lunes, 21 de enero de 2013

VERICUETO MULLIGAN LLEGA A LA ISLA (Servando Gotor)

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Vericueto Mulligan llegó a la isla como un turista cualquiera, pantalón corto de franela, sansonite, mochilita a la espalda, gafas de sol, gorra de tenista y una guía Berlitz de Budapest. El AVE lo dejó en la estación de Delicias a las nueve en punto de la mañana. Zaragoza le recibió con una buena bofetada de calor. Y al tomar un taxi ni se enteró de que el conductor había rechazado previamente a su compañero de asiento, el joven aquel tan educado y tan serio que parecía un juez del Mississipi. Además debía de ser melómano perdido porque se pasó el viaje con los auriculares en los oídos. 
- Al Royal Augusta Metrodoro Building, plís. 
- Buen hotel, vive dios. 
- No admiten perros y lo anuncian en la tele. 
- Ah, mire, eso no lo sabía yo: que lo anunciaran en la tele.
- Me lo recomendó mi turoperador, ¿sabe? 
- Su turoperador, ya. Entiendo. 
- Buen tiempo tienen por aquí, ¿eh? 
- Ayer, sin embargo, tuvimos un día muy malo. Y es que cuando sopla el cierzo, cuando le da por soplar al cierzo... En esta isla ya se sabe. Pero no se fíe, no se fíe, mire arriba, esa nube alargada con forma de gatos siamés. Ya veremos, ya veremos si no nos cae un buen chaparrón. 
- Ay, qué maravilla, ¿no es eso el zoco? 
- Sí señor, el Zoco de Matalascañas: Mudejar tardío, siglo XVIII con lazos y labores de Mahoma Rami. Ahí lo tiene. El mismísimo Zoco de Matalascañas. 
- Aquí lo pone, sí; mire, aquí lo dice: de lunes a sábado en horario comercial. Visitas guiadas todas las mañanas de 10 a 12. Imperdible. 
- ¿Imperdible? ¿Para qué quiere un imperdible? 
- No, por dios, lo dice la guía: Imperdible la visita al taller de abanicos digitales donde podrá degustar el conocido revuelto, bebida típica de la isla. 
- Ah, sí ¿eh? Hablan del revuelto, qué cosas. 
- Estas guías son muy buenas. 
- ¿Y del Mahoma Rami, hablan del Mahoma Rami también?
- ¿Del Mahoma...? A ver déjeme que lo mire. Hmmm... se visita la fábrica de porcelanas... donde recomendamos... un descanso reparador con un café brulé o carajillo... hmm... encontrará de varios precios tamaños y color... y sólo en pocos minutos... los famosos diamantes de Amberes... allí podrá admirar las fabulosas alfombras de… donde también puede adquirir... hmmm... Pues no, no hablan del tal Rami. Pero mire, mire, el Puente de las Cadenas sí que sale. 
- Ya me lo parecía a mí, ya. Fíjese, esto es el Coso. Aquí, a la izquierda, el Edificio Adriática. No, no se moleste, seguro que no viene en su guía. A la derecha, el Palacio de los Luna, actual sede del Tribunal Superior de Justicia de Aragón. Renacimiento, Siglo XVI, merece la pena fijarse en el patio, los azulejos y la portada, de gran similitud, aunque ésta más majestuosa, con la del palacio de los mismos Luna en Illueca. Ya en el interior, diversos artesonados producen escalofríos a todos, se sienten en el banquillo o no. No, no, déjelo, seguro que en su guía no hablan de los artesonados. Y al fondo, ¿ve al fondo ese edificio antiguo? Son los escolapios. 


Narciso de Alfonso
Servando Gotor






sábado, 19 de enero de 2013

LA MUERTE DEL ESCRITOR (Juan Serrano)




Si escribir es morir, como decía Maurice Blanchot, ¿acaso no es también resucitar?

El otro día, con motivo de la presentación de Molínea 33, un contertulio decía que a él más le importaba su obra, que su autoría, y que por tanto el escritor debía desasirse, desaparecer, morir en sus letras. Y yo entonces me acordé de Lacán, cuando dice que el goze es la castración. Y así, nos afanamos en huir de la realidad, para encontrarnos en la representación, en la palabra, en el concepto, como idea de lo universal frente a lo perecedero.

Los que, como mi amigo contertulio, afirmamos altruista y modestamente, que el escritor debe autoinmolarse en aras de su libro, ¿acáso no nos engañamos y mentimos disfrazándonos de superhombres humildes? Pues como muy bien comentaba otro compañero en la tertulia, nadie escribe para no ser leído. Y al no poder perpetuarnos y trascendernos después de muertos, lo que hacemos es desearle al menos la suerte de la inmortalidad, si fuera posible, a algún escrito nuestro.

Y al hilo de la muerte-resurrección del escritor, pienso que, si de las tantas cartas que me enviara mi madre, los años que en mi juventud estuve alejado de la casa familiar, hubiese guardado siquiera alguna de aquellas sencillas, queridas y espontáneas epístolas, hoy, al poder releer, aunque sólo fuese su firma, la tendría a ella misma en persona, aquí ahora a mi lado, eternizada en este instante.

Y otro sí final. Recuerdo aquel día en clase de Literatura que me preguntaron por el año de nacimiento del autor de La Divina Comedia, y no supe que decir. Sin embargo aquella su inmortal frase a la puerta del infierno, Lasciate ogni speranza, voi ch'entrate, nunca se borrará de mi memoria. Que llevo a Dante resucitado dentro de mí hasta que muera. E incluso, muerto yo, en sus letras, como en el nogal de mi huerto, seguirán posándose las palomas de mi vecino en este invierno de primavera.



