martes, 11 de mayo de 2010

JAVI

JAVI

CRÓNICA EN RUINAS (Por Azulenca)


Vamos por buen camino, por el camino perfecto para ir a la ruina. Esta semana se han retratado Rajoy y Zp; la importantísima cita para tratar el tema de la crisis se ha quedado reducida a una foto. El presidente del gobierno de España no se ha puesto de acuerdo con el jefe de la oposición para dar una solución. Zp no quiere sacrificar a los más débiles, pues bien, gracias a tan buen principio no habrá sacrificios; pero esta medida nos conducirá a la inmolación o al suicidio colectivo.

Entretanto en Grecia el malestar y los disturbios crecen diariamente. Yo tengo una solución, una buena solución. Los griegos han sido saqueados y expoliados, casi todos sus tesoros están dispersos por el mundo, en Alemania hay unos cuantos. Pues nada, la solución ideal sería que los griegos vendieran el Partenón a los alemanes y listo, deuda saldada. Angela Merkel estaría encantada y lo griegos libres de deuda.

Otro que se ha puesto de moda semanalmente es José Bono. Tengo una duda: a quién molesta José Bono. José Bono es desde hace mucho tiempo un divieso en el partido del puño y el capullo. Siendo Bono presidente feudal de Castilla La Mancha ya molestaba, daba mucho la lata e interfería con los intereses del partido. Para quitarle diplomáticamente la presidencia autonómica le ofrecieron el cargo de Ministro de Defensa, que él ingenuamente aceptó. Su toma de posesión en pleno corazón del Paseo La Castellana fue espectacular y variopinta, parecía Sancho Panza a su llegada a la Ínsula de Barataria, sólo le faltó Rucio. Los invitados pusieron la guinda a tan goloso pastel: lo mismo un cardenal, que un cantante, que un director de periódico… ¿Y el discurso? Pues al estilo también de Sancho de Panza. En los mentideros madrileños se decía que lo habían hecho Ministro de Defensa para quemarlo políticamente, y casi lo consiguieron. Ahora, con un poco de mala suerte, le van a dar la puntilla con tanto piso, tanto apartamento y tanto ático. ¡Ah! Y los caballitos. Después de los logros conseguidos con esos implantes capilares ahora se le va caer el pelo. ¡Lástima!

Creo sinceramente que esta legislatura va a pasar a la historia de nuestra democracia como la peor, como la más siniestra. Conceptualmente la podríamos definir como una legislatura con mucho sexo y poco seso, con mucha paridad y poca calidad. En fin, esta semana se ha mascado la tragedia en la bolsa; pero Zp con su clásica habilidad a la hora de negar la evidencia, una vez más, envolvió la realidad. ¿Cuánto tiempo podrá ocultar la verdad? Los griegos al menos pueden vender el Partenón y ¿nosotros qué podemos vender?

Si no podemos vender nos podremos jugar a la baraja de las familias, familias políticas, se entiende. Tenemos familias de postín como la familia Pajín, de tronío como la familia Aído, con mucho caché como la familia Chaves, con mucho tono como la familia Bono…

¿Y la oposición qué? Pues pasiva, no sé si pasiva refleja, pero pasiva; cuando se deja oír parece un coro gregoriano de esos que inducen al sueño. El nuevo slogan de Mariano: Retos y Soluciones. ¿Les suena bien este lema? A mí me suena como a chapuzas, como a saldos o una cosa parecida. ¿Quién habrá sido el genio de la frasecita?

Azulenca



Foto.- Valle de los Templos. Agrigento (Sicilia).





CAMINANDO POR NUEVA YORK CON UNA BOLSA DE PRADA Y ZAPATOS DE TACON


(Texto remitido por Arcadio Muñoz quien dice que su autora es una niña de 14 años)*


Sé lo que piensas, lo que ronda por tu cabeza, todo aquello que te preocupa. Todo. No son las mejores palabras para presentarme pero qué puedo decir, si dijera otra cosa estaría mintiendo. Soledad, adoro esa palabra. No tener contacto con las personas, solo observarlas, sin hablar, sin ningún tipo de relación, las cualidades perfectas para ser un buen espía.

Hace frío, es invierno pero la gente camina por las calles, deprisa, muy deprisa. Abrigos de colores, de todos los matices que puedan existir, desde el más inmaculado blanco hasta el sombrío y oscuro negro.

Camino. Sigo a la multitud, miento, solo sigo a una persona. Katherine Owens, ese es su nombre, rubia, ojos verdes, tez bronceada, probablemente por varias sesiones de rayos UVA. Lleva una bolsa de Prada en la mano izquierda, en la derecha un móvil. Empieza a marcar, 134743? La mayoría de las personas no sabrían el número que Katha, para sus amigos, ha marcado pero yo no soy como el resto de las personas.

