril de 2012

EN QUÉ FLOR TE POSASTE, MARIPOSA (Juan Serrano)

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Te hacías llamar India. Nunca supe tu origen, ni de donde venía el canto de tus colores, el rojo sincero de tu encendido apellido. Pero sé de tus gustos, de tu brillo, de tus sueños, de tus pasos descalzos por el campo, de tu obsesión por los atardeceres. ¡La tarde y el mar se parecen tanto! Y esa manía tuya de oler las flores silvestres, de contemplar las manos rudas de los labradores.

Durante el tiempo que estuve contigo nunca te vi la cara. Para percibir de tu semblante la luminosidad sobre mis sombras de arena no me hizo falta. La sencillez de tus haikus fecundaba la tierra gredosa del labriego que llevo a rastras, del hortelano sin tierra, sin agua, inmortalidad degollada, mi enlutada esperanza.

Y en las faldas de tu sencillez los gorriones hacían mis nidos, y los patos se quedaban dormidos. En tus manos amigas una paloma herida curó sus miedos, halló cobijo.

Recuerdo aquel día en que yo me quejaba del tiritar de mis huesos, de la piara de mis fantasmas bajo el hielo. Me dijiste: ¡Ojalá aprendiéramos del rosal a no pasar fríos, a soportar escarchas!

Y aquel otro en que vi a la luna llena entrar en tu alcoba, y sentí celos. Sentía celos del árbol, del mar, de los naranjales, del viejo vagabundo, de los niños, del domingo, de los grillos, del sauce y del arroyo, las montañas, las golondrinas, las estrellas, hasta de las piedras sentía envidia. Quien contigo se cruzaba se sentía atrapado en el alero de tus ojos de miel nativos, como la abeja en la flor del ibiscus. Y tu amor por la luna no tenía hartura. ¿Te acuerdas cuando aquella noche viste a la luna atrapada entre los espinos, y te lanzaste como una loca a desatarle los atijos de su manto enredado?

India de los valles, de los montes, de los ríos, hace tiempo que no me llegan de tus haikus el sustento, el aliento y su brisa, la calma a la duda de mis tormentos sin cura. Y siento como enajulada tu alma, estrangulado mi cuerpo. No sé donde paras, crisálida.

Si te llegara mi llanto de hoy por tu ausencia infinita, dime ¿adónde están aquellos tus brazos de azahares que me acunaron con tu sostén, abono y vida? Dime, India del Valle, mariposa, ¿en qué flor te posaste, dónde las alas de tus sueños se recrean ahora?
"Oh luna mía!
no dejes de alumbrarme
las noches tristes"




Juan Serrano
(En el blog Blao
4 marzo 2011)
 
 
 
 

viernes, 27 de abril de 2012

ESPLENDOR EN LA HIERBA (Antonio Envid)

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AEM


though nothing can bring back the hour
of splendour in the grass, of glory in the flower;
we will grieve not, rather find
strength in what remains behind;

William Wordsworth



De pronto el recuerdo se hizo nítido, como una mancha de sol en el césped un día anublado, tan nítido que quedó deslumbrado y atónito, fue un fogonazo que casi lo derrumba. La vio desperezarse, erguirse sobre la toalla, perlada su bruna piel de gotitas de agua, dulce rocío para ser libado. Contempló sus largas piernas perfectamente conformadas, interrumpidas por el inoportuno biquini, más allá, el redondeado vientre con el dulce botón del ombligo. Continuó ascendiendo la vista demoradamente y se recreó en los breves pechos, en su deseable cuello. Entonces ella le regaló una incitadora sonrisa. Más allá la melena sacudida a la brisa para secar el agua de su reciente inmersión en la piscina. La mañana se pobló de trinos de pájaros y el aire se embalsamó de enervantes perfumes, el césped parecía engastado de  margaritas como gemas. Ellos eran jóvenes, el día era joven, el mundo era joven y preñado de promesas. Podía abrirse el cielo y bajar arcángeles a contemplar con envidia el momento.

Era ella tan complaciente. Piensa en dónde se hallará ahora. Ahora que el tiempo es amarillo y el día es viejo, y el mundo se ha hecho viejo. Será una ruina. No cabe llorar sobre el vino derramado, jamás volverá a llenar la botella. Maldita memoria, cómo puede ser tan perversa y suministrar el veneno a dosis tan pequeñas, manejar un cuchillito tan diestramente para infligir las más dolorosas heridas y no ser mortales. El dolor del recuerdo es el más insoportable.


Antonio Envid.

jueves, 26 de abril de 2012

YO LO HICE: YO ME LEÍ EL "ULISES" (Servando Gotor)

