TVE 1977
Una tarde senté a la Belleza en mis rodillas. Y la encontré amarga. Y la injurié. (A. Rimbaud)
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viernes, 29 de agosto de 2014
sábado, 11 de enero de 2014
"LA INVENCIÓN DE LA TABERNA", de Antonio Envid, ahora con dos capítulos más. GRATIS DOMINGO Y LUNES, EN AMAZÓN

La taberna es una invención romana y desde su creación ha jugado un importante papel en la cultura de occidente. Este libro es un viaje literario por el mundo tabernario desde la antigua Roma hasta nuestros días. Incluso, más allá, al futuro, pues hay tabernas, mejor dicho literatos, que la ven superar este mundo y este tiempo, proyectándose por inframundos y por universos galácticos hacia el futuro.
De la mano de una larga nómina de escritores visitaremos tabernas medievales donde juglares y goliardos declaman sus cantos de bodega en degenerado latín escolar o en balbuciente lengua romance, o delicados trovadores que escuchan a una doncella decirles que los aman; donde Chaucer toma nota de las vivencias y consejas de peregrinos y viajeros para crear la primera narrativa moderna. Conoceremos, más tarde, en el siglo de oro, a pícaros que despliegan sus artimañas entre jarra y jarra de vino, o escucharemos las bravuconadas de soldados enardecidos por el mosto. Visitaremos las tabernas del siglo de las luces y sus bailes de candil acompañando a majos, chisperos y nobles de tapadillo, bajo la profesional mirada de busconas que tratan de hacer su comercio. Con los primeros turistas del ochocientos buscaremos en tabernas y bailes de candil la emoción y la aventura de una España exótica y romántica.
Es en las postrimerías del diecinueve y comienzos del veinte cuando la taberna española alcanza su máximo esplendor, es el liceo del obrero, pero también el antro de perdición del pobre que ahoga en alcohol sus miserias. El libro echa mano de toda una rica y abundante literatura de nuestros mejores escritores que toman sus materiales de los diversos tipos que se dan cita en la taberna popular e interclasista. Allí se discute de lo divino y humano, de toros y de política, de la sociedad en general y del individuo en particular; allí se conspira; allí se forman grupos de acción y hasta partidos políticos; allí se desarrolla la tertulia literaria y el marginado poetastro crea su obra.
La taberna parece languidecer con la llegada de la modernidad sufriendo el embate de novedosos bares y elegantes cafeterías. Las penumbras tabernarias tienen que competir con atrayentes neones y brillantes metales, pero la taberna se refugia en el suburbio o se mimetiza y renace con otras apariencias para sobrevivir a modas sociales y a cambios políticos.
En suma, el libro es un viaje literario por el vasto mundo de las tabernas por el que desfilan multitud de tipos, pero sobre todo escritores, poetas y artistas en general. Lecturas Hispánicas acaba de editar “La invención de la taberna” de nuestro colaborador Antonio Envid.
Este jueves y este viernes podrá adquirirse gratis la versión digital para kindle.
Lecturas hispánicas
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miércoles, 6 de noviembre de 2013
"EN PROCESO": EXPOSICIÓN DE FABIOLA ARES MASCARAY EN EL CENTRO PENITENCIARIO DE ZUERA
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| Fabiola, ayer, en la presentación de si exposición (Fotografía: J.L.H.B.) |
Ayer se inauguró en el Centro Penitenciario de Zuera "En proceso", la exposición de Fabiola, amiga y colaboradora del blog, tanto con sus aportaciones plásticas como con sus narraciones y poemas en prosa. Tuvimos ocasión de ver sus pinturas, demostrándose una vez más que hay que ver un cuadro de verdad para admirarlo y disfrutarlo en toda su dimensión. Tras la presentación y palabras de bienvenida de rigor, se suscitó un interesante coloquio entre la pintora y un grupo de internos, que nos descubrió nuevas perspectivas y secretos en sus óleos impresionistas, sus magníficas acuarelas y sus imaginativos contrastes de estilos a la búsqueda del mejor de sus lenguajes. Esperamos con fervor una nueva muestra abierta esta vez a todo el público. No por nada, sino porque el público -a veces- se lo merece.
Chapeau y enhorabuena, Fabiola.
Fabiola Ares Mascaray (Zaragoza, 1988) es licenciada en Derecho y ADE por la Universidad de Zaragoza (2006 - 2012) y ya desde la niñez viene mostrando unas dotes artísticas excepcionales, tanto como poeta, narradora, pintora o cantautora.
Su obra, en los más variados soportes, denota ―de un lado― una imaginación lírica desbordante e irónica y mordaz en ocasiones; y ―de otro― una mirada atenta a cuanto le rodea: desde lo más nimio a lo más inmenso. Es la mirada inquieta del talento artístico, que todo lo disecciona y todo lo analiza y fagocita. Inquietud que le ha llevado no sólo a recorrer y observar el mundo y la sociedad, viajando y residiendo, literalmente, de extremo a extremo del orbe; sino también a profundizar en los pilares que sustentan esa sociedad, de ahí también su opción universitaria.
En el contexto de dicha formación académica, su visita al Centro Penitenciario de Zuera, hace ahora algo más de un año, sirvió para tomar contacto por vez primera con este otro mundo, y asimilarla como una nueva experiencia en su ya importante acervo personal y artístico, enriqueciendo su pluma, voz y paleta, siempre inmersas en un mágico, personal y misterioso proceso de búsqueda, propio de todo verdadero artista.
