martes, 18 de mayo de 2010

EN LA TRASNOCHADA 21 (María Jesús Mayoral Roche)

Sobre Mario Conde (2ª parte)


Villamayor de Gállego 18 de mayo de 2010

En esta trasnochada y al hilo de la precedente, continúo. Después de aquel boom llamado Mario Conde, vino su caída: consecuencia inexorable de la ley causa-efecto. De la noche a la mañana, debido a unas presuntas irregularidades en el Banesto, Mario Conde fue detenido y conducido a prisión.

Pero iré a lo que interesa, su libro: Memorias de un preso. Un libro que no pienso comprar, pero del que he leído algunas páginas, a ratos, en la librería. Me explicaré. Hace tiempo que me hice una lista negra de editoriales, esas editoriales pertenecientes a un imperio que no me merece ningún respeto. ¿El motivo? Una pregunta os dará respuesta. ¿Hacia dónde apuntan todos los escándalos literarios en este país?

Leyendo al albur algunas páginas de Memorias de un preso, he podido constatar que el célebre banquero no sólo carece de gusto literario, sino también de emociones: conociendo su trayectoria no es de extrañar. Como cualquier pésimo escritor, Mario Conde narra su experiencia penitenciaria amparándose en el recurso telegráfico; recurso que utiliza la gente que no tiene soltura para escribir. Digamos que el libro entero es una trascripción lineal y concreta de los hechos que él vivió contados en primera persona, un diario escrito con el único afán de dejar constancia, justificarse y escurrir el bulto.

No quería contarlo, pero lo voy a contar. Y lo contaré porque estoy harta de que ciertas editoriales den voz a personajes notables, sin ninguna autoridad moral, con el sólo afán de vender muchos libros y ganar mucho dinero al precio que sea; algunas de estas editoriales, incluso han dado voz a asesinos que ponían a caldo las instituciones penitenciarias. Y como estoy harta de que se venda tanta porquería políticamente correcta, quiero contarlo aquí. En este país hace tiempo que no se enseña nada y como sólo se fomenta la incultura más sana, diré que todo lo referente al mundo penitenciario lo contó magistralmente un escritor ruso del XIX en un libro que estremece de principio a fin. No hay nada nuevo bajo la capa del sol y todo lo que se escribe en la actualidad sobre este tema me parece ridículo. A continuación pasaré a contar mi experiencia.

Hice mi segunda entrada en la cárcel sola. Recuerdo que aquel día hacía calor y que frente al centro penitenciario había un pequeño bar. Como me sentía completamente paralizada por los nervios, me vi en la necesidad de tomar un café y echar un cigarro. Algunas de las familias que tenían vis a vis en la cárcel, con el fin de no sufrir la espera en la calle, entraron allí; sacaban papeles, libros de familia, salían del bar y regresaban con las instrucciones que les iba dando el funcionario de prisiones. Ver el rostro y la preocupación de toda aquella pobre gente me encogió un poco más el corazón. Se veía gente con pocos recursos, tanto materiales como mentales. Yo contemplaba aquel ambiente aferrándome a mi vaso de café con hielo, a la par que me temblaba la mano fumándome aquel cigarro que me sabía amargo. En aquel estado de agarrotamiento y miedo a lo desconocido, en medio de aquellas pobres gentes con los libros de familia y autorizaciones en la mano; sin saber cómo ni por qué, mi vista se nubló y mi interior se quedó en un estado de recogimiento y silencio absoluto, como en vacío. Jamás había sentido eso. Sólo se me ocurrió hacer una cosa: rezar. Llegó el momento de la verdad. Salí del bar y me dirigí al Centro Penitenciario, una vieja cárcel de galerías. El funcionario me preguntó adónde iba, hice los trámites oportunos y me dio paso; un cerrojo, una puerta, otro cerrojo, otra puerta, un funcionario y adentro. Me encontraba en medio de la cárcel de hombres y yo, única mujer, era la diana de las miradas de aquellos hombres; aquellos rostros, que me miraban con extrañeza, en su mayoría estaban marcados por la droga o la amargura. Sentí que aquellas miradas me intimidaban y que no iba a soportarlo; pero no podía venirme abajo, tenía que aguantar el tipo. En aquel momento alguien me llamó:

- ¡Señorita, señorita! ¿Viene usted a la biblioteca?

Me volví y vi entre barrotes la cara de un hombre de unos treinta y tantos años; sus ojillos parecían asomarse tras unas gafas de recio cristal. Le asentí con la cabeza e intenté esbozar una sonrisa, a pesar de que tenía los labios congelados. Aquella cara imploraba más a la misericordia que a otra cosa. Aquel sentimiento me dejó extrañada de momento, hacía tiempo que no recordaba lo que era la compasión. Él me contestó muy educadamente:

- Los demás están viendo la TV y me han dejado encargado de avisarles en cuanto usted llegue. Ahora iremos a la biblioteca.