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Dice don Antonio Envid que el Ulises es una tomadura de pelo premeditadamente urdida por Joyce. También dice -el Sr. Envid- que él personalmente escribe lo que le gustaría leer y no encuentra en las librerías. Vamos, que el Sr. Envid viene hacer precisamente algo si no igual sí muy parecido a lo que le atribuye a Joyce, sólo que con resultados obviamente dispares.
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Resultados aparte, yo sí encuentro grandes novedades y aciertos literarios en el Ulises (más aún situándolo, además, en el momento en que se escribió) mientras que lo que el Sr. Envid escribe casi un siglo después  abunda en el ámbito literario desde tiempo inmemorial. Lo digo y lo tengo muy dicho, con el ánimo siempre constructivo y positivo de apretarle las tuercas porque sé, además, que puede hacer cosas verdaderamente novedosas si se lo propone. Lo que ocurre es que no se lo propone y yo soy tan terco en “forzarle” como él en no hacerme caso alguno –faltaría más.
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Lo cierto es que cuando se lo digo se lo digo de buena fe y hasta con dulzura, no porque le quiera mucho –algo le quiero, evidentemente- sino porque “yo también era como él”.   Alguien me dirá –y seguramente con toda razón- que más me hubiera valido quedarme así, pero yo tengo la absoluta seguridad –tanta cómo él en lo contrario- de que algo he avanzado.
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¿Cómo? ¿Cómo he avanzado? Entre otras cosas leyendo el Ulises y sumergiéndome en ese tipo de poesía que, especialmente, se viene haciendo desde principios del siglo pasado (esto se lo debo –y lo reitero también aquí- a Narciso).
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Cuando uno ya está harto no de escribir sino de leer cuentos y novelas, se da cuenta de que Ortega tenía razón (como tantos otros) cuando afirmaba que la novela –ya entonces- era un género agotado. Bien, tenía razón, sí. Pero con matices: la novela es un género agotado si la intentamos encorsetar en los parámetros de la novela clásica, especialmente la del siglo XIX. Si por novela entendemos un género especialmente amplio que todo lo abarca y todo lo admite, y cuyo principal patrón es la libertad de formas y contenidos, la novela no se agotará nunca.
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Por eso yo, por esa necesidad de búsqueda personal y expresiva –búsqueda hacia objetos por lo demás poco o nada definidos- me lancé desde hace ya muchos años hacia el ataque de cosas –llamémosles- “difíciles”. Con esto no quiero decir que yo pensara “poder” con tales objetos, más bien los “quería” a ellos. Cuando uno ve en el cine “Lo que el viento se llevo”, sabe por su popularidad que será… “atractiva”. Cuando uno ve el cine de Bergman está seguro de que algo tendrá cuando, a pesar de lo plasta que puede resultar en un primer visionado, se mantiene en un pedestal sólo reservado a unos pocos que se nos antojan privilegiados. Y mi composición de lugar no puede ser más clara: yo, eso, no me lo quiero perder. A veces podemos equivocarnos, bien porque realmente detrás de aquellas cosas complicadas no hay nada, bien porque si lo hay somos incapaces de saborearlo. Pero a mí me gusta morir en el intento y, sinceramente, rara vez he salido defraudado. Además, cuanto más disfruto de lo complejo, menos me atrae lo simple. Tenía razón Azorín cuando decía que “todo merece ser vivido en la vida; no hay nada que sea inexpresivo, que sea opaco, que sea vulgar a los ojos de un observador” (“Tiempos y cosas”). Lo que ocurre es que como “todo lo que merece ser vivido” no “puede” ser vivido ya que es muy poco lo que podemos abarcar, ello nos obliga a ser especialmente selectos si queremos aprovechar el poco tiempo que andamos por aquí. Pero es cierto el aserto de que nada hay gratis y que, especialmente, lo mejor, siempre nos exige un mayor esfuerzo. Por eso las putas, las pobres, suelen tener poco éxito sentimental.
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Entonces, llego y me enfrento al Ulises. Entonces llego y arrostro determinados poetas (Hölderling, Rilke, Paul Celan y Dickinson a la cabeza). Antes pasé por Proust, Gothe, Nietzche, Kant y Schopenhauer… Entonces, llego y descubro que la poesía, la buena poesía, la gran poesía, resume y encierra mis dos grandes pasiones: la filosófica y la literaria. Y entonces, voy y descubro, también, que la poesía no son versos rimados ni medidos (al menos, no siempre).
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¿Y cómo me enfrento a toda esta gente? Como creo que debe hacerse: perfectamente pertrechado. Olvidándome del mundo, olvidándome del tiempo, olvidándome de todo. Concentrándome debidamente, con papel y lápiz, diccionario en mano y más de un libro de apoyo o de consulta (hoy internet nunca puede faltar) y si se trata de una traducción, con una versión más, como mínimo.  (Llegado este punto debo advertir que más que leer a Joyce leí, especialmente, a Francisco García Tortosa, a quien luego me referiré). Vamos, que no se trata de leer para pasar el rato, para aplastar el momento. Se trata de vivir para leer porque leyendo se vive más. Porque leer es vivir y vivir es leer. Porque yo, también cuando vivo leo: desde el lenguaje de unos ojos hasta el sabor de una magdalena, todo.
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Y una vez que te “has hecho” con esas grandes obras, vuelves a ellas constantemente, como se vuelve constantemente a la Biblia (la otra gran obra literaria, el otro gran “long-seller”) y entonces las disfrutas más y te siguen abriendo nuevos y grandes caminos.
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En los años ochenta sentí por vez primera la necesidad de escribir una novela en la que poder plasmar el montón de cosas que había oído hablar de nuestra Guerra Civil –especialmente a mi madre-. Y recuerdo que un sábado, tras haber visto el viernes anterior la película “Dragón Rapide”, tome unos folios y escribí de un tirón el primer capítulo (seguramente una de las mejores cosas que he escrito). Luego, con esfuerzos y lecturas –ya entonces Proust se cruzó en mi vida- con fracasos y aciertos conseguí concluirla. Esa novela (“El amor y las moiras”) la presenté al Planeta del 94 (entre otras cosas porque participar es gratis) y para mi sorpresa resultó seleccionada entre las veintitrés que debían competir en la final (ya entonces sabía que todo era un cuento y salvo las previamente elegidas, las demás hacían el papel de mera comparsa). Por el mismo precio la presenté dos años después al Premio Azorín de Alicante y también allí quedó entre el reducido grupo de novelas seleccionadas (diez).
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Pasados los años, cambiaría muchas cosas de aquella primera novela. Me gustan más, mucho más, las tres siguientes. Si bien, esa primera es seguramente la mejor para aquel que busca en una novela sólo pasar un buen rato, incluso aprendiendo bastantes cosas.
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¿Y por qué me gustan más las tres siguientes? Sencillamente porque en estas últimas mi experiencia como lector, como escritor y como persona había pasado ya cuando las escribí o mientras las escribí, entre otras grandes vivencias y lecturas –muy especialmente, poesía-, el Ulises de Joyce.
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¿Y qué aporta Joyce –en concreto su Ulises- a la novela contemporánea? Diría que bastante más de lo que muchos pueden imaginarse. Alguien ha dicho que el Ulises llegó tarde a España y ello se había dejado sentir en nuestra narrativa. Gonzalo Torrente Ballester es posible que dé en el clavo cuando afirma que ese vacío en nuestra novelística se nota, especialmente, en saber qué es lo que ya no debe hacerse.   Joyce fue, sobre todo, rompedor.
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Últimamente he vuelto al Ulises con más profundidad que nunca, con muchas ganas y –entre otras cosas- me sorprende su enorme presencia ya en mi segunda novela (“La ciudad sin faro”).  Sabía que había mucho Joyce allí, pero nunca pensé que hubiera tanto.
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¿Por qué escribimos? Don Antonio, lo tiene muy claro: porque lo que querría leer no lo encuentra fuera. Yo creo que el hombre (no don Antonio, el hombre como especie) tiene necesidad de escribir, como tiene necesidad de hablar, como la tiene comunicarse o lo que es lo mismo, de vivir. Porque vivir es comunicarse. Y ¿por qué, para qué comunicarnos? Para que nos quieran más, dicen. ¿Y cuál es la mejor forma de comunicarnos? Sacando lo que tenemos dentro, lo que de verdad escondemos. ¿Y cómo lo encontramos? Buscando, buscando. Aprendiendo a buscar/mirar en nuestro interior y desde nuestro interior todo aquello que nos rodea. ¿Y qué herramientas aporta esta nueva literatura? Una mejor introspección, una más alta introspección: pura poesía. Porque eso y no otra cosa es la nueva novela: poesía, una mixtura de literatura y filosofía. Introspección, monólogo interior y soliloquio.

INELUCTABLE modalidad de lo visible: al menos eso si no más, pensado con los ojos. Marcas de todas las cosas estoy aquí para leer, freza marina y ova marina, la marea que se acerca, esa bota herrumbrosa. Verdemoco, platiazulado, herrumbre: signos coloreados (...) Cierra los ojos y ve.  (...) Stephen cerró los ojos para oír cómo las botas estrujaban la recrujiente ova y las conchas (...)