Y de este trayecto da puntual razón "EN PROCESO", donde nos vamos a encontrar, desde un paisaje urbano toscano propio, real e ideal a un tiempo y que resume en parte la experiencia italiana de nuestra pintora, hasta la escena callejera de una pareja enamorada al pie de una escalera, pasando por la reproducción/recreación, nunca inocente, de pinturas ya consagradas o por esa mujer azul de "Aisberg", hermosa como si ya no hubiese mares en el planeta, única obra de un pintor contemporáneo del centenar escogido por el Narciso de Alfonso para su divagación literario-pictórica: "Merodeando el desnudo femenino" (2013).
(Del tríptico de la exposición)
domingo, 20 de octubre de 2013
LA ABSTRACCIÓN ESPAÑOLA NACIÓ EN ZARAGOZA (Antonio Envid)
Todavía abiertas las sangrantes heridas de nuestra incivil guerra, en una provinciana y pacata Zaragoza se reunían en un quiosco del céntrico Paseo de la Independencia un grupo de jóvenes ansiosos de abrir una ventana al enrarecido ambiente claustrofóbico. Paradojas de aquella surreal España, las reuniones clandestinas se celebraban en la vía más concurrida de la ciudad. A ese lugar, y de la mágica mano de José Alcrudo, el titular del quiosco, llegaban desde París las perseguidas publicaciones de la editorial “Ruedo Ibérico”, pero también ensayos sobre Picasso, Gris, Miró, Braque y todos aquellos que estaban revolucionando el arte de pintar. Capitaneados por el arquitecto Santiago Lagunas (el único que había recibido unas enseñanzas regulares sobre artes plásticas, cuando el dibujo era una de las asignaturas “hueso” de Arquitectura), su delineante Fermín Aguayo, y otros pintores como Eloy Laguardia, Juan J. Vera, miraban con asombro las reproducciones fotográficas, muchas de ellas en blanco y negro, de la pintura que se estaba haciendo en Europa. Sus obras habían de caminar por esa dirección y así nació el “Grupo Pórtico”, tomando su denominación del rótulo del quiosco. Una llamita de renovación se encendía en España y lo hacía, precisamente, en aquella ciudad de provincias. Con la exposición de este grupo en 1947 se iniciaba la vanguardia plástica en España.
El grupo terminó disolvién-dose, Fermín Aguayo, el mejor de todos ellos, marchó a París a vivir una auténtica vida de bohemia, para morir joven, de miseria, dejándonos una escasa pero luminosa obra, los demás tuvieron que dedicarse a sus oficios y trabajos para vivir, incluido Santiago Lagunas que ejerció su oficio de arquitecto, aunque dejándonos sus inquietudes estéticas en muchos diseños de decoración de interiores y pintando esporádicamente.
La exposición retrospectiva que se presenta en el zaragozano Palacio de Sástago tiene la singularidad de que trae obras poco conocidas de Santiago Lagunas, pues pertenecen a colecciones privadas, especialmente de su ámbito familiar. Podemos admirar los dibujos y cuadros realistas de su primera juventud, que demuestran una sólida formación, para pasar, después, a sus abstracciones, de gran originalidad, pues precisamente por su necesario aislamiento tomaron direcciones novedosas, llenas de materia y espiritualidad, con estéticas geométricas que les dan un singular aire de vitral. El tiempo no ha pasado por ellas y siguen emocionando al espectador.
Antonio Envid
sábado, 12 de octubre de 2013
"LA GUERRA DE LOS MUNDOS" de ORSON WELLS. TRES DOCUMENTOS Y UNA ADAPTACIÓN A NUESTRA ÉPOCA
LA ADAPTACIÓN DE TEA FM EN HOMENAJE AL 75 ANIVERSARIO DE AQUELLA EMISIÓN:
Dentro del programa de actividades de la sede de Zaragoza del 2º Congreso Internacional de Radioteatro y Ficción Sonora, se ha puesto en escena con público en directo como sonidista y efectos especiales un homenaje de TEA FM al 75º Aniversario de la emisión de "War of the Worlds", la famosa adaptación radiofónica de Orson Welles sobre la novela de H.G. Wells.
Una trepidante historia donde la Humanidad corre peligro... de ser salvada por amigos alienígenas.
El 30 de octubre de 1938, Orson Welles (1915-1985) y el Teatro Mercurio, bajo el sello de la CBS, adaptaron el clásico La guerra de los mundos, novela de ciencia ficción de H.G. Wells, a un guion de radio.
La introducción del programa explicaba que se trataba de una dramatización de la obra de H. G. Wells; en el minuto 40:30 aproximadamente aparecía el segundo mensaje aclaratorio, seguido de la narración en tercera persona de Orson Welles, quince minutos después de la alarma general del país, que llegó a creer que estaba siendo invadido.
