domingo, 10 de febrero de 2013

ANTRÓPOLIS (Juan Serrano)

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¿Os acordáis de Roket, aquel hombre que tras un pequeño robo de 50 dólares en una gasolinera de las afueras de la ciudad y tras ser perseguido por un agente de seguridad provocó la infortunada muerte de un niño? Aquel día fatídico una tormenta de granizo nubló la madrugada. El cielo y la tierra no pudieron darse su acostumbrado abrazo en el horizonte. 

Mañana a las siete y media de la mañana Roket será ejecutado en Antrópolis, la inexpugnable penitenciaría del estado. Sus ojos ya no se bañarán en las tranquilas olas del alba. 

Durante sus siete años y medio de cárcel Roket todas las mañanas escucha el arrullo de una paloma dentro de su corazón, es el canto de aquella criatura que murió accidentalmente. El preso y el niño se han hecho amigos más allá de las rejas, más allá de la muerte. Al amanecer, antes de salir el sol, la paloma y el halcón se piden perdón y un dulce aroma de reconciliación invade la celda. 

Hoy el niño le dice al preso: 

“puesto que tú también vas a morir sin remedio, ¿por qué no pides a las autoridades que después de tu ejecución te extirpen el hígado y que se lo implanten a mi madre que sufre allá en el pueblo una enfermedad terminal hepática?” 

Mañana ya es hoy. Roket antes de ser ajusticiado firma su donación de órganos en favor de la madre del niño. 

A nivel judicial este hecho de reparación por parte del reo crea un “vacío legal” no previsto en las leyes. El trasplante no puede llevarse a cabo. El cielo y la tierra como aquel día del robo de la gasolinera tampoco pueden besarse. Y al alba una fuerte tormenta de relámpagos se desata en los alrededores de la penitenciaría de Antrópolis. 



Juan Serrano
del blog Blao
23 enero 2008

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