Katha se gira, mira a la derecha, nerviosa, después a la izquierda. No hay nadie, respira tranquila y empieza a hablar con Jake. Sólo por si acaso me separo de ella unos diez metros, no la pierdo de vista. Sé todo sobre ella, desde que por las mañanas desayuna tostadas con mantequilla y azúcar hasta que su clase de yoga es de lunes a jueves de siete a ocho de la tarde. Katha habla, se sonroja, no sabe qué
decir, a pesar de que en su cabeza tiene una idea bastante clara, que se resumiría en: ¿Quedamos a las nueve y cuarto (hoy es viernes) en The Plaza Hotel? Tal vez el miedo impida que lo diga o simplemente espera que lo diga él. Miedo, no entiendo esa sensación, sin embargo, todos mis clientes, o idiotas como yo los llamo, tienen eso en común.

Los Red Hot empiezan a sonar en el bolsillo de mi pantalón: How long how long will I slide Separate my side I don't I don't believe it's bad Slit my throat It's  all I ever.  Miro la pantalla de mi Sony Ericsson: idiota Owens llamando. Contesto, a veces las personas necesitan reírse.

-Owens, ¿se puede saber qué narices quiere?

-Yo, yo?yo? sólo quiero saber?..

- Venga vaya al grano que no tengo todo día.

-¿Está con el tío ese?, ¿quién es? Voy a partirle la cara.

- Cuando sepa algo ya se lo diré, mientras tanto no me moleste y no llame.

Le cuelgo antes de que le dé tiempo a decir algo más. Owens. Que hombre tan ignorante, si supiera la triste realidad, si  conociera todo lo que yo conozco. Los secretos de su mujer, cómo cada noche, miento, cómo cada viernes se cita en secreto con Jake, el mejor amigo de su marido, en The Plaza Hotel para después pagar con la tarjeta de crédito de Owens. Otro caso de infidelidad para añadir a mi interminable lista. Desde que ese hombre entró a mi despacho supe exactamente como acabaría: lloros, gritos, un porqué, abogados, juicios y finalmente los papeles del divorcio y veinte años de matrimonio perdidos, además de pagar mensualmente una pensión para su mujer y sus dos hijos, Kevin y Heidi. Owens estaba arruinado, seguramente acabaría suicidándose o en algún psicólogo que le mataría igualmente con pastillas antidepresivas. Otro idiota menos, esa era mi teoría sobre la muerte.

Miro hacia delante. Katha sigue allí, sus rizos dorados se mueven con gracia mientras camina por Wall St. Un hombre alto y moreno con Ray Ban pasa al lado de Katha. La toca, Katha se aparta, el hombre se da la vuelta y le mira el trasero.

Bonito culo, piensa y sigue su camino. Estallo a carcajadas, en mi cabeza claro. Vuelvo a mirar a Katha, es guapa. Guapísima. Ahora comprendo por qué engaña a Owens, aunque ya lo sabía desde el principio pero ahora todo está más claro y esos insignificantes problemas en la cama se quedan solo en problemas y el quid de la cuestión se resume en que Katha se ha vuelto a enamorar pero no de su marido.

Sigo a Katha. Entra en Tiffany's. La espero apoyado en una farola y cojo un periódico para disimular, aunque sé que no lo necesito. ¿Qué idiota iba a sospechar de un tío con chándal Adidas, camiseta blanca de algodón y barba recortada cada martes en Nubia?s? Pasa media hora y Katha sale, ahora con dos bolsas en la mano izquierda. Comienza a caminar, gira, acaba de decidir que va a Times Square. Mete la mano en su bolso y saca unas gafas de Dior, se las coloca tapando sus ojos verdes. No puedo mentir, se ponga lo que se ponga siempre está guapa.

Times Square. Me encanta ese lugar, pasas desapercibido quieras o no quieras, es perfecto. Katha entra en el metro. Eso es raro, muy raro, ella siempre coge un taxi, bueno mejor, así me evitaré pagar diez dólares. Katha baja los escalones, uno, dos, tres, siempre elegante, no mira al suelo pero tampoco lo pierde de vista, no quiere caerse y manchar ese precioso conjunto de Chanel.

Pasan cinco minutos, llega el metro y ella sube. Espero unos veinte segundos y la sigo. Está sentada al final y mira a su alrededor. Busca algo. Sigo su mirada. Derecha nada, suspira irritada. Izquierda, me parece que no. Se da la vuelta y premio. Allí está, alto, castaño, atractivo, con el pelo desordenado, la cazadora  Levi's en la mano y las gafas de aviador en la cabeza. Katha le sonríe. Él le devuelve la sonrisa y ella se sonroja. Jake se acerca y Katha lo imita. Cuando sus
labios se juntan en un beso frenético saco mi Sony Ericsson y hago una foto: Clic. Perfecto. Dejo de mirar a la guapísima Katha, ya no me interesa, ya tengo lo que quería, ahora ella sólo es un viejo recuerdo que olvidaré dentro de poco.