Esta es la grabación, tal y como la oyeron los neoyorquinos aquel 30 de octubre:
Y EL GUIÓN RADIOFÓNICO EN ESPAÑOL:
sábado, 31 de agosto de 2013
UNA COPA DE BURDEOS (Antonio Envid)
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| The Vine Harriet Whitney Frishmuth, 1923 Met, NY (sgs) |
Carraway, el personaje que hace de relator en “El Gran Gatsby”, ha sido invitado por su prima Daisy, que está casada con el rico Buchanan, a cenar en su mansión de Long Island. Carraway es el pariente pobre y Buchanan le muestra los salones de su gran casa, los amplios jardines de estilo francés, la lancha motora. Carraway describe a Buchanan como un prepotente engreído, se ve que no le cae muy bien. En la cena desliza un sutil aguijón, el burdeos es excelente, aunque tenga un ligero sabor a corcho. Es como decir que la mansión, la cena y todo sería perfecto si no fuera por Buchanan. Por cierto que en la versión que leo, la de Anagrama de 2011, que suele cuidar sus ediciones, el traductor ha sufrido un pequeño despiste, pues traduce “claret” por clarete, en lugar de burdeos. En el caso de que el traductor estuviera acertado y no errado, la ironía habría sido de más calado ¡pues, solo a un rico americano ignorante se le habría ocurrido servir un clarete en una cena con invitados! Pero esa malevolencia no sería del todo descartable, pues Scott Fitzgerald escribe su libro en la Riviera francesa, de modo que tendría ocasión de probar los claretes del mediodía francés y, por otra parte, buen conocedor del ambiente elegante neoyorkino de su tiempo, sabe captar en su relato toda la mundanidad y elegancia de las faustuosas fiestas de Gatsby, el rival de Buchanan en el amor de Daisy, y buen amigo de Carraway, llenas de luz, música y “champagne”, propias de aquellos desmesurados años veinte del pasado siglo. El clarete no puede ser nunca excelente, es un vino si es no es, algo ambiguo, como las ancas de rana, que no son ni carne ni pescado. A veces se le confunde con el “rosado”, que no es lo mismo, pues el clarete se obtiene haciendo fermentar el mosto de una mezcla de uvas tintas y blancas –algún desaprensivo lo obtiene directamente de la mezcla de vino tinto y blanco- , y aunque puede resultar agradable en verano, bien fresquito, jamás ningún clarete entrará en la categoría de los grandes vinos.
Asombrado al ver un clarete en la mesa de un magnate he acudido al diccionario Oxford para enterarme de que los ingleses, también los norteamericanos, denominan “claret” al burdeos, tinto, por supuesto, y de paso quedo informado de que la palabra procede, como no, tratándose de vinos, del viejo francés en el que al vino se le denominaba “claret”, y este vocablo, a su vez, del latín medieval “claratum (vinum)”, vino clarificado, esto es, vino de buena calidad, pues el de pasto se tomaría sin filtrar, como todavía se toma en el norte español el vino turbio. La adopción de la palabra por el inglés se produciría en el tiempo en el que el ducado de Aquitania, y con él la tierra de Burdeos, pertenecía a la corona de Inglaterra, ya que hace varios siglos que no se produce vino en la isla británica.
Antonio Envid
sábado, 17 de agosto de 2013
RUSIA (Álvaro Atance)
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| MOSCÚ - San Basilio |
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| SAN PETERSBURGO - Iglesia de Nuestra Sra. de Kazán |
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| MOSCÚ - Catedral del Arcángel |
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| SAN PETERSBURGO - Mezquita |
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| SAN PETERSBURGO (M. Hermitage - Sala del Pabellón) Réplica del de las Termas de Otricoli, cerca de Roma |
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| SAN PETERSBURGO - Catedral San Pedro y San Pablo |
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| MOSCÚ - Catedral de la Anunciación |
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| MOSCÚ - Catedral del Arcángel |
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| MOSCÚ |
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| SAN PETERSBURGO - Mezquita |
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| MOSCÚ - Alejandro II (y el famoso "Carrito de los helados"). |
viernes, 5 de julio de 2013
LECTURAS DE VERANO. A PROPÓSITO DE DANTE: LONGFELOW, UN PASEO POR EL BOSTON HISTÓRICO Y LITERARIO Y OTRAS POSIBILIDADES PARA ESTAS VACACIONES (Servando Gotor)
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| Henry Wadsworth Longfellow |
La famosa Universidad de Harvard está en Cambridge, al otro lado del río Charles, frente a Boston (Estado de Massachusetts). Si algún día me pierdo deberían buscarme por allí, pero no se molesten, es sólo un sueño de tantos. El puente que une ambas orillas lleva el nombre de Longfellow, en memoria del gran poeta de Boston, Henry Wadsworth Longfellow, a quien su coetáneo y encumbrado poeta de Nueva York, E. A. Poe, consagrado definitivamente para la Historia de la Literatura por Baudelaire, en atención sobre todo a su "nevermore" (sí, de ahí procede el nunca máis -digo yo-), criticó en muy dudosos términos.
Lo cierto es que, al margen de los méritos literarios de Longfellow como poeta (apenas conocido en nuestra lengua, por lo demás), una de las buenas cosas que hizo fue traducir al inglés y, por tanto, introducir en Norteamérica, la Comedia de Dante.
Ahora, precisamente, recién publicado en España el último best-seller (porque lo será): Inferno, relacionado con Dante, recobra importancia otro libro (también récord de ventas) sobre el autor de la Comedia: El Club Dante, escrito en 2003 por Matthew Pearl, donde se narran las intrigas y andanzas de un grupo de insignes intelectuales de Boston empeñados en sacar adelante aquella traducción de Longfellow.
Evidentemente, Dante era católico, rara avis en el Harvard protestante y militante. Y por su puesto, se trataría de evitar por todos los medios que "los venenos extranjeros se extendieran bajo el disfraz de la literatura". Era una cuestión de principios para el claustro de Harvard ignorarlo todo en materia de lenguas vivas, a salvo la inglesa, claro está.
