miércoles, 2 de febrero de 2011

PLÁTANO v. TOMATE (Servando Gotor)


SGS

No y mil veces no. Un tomate es inferior, muy inferior, al plátano más desolado. Habrá que insistir en que la tendencia a la perfección, la perfección bien entendida, es patrimonio exclusivo del plátano. Porque el plátano lo es todo, elipse dorada, manantial de ideas, crisol de sueños y amarillo chevalier. No sólo en su plenitud, sino ya en su tierna infancia adopta la forma geométrica de un gracioso arco; y el arco no es sino una parte, el inicio más bien, de la circunferencia. Y la circunferencia, sin principio ni fin, es símbolo de perfección, como la corona de un príncipe, como el anillo del nibelungo. Cierto que podría objetarse que, en tal caso, mayor altura caracterizaría a las famosas rosquillas de San Lorenzo, o a los jugosos chochos de Salamanca, pongamos por caso. Incluso a un vulgar donnut. Pero baste objetar que, a diferencia de estos artificios, el plátano se hace así mismo.

El tomate en cambio es amorfo e inseguro. Su forma es ya definitiva, careciendo por tanto de aspiraciones. La única gracia que le queda es hundirse, abatirse y deformarse por efecto de cualquier caída idiota. Es ese el fugaz momento en que el tomate, en verdad, puede arrancar una sonrisa, especialmente al gracioso, al accidentado chop que deja oírse en su contacto con el suelo. Un plátano, no. Un plátano cae y su forma se mantiene y sigue ahí en el suelo, desafiante.

¿Y de sus pecas? Qué decir de las graciosas y simpáticas pecas del plátano. Nada que ver con la aburrida uniformidad, con la sosa rotundidad del rojo del tomate más hermoso.

Mención aparte merecen las posibilidades del plátano. En la mano de una mujer, por ejemplo, pelado, sin pelar, o mientras lo pela, resulta de una plasticidad de imposible descripción. Y en los labios, espcialmente en los labios, una vez despojado de su corteza, puede provocar ardorosas pasiones. Y no digamos los efectos que provoca en el bolsillo de un hombre, tanto para él como para ellas. De entrada, a él lo encumbra, le imprime una seguridad sin límites y en ellas, en las mujeres, levanta curiosos entusiasmos.

Y qué decir de los momentos felices y amargos que la corteza de un plátano en el suelo puede conseguir. Nada más emoncianante que lanzar una de sus amarillas pelarzas sobre la acera y esperar a que pase tu enemigo, con grandes posibilidades de transformarlo en un cadáver roto. Y si en lugar de tu enemigo pasa una abuelita, la corteza del plátano disipa la clásica duda de si se le rompió la cadera al caer, o se cayó porque previamente se le había roto. No, la abuela se cayó por el plátano y, a consecuencia de la caída, rompióse la cadera.

No, un tomate es inferior, muy inferior al plátano más desolado.

Cuescos

6 comentarios:

  1. Además el plátano nos trae suspiros de palmeras al atardecer, ritmos de caderas de mulatas que se contonean por la plantación portando en perfecto equilibrio en la cabeza una piña platanera; o evocaciones de dulces isleñas canarias de voz acariciadora.

    Pero no despreciemos al tomate, la "pome d´amour" de los poetas occitanos, el pomodoro de los italianos. La manzana del amor, de la que se decía que tenía poderes afrodisíacos y hacía suspirar a las damas. Las manzanas de oro que adornaban los jardines de la Toscana.
    Se dice que Jefferson pasó sus ultimos años retirado, cuidando y mimando sus tomates en sus jardines de Virginia, sin añorar para nada su vida pública anterior.
    Si el plátano se enorgullece de su virilidad, el tomate maduro, cuanto más maduro mejor, abierto, se nos ofrece como un concreto objeto de deseo.
    ¡Ojo al tomate Servando!

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  2. El colorido de la foto, precioso.
    Me sobra la balanza.

    Yo.

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  3. ¿dónde se encuentra esta frutería?

    V.

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  4. Vladimira: en un museo/mercado, en el que abundan muchas más: el de la boquería de Barcelona. Una maravilla.

    En cuanto a la opinión de "Yo" (que siempre se agradece), creo sin embargo que la balanza, la fotografía de detrás, la del tipo con sombrero canotier a lo Chavalier, la rastra de guindillas y el ventilador, junto con los "pizarrines" de los precios, rompen una imagen que tal vez pudiera resultar monótona.

    No obstante a veces sólo la fruta monda y lironda tan bien puesta y con colores tan vivos quizá no necesite nada que la rompa.
    Son opiniones. De todos modos tengo material suficiente para preparar otra sin balanza.

    Lo probaremos en una entrada que pida más fruta.

    besos.

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  5. Mr " Anónimo "7 de febrero de 2011, 2:53

    No tiene que ver con el tema pero ahí va un regalo...Me lo acaban de enviar y os lo paso.

    http://www.wdl.org/es/

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  6. El enlace, una joyita Sr. "Anómino"

    Srta. Desvelá

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