domingo, 6 de junio de 2010

EL MANIFIESTO BÉLICO DE LICINIO PEDROL (Servando Gotor)



Crisis. Ya estamos en el infierno. Mi barricada, frecuentadísima. Licinio Pedrol me aguijonea con su célebre “Manifiesto bélico”: toma, para tu panel de anuncios. ¿Cuál? El de tu jodida frente: primero pan, luego moral. Lo transcribo, merece la pena:

¡Basta de ruido! Un fantasma asola España. La confusión genera indefensión y la indefensión interesa al poder. Por eso engañan al pueblo haciéndole creer que lo meramente instrumental es lo realmente esencial. Por ejemplo, el concepto “patria” (o “nación”, tanto da). Por ejemplo, el idioma. Nación e idioma no son cuestiones esenciales sino instrumentales, la primera constituye el medio en que el ser humano permanece unido por unos lazos más o menos naturales, el segundo la herramienta imprescindible para comunicarse, único modo de progreso.

Y ante el engaño, reniego de la paz apostando por la guerra. La paz interesa sólo al trepa y al que manda. Es decir, a los mismos. En 1964 Franco la armó con sus “25 AÑOS DE PAZ”. Cinco años más tarde, en el 69, con los 30; 45 después ZP nos salió con lo mismo: que si la alianza de civilizaciones, que si negociar con ETA, que si pagar a corsarios… todo por la PAZ. 

Pues bien, me opongo frontalmente a la PAZ. A esa paz pactada entre poder y terror (¡cuánto se parecen!), laberinto del ciudadano presionado por ambas fuerzas; a esa paz errónea (“se equivocó la paloma”) que propugnan quienes andan montados en el carro y declaro abiertamente la guerra al sistema con este manifiesto:

1º Jamás renegarás de Occidente, aquí nació la libertad, la democracia, el estado de derecho, la política social, la penicilina y el calimocho.

2º Apostarás por la verdad condenando lo políticamente correcto. Llamarás negro al negro y mujer a la mujer.

3º Lucharás contra el naci-onalismo paleto, obsoleto y egoísta que confunde patrias con matrias.

4º Renegarás de la intolerancia y la reconocerás allá donde se esconda, por muy guapa y guay que parezca.

5º Vivirás contra el poder opresor venga de donde venga comprobando que contra Franco se vivía mejor porque nunca bajabas la guardia.

6º Amarás al ser humano, nacido o no, sobre todas las cosas, incluso a Aznar y a Zapatero. Y siempre más que a los propios animales, por muy toros que sean o por muy protegidos que estén.

7º Te reirás de esos gays que en el día de “su orgullo” pretenden insultarte con el lema: “maricón lo serás tú”. Porque tú eres tú y no lo que los demás quieran. Aunque te equivoques. Y no te venderás a nadie porque venderse es prostituirse y la prostitución como todo aquello que pone precio a lo que no lo tiene es indigna.

8º Eludirás el canon de la SGAE y te bajarás gratis de internet cuanto se te antoje (que por lo demás sólo lo tendrás en el mercado si a al mercado le interesa que lo tengas).

9º Castigarás al menor que te llame "tron" por confundir disciplina con represión. Melón.

10º Distinguirás entre la política de la cultura y la política cultural, dejando claro que tu deber es sembrar dudas en vez de recoger certezas.

Y estos diez mandamientos se cierran en dos: amarás al prójimo como a “sí” mismo y nunca dejarás que te vivan.

¡Basta de ruido! y empieza por romper este manifiesto y las demás “cadenas” que te m-atan. Un día, a finales de los sesenta, un genio cambió el término “emisora” por “cadena”. Fue un profeta. Pero como nunca se es profeta en su tierra, nadie lo recuerda. Sin embargo, de quien dijo eso de la política de la cultura y la siembra de dudas, si nos acordamos: el italiano Noberto Bobbio.

Dicho queda, Licinio. ¿Y el fantasma que asola España? La estupidez. ¿Algo que añadir? Añádase.


