miércoles, 25 de mayo de 2011

ATENDERTE, ENTENDERTE (Narciso de Alfonso)

SGS
 
Me gusta cuando hablas en alemán porque no entiendo nada y pareces otra, y siento que te quiero más. Porque nada invita más al amor de una mujer que la absoluta imposibilidad de escucharla.  Como nada hay más aciago que la obligación de atenderla y entenderla.  Por eso, te lo suplico, cuando me hables, hazlo siempre en alemán, o en indú si quieres, incluso en serbocroata; pero, por favor, nunca más de forma que te entienda.  Es mejor así. Estás tan hermosa.
Me gusta cuando hablas en español porque te entiendo y te desnudas y presentas ante mí cual eres, y siento que te odio aún más.  Porque nada invita más al odio de un hombre que conocerlo bien.  Como nada hay más nefasto que la sensación de no entenderlo, de no atenderlo.  Por eso, te lo suplico, cuando me hables, hazlo siempre en español o en catalán siquieres, incluso en gallego, pero por favor, siempre de forma que, al menos entienda la mitad de tus palabras. Es mejor así.  Eres horroroso como un espectro, sí, pero resulta tan hermoso no sentirme engañada.


Cuescos

lunes, 23 de mayo de 2011

GIN TONIC & CORRUPCIÓN (Servando Gotor)

SGS
En el café de Mariano, reposando las elecciones junto a un gintonic, resguardados de las últimas lluvias de mayo: no, Mariano, son todos unos corruptos, todos.  Estás loco: los hay limpios que no echan mano de la caja y dan la vida por todos, altruistamente. Claro. ¿No te lo crees? Sí, pero esos saben lo que hay mejor que tú o que yo: de primera mano.  Pues aún les doy más valor. No, si callan.  ¿Y qué pueden hacer? Apartarse y denunciar, Mariano, eso; porque su silencio les hace cómplices y su participación también: hacen la cama a los corruptos.  Por la misma razón también cuando tú votas participas…  de modo que no deberías votar porque votando te implicas.  Mira, Mariano, estás confundiendo el tocino con la velocidad: la participación activa y la pasiva, el sufragio activo y el pasivo. Ya, pero al votar, por mucho sufragio pasivo que sea, participas activamente, algo así como una pasividad… “activa”.  Es posible, Mariano, pero se trataría de una pasividad activa… “mediata”, mientras que la posición del político llamémosle “honrado” supondría una actividad pasiva… “inmediata”…  sí, no pongas caras, además de la actuación del político corrupto, que comportaría una actuación activa e inmediata, tendríamos la del ciudadano de a pie que no vota: un individuo que actúa con una pasividad… inmediata.  Pero la pasividad también es una acción.  Cierto.  Por  lo que estaríamos frente a una actividad pasiva inmediata. Sí, pero “omisiva”.  Claro, claro: omisiva.  Por tanto, con el ciudadano que no vota estaríamos ante una actividad pasiva, inmediata y omisiva…  Pero si es omisiva no puedes calificarla de actividad, Mariano, por favor.  Sí, porque la omisión no deja de ser una forma de acción: una acción omisiva.  No, no estoy de acuerdo, eso sólo sería si su no participación, su abstención, fuera deliberada.  Quieres decir, “consciente”.  Exacto.  Entonces nos encontramos con dos situaciones: la del ciudadano que no vota deliberadamente y la del que no vota por desinterés o abandono, la primera nos mostraría una actividad pasiva inmediata consciente y la segunda una actividad pasiva inmediata inconsciente.  Te dejas algo.  ¿Qué?  El que no vota por simple descuido o abandono o sencillamente porque no ha podido, porque fuerzas ajenas a él se lo han impedido.  Sí, claro, entonces cambia el cuadro, tienes razón: estaríamos ante una actividad pasiva inmediata inconsciente omisiva y… obstativa.  ¿Obstativa?  Sí, obstativa… creo. ¿Obstativa u obstructiva?  No, me parece que estamos empezando a liarla, a ver, déjame pensar: “obs-ta-ti-va”…  no, no estoy de acuerdo, no me parece una calificación apropiada… mejor sería “fortuita”.  Pero qué coño dices, claro que lo es: porque la causa impeditiva podría ser fortuita o no, supón que un familiar te secuestra en la jornada de reflexión durante cuarenta y ocho horas, entonces no podrías votar porque alguien te lo impide pero no de modo fortuito, con lo que estaríamos ante una causa de fuerza mayor, más que fortuita.  Claro que el que un familiar te secuestre también puede ser fortuito.  Circunstancialmente, sólo circunstancialmente: por ejemplo si está loco de nacimiento sabes que puede hacer cualquier cosa así en cualquier momento y entonces no estaríamos ante un caso fortuito, pero si le acaba de dar una venada…  Es todo muy subjetivo.  Sí, objetivamente subjetivo.  Pero lo objetivo es subjetivo.  Parece fácil pero no es difícil.  Qué lío, Mariano.  No me llames Mariano que Mariano eres tú.  ¿Yo, Mariano? Sí.  ¿Pero no eras tú…?  Mariano, sí, el que…  ¿Entonces quién coño soy yo? Bueno, mejor lo dejamos, anda pon otros dos gintonics.  No, yo no, ponlos tú.  ¿Por qué?  Porque Mariano eres tú.  ¿Y el político que echa mano a la caja, quién es, eh, quién coño es?  Un pringao. Ya, quieres decir: un mojor. Eso es: un mo-jor. 


