miércoles, 26 de diciembre de 2012

UNO HA LEÍDO A BRUNNER... (por Bruno Taxil)

SGS

La gente quiere historias prohibidas, y basta.
El cementerio de Praga (Umberto Eco)

(Entrada ya subida el 21/12/10)
Acabo de recibir este anónimo, brutal a mi entender, y lo publico tal cual, con el pseudónimo que incluye.  La imagen que pongo, una de las esculturas del puente de Praga, me viene al pelo, primero porque acabo de leerme El cementerio de Praga, de Umberto Eco y, segundo y principal porque, la verdad, el pseudónimo y el contenido de este envite son tan crudos y reales que enganchan por increíbles.  SGS

Uno le ha leído a Brunner (¿Karl, Konrad, Guido, JJ? Es igual: la precisión es una ordinariez) aquello de que en una situación de anarquía primaria, primigenia, primitiva, el hombre tiene 3 opciones: A: puede producir, comerciar, intercambiar. B: también puede asignar recursos para proteger esta actividad, promover el Estado. C: y también puede vivir del botín, dedicarse a robar como un nómada o un pirata.

A, B, C. Pues bien, Brunner (¿Konrad, Karl, JJ? Qué más da: la exactitud es una vulgaridad) sigue diciendo que en virtud de la mano invisible, el excurso de aquel sentimental de Smith (¿Adam, John, Janiro? Qué importa, la obsesión por el detalle es un signo de pobreza mental), la opción A es un juego de suma positiva (teoría de juegos, ya saben: en los de suma positiva todos ganan; en los de suma cero, si uno gana otro debe perder), la opción C es un juego de suma cero. Para proteger el juego positivo y eliminar el juego cero, se promueve B, el Estado, del que deriva la organización política.

Ya no es necesario tomarse la justicia por la propia mano, pero la contra-partida es clara: se adjudica al Estado el monopolio de la fuerza. Aparece a su vez un objetivo inmediato e importante para los que quieren dedicarse a la actividad C (ladrones, maleantes, piratas, malhechores, mindundis, parias del mundo, nómadas, piernas): la captura de B, ya que si un ladrón puede hacerse con el Estado, la rapiña es mucho más fácil. Así, las estructuras políticas son, en esencia (esencialmente) ambivalentes, ya que en cualquier momento el poder puede quedar en manos de gente que no va a ejercer la actividad B, sino la C (una de las 3 españas ha de helarte el corazón, ya lo dijo el poeta).

Para un liberal, el único juego positivo es A, ya que para él B y C son equivalentes, se identifican. Los socialistas consideran que sólo B es el juego positivo, ya que A inevitablemente se transforma en C: el remedio de todo y la clave de la economía es la actividad estatal –en manos socialistas, se entien-de-. A modo ilustrativo: para un marxista, C es indiscernible tanto de A como de B: solamente por un despliegue dialéctico, A se liberará tanto de B como de C: una sociedad economicista autorregulada que no necesita del Estado.

Es tesis liberal que el político quiere (si no, no sería político) mandar, figu-rar y vivir bien. Y esto es aún peor ya que se trata de vicios públicos, no priva-dos. Todo burócrata, todo el que pertenece a la estructura del Estado, robará (actividad C) por que no es productor (si quiere producir le sale mal). No se tra-ta de un robo corriente. El que quiere mandar y figurar es un derrochador, gas-ta lo que no es suyo. Los socialistas replican: la intervención del Estado es la única manera de compensar la rapiña económica. A través de un sistema im-positivo se consigue la distribución de rentas, es decir, el reparto equitativo del botín que los capitalistas, que son malos, han acumulado. Según los socialistas, si A es igual a C, en la medida en que se controla A se reduce C. Ahora bien, una política basada en redistribuir el botín quizá reduzca C, pero también lleva a la quiebra. Es claro que los argumentos liberales y socialistas se entre-cruzan y que ninguna de las posturas aporta una solución aceptable.

Para los socialistas, sólo las actividades estatales tienen justificación ética: la intervención del Estado en la economía corrige el juego de suma cero. El socialismo en el poder aumenta el intervencionismo estatal, y, a la vez, recaba para sí el monopolio de la justificación ética. De todos los agentes sociales, el único legitimado éticamente es el Estado. La contrapartida es la destrucción de la ética privada. Los únicos sujetos éticos son ellos, precisamente porque remedian las injusticias a que da lugar la iniciativa privada, maligna. El remedio socialista a lo que entiende como egoísmo privado es un remedio sancionador, no es un enderezamiento de la actividad privada que la dote de valor ético. El Estado monopoliza la justificación ética de las actividades sociales.

Sólo la actividad estatal es ética porque se hace en beneficio de los des-poseídos. El Estado construye las carreteras, los hospitales, el Estado distribuye la renta, apoya al débil frente a la prepotencia de los poderosos. Pero la justificación ética del Estado no se comunica a la sociedad ni al individuo. La actividad individual sigue careciendo de ética. El Estado le pone remedio, pero no la sana. El socialismo es aquella doctrina que sostiene que no hay más ética que la pública; hablar de ética privada no tiene sentido; el individuo es inmoral, lo mismo que dice Smith (¿Malcom, James, Adam? Da igual, la manía de la exactitud indica escasa imaginación). Lo único bueno es esa máquina todopoderosa, repartidora de bienestar, solucionadora de las injusticias, que se llama Estado.