---------------------------(Ulises, inicio capt. III)
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La novela, pues no está agotada; es más, ha encontrado su mejor y definitivo camino, un camino sin límites, sin llegada: camino, sólo camino.
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El Sr. Envid también escribe para que le quieran, aunque no quiera creérselo: escribe lo que no encuentra y quiere llenar ese vacío porque así lo querrán más. Pero se equivoca si sigue haciendo lo que ya está hecho. Sólo aprendiendo a buscarse, sólo encontrándose (aunque nunca se consiga del todo) sabrá darse y entregarse. Sólo así acabarán queriéndole de verdad. Apreciándole. Porque sólo se quiere lo que se aprecia. Y sólo se aprecia lo singular.

En fin, para terminar, recomiendo encarecidamente un paseo por el Ulises. Se puede abrir boca en Lecturas hispánicas. Pero nada mejor que arremangarse, ponerse el mono de trabajo y sentarse bien pertrechado y con buena música de fondo a disfrutar del Ulises, a apreciar a Joyce, con la extraordinaria guía, ayuda y tutoría de Francisco García Tortosa, traductor e introductor de la edición definitiva en español (Cátedra). Yo lo hice y lo sigo haciendo a menudo para cargar pilas. Por cierto aquí debo reconocer -con agradecimiento, por lo demás- que más que leerme el Ulises lo que me leí y leo es el Ulises de García Tortosa, buen Virgilio –humilde él, y honrado maestro- para adentrarse en el laberinto de Joyce. También podéis oír previamente su didáctica
conferencia sobre Joyce en la Fundación Juan March. Abre puertas.


Servando Gotor

miércoles, 25 de abril de 2012

EL ASESINATO (Lucía Fraga)

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SGS


Yo aprendí a hablar con una piedra en la boca,
cuando el mundo era un eterno desfile por brazos desconocidos
y las almas se deshacían dentro de puños violentos.
Me acostumbré al silencio y a la hipnosis de los relojes.

A la caricia del verdugo antes de dormir.


Del hacha comprendí
que las heridas más dolorosas no se abren en la carne.
Y aunque mi grito se fue haciendo anónimo,
cuanto más crecía
más eran las manos que cercaban mi cuello.

Comencé a caminar de noche,
convencida de que la sombra era un escondite para ciegos.
Di mis primeros pasos a oscuras
y mis primeras palabras fueron para el reflejo de una ventana.
Pero un día me escapé y corrí hacia el sol.

Dicen que hay niños que traen un pan debajo del brazo.



.................................A mí me robaron el pan:
...........................................en su lugar
.......................................puse un cuchillo.







martes, 24 de abril de 2012

EL MERODEADOR: EL ENTRENAMIENTO DE ISELIN (Narciso de Alfonso)

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Iselin está entrenándose con las armas de la vida, con las armas de fuego peligrosas y poderosas y profesionales de la vida. Está seria y concentrada de ojos, vestida para matar. Lleva el pelo tirante y completamente recogido hacia atrás, para que no le moleste al moverse y al hacer y tal. Como dijo Patton, comparados con la guerra, los demás aspectos de la conducta humana son triviales. Iselin va de dura, claro, más que un clavo en un ataúd. ¿Es más fuerte el lado oscuro? No: es más rápido, más fácil, más seductor. Ah, vale, ok. Mira, no importa a cuántas personas hayas matado, lo que importa es cómo te llevas con las que siguen vivas. Ya, vale, ok.

Quizá Iselin quiere volver al estado primitivo del ser humano: enfrentarse a una piedra, que es ciega y sorda, sin que nadie, nadie la ayude, estar ella sola, con su cabeza y sus manos. Así, de asesina, quizá Dios abandonó a Iselin hace mucho tiempo y el demonio le tiene miedo, sí. Se dice que los adultos tenemos una relación muy difícil con la muerte, cuando es el paso más trivial del mundo.

‘Cuando tenga la cabeza atada con un pañuelo para que no se me abra la boca, y las manos bien amarradas dentro del ataúd, en esa hora me habré resignado’ –lo dijo el poeta, sí.


Narciso de Alfonso
del blog El merodeador



lunes, 23 de abril de 2012

CRÓNICA BUFONESCA (Por Azulenca)

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MJM


Decía un sabio sin estudios de mi pueblo que donde no hay ganancias las pérdidas son seguras. Pues yo creo que el Gobierno Español debería aplicarse la frase y echar al embajador argentino sin contemplaciones, romper las relaciones y dejar de importar productos argentinos. En cuanto al resto de empresas españolas en territorio argentino, que a telefonica le pongan el acento en la o, que corten la línea y que se vuelvan a España por Navidad o antes. Que se dedique Movistar a cuidar de nuestros ADSL,s y de nuestras facturas que está todo manga por hombro en esa casa. Los bancos que recojan el capital y huyan. Y respecto a esa montonera apiladora de pelo teñido color violín y vestida de viuda o de novia de los años 50 plantada frente al altar, toda de negro y desmelenada, que pague lo que nos ha robado. El gobierno debe ser contundente y no estar como estaban el otro día Soria y Margallo en fuera de juego, hablando, amenazando y sin hacer nada. ¡Qué es eso de ser el hazmerreír de una patotera disfrazada de jefa de estado!

Estoy decepcionada, muy decepcionada. Siempre hemos supuesto la vida que llevaba Su Majestad; a pesar de lo que no se ha dicho, callado y tapado. Lo que no me parece normal a estas alturas de la vida es que nos enteremos a voz en grito de los lujos orientales de los que disfruta nuestro monarca y de la Diana Nemorensis, subtitulada Corina, que se ha buscado para gestionarle los safaris y otras actividades. Y yo me pregunto: por qué no se contentará nuestro monarca con pasear al sol con su andador por los jardines de La Zarzuela y tomar pipas de calabaza para prevenir la próstata, según hace el resto de los mortales con goteras que van entrando en años. En fin, no me han gustado nada las noticias de la semana a este respecto: detesto las rancias monarquías de opereta con bufones, testas coronadas con tiaras, y cuando no, de ramificaciones óseas. Ni siquiera el hecho de pedir perdón salva a Su Majestad de la falta cometida, esperemos que alguien más cuerdo ponga coto a todas estas actividades extraoficiales. Visto lo visto, que el Príncipe les cuente a sus hijas el cuento de Dumbo y que les ponga de vez en cuando el DVD.  

