viernes, 26 de abril de 2013

MERODEANDO A... LA ELEGANCIA EN EL GESTO (Narciso de Alfonso)


sgs


El fotógrafo ha colocado la ventana sobre esta hermosa mujer andante, que tiene un pelo tan negro que, en cualquier momento, puede gotearle noche, y unos labios tan rojos que, en cualquier momento, pueden gotearle sangre oscura. 

Su piel es de color blanco pálido, sin concesiones; tiene las cejas negras en acento circunflejo y los párpados largos y alargados de raya también negra, con unas pestañas espesas y largas como pestañones. No le vemos los ojos de ver ni la mirada y, aunque viste con elegancia, no sabemos si, en efecto, es elegante, sobre todo porque es un asunto de esqueleto, de huesos, de estructura: la elegancia necesita, exige, que la fuerza de la gravedad pueda apoyarse en ciertas prominencias óseas para producir una caída brusca y vertical de las prendas de vestir, algo similar a la caída del agua en la altura de las cataratas. 

Femenina de líneas y con las articulaciones educadas y valientes, no parece estar herida porque los leones no lamen su sombra. Sobre el cabello negro noche se ha puesto un sombrerito aturbantado del color de la sandía, con un broche que es como una estrellita caída. En relación con su ropa de vestir, ha seguido una antigua observación: cuando algo puede ser negro, ¿por qué va a ser de otro color? Lleva la gabardina puesta sobre los hombros, lo que suele considerarse una elegancia, quizá porque así se queda abierta al viento, que puede jugar con ella, poniéndole alas y provocando un como descuido bonito en el vestir. 

Se dice que ya nadie desayuna con diamantes, pero no parece un asunto resuelto por completo. Está hermosa de orejas por dentro, con ese sonar de oído que tienen por dentro las orejas, allí donde huele a sal y hay un pequeño comedor con estorninos. 

En súmula, es una mujer hermosa, subida a sus flores, de pie sobre su sombra y, como la vida, con sus latidos calientes, y su marcha, y sus ondas puntiagudas, y sus plenos aciertos y su cabeza mágica y su punto de eternidad.


Narciso de Alfonso
El Merodeador, IV

1 comentario:

  1. Muy elegante descripción... Muy bella la mujer.

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