(El Comarcal del Jiloca 28/05/10)

sábado, 5 de junio de 2010

Un filete de optimismo crudo (Vladimira Pund)


Quiero que un torbellino de ángeles risueños te despierte por la mañana.
Que el zumo recién exprimido de cinco soles
Y una tostada de luna menguante,
sean tu desayuno.

La comida sin duda: cinco rodajas de sonrisa y
un filete de optimismo crudo.

Y para ese momento en que las blancas están en posición de jaque…
Un vaso de paciencia bien cargado.

,,,,…………………………………………………..A Concetta

CAJAL (Servando Gotor)

 (...)
SEÑORA: ¡¡¡Enriqueta...!!! (la niña ha muerto, la madre se aferra a su imaginario cuerpo con un reprimido sollozo).

SEÑOR: Una vez más y basta. La cosa no puede ser más clara... (separándose del microscopio): Y amaneció...
SEÑORA: Quedé rendida, dormida. ¡Dormida, sobre el cadáver de mi hija! (vuelve a recostarse sobre el cuerpo imaginario de ENRIQUETA).
SEÑOR: (Se levanta y grita con entusiasmo) ¡Está claro! ¡¡No puede estarlo más!! Lo podrá ver todo el mundo: el cilindro eje de los granos del cerebelo y su continuación con las fibrillas paralelas de la capa medular... (sacando el portaobjetos del microscopio y blandiéndolo como un trofeo). ¡Todo, todo está aquí... Y lo enseñaré al mundo entero: todos podrán verlo: está aquí...! (se acerca con entusiasmo hacia la chaise-longue, donde están la madre y la supuesta hija, la primera dormida, la segunda se supone que muerta): Cariño, ¡cariño! ¡Al fin, al fin lo he visto. Tenía razón...! ¡Cariño! ¿Cariño...? (la madre abre los ojos, mira al esposo y éste se hunde, volvemos al tiempo actual): No hizo falta que hablaras... Me lo dijeron tus ojos.

(La iluminación completa del escenario se recupera gradualmente. El matrimonio, destrozado, vuelve hacia el espacio de la chimenea, abrazados los dos. Está allí el JOVEN, que ha contemplado compungido la escena. El SEÑOR se quita la bata blanca)