El triunvirato del pasado Consejo de Ministros fue demoledor en cuanto a medidas, recortes y mandobles. Esta vez les tocó el turno a Wert y a Mato para acompañar a la Vicepresidenta. Wert en su papel de ministro con apellido de inventor, lejos de inventar nada, recurrió a lo clásico: subidas y recortes. Y por otra parte Ana Mato, que parece una colegiala recitando la lección, muy modosita ella pero arreando al copago. Y Sor Ayita a lo suyo, muy concentrada en su papel y entre sus papeles, dando explicaciones: todas las que no da el desaparecido Presidente que se pasa el tiempo huyendo de los periodistas. Y eso que el pasado viernes estaba prevista una aparición mariana y no tuvimos ocasión de presenciar el milagro, mandó a su triunvirato de los viernes y Mariano siguió desaparecido, mejor dicho, disperso. Si a este paso vamos, lo mejor será que el próximo triunvirato nos ponga un régimen de comida severo con el fin de ahorrar en la cesta de la compra semanal y en medicamentos para el colesterol: así mataremos dos pájaros de un tiro.   

En cuanto al tema de TVE me parecen escandalosos los sueldos que tienen unas simples presentadoras de telediarios, matinales, cotilleos y demás… que encima de ñoñas no son lo suficientemente profesionales como para cobrar lo que cobran. Después se van los altos cargos de TVE y siguen cobrando una indecencia de dineros más prebendas sin conocimiento: menos mal que a esos también les han echado el freno. Desde luego TVE es un agujero negro, un pozo negro que se traga el dinero. Lo peor de todo es que encima de gastar aburre mortalmente, por eso propongo que vuelvan a reponer corridas de toros antiguas retransmitidas por Matías Prats difunto y finales de copas futboleras, las carreras de motos de Ángel Nieto, los musicales de Valerio Lazarov y Estudios 1. ¿No estamos en época de recortes? Pues que reinventen la vieja televisión que la actual, al menos a mí, no me gusta.

El miércoles al cine. De Nicolás a Sarkozy. Este personaje es como Alfredo Landa sólo que en versión francesa y en Presidente de la Republica.




Azulenca


domingo, 22 de abril de 2012

CIGÜEÑAS DEL SIGLO XXI (Antonio Envid)

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AEM


(en el día de la tierra)

Ya no, pero hubo un tiempo en que las cigüeñas eran los heraldos de la primavera. Aparecían puntuales, como turistas tempraneros, a ocupar su apartamento en el sur. Su llegada, en los pueblos y pequeñas ciudades, llenaban de gozo al personal, por su inequívoca promesa. Con las cigüeñas comenzaban a florecer los almendros y los cerezos y a nacer niños. Cualquier estadístico podría haber aseverado, basándose en pruebas científicas, que los niños eran traídos por las cigüeñas, dado el alto grado de correlación entre la llegada de éstas y el alumbramiento de los bebés. Además, en aquella España en la que solo viajaban algunos adinerados o aventureros, no era difícil de creer que pudieran venir de Paris. Un París soñado, de plató hollivodiense pintado de rosa, de gatos y buhardillas y música de fondo de acordeón o de violines.

Todo ha progresado rápidamente y después los niños vendrían de cualquier parte, pero preferentemente de la India y la China, aunque también de lejanos altiplanos andinos y desde sabanas africanas. La crisis en España y el auge económico de alguno de estos lugares parece estar poniendo orden en tan extraño caos, y quizá se vuelva a procedimientos más placenteros, baratos y naturales para la concepción. Los niños volverán a nacer en España, donde siempre ha sido difícil vivir, pero no nacer. Sin embargo, en el caso de las cigüeñas, el asunto es irreversible y no hay forma de regresar al pasado, con el cambio operado en el clima han dejado de ser nómadas, se han asentado entre nosotros de forma permanente y nada puede convencerlas de lo bonito que es viajar, conocer otras gentes y otros lugares, lo placentero de pasar el invierno en África y el verano entre nosotros. Pero, además, cada vez se vuelven más ciudadanas, incluso cosmopolitas. Qué asombro causaría a mi abuelo el ver tantas cigüeñas habitando en Zaragoza, y eso que la Zaragoza de mi abuelo era un poblachón. Hartas de comer ranas y ratoncillos camperos, parecen mucho más atraídas por la variada gastronomía que les proporcionan los basureros ciudadanos.

Quizá me equivoque y no sea el tema alimenticio lo que les subyugue, quizá aborrezcan la soledad de nuestros despoblados, su aburrimiento, pero también cabe que estén fascinadas por las nuevas tecnología de la comunicación y pronto las veamos provistas de un iPad y teniendo que utilizar el GPS para orientarse.


Antonio Envid

sábado, 21 de abril de 2012

BALCONCILLOS, 17 (Narciso de Alfonso)



sgs


El problema (uno de los problemas) es que el recuerdo no es ordenado: ignora lo precedente y lo subsiguiente; a veces se desprende y vive por su cuenta. Hace ya 50 años: la luz iba cambiando del verde al púrpura y al rosa; la música era fuerte y vibrante. Rosalie era la mejor: sabía cómo hacerlo, rugíamos cuando ella brindaba magia a los solitarios. Eras buena, Rosalie, suficientemente buena como para recordarte ahora que la luz es amarilla y las noches son otras, muy lentas.

Uno de los chicos que –dicho entre nosotros- es un poco neurasténico, quiso responderse a aquella pregunta que dice: si tuvieras dos caras ¿estarías usando esta? En seguida supo que sus preferidas eran las caras de mujer –incluso para llevarlas él-, pero no le servían. Desechó las caras de santos, filósofos, boxeadores, incluso la de Dios padre: le pareció demasiado solemne. Acabó quedándose con su cara y, de este modo, respondió que sí, sí, a la pregunta que se había hecho. De todas formas –y como era de esperar en él-, enseguida comenzó con su retahíla: que los ojos se le habían licuado y su luz era oscura y triste; que las arrugas a los lados de la boca eran como arcos o paréntesis y le hacían parecer un perro viejo; que de perfil, la nariz le crecía groseramente y –sin saber por qué- se le encorvaba. Volvió entonces a preguntarse: si tuvieras dos caras ¿estarías usando esta? Después de un minuto de reflexión contestó, de nuevo, que sí, sin duda que sí.

Otro de los muchachos ha descubierto el glíglico y se pasa el día, los días, diciendo cosas como: ella lo vio de lejos; él llevaba en la cinfrosa un burtio de buen tamaño que, cada tanto, dejaba caer al suelo sin desatarlo. El burtio, como iluminado de pronto, comenzaba entonces a discogar, despacio al principio, pero cada vez con más cresiolos, bedrando peligrosamente con las implodesas traseras y con el amilón, que parecía una sirena o una cesta llena de fresas.

Como se acercaban a un corral de gallinas y agumios que él, vigilando al burtio, no había visto, ella tuvo que grosarle con fuerza para evitar que el burtio, con un olfato físulo, se apojagara contra las gallinas y, sobre todo, contra los agumios, casi recién nacidos.

En estos balconcillos, como en casi todas partes, la realidad es veloz, impaciente, urgente, puro dinamismo. Uno de los veteranos, charles, dice que si acompañamos con la vista cualquier movimiento de lo real –el paso de un tren, la cuerda de una polea en acción, un burtio que sale disparado- el resultado óptico es momentáneamente estático.

