jueves, 31 de marzo de 2022

PARAGUAS DE RONDA (Reflexiones de don Cleofás. Antonio Envid)



Que los objetos tienen una vida secreta independiente de sus dueños ha sido motivo de cuentos infantiles y muchos otros relatos, pero don Cleofás ha podido comprobar que esto no es sólo producto de la imaginación de los artistas, sino que se trata de una realidad contrastable, su paraguas se lo ha mostrado.

El paraguas de don Cleofás es un buen ejemplar, es un clásico inglés, con mango de whangee y tela de seda, propio de un gentleman de la city tocado con bombín y armado de portafolio de cuero. Aunque el paraguas en cuestión pueda parecerle al no avisado un tanto trasnochado, cualquier persona de buen gusto sabrá apreciar su buena calidad y valía.

Pues bien, este paraguas es un objeto de lo más rebelde que podamos pensar, es caprichoso y amante de su libertad y gusta de tener una vida propia, de modo que nunca está en su sitio. Saca de sus cabales a su dueño cuando lo precisa y no lo encuentra. Al principio cuando notaba su falta se afanaba en buscarlo por toda la vivienda, pues su pérdida suponía un auténtico disgusto, el recuerdo de tiempos mejores, cuando encargaba en Londres sus camisas y sombreros, pero con el tiempo ha comprendido que cuando no se encuentra en el paragüero es que el tipo se ha largado a una de sus correrías.

Habitualmente lo halla en la cafetería de su propia calle, pues el paraguas gusta de visitarla y hasta se ha hecho amigo de los camareros, así que cuando don Cleofás llega un tanto azorado le guiñan un ojo con una sonrisa cómplice diciendo: “Aquí está, don Cleofás, no se preocupe, aquí lo hemos recogido”. Pero otras veces sus aventuras son de más alcance, así lo ha encontrado viendo una película en un cine cercano, en el restaurante que suele frecuentar, en la farmacia, incluso en la consulta de algún médico. Este artilugio trotacalles ya es conocido en todo el barrio y los vecinos acostumbrar a ver a don Cleofás visitando los más variados lugares preguntando por él para volverlo a casa. En una ocasión se le oyó decir, advirtiendo a su paraguas con enfado: “Si no cesas en tus aventuras terminarás teniendo un fortuito encuentro con alguna máquina de coser en una mesa de disección. Allá tú”.




 

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