De modo que desde la famosa universidad se urde una trama criminal moteada de signos dantescos para evitar semejante traducción. Los eruditos de lengua inglesa ya tenían, además, El Paraíso Perdido de Milton y, por supuesto, ni necesitaban ni admitían los valores de aquella Comedia que Bocaccio elevó al grado de "Divina": "Longfellow y su círculo están tan aquejados de la enfermedad toscana, que se atreven a clasificar a Milton como un genio de segundo rango en comparación con Dante", se recriminará desde Harvard. La marginada comunidad católica (italianos e irlandeses, ya se sabe) sí estaba por la labor: "Leemos El Paraíso perdido como un poema, pero la Comedia de Dante la leemos como una crónica para nuestras vidas interiores".
Lo cierto es que Mattehw Pearl, aprovecha todo esto para novelar una historieta de intriga que, al menos, nos acerca a aquellos míticos personajes norteamericanos que animan y participan la introducción del católico Dante en Estados Unidos: nada menos que Oliver Wendell Holmes (padre), James Russell Lowell, J. T. Fields, el propio Longfellow y George Greene, entre otros.
Hombre, por mi parte, para quienes prefieran profundidad y seriedad sobre la forja de aquellos hombres y, sobre todo, de aquellas ideas que se instalaron en Estados Unidos y, desde allí -con los matices oportunos, por supuesto-, han sido exportadas al resto de occidente, les recomendaría mejor la lectura de "El club de los metafísicos"(2001), un imponente ensayo de Louis Menand . Estamos hablando, lógicamente del pragmatismo y del capitalismo, sistema éste cuyo origen ya situó Max Webber en el protestantismo y, por tanto, inicialmente, en Lutero y Calvino: "El trabajo duro forma parte del plan divino del Señor, y eso es lo que Él espera de nosotros”.
Webber destaca que en el contexto de la Reforma, la ganancia no era un mero medio para la satisfacción de las necesidades materiales sino el fin de la propia vida. De aquí a la afirmación de Benjamin Franklin de que el tiempo es dinero, no media ni un paso. Pero no todo es tan asqueroso como parece: la ideología "liberal" (término, por cierto fraguado en la España de principios del XIX) también genera un contexto en el que aparecen mentes como Emerson, con su fe en el ser humano o, aún mejor, Thoreau padre de la desobediencia civil; o todavía mejor: los poemas de Walt Witman, impregnados de ese amor por el individuo, lo humano, con su "Canto a mí mismo", faltaría más.
Pero si prefieren seguir con Dante y con algo más ligero -no por ello menos profundo-, los Nueve ensayos dantescos de Borges (pinchar aquí), resultan apasionantes, curiosos y entretenidos.
Pero si prefieren seguir con Dante y con algo más ligero -no por ello menos profundo-, los Nueve ensayos dantescos de Borges (pinchar aquí), resultan apasionantes, curiosos y entretenidos.
Hablo, pues, de cinco interesantes lecturas:
1º Por supuesto, la Divina Comedia (recomendable especialmente en la traducción y notas introductorias del poeta y experto que fue Ángel Crespo -Seix Barral 1973-1977, aunque puede echarse una ojeada pinchando aquí, en todo caso hay en Wikisource otra versión completa en español-). Ya se sabe: un poema profundo y tan entretenido al mismo tiempo (si se tiene paciencia y voluntad) como el mejor parque temático para este verano.
2º El club de los metafísicos, de Louis Menand, nos introduce en el pragmatismo: Cuando nos sentimos felices con una decisión, no nos resulta arbitraria, nos parece la decisión que debíamos tomar. Primero decidimos, luego deducimos (Henry James). Un recio ensayo que -como todo lo bueno- exige también fuerza y voluntad para sacarle el debido provecho y disfrute e introducirnos en las raíces del pensamiento norteamericano (nos acostamos como anticuados conservadores y nos despertamos como rabiosos abolicionistas) y de aquellos padres del pragmatismo: Holmes, James, Peirce y Dewey.
3º El club Dante, de Matthew Pearl, una novelilla que sirve para matar el tiempo y poco más (Los americani de Boston habían construido una Cartago, una tierra atiborrada de dinero pero vacía de cultura). Al menos nos sitúa en aquel curioso Massachusetss de Longfellow and company y emula las novelas de Agatha Christie en que todos son sospechosos y, respetando las reglas del género, al final el malo acabará siendo Fermín, el mayordomo. Pero no se preocupen, no desvelo nada: en aquella sociedad había muchos mayordomos; esclavos, no: mayordomos, sólo mayordomos. Además, en este tipo de novelas, qué importa quién sea el asesino: todos son sospechosos y el autor juega con nosotros (como la propia novela juega con él mismo) y al final elige al asesino por azar, no vayan a creer.