Esa, esa es precisamente la estrategia, dice charles: detener lo dinámico, analizar el vértigo como si fuera un objeto detenido. Los demás lo escuchan pero no le replican, lo que no es una buena señal.

El bueno de césar (que siempre ha de dar la nota) pasa las tardes en las mañanas tristes, dando silbidos técnicos con toda su maquinaria en marcha. Vive la vida, sólo la vida, así: cosa bravísima, dentro del orgullo grave de la célula.

Se alimenta de lo inexacto y muchas mañanas vuelve del bosque, desvelado y sin prisa, con un pequeño rectángulo de eternidad entre las manos.

Pero ¿quién no vuelca pequeños venenos azules? Los niños de managua sueñan con ser pelícanos y buscan un océano y golpean sus rostros contra el agua hasta perder la vista. Los líquenes traen de la noche un verde mortal.

Hay perros románticos en todos los seres de cinco letras. Estando, ay, así las cosas, ¿quién no sueña con vengarse?

Narciso de Alfonso Arnau


viernes, 20 de abril de 2012

EL ALBOROTO DE LOS BORBONES (Armando Muchabulla)

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AEM

Es curiosa la relación de España con los Borbones: llevamos doscientos años echándolos y volviéndolos a llamar. Ni contigo ni sin ti. Se les trajo para suplir la falta de descendencia de los Austria. Cien años más tarde, aprovechando la vergonzosa huida del país de Fernando VII, se reúnen en Cádiz delegados de toda España para declarar que la soberanía radica en el pueblo y que España no era propiedad de ninguna familia. Ya sabemos como agradeció el cumplido el Rey felón. A su hija se la echó del país cubierta de afrenta. Nada más hay que contemplar el procaz álbum de dibujos de los líricos hermanos Becquer: “Los Borbones en pelota”. Claro, que entre Sor Patrocinio la monja de las llagas, el padre Claret, don Francisquito de Asís, el General bonito, etc. etc. aquello debía de ser la corte de los milagros de Valle Inclán. Volvemos a llamar a su hijo, aunque prohibiéndole que trajera a su madre. Se vuelve a echar al hijo de este hijo, el polémico Alfonso XIII. Por último volvemos a llamar al nieto Juan Carlos. En fin, un culebrón que hace que la lectura de nuestra historia de los dos últimos siglos sea cualquier cosa menos monótona.

Delenda est monarchia, decía Ortega y Gasset y no resultaría extraño que, si tuviéramos otro Gasset, volviéramos a oírlo. No está en su mejor momento el prestigio de la Corona. Pero, me pregunto, porqué se ha despertado tanto interés por abolir esa institución ¿no será que más de uno se ve coronado con una corona cívica, como pomposo Presidente de la República?

Se dice, y es una de las muchas falacias que por ahí corren, que si se aboliera la monarquía la alternativa sería una república, con el consiguiente cambio de Jefe de Estado: en lugar de un monarca un presidente. Algunos añaden: el Rey ya se ha enriquecido, como tuviéramos cada seis años un presidente que tuviera que enriquecerse y colocar bien a su familia íbamos dados. ¿Dónde está dicho que una república precisa de un presidente, jefe de estado, sin apenas funciones salvo honoríficas y representativas?. Las repúblicas americanas no lo tienen y no me dirán que EE. UU. funciona políticamente muy mal. Solo las repúblicas europeas, apegadas a un jefazo desde siempre, sintieron una especie de vacío si no contaban con un señor al que se le pagase un pingüe sueldo, se le asignase un palacio y todo el mundo lo reverenciara, para que no hiciera nada. Ni siquiera todas las europeas, porque el Presidente de la república alemana es un cargo más bien modesto y a la más mínima irregularidad se le ha hecho dimitir y eso que Alemania es una federación de estados, de modo que parecería necesaria la existencia de alguien que hiciera el papel de un emperador. Algunos países han tenido la inteligencia de conseguir que el jefe de estado se lo pagaran los demás, es el caso de Canadá, cuyo jefe de estado es el monarca inglés, no les cuesta un dólar y todos tan contentos. Aunque resulte anecdótico, los andorranos no se conformas con un jefe de estado, tienen dos, el presidente francés y el obispo de Urgell ¡Cómo no les cuestan un euro, para qué se van a privar! 

Termino, si abolimos la monarquía para traer una república y tener un presidente al estilo francés, con todo su grandeur y su guardia republicana y todo su fasto, bien estamos como estamos.

 


Armando Muchabulla

jueves, 19 de abril de 2012

EL NIÑO QUE QUISO SER ELEFANTE (Juan Serrano)

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Sentado en el gallinero, desde su silla de tijeras, el niño contempla a la muchacha tendida sobre una alfombra en medio de la pista. El bullicio en las gradas se detiene de golpe. Suspendido bajo la cúpula del circo queda el eco del silencio. El niño, al que le negrea ya el bozo, no quiere ser niño; y oye el aire que se le escapa de su corazón sobrecogido. La joven lleva dos ajorcas de plata en las manos, una cinta carmesí en su frente azulada, un ajustado caftán de almizcle a lo largo de su anacarado cuerpo.... Y por las venas del niño, un fuerte comezón y escalofrío sacude tempranera su libido.

La carpa está a rebosar de expectación y pasmo. Al suave murmullo del redoble del tambor vibra su carne como el agua dulce entre las piedras limpias. Su deseo impúber se agranda como el germinar de un brote en primavera. El niño se asusta. Pero su miedo es gratificante. Y milagrosamente se siente convertido en el objeto de su deseo: ser el elefante bueno que acierta a no pisar el cuerpo de la muchacha que yace confiada en el buen hacer del mastodonte.

Tanto se empeña el niño desde la distancia en acariciar en círculos con su nariz los senos de algodón y crema de la muchacha que allá abajo, vulnerable aguarda, que al instante se siente el rey de la selva.

El niño se abre paso entre la multitud asombrada. Un sobrecogimiento recorre las gradas del circo. Solemne y descomunal, elefante acicalado de lentejuelas multicolores, ya está el niño frente a la muchacha tumbada boca arriba que le espera con su cara de esmalte bajo su ojos que se funden deslumbrantes en el río de su grácil cuerpo. Levanta poco a poco el pie derecho delantero con parsimonia, a cámara lenta. Por encima de la muchacha, a escasos milímetros de su piel ambarina, pasa sin tocarla, luego el izquierdo, y así, con idéntico respeto y armonía, sobrepasa a la nereida con arrebatado y lento impulso.

El golpeteo acelerado de su carne no cesa. Luego la muchacha da un salto gozoso. Con la elegancia de un lirio de los valles y la acrobacia de una parra de Corinto se lanza a los brazos del niño elefante, lo abraza, lo besa.