Servando Gotor
El Comarcal del Jiloca, 13/05/2011

domingo, 22 de mayo de 2011

UN DÍA EL SOL PASEARÁ SU CÁLIDA MIRADA (Antonio Envid)

AEM

Un día el sol paseará su cálida mirada
sobre una tierra desierta
contemplando su espléndida
belleza mineral

sólo el ronco gemido del viento
turbará tanta armonía

Entonces comprenderéis que la vida
es más cruel que lo que comúnmente
se imagina
pues es totalmente innecesaria.


Antonio Envid

SÁNDOR MÁRAI SE LAMENTA DE LA PÉRDIDA DEL PARAISO (Antonio Envid)

SGS


En ¡Tierra, tierra! El anciano Sándor Márai, desde su largo exilio norteamericano, reflexiona con nostalgia sobre la Europa de la lejana posguerra y sobre su perdido hogar en Hungría. El libro recoge la inteligente visión de los acontecimientos de su querida patria durante la última gran guerra europea, la posterior ocupación por las tropas soviéticas y, finalmente, la anexión al imperio comunista; seis años más o menos, desde el 1942 hasta su salida definitiva del país en 1948, aunque son frecuentes los flash-back y las referencias a épocas posteriores.

Además de añorar la Europa burguesa y humanista que, sin embargo, fue capaz de incubar y generar los fascismos para dar paso a una de las más atroces guerras y de entregar grandes extensiones de su geografía al inhumano régimen comunista, Márai se lamenta amargamente del desdichado destino de su patria. El escritor denuncia la indiferencia con que la Europa occidental abandonó a Hungría al poder totalitario ruso, a pesar del gran esfuerzo de sus compatriotas, descendientes de los nómadas magiares, que desde la lejana estepa asiática  se asentaron su actual tierra, para salir de su aislamiento y convertirse en occidentales educados, cultos y cristianos. Sin embargo, también  amonesta severamente a los grandes terratenientes húngaros, las clases aristocráticas de su país, que quizá no fueran peores que las capas altas del siglo XX en la sociedad francesa o inglesa, sólo más distraídas: se olvidaban de pagar los impuestos.

Contra la aristocracia de su país dice: “Los grandes señores húngaros no pagaban su carga impositiva, obligatoria y filantrópica, y quienes vivían en el barrio del Castillo prefirieron aguardar primero a los cruces flechados y después a la redistribución comunista, pero nunca pagaron sus impuestos”. En efecto, la Hungría resultante de la primera gran guerra, que supuso la desmembración del Imperio austrohúngaro, en palabras del escritor, “Era un país hermoso y continuaba siéndolo incluso después de su mutilación, sin los Cárpatos, sin Transilvania, sin las Tierras Altas, sin las Tierras Bajas, sin Fiume. Tenía trigo, petróleo, carbón, tenía de todo para alimentarse…”. Su historia fue convulsa desde entonces, desplazado el régimen demócrata liberal, el país fue dominado por el movimiento fascista de los cruces flechados, propiciado y tutelado por la Alemania nazi, para finalmente ser invadido por las tropas hitlerianas en su desesperado avance hacia las fuentes energéticas de los Balcanes, siendo seguidamente conquistada por las tropas soviéticas en su contraofesiva. El imperio soviético ya no abandonaría Hungría, crearía un gobierno títere comunista y el país ha de esperar a 1990 para recobrar su libertad tras la disolución del sistema comunista.