4º Inferno, de Dan Brown. Esta noveleta sí que sólo sirve para matar el tiempo, sin aportar nada de nada. Bueno, sí: al curioso analista de las trastiendas (los backstages, se dice ahora) de productos comerciales, en este caso de best-sellers, sí. Él comprobará, una vez más, que tampoco los ingredientes del thriller cambian: los protagonistas, chico y chica guapos, aguerridos, valientes y "superlistos"; el antagonista, alguien que quiere causar un tremendo mal a la humanidad; una serie de persecuciones interminables y tensas entre unos y otros (buenos tras malos y malos tras buenos) que, faltaría más, se desarrollan en atractivos escenarios (esto ya lo había utilizado magistralmente don Alfredo Hitchcock): Florencia, con su corredor de Vasari incluido (yo creo que Narciso y un servidor ya le sacamos a ese corredor bastante más partido, y más lírico que el conseguido por el jeta este del Brown, en nuestro Guacamayo Azul, pero qué le vamos a hacer él es él y nosotros nosotros); Venecia, con sus palacios, puentes, canales y góndolas; y Estambul, sus pobladas calles, sus mezquitas y, cómo no, su Basílica Cisterna, con la misteriosa cabeza de medusa. La fórmula, no falla: un cuarenta por ciento, material para una guía turística mala; otro cuarenta por ciento: persecuciones a lo Indiana o Tadeo Jones; y el veinte por ciento restante elucubraciones pseudocientíficas y tremendistas, en este caso sobre la catástofre malthusiana que se nos viene encima. Una mierda, vamos. Eso sí: al menos no hay ni amor ni sexo (vaya con el Brown, qué original); sólo un extraño beso al final, absolutamente raro, ficticio e irreal, que nos deja a todos con cara de poker: ¡anda, mira, mira tú: al final... al final resulta qué! En suma: matar el tiempo, asesinarlo más bien. Nada más.
5º Nueve ensayos dantescos, de Borges (de 1982, pueden conseguirse en Alianza Editorial, 2002, o simplemente pinchando aquí). Nueve miradas incisivas a la Divina Comedia con esos ojos insondables y aparentemente muertos de Borges, quien desde muy joven la leyó ya, en el tranvía, en una edición bilingüe inglesa, que le introdujo en el italiano del Quattrocento (yo no sé italiano, dice, nunca estudié ese hermoso idioma. Pero con Dante aprendí mucho italiano). Como botón de muestra de tales miradas, baste reseñar esta reflexión del escritor argentino sobre la última sonrisa de Beatriz, en el ensayo que lleva este mismo título (una sonrisa, por cierto, que ha dado lugar a ríos de tinta sin que nadie dé con su significado, si es que lo tiene). Dice ahí Borges: Yo sospecho que Dante edificó el mejor libro que la literatura ha alcanzado para intercalar algunos encuentros con la irrecuperable Beatriz.
Todo esto sobre Dante y los pragmáticos.
Hombre, a uno, en esta última inmersión en la Divina Comedia, le hubiera gustado acceder al monumental estudio La poesía de Dante, de Benedetto Croce (pinchar aquí). Y hasta estuvimos a punto de traducirla con Narciso para Lecturas hispánicas... Ay, pero Croce está muy reciente todavía y los derechos de su obra vigentes, de modo que hubimos de desistir del empeño. De todos modos, resulta sonrojante que no se haya hecho hasta hoy (al menos yo no la conozco) ninguna edición en castellano.
5º Nueve ensayos dantescos, de Borges (de 1982, pueden conseguirse en Alianza Editorial, 2002, o simplemente pinchando aquí). Nueve miradas incisivas a la Divina Comedia con esos ojos insondables y aparentemente muertos de Borges, quien desde muy joven la leyó ya, en el tranvía, en una edición bilingüe inglesa, que le introdujo en el italiano del Quattrocento (yo no sé italiano, dice, nunca estudié ese hermoso idioma. Pero con Dante aprendí mucho italiano). Como botón de muestra de tales miradas, baste reseñar esta reflexión del escritor argentino sobre la última sonrisa de Beatriz, en el ensayo que lleva este mismo título (una sonrisa, por cierto, que ha dado lugar a ríos de tinta sin que nadie dé con su significado, si es que lo tiene). Dice ahí Borges: Yo sospecho que Dante edificó el mejor libro que la literatura ha alcanzado para intercalar algunos encuentros con la irrecuperable Beatriz.
Todo esto sobre Dante y los pragmáticos.
Hombre, a uno, en esta última inmersión en la Divina Comedia, le hubiera gustado acceder al monumental estudio La poesía de Dante, de Benedetto Croce (pinchar aquí). Y hasta estuvimos a punto de traducirla con Narciso para Lecturas hispánicas... Ay, pero Croce está muy reciente todavía y los derechos de su obra vigentes, de modo que hubimos de desistir del empeño. De todos modos, resulta sonrojante que no se haya hecho hasta hoy (al menos yo no la conozco) ninguna edición en castellano.
Qué se le va a hacer. Pero hay más cosas, muchas más, afortunadamente. Precisamente aquí, en nuestro blog acabamos de iniciar una serie de entregas de aquellas "Hojas de hierba", de Walt Witman, que incluyen (¿cómo no?) su "Canto a mí mismo" (hablando de aquellos norteamericanos emersonianos tan seguros de sí), en -nada menos qué- la versión de Ángel Ferrer.
En última instancia, siempre nos quedarán los Merodeos de don Narciso ahora que han provocado cierto debate en nuestro blog. Los Merodeos lo tienen todo:
prosa poética de primera calidad, entretenida, graciosa, imágenes, música y humor, bastante humor de calidad. Ni siquiera es necesario arremangarse para
prosa poética de primera calidad, entretenida, graciosa, imágenes, música y humor, bastante humor de calidad. Ni siquiera es necesario arremangarse para
entregarnos a su lectura.
Te atrapan a primera vista.
Los merodeos - dice Ángel Ferrer- son una cuestión tan peligrosa, como asomarse tontamente a los balconcillos. Si uno se pone serio y lo ve todo preciso, puede llevar su coste en muerte mortal (¿se dice así?), sólo en algunas ocasiones claro, en otras, en las que uno agacha la cabeza repetidas veces para reverenciar a un recién descubierto grifo, por poner un poner (¿se dice así?), hay que saber acercarse y alejarse vilmente, frotándose las manos y ladeando la cabeza.