Y los dos, fauno y ninfa, entre los aplausos de un público entusiasmado desaparecen tras las grandes cortinas de terciopelo. La muchacha se dirige a su camerino. El domador, sin saber que el elefante ahora es un niño al que ya el vello le asoma por encima del labio de arriba lo lleva a las caballerizas; y allí a un hierro clavado en el suelo sujeta el hombre al animal de una pata.

Al día siguiente en los entrenamientos de la mañana la joven acariciará las largas orejas del elefante niño. Y una lágrima se derramará prisionera hasta perderse por el helado marfil de uno de sus colmillos.


Juan Serrano
(En el blog Blao
14 junio  2011)
 
 

miércoles, 18 de abril de 2012

EL SOMBRERO (Ángel Ferrer)

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sgs



Hoy le he puesto a alguien
un sombrero


No sé si le he hecho
desaparecer (de sí mismo)
no lo tengo claro
pero creo que le he puesto
un sombrero


y después
me miraba
con condescendencia






Ángel Ferrer
(de su blog
mi lenguaje)


martes, 17 de abril de 2012

EFICACIA

Con nuestro mecánico de confiaza ya eran cuatro los profesionales que sorprendentemente habían empezado a prestarnos servicios de forma rápida y económica. Así se lo hice saber a mi mujer que en ese momento, con su habitual sentido práctico, ordenaba las cajas de leche por orden de caducidad. Ella no prestó mayor atención a mi comentario y se limitó a emitir un sonido de conformidad. Sonó el timbre, era el electricista que se disponía a revisar algunos enchufes de la casa. Eficacia una vez más: ni siquiera hubo que indicarle como se iba a nuestro dormitorio.


JAVI

lunes, 16 de abril de 2012

CRÓNICA CAZADA (Por Azulenca)

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MJM



Ha sido una semana accidentada, monárqui-camente hablando. El pequeño Froilán se ha hecho un agujero en el pie, cazando más o menos, –según declaró su mamá- con un arma que no era de juguete a juzgar por las consecuencias. Su yayo, Don Juan Carlos, después de haber participado en una cacería de elefantes en Botsuana, va, tropieza según su costumbre y se descuajeringa más de lo que estaba. Esto me ha recordado que en las películas de Tarzán los malos mataban elefantes para quitarles los colmillos, mientras que este héroe en taparrabos los utilizaba en manada como ejército aliado a la orden de “andawa”. Yo me solidarizo con Tarzán. Constatando que estas reales aficiones cinegéticas a los Borbones sólo les ocasionan fracturas y accidentes, yo les recomendaría que se dedicaran a la pesca. Lo peor de todo es que no sabemos nada de las piezas cobradas, porque accidentarse sin trofeo no tiene gracia. Si al menos Su Majestad se hubiese medido con un paquidermo o se hubiese retratado como lo hicieron Garzón y Bermejo con una hecatombe de jabalíes. Pero tal es la afición de nuestro monarca que caza lo que le pongan a tiro, bien sean osos pulgosos Mitrofanes o elefantes para el desguace con los colmillos de plástico, eso sí, hablamos de grandes animales. Yo creo que Don Juan Carlos ha rebasado ampliamente la madurez y que en el umbral, ya adentrado de la senectud, está para sopitas, siestas y poco más. Lo mismo esta cacería tan criticada le haya servido al monarca de terapia, ya que le quitaba el sueño el paro y la crisis. Ha sido una pena que después de salir indemne de una cacería tan espectacular tropiece con un escalón y se descoyunte. En fin, lo dejaré aquí.  

Hay una señora viuda en la Argentina con el rostro apuntalado de botox que amenaza con nacionalizar YPF de Repsol. No sabemos si esta mujer es justicialista, peronista, montonera o apiladora, desde luego es amiga de apropiarse de lo ajeno. Recibida la amenaza, el gobierno español ha cerrado filas y el Ministro Soria le ha mandado un mensaje filmado con un bosque invernal de fondo y con un primer plano de su persona, tan grave, que parece recién salido de un secuestro; esta versión española es la de un Thriller político con mensaje y contenido. Viendo la que se nos puede venir encima, si Cristina decide nacionalizar las empresas españolas en su territorio, el ministro Margallo citó sin demora al embajador argentino en su Palacio de Exteriores, llamado de Santa Cruz. A tenor de la cara del argentino me da que estamos en pie de guerra. Pues que cuide Cristina con su política exterior no vaya a ser que de algún susto se le derrita el botox de la cara.

Después de los agujeros sin fronteras que tenemos en este país, ahora tocan los recortes a gogó. Y va Soraya del PSOE en el Congreso y mantiene un rifirrafe con Soraya Vicepresidenta. Estas dos Sorayas, más que dos políticas de esas que dan la talla, se comportan como dos delegadas de clase sin fundamento. Lo que más me llamó la atención de ese cruce de acusaciones del y tú más, fueron las caras de telón de fondo de Rubalcaba por parte de madre y de Trini antigua de Exteriores. Rubalcaba parece hastiado, aburrido, agotado de presidir la oposición. Y Triniá, con sus pintas bien gordas al cuello, no pierde el look ni en la retaguardia, eso sí, con mala cara. Le vendría bien a Trini tomarse alguna infusión de cardo mariano, limpia mucho el hígado. 

El bienestar social en este país se nos está acabando; pero estoy confortada porque ahora ha comenzado el bienestar animal. Los granjeros de España deben cambiar el tamaño de sus jaulas para que los animales no se estresen y puedan poner el huevo a gusto y parir en espacios mayores. Todo un gasto en plena crisis con la consiguiente subida de los huevos y la carne. Tiene lógica eso de que se acabe el bienestar social y comience el bienestar animal. Es para pensar.

Hablando de jaulas y animales, otro que está para la jaula es un tal Secretario de Estado para la Admón. Pública apellidado Beteta. Pues yo le diría a este Beteta que no se entera de lo que tiene en su casa, que además de los que se toman el cafelito y leen el periódico, están los que en horas de trabajo se leen las obras completas de Tolstoi, Zola, Delibes… Están también los que se sacan en horas de oficina una licenciatura… Lo hacen porque no tienen trabajo, que se entere bien Beteta. Y mientras unos se agobian de cara al público, están los que se ilustran en esos agujeros negros gracias a unos jefes que pasan de todo y organizan mal el trabajo. Que organice su casa Beteta que para eso le pagan y que deje de hablar a bulto. 

Y como colofón final, el viernes el “ménage à trois” de fin de semana: Soraya, Wert y Montoro. Todo un Trío Guadalajara para anunciar rebajas, recortes y repartir mandobles. Ahora al Elfo Doméstico lo he rebautizado de nuevo, contra el fraude fiscal: “El Zorro” Cristóbal Montoro. Un Zorro que entiende su papel al revés, pues beneficia al que tiene y cruje al que no tiene. 


Azulenca







domingo, 15 de abril de 2012

DAME VINO AMARGO (Antonio Envid)

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IV.- DAME VINO AMARGO 


Dame vino amargo que ahogue mis penas /Aunque m´emborrache no te pueolvidarrr.