JOVEN: Verdaderamente es duro.
SEÑOR: Lo más duro que puede pasarle a un ser humano, hijo...
JOVEN: Y es normal, es normal que se refugiara en el microscopio. Incluso que el descubrimiento, ¡el milagro!, se produjera en aquellos graves momentos...
SEÑORA: Sí, porque su ausencia del mundo era total.
SEÑOR: Mi necesidad de huir, de huir a otros espacios... (la conversación deriva a otros terrenos)
JOVEN: En efecto: a otro mundo, a otro de los muchos mundos del universo...
SEÑOR: Con sus propias normas.
JOVEN: Con sus peculiares criaturas...
SEÑOR: Pero con nuestras mismas pasiones.
JOVEN: Y nuestras mismas reacciones... (se nota su esfuerzo por intentar cambiar de tema): ¿Sabe?, también yo he querido huir de mis penurias y también yo sé lo que es refugiarme en esos mundos desconcertantes... Mi primera visión del mundo microscópico la presiento determinante para mi futuro. Por vez primera creo haber encontrado mi camino... Tengo la intención de comprarme un microscopio . Eso y mi afición por la fotografía son las dos únicas cosas que me mantienen en pie. Las únicas que arrojan alguna luz a esta desorientación en la que ahora me encuentro...
SEÑOR: (consiguiendo olvidar la pena de la anterior escena y comenzando a emocionarse): Pues le auguro un buen porvenir, caballero...
JOVEN: (que ni ha oído al SEÑOR): Estoy deseoso de tener mi propio microscopio y observar... No sé, cualquier cosa. Porque cualquier cosa de ese mundo resulta apasionante...
SEÑOR: Sí, cualquier cosa, ¡cualquier cosa! (enajenado): La contracción amiboidea . Eso es: la contracción amiboidea, ¡por ejemplo...!
JOVEN: (con idéntica enajenación): ¡Por ejemplo!
SEÑOR: ...cómo el leucocito errante abre brecha en la pared vascular, desertando de la sangre a las comarcas conjuntivas, a la manera del preso que lima las rejas de su cárcel.
JOVEN: O... ¡los campos traqueales y laríngeos!
SEÑOR: Eso: Los campos traqueales y laríngeos, sí.
JOVEN: ¿Qué le parecen?
SEÑOR: ¡Imponentes!
JOVEN: Sembrados de pestañas vibrátiles que, por virtud de secretos impulsos, ondean cual campo de espigas...
SEÑOR: ¡Exacto! Cual campo de espigas al soplo de brisa invernal.
¿Y el incansable latigueo del zoospermo..? ¿eh? ¿Qué me dice de ese latigueo del zoospermo? Lo habrá visto corretear alguna vez, ¿eh...?
JOVEN: (simula con la mano el movimiento): ¿Qué si lo habré visto...?
SEÑOR: Y qué le parece, ¿eh...? ¿cómo corre hacia el óvulo...?
JOVEN: Sí, ¡como corre!
SEÑOR: ¡Pero cómo...!
JOVEN: (cual arenga militar): ¡A por el óvulo!
SEÑOR: ¡A por él!
JOVEN: ¡Sí señor!
SEÑOR: ¡A por el óvulo!: imán de sus amores, (simula de nuevo el movimiento con las manos): ¡zis, zas, zis, zas!. ¿Quién osará negar que existe una severa competencia de carreristas en los zoospermos, que para dar cima al acto supremo de la fecundación, vuelan, ¡zis zas!, en denso enjambre hacia el óvulo?
SEÑOR: Y ¿la célula nerviosa...?
JOVEN: Sí señor, ¡la célula nerviosa! Esa, esa es la que más me interesa...
SEÑOR: ¡Y a mí caballero y a mí!: Su majestad la neurona (tendiéndole la mano): ¡Choque esos cinco! (se dan la mano).
JOVEN: La más noble casta del elemento orgánico, si señor: la célula nerviosa. Extendiendo sus brazos de gigante (imita con los suyos), a modo de los tentáculos de un pulpo, hasta las provincias fronterizas del mundo exterior, para vigilar las constantes asechanzas de las fuerzas físico-químicas;
SEÑOR: ¿Y el óvulo? ¿Qué me dice del óvulo, con su sencilla y severa arquitectura, guardando el secreto de las formas orgánicas, y cuyo protoplasma se asemeja a la nebulosa, donde bullen en germen mundos innumerables que se desprenderán en futuros anillos?
JOVEN: ¡Chapeau al óvulo! (ahora es él el que le tiende la mano al SEÑOR y este la estrecha entusiasmado). Y la geométrica arquitectura de la fibra muscular, especie de complicadísima pila de Volta, donde a semejanza de la locomotora el calor se transforma en fuerza mecánica...
SEÑOR: ¡Y la célula glandular! Que por sencilla manera fabrica los fermentos de la química viviente, consumiendo generosamente su propia vida en provecho de los demás elementos, sus hermanos, las células adiposas, modelo de economía doméstica, quienes en previsión de futuras escaseces reservan los alimentos sobrantes del festín de la vida para utilizarlos en las huelgas orgánicas y en los grandes conflictos nutritivos... ¡Apasionante!
JOVEN: ¡Apasionante!
SEÑOR: Y... (cambiando de tema, más serio) el ejercicio de la medicina, joven, ¿no le atrae el ejercicio de la medicina...?
JOVEN: Ni me gusta ni creo que sería capaz de hacerlo bien...
SEÑOR: Tampoco yo...
JOVEN: Pues coincidimos en todo....

Extraído de "CAJAL" (Servando Gotor)

viernes, 4 de junio de 2010

Oh! formol de lo único Mío (Vladimira Pund)


Deja que me cobije bajo tu sonrisa de plumas blancas
………......----…Oh! formol de lo único Mío
-…….......…....………Caronte de mi infancia ahogada.
--
Deja que descanse cansada de explotar
-…………....…..en el único paraíso que he conocido.
-
Sólo tu recuerdo bombea mi esperanza
-………………...y empuja el tapón del vacío.