El metro se para y bajo. No sé donde estoy pero me da igual. Camino media hora y llego a Central Park. Me siento en un banco, saco mi móvil y envió la foto a Owens. Pasan dos minutos y el bajo de Flea vuelve a sonar. No contesto, sé quién es y lo que me va a decir, ya no es asunto mío y por lo tanto no me importa.

Una ardilla se para delante de mí, me mira, la miro y se va corriendo.

Soy como una ardilla, miro, me miran y me voy, sin decir nada aparte de lo que aparento.


* Paula Díaz Beltrán
3º ESO B
Colegio Escolapias Pompiliano

lunes, 10 de mayo de 2010

QUIS HOC LEGIT, STULTUS EST (Antonio Envid Miñana)

El artículo de nuestro amigo Servando “La sumisión de las masas” requiere bastante más que un comentario a pie de página. La estupidez humana ha hecho correr ríos de tinta y le queda bastante recorrido, tanto como nuestra especie. Empiezo pues con una estupidez, la del título, consciente de que no sólo estoy perdiendo el tiempo yo, sino que lo hago perder a cualquier posible lector.

En tiempos, la Universidad de Cervera, sensatamente, declaraba a Fernando VII: “lejos de nosotros la funesta manía de pensar”, remitiendo esta tarea al rey. Eran unos posmodernos “avant la lettre” Hoy que ya hemos superado esta primitiva fase (el Rey no está para pensar, sino para adornar determinados actos, y del Consejo de Ministros se dice que es “donde salta la liebre”, porque es el lugar donde menos se piensa) no vamos a retroceder a tiempos felizmente superados y ponernos a pensar los ciudadanos. Nada, nada… para eso se han inventado los estereotipos, los eslóganes, utilísimos inventos que han liberado a la humanidad de la fatigosa tarea de reflexionar.

Oscar Wilde ya advirtió de que la estupidez es el único pecado verdadero y yo recomiendo a quien no lo haya leído el “Stultitis laus” de Erasmo de Rótterdam, que en España conocemos como “Elogio de la Locura”. Quien no sepa latín, como yo, tiene a mano excelentes traducciones del elogio y es un tomito pequeño y de fácil y provechosa lectura.

El excelente historiador italiano Carlo Cipolla escribió por diversión un pequeño tratadito que tituló “Allegro ma non tropo”, que circuló entre sus amigos, teniendo tanto éxito que no tuvo más remedio que editar y desde entonces, traducido a todas las lenguas modernas, no para de reimprimirse. En él con explicaciones pseudocientíficas establece las grandes leyes de la estupidez humana: 1ª. “siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos que circulan por el mundo”. 2ª. “la probabilidad de que una persona determinada sea estúpida es independiente de cualquier característica de la misma persona”. 3ª. “una persona estúpida es una persona que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener al mismo tiempo un provecho para sí”. 4ª. “las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas y olvidan que, en cualquier momento y lugar, asociarse con estúpidos se manifiesta como un costosísimo error”. De todo esto saca el corolario tan conocido de que “el estúpido es más peligroso que el malvado”.

En fin, entre esto y lo que nos dice Servando Gotor, me parece que es suficiente para pedir, parafraseando al que fue popular locutor de tiempos que quizá no fueran tan grises, Alberto Olivera, ¡Háganme ustedes el favor de ser estúpidos!.

Habitación en Roma (Arcadio Muñoz)

Es raro encontrarnos con una película del calibre de "Habitación en Roma" lo último de Julio Medem, difícil de catalogar dentro de ese cine intimista.

El film comienza con un picado entre de dos muchachas, interpretadas por nuestra Elena Anaya y la rusa Natasha Yarovenko, que salen de una correría nocturna para acabar en la habitación de un hotel donde transcurrirán las casi dos horas de metraje, situación parecida a "El angel exterminador" de Luis Buñuel y "La Huella" de Josep l. Mankiewich.

Las tórridas escenas de sexo se complementarán con una historia de "amor fou", un amor entre féminas jaspeado con imágenes de la Roma Imperial, auspiciado por los cuadros que salpican cada paso de esta historia de mentiras, medias verdades y sobretodo un enamoramiento atroz de nuestras protagonistas. Ellas mismas parecen sacadas de un lienzo, sus desnudos semejan esos cuerpos que podemos admirar en cualquier museo, es como si la Maja de Goya tomara movimiento.