Entré en una cabina acristalada. Los funcionarios me dieron las llaves y me acompañaron a la biblioteca. Subiendo las escaleras vi un grupo de hombres que carpeta en mano cruzaba la galería. La biblioteca de la prisión olía a cerrado y lejía rancia. Abrí un alto ventanal enrejado y empezaron a colarse las voces de los reclusos y reclusas que estaban en el patio. Allí, cualquier voz, sonaba a lamento. Al momento hizo su entrada el grupo de presos en la biblioteca, saludándome muy seriamente. La mayoría de aquellos hombres se mostraban retraídos, curiosos y un tanto avergonzados. Siguiendo la recomendación que me habían dado, les dejé unos momentos de cháchara antes de entrar en materia. Esbozando una mueca y haciendo un esfuerzo, les pedí silencio y les dije que mi misión consistiría en acudir una tarde a la semana a la biblioteca y leer literatura, literatura, literatura. Dicho esto, saqué de una bolsa de plástico uno de mis tesoros preferidos y comencé a leer en voz alta: el silencio fue absoluto, aunque se seguían oyendo los gritos del patio como fondo. ¿Quién ha escrito eso? Me preguntaron con impaciencia en cuanto terminé la lectura. Estaban atónitos. Uno de ellos comentó: lo que acaba de leer me ha puesto los pelos de punta. Un revuelo sacudió aquella sala polvorienta y maloliente, y comenzaron a mirarse entre ellos asintiendo a las palabras de su compañero. Ese fue mi comienzo penitenciario.

Repaso mentalmente aquel día y se me nubla la vista, recuerdo aquellas caras, aquel griterío, aquel espectáculo humano… Entrar en la cárcel es muy duro, cuesta asimilar ese mundo y el que diga lo contrario miente. Trabajar y estar al pie del cañón en un centro penitenciario es entrar en una dinámica muy fuerte no apta para débiles. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que hay que asimilar la miseria humana y la cárcel es miseria, la cárcel es un agujero negro y después de la cárcel sólo queda la tumba.

Mario Conde en su libro nos cuenta su visión de la cárcel desde fuera, como si fuera un visitante. Y es que a él se le antojaba que aquella estancia, en aquel hotelito, iba a ser corta. Me cuesta creer que el Sr. Conde, después de haber vivido un fuerte episodio penitenciario, se limite a contar su paso por la cárcel en régimen de estancia. Vamos, algo parecido al que juega a la oca y cae en la casilla del calabozo y se queda unas cuantas partidas sin jugar. Y es ahí donde se retrata Don Mario, porque él no ha vivido el mundo penitenciario puro y duro, él ha estado en un régimen de internado distinguido. He conocido cacos de guante blanco, cabezas de turcos que han pagado las penas de otros y que una vez cumplida la condena vuelven limpios de polvo y paja a su antigua vida de ricachones. Dar un pelotazo te puede llevar de narices a la prisión, pero el patrimonio había quedado a buen recaudo.

----Y después de ver todo lo que se puede ver en un centro penitenciario, digo que me parece indecente que al Sr. Conde se le dé cancha en los medios de comunicación, me parece inmoral que tenga la barra de salir en televisión haciéndose un monográfico a sí mismo y a la medida creyéndose un superman por haber retorcido el mocho de una fregona en la cárcel. Seguro que iba vestido de firma y embadurnado de gomina, porque toda esta gente condenada y que contempla todo desde fuera no pierde sus buenas costumbres. Lo he podido comprobar personalmente. ¡Pero de qué va este personaje! ¿Es que no se ha aprendido la lección? ¿De qué se queja? ¿Y ahora qué quiere? Él tuvo su juicio. Hay gente que ha sido condenada de antemano sin tener un juicio. Me estoy refiriendo a toda esa gente a la que le han robado impunemente y que ni siquiera han podido denunciar el robo, porque en el caso de hacerlo se hubieran tenido que enfrentar con el poder; ese poder que arruina a los pobres y enriquece a los ricos. Y entre toda esa gente que no ha podido denunciar su fusilamiento intelectual estoy yo, junto a unos cuantos más.

El Sr. Conde tuvo su juicio, pudo hablar, pudo ponerse la toga y defenderse y después de tanta pantomima, todavía le dan la posibilidad de hacerse un monográfico televisivo, todavía le quedan agallas para vender un bodrio contando su experiencia de preso distinguido en una cárcel. Me indigna que tipos de esta calaña sigan copando los medios, me indigna que tipos sin ninguna autoridad moral nos den lecciones a los que nos ganamos la vida honradamente, me indigna que pongan a un vividor de ejemplo donde mirarnos. Si tuviera una pizca de vergüenza torera este elemento llamado Mario Conde, debería quedarse en fu finca dedicado a la meditación y promocionando en sus ratos libre el aceite que envasa. ¡Es vergonzoso!