 Márai se lamenta de la pérdida, entre los vendavales de la historia, de la Europa burguesa de entre guerras; esa sociedad hecha a medida de lo humano de comerciantes, industriales y profesionales cultos y satisfechos, que en el periodo que medió entre las dos grandes guerras europeas propiciaron la edad de oro de la cultura europea, sobre todo en los países de la Europa central. Esa Europa que arranca del “…mercader de Venecia, que había iniciado, con grandes riesgos y por lo tanto con grandes beneficios, la cadena moderna del trueque, en el comerciante de Lübeck que había inventado la letra de cambio y que ya no tenía que viajar personalmente a la feria de Novgorod. Tras la crispada rigidez de la Edad Media escolástica no solamente ayudaron a crear la nueva Europa los humanistas que acabaron en la hoguera, sino también los comerciantes: detrás del trágico rostro desfigurado  de Giordano Bruno se divisaba la mirada pícara de Jacques Coeur, el comerciante de Brujas que vigilaba atento en medio de sus quehaceres desde el mostrador…”

 Escritor de éxito en el periodo de entreguerras, que había residido largamente en Paris frecuentando a poetas como T.S. Eliot y Tristan Tzara o Ezra Pound, a pensadores como Unamuno, a novelistas como Joyce, Hemingway, Fitzgeralt, Faulkner, no quiere abandonar su patria, porque necesita sumergirse en la lengua húngara, en la que escribió siempre, para crear. El escritor nos advierte de que el húngaro es fruto del esfuerzo solitario de los escritores y poetas de su país, pues al ser una lengua que no tiene más pariente que el lejano finés, no puede acudir a idiomas hermanos para su evolución, como lo hacen los idiomas latinos, sajones o eslavos. Pero también dejó a Europa para refugiarse en su país, porque la Europa de la posguerra no le atrae por su “falta de una misión”. “Una Europa económicamente unida, sin conciencia de su misión, no puede convertirse en una potencia mundial como lo fue durante siglos, cuando sí creía en sí misma y en su tarea”, son sus acertadas conclusiones sobre la evolución de nuestro continente.

El totalitarismo del Régimen comunista de su país,  inhumano y  esterilizante de cualquier pensamiento creador, le fuerza a exilarse a EE. UU. en 1948, refugiándose desde entonces en su idioma como su única patria. Habiéndose prohibido sus obras en su país y siendo el húngaro un idioma minoritario y especialmente difícil para el extraño, Màrai se sumió en el olvido y terminó suicidándose en 1989, ya muy anciano (había nacido con el siglo), poco antes de la caída del muro de Berlín, de la disolución de los regímenes comunistas y del lento descubrimiento de sus obras, que lo ensalzarían hasta ser reconocido hoy como uno de los más importantes novelistas europeos modernos.
Antonio Envid



(1) En su libro Confesiones de un burgués, el autor dedica algunas páginas a los españoles que conoció en Paris. Relata como veía a Alfonso XIII en el vestíbulo del Hotel Riz hablando con su embajador Quiñones de Benavente y como más tarde asistió como reportero a la llegada de la reina a la Gare d´Orsay hacia su exilio, “…la vi llegar y echarse a llorar…”. Por los cafés de Montparnasse trató con varios de los exilados españoles, que se dejaban caer por los cafés Dôme y Rotonda. “Todas las tardes pasaba por allí Unamuno con sus suave sonrisa de sabio, aguantando las incomodidades de la emigración forzosa con comprensión y serenidad; a su alrededor se reunían los intelectuales y los aventureros de la nueva España, oficiales, filósofos, escritores. A mi me gustaba estar con ellos.”…”El exilio de los españoles parecía casi romántico…”. “Francesc Macià, jefe de tribu de los exiliados catalanes, era de un nacionalismo tan apasionado como el de sus enemigos, los que se habían quedado en casa, como Primo de Rivera y los demás generales, que iban blandiendo sus sables; y el que los observaba después de medianoche, en la borrachera del coñac en vasos de agua, no comprendía con exactitud lo que separaba a los españoles de los “opresores” que se habían quedado en España.”

sábado, 21 de mayo de 2011

¿OBVIO? (Vladimira Pund)

Fotografía: Pepe Arnau

“Lo difícil no es lo que parece difícil, ni siquiera lo que parece fácil: lo realmente duro (...) es no pasar por encima de lo obvio… nos puede parecer que cualquiera ve lo obvio, pero no es así: por ejemplo, yo preguntaría: ¿qué es lo que un vehículo automóvil hace durante más tiempo? Es obvio, pero pocos caerán en la cuenta de inmediato, como correspondería a lo obvio. Pues bien, lo que hace durante más tiempo es esperar.”

Vladimira Pund
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