_____
Para Isabel

jueves, 3 de junio de 2010

EN LA TRASNOCHADA 23 (María Jesús Mayoral Roche)


Villamayor de Gállego, 30 de mayo de 2010

En la trasnochada, en estas horas previas al sueño es frecuente que los recuerdos se apoderen de mis pensamientos. Soy una apasionada de Sicilia, de hecho, todos los años la visito una o dos veces. El pasado miércoles me tocaba ir a ver la versión digital de Robin Hood; sin embargo el cartel anunciador de la última película de Tornatore en la puerta del Cine Elíseos me disuadió de esta idea. No sabía de qué iba pero el contenido era siciliano, el título lo decía todo: Baarìa, nombre en dialectal de Baghería, una ciudad cercana a Palermo.

Baarìa. No, no puedo ni quiero ser imparcial con esta película, con este peliculón que dura dos horas y media. Tornatore, su director, ha querido rendir el máximo homenaje que un cineasta puede dar a la ciudad que le vio nacer y lo ha hecho sin dejarse nada. Baarìa es la historia de tres generaciones que comienza en la Italia fascista y termina en nuestros días, recreando la acción en la Baghería de principios del siglo XX hasta mostrarla tal y como es ahora. Tornatore, en esta ocasión, se ha convertido en un gran narrador que se vale de las imágenes para dejar constancia de los hechos históricos que han marcado la isla y lo ha hecho de una forma casi épica, tomando como referencia los trágicos sucesos que en su día convulsionaron al pueblo. La película es magnífica porque cobra vida, y esto es algo que debemos agradecer a la prodigiosa memoria retentiva de su director.

Cuando digo que no puedo ser imparcial con esta película, es que verdaderamente no soy capaz de hacerlo. He estado en Baghería tres veces y a la tercera va la vencida. La primera vez fui en compañía de unas amigas, necesitaba saciar mis fantasías literarias y no me costó mucho esfuerzo convencerlas. Quería visitar Villa Cattolica, una villa de tantas que en otro tiempo fueron residencia de verano de los nobles palermitanos. Mi decepción fue mayúscula porque estaban preparando una muestra internacional y en aquellos momentos estaba cerrada al público. Me quejé a un funcionario del ayuntamiento que trabajaba allí, le comenté que éramos españolas y que era un fastidio el haber hecho un viaje hasta allí en balde. Ya que no podíamos hacer otra cosa, le pregunté la forma de llegar a Villa Pallagonia. Me negaba a abandonar Baghería sin visitar, al menos, la famosa villa de los monstruos. El funcionario torció el gesto e intentó disuadirnos de la idea. Y es que ir a esta mítica villa resultaba algo complicado dado el trazado urbanístico de la ciudad. Me quedé más fastidiada de lo que estaba y pensé: Sicilia es Sicilia y no escarmiento. Él debió leer mis pensamientos y nos propuso acto seguido coger su coche para hacernos una visita guiada por Baghería, gratis, por supuesto. Mis fantasías literarias quedaron satisfechas en parte y mis amigas encantadas de cuanto nos había enseñado aquel guía improvisado.

Al año siguiente regresé de nuevo a Baghería, esta vez sola. Al salir de la estación me recibió un perro abandonado que ladrando desesperadamente emprendió una frenética carrera hacia mí; me quedé paralizada temiéndome lo peor. No tendría al animal a un metro de distancia cuando alguien lo llamó y se paró en seco. Respiré hondo. Tomé el camino para ir a Villa Cattolica con el convencimiento de que esta vez mi curiosidad quedaría saciada. Mi frustración fue todavía mayor, estaba cerrada. No entendía cómo se puede tener al personal sin hacer nada, tan sólo para decir que el museo estaba cerrado. ¿Motivo? Ninguno, ni muestra ni nada. Empezaba a llover y decidí regresar a Palermo.