Juan Serrano
(En el blog Blao
9 enero, 2013)



viernes, 18 de enero de 2013

QUIERO... (Narciso de Alfonso)

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Quiero mi armonía, mi longitud, mi astro, pero sólo encuentro ríos enemigos, minutos verdes, rastros de cianuro. 

Quiero mi referencia, mi nombre, mi calor, pero sólo encuentro minerales crudos, individuos sin mirada, líneas nocturnas. 

Busco mi pasión, mi mente, mis medidas, pero sólo encuentro uralitas rotas, plásticos sin velocidad, cráneos sin dueño. 

Quiero mi hueso central, mi argumento, mi cifra, pero sólo encuentro seres difuntos, gatos abandonados, pieles polvorientas. 

Busco mis ojos, mi tiempo, mi alma, pero sólo encuentro aves derribadas, alambres fríos, colores con miedo. 

Busco mi clima, mi edad, mi fuego, pero sólo encuentro energías mortales, vientos amarillos, manchas enfermas. 

Quiero mi sosiego, mi carne pura, mi elección, pero sólo encuentro sustancias dolorosas, extensas heridas, kilómetros vacíos. 

Busco mi luz, mi suelo, mi sabor, pero sólo encuentro valles sin tamaño, cambios de sitio, líquidos de la tierra.



Narciso de Alfonso
Cuescos


miércoles, 16 de enero de 2013

MIENTRAS EN LO PROFUNDO DEL MAR... (Ángel Ferrer)

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Mientras en lo profundo
del mar
el mayor pesar descansa
en sus playas inmóviles
que la luna
intenta mover

Las silenciosas lágrimas
de la madre tierra
son ríos ocultos
en grutas ignoradas
que al desembocar
son rescatados por el sol
que los convierte en lluvia
atravesándonos
deteniéndose así
su eterno llanto


Ángel Ferrer

martes, 15 de enero de 2013

REFLEXIONES DE UN PROSTÁTICO.- SOBRE MÚSICAS Y OTRAS MURGAS (Armando Muchabulla)






“He aquí, el sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno. El que tiene oídos para oír, oiga”. (Mateo, 13) 


Inicio aquí una serie de reflexiones que Dios sabe por qué veredas me llevarán. De momento comenzaremos con la parábola del sembrador, pero no salgan corriendo, que nos soy cura de aldea ni tengo vocación de predicador, lo que ocurre es que viene aquí como pedrada en ojo de boticario. Es cierto que de esta levítica ciudad cesaraugustana han salido Eva Amaral y Juan Aguirre, Enrique Bunbury y sus Héroes del Silencio, y hasta alguno más de los que no quiero hacer el esfuerzo de recordar ni de olvidar. Junto a estas rutilantes estrellas ¡cuántos grupos musicales, cuantos cantantes y músicos con verdadero talento, que habrían fructificado de haber caído en buena tierra! Cuánta semilla caída en pedregales o agostada o ahogada por una atmósfera nada propicia para prosperar. Quien tenga oídos, que oiga. 


Viene a cuento todo esto porque he visitado la muestra de fotografías y recuerdos de una vetusta Zaragoza retrotraída a los años sesenta y setenta, del pasado siglo, claro, ¿de qué otro iba a ser? Maldita nostalgia, esa es enfermedad del alma que la envenena, la desgarra y la deja como un estropajo usado, de modo que no suelo usar de esta droga, pero, a veces, la tentación es un abismo que nos empuja a él y nos queda otro remedio que dejarnos despeñar por él. Se muestran allí fotos de Gavy Sander´s, Rocky Kan, Chico Valento. Verdaderos genios que se ahogaron en esta tierra carente de profundidad. Oh noches de Corinto y de Pigalle, perfumadas noches de cubalibres y rock and roll, noches intensas de Oasis y Capri. Profundas y abismales noches sin orillas de Orquídea donde todo era posible, Pepe de Zaragoza observándonos a través de sus gafas de escafandra de Nautilos mientras tocaba dos guitarras a la vez o a Chico Valento cantando el último rock, calentito, recién salido de la base americana. 

Gavy Sander´s, Rocky Kan, Baby, Chico Valento, el rey del twist. Padres fundadores de una nueva religión, el concierto para jóvenes que se creían rebeldes y que tenían causa. Debeladores de ñoñeces y banalidad, de chiclés duos dinámicos, karinas y marysoles, de copla y botijo. Heraldos de otros mundos, que habitaban entre nosotros aunque no los reconociéramos. Ventanucos abiertos a un aire fresco que entraba en esta mansión cerrada, de ambiente enrarecido. ¿No es increíble, que en esta provinciana ciudad, sumida en una larga siesta algodonosa amparada por la boira del Ebro, en un clausurado país, la España de los sesenta y setenta, se abrieran una tempranas flores que nos traían el perfume del mejor rock que triunfaba en el este americano? Con imposibles equipos de sonido, con un inexplicable inglés de acento maño, o con tempranas traducciones, sonaban “El rock de la cárcel”, “Popotitos”, “Ahí viene la plaga”, “Speedy Gonzales”, “Blueberry hill”……. Todo lo clásico, todo lo inmortal, el rock grande. Toda nuestra esperanza cabía en unas horas de rock y cubata, el resto era plomo y cenizas de cuaresma. 


Armando Muchabulla    




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