La pastosa voz de Rafael Farina, a través de la radio, invadía la vivienda. Era un local al pie de la calle. Su propia condición fronteriza, entre la calle y la casa, ya era suficiente para subyugarme. ¿Era la calle, el abierto mundo de la infancia preñado de promesas lo que irrumpía en la intimidad de la vivienda, o, este recinto cerrado, al abrigo de todo mal, el que te acompañaba solícito hacia el mundo exterior? Su ambigua naturaleza me excitaba. Allí vivía mi amigo Antonio. Convivía con sus numerosos hermanos, sus padres, sus abuelos, algún tío, algunos primos de paso, el burro del abuelo…. Era una tribu gitana profusa y confusa, como todas, cuyo número de miembros oscilaba y de algunos de los cuales nunca llegue a conocer sus verdaderas relaciones parentales.

Me divertía corretear por aquel espacio único, entre desvencijadas sillas, lechos desperdigados por la estancia, enseres y gentes ocupadas en lo más diverso. Uno rasgueaba una guitarra, mientras otro le acompañaba con palmas, quién pelaba patatas, quién confeccionaba un cesto, allí una mocita se lavaba el cabello en un barreño y nosotros, los niños, ubicuos, presentes en todos los sitios a la vez, participando de todas las conversaciones y en todos los quehaceres. Si llegaba la hora de comer, se distribuían platos entre todos los concurrentes en aquel momento, yo incluido, por supuesto, y en cada plato se vertía un cacillo del humeante puchero que había estado hirviendo durante horas en un hogar bajo situado en un rincón. A mi abuela, que aprobaba mi amistad con Antonio y su familia, no le parecía bien, en cambio, que permaneciera con ellos a la hora de comer; la comida, para la España de entonces, era un acto familiar privado e íntimo, pudoroso incluso, en el que encajaba mal la presencia ajena, yo, en cambio, desafiaba las recriminaciones de mi abuela y trataba de participar en tan divertidos ágapes siempre que podía. 

Un día el clan se animó más que de costumbre. Entraba y salía gente del local, los compadres se daban palmetadas en la espalda, abrazos y otras muestras de alegre amistad. En los corrillos se mezclaban las conversaciones y los presentes tenían que hablar a gritos para hacerse oír. Siempre se hablaba en voz alta en aquella casa, pero hoy el ruido era excepcional. Por lo que pude colegir, el motivo de tanto alboroto era la noticia de que el propio Rafael Farina iba a actuar en la ciudad y esto tenía alterada a toda la colonia de flamencos locales. 

En los días próximos no bajó el ajetreo, muy al contrario, aumentó más si cabe. Se sopesaban las posibilidades de comprar entradas para el espectáculo, incluso se aseguraba que se agotarían en pocas horas, por lo que habría que apresurarse. Pero el clan de Antonio preveía un grave problema: aunque no se sabía el precio de las localidades, era previsible que hubiera dificultades para reunir el dinero suficiente para que toda la familia, en pleno, pudiera asistir. 

Un día llegó la noticia, ya se sabían los precios, la localidad más barata a cinco pesetas. Una catástrofe. Se vaciaron cajetas y cajones, se hizo un estricto registro de bolsillos y tras el arqueo, decepción general: faltaba numerario para asistir a la mayor ocasión que vieran las oscuras vidas de aquella tribu. 

Yo, que jamás había parado cuenta de tan excelso artista y que en mis infantiles intereses para nada entraban los musicales, de la clase que fueran, empecé a sentir un cosquilleo de curiosidad por lo que pudiera representar ese acontecimiento que tanto ocupaba a mis amigos, de modo que en mi interior fue creciendo el deseo de acompañarlos a tan magno acto. Como buen niño pobre yo no tenía deseos, ¿para qué?, recibía lo que buenamente se me daba y me alegraba de lo que tenía, sabiendo que no podía aspirar a otra cosa. No sufría por lo que carecía, me parecía tan natural ser un niño pobre, como el carecer de muchas cosas. Sin embargo en esta ocasión le expresé mi deseo a mi abuela: quería ir a ver a Rafael Farina. Mi abuela, que tenía una economía de subsistencia, me miró asombrada por lo insólito de mi petición y me dio un seco "no", que yo acepté resignadamente. 

Con envidia y curiosidad escuchaba las gestiones que hacía la familia de mi amigo para reunir el dinero. Pedir a los compadres y amigos estaba descartado, porque, como todos ellos tenían idéntico problema, no cabía la solidaridad que siempre imperaba. A la hora de comer surgían los planes más fantasiosos, como jugar a un determinado número de la lotería, que la matriarca de la familia aseguraba que el propio Farina le había revelado en sueños. 

Un día, el abuelo, patriarca del clan, enjuto y de graves maneras, que hablaba poco y con mesura y que cuando dictaba una sentencia parecía grabada en bronce, dictaminó: "Todo está resuelto, no preocuparse, se vende el burro". La resolución del abuelo cortó la conversación como si hubiera refulgido una navaja, por primera vez en aquella casa se hizo un profundo silencio: el abuelo había decidido vender su burro, su mejor compadre, su vehículo, su compañero de fatigas y alegrías, su orgullo ante los demás gitanos. Una heroica decisión que solo un cabal como él podía tomar.

Aquella noche fue muy triste, desde mi balcón, con los ojos húmedos, tragándome las lágrimas, vi el alegre desfile de todos mis convecinos. La marcha hacia el concierto la abría el abuelo, seguían los hombres, de riguroso negro, sombrero de ala ancha y bastón de caña, como requería la ocasión, detrás las mujeres y las mocitas con abigarradas sayas y llevando a los niños, unos en el anca y otros de la mano.




de El tenue aroma de la acacia
Antonio Envid Miñana

sábado, 14 de abril de 2012

EL ÚLTIMO GATO DEL TITANIC (Armando Muchabulla)

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AEM


Armémonos de paciencia para aguantar la campaña comercial del Titánic. A mí me van a contar lo del Titánic, que soy el último gato, no que lo abandonó, que no tengo madera de héroe, sino superviviente, gracias a mi escasa valentía y a que ya se sabe que tenemos siete vidas, aunque esté dando las boqueadas de la séptima. Yo ya llevo un mes sin probar la sopa, que tan adecuada es a mi provecta edad, por no encontrarme el dichoso barco en el plato.

Yo pertenecía a la dotación de gatos del puerto de Southampton aquel lejano 12 de abril de 1912 y embarqué, hecho un señor, como gato titular de la cubierta A, la más lujosa. Todo eran mimos y caricias por parte de aquellos millonarios que paseaban por ella su aburrimiento. Pero cuando en la noche del 15, tres días más tarde, vi como las 2.217 ratas del buque, una por cada pasajero, todo estaba perfectamente estudiado y organizado, abandonaban el barco, una tras otra en larga fila, me dije: “si estas tías se van, yo con ellas”, a pesar de que el capitán y la tripulación aseguraban que no pasaba nada y que siguiera el baile. Mi perspicacia y mi afición por las ratas me salvaron mi primera vida.