¿Por qué no nos escribe un libro don Mario Conde contándonos sus compras de vidas y haciendas? ¡Mira! Eso sí que sería interesante.


12 comentarios:

  1. Hola Azulenca, de momento no sé qué pensar de este señor porque para variar nunca me interesó.

    Lo que sí tengo claro es que es una auténtica pena que cualquier editorial le brinde una sola línea a alguien que escribe mal, sino que además no refleja la verdad general, la de las personas que no tienen esperanza de que cuando salgan de la cárcel, su vida será mejor.

    Pienso que aguantar en la cárcel sabiendo que te espera una vida mejor, lo hace todo infinitamente más llevadero.

    Sin embargo, estoy segura de que más de uno habrá encontrado una vida mejor y su estancia más soportable, gracias a tu intervención y a la de otras personas que se adentran en ese mundo para llevar algo de luz.

    Este señor tuvo ocasión de gritar lo que es la cárcel, de aportar su granito de arena para que la gente entendamos, y eligió escribir un libro a mayor gloria suya...creo que el egocentrismo es en sí una cárcel del alma.

    ¿A qué obra de refieres? -la del escritor ruso del S. XIX-

    Gracias,

    Vladimira

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  2. Querida Vladimira, esta columna no la ha escrito Azulenca sino María Jesús Mayoral. Hecha la aclaración, te diré que me pareció importante omitir los datos del autor ruso porque para algunos el sólo hecho de nombrar a Dostoievski, en estos tiempos en los que la gente sólo tiene capacidad para leer el bidón gasolina, es añadir un matiz tan innecesario como abrumador. ¿Quién es capaz hoy de comprarse Crimen y Castigo, leerla y comprenderla? Esto lo digo con tristeza porque, salvo con la gente de la barricada, es imposible mantener una conversación interesante sobre libros y literatura. Por cierto, Vladimira, ¿sabías que los que participamos en esta Barricada nos reunimos para comer de vez en cuando? Nos gustaría contar con tu presencia en alguno de estos banquetes literarios.

    Bueno, el autor ruso del XIX es Dostoievski y el título de la obra “Memorias de La Casa Muerta”. La mejor edición es la de Alba Clásica Maior y cuesta alrededor de 26€. Lo de la edición es muy importante, porque es una traducción hecha directamente del ruso al español ; las que nos habían vendido antes eran del inglés o francés al español y perdían mucha fuerza en la narración.

    Saludos y muchas gracias por tu comentario. María Jesús Mayoral.

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  3. ¿En serio la gente no comprende a los autores rusos? Desde mi punto de vista son los que mejor retratan la psicología humana, quizás porque el encorsetamiento en el que vivía aquella sociedad no dejaba mucho lugar para las manifestaciones así que tenían que aprovechar las escasas ocasiones. No he tenido ocasión de leer mucho a estos autores porque no soy capaz de concentrarme demasiado pero, cuando me encuentro en esos escasos momentos de capacidad, sin duda, ellos son mis preferidos. Últimamente he leído Ana Karenina.
    Muchas gracias por la invitación, quizás algún día de esos que tengo buenos me apunte a una comida con vosotros. De momento, la invisibilidad me permite ser más visible.

    Muchas gracias, y perdona el lapsus, sabía perfectamente que no era azuenca, no sé qué ha pasado.

    Vladimira

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  4. Querida Vladimira. ¿Cuánta gente conoces que se haya leído Crimen y Castigo? De toda esa gente que se ha leído Crimen y Castigo, cuánta ha hecho un comentario consistente,es decir, más allá del me gusta, no me gusta o me parece infumable. Y de toda esa gente que ha leído Crimen y Castigo y ha hecho un comentario consistente, qué base filosófica, literaria y psicológica tenía. Porque Dostoievski, aunque parezca folletinesco, es un autor complejo, con mucho trasfondo, más del que parece y la lectura de sus obras requiere mucha atención. Sobre todo para no perderse nada de lo que deja caer entre líneas.

    Saludos. María Jesús Mayoral.

    Saludos. María Jesús Mayoral.

