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sábado, 16 de noviembre de 2013

ERA YA DE MADRUGADA Y QUISE VER SI ELLA DORMÍA SOLA (Propercio, en la versión de Mariano Berdusán)


(A finales de octubre hizo dos años del fallecimiento de nuestro amigo, don Mariano Berdusán. Desde aquí, como siempre, nuestra admiración y cariño)


ELEGÍA 29.B: Era ya de madrugada y quise ver si ella dormía sola

(Propercio quiere vigilar y controlar a Cintia y ésta le reprende ofendida).

Era ya de madrugada y quise ver si ella
dormía sola: y Cintia estaba sola en el lecho.
Me quedé sobrecogido: nunca ella me había parecido
tan hermosa, ni cuando se vistió con túnica púrpura
y fue, después, a contar sus sueños a la casta Vesta,
por si a mí o a ella pudieran hacernos daño.
Tal me pareció verla recién salida del sueño.
¡Ah, cuánto vale por sí misma una espléndida belleza!

“¿Qué haces tú aquí, dice, tempranero indagador de tu amiga?
¿Piensas acaso que mis costumbres son semejantes a las tuyas?
No soy yo así de fácil: me basta con haber conocido a uno solo,
seas tú o sea otro, si alguno puede ser más fiel.
En mi ordenado lecho no aparece rastro alguno,
ni señales de deseo por haber dormido dos en él.
Mira cómo de todo mi cuerpo no emana olor alguno
que te haga pensar que haya cometido adulterio. ”
Dijo y, rechazando con su mano derecha los besos que le ofrecía,
saltó del lecho apoyando sus pies en las sueltas sandalias.

Así, por haber querido proteger tan casto amor, fui yo rechazado.
Desde entonces no ha habido para mí una noche feliz.



Propercio. 
(Versión de Mariano Berdusán Cabellos)







viernes, 18 de diciembre de 2009

PROPERCIO, poeta del s. I A.C., en versión de Mariano Berdusán


EL POETA ELOGIA LA HERMOSURA DE SU AMADA, CINTIA.

2

Yo era libre y creía poder vivir en un lecho vacío;
pero, conseguida esa paz, Amor me engañó.

¿Por qué habita en la tierra ese humano rostro?
Júpiter, comprendo tus antiguos devaneos.
Dorada es su cabellera y largas sus manos, y espléndido su porte;
tiene un andar tan digno cual si fuera la hermana de Júpiter,
o como Palas paseándose ante los altares Duliquios,
resguardado su pecho con la cabellera de serpientes
de Górgona;
como la heroína Iscómaca, descendiente de un Lápita
[1],
presa grata para los Centauros en medio de su embriaguez;
o como se cuenta que Brimó
[2], virgen aún,
yació junto a Mercurio en las orillas de la laguna Boebeida.
¡Apartaos ya, diosas
[3], a las que el pastor[4], en otro tiempo,
vio despojarse de sus túnicas en las cumbres de Ida!
¡Ojalá no quiera nunca la vejez cambiar este rostro,
aunque llegue a vivir los siglos de la profetisa de Cumas
[5].
____________
[1] Los Lápitas eran habitantes de la región montañosa de Tesalia, al norte de Grecia.
[2] Diosa de los infiernos identificada, a veces, con las diosas Hécate y Proserpina. Esposa de Mercurio, de quien tuvo tres hijos.
[3] Se refiere a Venus, Minerva y Juno.
[4] Alusión a Paris, que pastoreaba su ganado en el monte Ida, en Frigia. Fue el raptor de Helena. Intervino para decidir sobre la belleza de las diosas antes citadas.
[5] Ciudad en la que vivía la célebre adivinadora Sibila. A petición suya Apolo le concedió una vida tan longeva que acabó siendo consumida por su vejez.

(Extraído de "Todo amor es grande - Breve antología poética" de Propercio. Editorial "Libros del Innombrable", Zaragoza, 2004. Traducción, notas y pie de entrada: Mariano Berdusán Cabellos).

Ver en la web

miércoles, 7 de octubre de 2009

PROPERCIO, poeta del s. I A.C., en versión de Mariano Berdusán


(Extraído de "Todo amor es grande - Breve antología poética"
de Propercio. Editorial "Libros del Innombrable", Zaragoza, 2004. Traducción, notas y pie de entrada: Mariano Berdusán Cabellos).





EL POETA ENCARGA A CINTIA LO QUE TIENE QUE HACER CUANDO ÉL HAYA MUERTO.

13.B

Cuando llegue el momento en que la muerte cierre mis ojos,
atiende bien lo que quiero que hagas en mi funeral.
Que mi séquito fúnebre no se prolongue con profusión de imágenes,
y el sonido de la trompeta no sea un vano llanto por mi muerte;
ni se me tienda un lecho sobre base de marfil,
ni mi cadáver repose sobre atálica cama.
Que no haya en mi funeral una hilada de platillos con perfumes
sino más bien las sencillas exequias de un entierro plebeyo.
Bastante grandes serían mis exequias si puedo presentarme
ante Perséfone con al menos tres libros como la mejor ofrenda.

Tú vendrás detrás golpeando tu pecho desnudo
sin cansarte de vocear mi nombre,
y besarás mis fríos labios por última vez,
cuando me sean ofrendados los pefumes Sirios en el vaso de Ónice.

Después, cuando el fuego prendido me haya convertido en cenizas,
que una pequeña urna guarde mis restos,
y álcese sobre mi exigua tumba un laurel plantado,
cuya sombra proteja el lugar de mi sepultura,
y que tenga dos versos: “EL QUE AHORA YACE AQUÍ,
POLVO REPULSIVO ERA EN OTRO TIEMPO ESCLAVO DE UN ÚNICO AMOR”.

Y la fama de mi sepulcro no será menos conocida
que lo fuera el ensangrentado túmulo del héroe de Ftia(*).
Y tú recuerda, este será también para ti el camino cuando un día llegues a tu final
y vengas, ya encanecida, a estas piedras que me recuerdan.
Entretanto, guárdate de despreciarme una vez sepultado:
pues la tierra es buena conocedora de la verdad de las cosas.

¡Ojalá que una cualquiera de las Tres Hermanas hubiese ordenado
entregar mi alma ya en mi primera cuna!
¿Para qué mantener vivo el hálito de la vida para un momento incierto?

Después de tres generaciones fueron vistas las cenizas de Néstor(**):
si un soldado Gálico, en los campos de Ilio,
le hubiera acortado la duración de tan larga vejez,
no habría visto él enterrar el cuerpo de Antíloco,
ni diría: “oh, muerte, ¿por qué tardas tanto en venir?”
Tú, sin embargo, alguna vez llorarás por tu amigo perdido:
Se debe amar siempre a los seres ya desaparecidos.
Testigo es aquella cuyo níveo Adonis(***) fue herido por un cruel jabalí
mientras cazaba en las cumbres del Idalio;
se dice que en aquellas lagunas yacía tumbado el hermoso
y que hacía allí corriste tú, Venus, con tu cabellera suelta.

Pero tú, Cintia, en vano invocarás a mis mudos despojos:
pues ¿qué podrán hablarte ya mis huesos deshechos?


__________

(*) Se refiere a la tumba de Aquiles; junto a ella fue sacrificada Polixena, hija menor de Príamo y prometida de Aquiles.
(**) Rey de la ciudad de Pilos y combatiente en la guerra de Troya, recibió de los dioses el privilegio de una extraordinaria longevidad. Fue padre de Antíloco.
(***)Dios prototipo de belleza masculina y juvenil, ardientemente amado por Venus.


(Click aquí para verlo en Balconcillos)
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