Eso sí: hay que leerlos bien: a poder ser en voz alta. Recitándolos, por supuesto. ¿Cuanto hubiera dado yo por oírlos en la voz de Vittorio Gassman por... por poner un poner (¿se dice así?).
También podemos irnos de copas con gichos y gichas de ayer, hoy y mañana, de la mano de Antonio Envid. O de sueños. De sueños, sí: de esos que encierra la personalísima y estupenda prosa, muchas veces lírica, muchas veces agria, siempre hermosa, de Juan Serrano.
Ah, y si este verano nos queremos introducir en el Museo del Prado (¡qué escándalo, qué escándalo, en Madrid hay un Museo!), les aseguro que mi guía es bastante más entretenida que la subrepticia guía turística del Inferno ese del tal Brown (¡vamos, hombre!).
De todos modos, para quien quiera hacer footing con su mp3 y ya esté harto de oír toda la música gratis de la que ahora disponemos (ya sólo nos faltaba Spotify) tiene un par de recientísimas conferencias de Rossend Arqués sobre Dante y la Divina Comedia en la fundación
Juan March (pinchar aquí).
Más y con esto termino: el que no tenga un e-reader, que se lo compre. Es lo más barato del mundo. De hecho todos los libros mencionados (salvo, quizá, El club de los metafísicos -qué cosas, el más duro, el menos comercial) todos, pueden encontrarse fácilmente en la red de forma gratuita (sí, incluso los bestsellers más recientes como Inferno, sí). ¿Dónde? Pues, por ejemplo, en Papyrefb2 (pinchar aquí).
Bueno, pues eso: vaya verano que nos espera. Comer no sé si nos llegará para comer, pero en música y libros hemos llegado al fin a ser millonarios. Qué cosas.
Oiga.
¡Feliz verano!
Servando Gotor
Desdemibarricada
miércoles, 3 de julio de 2013
LA MOSCA de Ricard Terré (Antonio Envid)
Tan absorto se encuentra el portador de la obscena calva que no siente la mosca que, tras lo que el insecto habrá creído un viaje intersideral, se ha posado en su inmensa superficie, colonizando un nuevo planeta ignorado. Su arrobo al contemplar como lo aureola un nimbo materializado en una invulnerada lápida marmórea de velador de modesto bar es tan intenso que nada inquieta su serena calma. ¿No encontraba Velázquez a sus filósofos griegos en los figones y bodegas, porqué los sabios estoicos actuales han de habitar otros mundos que no sean tabernas y bares?. Cualquier orientalista sabe que el piadoso Bhudda ha de ser representado con un aura de seis codos de extensión y algo menos, según su rango, a sus discípulos, de modo que nuestro amigo, con semejante halo, ha de estar dotado de un alto nivel de conocimiento de las cuatro nobles verdades que conducen por el sendero dhármico, como lo demuestra su estoicismo al soportar como la hermana mosca chupa golosa los grasosos humores que su piel resguarda, en un sincera muestra de franciscano amor a todo ser vivo. El ascetismo de que hace gala el personaje se ejemplifica en su sobriedad: ni siquiera un sncillo vermú con aceitunas se permite. Incluso su atuendo, a pesar del deportivo swter, nos revela, disfrazado de modesto bancario, a un practicante de la serena quietud que impide entregarse a lúdicos juegos, más bien parece aconsejarnos que nada se alcanza por correr tras vanas metas, para encontrarnos unos miles de metros más allá, cubiertos de sudor y echando el bofe, sin haber llegado a ningún sitio. Estamos dispuestos a afirmar que tras concentrado esfuerzo de meditación ha logrado que su karma se haya materializado en el insecto que corona su testa. No nos engañe, pues, su apariencia de contable hacia finales de mes al que no le llega la paga y que a continuación estallará en un acceso de ira y de un certero manotazo derribará al molesto insecto que corona su testa. Que las apariencias engañan, es indudable.
La irónica cámara de Ricard Terré supo captar todo el surrealismo que se esconde tras la vida cotidiana y una amplia exposición de su obra puede contemplarse en la Lonja zaragozana hasta el uno de septiembre.
Antonio Envid.
sábado, 29 de junio de 2013
UN GATO EN NEW YORK (Juan Serrano)
Estoy leyendo Il mestiere di vivere y me encuentro con un Pavese ardientemente enamorado, enamorado y a la vez traumatizado. El poeta, según el mismo cuenta, no puede hacer el amor con las mujeres tal como ellas gozosamente quisieran. El hombre que eyacula demasiado rápidamente haría mejor en no haber nacido. Es un defecto por el que vale la pena matarse. Pavese por tanto, como sustitución al desarreglo de su sexualidad incontenida se acuesta a diario con las letras, hace el amor con ellas; son sus amantes. Escribir para él es su modo de vivir, sentirse eterno, alcanzar el orgasmo, el éxtasis literario. No le queda otro camino.
Conseguir el reconocimiento es la finalidad esencial del ser humano. Y si no que se lo pregunten a los psicólogos que tanta caña nos dan con su dichosa autoestima. Pero una cosa es que a uno lo tengan en cuenta, y otra desear suicida y desmesuradamente la fama. Y a este triunfo le falta la carne, carece de la sangre, carece de la vida. Y veo a un Pavese mareado, desengañado, obnubilado entre las luces de la gloria, y el humo de las cenizas de su escribir vacío que no le reporta el amor de ninguna de las maneras.