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  5. Querida Vladimira. ¿Cuánta gente conoces que se haya leído Crimen y Castigo? De toda esa gente que se ha leído Crimen y Castigo, cuánta ha hecho un comentario consistente,es decir, más allá del me gusta, no me gusta o me parece infumable. Y de toda esa gente que ha leído Crimen y Castigo y ha hecho un comentario consistente, qué base filosófica, literaria y psicológica tenía. Porque Dostoievski, aunque parezca folletinesco, es un autor complejo, con mucho trasfondo, más del que parece y la lectura de sus obras requiere mucha atención. Sobre todo para no perderse nada de lo que deja caer entre líneas.

    Saludos. María Jesús Mayoral.

    Saludos. María Jesús Mayoral.

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  6. Srta Mayoral, dejó pistas suficientes -para mi- de la novela. Que estaba hablando de la Casa de los muertos (Dostoievski) era evidente. No soy adivina y ni muy leída, pero es que usted ha tocado mi corazón: Dostoiesk, Balzac y Dickens. Ellos tienen mi corazón. Tan es así que lo que yo tengo no es "Memorias de La Casa de los Muertos" sino La Casa de los Muertos. Buscaré la edición que tengo, fantástica, y tampoco pagué 26 euros porque en aquella época los euros "ni estaban ni se les esperaban"
    Ya buscaré el libro para comprobar las referencias (edición, traducción, precio etc.)
    Qué quiere, es que una es muy mayor, está en tiempo de descuento jiji y he tenido tiempo para tener de tó..
    Por ejemplo, en Balconcillos se ha hablado de Pessoa. Pues bien, yo tengo de Pessoa algo que parecerá increíble: una guía "turística" de Lisboa. ¡Juro que lo tengo! Ya lo buscaré que no se por dónde ronda. Con el cambio de casa -hace dos años- salvo los amores de mi corazón, los libros los tengo ordenados ¡por tamaño! Y todavía siguen así.. a ver si tengo un rato.
    Otro libro -acabo de agarrarlo porque habla de uno de mis amores- es una biografía de Balzac de ¿Stefan Zwig". Lo compré en una lilbrería de la Avda de Mayo (Bs As) antes del corralito. Como será la edición que tengo tuve que repasar las letras con lápiz -la tinta se había desñprendido- para poder leer. Poco después tuve que cambiar la graduación de mis gafas.
    ¡En fin! Antes se editaban libros, ahora se editan cromos...(¿Mario Conde?)
    Besitos
    La Conchaparis

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  7. Acabo de pillar la novela. Pagué por ella 30 pts!!!

    ¡Qué mayor soy!!
    Bueno, no me suicido que es muy fatigoso y tengo muchas cosas que hacer.

    La Conchaparis.

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  8. Lo que es una suerte es haber conocido otros lugares cuando la palabra autóctono tenía algún significado...cuando cualquier país era diferente al resto...en fin, la globalización...

    Por cierto, ¿qué opináis de Shendhal?

    Vladimira

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  9. quise decir stendhal.

    salud!!

    VDM

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  10. Desde luego la figura de Julián Sorel, personaje central de Rojo y Negro, es para nota. En mi opinión Stendhal es otro de los grandes, otro de los pesos pesados de la Literatura con mayúscula, como a mí me gusta.

    Comprendo que el libro de "Memorias de la casa muerta" de la Editorial Alba pueda resultar caro; pero a mí no me importa gastar dinero en clásicos bien traducidos y bien presentados. Esta clase de libros son de esos que nunca dejo en préstamo, para no estropearlos y para que nadie, excepto yo, los toque. Son los intocables de mi librero. Lo cierto es que estoy escarmentada de dejar libros, no sólo no me los devuelven sino que además me los han perdido.

    El título original era "La casa de los muertos", título que cambiaron al traducirlo directamente del ruso al español. Y como no sé ruso, pues tengo que creerme lo que me han dicho los expertos. Desde luego de Dostoievski han hecho y hay ediciones antiguas maravillosas. Pero otro de mis caprichos literarios es tener un mismo libro en ediciones diferentes y traducciones diferentes. Hace tiempo que no compro libros por comprar, ni siquiera por compromiso. Antes de comprar un libro me aseguro de la compra, de lo que vale y de lo que ocupa en una libreria: no me gusta acumular libros innecesarios. Otras veces me espero a que saquen la edición de bolsillo. Yo me dejo mucho dinero en libros y tengo que mirar el euro.

    María Jesús Mayoral

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  11. Fusilamiento intelectual, qué razón tienes. Llevamos años así, intelectuales están callados y los mediocres están en todos los lados. No sé cuando terminará esta situación.Anónimo, anónimo.

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  12. En estos tiempos y con tanta tecnología lo más sencillo es escribir un libro. Cualquiera puede hacerlo. Se coge un libro cualquiera escrito por cualquiera, se escanea, se reescribe encima de tal forma que no lo reconozca ni la madre que lo parió y listo para servir. Así se entiende que algunos escriban tanto.

    LAURA

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