domingo, 14 de abril de 2013

MERODEANDO A... La cuenta venenosa (Narciso de Alfonso)

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El arruinado ciudadano, a pesar de que se le han comido todas las flores de la vida, tiene que pasarse, de vez en cuando, por alguna de las sucursales muertas del Banco Exprime, ya sea porque Hacienda le reclama un pico del año 80 del pasado siglo o porque le amenazan con embargarle un hijo si no acepta la quita sin rechistar.

Así que, arrastrando los pies descalzos, se acerca al mostrador donde uno de los innecesarios se está metiendo un billete de los grandes por la oreja: ‘sólo estoy ensayando’ –se justifica- ‘para el Concurso de Magia de Carcastillo’. El ciudadano, que ya no se extraña de nada, y menos de los innecesarios, piensa que es una lástima que la estupidez no duela. ‘Venía a cobrar el paro’, le dice.

El innecesario huele a pocilga o a cloaca, como si criara cerdos dentro de la taza del váter. ‘Veo que su cuenta no sólo es negativa, sino, además, venenosa’ –le dice el tipo al ciudadano, que piensa que la estupidez es fascinante porque no tiene límites. ‘¿Venenosa?’ –le pregunta al innecesario. ‘Bueno, más bien muy venenosa’ –le responde el empleado- ‘habrá que dejarla en cuarentena prolongada, a ver cómo evoluciona el asunto’. ‘¿Prolongada?’ –pregunta el ciudadano, ya sobresaltado. ‘Tranquilo’ –le explica el empleado- ‘si en tres años no ha aumentado el veneno, podemos pensar en liberarla’.

Algunas personas sólo guiñan los ojos para poder apuntar mejor, se dice el torturado ciudadano, que contaba con el dinero para comprar dos sacos de lentejas, que son lo único sólido de la comida de la familia, con la inestimable ayuda de los patatones de Sangüesa. ‘¿Y no se podría hacer algo antes de esos tres años?’ –pregunta el ciudadano, que se ve comiendo la pintura de la pared. ‘Mire, yo siempre doy el mismo consejo: si el dinero no le da la felicidad, devuélvalo’ –contesta el innecesario del Exprime. ‘Pero, ¿cómo lo voy a devolver si aún no ha venido?’ –argumenta el ciudadano. ‘En ese caso, acepte el caos, y rece para que el caos lo acepte a usted’ –concluye el empleado, que dando por acabada la gestión, comienza a meterse un billete de los grandes por la otra oreja. 

‘Fíjese’ –le dice al ciudadano como despedida- ‘me lo meto por la derecha sin sacarme el de la izquierda’.


Narciso de Alfonso
El Merodeador, III

2 comentarios:

  1. Dios lo oiga y el pecado sea sordo.

    El mal ajeno, de pelo cuelga.

    Si te llamas Napoleón de nombre y Bonaparte
    de apellido, no vayas de visita al manicomio.

    A los bledos se recostó la vieja.

    ........

    Madame Basta

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