Medem ha conseguido dar vida a figuras policromadas, de tal forma que entran a formar parte de esta historia que nunca sabremos si transcurrió o fue inventada, pero ciertamente cada fotograma nos transporta al mundo que ellas desprecian y ese futuro incierto que a toda costa desean, sin embargo la realidad de sus vidas (Natasha se casa al día siguiente) les hará ver lo imposible de mantener esa relación.

Al amanecer todo se habrá acabado, la cámara instalada en ese abanderado balcón de las ánimas y mediante otro picado, cada personaje tomará una ruta diferente, dejando un final en entredicho, ya que en último minuto las dos desaparecen del plano cinematográfico por el mismo lado.

El personaje interpretado por la actriz Elena Anaya la convierte en quizá la, mejor estrella del panorama cinematográfico español, sus movimientos, situaciones de tristeza, dolor lo eleva al súmmum, siendo un acierto el que Julio Medem haya contado con ella para encabezar este minúsculo reparto.

Arcadio Muñoz

sábado, 8 de mayo de 2010

LA SUMISIÓN DE LAS MASAS (Servando Gotor)

Como casi todas las modas también la moda de ser idiota es una moda idiota. Sí, porque está de moda ser idiota. El idiota triunfa. El ignorante –con su atávico arrojo- campea. El inútil es recibido en sociedad con la admiración imbécil de las imperantes/inoperantes masas estólidas. Hemos pasado de las “masas rebeldes” de Ortega (con, al menos, unas mínimas luces para el disturbio y la barricada) a las “masas sumisas” de Bertolt Brecht cuya simpleza ha conseguido que nuestra sociedad haya degenerado en paz (“¿cómo se pueden reclutar aquí tropas? Sargento mayor, a veces pienso en el suicidio”). Ahí es nada: la sumisión de las fatuas masas.

Y la estulticia es tan atroz que los cuatro mediocres listillos que nos mandan inventan, crean y publican eslóganes insultantes (encima recochineo): “Yo no soy tonto porque compro en ‘media-markt’”. Tela marinera esto de “media-markt”, sobre todo por lo de “media”: un intento más de engaño porque de “media”, nada; más bien “baja” si no “ínfima”. Ya el término “mass media”, parece una redundancia, y por mucho que “media” aluda a los “medios”, los medios son medios por masivos; o sea que ni fu ni fa. Pero usted no sea tonto y compre donde le mandan y lo que le mandan.

Y esto no es nada comparado, por ejemplo, con la nueva campaña de patrocinio del Real Zaragoza lanzada por la cerveza “Ámbar” (“La Zaragozana”). Ya en el 2006, con ocasión de la última final de Copa lanzó otra. Pero se ve que desde entonces hemos cambiado mucho. En aquella el director de marketing de la cerveza decía que “ser zaragocista es una demostración de inteligencia'. Hoy, cuatro años después, se lanza una campaña en la que –entre otras imágenes- está la de un merluzo disfrazado de botella que presume de haber leído a Kant y no haber entendido nada. Se trata –dicen- de “una edición limitada de envases con los colores del Real Zaragoza en tres variantes: azul y blanco, amarillo y negro, y rojo. A partir de ahora y hasta el final de la promoción, los aficionados zaragocistas podrán disfrutar de su cerveza preferida vestida con los colores de su equipo”. (Y la cerveza, ¿qué? ¿Buena?).

Ya ven: “colores”, “imágenes”… “santos”, se les llamaba en mi infancia, en aquella infancia en blanco y negro y conceptual en que los libros tenían muchas letras y pocos “santos”.

Bueno, a lo que voy y concluyo: la imbecilidad va pareja con la “cultura” de la imagen. El cine ya no es lo que era: buena fotografía, buen diálogo, buenos personajes, buena historia (buena narración, en suma). Ahora es sólo “imagen y sonido”. Ya no se distingue una película de un videojuego. Da exactamente igual de lo que trate: lo principal son los ruidos y los colores (casi como las insoportables películas de guerras y puñetazos de mi infancia, lo mismo). El ser humano se diferencia de los animales por su capacidad de abstracción (por su capacidad de crear “conceptos”), de forma que puede referirse a una puerta sin señalarla ni dibujarla: basta con que diga o escriba: “puerta”. Basta con el concepto, la abstracción. Si, como ocurre, abandonamos las palabras en favor de las imágenes, nos vamos idiotizando, animalizando, deshumanizando. ¿Han visto los últimos semáforos? Ya no basta con el disco verde para saber que podemos cruzar. Ni siquiera con el hombrecito verde en ademán de andar. Ahora el hombrecito verde, se mueve: anda virtualmente. De la abstracción del simple color verde al hombrecito verde andando para entender, para saber que podemos cruzar, media un vertiginoso camino de degradación mental que resume perfectamente el paso del hombre a las masas rebeldes, y de éstas a las sumisas. De la distinción a la uniforme obediencia.



(El Comarcal del Jiloca, 30/04/10)
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