A la tercera va la vencida. Fue el pasado año cuando mi sueño se hizo realidad: Villa Cattolica estaba abierta al público. Merecía la pena, ya lo creo. La obra de Guttuso, un pintor emblemático de Baghería, no me defraudó. Sin embargo lo que verdaderamente nos sorprende es ese algo con lo que nunca contamos, en este caso fue una extensa muestra fotográfica de la Baghería antigua, tradiciones, costumbres y personajes, acompañada de un interesante documental. Cuando llegué a Palermo comencé a interrogar a la esposa del gerente del hotel sobre todo lo que había visto y no había comprendido. Bianca es una erudita palermitana con la que intercambio impresiones sobre literatura y arte, todo siciliano, por supuesto. Ahora sí, por fin había saciado mi curiosidad.

Ahora, viendo la película de Tornatore comprendo toda la carga, todas las metáforas de las que se ha servido para mostrar la esencia de su tierra. Porque cada imagen de Tornatore es una metáfora; aquel intento que no pasó del tópico con Cinema Paradiso, lo ha conseguido ahora en cada fotograma. En cada imagen de Baarìa hay una marca, una seña de identidad dedicada a los sicilianos. No, no puedo ser imparcial cuando Tornatore me muestra el andén de la estación de tren de Baghería lleno de gente. Y es que inevitablemente me viene el recuerdo de una calurosa tarde de junio. Me encontraba yo en ese mismo andén comprobando el horario de trenes de regreso a Palermo, en aquel momento se me acercó un señor mayor y me dijo:

- Señora, ese horario no está actualizado, es el de invierno. Debe preguntar dentro.

Sicilia es Sicilia, tan bella como imprecisa. Con mi billete de regreso convalidado y esperando el tren de regreso a Palermo tomé la foto que preside esta trasnochada. Quería llevarme un recuerdo especial de Baghería, su esencia a jazmín y abandono.

Las críticas italianas han sido esta vez algo más condescendientes con Tornatore. Pero no le han perdonado que haya pasado el tema mafioso-siciliano de largo, comprensible por otra parte. Sicilia es conocida en el mundo entero por la Mafia y no por lo demás, algo de lo que lamentan profundamente los sicilianos. La ambiciosa película de Tornatore, parece ser, va a ser catapultada a nivel internacional, quizá su director ha optado por evitar referencias profundas a este tema. Y es que lo mafioso resulta tan recurrente como vergonzante para cualquier buen siciliano que se precie. Añadir también, que algunas sociedades protectoras de animales se le han echado encima por haber degollado una vaca, sacrificio que tuvieron que cometer para poder rodar las escenas del matadero.

Por mi parte sólo queda decir: ¡Bravo, Tornatore!



miércoles, 2 de junio de 2010

Un tal Charlie (Pepe Arnau)


Ayer quedé con Sandra en un centro comercial.  Queríamos comprar dos sillas y una mesa para el jardín de su casa y, de paso, dar una vuelta por la ciudad.  Ella dejó el coche allí y el resto de la tarde nos desplazamos con el mío. A Sandra le gustan los batidos de maracuyá pero no le gusta conducir. De regreso al centro comercial, vió a Charlie, su ex (el padre de su hija Sally) en un cruce a unos cuatro kilómetros del centro comercial. Sally tiene dos años y medio y ya empiezan a gustarle los batidos de maracuyá. Bueno, la verdad, no pensaba que Charlie iba justamente a ese centro comercial y que acabaría por ver el coche de Sandra. No era imaginable.

Al llegar al centro comercial, bajamos del coche y Sandra me dijo: está Charlie en su coche junto al mío. Vaya. Como Charlie es un típo peligroso y ancho como una puerta subimos de nuevo a mi coche para irnos cuando, de repente y casi al mismo tiempo, vino hacia nosotros increpándonos violentamente. En ocasiones como esta suelo recurrir a la ironía y estuve por preguntarle si le gustaban los batidos de maracuyá.  Pero viéndolo de cerca compendrí que no era el momento.  Así que cerré el coche por dentro y no pudo abrir la puerta.

