domingo, 15 de septiembre de 2019

HISTORIA Y PERIODISMO - VERDAD Y PERSPECTIVA (Servando Gotor)

SGS - "Splash", en Zaragoza, Torre del Agua
(Program Collective y P. Gifre, 2008) 


Cuando en periodismo se trata un asunto de forma interesada transmitiendo la información de modo partidario, decimos que el periodista es partidista. Si, además, pretende calificar a su información ya manipulada con el calificativo o la vitola fundamentalista de ser la única cierta, decimos que es sectario. Es verdad que todo acontecimiento es poliédrico y que cambia según la perspectiva desde la que es observado.  Relatividad que aumenta exponencialmente cuando, además, el observador contrasta su percepción con otras. Y no digamos cuando careciendo de esa contemplación directa o personal, el periodista cuenta tan solo con visiones/versiones ajenas, que es lo que le ocurre siempre al historiador con la dificultad añadida de que, además, su mirada pertenece a otra época y, por tanto a otra sensibilidad.
La verdad, en definitiva, es una entelequia, ya que la realidad, como decía Ortega, se ofrece en perspectivas individuales. Así, pues, su percepción resulta siempre compleja y todo dogmatismo respecto a ella habrá de calificarse, cuando menos, de temerario (no digamos si, además, tal dogmatismo se pretende imponer por ley que es lo que hasta ahora solo ocurría en las dictaduras). 
Si,además, esas conclusiones temerarias llegan a calar en diversos colectivos y se emplea para desprestigiar a otros, alcanzaremos la injusticia y con ella aflorará el conflicto.
Por eso historiadores y periodistas juegan con material extraordinariamente sensible y la exigencia de honradez en su cometido debiera alcanzar las más altas cotas. Algo que por desgracia ocurre cada vez menos. Deontológicamente tienen la obligación de proporcionar una información lo más veraz posible, exenta de toda manipulación y opinión. Las valoraciones en  periodismo, deben quedar relegadas a las secciones de opinión que les son propias; y, en la historia, al ensayo. Siempre perfectamente delimitadas. No siempre es fácil, cierto, porque para eso son necesarios ciertos niveles mínimos de categoría profesional y personal. Y este es el mayor problema que vivimos hoy: la nula calidad de muchos periodistas e historiadores. Quienes por cierto son los primeros que se quejan de las informaciones no profesionales que circulan por las redes, cuando debieran ser ellos quienes velaran por mantener la distancia a base de altura. Porque cada vez resulta más difícil distinguir al profesional del que no lo es.

Septiembre, 2019

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