¿Han visto la película? Pues eso, agua y agua por horas. A los cursis del Di Caprio y la Kate Winslet no los vi por ningún lado, que al fin habría tenido algún lado positivo la catástrofe: libarme de semejantes empalagosos. Total que con tanta agua y la humedad de  Southampton vengo arrastrando desde entonces un reuma que me mata, gracias que al jubilarme me vine al grao de Castellón al amparo de esta calma y buen tiempo tan benéficos. Aunque me parece que la paz y la calma se está acabando, pues esta amable y hospitalaria España cada vez se parece más al Titánic.

Me explicaré, después de la etapa “aquí no pasa nada, éste país es insumergible, que no decaiga la fiesta”, viene la fase del “sálvese quien pueda” y todo es pánico y confusión. ¿Recuerdan lo que les dije el 12 de enero pasado sobre la almoneda que se hizo de todo nuestro sector eléctrico? Pues ya ven los resultados: una espectacular subida del recibo de la luz, que no se parará ahí, sino que seguirá creciendo. Es que ahora ya no son compañías españolas, sino capital extranjero, que ha venido a ganar dinero. ¿Y la telenovela de REPSOL en Argentina? Y eso que allí tienen intereses la poderosa familia Askenazi (el apellido no engaña sobre su origen sefardí) Pues nada, que a los amiguetes de la Kirchner, a raíz del descubrimiento de grandes recursos de gas en una concesión de la compañía, se les ha excitado la codicia.

Pero yo ya no estoy para seguir trotando por esos mundos, aunque esté pagando la luz y la gasolina más cara del planeta, tampoco me afectan mucho, porque no tengo ganas de viajar, veo perfectamente por la noche, sin necesidad de dar la luz y entre estas tapias y tejados, buscando el sol, se está divinamente sin necesidad de calefacción en invierno y nunca me faltará una raspa que llevarme a la boca.


Armando Muchabulla

viernes, 13 de abril de 2012

VINDICACIÓN DEL CARAJILLO (Antonio Envid)


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AEM


Hoy no sería posible, provocaría escándalo público, incluso alguna denuncia. Entrar de madrugada en un parador de carretera y contemplar aquella añeja escena de una serie de camioneros acodados en la barra tratando de combatir su soledad y la vulnerabilidad que produce la madrugada de una noche de ruta con un carajillo y la sola compañía del áspero humo de un faria, rumiando a sorbos del calórico brebaje la añoranza del tibio lecho hogareño. Por el contrario, hoy encontramos a estos caballeros de la carretera, como cantaba Manolo Escobar (quizá fuera otro manolo escobar, no me hagan mucho caso) con la misma murria, el mismo difuso dolor de ausencia, despachando un pincho de tortilla con un vichy catalán, deseando salir huyendo de tan inhóspito lugar y volver al cubil cálido de la cabina, donde al menos poder fumar un cigarrillo.

Pero sí que podemos ver con alguna frecuencia a esa señora ya entrada en años que por la mañana viene al bar y en un susurro le dice al camarero: “un café, como siempre”. Contemplamos el gesto cómplice del dependiente, su alegre coger la cazoleta del café, su inicio de un paso de baile flamenco para introducirla en la máquina, y tras retirar la tacita llena de la infusión, verter en ella un generoso chorrito de baileys o marie brizard. Salvaguardada la señora tras el camuflaje del café, puede ahora, ya relajada, saborear el humeante carajillo, que quizá le de fuerzas para pisar la dudosa luz de un día que será una copia exacta del día anterior, cargado de aburrimiento, problemas en los que se carece de fuerzas para ser enfrentados, soledad, soledad seca, o mísera soledad en compañía de una familia que la costumbre ha trocado en ausencia.

Todo muda para seguir siendo eternamente igual.

El carajillo, según la RAE, es bebida que se prepara generalmente añadiendo una bebida alcohólica fuerte al café caliente. De modo que puede prepararse con cualquier licor: el ron colonial, el popular coñac (nunca arraigó la hermosa palabra brandi) de otros tiempos, el más moderno güisqui, el bagazo de los portugueses (café com cheirinho), pero también los rotundos cazallas y chinchones, o los sofisticados bailleys y brizards. Toda una infinita gama de aromas y sabores. Lo más genérico que puede decirse de esta mixtura es que es genuinamente ibérica, es una de las pocas cosas acogidas sin discusión a lo largo y ancho de la península, un esencial elemento vertebrador de este desestructurado rincón del planeta. En vano propugnan los académicos catalanes sustituir el nombre de carajillo por el insípido “cigaló”; ¿pero quién, carajo, va a consultar el diccionario del catalán normativo para pedir un carajillo en el bar del Poble Sec o del Raval?

Según se viene diciendo, sin más fundamento, su invención viene del periodo colonial cubano, cuando las tropas españolas para cobrar valor ante el mambís echaban ron al café “para coger corajillo” se decían (en nuestra posterior guerra intestina se reinventó como “saltaparapetos” sustituyendo el ron por coñac) y de ahí, por corrupción, carajillo. Puede ser, pero yo prefiero pensar que su nombre proviene de otro vocablo genuinamente ibérico y castizo: “carajo”. Esta palabra la encontramos en toda la extensión española, desde el carall catalán al caralho gallego y portugués (aunque estos últimos prefieran el término “porra”) y en todos los sitios con el mismo significado de miembro viril. De modo que a la ya de por sí estimulante bebida se le añade un plus de vigor y energía, tan conveniente a ciudadanos y ciudadanas (¿estaré ya en condiciones de iniciar mi carrera política?, porque el lenguaje y el decir naderías los voy dominando)

No soy muy aficionado yo a esta excitante bebida, pero cuando voy por galaicas tierras no puedo por menos que caer en la tentación. Cuando tras la generalmente suculenta comida pregunto con aire pícaro ¿no tendrán café de puchero? Y ese camarero gallego de vuelta de tantas filosofías gastronómicas me contesta con gesto de cofrade y con un ligero guiño de ojo: “Si, señor, por supuesto”, acaba de producirse el entendimiento, como dos masones que han hecho el signo identificativo. Telepáticamente, en realidad me responde: “ya sé por donde va, usted sí que sabe”. “Pues, hala, a prepararme uno con un buen chorrito de orujo”. Ese café de puchero colado con un calcetín, a la antigua y sabia usanza, sin entrar a inquirir si se trata de un genuino caracolillo potugués, no nos pongamos detallistas, total hoy ya no viene a cuenta traerlo de contrabando, con esa esencia de la ribera sacra destilada en el claro del bosque por sabios químicos aguardenteiros, utilizando ancestrales recetas y alambiques de alquimistas alunados, contiene en una simple taza una parte de lo que de bello nos ofrece la vida.  



Antonio Envid

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