Yo tenía que dar la vuelta y a él le dio tiempo para entrar en su coche. Lo llevábamos delante saliendo cuando de repente frenó en seco. Le pité, hice ademán de adelantarlo y él giró a la izquierda, me puse de nuevo a la derecha y él cruzo su coche cerrándome el paso. Bajó hacia nosotros y yo bajé un poco la ventanilla amenazándole con llamar a la policía. Finalmente puse la primera y me metí por la acera saliendo de aquella horrible encerrona.

Nos siguió un rato y por fin desapareció. Pero Charlie tenía localizado el coche de Sandra aparcado todavía en el centro comercial. Estuvimos en mi casa unas  horas y luego, yendo al centro comercial, Sandra me dijo: Charlie estará esperandome junto a mi coche, seguro.  No te preocupes -la tranqulicé-, te dejo en el centro con el mío, cojo un taxi y vuelvo con el tuyo (aunque no me gustan los batidos de maracuyá disfruto conduciendo).

Así lo hice.  Al llegar al parking del centro comercial no parecía haber nada sospechoso. Pero luego, al salir,  noté que otro vehículo me seguía. Hice un cambio brusco de carril y ... también él lo hizo. Confirmado: me seguían.

En una calle de tres carriles totalmente vacía, paré en el del medio, bajé la ventanilla y medio salí del coche en actitud desafiante. Yo pensaba para mis adentros que si él paraba también habría lío y que si le hablaba de los batidos de maracuyá sería peor. Pero no: cambió de carril y me adelantó.

Típo peligroso el tal Charlie.


martes, 1 de junio de 2010

¿SE EXTINGUEN LOS GORRIONES? (Antonio Envid)


Desde varios puntos nos llegan señales de alarma: se observa que la población de gorriones disminuye. Ya sabía yo, que aquellos gorriones de la merienda en la plaza, junto a los demás chicos, que se acercaban descarados, un saltito hacia la miguita, otro atrás, desconfiados, o aquellos que se reían de nosotros cuando nos veían armados del temible tirachinas y se echaban al vuelo un segundo antes de llegar el proyectil, habían sido abolidos con su tiempo, para mi desconsuelo, pero creía que otros chicos y otros gorriones habían tomado el relevo. Pero resulta que no. No hay en la plaza chicos que merienden y jueguen con otros a juegos imposibles. Se hallan ocupados en clases de enseñanzas suplementarias o enfrascados con su ordenador, inmersos en interminables chats. Tampoco hay viejecitos que maten el tiempo, en tanto él los mata, desmigando coscurros de pan para que los pícaros gorriones les alegren un poco la mañana. Están demasiado azacaneados en llevar y traer a sus nietos del colegio a las actividades suplementarias, para liberar durante el mayor tiempo posible a los padres de su presencia. Los escasos ratos de tiempo que les quedan libres los emplean, en sórdidos centros de la tercera edad, preguntándose, sin hallar respuesta, sobre el sombrío futuro de sus pensiones.

Hay quien dice que la causa de la disminución del número de gorriones hay que buscarla en la competencia que les hacen las palomas, los estorninos, las cotorras y otras especies, mayormente foráneas, que ocupan su territorio. Algunos encuentran la explicación en que ya no se riega a manta y escasean los charcos donde solían regodearse, pues hoy reparten avaramente el agua sistemas de goteo. Aquel pajarillo errante, que bebía el agua de los estanques y que jamás comió de la mano de Serrat, no sabemos en qué otros estanques y otras manos vagabundea. Pero yo creo que la causa se encuentra en la escasa atención que les prestamos en los últimos tiempos. Nos abandonan con la misma discreción con que nos han acompañado. Son como esa muchacha, no muy atractiva, de agradable presencia, que sólo es notada cuando se ausenta. La noticia me llena de inquietud. ¿Hay algo más desolador que una pequeña plaza en silencio, sin el griterío de los chiquillos y el piar de los gorriones?

Antonio Envid Miñana
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