domingo, 29 de noviembre de 2015

"PACICOS DE MI VIDA..." Una carta de amor acaba siendo un testamento

Por su interés, humano, social y jurídico, y por su gracia (lo que incrementa su valor humano), cuelgo esta curiosa nota escrita por el Notario de Alicante don Jorge López Navarro y que extraigo de la web de notarios y registradores.




DE CÓMO UNA CARTA DE AMOR PUEDE LLEGAR A SER UN TESTAMENTO OLOGRAFO



…El Derecho y el amor, raramente, coinciden en un mismo plano. Quiero decir que, donde hay amor, no es preciso acudir al Derecho, y donde entra el Derecho es porque no hay amor, o ha salido corriendo por la puerta de atrás.

Sin embargo hay pocos momentos, en los que, como excepción a la regla, se unen y dan la batalla juntos. Tal es el caso, que conocen todos los juristas de mi época, pero que puede servir hoy de ejemplo, para las nuevas generaciones. El caso lo escuché de los labios de mi padre, cuando todavía no había nacido en mí, la preocupación por el estudio de las leyes, y, desde entonces lo he guardado, siempre, en mi memoria. He estado buscándolo en la jurisprudencia, pero la sentencia del Tribunal Supremo es muy antigua y no he conseguido localizarla.

Como saben un testamento ológrafo sólo se puede otorgar por las personas mayores de edad (a diferencia del testamento notarial abierto que exige 14 años); tiene que estar escrito de puño y letra por el testador y firmado por él, y se debe indicar el año, mes y día en que se otorga. Al fallecimiento del testador este testamento ológrafo se debe protocolizar, presentándolo al juez de Primera Instancia del domicilio del testador, para lo que hay un plazo de cinco años, a contar del fallecimiento de éste.

Pues bien, continúo: según recuerdo, se trataba de dos novios gallegos, que acababan de formalizar su relación (antes se decía que estaban comprometidos). Y dada la distancia y los medios de transporte, lo normal era escribirse cartas, muchas veces, diarias. El caso es que la novia (ignoro la razón), posiblemente para mostrar la intensidad de su cariño, envió una primera carta de amor a su prometido, indicando, escuetamente, que esta carta contenía su testamento. Y, fallecida ésta, el Tribunal Supremo, aceptó dicha carta como un testamento ológrafo, en que la misma le dejaba a su novio (posiblemente convertido ya en su marido), toda su herencia.

El inicio era de una gran ternura y decía:

"Peñafiel, 24 de octubre de 1915. Pacicos de mi vida, en esta mi primera carta de novios va mi testamento, todo para ti, todo para que me quieras siempre y no dudes del cariño de tu Matilde".

    Según informa Mariano Gimeno V. Gamazo, la sentencia fue de 8 de junio de 1918, celebrándose en Peñafiel (Valladolid), con ocasión del 75 aniversario de su otorgamiento, un acto e incluso se descubrió una placa.


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