¿Puedo decirte, amor, que nunca me he despertado con una mujer a mi lado, que cuando amé, nunca me tomaron en serio, que ignoro la mirada de reconocimiento que una mujer dirige a un hombre? No se puede quemar la vela por los dos cabos en mi caso la he quemado toda por un solo lado y las cenizas son los libros que he escrito.
(Carta a Pierina)
Conseguir que a uno le lean, (que le amen) aunque sea en feisbus, en la hoja parroquial o en el obituario es el fatuo propósito de todo escritor. Y puesto que a Cesare le es imposible amar, mientras viva, debe seguir escribiendo. Escribir para amar, por no poder amar, para vivir, para seducir a sus amantes y mendigar como un perro amor, para envanecerse, para espantar a la muerte y retrasar lo más el suicidio. Morir viviendo. Vivir muriendo. Amar muriendo. Morir amando. Y Pavese confundido entre la esperanza y el escepticismo, escribe y escribe hasta darse cuenta que las letras son ingratas y su escribir vacío, y que no le reportan el amor que desesperadamente en ellas busca.
Non è giusto restare sulla piazza deserta.
Ci sara certamente quella donna per strada
que, pregatta, vorrebbe dar mano alla casa.
(Lavorare stanca)
Por eso el día que Pavese ve que en la plaza desierta no le espera ninguna mujer, escribe a Constance Dowling*: No tengo más aliento para escribir poesía. Las poesías llegaron contigo y se fueron contigo. Y decide: non scriverò più. Non parole. Un gesto. Y al confundir vida y escritura, se quita de en medio.
¿Alguien ha prometido algo? Así que ¿por qué esperar?
Sin embargo, es simple. Cuando no se mantiene por más tiempo, se muere. Y voila ".
(El negocio de la vida, 27 de noviembre 1945)
¿Fue realmente Pavese un loco, un atormentado, un ser desquiciado por sus contradicciones de grandeza y pusilaminidad, un ególatra narcisista, o el último de los repudiados románticos? Es un flaco consuelo -le escribe a Doris Dowling- ser un genio; para mí sería mejor ser un gato en New York, una golondrina en Maine, un hormiga bajo el pavimento de cierta casa en California, etc. Un asno sí soy, con absoluta seguridad.
Juan Serrano
de su blog: Blao
20 junio 2013
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* Constance Dowling, actriz que rechazó a Pavese tras una relación amorosa entre ambos y a la que el poeta dedicó su famoso poema (Vendrá la noche y tendrá sus ojos) antes de suicidarse. (desdemibarricada)
domingo, 23 de junio de 2013
JAVIER TOMEO, IN MEMORIAM: Diálogo entre dos esqueletos
Hoy nos ha dejado Javier Tomeo. Un gran escritor. Un gran hombre. Un aragonés universal y sencillo. Nuestro homenaje con este texto suyo, de 1988. Seguro que él no ha perdido el corazón.
Los dos esqueletos, con los huesos blanqueados por el sol, conversan sentados al socaire de la pared del cementerio.
ESQUELETO A. Oye.
ESQUELETO B. Dime.
ESQUELETO A. Lo peor que podemos hacer es desanimarnos.
ESQUELETO B. Sí, eso sería lo peor.
ESQUELETO A. Vendrán tiempos mejores, estoy seguro de eso.
ESQUELETO B. ¡Oh, desde luego! ¡Vendrán tiempos mejores!
ESQUELETO A. Se trata de saber esperar.
ESQUELETO B. Sí, se trata de eso.
ESQUELETO A. Los árboles volverán a ser verdes.
ESQUELETO B. Eso es: verdes. Y cantarán otra vez los pájaros.
ESQUELETO A. ¡Ah, qué agradable será entonces vernos regresados a la carne!
ESQUELETO B. ¿Crees que regresaremos también a la carne?
ESQUELETO A. ¿Quién lo duda?
ESQUELETO B. (Nostálgico.) Eso sería estupendo.
ESQUELETO A. (Tras una breve pausa.) ¿Cómo te llamabas antes?
ESQUELETO B. Juanito.
ESQUELETO A. ¡Anda pues, Juanito! ¡Levanta el corazón!
ESQUELETO B. (Mirando a través de sus costillas.) ¿Qué corazón?
ESQUELETO A. (Reconsiderando la situación, con acento súbitamente desesperanzado.) La verdad es que hicimos mal muriéndonos.
ESQUELETO B. Sí, hicimos mal.
ESQUELETO A. Perdimos el corazón.
ESQUELETO B. Sí, lo perdimos.
ESQUELETO A. Eso fue, sin duda, lo peor.
Silencio. El ESQUELETO B sopla a través de su propia tibia y brota una suave melodía, que ondula apenas la cabeza de las ortigas. Al conjuro de la música, las serpientes de hace cien años –apenas un rosario de menudas placas óseas – tratan inútilmente de erguirse como en los viejos tiempos de la ponzoña fulminante.
Javier Tomeo
de Historias mínimas, 1988
viernes, 7 de junio de 2013
TALLER DE ESCRITURA (Antonio Envid)
Un folio en blanco y un bolígrafo es todo lo necesario para la creación literaria. Pero bueno ¿en que época vive, quién escribe a mano hoy? Ah, pues deberían. Un folio en blanco es una invitación al descubrimiento, a sumergirse por sendas no holladas hacia reinos incógnitos. No solamente la inmensa soledad de su blancura nos incita a internarnos en él, sino que sus dimensiones, la regularidad de su rectángulo, ya son llamadas a la estética. De modo que comenzaremos el curso con esos dos simples objetos, que veremos son bastante más complejos de lo que a primera vista pudieran parecer.
