sábado, 19 de septiembre de 2026

OTOÑO EN ZARAGOZA (Antonio Envid)

 

Imagen generada con IA (Gemini)

El verano se está haciendo el remolón, parece renuente a abandonarnos, pero no seamos ilusos, ya acaba. Llega el otoño, ese tiempo ambiguo y traicionero, que tanto gusta a poetas y sensibleros. ¿Está sobrevalorado el otoño? Cientos de canciones y cientos de poemas se han encargado de ello. ¿Quién no canturrea Automn Leaves al rememorarlo? Pero como digo, el otoño es como una falsa amante, nos seducirá y castigará al mismo tiempo. Los días irán acortando, entraremos lentamente en el tiempo de las sombras, y la realidad, los problemas, las urgencias vitales se presentarán, a menudo, abruptamente, para despertarnos de la modorra veraniega.
Pero el otoño, como casquivana amante que es, nos seducirá con algunos dones. Las tristes regiones septentrionales aguardan con ilusión los vinos jóvenes que les trae este tiempo. Los federweiser, los sturm, esos vinos locuelos que no soportan el encierro en la bodega y hay que consumirlos cuanto antes para que no se estropeen. Solo los alegres valses vieneses y los cantos zíngaros pueden hacerlos tolerables. ¿Y qué decir de los beaujolais, que el genio comercial francés los ha hecho predilectos de exquisitos à la page? Por estos pagos, en cambio, preferimos los vinos que han adquirido sabiduría en largas horas de reflexión en las oscuras cavas. No voy a hablar del mostillo, para no echarme a llorar en medio de esta página. Mi abuela se llevó con ella la receta y ya nadie podrá devolverme esos memorables momentos de mi infancia en que unas cucharadas de mostillo borraban cualquier tragedia infantil.
Para mí, el verdadero don del otoño son las voluptuosas uvas, blancas, negras, doradas, igual me da, esas gloriosas esferas que nos traen encerrado todo el sol del perdido verano. Suelo escuchar, cuando les hinco el diente, como un eco de los alegres viñadores que las han vendimiado y me trasportan a un mítico mundo de holganza dionisíaca con sátiros y ninfas saltando a mi alrededor.
Andan los bodegueros coterráneos meditabundos. El consumo de vino está cediendo en favor de la cerveza, y eso se nota en la caja. España, el mayor productor de vino del mundo, se siente abandonar por sus parroquianos. Los jóvenes, y no tan jóvenes, dejan el virgiliano mosto fermentado para abrazar esa bebida de bárbaros germanos, más propia de equinos que de cultos borrachines.

 

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