No tiene sentido hablar de ética privada: esto es lo más peligroso del planteamiento. La actividad individual no es susceptible de calificación ética. Esto es exactamente lo mismo que decir a la gente: haga usted lo que quiera, todo le está permitido. Cualquier actividad que no repercuta en los demás, que no sea pública, está permitida. El único modo de ser hombre es ser funcionario. El socialismo es liberalismo radical en lo que toca a la libertad privada. De la propia vida cada uno hace lo que quiere, porque su vida en cuanto que es suya es la vida de un animal.

¿Cómo se puede decir que es ética la actividad de un cuidador de anima-les? Si se considera que el hombre en cuanto que individuo no tiene que regir su vida por ningún criterio ético, suministrarle lo que apetece también carece de valor ético.

La crisis de la estructura social basada en que no existe la ética individual afecta a la administración de justicia, al derecho civil y al penal y descontrola el derecho administrativo. En segundo lugar, abre paso a la sociedad de consumo. El manto del Estado providencia se extiende sobre una relaciones sociales abandonadas a su propia insignificancia. El consumo igualitario sin responsabilidad alguna hace también insignificante la iniciativa privada desde el punto de vista de la producción. Los bienes que están justificados éticamente corren a cargo del Estado; las industrias privadas solamente pueden producir chucherías, atiborrar al consumidor de cosas superfluas.

Un ente privado no está legitimado para señalar los errores del político monopolizador de la ética. El Estado providencia ejerce un tutelaje verdadera-mente sorprendente. Dedicado a producir lo superfluo, la capacidad del empresario al que el Estado incapacita para el servicio público, se desvencija.

El consumo separado de cualquier justificación es ahora el pacto social. Cada cual consume lo que quiere con la garantía del Estado. En este pacto hay una petición de principio. ¿De dónde saca el Estado los recursos para asegurar el consumo universal? Se admite que hay un sobrante, pero su reposición no está asegurada.

No se actúa por egoísmo y por ambición, sino por ser hombre, que no es lo mismo. En la medida en que los actos carecen de valor, el ser humano es insignificante. A veces se considera que la ética es un conjunto de deberes onerosos, o una prohibición de lo agradable que impide la autorrealización es-pontánea. Pero la ética es más bien la garantía de la propia dignidad. Un ser sin dignidad es radicalmente contingente y por tanto también es contingente su acción: lo mismo da que haga una cosa u otra; por contingente, su hacer no tiene resonancia.

Bruno Taxil
































2 comentarios:

  1. Está bien este artículo de Bruno Taxil.

    Son ustedes un grupo de intelectuales y artistas a los cuales es grato leer. Sobre un mismo asunto hay una gran diversidad de puntos de vista, lo cual es enriquecedor para los que los leemos, hasta podemos tomar partido, etc.

    Algunos, cuanto más visitamos el blog y los leemos, más cuenta nos damos de lo lejos que quedan intelectuales y artistas de nuestra persona.
    La identificación, por ejemplo en mi caso, cada vez es mayor con "El Cartero de Neruda" de Steiner.

    isabel

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  2. Uno, que no ha leído a Brunner, pero que tiene la funesta manía de pensar (con el esfuerzo que cuesta y lo poco reconocido que está) hace tiempo que ha llegado a la conclusión de que la peor dictadura es la democracia, precisamente por el motivo que dice el autor del artículo: porque la democracia desposee al individuo de su patrimonio ético y la transfiere al Estado.
    En las dictaduras, cuando más abyectas mejor, cualquier rebeldía se basa en que el individuo posee la razón ética y el Poder carece de esta legitimación por definición. La rebeldía, la lucha contra el poder, está moralmente justificada, pues es se lucha por un bien superior, que es la libertad del individuo frente al poder sin legitimar de unos pocos, aunque éstos traten de legitimarse diciendo que están defendiendo valores superiores como: LA PATRIA, la civilización cristiana o las virtudes de las vitaminas…
    En las democracias, en cambio, el rebelde, el opositor, no puede ser sino un loco, un malvado traidor o un terrorista, ya que carece del patrimonio ético que posee el Estado, libremente elegido por la mayoría, que defiende y protege los valores que esta mayoría libremente ha escogido como protegibles. La realidad es muy otra: esa mayoría es manipulada por sutiles instrumentos (medios de comunicación, de información, más bien de desinformación, utilización de las poderosas fuerzas de la propaganda) y con refinados medios de presión, sobre todo la autocensura (si dices o haces esto serás repudiado por la comunidad, o sea que, cuida con lo que dices y con lo que haces, se “políticamente correcto” y serás feliz y admirado por los tuyos).
    En lo que peca de optimismo el autor del artículo es en afirmar que la democracia socialista deja un espacio de libertad al individuo: su vida privada. Desgraciadamente no, la democracia socialista crea un Padre-Estado, somete al ciudadano a un estado permanente de minoría de edad. Él es el que sabe que es lo que te conviene: no debes fumar y te lo prohíbo, entra en la cámara más secreta del matrimonio y te dice lo que es correcto en la relación de pareja y lo que no (véase si no la presión ejercida a la esposa de Antonio Puerta para que admitiera que su marido no era un enfermo, sino un agresor) en el cuarto de estar de los padres para decirles como tienen que educar a sus hijos, si los pueden corregir o no, lo que tienen que darles de comer… a la vez entra en las aulas para demonizar al maestro que no sigue las consignas del Poder en una aberrante aplicación de la “libertad de cátedra”
    Quién dijo aquello de “Libertad, libertad, cuantos crímenes se cometen en tu nombre”

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