Un folio es el resultado de un elaborado razonamiento. ¿Qué medidas tiene un folio tamaño DIN A4? Unas muy precisas: 210 x 297 cms., y no otras. La proporción entre el lado mayor y el menor: 0,297/ 0,210 es un número irracional: raíz cuadrada de 2, y tiene una particularidad, si doblamos el folio por la mitad de su lado mayor y lo partimos por la doblez, salen dos folios, DIN A5, que son de una superficie la mitad que el anterior, pero semejantes; la proporción entre sus lados, mayor y menor, seguirá siendo raíz cuadrada de 2. Esta singularidad permite normalizar todos los tamaños de papel, partiendo del DIN A0, que tiene una superficie de un metro cuadrado y sus lados mantienen la sabida y sabia proporción raíz cuadrada de si lo doblamos por la mitad, por el lado más largo, y lo partimos, obtenemos dos folios DIN A1; doblando cada DIN A1 por la mitad y partiéndolos, obtenemos cuatro DIN A2, y así sucesivamente, todos ellos guardando la repetida proporción entre sus lados. Luego, no nos tomemos a la ligera el folio, que es el resultado de un largo proceso de civilización y esto nos obliga a estar a su altura.
El bolígrafo es otra cosa preciosa, muy sofisticada. Es el resultado de una lenta evolución desde el estilete a la pluma de ganso, y de ésta, a un adminículo que combina en un solo objeto el tintero y la pluma, pero para ello hubo que imaginar que la pluma podía sustituirse por una bolita de acero y conseguir una tinta con la viscosidad justa. En fin, todo un prodigio que habría maravillado, sin duda, a todo un Cervantes, pongamos por caso, que el pobre, a pesar de su manquedad, hubo de ir por plazas, posadas, mesones e incluso cárceles, cargado con los primitivos adminículos de escribanía, siempre temiendo que el vuelco de uno solo de sus tinteros arruinara parte de su obra con tanto esfuerzo elaborada. El boli, permítaseme emplear el diminutivo, hace que las ideas discurran desde el cerebro al papel sin solución de continuidad, de manera que fluyen a través del brazo y de la mano hasta el folio sin interrupción y sin contaminarse con lo circundante. Verbo puro.
Bien, conscientes de nuestro deber pongámonos a la excitante tarea de crear. Internémonos por procelosas selvas, por incógnitos mares, por secretas estancias de nuestro cerebro, cuyas llaves tan difíciles son de conseguir y sus cerraduras tan trabajosas de ser abiertas, venzamos los temores que nos acongojan y penetrando en ellas, avancemos por estos mundos tan inexplorados, encomendémonos a nuestra dama como caballeros andantes para salir airosos de tanta aventura…
(Si alguien se siente con ánimo, tras esta “Introducción”, de continuar leyendo el manual de “Taller de escritura”, que me lo haga saber, para continuar escribiéndolo).
Antonio Envid
miércoles, 29 de mayo de 2013
CANTONERAS, RAMERAS Y RUFIANES TASQUEROS (Antonio Envid)
A medida que surgen las ciudades, la
prostitución, por motivos higiénicos, sociales y fiscales, es tempranamente regulada.
Las ordenanzas medievales sobre su ejercicio se prolongaran largamente hasta el
siglo XVII sin apenas cambios notables en lo esencial: mancebías autorizadas en
lugares acotados, licencia para ejercer la prostitución a mujeres abandonadas o
huérfanas sin arraigo familiar en la sociedad, etc., sin embargo, ayer como
hoy, es un esfuerzo inútil poner reglas y límites a este oficio tan antiguo y
que precisa de tan pocos medios para practicarlo, de modo que su ejercicio en
las “tasqueras”, como se denominaba a las tabernas en germanía[7],
fue generalizado en todo tiempo. En las tabernas de la época romana ya hay
testimonios de ese comercio.
Que sirvientas y fregonas ofrecían sus
servicios carnales a los huéspedes de mesones y ventas era público y notorio,
de modo que las maritornes y rameras[8]
son personajes habituales de la novela picaresca. En las tabernas esas mismas
“fregatrices” y mozas sacarían unas blancas[9]
extras con su cuerpo para redondear su mísero salario, cuando no eran
explotadas por el propio tabernero. (“Un mozo de servicio, trabajando en una
venta, recibe diariamente 15 reales de plata, mientras que una moza, trabajando
en un mesón, gana mensualmente 3 reales de plata”, nos informa López Beltrán,
Mª T.) Todo un comercio sexual clandestino a despecho de las ordenanzas
municipales, que ante las quejas de los explotadores de las mancebías, que
pagaban un canon al municipio por la autorización, prohibían, en vano, la
apertura de hostales y tabernas cerca de las casa de tolerancia y trataban de
regular sus horarios.
Antonio Envid Miñana
________
[7] Según Corominas, “tasquera” es la acción de espadar el lino y por
similitud del ruido que produce al golpear el lino se comenzó a utilizar
“tasquera” como sinónimo de pendencia y riña, evolucionando a “tasca” con la
acepción de taberna.
[8] Según Covarrubias prestaban sus servicios en chozas cubiertas de
ramas, de donde “se dixeron rameras”. En general se piensa que su nombre
proviene del ramo que como distintivo ponían en la puerta de sus casas. También
las bodegas colgaban una rama de pino para anunciar el vino nuevo, práctica que
todavía se sigue en Mallorca.
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